Opinión

Publicado el 3 de abril de 2018 por Colaboraciones

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Anarquismo y política electoral/institucional

Por BlackSpartak

Abro este artículo para hacer un recuento de aquellas experiencias libertarias relacionadas con la participación de militantes en las candidaturas electorales o en la gestión de instituciones sea con ánimo de subvertirlas o no. Es un recorrido por el lado posibilista del anarquismo.

Basándonos en la terminología del siglo XIX se entiende el anarquismo como aquella vía al socialismo basada en la insurrección obrera. Por ello, las escuelas tradicionales del anarquismo se generaban en torno a fórmulas organizativas de ese cuerpo social que se iba a sublevar contra el poder estatal (la comuna, el sindicato, el grupo de acción insurreccional, el individuo concienciado). Ante esto la socialdemocracia aparecía como una vía posibilista y etapista pensando en llevar a la clase obrera a los parlamentos nacionales para desde ellos tener un altavoz ante toda la sociedad. Su objetivo oculto variaba entre algunos que pretendían utilizar estos altavoces como apoyo a la insurrección de masas o bien entre otros que habían abandonado toda pretensión revolucionaria y defendían vías pacíficas y evolucionistas.

Sin buscar mucho en la propia biografía de una de las figuras más conocidas del anarquismo encontramos que Pierre Joseph Proudhon fue diputado de la Asamblea Nacional de la segunda república francesa. No duraría mucho, puesto que Proudhon protestaría enérgicamente ante la represión de los militares desde su puesto, cosa que le costaría abandonar el cargo. En esta época no es raro que aparecieran tribunos de las clases populares, destacando el Cartismo británico, un movimiento de base, obrero, que pedía la ampliación del sufragio universal a las capas más pobres de la sociedad. Esperaban poder ganar más poder para la clase trabajadora así. Si hoy este tipo de cosas nos parecen sumamente naif, en aquella época solían ser corrientes los experimentos o la utilización instrumental de los cargos públicos para otros fines, más acordes con la revolución. Por ejemplo Giuseppe Fanelli disfrutaba de libertad de movimientos (y de viajes pagados) debido a su condición de diputado italiano. De esta manera llegó a España a contactar con el incipiente movimiento obrero autóctono. Fanelli en este caso no seguía el programa político de la corriente que lo había llevado al parlamento sino el programa revolucionario de la Alianza bakunista.

Pero este artículo intentará revisar otro tipo de ejemplos, los de las organizaciones de origen libertario que caen en el apoyo de una táctica que encajaría más con la socialdemocracia.

En este sentido destacaría el Partito Socialista Anarchico Rivoluzionario fundado en 1891 por unos 80 miembros del movimiento libertario y del movimiento socialista italianos. Lo entendieron como un partido u organización política llamada a conformar un movimiento socialista más amplio. Por ello participaron en el Partito Socialista Rivoluzionario junto con otros socialistas. En este caso la alianza incluía una diversidad de tácticas. El año siguiente lanzaron un partido parlamentario, el Partito Socialista dei Lavoratori Italiani en el que ya su ala anarquista pasó a la minoría hasta la creación del Partito Socialista Italiano en 1895 siendo purgada del todo cualquier corriente anarquista. Fruto de esta experiencia es el debate en los medios libertarios italianos entre Errico Malatesta y Saverio Merlino, partidario de participar en el nuevo PSI para no perder el contacto con los trabajadores [1].

