Opinión

Publicado el 11 de septiembre de 2012 por Máximo Eléutheros

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A razón del Toro de la Vega

Cultura, Sociedad e Imposición.

Quedan pocas horas para el ignominioso espectáculo que acaece en la provincia de Valladolid, más concretamente en el pequeño municipio de Tordesillas, cada 11 de septiembre: la lanzada al Toro de la Vega.

Como de costumbre, y no podría ser de otra forma, se ha levantado una polvareda mediática tremebunda que no hace sino llamar la atención sobre lo degradado de una Castilla profunda que queda mal parada ante la estulticia de sus gentes y de lo que estos consideran cultura. Porque sí, estos lamentables festejos, ateniéndonos al concepto más casuístico de la palabra, son cultura. Asimismo, también son tradición.

Este hecho me ha llevado a preguntarme, tras ver el fanatismo de los ejecutores intelectuales y físicos, en qué medida esto es más una intromisión social, que una valoración fidedigna de un grupo de individuos atados por una misma y denigrante afición por matar. Esto es, delimitar qué parte de culpa se esta sinrazón es individual y qué parte es social y/o cultural. Y es que en lo referente a la defensa de lo cultural y de lo tradicional, se puede observar una tendencia nada halagüeña a tomar a estos como buenos de forma apriorística, lo cual podría ser una especie de falacia naturalista.

Así, y aquí es donde quería llegar, no toda la sedicente cultura es digna de respeto; como igualmente no toda la tradición debe ser protegida o respetada. Digo esto porque ambos términos, cultura y tradición, son los dos principales estandartes, al parecer y según he podido denotar por las declaraciones de los habitantes de la localidad, para la defensa de este abyecto acto de tortura vital (en tanto que atenta contra la vitalidad de un ser, ya sea animal humano o no humano). La limitación de qué tradición o acontecimiento cultural es permisible o no debe venir de una justa valoración de la vida natural de los seres, esto es, la noción de que no nos pertenece un ápice de lo que nos es totalmente ajeno. El alejamiento de este principio nos lleva sin remedio a un tipo de discriminación que siempre resulta pernicioso para el medio, tanto vegetal como animal; e incluso, me atrevería a decir, humano. Porque cuando se observa a esas personas atentar con tal vehemencia contra otra vida, porque es indudable que el animal tiene vida y voluntad de vivirla en sí misma, y defender con tanto fanatismo semejante irracionalidad, no cabe duda de que ese acto no surge de ellos, no les es intrínseco, sino que proviene de un ente mayor y superior: la sociedad. En este caso, claro está, no hablo de la sociedad de la nación, sino de esa sociedad vecinal y de relaciones que se da en Tordesillas en la actualidad y que, naturalmente, se ha forjado durante siglos. Es decir, el sujeto que nace en este pueblo, si no se viese sometido desde crío a una radiación social tan fuerte en este asunto concreto, probablemente desarrollaría una repugnancia sincera hacia ‘’su fiesta’’. El proceso de asimilación cultural –socialización- es tan sencillo e inconsciente como negativo para la consecución de una sociedad libre:

– Fase de aprendizaje: el sujeto, envestido esta vez en el papel de niño, acepta normas transmitidas por aquellos con los que establece una relación social. En un pueblo de pocas dimensiones esta fase se intensifica y se diversifica.

– Fase de interiorización: el individuo, situémonos en la etapa adolescente o preadolescente, toma lo que aceptó sin ninguna contingencia (en cualquier caso no podía, por lo que la culpa es eminentemente social) como íntimo o propio. Cabría recalcar que este proceso tiende de forma obligada a la desindividuación del sujeto en cuestión.

– Fase de transmisión: una vez obtenemos un adulto calcado, el proceso sigue en él, comenzando otra vez el ciclo de socialización.

Obviamente el proceso aquí formulado es esquemático, pero viene a resaltar una cosa: lo cultural, pudiendo ser bueno o malo, eso yo no lo consideraré en este artículo, es necesariamente una imposición. Inconsciente, sí, pero una imposición al fin y al cabo.

Y de aquí surge una cuestión que me es muy recurrente cuando analizo los procesos sociales: ¿debe el anarquista admitir las injerencias culturales? ¿En qué medida es esta misma sociedad, su cultura, sus ideologías, etcétera., una forma de opresión, de coerción y de coacción? ¿Debería el anarquista, por tanto, pasar por una etapa acultural -que no anticultural-; asocial -que no antisocial- y amoral –que no antimoral-, en algún momento de su vida para liberarse en su totalidad de la opresión? ¿Qué método sería el más preciso para este fin?

Muchas de estas preguntas las intentaré responder en posteriores escritos que a buen seguro tendrán una importante deriva metafísica. Por otro lado, no podría responder en términos absolutos a las dos primeras cuestiones expuestas anteriormente, pero lo que sí podría afirmar con convicción es que los procesos sociales y/o culturales tienen una importancia capital en que se mantengan fiestas tan ominosas como esta. Así también, tienen una importancia sustantiva en otros sucesos menos nocivos. En fin, el debate está servido.

