Esbozos para un nuevo pensar (I): Revolución y Libertad de Culto

Por Static Week

Si Dios ha muerto, ¿qué es lo que le ha sustituido? Ante esta consideración, el propio Nietzsche nos hablaría de que el "Superhombre" es lo que ha sustituido a Dios. La ‘‘Superación del Hombre’’: el ‘‘hombre’’ (entiéndase ‘‘lo humano¹’’), ya en calidad de "Humanidad Trascendida", ha desarrollado herramientas suficientes para transformar y escribir su futuro desde el presente conforme a su propia voluntad de poder. No obstante, ¿es esta la situación en la que nos encontramos? ¿Es esta la realidad que hay tras la muerte de Dios? ¿Tras la superación del dogma? ¿Tras el ir más allá de un "humanismo" que te habla de Derechos Humanos mientras los vulnera en prácticamente todas las partes de este mundo?

Por desgracia para todos nosotros, nada más alejado de la realidad. El "Superhombre", la "Superación del Hombre", que no es ni más ni menos que la "Superación de la Humanidad" radica en la toma de conciencia del querer hacer todo cuanto estamos preparados para hacer. De adquirir la propia virtud humana de Ser Humanos: Más allá de nuestro humanismo.

Ante esta realidad, mi buen colega y camarada Lusberth, en una de nuestras conversaciones aleatorias sobre cuestiones varias me decía "una cosa es la religión, otra cosa es la espiritualidad". Y aquí es adonde quería llegar: ¿hasta qué punto la propia espiritualidad más allá del dogma acaso no ofrece un entendimiento interno, profundo y satisfactorio, de la voluntad de poder? ¿Hasta qué punto la "Superación de la Humanidad", la "Superhumanidad" si me permiten el atrevimiento, no es capaz de transgredir sus propios límites e ir más allá hacia la construcción y consecución de un Mundo Nuevo?

Mundos como estos los vemos hoy tanto en México (concretamente Chiapas) donde actualmente el EZLN² "resiste todavía y siempre al invasor" o en el propio Kurdistán Sirio (concretamente Rojava) donde se está llevando a cabo una revolución del siglo XXI gracias a las herramientas de resistencia que concede el Confederalismo Democrático. Todo ello, y en ambos casos, al igual que en muchos otros tantos casos que nos son más cercanos³, o incluso que ignoramos porque nos son totalmente desconocidos; protagonizados por Entidades Heroicas y Anónimas, nos muestran que un nuevo mundo es posible hoy. Que un mañana desde el ayer se está construyendo en el ahora.

Claro está que la propia construcción de una realidad nueva y mejor siempre va a ir implícita a buenos y malos momentos, aciertos y errores, a una serie de contradicciones internas que más allá del momento en el que se den deben superarse. Para un francés o francesa de finales del siglo XVIII hacer la Revolución y tomar la Bastilla en 1789 también marcaba todo un tránsito de incertidumbre e "irrealidad" bañada por un "¿y ahora qué?" constante, por multitud de contradicciones y gobiernos con tiranos despóticos y reaccionarios contra los que hubo que volver a rebelarse. Todo ello forma parte de ese gran ser viviente que es la revolución, eso sin duda.

Pero no obstante, tanto en las actuales como en las pasadas (hablaremos de Rusia en su debido momento) encontramos ejemplos ya no solo de prácticas completamente revolucionarias⁴ sino también de elementos tradicionalmente considerados como "reaccionarios" que brindan sus servicios al pueblo. Me refiero en este caso al lugar que ocupan ciertos miembros de estamentos religiosos o vinculados a la propia religión (considerada por aquel Gran Barbudo como El Opio del Pueblo) que saben cuál es su lugar en la Revolución⁵. Me remito aquí a dos casos citados por George Woodcock en su texto Albores del Anarquismo⁶: el de Winstanley y el de Roux. Ambos religiosos, el último también sacerdote. Decía Winstanley, acérrimo luchador del movimiento Digger durante la Revolución Inglesa:

‘Dios no es otra cosa que el espíritu incomprensible de la razón. ¿Dónde reside la razón? Reside en el fondo de toda criatura de acuerdo a la naturaleza y modo de ser de la criatura misma, pero supremamente en el hombre. Por lo tanto el hombre es una criatura racional (…). Esto es el reino de Dios dentro del hombre’’. En el caso de Roux, sacerdote y miembro de los Enragés durante la Revolución Francesa, vemos que⁷:

‘‘Antes de dejar la prisión, Luis [Luis XVI], viendo que Roux era un sacerdote, le preguntó si podía confiarle su testamento, Roux replicó fríamente: “Yo estoy aquí solamente para llevarte al patíbulo”. Y, sin embargo, el hombre que miró con satisfacción la ejecución del rey como viva manifestación de la autoridad, tenía que protestar más tarde desde su propia celda de la prisión contra las brutalidades que el Terror inflingía a hombres y mujeres cuyo único crimen consistía en el rango a que pertenecían por su nacimiento. (…) Roux fue llevado ante el tribunal revolucionario, y, convencido de que su muerte era inevitable, se burló de la guillotina suicidándose penosamente. “No me quejo del tribunal —dijo antes de morir—; ha actuado de acuerdo con la ley. Pero yo he actuado de acuerdo con mi libertad”. Morir colocando la libertad por sobre la ley fue la muerte de un anarquista’’.

Y es así, tante ayer como hoy hay "siervos de Dios" que al comprender el mensaje de Cristo, el mensaje del Corán⁸, el mensaje de cualquier texto sagrado (y revolucionario) que se precie se ponen al servicio de la Revolución para con los suyos: "Un pastor debe estar con su rebaño". Es así como quienes guardan un espíritu fuerte: disciplinado, autodisciplinado, organizado y consecuente, son quienes están junto a su pueblo. Hablo de los Creyentes de Base de hoy⁹, de aquellos párrocos zapatistas que en la década de 1990 se pusieron al servicio del pueblo chiapaneco, de aquellos musulmanes que en Rojava están combatiendo a la reacción junto a los suyos, junto a su pueblo. Hablo aquí del ejemplo de tantas entidades heroicas y anónimas que más que saber desconozco, pero que están constantemente ahí; batiendo el cobre, contra viento y marea, cual navío impertérrito.

A esos me refiero, esa gente es la mía, ellas son mi gente. Y son a los que quiero tener a mi lado el día de la Revolución. Porque son personas que verdaderamente han comprendido lo que supone la Superación Humana más allá de cualquier dogma e institución cuya doctrina más que liberar oprime. Que han entendido cual es el mensaje, que lo han asimilado, calado y profundizado. Estas personas son mis hermanos y mis hermanas y junto a ellas nos queda todo el quehacer de la Revolución.

Estas palabras las escribe alguien agnóstico, que duda de la existencia de Dios, que es incapaz de ver un Dios de rostro humano en el cielo porque ya lo ve en cada instante, en cada detalle. Dentro de mí y en todas partes. Dios lo es Todo, omnipotente y omnipresente, y quizás sea algo tan simple y a la vez complejo de entender que incluso todavía hoy no comprendemos. En el espíritu mora la voluntad de poder y la voluntad de poder mora en el espíritu. En nuestro espíritu: Porque llevamos un Mundo Nuevo en nuestros corazones, y ese mundo está creciendo ahora mismo. En este preciso instante.

No hay que temerle a las ruinas, pues siempre son los cimientos de algo nuevo: Todavía por construir.


 

1 Nos referimos también a la mujer, a cualquier persona en calidad humana. Debemos saber que los autores generalmente hablan dentro de los límites histórico-sociales de su tiempo.
2 Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
3 Como es el ejemplo de la FAGC (Federación Anarquista de Gran Canaria).
4 Y cuando hablo de Revolución hablo de Libertad, también de Igualdad y Fraternidad.
5 Podría hablar aquí de otros ejemplos poco estudiados. Entre ellos se aprecia a primera vista un antecedente medieval interesante en Dulcino. Véase como un acercamiento audiovisual
6 Texto completo aquí
7 George Woodcock, Albores del Anarquismo, pp.20-22
8 Salvador Gómez Nogales, ‘‘Sabiduría Oriental y Filosofía Árabe’’, en Andrés Martínez Lorca (Coord.), Ensayos sobre la Filosofía en Al Andalus (2017), pp.162-163: ‘‘(…) El texto de nuestro compatriota musulmán IbnʿArabī, que nos puede servir de recapitulación de todo lo dicho: Hubo un tiempo en que yo reprochaba a mi prójimo si su religión no estaba cercana a la mía. Pero mi corazón es capaz de convertirse en todas las formas: es una pradera para las gacelas, el claustro de un monje cristiano, un templo para los ídolos, las tablas de la Ley mosaica, el volumen del Corán. Yo profeso la religión del amor. Y sea cual fuere la dirección que tome la cabalgadura, el amor es mi credo y mi fe’’.
9 Quienes siguen las enseñanzas más puras (y por tanto sin adulterar, menos instrumentalizadas) de la fe.

Bibliografía:
Gómez Nogales, S. ‘‘Sabiduría Oriental y Filosofía Árabe’’, en Andrés Martínez Lorca (Coord.), Ensayos sobre la Filosofía en Al Andalus (2017), pp.143-165
Woodcock, G. Albores del anarquismo.

Las relaciones entre la AIT y la CNT durante la Guerra Civil española

Miguel G. Gómez (@BlackSpartak) para alasbarricadas.org

Foto: Delegados del Congreso de 1922-23 de la AIT. Berlín. Fuente: La Alcarria Obrera.

El anarcosindicalismo ha sido – y es – la mayor corriente relacionada con las ideas anarquistas. Su característica principal es la fusión de unos principios claramente anarquistas con un movimiento de masas, el movimiento obrero. Además, sus organizaciones se declaran abiertamente comprometidas con el objetivo final: el comunismo libertario. Su táctica principal es la acción directa, aunque como veremos aquí, de todo hubo.

En este artículo veremos los debates del movimiento sindicalista revolucionario a lo largo de sus décadas de mayor esplendor y nos centraremos en su actuación, a nivel internacional, durante la Guerra Civil española, que supuso su mayor prueba a todos los niveles.

Los primeros años

Desde finales de la primera década del siglo XX, el sindicalismo revolucionario pretendía organizarse a escala internacional. Como heredero de la Primera Internacional esta opción socialista – el sindicalismo – carecía de organización global. En cambio, la Segunda Internacional ya disponía de un Secretariado Internacional de Centrales Sindicales desde 1893. De esta manera, logró atraerse sindicatos que no estaban dirigidos por corrientes socialdemócratas como la CGT francesa y el National Arbeids Sekretariaat, NAS, holandés.

Sin embargo, tras el Congreso Anarquista Internacional de Ámsterdam de 1907, la organización holandesa decidió abandonar la Internacional Sindical Socialista y lanzó la propuesta de crear una nueva organización que reuniese el sindicalismo revolucionario a escala internacional. En cambio, la CGT ignoró esta propuesta prefiriendo mantenerse en la Internacional Sindical Socialista.

Tras varios preparativos que se alargaron años, el primer encuentro se tenía que realizar en Londres, en febrero de 1913. Se cursaron invitaciones a militantes sindicalistas de numerosos países. Sin embargo, los franceses no estaban por la labor. La CGT era crítica de la propuesta y pretendía preservar la unidad del movimiento obrero, mientras que otros militantes cegetistas libertarios franceses que sí que apoyaban el congreso pidieron aplazarlo. Querían más tiempo para convencer a sus compañeros más reacios.

Finalmente, el congreso se celebró el 27 de septiembre. Participaron 38 delegados pertenecientes a 65 organizaciones y periódicos obreros con una representación aproximada de 250.000 afiliados entre todas. Por contraste el sindicalismo socialista reunía 7 millones ese mismo año. Este congreso culminó con una declaración de principios y la creación de un Buró Internacional con sede en Ámsterdam. Por desgracia, el estallido de la guerra mundial dio al traste con todo el proyecto.

Las circunstancias excepcionales de la guerra desorganizaron todo el movimiento obrero afín al sindicalismo revolucionario. Cada organización tuvo que hacer la lucha por su cuenta y se perdieron los contactos durante años. Quizás la excepción a esta situación fue el Congreso de la Paz de El Ferrol, celebrado en 1915 e impulsado por el movimiento libertario ibérico.

Sea como sea, el movimiento sindicalista revolucionario llegó a 1918-19, años donde las revoluciones estallaban en todas partes, sin organización internacional. Pero esto no quitaba para que no estuviese vinculado a un proceso de revolución mundial. Hay muchos casos de huelgas declaradas en solidaridad con la Revolución rusa, tales como las que impulsó la FAUD alemana, por ejemplo.