Hay que decir que este debate tiene lugar antes de la implantación del sindicalismo revolucionario entre los medios obreros. Por tanto se desarrolla un periodo en el que los anarquistas buscan su lugar en el seno del movimiento socialista. Tengamos en cuenta que la época fue conocida por el fenómeno terrorista, muy espectacular y radical. Pero a la vez produjo la separación del movimiento de numerosos militantes anarquistas que no veían con buenos ojos esta deriva. El sindicalismo revolucionario vino a terminar con esta etapa. Y sin embargo, durante toda la década hubo anarquistas en la Segunda Internacional, constituyendo una minoría revolucionaria. Se ha argumentado incluso que por breves años el anarquismo tuvo mayoría en la Segunda Internacional entre los años 1889 y 1892 [2]. Pero las purgas de todo sector libertario – que solía ser partidario de incluir sindicatos en la Internacional, cosa que ponía en peligro el liderazgo del socialismo alemán – propiciaron que éstos se dedicaran en la segunda mitad de la década de los 1890s a insertarse en los sindicatos. Entre los purgados, por poner nombres, estarían Gustav Landauer y Rudolf Rocker, libertarios que formaban parte de un grupo disidente de la socialdemocracia alemana llamado Die Jungen en 1892.

Otro caso, en 1897 en Chile se fundó una organización que aunaba socialistas y anarquistas, la Unión Socialista. Su programa se basaba en una nueva constitución, la separación de la iglesia y del estado, la abolición de la pena de muerte y de los azotes, de la cadena perpetua y la elección directa del presidente de la república. Pretendían instaurar una sociedad socialista con los medios de producción colectivizados de acuerdo con las necesidades de la sociedad [3].

Hago un pequeño apunte estratégico. Si en la Primera Internacional los anarquistas tuvieron un liderazgo efectivo del movimiento socialista internacional fue gracias a que estaban bien organizados y estructurados. La Alianza por la Democracia Socialista se demostró un acierto completo, al evitar la hegemonía de los demás socialismos autoritarios o centralistas en el movimiento (el de Marx, el de Blanqui, el de Lasalle, etc.) o de los republicanos (Mazzini). El anarquismo internacional mantuvo una internacional desde el Congreso de Saint Imier de 1872 hasta finales de la década a través de la Internacional Negra, activa en Estados Unidos sobretodo. En 1881 se celebró un Congreso Internacional Anarquista en Londres que vino a encumbrar la práctica de la propaganda por el hecho y la acción revolucionaria a toda costa. Esta táctica separó a los anarquistas del movimiento obrero, y como resultado las ideas libertarias languidecieron. Allá donde no se hizo, el movimiento anarquista logró ponerse en cabeza de ciertos procesos colectivos (la huelga de Chicago de 1886, las huelgas de las 8 horas de 1890, la huelga de Jerez de 1891, etc.) aunque en general bien poco en comparación con la década anterior de predominio del bakuninismo. En general en esta década de los 1880s se da un enfrentamiento interno en el seno del anarquismo entre anarco-colectivistas y anarco-comunistas que ayudará a incidir en la parálisis antes relatada. Este es otro de los motivos por los que algunos libertarios estén coqueteando con el socialismo o con el laborismo durante esta época.

En resumen, el movimiento en el cambio de siglo llegará decidido a participar en los sindicatos, reforzando la corriente autónoma que defendía la independencia de los sindicatos de toda opción política. En el fondo se trataba de una corriente reformista, partidaria de mantenerse en las cuestiones reivindicativas y a crear una sociedad paralela. Pero al entrar en bloque la corriente se pudo originar el sindicalismo revolucionario que defendía un socialismo en el que los sindicatos fueran la columna vertebral de la nueva sociedad. No sólo organizarían a la clase en la reivindicación sino que controlarían la economía y la vida social.

El siguiente movimiento con participación institucional sería el mexicano, el Partido Liberal Mexicano. Los liberales no eran otra cosa que socialistas libertarios, aunque con participación de militantes republicanos posicionados en el socio-liberalismo. Conformaron una vasta red de clubes liberales por todo el país y en el exilio, que fueron la escuela política de la mayoría de dirigentes de la futura revolución mexicana de 1911. Este movimiento liberal fue responsable de huelgas e insurrecciones que marcaron el inicio de la revolución. Pero al no lograr imponerse al movimiento burgués de Ignacio I. Madero cayó en la derrota y la descomposición. Parte de sus cuadros pasaron al maderismo, otros se unieron a Villa y a Zapata para proseguir en el proceso revolucionario hasta que terminó en 1920. Otros se integraron en las estructuras de la república mexicana incluso ostentando cargos, como Antonio Villarreal que fue gobernador de Nuevo León en 1914, entonces partidario de Álvaro Obregón.

