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Publicado el 6 de noviembre de 2012 por Colaboraciones

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Agustín García Calvo, el compañero

por Octavio Alberola

Como era de esperar, la muerte de Agustín García Calvo ha sido anunciada en los medios de información (medios de formación de masas, los llamaba él) con los calificativos habituales al uso para designar el oficio con el que se cataloga a las personas en esta sociedad: «filósofo«, «escritor», «poeta», «pensador» («polémico»), «ensayista», «latinista» («uno de los principales del siglo XX»), «lingüista», «filólogo», «gramático», «dramaturgo», «traductor», «catedrático», «profesor»… Sin olvidar de resaltar sus títulos académicos, «doctor en Filología Clásica por la Universidad de Salamanca, profesor de Latín en esta universidad y de Filología Latina en la de Sevilla y profesor emérito de Filología Clásica de la Universidad Complutense», así como sus «Premios Nacionales de Ensayo en 1990, de Literatura Dramática en 1999 y de Traducción al conjunto de su obra en 2006». Además, claro está, de añadir algunos títulos de su «prolífica obra sobre Gramática y teoría del lenguaje, Lógica, Traducciones y versiones de autores clásicos griegos y romanos, Ensayo y política, Poesía y Teatro» etcétera, editados la mayoría de ellos en la editorial Lucina, que a trancas y barrancas mantenía en pie su hijo Víctor.

El colmo, inclusive la alcaldesa (del PP) de Zamora ha manifestado su «pesar» declarando que «el mundo del pensamiento y la cultura pierden a una de las figuras intelectuales más prolíferas y significativas de nuestro tiempo y la ciudad de Zamora a uno de sus hijos más creativos y reconocidos de los últimos tiempos». Agregando que «por encima de su, a veces, controvertida personalidad o de diferencias ideológicas, Agustín García Calvo es un ejemplo de sabiduría, de capacidad intelectual y de capacidad de trabajo…» Y, por supuesto, también han recordado que fue «uno de los catedráticos perseguidos por el régimen franquista» y que, por su implicación, «en las revueltas estudiantiles de febrero de 1965, fue apartado de su cátedra y tuvo que exilarse en Francia».

A sólo eso quieren reducir los medios de formación de masas al que siempre fue un rebelde, un infatigable luchador contra la mentira, al que no dejó de advertir que el Capital y el Estado eran dos rostros del Dios de la Realidad y el Poder, al que nunca se adaptó a las normas que dictan los que mandan en este mundo, al opuesto a todo lo oficial (inclusive en el Himno de la Comunidad de Madrid que le encargó el primer presidente de la Autonomía, Joaquín Leguina, por el precio simbólico de una peseta y que sólo se cantó oficialmente una vez), al defensor de la igualdad en este mundo tan ambiguo, al más crítico polemista de la cultura, a la que identificaba con el opio del pueblo, al que lanzó las críticas más originales, más contundentes al sistema del mundo desarrollado y al Estado de bienestar, al que nunca dejó de hacer política, es decir: de despotricar… lo que estuvo haciendo todos los miércoles por la tarde en el Ateneo de Madrid, en una auténtica ágora socrática durante estos últimos doce años.

El compañero

De ahí la necesidad de recordar lo que, además de aquello, fue Agustín: un anarquista que no paró de decir No al Poder, al Estado, al Capital, al Individuo, a la Pareja, a la Familia, al Futuro, al Progreso y muy especialmente al régimen que hoy padecemos en la democracia desarrollada. Pues  es indiscutible que se sirvió de sus excelentes dotes de orador para provocar, con un inigualable estilo coloquial, la reflexión y desenmascarar las mentiras de nuestro tiempo, para desaprender y romper con las ideas vigentes… Comenzando por su peculiar ortografía, que es un ataque frontal a la Academia de la Lengua, por ser la causante de la falsificación de la lengua y arrebatarle a la gente el derecho de escribir como se habla. Recordar pues el Agustín que en sus obras trató de dar voz a un sentir anónimo, popular, que rechaza los manejos del Poder. Efectivamente, para Agustín, el lenguaje es la clave del pensamiento, por ser a través de la lengua que opera el dominio de lo establecido. De ahí que fuese esencial para él la denuncia de la Realidad, esa idea que se presenta como reflejo fiel de lo que hay, que sólo es una construcción abstracta en la que las cosas y la gente (un caso más de cosa) organizada en individuos (sumables en una Masa numérica) se reducen a ideas, para someterlas a esquemas, planes y manejos para desvivir la vida, tanto en las sociedades más avanzadas como en las más atrasadas de dominio (en las dictaduras comunistas o en los países musulmanes), que sirven para legitimar, por comparación, la democracia burguesa.

Recordar lo que no se menciona en las biografías que de él se publican ahora o en las que circulaban ya por ahí; pues ni siquiera en Wikipedia se habla de ello, del Agustín compañero. Se dice, de pasada, que fue perseguido por el franquismo y expulsado de la Universidad por «las revueltas estudiantiles de febrero de 1965»; pero no se precisa que fue por apoyar a los estudiantes ácratas, precursores del Mayo antiautoritario del 68, con los que luego, en París, fundó una tertulia (la Horda) en el café La Boule d’or del Barrio latino. Coautor con ellos del opúsculo-panfleto De los modos de integración del pronunciamiento estudiantil, que editamos clandestinamente en Bélgica en 1970, y que en 1987 reeditó la editorial Lucina.