En esta etapa se podría decir que la oleada revolucionaria mundial benefició a las organizaciones sindicalistas revolucionarias, pero éstas no se consiguieron organizar a escala mundial hasta que no fueron convocadas por los bolcheviques en 1921, como ahora veremos.

El nacimiento de la AIT

La Revolución Rusa benefició a todas las ramas del socialismo que utilizaban métodos revolucionarios para llegar al socialismo. Este ambiente impulsó sobremanera el anarquismo y el sindicalismo revolucionario, como ramas antiautoritarias del socialismo. Aunque no hubiese casi ningún conocimiento de primera mano entre 1917 y 1919, sobre cómo se desarrollaba la revolución en Rusia, ésta servía como aliciente para propagar la idea de la revolución por la revolución. Era un hecho histórico incontestable: el proletariado ruso había logrado derrocar el zarismo. Rusia significaba que se podía vencer. Era un símbolo poderosísimo.

En general, todos los sindicatos de izquierda aumentaron su afiliación de forma exponencial. Haciendo un cálculo rápido podemos contabilizar la corriente sindicalista revolucionaria en algo más de dos millones de adherentes entre 1919 y 1920. Evidentemente no había una simetría a nivel global. Había países con sindicatos muy relevantes (España, Italia, Portugal y Argentina, sobre todo) y muchos otros donde estas ideas eran más bien secundarias y no tenían posibilidades de generar las condiciones para una revolución social.

La convocatoria del Primer Congreso de la Internacional Sindical Roja en Moscú, el 3-19 de julio de 1921, fue un punto de partida para la reorganización del sindicalismo revolucionario a escala mundial. El Congreso de Moscú organizó una internacional sindical afín al comunismo bolchevique que recibió el nombre de Profintern. Pero en aquella ocasión también se pudieron ver las caras determinados sindicalistas de tendencia libertaria, tales como Armando Borghi de la USI italiana, Agustín Souchy de la FAUD alemana, Ángel Pestaña de la CNT española o Gregory Maximov de los sindicatos rusos. De hecho, incluso los sindicatos comunistas de numerosos países estaban constituidos en ocasiones por antiguos militantes sindicalistas revolucionarios, militantes que durante estos años se “bolchevizaron”.

Como tantas veces, la falta de una organización internacional bien estructurada se puso de manifiesto. El movimiento libertario carecía de estos elementos de coordinación que hacían fuertes a otras corrientes socialistas. Por ejemplo, el Congreso de Moscú se posicionaba abiertamente contra la tendencia reformista de la Internacional Sindical de Ámsterdam, de tipo socialdemócrata.

Así pues, se hizo necesario crear una nueva estructura internacional que aglutinase a la corriente sindicalista revolucionaria. De esta manera se celebró en Berlín, entre el 25 de diciembre de 1922 y el 2 de enero de 1923, el Primer Congreso de la Asociación Internacional del Trabajo. Se recogía a propósito el nombre oficial de la Primera Internacional.

Organizaciones representadas:

Federación Obrera de la Región Argentina
Argentina 200.000
Trabajadores Industriales del Mundo
Chile 20.000
Unión para la Propaganda Sindicalista
Dinamarca 600
Freie Arbeiter Union Deutschland
Alemania 120.000
Unione Sindacale italiana
Italia 500.000
Confederación General del Trabajo
México 30.000
Norsk Syndikalistik Federation
Noruega 20.000
Confederaçao Geral do Trabalho
Portugal 150.000
Sveriges Arbertares Centralorganisation
Suecia 32.000
National Arbeids Sekretariaat
Países Bajos 22.500
TOTAL 1.095.100

Los datos proceden de Rudolf Rocker. Es posible que exagerase las cifras de algunos países. Sin embargo, al faltar la mayor organización, la CNT española – que podría tener medio millón de afiliados en aquel 1923 – sin duda se eleva el número de trabajadores representados hasta más de millón y medio. Rocker además, indica que envió su adhesión la Coordination Sindicaliste Revolutionaire de Francia, que por aquel entonces aglutinaba unos 100.000 sindicalistas más. Era una red de sindicatos radicalizados que aún pertenecían a la CGT. Otro sindicato que no figura es Industrial Workers of the World, que tenía decenas de miles de afiliados, pero que en esos momentos sufría una represión gubernamental, llamada “Red Scare”.

La característica más importante de esta nueva organización era la declaración de plena autonomía de los sindicatos respecto de los partidos políticos. De hecho, se entendía que el sindicato mismo tenía una personalidad política propia. Los sindicatos eran a la vez una organización social y una organización política. El sindicalismo revolucionario tenía la propuesta de organizar la sociedad post-revolucionaria en base a los sindicatos. Por tanto, éstos tenían que tener una visión global de la sociedad.

El desarrollo del sindicalismo revolucionario en los años 20

Como punto de partida, este anarcosindicalismo (que en su mayoría aún era conocido como “sindicalismo puro” o sindicalismo revolucionario) no tenía mucho que envidiar a la Internacional Sindical Roja. Si bien esta era mayor – el Profintern declaró 17 millones de adherentes en su primer congreso de 1921 –, si solamente contemplamos los que había fuera de la Unión Soviética, entonces los números se acercaban a los de la AIT, aunque es cierto que los mejoraban.

Sin embargo, el mayor problema de la AIT obedecía a haberse fundado en un momento en el que las cosas se empezaban a calmar. El ciclo abierto en 1917 se cerraba. En algunos países se estaban dando desafiliaciones masivas, en otros los gobiernos hicieron algunas concesiones y cooptaron el sindicalismo, mientras que en otros lugares la respuesta fue el autoritarismo y la dictadura militar. Este último caso golpeó a tres de las principales organizaciones anarcosindicalistas: a la italiana, la portuguesa y la española. Todas quedaron fuera de juego entre 1923 y 1926.

Otro factor esencial fue la irrupción de la corriente comunista en el sindicalismo internacional. No pocas centrales sindicales que acabaron en la ISR habían tenido unos inicios anarcosindicalistas. La falta de militantes libertarios solventes, con buena formación y organizados específicamente se hizo notar, y el movimiento anarquista no tuvo nada que hacer ante militantes comunistas preparados para tomar las estructuras sindicales y arrastrarlas hacia el proyecto bolchevique. De alguna manera esta toma del sindicalismo por parte de los comunistas fue el motivo de la aparición de muchas organizaciones anarquistas en los años 20. O el anarquismo se organizaba o quedaría totalmente arrinconado ante el auge comunista.

En la segunda mitad de los años 20 el foco se trasladó hacia América Latina. Allí floreció una segunda oleada de anarcosindicalismo, incluso introduciéndose en nuevos países: Bolivia, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú o Paraguay. Mientras que siguió gozando de cierta fuerza en los anteriores bastiones de Argentina, Brasil, Chile, Cuba, México y Uruguay. Para aglutinar este movimiento, en 1929 se creó la Asociación Continental Americana de Trabajadores, ACAT.

Sin embargo, el desarrollo del anarcosindicalismo en estos países se vio truncado por la división del movimiento obrero en ramas que competían entre sí: anarquistas, anarcosindicalistas, comunistas, liberales, sindicalistas puros y socialistas, fundamentalmente. La división del movimiento obrero lo debilitó ante la nueva oleada reaccionaria que golpeó el continente americano en aquellos años. Las dictaduras militares trataron muy duramente al movimiento libertario. No estaba preparado para una clandestinidad sin medios y ante una competencia creciente de otras fuerzas que sí disponían de ellos. Por si fuera poco, algunos dictadores jugaron muy bien sus cartas y favorecieron un sindicalismo populista de unidad nacional, que en pocos años sería hegemónico en algunos países.

En cuanto al sindicalismo comunista, la Internacional Sindical Roja no volvió a celebrar congresos desde 1929. Los sindicatos quedaron totalmente sometidos a los intereses del Partido y del Komintern. Y esos intereses en 1937 pasaron por liquidar esa internacional sindical e integrarla en la Federación Sindical Internacional que dirigía la socialdemocracia y que los bolcheviques llamaban peyorativamente Internacional de Ámsterdam.

El declive de los años 30

Para 1931, la AIT era esto:

Secretariado de la AIT: Rudolf Rocker, Agustin Souchy, V. Orobón Fernández.

Freie Arbeiter Union Deutschland Alemania Rüidiger y Karl Windhof
Oficina Internacional Antimilitarista Países Bajos Albert De Jong
Confederaçao Geral do Traballho Portugal Manuel Joaquim de Souza, Juan Miranda
Asociación Continental Americana de Trabajadores (A.C.A.T.) América Latina Diego Abad de Santillán, Ismael Martí
Federación Obrera Boliviana Bolivia Jerónimo Rodríguez
Federación Obrera Regional Uruguaya Uruguay Joaquín Cortés
Confederación General del Trabajo Sindicalista Revolucionaria (C.G.T.S.R.) Francia Pierre Besnard, Lucien Huart
Confederación Nacional del Trabajo España Avelino González, Eusebio C. Carbó
Agrupación Obrera de Estudios Sociales Costa Rica José Alberola
Grupos varios Bulgaria P. Wassilief. [Pano Vasilev]
Sveriges Arbetares Centralorganisation (S. A. C.) Suecia A. Jensen
Nederlandsch, Syndikalistich (N. S) Países Bajos Wolthuis Rousseau, J. Woaci
Fondo de Socorro ruso Rusia Poliakoff
Federación Anarquista Polaca Polonia Soundy

Estas eran las organizaciones representadas en el Congreso de Madrid, celebrado el 16-21 de junio de 1931. La mayoría de las organizaciones representadas eran ya una sombra de las que se reunieron en Berlín. Otras eran grupos no sindicales, como las secciones de Costa Rica, Holanda, Polonia o Rusia. Se decía en la prensa libertaria que en este congreso asistieron delegados que representaban 600.000 afiliados. No obstante, la CNT española constituía un grueso de 535.565 afiliados, contabilizados en el congreso que realizó la CNT en Madrid en aquellas semanas. Si bien es cierto, que años después, despuntó el anarcosindicalismo en otros lugares, tales como Bulgaria o Polonia, lo cierto es que en 1931 la AIT era bien poca cosa.

A finales de 1932, el ruso Alexander Shapiro fue enviado a Barcelona para mediar en el conflicto interno que separaba la CNT entre treintistas (partidarios de una línea moderada, de carácter sindicalista) y faístas (partidarios de la FAI, de la línea revolucionaria). El Secretariado – procedente de Ámsterdam – estuvo residiendo un tiempo en Barcelona con Eusebio Carbó y Valeriano Orobón como miembros. Con esta composición, la AIT no tomó partido por ninguno de los dos bandos y trató de desempeñar un papel conciliador.

Aun así, en pleno octubre de 1934, estando Asturias en plenos combates revolucionarios, Shapiro presentó un informe sobre el funcionamiento de los comités de defensa hasta entonces. En él se criticaba ampliamente la táctica insurreccional seguida hasta entonces, que había sido de improvisación constante y que había dejado exhausta la Organización confederal, dejándola casi fuera de juego ante una revolución proletaria como la que se vivía en esos mismos días.

Aunque este informe estaba alineado con la postura mayoritaria dentro de la CNT de aquellos meses, en los que se terminó abandonando la táctica insurreccional en beneficio de algo más sólido, hacemos notar que estaban tomando partido por un sector de una sección de la Internacional.

En paralelo, en aquellos mismos años, se estaban desarrollando otros debates respecto a forma que tendría que tener la organización específica libertaria. Fueron los años de los debates sobre la Plataforma de Makhno, Archinov e Ida Mett. Era una propuesta organizativa para la militancia anarquista. Pedían la unión general de los anarquistas en una organización y que establecieran un programa de acción basándose en una unidad táctica y estratégica y asumiendo una disciplina interna.

Esta propuesta fue combatida por considerarla autoritaria por Malatesta o Sebastian Faure, quienes propusieron un anarquismo de síntesis, que combinase distintas formas de entender el anarquismo juntando desde individualistas hasta sindicalistas. Esta última propuesta fue muy del gusto de las corrientes libertarias no obreristas, más partidarias de generar estilos de vida libres que de organizar a la clase trabajadora.

La Plataforma tuvo repercusión en Francia a través de Union Anarchiste y en Bulgaria, con la Federación Anarquista Comunista de Bulgaria, que inició su propio proceso revolucionario – que no pudo culminar. No solo esto, sino también hubo otros compañeros de ruta del “plataformismo”, del estilo British Anti-Parliamentarist Communist Federation, la Federación Anarco Comunista Argentina y la también argentina Asociación Obrera Spartacus. Eran organizaciones específicas de raíz anarquista que buscaban la intervención estratégica allí donde lo estimaran oportuno (en el movimiento obrero, en los barrios, en el movimiento campesino o entre la juventud) y bajo la táctica que estimaran más conveniente a sus ideas. Por ejemplo, el anarquismo búlgaro impulsó sindicatos campesinos y obreros, y luego guerrillas. El comunismo libertario francés apostó por militar en la CGT socialista, olvidándose de la CGTSR anarcosindicalista, a la que veían en plena deriva hacia la marginalidad y el dogmatismo.