Cuando Durruti y Ascaso visitaron México en 1926 constataron que el anarquismo – entonces organizado en la CGT mexicana – era muy partidario del gobierno. No lo entendían, y lo veían como una deriva reformista alejada de cualquier conflicto con el estado. La causa misma fue la derrota de esta tendencia en la revolución y la necesidad de sobrevivir a la irrupción del comunismo mexicano, mucho más dinámico y revolucionario.

Parecido al caso chileno será el Partido Socialista Revolucionario de Paraguay, fundado en 1914 a partir de varios grupos, entre ellos el Centro de Estudios Rafael Barret, de origen libertario. También había varios militantes de la Federación Obrera de la Región Paraguaya. Si bien este partido fracasó y sus cuadros pasaron al comunismo a finales de los años 20, los libertarios volvieron a intentar otro tipo de experiencia unitaria. Esta vez sería la Alianza Nacionalista Revolucionaria, fundada por anarquistas en 1928 y cuyo objetivo era la implantación de una república comunera, cosa que intentaron en la insurrección de 1931 en Encarnación. Más tarde tendrían una nueva oportunidad en 1936.

Si esto hacían en Paraguay, en Colombia también hubo un Partido Socialista Revolucionario, creado en 1927. En él participaron algunos militantes libertarios que solían mezclarse con el ala izquierda del Partido Liberal en la convulsa política interior colombiana. Estos mismos militantes participaron en los sindicatos anarcosindicalistas del Magdalena, que fueron destruidos por la represión brutal del gobierno. Aquella represión acabó con el movimiento libertario y con el PSR, marcando el inicio de la hegemonía liberal en la izquierda colombiana. Al menos durante tres décadas. Es similar este aporte libertario al PSR al que tuvo en Perú el APRA. Pero en el caso peruano podríamos hablar de libertarios que abandonaron el movimiento por el aprismo y el comunismo. Pero ya que estamos en el Perú, podríamos comentar que en las municipales de 1916 hubo un candidato libertario, Carlos Barba, en Cusco. Lo hacía no como militante del anarquismo sino del movimiento social de la época, el Comité Pro-Abaratamiento, un movimiento anti-oligárquico.

En España es conocido el Partido Sindicalista de Ángel Pestaña de 1934. Menos conocido es que hubo algún otro intento previo como el Grupo Sindicalista de Gijón, de 1917 [4]. O que siempre hubo una tendencia republicana federalista en CNT, que muy probablemente influía a los obreros de manera directa. El anarquismo ibérico tuvo responsabilidades institucionales en la guerra civil en centenares de municipios y en todas las administraciones públicas. Pero como este es un ejemplo conocido no nos detendremos aquí.

Pasemos a Francia. En 1950 la Federación Anarquista estaba dirigida por una facción plataformista, llamada Organisation Pensée Bataille (OPB). Se dice que en 1953 toman el control de la FA cuando 13 de 16 grupos federados estaban bajo la órbita de OPB. Entre sus figuras destacaba Georges Fontenis. En este año la FA cambiará su nombre a Fedération Comuniste Libertaire, FCL. En 1954, sin casi desarrollo, dará su apoyo a la independencia argelina, y en 1956 presentará una lista a las elecciones legislativas con 10 candidatos de la FCL [5]. La lista obtiene unos 2600 votos. El movimiento libertario fue destrozado por la represión en 1957-58 y no levantará cabeza hasta 1967. Las organizaciones herederas de la FCL no volverían a incurrir en procesos electorales. De la FCL surgiría una nueva organización, les Groupes Anarchistes d’Action Révolutionnaire, que criticarían duramente el dogmatismo anarquista que no se acababa de posicionar en la guerra de Argelia, así como su apoyo a la liberación nacional.