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Acerca del autor

Anarcoindividualista. Stirneano sui géneris. Socialista mutualista. Antiindustrialista, puesto que reniego de los grandes conglomerados industriales y urbanos. Vegetariano ético. Antiteísta.



2 Respuestas para A razón del Toro de la Vega

  1. Me ha gustado mucho el escrito: muy sociológico.

    Quiero plantear unas preguntas que seguro te ayudan en tu reflexión personal. Ojo que en las preguntas no me posiciono en ningún lado, solamente planteo enunciados para ayudar a la reflexión:

    1) Dices que de no ser por la cultura regional de Tordesillas sus habitantes desarrollarían un rechazo natural a la tradición: ¿por qué? ¿No podría entenderse nuestra repulsa al Toro de la Vega como cultura, también?

    2) ¿Es realmente la cultura una imposición? Si nuestra respuestas es "sí", entonces: ¿es la biología una imposición? ¿Que no tenga alas y que camine sobre dos piernas es una imposición? ¿Qué diferencias podría haber entre cultura/biología para que parezca que tenga más sentido hablar de imposición cuando nos referimos a la primera?

    3) Siguiendo con el punto número 2, si la cultura es una imposición... ¿cómo entendemos que la cultura es una imposición? ¿No es acaso una cultura que nos enseñan la que nos permite decir que la cultura es, o no es, una imposición? ¿Se puede analizar la cultura sin "tener cultura"?

    4) Planteas si el anarquismo tiene que aceptar las injerencias culturales: ¿acaso se puede rechazar la cultura? ¿Se puede vivir sin cultura? Más allá, ¿seríamos capaces de estar manteniendo este debate sobre anarquismo sin unas injerencias culturales previas?

    Espero que estas preguntas ayuden al debate en futuros artículos. El tema es de lo más interesante para mí 😀

    PD: sé que dije que no iba a opinar/contestar las preguntas que yo mismo he planteado para avivar el debate, pero no me puedo resistir a la última de ellas. De manera breve diré que creo vital distinguir entre "cultura" y "cultura crítica." Ningún ser humano puede existir sin heredar una cultura determinada, y esto no hace necesariamente mala a la cultura. Como anarquista, diría que lo que tenemos que hacer es saber ser críticos con lo que nos es dado y cuestionar absolutamente todo lo que se da por cierto, pero no diría que debemos resistirnos a heredar la cultura de nuestra sociedad (la cual es un repositorio de ideas que vienen de muy atrás en el tiempo.

  2. Muy buenas.

    Es una cuestión que como digo me es muy recurrente por la importancia que creo tiene en la explicación de la realidad. Vayamos con lo que planteas:

    1) No he dicho un ''rechazo natural'', sino que probablemente no tenderían a desarrollar esta actividad, y lo que es más importante, no la interiorizarían como ''suya''.

    En efecto, el rechazo, aunque yo lo encuentre más loable, también suele ser un mero factor cultural y social, por lo que resulta una imposición. En torno a esta cuestión estoy preparando un escrito que espero ayude a hacer más clara mi posición. Sería un poco largo exponerla aquí, pues me llevaría a desarrollar mi teoría del método que considero podría ayudar a que sea una decisión puramente individual.

    2) En la mayoría de los casos sí lo es, pero no podría afirmar que lo es en su totalidad, ya que la cultura es también un pilar para la liberación (filosofía). En todo caso, que sea natural no implica que no debamos combatirla si realmente se demuestra que es en este momento una herramienta coercitiva más.

    3) Como ya digo, no planteo que la cultura desaparezca, en otra intervención dije, y lo reitero, que entonces no podría ni escribirte esta respuesta; lo que planteo es que habría que estudiar en qué manera la cultura impone unos parámetros ideosincráticos determinados a los individuos que forman dicha comunidad cultural. Aquí podría aplicarse una fórmula muy conocida, cambiándole algunos términos: ''La cultura ni se crea ni se destruye, sólo se transforma''. La cultura puede ser liberación o sumisión, depende únicamente de cómo la usemos. El caso es que en la actualidad es ostensiblemente impositiva.

    El punto 4) queda dentro de lo ya dicho en el 3).

    Esa ''cultura crítica'' de la que hablas me resulta insuficiente, pues, como sabrás, lo que se toma en etapas prelógicas de la vida queda muy atado a nivel cognitivo y una racionalidad crítica se queda corta.

    Creo que se está malinterpretando el mensaje. Ya me queda muy larga la intervención y no quiero aburrir. Intentaré responder en los siguientes textos, o si quieres seguimos por aquí en próximos mensajes.

    Un abrazo.

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