Parecido proceso al francés tuvo lugar en Argentina, con una FACA y una AOS orientadas a la organización de sindicatos industriales sin meterse en la FORA, que entendían anquilosada y anclada en el gremialismo. La particularidad de la FORA era su auto-consideración como organización anarquista. Es decir, el “forismo” entendía el sindicato como organización anarquista en sí mismo. Esto lo hacía distinto del resto del anarcosindicalismo, que entendía que los sindicatos eran una cosa y las organizaciones anarquistas otra distinta (lo que se conoce como “dualismo organizativo”). Como se ve, son dos líneas tácticas distintas. Aún hoy en día existen sindicatos anarcosindicalistas que se tienen más bien las características de un grupo anarquista, antes que de un sindicato. También podemos mencionar la Federación Anarco-Comunista de Corea, que en 1929-31 realizó una revolución, aunque era desconocida por completo en Europa y América.

Para 1935, la AIT celebró un congreso en París. Era el punto más bajo para el anarcosindicalismo desde su fundación. La única función relevante del congreso fue sustituir el Secretariado, que recayó en Pierre Besnard, Helmut Rüdiger y el español Nemesio Galve. No hubo ninguna referencia sobre el congreso en la prensa confederal más destacada en España. La mayor parte de las declaraciones de la AIT se centraron en condenar la invasión de Etiopía por parte de la Italia fascista.

Pero en el año 1936 la situación cambió radicalmente. En Francia el Frente Popular, compuesto por una coalición de republicanos de izquierda, socialistas y comunistas, ganó las elecciones el 3 de mayo. Este pacto se combinó con la fusión de las dos centrales sindicales más importantes, la CGT, socialista, y la CGTU, comunista. A los pocos días de las elecciones, desde el 11 de mayo, se desató por todo el país una lucha de clases de una escala nunca vista con anterioridad. Se produjeron unas 17.000 huelgas, en las que participaron unos 2,5 millones de trabajadores. Además, en muchos centros de trabajo, unos 300, la plantilla decidió ocupar las fábricas evitando la entrada de esquiroles o cierres patronales (lock-outs). Las huelgas terminaron con la firma de un acuerdo entre el nuevo gobierno de Léon Blum y la CGT que mejoró las condiciones.

En la extrema izquierda este momento se vivió como una etapa pre-revolucionaria. La CGTSR anarcosindicalista, que no entró en el proceso de fusión de la CGT ganó nueva afiliación llegando a 8.000 afiliados (otras fuentes lo rebajan a 5 o 6.000), mientras que Union Anarchiste, llegó a 4.000 adherentes. La militancia de esta organización, la UA, estuvo activa dentro de la CGT mayoritaria y consideraba la organización anarcosindicalista como un grupo sectario con el que era difícil entenderse. Indiquemos que la CGT contaría con cuatro millones de afiliados a finales de ese año.

Otro caso fue Portugal. En enero de 1934 comunistas y anarcosindicalistas lanzaron una huelga general insurreccional, que no tuvo éxito, aunque tuvo el país en vilo durante semanas. El estado luso vivía una dictadura militar asfixiante. Para 1936, antes de la Guerra Civil española, hubo algunos motines entre los marineros e incluso un barco de la marina lusa llegó a izar la bandera roja.

Estas informaciones eran recogidas en la prensa confederal española, así como importantes huelgas en Estados Unidos, Argelia, Argentina o México, intentos revolucionarios en Brasil o Paraguay y numerosos golpes de estado y hasta magnicidios. Eran años muy movidos y de gran violencia política.

Y de esta forma llegó la guerra civil.

La guerra y la revolución

A nivel práctico, el mismo 22 de julio, Agustín Souchy propuso la creación de la Oficina de Propaganda Exterior de la CNT-FAI. La confederación confió en el alemán. Souchy fue el representante de la AIT en Barcelona durante los primeros meses. Desde bien pronto se editaron boletines en diversos idiomas desde los que se difundían noticias de la guerra, de la política y de la revolución. Hubo boletines en francés, inglés, sueco, alemán, portugués, esperanto, búlgaro, ruso y uno especial para América Latina. Así pues, la AIT participó desde el comienzo en las iniciativas del anarcosindicalismo ibérico tanto en la propaganda como en el envío de ayuda material.

A nivel político, en julio de 1936 la CNT-FAI renunció a tomar el poder estableciendo un pacto antifascista con otras fuerzas políticas y sindicales. En las zonas que podía influir apoyó o impulsó la revolución social. En ningún momento puso en cuestión la continuidad de la República. Eso sí, entendían que la guerra había dado lugar a un nuevo modelo de país, de carácter federal y socialista, sobre el que influían en buena manera. Esta opinión se concretó en el Pleno Nacional del Movimiento Libertario de España (entiéndase por ello, la coordinación entre CNT, FAI y Juventudes Libertarias) de septiembre de 1937. El Movimiento acabó adoptado el modelo de República Federal, que en la práctica implicaba implantar una especie de “estado sindical” en las zonas que controlaban. Ahora lo veremos.

Antes de eso, en noviembre de 1936 la CNT entró en el gobierno de la República y la organización anarcosindicalista pasó a controlar cuatro ministerios. Esta decisión fue del desagrado del Pleno Internacional de la AIT, celebrado en aquellos días. La entrada en el gobierno también provocó protestas por la base, que opinaba que la CNT-FAI estaba renunciando a su programa del Congreso de Zaragoza (mayo de 1936), que consistía en implantar el comunismo libertario en todo el país. Aunque no entraremos a especificar estos conflictos internos, cabría indicar que tuvieron su apogeo entre abril y agosto de 1937. Del mismo modo, la AIT acataba la decisión de la sección española debido a las condiciones anómalas de la guerra, pero también afirmaba que debía “tomar en sus manos” la propaganda exterior, si bien de acuerdo con la CNT.

Otro factor de discordia fue la aceptación de la militarización de las milicias por parte de la CNT y la FAI. Los anarquistas extranjeros la rechazaban, aunque finalmente la acataron a regañadientes. Así, por ejemplo, la Sección francesa de la CNT (es decir, franceses que vivían o fueron a España durante la guerra) celebró una asamblea sobre este asunto. Se aceptó que quienes rechazasen la militarización abandonaran las milicias, mientras que el resto se militarizaría sin causar problemas. Esto ahondó aún más las diferencias tácticas entre la CGTSR y la CNT. Y como era la sección francesa la que dominaba la AIT, esta división se convirtió en una cuestión oficial. En Francia incluso se llegó a crear en mayo de 1937 una Association Révolutionnaire des Milicies d’Espanges, ARME, que agrupaba milicianos retornados, algunos huyendo de la persecución de los estalinistas y otros desanimados por lo que entendían como renuncias o hasta traición de la CNT a los principios.

En abril, por acuerdo de la AIT, Rüdiger pasó a encabezar la Oficina de Propaganda, destituyendo a Souchy en contra de la opinión de la CNT. Es de notar que ambos estaban enemistados. La CNT protestó diciendo que el nuevo delegado de la AIT actuaba como si la Internacional estuviese al mando de la propaganda. Como hemos visto, en noviembre así lo había acordado la Internacional y así se le informó al delegado de la CNT en una reunión en París. La AIT quería ejercer el control sobre la propaganda exterior. El secretariado de esta Oficina estaba compuesto, además de Rüdiger (por la AIT), por Joaquín Cortés (por la FAI) y Martín Gudell (por CNT). Había en nómina entre una docena y veinte personas.

Respecto a la ayuda humanitaria, la CNT se dio cuenta que necesitaba un organismo más ágil que la AIT para canalizarla mejor. Hasta entonces cada sección de la AIT (en especial Argentina, Uruguay, Francia y Suecia) crearon comités de solidaridad que recogían aportaciones económicas y materiales que enviaban a España. El flujo de voluntarios internacionales para las milicias iba por otros cauces.

Viendo el tremendo éxito del Socorro Rojo Internacional, controlado por la Internacional Comunista, al que incluso recurrían algunas unidades militares anarquistas y al que estaban afiliados no pocos confederales, la CNT-FAI decidió lanzar su propia organización humanitaria. En el mes de abril la documentación interna se refería a esta futura entidad como la Sociedad de Amigos de la Revolución Española. El informe comentaba que “las organizaciones puramente anarquistas o anarcosindicalistas, no constituyen en ningún país, salvo en Suecia, una fuerza apta para este trabajo; estas organizaciones no representan más que una ínfima minoría de obreros y sus mítines no atraen más que el interés de pequeños grupos simpatizantes”. Aunque esencialmente cierto, esto último podría ser injusto para el esfuerzo real que hicieron las organizaciones libertarias, en especial las de Argentina, Estados Unidos, Francia y Uruguay. La CNT veía que el discurso oficial en el exterior era el de una guerra entre el fascismo y la democracia. Necesitaba de una mayor proyección de su ideario. Por eso requería de una nueva organización internacional que ampliase su base social.

El 27 de mayo se constituyó definitivamente esta organización, llamada Solidaridad Internacional Antifascista, SIA. Detrás de ella estaba el Movimiento Libertario Español. La SIA estaba planteada como organismo separado de las organizaciones anarcosindicalistas y sus secciones tenían que estar presididas por alguna personalidad destacada del movimiento anarquista. Y, por supuesto, no podía haber dentro grupos que hiciesen propaganda comunista.

Y a todo esto, la CNT en su Pleno Nacional de Regionales del 29 de mayo de 1937, indicó que la sede de la AIT debería residir en España, quedando en París un secretariado dependiente de la sede española. Ahí se lanzaba un órdago. A su vez, la AIT celebró un Pleno en París unos días después, el 11-13 de junio, con delegados de Suecia, Holanda, Francia, Italia, Polonia, Bélgica y Chile. La resolución pedía que la CNT “permaneciera fiel a los principios y doctrinas de la AIT”. La sección española se abstuvo, puesto que en esos días iba a pedir su reingreso en el gobierno (había salido del gobierno republicano tras los Hechos de Mayo). La ruptura estaba en el aire.

Planteamiento del conflicto entre la sección francesa y la española

Ahora trataremos el conflicto de intereses entre la sección francesa y la española dentro y fuera la AIT. El conflicto tiene una base ideológica: la sección francesa denunciaba que CNT había aceptado entrar en el gobierno de la República y al hacerlo había pisoteado los principios anarquistas más elementales. Por el contrario, la CNT defendía que entrar en el gobierno era defender la revolución social de sus oponentes contrarrevolucionarios. Pero también hay un trasfondo político en este conflicto, el control de la AIT por una u otra organización. Estos problemas se dirimían también en Francia de otras maneras.

En agosto de 1936, la Federación de Grupos Anarquistas de Lengua Española en Francia (que formaba parte de la FAI ibérica) propuso crear un comité unitario para apoyar la revolución española. La CGTSR, la Federación Anarquista Francesa y Union Anarchiste (UA) entre otras entidades menores, se unieron para crear el Comité anarcho-syndicaliste pour la défense et la libération du prolétariat espagnol.

Antes de nada, hay que decir que la UA había acordado, en su congreso de abril de 1936, favorecer el entendimiento con otras fuerzas de izquierdas para combatir el fascismo. Más tarde, ya durante la guerra española, sufrió una escisión por parte de un sector de militantes que se quejaban del excesivo obrerismo de esta organización específica. Esta escisión se constituyó como la Federación Anarquista Francesa, organización de síntesis anarquista.

El motivo final de la ruptura entre UA y CGTSR fue el mitin celebrado el 23 de octubre de 1936 en París ante 15.000 personas. Lo organizaba la UA y estaba presidido por su secretario, Louis Lecoin. En la tribuna participaron Magriñá, Travall y Mavilla por la CNT, Jaume Miravitlles por ERC y Julián Gorkin por el POUM. Pero también tomaron parte las organizaciones francesas: Jean Zyromski por la SFIO socialista, Josse de Jeunes y Léon Jouhaux por la CGT. Esta presencia horrorizó a la CGTSR. Aunque estaba invitado, Besnard declinó su participación en el evento. Desde el punto de vista de la UA este mitin era la conclusión lógica del proceso de creación de un frente revolucionario. En cambio, la CGTSR veía en Jouhaux su bestia negra, ya que fue impulsor de la “Unión Sagrada” de 1914 que se llevó a más de un millón y medio de franceses a la tumba en la Gran Guerra.