Otro caso interesante fue la colaboración de militantes anarquistas con el Movimiento del 26 de Julio cubano [6]. Si este movimiento popular tuvo un arraigo entre la población, fue también con la participación de militantes procedentes de la Alianza Libertaria Cubana y de los sindicatos. También con auténticos free-riders como Abraham Guillén, libertario español residente en México que apoyó a la guerrilla y le dió su característica original: el foquismo. O en otras palabras, la generalización de puntos rebeldes en diversos puntos de un país desde donde se irradiaría la revolución conectando con otros actores [7]. Esta fue la premisa táctica del guevarismo. Los anarquistas cubanos sufrieron una traición en 1961 al llegar Fidel Castro al poder y querer establecer un estado comunista.

Siguiendo en América Latina encontramos el caso de Ernesto Miranda. En la postguerra mundial los sindicatos obreros influidos por lo que quedaba del anarcosindicalismo tradicional participaron de la reconstrucción de un sindicalismo unitario chileno en 1953, la CUT. Pero los libertarios fueron minoría y las cúpulas comunistas y socialistas dieron al traste con algunas movilizaciones interesantes en 1955. Esto animó a los anarquistas participantes en la CUT a organizarse políticamente. En este sentido tenemos el Movimiento Libertario 7 de Julio, que es una organización política creada en 1957, entre la que destaca la figura del mencionado Miranda. Al no encontrar un movimiento revolucionario o insurreccional se van coaligando con otros sectores de la extrema izquierda, como el de Clotario Blest. Con éste ya habían compartido militancia para construir la CUT. Blest engancha a los libertarios en su proyecto de crear un movimiento unitario, que primero se llamaría Movimiento 3 de Noviembre, y luego Movimiento de Fuerzas Revolucionarias. Durante la década de los 60s estas fuerzas se irían agrupando junto con otras hasta constituir el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR en 1965. El MIR será el ala revolucionaria de todo el proceso chileno hasta el golpe de estado de Pinochet. Y si bien el MIR estaba influido por el marxismo-leninismo en realidad tenía una corriente libertaria en su seno.

En las elecciones de 1972 – las que dieron el triunfo a Allende – se inscribió una pequeña fuerza llamada Movimiento Sindical Libertario, encabezada por Ernesto Miranda logrando unos escasísimos 1000 votos [8]. Otros libertarios participaron en Vanguardia Organizada del Pueblo, una organización guevarista de acción armada.

Los escasos libertarios del Perú que había en los años 60, nucleados en el Instituto de Estudios e Investigación de Cooperativas y Comunidades (Indeicoc), pudieron realizar su actividad en un ambiente de tolerancia (y cuando no de apoyo) gubernamental, siendo el gobierno del general Velasco el único de signo izquierdista del continente americano que logró durar en el tiempo. El Indeicoc tenía como misión la difusión de la autogestión y del cooperativismo entre la clase productora. Algunos de los militantes de este grupo serían difusores de las ideas libertarias en los años 80 y 90 en otros proyectos culturales y socio-políticos.

Otro movimiento de carácter unitario en clave unidad popular sería la FAU, Federación Anarquista Uruguaya. Creada en 1956, tendría un importante desarrollo en un país tan pequeño pero tan politizado como Uruguay. Creó varios frentes de trabajo que dieron sus frutos en la fundación de la CNT en 1964 y en el movimiento estudiantil. Al ser ilegalizada en 1967 crearán un frente de lucha armada, la Organización Popular Revolucionaria [9]. En aquella época cambian el tradicional color rojinegro del movimiento por los colores nacional-populares de Uruguay. El proceso de lucha armada los hizo colaborar activamente con los tupamaros, situación que fue paralela en Argentina al colaborar los libertarios de Resistencia Libertaria con los montoneros. Un grupo de militantes de la FAU junto con otros militantes comunistas, guevaristas y demás, fundaría en 1975 el Partido por la Victoria del Pueblo en 1975. La represión destrozó esta organización que ingresaría en el Frente Amplio con posterioridad.

