Opinión

Publicado el 15 de mayo de 2019 por Angel Malatesta

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Aunque Israel se vista de Eurovisión... genocida se queda

Un nuevo año tenemos que hablar de Eurovisión; y baste de decir que independientemente de que una parte importante de nuestra generación, y de las que nos preceden, hemos crecido ligados a este festival de la música europea, el hartazgo o la crítica hacia el evento se sirve solita. Esta competición europea de la canción fue ideada por la Unión Europea de Radiodifusión, en la época de la postguerra mundial, e íntimamente ligada al proceso de construcción de la Comunidad Económica Europea. Este festival de la canción surgía para promover los valores culturales, sociales y políticos europeos de los distintos países participantes; es decir, no se puede afirmar que sea música y nada más ya desde el origen de este formato.

Si bien en los círculos activistas europeos este festival pasa desapercibido y no se le presta demasiada atención, este año pasar del tema o quedarnos impasibles no es una opción a elegir. El año pasado Israel ganó en este festival de Eurovisión, que durante décadas ha servido de trampolín geoestratégico a determinados países según el contexto político internacional. No es casualidad que el año pasado Israel se alzara con esta simbólica victoria eurovisiva, justo en un momento en el que había nombrado Jerusalén nuevamente la capital de su Estado de ocupación, y pocos días después provocara una nueva masacre en la Franja de Gaza con decenas de muertos en el día de la Nakba (festividad palestina que clama por el retorno en libertad a su territorio ocupado), sin ninguna condena internacional por estos sucesos.

Sin embargo, no era la primera ni única vez que este festival de Eurovisión ha servido a los intereses de blanquear regímenes criminales. Uno de los más sonados y más cercanos fue el triunfo de la España de la dictadura franquista en 1968 con el famoso ‘Lalala’ de Massiel; y la celebración del festival al año siguiente en Madrid, suponiendo un lavado de cara para el régimen. No olvidemos en el año 2016 el triunfo de Ucrania en este festival de música, cuando se estaba desarrollando el conflicto armado en Donbass frente a Rusia. Incluso, teniendo también como protagonista a Israel, este Estado ocupante ganó dos años consecutivos el festival de Eurovisión en 1978 y 1979, coincidiendo con la campaña militar israelí en territorio del sur del Líbano, conocida como ‘Operación Litani’.

Hace escasamente dos semanas Israel atacó indiscriminadamente el territorio palestino provocando la muerte de 21 ciudadanos/as palestinos/as. Este mismo año, en la categoría de Mejor Cortometraje documental de los Premios Goya de la Academia española de cine, la película ‘Gaza’ se alzó con el galardón. La criminal ocupación israelí de Palestina ha sido una cuestión principal en el Estado español, donde gran parte de la población se ha sensibilizado históricamente y los movimientos sociales son muy activos en favor de los palestinos. Sin embargo, siempre los gobernantes españoles indistintamente de su color político (desde PP, PSOE, y hasta Ahora Madrid) han mostrado su apoyo al Estado israelí alegando la importancia de las relaciones comerciales y económicas. Las empresas israelíes y sus grupos de poder están internacionalmente vinculados con intereses nacionales y monetarios en prácticamente todos los países del mundo. Las atrocidades israelíes durante décadas y la planificación continuada del exterminio de Palestina, que sea un Estado cuya esencia indiscutible es la destrucción y aniquilación de los palestinos; y además con el apoyo y condescendencia de la comunidad internacional, nos convierte al resto de pueblos del mundo en los únicos defensores de la causa palestina.

Un pueblo abandonado, expuesto continuamente a la guerra más salvaje, y todo ello protagonizado por un Estado como Israel, que en los últimos años ha aprovechado esta cultura del espectáculo creada por el capitalismo para presentarse al mundo con una imagen renovadora. Israel trata de vendernos su imagen de país a la cabeza de los derechos del movimiento LGTBI, además de utilizar en su beneficio una lucha, que como otras ligadas a las opresiones, solo se entiende si es anticapitalista, feminista y de clase.