En definitiva, todo esto acabó provocando la expulsión de la UA del Comité Anarcho-syndicaliste. Así que ésta decidió crear por su cuenta el Comité pour l’Espagne Libre. Y este nuevo comité recibió el apoyo de la CNT-FAI en 1937. La CEL realizó numerosos actos en apoyo de la causa de la CNT-FAI, destacando el mitin de Federica Montseny y Joan García Oliver en París, en junio de 1937. En él defendieron la postura oficial de la CNT y unos militantes de la CGTSR presentes en el acto protestaron. Éstos a su vez fueron tratados de “fanáticos”. Además, en el mes de mayo desapareció la Sección francesa de la CNT por desavenencias internas entre los partidarios de cada sector.

En octubre, tras un congreso de la UA, la CEL se transformó en la sección francesa de la Solidaridad Internacional Antifascista, ampliándose a otros sectores libertarios, sindicalistas e incluso socialistas. Llegó a contar con 45.000 personas asociadas (otras fuentes dicen que 15.000) y sobrepasó ampliamente el público al que podía llegar el movimiento libertario francés. No pretendía ser una Cruz Roja, sino una organización humanitaria revolucionaria. Estaba presidida por Louis Lecoin, director de Le Libertaire y militante destacado de la UA.

Pero volvamos a España. En Valencia, el 17 de septiembre, el antes mencionado Pleno Nacional de Regionales del Movimiento Libertario de España (CNT-FAI-FIJL), llegaba a la conclusión que el Movimiento solamente contaba con sus propias fuerzas. No le iba a llegar apoyo sustancial de ningún país como para cambiar la correlación que sufría en su contra. Por ello, el Movimiento Libertario se sintió impulsado a hacer un cambio drástico de planteamientos, caminando hacia una mayor centralización y renunciando definitivamente al programa comunista libertario del Congreso de Zaragoza.

A partir de entonces la CNT-FAI-FIJL aparecieron defendiendo la República Federal Socialista y un socialismo corporativo y de base sindical. En su cuerpo teórico aparecía claramente el sindicalismo vinculado al nuevo modelo de estado, en lo que algunas ocasiones calificaban de “estado sindical”.

Es decir, al Movimiento Libertario Español ya no le aportaba demasiado el internacionalismo libertario, al contrario, le estaba dando problemas ya que éste daba alas a una oposición interna de carácter revolucionario (Los Amigos de Durruti, periódico Acracia, sectores de las Juventudes Libertarias, etc.) que cuestionaba las decisiones estratégicas y la forma de funcionar de los comités dirigentes del Movimiento.

Por ello, al aparecer grupos internacionales que compartían su estrategia de frente internacional antifascista y que le concedían su apoyo sin condiciones (tales como la FACA argentina, la UA francesa o la SAC sueca) la CNT-FAI apostó por profundizar en esta colaboración mediante la SIA.

Pero aún existía la AIT.

El congreso de la AIT de 1937

Del 6 al 17 de diciembre de 1937 tuvo lugar el Congreso Extraordinario de la AIT en París. Había diversas materias a resolver. Entre otras, valorar la actuación de la CNT española.

En este sentido, meses antes, en ese contexto de mal ambiente, el secretario Besnard había enviado a las secciones una circular en donde se hacían cinco preguntas. En ellas se puede observar un cierto grado de hostilidad:

1.- ¿Debe entregar la Secretaría de la AIT al Delegado de la CNT todas las cantidades recibidas para el fondo internacional antes del 11 de junio de 1937 y el 80% desde aquella fecha aún si los dirigentes no responden a las cartas de la AIT o si ellos informan que la CNT se separa de la AIT?

2.- En caso de retiro, ¿debe la Secretaría exigir que las cuotas que debe la CNT de los años 1936 y 1937 sean pagadas? La CNT no ha pagado ninguna cuota desde la fundación de la AIT.

3.- ¿Debe la Secretaría de la AIT considerar la existencia de una oposición dentro de la CNT? ¿una oposición que podría cambiar la orientación de la Central española y afirmar la adhesión de la CNT a la AIT?

4.- Si la CNT se retirase de la AIT, ¿Qué actitud tomaría entonces esta oposición en cuestión de las doctrinas, decisiones y principios de la AIT o en cuestión de las decisiones de sus Congresos y Plenos? ¿Debe la Secretaría, entonces, darle su apoyo pecuniario del fondo internacional de la AIT?

5.- Finalmente, ¿en caso que consideréis imposible responder a estas preguntas y si la CNT no responde a las cartas o informa de su retirada de la AIT, ¿debe esta secretaría convocar dentro de dos meses un congreso extraordinario de la AIT, el cual reemplazará al congreso ordinario de 1938, para discutir la situación creada?

La circular está fechada el 13 de julio de 1937. Por tanto, los meses siguientes presenciaron un intercambio de circulares de respuesta y contra-respuesta, con acusaciones veladas de unos a otros, y con la defensa de la SAC a la CNT.

Ante la afirmación de no haber pagado ninguna cuota a la AIT desde la fundación de la Internacional, la CNT se defendió sacando a la palestra su complicada historia, cargada de épocas de ilegalidad. Además, argumentaban en su favor haber donado 50.000 francos a la Internacional en abril de 1937, que fueron destinados a propaganda y difusión. Cierto es que esto era un donativo y no una cuota.

Ante esta circular, que insinuaba que la CNT iba abandonar la AIT, tanto la SAC como la CNT respondieron que esto era un asunto interno y que la AIT no debería inmiscuirse. De seguir así las cosas entendían que la AIT podría favorecer una escisión apoyando sectores de la oposición revolucionaria y esto no era lo que tocaba en ese momento. La CNT pedía un cierre de filas.

La CNT envió una circular de respuesta respondiendo al ataque. Lo más interesante del documento es que pedía el relevo de Besnard. En el intercambio de misivas de aquellas semanas previas al Congreso, cabe destacar una carta de Rudolf Rocker a Helmut Rudiger, en la que entendía como un desastre que la AIT le volviera la espalda a la CNT, cosa que implicaría la disolución de la Internacional. Pero ésta no estaba muy boyante por entonces: las únicas organizaciones que habían demostrado alguna actividad en la Internacional durante esos meses fueron la CNT, la SAC y la CGTSR.

En el congreso – según Peirats – estuvieron representadas directamente, además de la CNT española, la SAC de Suecia, la CGT de Portugal, la CGTSR francesa, la NSV de Holanda, la USI de Italia, la CGT chilena, la FAUD de Alemania, los Grupos anarcosindicalistas de Bélgica, la Federación Anarquista de Polonia, los Grupos anarcosindicalistas de la misma nación, y la FORA argentina. Mandaron adhesión la IWW norteamericana y la FORU del Uruguay.

Otro punto de interés en ese congreso era valorar la trayectoria de la sección anarcosindicalista polaca. Entrando un poco en este asunto, cabe mencionar que la organización sindical llamada ZZZ se había creado en 1931 a partir de la fusión de diversas iniciativas. También se habían adherido todos los sectores anarquistas y anarcosindicalistas del país, vehiculados a través de la Federación Anarquista Polaca. En sus primeros años (1930-1936) la mayoría de la organización era pro-gubernamental y nacionalista. Esto no supuso un problema. El sector libertario realizó tal trabajo interno que en 1937 ya se podía considerar la unión de sindicatos ZZZ como una organización lo suficientemente sindicalista revolucionaria como para integrarse en la AIT. Desde luego, esto fue una victoria muy inesperada, dado que la ZZZ contaba con 120.000 adherentes – o 170.000 según otras fuentes. Los podemos comparar con los 400.000 de la mayoritaria, central socialista. Como vemos, no estaban tan alejadas.

La sección belga, Centrale Unitaire Belge, contaba con solo 3.000 afiliados. Aun así, se mostraban quizás exageradamente optimistas y consideraban que el país vivía un momento pre-revolucionario, con una situación social explosiva debido a las huelgas generales. Otra de las adhesiones fue la Confederación del Trabajo Búlgara, impulsada desde la Federación Anarco-Comunista Búlgara, con mucho trabajo por delante. Su momento de gloria llegaría tras la Guerra Mundial. Por el contrario, se constataba la pérdida de la CGT mexicana. Siguiendo el camino contrario que la sección polaca, la sección mexicana cayó en manos del reformismo político y se acabó disolviendo en 1936.

En total, como hemos visto, el peso de la SAC, con 31.000 afiliados, y la ZZZ, elevaban el total de adherentes a la AIT fuera de España a cerca de 200.000. La CNT española, por su parte, se había convertido en un gigante. En el momento de máximo apogeo, en el verano de 1937, la CNT contaba con 1,7 millones de afiliados, según sus propios cálculos. La AIT en su conjunto ahora se aproximaba a los 2 millones.

El orden del día del Congreso Extraordinario comenzaba con una valoración de la trayectoria seguida por la CNT durante la guerra, desde el 19 de julio, y continuaba con la propuesta de un frente antifascista internacional. En aquellos días Italia había abandonado la Sociedad de Naciones.

Como hemos visto antes, la CNT española parecía estar a la defensiva, como esperando recibir los ataques de la CGTSR, fundamentados en la ruptura de los principios. Sin embargo, el Congreso aprobó el informe de valoración de trayectoria de la CNT. Rüdiger presentó un informe sobre España en el que se defendía la táctica de la CNT-FAI de participar en el gobierno. Como gustó tanto a los anarcosindicalistas españoles, en 1938 la CNT, por medio de Horacio Prieto, lo publicó como folleto bajo el título de El anarcosindicalismo en la revolución española.

Una vez aprobado el informe de la CNT, ésta fue mucho más allá. Presentó la propuesta de crear un Comité de Enlace con las demás internacionales obreras, establecer un pacto de no agresión entre ellas, convocar un congreso mundial de unificación para la salvaguarda de los pueblos democráticos y para apoyar la revolución española y otras naciones oprimidas atacadas por el fascismo internacional y para propagar el socialismo – se puede leer en Solidaridad Obrera (8 de diciembre) –. El Consejo Internacional resultante de esa unificación estaría facultado para colaborar con los partidos burgueses antifascistas para poder derrotar el fascismo. Esta propuesta era la concreción de la idea cenetista del Frente Antifascista Proletario Internacional, frente que se tendría que realizar con otras internacionales obreras con la intención de movilizar a las masas obreras contra la no intervención en España.

La ambiciosa propuesta fue aprobada a pesar de que – según como se interprete – se podría leer como una petición de fusión de las internacionales y por tanto la liquidación de la AIT. A primeros de 1938, cumpliendo el mandato del congreso, la AIT le envió una solicitud de colaboración en la lucha contra el fascismo a la Federación Sindical Internacional. La propuesta no llegó a buen puerto. La socialdemocracia no se acababa de decidir.

Otro de los asuntos a tratar era el funcionamiento del Secretariado. Hasta entonces éste se componía de un secretario general y dos secretarios adjuntos. Tenían un período de actuación de tres años y estos miembros no podían ser reelegidos. En 1937, la SAC propuso un comité administrativo que funcionase en una misma sede. La SAC se quejó de que, tras la dimisión de Galve, el secretariado de la AIT había quedado en manos de Pierre Besnard, con el que no tenían buenas relaciones, acompañado solo por Rüdiger. La SAC proponía un comité de cinco personas, que podían repartirse la carga de trabajo de forma más equitativa. Abría la posibilidad de reelegir a miembros del secretariado anterior, debido a la dificultad de encontrar militantes con la valía suficiente para el cargo.

El Congreso apoyó esa propuesta de establecer un Secretariado ampliado. En enero fueron elegidos Horacio Prieto y Manuel Mascarell por la CNT; Pierre Besnard, por la CGTSR; Helmut Rüdiger, por la FAUD; y, por la CGT portuguesa, Agostinho das Neves. Además F. Roca y Nemesio Galve serían delegados adjuntos, por la CNT. La SAC se extrañó de no contar con ningún representante. El plebiscito que decidió la composición definitiva se celebró el 31 de enero de 1938. Los cinco componentes eran: Prieto, Roca, Besnard, Rüdiger y das Neves. Sin embargo, Horacio Prieto dimitió nada más conocer el resultado, argumentando motivos de salud. Fue sustituido por Mascarell, que sería el secretario general interino hasta el futuro congreso ordinario. Sin embargo, Mascarell aún pasó un tiempo en España y Roca tampoco pudo ejercer. Así pues, el Secretariado volvió a estar ocupado por tres personas hasta la incorporación definitiva de Mascarell, que fue nombrado secretario general.

De alguna manera, el Congreso Extraordinario de 1937 sirvió para aliviar la tensión entre la CNT y Besnard. La CNT española salió completamente reforzada. Pero esto no implicaba recuperar la relación con la CGTSR. Uno de los puntos de fricción entre las organizaciones fue la utilización del Fondo de Socorro Internacional para costear la llegada de refugiados anarquistas que huían de España. La CNT no quería que se los atendiera puesto que huían de su responsabilidad o se trataba de gente que no respetaba la disciplina interna y no quería que recibieran apoyo.