Similar a estos procesos es la historia de los Gruppi Anarchici d’Azione Proletaria, GAAP. Estos grupos fueron una facción anarco-comunista de la FAI iniciados en 1949. Tienen cierto arraigo en el Lazio y la Toscana. Entablarían relaciones con la FCL francesa intentando crear una internacional, que fracasó rápidamente. En 1950 la FAI expulsa estos grupos, que son solamente 4. A continuación irían desarrollando su revista, L’Impulso, pero con el tiempo confluirían con varios grupos de la izquierda comunista creando una nueva organización Azione Comunista en 1956 perdiendo toda relación con el movimiento libertario [10]. Lo que quedó de este movimiento en la década siguiente fue a parar a Lotta Comunista, que fue una de las impulsoras de la radicalización proletaria del momento.

Resulta interesante constatar los intentos de ciertas figuras del exilio libertario español por crear una organización política. Por ejemplo García Oliver pensaba que el movimiento libertario tenía que crear un Partido Obrero del Trabajo, para que participara como brazo político del movimiento en los gobiernos republicanos en el exilio, ya que la CNT sobraba de esta entidad y la FAI la entendía como un organismo cultural y filosófico. Parecido pensaba Horacio Prieto con su proyecto de Partido Libertario, que tampoco fue seguido. Por último existió un Partido Laborista, iniciado por libertarios, pero en este caso no era para articular el movimiento libertario si no para integrarlo en el régimen franquista. Puede que la fuerte personalidad de los que hacían estas propuestas jugara en contra de crear estructuras estables y con posibilidades. En este caso el movimiento libertario que conocemos – al ser el movimiento español el más fuerte – habría cambiado decisivamente.

Por último mencionaré en este recorrido el movimiento revolucionario alemán. En este caso su origen se encuentra en el pacifismo antinuclear de los años 50. En la década siguiente el movimiento coge una impronta propia y se masifica. Logra arraigar entre los estudiantes del SDS, juventudes socialistas, y a partir de ahí enraíza con otras expresiones del movimiento juvenil. Ante el pacto de gobierno entre la CDU y el SPD – la socialdemocracia – el movimiento juvenil convocaría un congreso y se estructuraría en la llamada Oposición Extraparlamentaria [11]. Esta oposición era un conjunto de muchas fuerzas de izquierdas que con el tiempo fueron conformando tanto el movimiento estudiantil como las fuerzas de lucha armada de la década de los 70. Y dentro de esta experiencia un sector poco a poco se fue metiendo en la construcción del Partido Verde que fue a elecciones. Existe cierto paralelismo con Estados Unidos donde el movimiento estudiantil de los 60 fue el creador de los cuadros revolucionarios de la década siguiente. El fracaso de la lucha armada también dio lugar a partidos verdes y a intentonas de reforzar el movimiento popular desde el municipalismo. De ahí la propuesta de Murray Bookchin por ejemplo.

Como última curiosidad ver de donde sale Bernie Sanders. El candidato del Partido Demócrata fue elegido por primera vez en Burlington, Vermont, en 1981. Vermont, había recibido desde finales de los 60s un par de oleadas de jóvenes comuneros que huían de las ciudades. Intentaron hacer su revolución pacífica a través de una vasta red de cooperativas y de pequeñas comunidades intencionales. No lograron hacer la revolución pero en cambio lograron cambiar la ideosincrasia del estado, volviéndolo el más progresista de todo Estados Unidos. Uno de aquellos izquierdistas que se vincularon a Vermont sería el propio Bookchin, una de las cabezas pensantes del Centro Obrero de Vermont de los 70. Posteriormente fundaría allí su famoso Instituto de Ecología Social, desde donde desarrollaría y difundiría sus ideas. Sanders, que igual que Bookchin venía de Nueva York, sería otro hijo de esta época solo que claramente socialdemócrata.