Un grito internacional ha clamado por el boicot al evento eurovisivo en Israel, y sin embargo ninguno de los 41 países participantes han cancelado su actuación en Tel Aviv el sábado 18 de mayo. El festival ha continuado su curso con total normalidad aparentemente; sin embargo, el rechazo este año ha sido unánime en todos los movimientos sociales europeos. En el caso del Estado español, un escrito oficial por parte de los/as trabajadores/as del sindicato CGT en RTVE, ha tratado de llamar la atención sobre este hecho e impedir la ignominia de participar del evento. El propio representante español, Miki, cantante salido del programa de televisión ‘Operación Triunfo’ afirmó que este festival ‘era tan solo música y nada más’. Es bastante grave que se intente invisibilizar el potencial político y cultural que evidentemente esconde este festival televisivo. El rechazo quedó patente en Madrid hace pocos días, cuando la delegación eurovisiva española realizó una charanga por el centro de la ciudad antes de partir en su viaje hacia Israel, y fueron acompañados en su ‘espectáculo’ por numerosos activistas pro-palestinos quienes clamaban contra el genocidio israelí.

Más grande, si cabe, ha sido la crítica y la denuncia al cantante catalán Adrià, del grupo La Pegatina; grupo musical que en apariencia siempre ha denunciado injusticias sociales. Este compositor ha escrito la canción que representará la delegación española en Tel Aviv. Una carta abierta desde el movimiento por el ‘Boicot, desiversiones y sanciones’ a Israel, ha tratado de hacer entrar en razón a dicho grupo musical para retirar su apoyo al festival sin lograrlo. No se han quitado ‘la venda’, y sin embargo ha hecho que muchas personas sí se quitaran la venda frente a grupos musicales como La Pegatina, que desde el postureo pseudoprogre han subido como la espuma en los últimos años, y sus siempre tímidas reivindicaciones, les han servido como trampolín para darse a conocer exclusivamente. Esto nos lleva a pensar que, dado que los grupos con letras de izquierdas y ritmos festivos están de moda, algunos grupos y personas aprovechan este tirón para alcanzar sus objetivos de fama y dinero. La música transformadora no vendrá por lo tanto definida por el contenido de sus letras, sino desde qué actitud social se crea; si es autogestionada y se pone al servicio de transmitir en la práctica unos valores que rompan con el capitalismo y la criminalidad represiva.

El reclamo israelí al festival es absolutamente vomitivo y genera una sensación de rabia insostenible. Contarán con la presencia de la modelo Bar Refaeli, quien presentará la gala, la estrella hollywoodiense Gal Gadot también participará, y además el multimillonario Sylvan Adams ha pagado en torno a un millón de dólares para que Madonna actúe en la final. También ha promocionado turísticamente Tel Aviv como paraíso del gaypitalismo europeo. El festival de Eurovisión será utilizado como una distracción y tapadera a las vulneraciones de los derechos humanos de Israel contra el pueblo palestino. Este año el día de la Nakba, que se celebra el 15 de mayo, será un día de lucha y reivindicación palestina invisibilizada por la pantomima eurovisiva. Israel sabe que tiene el apoyo de las grandes potencias mundiales, ahora quiere revalidar esa legitimidad ante millones de personas ante quienes quiere ganarse su opinión pública favorable, porque sabe que su principal enemigo son los pueblos del mundo. Es por todo ello que animamos a tomar conciencia de la gravedad que supone la celebración de este festival en territorio ocupado, y mantengamos el boicot a todos los intereses israelíes, y a todas las entidades españoles que apoyen este espectáculo.

Igualmente les deseamos un feliz día de la Nakba al pueblo palestino, y les recordamos que no están solos en su lucha.

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Acerca del autor

Angel Malatesta

La insurrección es hermosa cuando se recoge sobre los renglones poéticos que caminan a través del sendero de la historia. Construyéndome a mí mismo en colectividad y en el espacio natural.



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