Por último, otro de los proyectos congresuales fue la creación de la revista llamada Internacional, que tendría que ser dirigida por André Prudhommeaux, muy crítico con la línea gubernamentalista de la CNT-FAI. La revista vio la luz en junio de 1938, tras algunos retrasos, pero esta vez dirigida por un Rüdiger ya favorable a las tesis de la CNT española, como hemos visto. Éste incluso logró influir en (y atenuar) la línea crítica contra la CNT de Le Combat Syndicaliste, órgano de la CGTSR.

Mientras tanto la CNT estaba impulsando decisivamente la SIA. En los últimos meses de 1937 se crearon secciones en Portugal, Reino Unido, Suecia y en el Norte de África, además de Francia. Su método de constitución era similar en todas partes. Al frente se ponía una figura de prestigio y se constituía un comité. Luego se animaba a toda la gente libertaria y sindicalista a hacerse socia. En Gran Bretaña fue Emma Goldman quien se encargó, mientras que en Estados Unidos fue Rudolf Rocker. En el primer semestre de 1936 se crearon secciones en Argentina, Australia, Chile, México y Uruguay. Y más tarde en Estados Unidos, Países Bajos e incluso en China. Para primeros de 1939 la SIA había crecido hasta contar con 20 secciones. Era un éxito notorio.

El congreso de la AIT de 1938

Muchas de las decisiones del Congreso Extraordinario tendrían que refrendarse en un Congreso Ordinario programado para la primera semana de agosto. Sin embargo, la CNT española y la CGT chilena pidieron su aplazamiento y se programó para octubre de ese año. Ahora bien, antes de celebrarse tuvo lugar un conflicto que estuvo a punto de hundir la Internacional para siempre.

El 24 de septiembre, estando reunido Manuel Mascarell con el representante de la CNT irrumpieron en su despacho el secretario general y el tesorero de la CGTSR, Jacques Toublet y René Doussot, respectivamente. Después de excusarse, Mascarell les dio largas, haciéndoles esperar, ante sus airadas protestas. Al rato, Mascarell, Rüdiger y das Neves se reunieron con los delegados franceses. La causa de su visita era pedir urgentemente medios económicos para octavillas, carteles y un número de Le Combat Syndicaliste dedicado en exclusiva contra la guerra, incitando al pueblo a la revolución social. El secretariado pidió una hora para deliberar. Los delegados franceses demostraron impaciencia. Aun así, acataron la espera y salieron del local.

Tras este rato, se les entregó una carta que denegaba la petición por razones económicas. Además, indicaba que si se le concedía esta ayuda a la CGTSR otras secciones podrían argumentar lo mismo ya que todas estaban contra la guerra. El Secretariado había salido del local para redactar esta carta. Pero al volver a su sede, se encontraron con los delegados de la CGTSR en la puerta. Éstos leyeron esta carta inmediatamente, delante del Secretariado. Tras asimilar su contenido, los franceses la emprendieron a insultos y después se marcharon visiblemente molestos.

Por la tarde, Secretariado estaba reunido con un delegado polaco, André, por unos puntos sobre el Congreso de la AIT – a celebrarse el 24 de octubre. De pronto, se escuchó un gran alboroto. Unos 30 individuos irrumpieron en el local, capitaneados por los mismos Toublet y Doussot. En cuanto vieron a Mascarell, le dijeron “Esta mañana hemos venido una Delegación a pediros dinero, y como nos lo habéis denegado, ahora venimos una Comisión a exigirlo”. Mascarell les espetó que si querían dinero se lo pidieran a Besnard, que era el tesorero de la AIT. La tensión subió de tono con diversos intercambios de opiniones, a cuál más tenso. En un momento dado, Agostinho das Neves se levantó de la silla para reprocharles su comportamiento. En seguida se le echaron encima tres individuos, que le propinaron varios puñetazos y patadas, haciéndole rodar por el suelo. También recibió varios golpes el delegado polaco. A das Neves y a Mascarell los cogieron por la solapa y les quitaron sus carteras. El dinero que tenía Mascarell – 8.500 francos – se lo habían enviado diversos sindicatos internacionales para la CNT. A das Neves le sacaron otros 4.000 francos. Bajo coacción les hicieron firmar unos recibos con las cantidades como si las hubieran entregado de buen grado. Los atacantes se llevaron documentación diversa, destacando una carpeta con la correspondencia entre el secretariado de la AIT y la SAC sueca.

La protesta conllevó la ruptura temporal de relaciones, que incluso secundó Besnard tras su vuelta. No olvidemos que era el representante de la CGTSR ante la AIT. El secretariado dejó que escribiera él mismo la carta de protesta. Su misiva a la CGTSR es de total reproche moral, aunque les dejaba abierta la posibilidad de una reparación. La CGTSR respondió la carta diciendo que habían encontrado una carta en francés, entre la correspondencia de la SAC, en la que el Secretariado se mostraba a favor de la guerra. Sin conocer qué opiniones se vertían en ese documento, hay que poner sobre la mesa que en aquellos momentos en la República española se valoraba arrastrar a otros países hacia la guerra, para salvar así la situación española. Así que es posible que se tratase de opiniones en ese sentido vertidas por el Secretariado.

Cuando esta noticia llegó al Pleno Nacional de la CNT, la Regional Catalana pidió la expulsión de la CGTSR. La posición final de CNT fue exigirle a la CGTSR que Toublet y Doussot no pudiesen ejercer de secretarios y esperar si la central francesa lo cumplía o se solidarizaba con ellos. Tras las disculpas correspondientes la situación se recondujo y se evitó el desastre.

El Congreso de París, en sí, no fue muy resolutivo. Fue un congreso de declaraciones en contra de la guerra mundial, que ya se vislumbraba. Por aquellos días se había producido la partición de Checoslovaquia, lo cual era visto como una infamia ante la cesión de las potencias democráticas a los intereses fascistas. Respecto a España se declaraba el “respeto hacia el sacrificio del proletariado español y la oposición a la política de no intervención de las potencias burguesas, retomando la acción solidaria”. Apuntemos que criticar la “no intervención” es favorecer la intervención, y por ende la guerra.

Es interesante hacer notar que Solidaridad Obrera no publicó ninguna nota referente al Congreso de la AIT hasta el 10 de noviembre. Y lo hizo en un recuadro pequeño de apenas 11 líneas en la última página. Resulta significativo este desinterés con el que la CNT trataba en ese momento los asuntos de la Internacional.

Esta impresión se puede constatar por la publicación en aquellos mismos días en la prensa confederal de las resoluciones del Pleno Nacional del Movimiento Libertario de España. En él no hay una sola mención a la AIT y sí que hay varias al proletariado internacional. No sólo esto, sino que el Pleno le envió efusivos saludos a la CGT francesa y a las Trade Union británicas.

A primeros de noviembre, la CNT envió a Mariano R. Vázquez al congreso de la CGT francesa, en el que participó junto al secretario de la UGT, Rodríguez Vega. Recibieron un aplauso entusiasta de los 15.000 delegados presentes. Solidaridad Obrera cubrió este congreso en varios números y transmitía que esta CGT tenía tres líneas, una centrista (que defendía el Congreso de Múnich, que acababa de sellar el destino de Checoslovaquia) y dos izquierdistas: Vie Ouvrière, de carácter comunista, y, la otra, la de los “maestros” o del semanario Syndicats, que el corresponsal de Solidaridad Obrera (publicado el 15/11/1938) calificaba de “pacifista integral” representando a los “viejos sindicalistas” y que pedía la independencia total de la Confederación de todos los partidos políticos. Esta era la tendencia que apoyaban los afines al sindicalismo revolucionario. Aun así, el congreso apoyó la línea proclive al Frente Popular, defendida por centristas y comunistas. También se escucharon algunos discursos de apoyo a intervenir militarmente en España, que era lo que los enviados españoles querían oír. Pero esto quedaba en manos del gobierno francés, que nada hizo en este sentido.

La derrota republicana en la guerra de España en 1939 supuso el final de todo este período. El anarcosindicalismo español se dedicó a luchar por sobrevivir en los campos de concentración franceses o en los presidios y campos españoles.

Poco más tarde, nada pudo hacer la AIT ante la inminencia de la guerra europea. La guerra no se paraba con declaraciones ni manifiestos. En los primeros compases de la guerra Alemania invadió Polonia, quedando liquidada la sección polaca con ello, y en el primer semestre de 1940, Noruega, Dinamarca, Países Bajos y Bélgica, cayeron como fichas de dominó ante el empuje alemán. Todos contaban con pequeñas secciones de la Internacional sindicalista que desaparecieron.

Además, al poco de declararse la guerra, el gobierno francés ilegalizó todas las organizaciones que se oponían al conflicto bélico. Esto afectaba a comunistas y anarquistas por igual. Con este golpe la AIT quedaba desarticulada. A partir de ese momento, la sede del Secretariado Internacional se trasladó a Suecia, reducido ya a una oficina sin contacto real con las secciones.

En 1940 la AIT sobrevivía en países neutrales como Suecia y América Latina. Y en este último caso, languideciendo hasta su desaparición definitiva. En la postguerra la CNT española cambiaría drásticamente de orientación, llevando a cabo un ejercicio de revisión y balance que condenó su actuación de la guerra española. Este viraje dejaría a la SAC fuera de juego, con lo que comportaría en el futuro. Seguramente sin pretenderlo, la CNT española del exilio ocupó ese papel que antes había jugado la CGTSR.

Conclusiones

Tal como hemos podido leer, el Secretariado de la AIT tiene su importancia política interna. Según las personas que lo componen, éste podrá tomar una dirección u otra distinta. Así que su composición nunca fue un mero trámite en absoluto, si no que influía el desarrollo de toda la Internacional dado que siempre hay secretarios más proactivos que otros.

No deja de llamar la atención que el control de la AIT durante la Guerra Civil española estuviera en París, antes que en otros lugares. Las secciones española, polaca y sueca siempre fueron más fuertes que la francesa y, en cambio, permitieron que la sede de la Internacional residiera en el país galo. Quizás se debería a la centralidad histórica de Francia a nivel político, económico y cultural. Incluso se podría añadir que París era central a nivel geográfico, dada su ubicación en Europa, así como sus buenas comunicaciones. O quizás se debió a que fue la única sección que se ofreció en su momento, como tantas veces ocurre.

Sin embargo, la CGTSR no era una organización sindical al uso, sino que para entonces era más bien una organización política no muy distinta de las demás organizaciones específicas anarquistas, aunque con características sindicales. Sus rivales la descalificaban llamándola la CGT Sans-Rien (o la CGT “Sin Nada”). Otros libertarios (como la UA) se organizaban al margen de este proyecto y preferían sindicarse en la CGT mayoritaria y no perder el contacto con los trabajadores.

A la hora de la verdad la AIT contribuyó como pudo a la Revolución española, con una fuerza pequeña, pero nada desdeñable. Sin embargo, la sección francesa le intentó imponer una línea estratégica distinta a la que llevaba la sección española. Y lo hacía desde una realidad orgánica fundamentalmente distinta: la sección francesa era una organización política libertaria (con estructura de sindicato), siendo casi toda su militancia afín a una ideología, a unos análisis y unas prácticas comunes, mientras que la sección española era un movimiento de masas con distintas corrientes en su seno que afrontaba una guerra y una revolución y que, además, según su punto de vista, representaba los intereses la clase obrera española en su conjunto. Esta visión pesó decisivamente en su propuesta de frente antifascista internacional.

Este conflicto de intereses perjudicó a toda la AIT y eventualmente provocó que la sección española crease otra internacional al margen – de carácter humanitario, pero internacional, al fin y al cabo –, la SIA, apoyándose en sus organizaciones sindicales y específicas afines del ámbito internacional.

Entre unas cosas y otras, la CNT sintió que la AIT no servía a sus intereses y mediante la propuesta de frente antifascista de la sección española la AIT bien se pudo haber acabado integrada en la Federación Sindical Internacional. De hecho, ese interés podría deducirse al ver el acercamiento de la CNT a la CGT francesa mientras ignoraba la Internacional anarcosindicalista a finales de 1938.

La debilidad estructural acompañó a la AIT durante toda su andadura en este período de entreguerras. Las organizaciones anarcosindicalistas sufrieron divisiones, ilegalizaciones, ataques, participaron en huelgas e insurrecciones, siempre según el contexto. Prácticamente nunca gozó de estabilidad alguna. La Internacional sirvió para tener relaciones formales con el movimiento libertario de otros países, para recibir o enviar apoyo social y humanitario o para tener un lugar al que ir en caso de necesitar exiliarse.