 Sí, recordar el Agustín solidario con los compañeros necesitados; pero también con los que luchaban activamente contra la dictadura franquista. Lo que le valió ser considerado por las autoridades francesas y europeas como un subversivo, como un terrorista. Ser objeto de interrogatorios y registros de su domicilio, y, en ocasión de la visita del presidente ruso Leonid Brejnev à París en 1973, ser considerado anarquista peligroso y ser asignado en residencia en la isla de Córcega durante una semana. Y haberse librado de poco, en 1976, de serlo nuevamente, cuando el rey Juan Carlos visitó París y las autoridades francesas nos asignaron en residencia, en la isla de Belle Ile en Mer, a un grupo de refugiados españoles anarquistas y a un grupo de vascos independentistas en la isla de Re.

Aunque quizás no valga la pena recordarlo, porque, como diría Agustín, lo que cuenta no es el pasado sino lo que hacemos hoy para «¡nunca pues ir con los tiempos!» Para tener presente que «la evidencia, palpable y actual, es que sigue siempre latiendo, por debajo del Dominio, un corazón que sabe decir NO, sin importarle un rábano ni el orden del día ni las modas«.

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2 Respuestas para Agustín García Calvo, el compañero

  1. Como dice una canción de Kronstadt: ''Lo que tiene gracia es que nos habléis de los valores de nuestros muertos, sucios recuperadores, que lancéis flores por un glorioso pasado y a los del presente nos seguís apuñalando...''

    Sit tibi terra levis, Agustín.

  2. Pablo says:

    Me animo a escribir este comentario porque siento que el artículo está escrito por alguien que está relativamente cercano a los ataques que, a pesar de Agustín García Calvo, salían por boca de éste contra el Régimen, y por tanto quizá merece la pena intentar contradecir lo que siento que no está atinado, por si acaso sirve no para dejar las cosas bien sentadas, sino para la contrario, para avivar la guerra.

    1) No se puede decir que Agustín García Calvo no se adaptó nunca a las normas que marcan los que mandan en este mundo. Al contrario, una y otra vez descubrimos que estamos sometidos al poder (sometidos costitutivamente) y que la persona libre es una de las imaginerías que crea el poder, y especialmente en la forma en que ahora lo padecemos. El individuo es el enemigo número uno de las gentes, y el fundamento, si no primordial, casi, de este Régimen, que se dedica a la creación de individuos que saben lo que son (por ejemplo, libres o anarquistas). AGC es un súbdito del poder que está tan contento con su futuro (porque sigue teniendo futuro, por supuesto, después de muerto). El problema para el Futuro, para el poder, es que Agustín García Calvo no está bien hecho del todo: hay algo (que no es él personalmente) que no se traga eso del Futuro, y puede saltar ahora para quejarse y decir que no.

    (De pasada también habría que llamar la atención sobre esa forma de decir "los que mandan en este mundo", para advertir que así se puede hacer creer que hay personas que mandan algo. Y no, no hay de eso. El Dinero (o sea, el Futuro) es el que rige el tinglao, y las personas que ponen una y otra vez por las teles están para desviar la atención: ni pintan nada ésos, ni pintan nada otros que se les suponga por detrás "manejando los hilos" como dicen a veces. Es adverencia importante porque se puede ver como este Régimen neutraliza los pálpitos honestos de rebeldía que se dan aquí o allá, engañando a las personas con la condena de ponerlos a hablar de nombres propios. En cuanto veáis un nombre propio en cualquier artículo o discurso, ya sabéis que no va a decir nada contra el Dinero. Y, claro -y esto también creo que es muy importante no perderlo de vista: cuando no se habla en contra, se habla a favor).

    2) También la palabra "Igualdad" no podemos sino atacarla, porque es una palabra estrella del Régimen. La "Igualdad" se ataca simplemente preguntando "¿Iguales a qué?". Y la contestación, por supuesto, la encontramos en la tele, que te dice cómo conseguir ser Igual (y el éxito es apabullante, lo igualicos que salimos -manu militari, desde luego)

    3) También me gustaría advertir algo sobre el objetivo general del artículo. Siento desanimar al compañero que quizás cree que completar las biografías que salen estos días de Agustín con las hazañas que se puedan clasificar como más rebeldes, o con los padecimientos en sus carnes de las ataques policiales y judiciales, puedan servir para atacar al Régimen de alguna forma. Pues no. Precisamente ésa es la ocupación primordial a la que se dedica este Régimen: hacer historia y hacer creer que se sabe lo que ha pasado. Al Régimen no sólo no le molesta en lo más mínimo que éste quede muy claro que era "anarquista" "rebelde" "solidario" o lo que sea, si no que sale fortalecido de todo eso. Lo que sea con tal de que se sepa lo que fue. En este sentido, es descorazonador ver la fe en la Historia, la Cultura y la Educación que les siguen inculcando a los que por otro lado aspiran a la rebeldía. Podéis ver las palabrotas que les hacen usar (y por tanto la anulación inmediata de cualquier protesta): "Individuo", "Memoria histórica", "Autogestión", "Organización", "Todos y todas"... (Hasta se leen carteles que se dicen rebeldes en los que animan a defender "nuestros Derechos", como si en la propia palabra "Derecho" no estuviera inmediatamente exigido el "Estado"). Se sigue creyendo la infamia que sueltan desde arriba de que al pueblo hay que "enseñarle a pensar" y "sacarlo de la ignoracia, porque de eso se aprovecha el poder, de la ignorancia de las gentes". Cuando el poder lo que quiere es que no haya ni uno sin su formación, sin su educación y sin sus ideas, que meten minuto a minuto por las teles: explican lo que es el Hombre, el Cerebro, las Sensaciones, la Sociedad, la Historia, la Tierra, la Vida, lo que es un Niño, lo que es el Sol y la Luna... Sí, así de triste: ¡Saben lo que es la luna!

    Salud.

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