En los últimos años también ha habido algunos casos curiosos, como el de Cara Jennings, que se definía como anarquista (venía de las Radical Cheerleaders) y se presentó a la alcaldía de Lake Worth, Florida. O el de Jón Gnarr, aquel alcalde punk de Reikjavik. Tampoco os voy a engañar. En la izquierda abertzale también había militantes que se autodefinían como libertarias y que tenían – o tienen – cargos institucionales. Y en Podemos y en las CUP también… ¿están vinculadas al movimiento anarquista? No, pertenecen a otros movimientos políticos, como Jennings o Gnarr. Aunque sus creencias personales sean esencialmente libertarias, sus actos políticos no lo son, forman parte de otros proyectos. Este tipo de comportamiento individual, que no ha sido raro en la lucha política del último siglo y pico, no es exactamente lo mismo que una organización libertaria que se “mete en política”.

¿Qué balance se puede hacer de todo esto? Bien, se trata de una larga colección de fracasos que tiene su origen en los fracasos del propio movimiento libertario para crear una chispa revolucionaria. En política el fracaso de una vía revolucionaria provoca la creación de una via reformista o parlamentaria; y viceversa, al fracasar la vía reformista se promueve un ciclo de lucha armada que al ser derrotado, vuelve a poner las bases de una línea pública y de masas. El anarquismo es una corriente de liberación, pero se entiende que la frustración al no lograr las metas en un tiempo razonable de militancia lleva a parte del movimiento a experimentar con otras vías que no son vistas como tradicionales pero que en realidad sí que lo han sido a lo largo de las décadas. En este caso tenemos que diferenciar dos cosas distintas: la de quienes abandonan el movimiento y pasan a movimientos socialistas o comunistas, y la de quienes siguen vinculados al movimiento anarquista y que después de esta experiencia vuelven a participar en otras formas organizativas libertarias que entendemos como “clásicas”.

NOTAS

[1] Anarquismo y elecciones.

http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/politica/elecciones_y_anarquismo/elecciones.html

[2] En este sentido se suele nombrar a William Morris, un socialista libertario británico cercano al anarquismo. Pero se dieron también otras expulsiones además de las del socialismo alemán, como las del holandés Domela Niewenhuis entre otros.

http://blocs.xtec.cat/mmompart/2012/08/05/la-segunda-internacional/

[3] Unión Socialista.

https://es.wikipedia.org/wiki/Uni%C3%B3n_Socialista_(Chile,_1897)

[4] Anarquismo ibérico [https://serhistorico.net/2017/04/13/algunos-precedentes-del-partido-sindicalista-de-angel-pestana/]

[5] Georges Fontenis

https://fr.wikipedia.org/wiki/Georges_Fontenis

[6] Un poco de historia del anarquismo cubano y su represion y muerte en manos del castrismo.

http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/29686

[7] El “foquismo” guerrillero.

https://www.anarkismo.net/article/17385

[8] Ernesto Miranda

https://es.wikipedia.org/wiki/Ernesto_Miranda

[9] La FAU

http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=3701

[10] GAAP

https://it.wikipedia.org/wiki/Gruppi_Anarchici_di_Azione_Proletaria

[11] Oposición Extraparlamentaria

https://es.wikipedia.org/wiki/Oposici%C3%B3n_extraparlamentaria

 

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2 Respuestas para Anarquismo y política electoral/institucional

  1. Buen artículo. Desconocía buena parte de las.experiencias citadas. Yo he trabajado a.escala española en https://serhistorico.net/2017/12/27/las-tentaciones-parlamentarias-en-el-anarquismo-espanol/.

    Me gustaría saber quién es el autor y charlar con él.

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