Incidamos en este asunto. A falta de una internacional anarquista, para varias secciones, el relacionarse en la AIT era más una cuestión específica libertaria que sindical. En este caso podemos destacar que el movimiento libertario de esos años careció de una entidad orgánica específica de carácter internacional, como la que hubo en los tiempos de la Primera Internacional. Nos referimos a una orgánica que pudiera decidir estrategias, valorar tácticas, sistematizar un cuerpo teórico o generar corrientes de apoyo a las ideas libertarias en campos en los que el sindicalismo industrial no podría llegar. Precisamente la única coordinación internacional del momento fue la Federación Anarquista de Asia Oriental, que quedaba fuera del radar de un anarquismo demasiado eurocéntrico.

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Del comunismo libertario al socialismo corporativo. Recorrido por la CNT durante la Guerra Civil

Miguel G. Gómez (@Blackspartak), aparecido en primer lugar en alasbarricadas

Con este artículo se pretende dar a conocer el proyecto político-económico seguido por la Confederación Nacional del Trabajo durante la Guerra Civil Española. Evitaremos dar una lectura recurriendo a palabras fetiche como "traición a los principios" o "oportunismo", que no explican la realidad de los procesos internos y mucho menos los virajes estratégicos de una organización de masas.

Cuando la CNT salió del Congreso de Zaragoza en mayo de 1936 parecía que los debates internos sobre como aplicar la ideología a lo concreto de la realidad española se habían zanjado definitivamente. En este congreso lo más importante a nivel teórico fue la Declaración del Concepto Confederal del Comunismo Libertario. En este documento se hacía un esbozo sobre cómo tenía que ser una sociedad regida bajo los principios anarquistas.

El ambiente general en la primavera de 1936 era de fuerte contestación social a todos los niveles y los ánimos estaban ciertamente muy exaltados. La posibilidad de la revolución no era en absoluto una quimera. Los teóricos del anarquismo, tales como Isaac Puente, Valeriano Orobón Fernández o Diego Abad de Santillán llevaban años esbozando modelos de sociedad comunista libertaria sin acabar de coincidir entre ellos. En Zaragoza se apostó por un modelo de comunismo libertario más basado en las ideas de Isaac Puente que en las del resto.

Las características generales eran la abolición de la propiedad privada y el establecimiento de comunas como elementos fundamentales de la nueva sociedad. A nivel industrial cada centro de producción tendría un consejo técnico-administrativo nombrado en asamblea por la plantilla de la empresa. Se coordinarían con otros centros a través de las federaciones de industria – que en 1936 estaban muy poco desarrolladas. En su descripción no dejan claro el rol de los sindicatos a partir de este momento, y se sobreentiende que se disolverían dada la consecución del comunismo libertario.

Algunos sectores tales como la enseñanza, el transporte, la construcción, entre otras, escaparían a la planificación general industrial y estarían más vinculadas a los ámbitos locales o comunales.

El punto básico, como se ha dicho, era la comuna, que tendría que confederarse territorialmente en una Confederación Ibérica de Comunas Autónomas Libertarias. Esto sería el organismo que sustituiría al Estado a nivel administrativo. Las comunas se encargarían de regir los problemas que afectan a la vida de forma democrática, de abajo a arriba, siempre teniendo en cuenta los intereses de los afectados.

En cuanto a la distribución, el Congreso de Zaragoza no aceptó el concepto kropotkiniano de “la toma del montón”. En cambio, apostó por una carta del productor y del consumidor que tendrían que gestionar las comunas mediante bonos de adquisición. Cabe notar que no mencionaban la figura de la cooperativa.

Por ahora el treintismo había quedado acallado. Acató esta decisión del movimiento sindical libertario. También apoyaban la propuesta de la CNT de iniciar un acercamiento con la UGT para formar una alianza sindical de carácter revolucionario. Para los sindicatos treintistas de Oposición lo importante fue reintegrarse en la central anarcosindical.

Todo esto fue la base teórica de la Revolución española de 1936. A primeros de junio se produjo la gran oleada de ocupaciones de fábricas en Francia. Se llegó a pensar que la revolución social iba a estallar en ese país. Pero a fin de cuentas tuvo lugar en España al ser derrotado en buena parte del territorio el levantamiento militar fascista.

El gran dilema que afrontaron los Confederales los primeros días de la guerra fue si había que tomar el poder, como proponía Joan García Oliver en su “ir a por el todo”, o si había que establecer un pacto antifascista, como proponían Federica Montseny o Mariano Vázquez. La propuesta que obtuvo más adhesiones fue la de Manuel Escorza que asumía el pacto antifascista en lo público y formal, mientras que la economía y las milicias quedarían bajo el control de los trabajadores. Es decir, se apostó por hacer la revolución social mientras se colaboraba en la derrota del fascismo.

Esta decisión se tomó por la dificultad de prever lo que iba a ocurrir en otros territorios españoles. Si en Catalunya la CNT era hegemónica y tenía la sartén por el mango, en otras zonas de la Península (ya que las islas habían quedado bajo el control de los sublevados fascistas) la CNT no se veía capacitada para imponer la revolución libertaria. Se dice imponer, precisamente por que era lo que proponía García Oliver que, si bien en Catalunya podrían hacerlo, otra cosa muy distinta era intentarlo en Madrid o en Valencia. También entendamos que por entonces se tenía la victoria militar por segura. Valía la pena esperar.

Así pues, el movimiento libertario fue quien le propuso al resto de las fuerzas antifascistas la creación de una nueva entidad llamada Comité Central de Milicias Antifascistas, que poco a poco fue tomando otras atribuciones más allá que la cuestión meramente militar, por ejemplo, la Comisión de las Industrias de Guerra. Pero este organismo no era un doble poder, si no que duplicaba el poder existente, la Generalitat, sin cuestionarla ni amenazarla. Y, además, el movimiento anarcosindicalista colaboró con la Generalitat para gestionar áreas enteras de la sociedad, tales como la economía o la enseñanza. Así se crearon en agosto tanto el Consell d'Economía de Cataluya como el Consell de l’Escola Nova Unificada, ambos liderados por personalidades del movimiento libertario. Y a todo esto, tengamos en cuenta, que la CNT no aprobó participar formalmente en el Gobierno de la Generalitat hasta el Pleno Regional de Sindicatos del 24 de septiembre. Es decir, que el anarcosindicalismo participaba (y dirigía) consejerías de la Generalitat antes de pertenecer formalmente al Consell de la Generalitat.

En esta primera época, el “breve verano de la anarquía”, hubo una multitud de expropiaciones de empresas de carácter voluntario. Muchos patronos se habían marchado del país, ante sus simpatías hacia los golpistas y su miedo a ser detenidos y ejecutados por las masas obreras. Al quedar sus empresas sin dirección muchas fueron confiscadas sin más. En el Boletín Oficial, el DOGC, la misma Generalitat aceptaba estas colectivizaciones e incluso aceptaba la ocupación de tierras propiedad de las personas que habían desaparecido de sus poblaciones. Este fue el origen práctico de una multitud de colectivizaciones de tierras en Catalunya. Incluso los ayuntamientos controlados por ERC aceptaron esta situación sin grandes problemas.

Al mismo tiempo, otras zonas peninsulares se contagiaron de la revolución social (hasta entonces en gran medida había sido política, en clave de ruptura). Si bien, en muchos pueblos y ciudades industriales valencianos las cosas sucedieron de forma similar a Catalunya, en otros lugares la revolución fue impulsada desde fuera (Aragón), o fue impulsada tanto por una CNT minoritaria como por una UGT radicalizada por la base (Asturias, Andalucía, Castilla, Extremadura, o Murcia). En todo caso la revolución era un hecho tan incontestable que casi todas las organizaciones republicanas la apoyaban verbalmente. Diferían en el modelo de revolución. No era lo mismo la revolución para Esquerra Republicana, que para los marxistas del POUM o si quiera que para los comunistas soviéticos (que también hablaban de Revolución Nacional). Pero el modelo mayoritario fue el impulsado por la CNT. En muchos lugares donde se colectivizaba en nombre de la CNT y la UGT en conjunto la fórmula que se aceptaba era la de la primera organización.

Esta pluralidad de iniciativas se tenía que sistematizar de alguna manera. La propia CNT lo reconocía y celebraba plenos de sindicatos con mucha frecuencia para establecer criterios de funcionamiento, aclarar malos entendidos y resolver los consiguientes conflictos de intereses. El aluvión de afiliación era tal que mucha gente venía de nuevas sin conocer ni los principios ni los acuerdos anteriores.

Un gran paso para ordenar este proceso revolucionario fue el Decreto de Colectivizaciones y Control Obrero de Catalunya del 30 de octubre. Fue redactado por Joan P. Fábregas y es todo un modelo para establecer una transición a un socialismo de base sindical. En primer lugar, se regulan las empresas ya colectivizadas que tendrán un Consejo de Empresa. Si no están colectivizadas, y la propiedad sigue siendo privada, se constituiría un Comité de Control Obrero. Serían colectivizadas todas aquellas empresas cuyos propietarios hubiesen sido declarados facciosos, todas las que ocupaban a más de cien trabajadores y aquellas de entre 50 y 100 que así lo decidiesen las tres cuartas partes de sus trabajadores en asamblea general. El resto solamente sería colectivizado en caso de ser aceptado por el propietario.

En el Consejo de Empresa estarían representados los sindicatos según su implantación y asumirían la responsabilidad de dirigir la empresa. Existirían Consejos Generales de Industria en todos los ramos con ánimo a planificar la producción. Para facilitar la organización de estos Consejos Generales se aceptaba la figura de la Agrupación de Industrias. Se podrían unir industrias similares en la misma fórmula jurídica.

La aceptación de un interventor de la Generalitat en todas las empresas colectivizadas puede verse como un punto polémico. Ahora vamos ahí. Otro factor de intervencionismo estatal se podría ver en los mismos Consejos de Industria, que tenían que tener 4 delegados de los consejos de las empresas de ese ramo, 8 de los sindicatos (según su afiliación) y 4 de la Generalitat nombrados por el Consejo de Economía, que presidiría este Consejo de Industria.

Decíamos que es un punto polémico, puesto que mientras el Consell d’Economia estuvo dirigido por Joan P. Fábregas había una dirección clara hacia la socialización. Por tanto los representantes de la Generalitat también venían con este encargo, rompiendo cualquier aislacionismo y corporativismo o superando los temores y la pereza para gestionar las empresas.

Pero todo cambió el 17 de diciembre de 1936, cuando Fábregas fue cesado por Tarradellas. El nuevo Consell de la Generalitat lo sustituyó por Diego Abad de Santillán, que no compartía la misma visión que Fábregas y tampoco reunía las mismas capacidades técnicas para el puesto. Además, Tarradellas lanzó a las pocas semanas la batería de 58 decretos de S’Agaró, modificando sustancialmente el carácter financiero y fiscal de Catalunya. Las colectivizaciones quedarían sujetas a una especie de capitalismo sindical controlado por la Generalitat, sin llegar a la socialización, que era lo que planteaba la CNT. En un informe del otoño de 1938, los confederales decían que la Generalitat solamente había legalizado un centenar de las aproximadamente 500 agrupaciones de empresas que existían en Catalunya. El boicot gubernamental hacia la revolución era manifiesto.

En aquellos momentos se producían dos dinámicas aparentemente contradictorias. Por un lado, existía una fuerte presión para unificar los sindicatos de CNT y UGT en una misma central. Durante el mes de noviembre y diciembre existieron algunos sindicatos locales de ramo que eran CNT-UGT, como si fueran lo mismo. Sin embargo, este proceso se frenó en seco en el invierno, y los sindicatos volvieron a ir cada uno por su lado. El otro proceso, era el de la extensión de la revolución colectivista por grandes territorios de Aragón, Valencia o Castilla, lugares donde el anarquismo a nivel local había sido marginal y ahora se formaban colectivizades libertarias sin parar.

A finales de febrero de 1937 la CNT realizó un Pleno Regional de Sindicatos en Catalunya. Por un lado, se reorganizó la estructura de los Sindicatos de Industria y favoreció la reaparición de las Federaciones de Industria. Por otro siguió con la mano tendida ante la UGT, que no parecía darse por enterada. Lo cierto es que en Catalunya la UGT estaba dominada por el PSUC, así que tenderle la mano a esa central sindical no iba a funcionar ni siquiera apelando a las bases. En todo caso, también se apostó a nivel general por socializar la economía en todo lo posible. Este proyecto se pudo llevar a cabo solamente a nivel local en algunas ciudades y a nivel general fue bastante avanzado en el ramo de la Madera. Y en medio Aragón, por supuesto.

Pero la coyuntura política no ayudaba a estos proyectos de reordenación económica. Los Hechos de Mayo de 1937 supusieron un parón en todos estos avances revolucionarios. La CNT incluso perdió la cartera de Economía de la Generalitat, siendo sustituido Santillán por el estalinista Joan Comorera. La CNT en Catalunya reaccionó centralizándose y creando una Comisión Asesora Política en julio que gestionaría las decisiones del día a día de carácter político-estratégico.

En septiembre tuvo lugar el trascendental Pleno Nacional del Movimiento Libertario de Valencia. La importancia de este Pleno radica en el cambio de línea estratégica de la Confederación. El contexto es la derrota en Barcelona en mayo, el ataque a las colectividades de Aragón en agosto, la presencia de miles de cenetistas en prisiones republicanas, y en definitiva la constatación pesimista de que la CNT solamente contaba con sus propias fuerzas y que nadie le ayudaría. Y en este "nadie" incluían tanto a la AIT como al movimiento libertario internacional, dado su reducido tamaño. Por ello crearon unos meses después la SIA, Solidaridad Internacional Antifascista, con el objeto de ampliar un poco esta base internacional simpatizante.

El Pleno aceptaba la realidad de que no era posible imponer un solo sistema económico en España y que habría que coexistir con diversos proyectos socioeconómicos (republicanos, liberales, socialistas marxistas o cooperativistas). Se proponía crear un Consejo Técnico Asesor formado por representantes de las organizaciones obreras, del Estado y de los municipios. La idea era que había ramas de la economía que debían de ser nacionalizadas y otras municipalizadas. También se pretendía el monopolio del comercio exterior, en línea con el proyecto mismo de Fábregas en el otoño anterior. Otro aspecto, era la aceptación del cooperativismo como ligazón necesaria entre consumidor y productor para evitar la especulación.

Este dictamen que salió del Pleno se compaginaba con la ponencia aceptada en el Pleno Nacional de Regionales también celebrado en Valencia ese mismo mes. Se imponía una economía de guerra y se aceptaba una especie de fusión con el Estado. Estas decisiones fueron aplaudidas por otras fuerzas políticas. La CNT estaba dispuesta a cambiar su línea política para ganar la guerra, cosa que no todas las demás organizaciones podían decir por mucho que hayan escrito contra la CNT por el hecho de hacer la revolución, la cual era su proyecto histórico.

En este sentido, vemos como este programa encaja más con la teoría o propuesta de Joan Peiró de la República Federal Sindical Ibérica. Se trata de un federalismo no solo en base territorial sino también en lo económico. Peiró aceptaba que hubiese territorios gestionados de la forma que quisieran los socialistas o los republicanos si a cambio había otros que podrían gestionarse como lo planteaba el anarcosindicalismo.

En el Manual del Militante de la CNT de octubre de 1937 se apoyaba este modelo. Entendían que la República Federal estaría compuesta por un partido republicano único, un partido socialista autoritario único, un partido libertario único y una asociación de trabajadores única por cada localidad. Cada Consejo Municipal estaría elegido por sufragio. La mitad de los puestos los tendrían los partidos y la otra mitad la asociación obrera. El sindicato y el municipio eran los elementos fundamentales de esta nueva sociedad que el propio texto llega a llamar “estado sindicalista”. Podríamos deducir que el partido libertario lo compondría el Partido Sindicalista y la FAI y quizás las demás entidades libertarias que hubiese.

El Pleno de Valencia añade a estos elementos fundamentales de la sociedad la figura de la cooperativa, pero vemos que el espíritu es muy similar también con el modelo de Peiró que recogía las propuestas del treintismo. Recordemos que esa corriente celebró en junio de 1934 un congreso, cuyos debates iban ya por esta dirección. Ángel Pestaña se había desmarcado unos meses antes del treintismo para crear su Partido Sindicalista y por ello quedó al margen de todos estos debates y eventualmente de tener influencia en la línea estratégica de la CNT, como finalmente sí la tendría el treintismo.

El siguiente hito fue el Pleno Nacional Ampliado de carácter económico, celebrado en enero de 1938 en Valencia. En lo que respecta a la economía, lo más importante fue la reestructuración de las federaciones de industria y sobre todo la creación – formalmente el 15 de febrero – del Consejo Económico Confederal, CEC. La CNT planteaba que tendría que existir un Consejo de Economía a nivel estatal como el que existía en Catalunya, pero ya que ni el Gobierno de Negrín ni la UGT tenían intención de mover ficha en ese sentido, al menos el Movimiento Libertario lo haría por su cuenta. Así pues, la CNT impulsó Consejos Locales y Comarcales de Economía, que se federarían a nivel Regional y luego se confederarían en el CEC. Añadimos que en estos momentos el CAP cambió a Comité Ejecutivo del Movimiento Libertario, incidiendo en este proceso de centralización.

Propuesta de Mariano Cardona Rosell, el CEC servía para ordenar la gran cantidad de empresas colectivizadas, talleres colectivos, industrias socializadas, huertos y campos, almacenes, cooperativas, sindicatos agrícolas o iniciativas económicas de todo tipo que controlaba o impulsaba el Movimiento Libertario. Para entonces el movimiento era toda una potencia económica. Los asuntos más importantes a los que hacía frente el CEC eran sobre legislación y arbitrajes; moneda, crédito y previsión; explotación de industrias y servicios; materias primas y sucedáneos; y distribución y comercio exterior. Cada una de estas materias tenía una comisión de trabajo. Cada Regional tendría que tener su propio CEC que se coordinaría a escala estatal.

Realizaron una gran cantidad de reuniones y controlaron una cantidad ingente de recursos. Y sus proyectos iban más allá de estas atribuciones. Por ejemplo, destacaba la propuesta de una Banca Sindical Ibérica. Este proyecto al parecer nunca se materializó, pero hubo varias ponencias en ese sentido. Muchos proyectos colectivistas y cooperativistas siempre sufrieron de gran penuria económica y un crédito monetario habría permitido la consolidación de importantes iniciativas. También se planteó una mutualidad confederal que fuese como una especie de "seguridad social" para la afiliación de la Confederación.

El Banco Sindical también se había planteado a nivel ibérico, incluyendo a la UGT. Pero como hemos dicho, esta central nunca estuvo interesada en proyectos unitarios de carácter revolucionario, así que todo quedó en manos (y a los hombros) de la CNT. El Banco estuvo mejor planteado en el Pleno Nacional de Regionales de agosto de 1938, pleno que consideraba la centralización total de la economía Confederal. Así pues, para que una empresa local pudiese comprar un producto a otra localidad que no estaba en su comarca, debía acudir al Comité Regional de Economía, que sería el mediador de la compra. Si se necesitaba adquirir un producto del extranjero entonces sería el mismo CEC el encargado de tramitarlo. Se puede observar el peligro burocrático en estas prácticas. Volviendo al asunto del Banco Sindical, cabe decir que la Regional Centro desarrolló una Caja de Compensación Confederal del Centro como medida previa a crear el Banco.

En agosto se dieron los pasos para crear Escuelas Técnico-Industriales para capacitar profesionales para poder llevar a cabo esta tarea dado que en muchas localidades no se podían constituir Consejos Locales de Economía porque no había militantes con capacidad para ello. Y como medida de excepción se incentivó la capacitación de la mujer para que pudiese sustituir en la producción a los hombres, que cada vez en mayor número, estaban en el Frente. Este último punto fue expresamente aprobado por Mujeres Libres. Otro dictamen aprobado entonces fue el de la “intensificación” de las cooperativas de consumo.

Otros asuntos que trataron estos plenos de 1938 fueron la retribución salarial familiar llegando incluso a hacer una definición de lo que se entendía como “concepto económico de familia”. Se trataba de desvincular la producción del individuo retribuyéndolo según la naturaleza de su trabajo haciendo abstracción de su familia y sus necesidades. La familia se ampliaba a todas las personas que viviesen bajo el mismo techo sin necesidad de parentesco. También se formó una Comisión Técnico-Administrativa que llegó a tener inspectores de trabajo a disposición del CEC, para comprobar las condiciones de cada lugar.

Podemos concluir notando que el Movimiento Libertario había creado un organismo nuevo, el CEC, de carácter económico-productivo, desgajado de los sindicatos. De alguna manera la central sindical CNT y todo el Movimiento Libertario funcionaban bajo la lógica de la gestión económica ejerciendo de auténtico estado sindical dentro de la República.

En definitiva, la CNT de 1938 llegó a un socialismo corporativo o “guildismo” (del inglés guild socialism o socialismo gremial, pero no en el sentido medieval sino de control sindical) que abogaba por el control de la economía bajo una mediante una corporación sindical por cada ramo de producción. Dado que la República española fue derrotada en 1939, no se pudo comprobar este desarrollo en toda su amplitud. La CNT hizo un balance en la postguerra que la llevó a renegar del viraje de 1937 y volvió a su línea comunista libertaria de 1936 que fue la que defendió durante el exilio. La praxis cenetista de 1938 cayó en el olvido, fue condenada como una desviación producto del contexto de la guerra y prácticamente nunca ha sido objeto de estudio en los ambientes libertarios. Caben muchos más estudios sobre este tema, puesto que se trata de un experimento de planificación de la economía de primer nivel, además gestionado por libertarios.

Pandemia y capital

[Este artículo es un capítulo de Anarquismos por venir. Balance de década para una política anarquista. de G. Juncales y editado por 17Delicias y Grupo anarquista Cencellada.

El libro ha salido en septiembre de este año.]

Escribir sobre política tras 2020 hace imposible no referirse a lo ocurrido tras la irrupción de la pandemia global por el virus COVID-19. El balance para el anarquismo es una muestra palmaria de incapacidad política bordeada por otros aciertos que a la vez son bastante relevantes. El siguiente apartado pretende hacer un balance crítico de la actividad del anarquismo ante la pandemia, centrado fundamentalmente en Castilla y el resto de las Españas, pero bastante generalizable al resto del anarquismo mundial.

El presente balance requiere de distinguir tres coyunturas superpuestas de mayor a menor generalidad: la primera es la restructuración capitalista global en curso y su relación con la pandemia, la segunda la coyuntura el espacio político antagonista respecto de la pandemia y la tercera la apertura de nuevas líneas de conflicto internas del anarquismo.

En primer lugar, contextualizar la pandemia con la restructuración del capitalismo global es “poner la pandemia en su contexto”, tal y como hace Corsino Vela (1). Esto nos pone sobre la pista de dos cuestiones: cómo la pandemia ha beneficiado a algunos sectores del capitalismo global y cómo la pandemia ha afectado de forma diferente a las distintas clases sociales e incluso de forma diferente a distintos segmentos de las clases. El principal motor de la reconversión por la que apuestan los sectores más punteros del capitalismo global es la digitalización y la apuesta por la desmaterialización de gran parte de los circuitos de valor. Esta apuesta es básicamente una profundización de la estrategia de financiarización + informatización de las últimas décadas apoyadas en una mayor penetración de tecnologías digitales en la esfera social a través de redes sociales. La pandemia aquí ha venido a acelerar el proceso, provocando una profunda crisis económica que permita la reestructuración y, ya de paso, moviendo las posiciones en política económica de las principales potencias (EEUU-UE) hacía un mayor intervencionismo de mercado precisamente para acelerar las inversiones necesarias para esa digitalización (redes de telecomunicaciones de alta capacidad 5G, generación energética distribuida para un mayor consumo eléctrico, administraciones digitalizadas para una mejor integración público-privada).

La pandemia, por su parte, no sólo ha desencadenado una crisis económica sino que también ha sido el contexto en el que se han puesto en marcha una serie de medidas de excepción bajo justificación epidemiológica que ha supuesto una profundización de la desigualdad social en prácticamente todo el mundo. Si a ello le sumamos el colapso temporal de un sistema sanitario orientado a la productividad económica y no a la salud de la población, nos encontramos con una clase obrera expuesta a unas cifras de muertes completamente evitables no ya con una revolución social, sino con medidas sanitarias de contención, tratamiento y seguimiento coherentes. En particular, los países del centro global han sido los más golpeados por una gestión interesada y mezquina de la pandemia, preservando en todo momento la circulación de capitales, lo que se ha traducido en unas cifras de muertes insólitas.
Esta coyuntura general nos lleva a analizar cuáles han sido las posiciones políticas radicales, anticapitalistas y, como término general, antagonistas. Está claro que la pandemia ha sido un impacto repentino que nadie se esperaba, a pesar de tener numerosos avisos. Eso se ha hecho notar en un espacio político que vivió desde la parálisis los primeros momentos de la pandemia, obsesionados por el día a día militante. Febrero de 2020 terminó a las puertas de un 8 de marzo en el que preocupaba más la fractura en torno al asunto trans que el confinamiento que ya se perfilaba. Así fue que cuando a mediados de marzo toda Europa recluyó a sus poblaciones en sus viviendas con los ejércitos en las calles, la mayor respuesta por parte del espacio antagonista fue la solidaridad semi-espontánea a través de redes de distribución de alimentos que facilitaran el confinamiento a los sectores más vulnerables sanitaria y económicamente. Esta situación se alargó más de lo esperado y no faltaron los comunicados que se perdían en unas semanas en las que la única forma de relación social fue digital. Tras este primer impacto, vino una primera reacción ante el confinamiento espoleada por la ultraderecha europea que destilaba un aroma a negacionismo (en distintos grados: desde negar la existencia del virus a negar su importancia). En las Españas esto se tradujo en las caceroladas de abril y mayo que ahogaron los aplausos de las 20h. Esas primeras caceroladas y espectáculos callejeros de la derecha se amplificaron lo suficiente para inducir la idea de que “la derecha se ha quedado las calles”. Sin entrar a valorar la justicia de esta afirmación, lo indiscutible es que inmediatamente empezaron a emerger “paseos populares” a modo de contra-manifestación antifascista. Al rebufo de los acontecimientos y con complejo de inferioridad, el espacio antagonista ha estado dando cada paso básicamente con miedo al siguiente.

Estos complejos han sido generosamente alimentados por parte de una corriente interna de opinión que considera que no se ha reaccionado lo suficiente al despliegue autoritario de los Estados ante la pandemia. Incluso, quienes afirman que el confinamiento fue excesivo, injustificado e ineficaz para evitar muertes; y cargan sobre la izquierda política y social su irresponsabilidad por permitirlo.

Estas críticas son injustas con la izquierda social en general y con los espacios políticos antagonistas en particular -anarquismo, comunismo, independentismo… -. La progresión hacia estados más autoritarios no es una novedad de 2020 ni de la pandemia. La pasada década se conjuran tres elementos que fomentan el aumento del autoritarismo estatal y el refuerzo de la legislación y la práctica represiva estatal:

1- El cierre del ciclo global de movilizaciones de 2011 con una nueva estrategia de contrainsurgencia y represión social. El caso español es especialmente representativo a este respecto: en 2014 tras el colapso de las movilizaciones rupturistas con las marchas de la dignidad y la respuesta a la abdicación del Rey, se pone en marcha la Ley Mordaza y diversos operativos “antiterroristas” contra anarquistas (operaciones pandora, piñata), independentistas y otros militantes sociales. Sin este antecedente, la salida militar con la que el estado respondió en 2017 al referéndum catalán no puede entenderse, pero tampoco la pasividad de la población general ante los excesos autoritarios posteriores, incluidos los de la pandemia. Pero por supuesto el caso español no es único ni especial: Francia ha respondido con un estado de excepción casi permanente a sus revueltas internas, Italia y Grecia mantienen una guerra sucia antianarquista y en EEUU las revueltas contra la violencia policial han sido respaldadas por grupos parapoliciales sin consecuencias hasta llegar a los sucesos extremos de 2020.

2- El reverso de las revueltas árabes de 2011 se acabó traduciendo en una crisis de terrorismo ultraderechista global, desde Raqqa a Christchurch y con actores distintos: desde una organización semi-estatal como el Daesh al enjambre caótico de QAnon. Ante esta ofensiva y sus efectos, especialmente en Europa, los estados han adoptado estrategias antiterroristas especialmente duras y hasta hace poco exclusivas de determinadas zonas vascas e irlandesas. Controles masivos e indiscriminados, vigilancia preventiva de comunicaciones, sitio de barrios...

3- Por último, pero no menos importante, la coyuntura geopolítica apunta en la dirección del autoritarismo. Estados especialmente autoritarios como Rusia o China emergen y su modelo de “gobernanza” interna se vuelve más atractivo para sus zonas de influencia. Turquía, Hungría o Polonia avanzan hacia modelos de estado autoritario a semejanza del modelo Ruso, con las miras puestas en la transformación de Ucrania. Y la legitimación de estas formas de gobierno va en aumento frente a unas democracias liberales incapaces de proveer derechos básicos para la subsistencia a la población. El giro autoritario empieza por los sectores más excluidos: las personas migrantes. Así se explica el tratamiento a la crisis de los refugiados en el este de Europa y de las migraciones en el contexto global (EEUU, España…): un primer paso en una desuniversalización de los derechos humanos.

Con estos mimbres, que la respuesta de los estados occidentales a la pandemia haya sido principalmente represiva no debe sorprender a nadie. Pero lo que es más importante: no permite achacar a la coyuntura sanitaria el autoritarismo estatal. Si a esta tendencia le sumamos el marcado carácter de clase de nuestras sociedades, queda completo el cuadro de por qué se tomaron medidas excepcionalísimas contra gran parte de la población sin más criterio que, supuestamente, el sanitario. La principal novedad es que ha habido un aumento del autoritarismo, sí, pero de clase. Las contradicciones y el cinismo institucional a la hora de aplicar medidas durísimas contra sectores precarios pero mucho más suaves contra empresas e instituciones evidencian esta situación. Especialmente tras la primavera de 2020 se despliega un doble juego por el cual las empresas han operado con casi total normalidad mientras la vida social se laminaba a través de toques de queda y restricciones a la reunión.

Con apenas excepciones, la gran mayoría del espacio antagonista ha respondido a este cierre autoritario reclamando, ante todo, medidas que -con el conocimiento disponible- podrían acabar con la pandemia (inversión en sanidad, paralización total de la economía...) pero que frenaban el componente clasista del confinamiento. Los meses que median entre mayo de 2020 y el presente han sido un goteo de movilizaciones tímidas pero dignas, entre las que hay que destacar Vallekas, de defensa de la sanidad o el estallido en torno a Hasel.

En el invierno de 2021 se produce un estallido debido al encarcelamiento de Pablo Hasel que es caricaturizado por la derecha como una pataleta infantil por un rapero, cuando lo que evidencian es todo lo contrario: se trata de una respuesta a un contexto represivo asfixiante que es estructural al Estado Español y no coyuntural de la pandemia.

Solo desde la miopía o la mezquindad se puede pretender defender que “la izquierda ha perdido la calle”, como gustosamente se prestan a oír los sectores derechistas que en mayo de 2020 o en el primer sábado se toque de queda promovieron disturbios y guarimbas. Salvo algún caso puntual y localizado, no se han dado verdaderos estallidos sociales, tan sólo putsch orquestados desde el mundo ultra. Desde luego no existe un contrapoder popular con una agenda nítida que esté avanzando posiciones sociales y políticas, pero de ahí a certificar una derrota va un trecho.

En este sentido, las críticas a la izquierda por no “haber respondido” al autoritarismo estatal son, de nuevo miopes o mezquinas. Miopes si no contemplan que la lucha antirrepresiva lleva acumulando derrotas bastantes años ante una ofensiva estatal que además viene reforzada por un movimiento social reaccionario con el que convivimos (campañas por la cadena perpetua, empresas de desokupación con buena prensa, movilizaciones policiales –jusapol-…). Mezquinas si caen allanar el camino a una reacción que pretende eliminar todo el espacio antagonista existente y reemplazarlo por una izquierda exclusivamente rojiparda (españolista, obrerista, antifeminista y productivista).

Sobre esta segunda coyuntura se abren otras contradicciones ya en el campo del anarquismo que abren viejos debates en contextos nuevos. Destacamos aquí, por su relevancia, la polémica en torno a “la ciencia” a cuento de la vacuna. La vacuna ha revelado las tensiones que venían acumulándose entre tecno-optimismo ciego y primitivismo, soterradas bajo muchos matices. El descrédito al que se ha visto sometida toda la esfera pública de opinión e información ha hecho mucha mella en los consensos mínimos en torno al conocimiento válido. La desconfianza en una política de masas encarnada en políticos profesionales falsos y corruptos ha ido permeando la confianza en otras instituciones y en particular la ciencia y la sanidad. El caso de la vacuna ha sido paradigmático porque los habituales bulos y conspiraciones propias de lo más profundo de internet han ocupado titulares de telediarios: desde teorías de control mental con chips inoculados a la imantación de personas vacunadas. En la dimensión política, la vacuna ha revelado lo delicado de no contemplar el contexto social en que nos movemos.

El anarquismo ha asumido alegremente que la sana desconfianza a la clase política podía alimentarse también contra los monopolios farmacéuticos y sus productos. Lo que a priori parece un consenso anticapitalista -criticar a las multinacionales -, se convierte en una maniobra torpe sin tener en cuenta a dónde apunta el contenido de la crítica, ya que inducir la desconfianza en la seguridad de las vacunas por ser de empresas es abundar en la veta de irracionalidad que padecemos. Criticar las vacunas contra la pandemia por desconfianza en su calidad científica sin cuidado ha sido pegarse un tiro en el pie que se traduce en incómodas situaciones en nuestros espacios militantes al descubrir a mucha de nuestra gente consumiendo discursos sobre manipulación genética y transhumanismo en una vacuna. Todo esto, a la vez que la vacuna y su naturaleza mercantil sí son un objeto para la polémica y la movilización política: por la supresión de patentes, por la prioridad de la clase trabajadora en protegerse, por la redistribución global, por la socialización de los medios de producción de vacunas… Que además es ampliable a otros aspectos como la ausencia de inversión en tratamientos tempranos alternativos y complementarios a la vacunación.

Esta cuestión pone de relieve en primer lugar la ausencia de espacios propios para el debate ni para la información, reemplazadas por una miríada de grupos de mensajería. En segundo lugar, la falta de mecanismos críticos para depurar nuestros discursos, para elaborar estrategias claras de comunicación e intervención política. Y, en tercer lugar, la madurez política “espontánea” de la mayoría de nuestro espacio político, que sin lo anterior ha sido capaz de optar por los discursos más sensatos y cerrar el paso a la peor propaganda conspirativa e irracionalista.

La pandemia nos deja al descubierto las limitaciones políticas del anarquismo para clarificar sus propias estrategias, para intervenir en una coyuntura política derechizada y para responder a un reconversión económica en marcha. Pero también nos deja enseñanzas positivas a un nivel sindical y auto-organizativo.

1. Vela, C. (2021). Capitalismo patológico. Ed. Kaxilda

Razones contra el ecoleninismo de Andreas Malm

La literatura climática tiene una nueva estrella: el sueco Andreas Malm. El pasado otoño se publicó El murciélago y el capital, un muy buen ensayo para explicar el origen del virus SARS-CoV-2 y para introducir la crisis ambiental generalizada provocada por el capitalismo, de la cual el coronavirus es solo una de sus manifestaciones. Como indica Malm, el coronavirus es una bala y el cambio climático es como una guerra. Lo que deja entrever su dialéctica del desastre es que efectivamente detrás de esa guerra y estas balas, hay un general ordenando el ataque y ese no es otro que el capitalismo.

Pero por desgracia, el libro no se limita a esta parte brillante e indiscutible, sino que se sumerge en proponer inventos del TBO político-sociales, como se refirió un compañero a las distintas alternativas que alegremente suelen circular por los espacios ecologistas en una charla inefable que fue un ejemplo palmario de estas ideas: la exposición de Nate Hagens en Valladolid en un lejano 2019.

En primer lugar, el autor acierta en situar el capitalismo como agente promotor de la crisis ambiental, para después descartar tanto el colapso fortuito del capitalismo, como su reforma en clave socialdemócrata como su superación en clave anarquista -aboliendo el estado-.

La propuesta de Malm se reduce a la necesidad de dirigir desde el estado la caída del capitalismo fosilista. Partiendo de la necesidad compartida de transitar a una nueva civilización que elimine el capital como origen de la crisis ambiental, vamos a señalar los puntos ciegos del comunismo de guerra que Malm propone contra la crisis climática.

1 El fetiche del estado ecologista.

Malm plantea una defensa cerrada de la necesidad de dirigir la necesaria transición ecosocial desde el Estado. El problema es que el concepto de Estado que maneja Malm es una suerte de administración de las cosas, una estructura administrativa que gestiona los recursos y media entre los intereses contrapuestos. Siendo así, se entiende la necesidad de poner a este superadministrador a trabajar por un buen capitaloceno.

Malm propone, claro, una toma del Estado que habilitaría tomar las posiciones de fuerza suficientes para hacer descarrilar al capital fosilista y forzar una economía política sostenible. Todo esto además en el tiempo récord al que obliga la emergencia climática en la que estamos por haber agotado el tiempo que quedaba antes de desencadenar los peores efectos sobre nuestra civilización.

El problema es que esta concepción del estado es falsa, tramposa y posiblemente negligente. El Estado no es esa administración de las cosas, no es un órgano neutral de mediación entre particulares. El Estado es la estructura social que permite el gobierno de las personas, y más en concreto, de sus voluntades. De ahí que el estado como agente ante la crisis climática puede ser un aliado tremendamente eficaz. Lo que se omite es que esta apuesta nos dirige a los escenarios que habitualmente conocemos con el neologismo de ecofascismo, lo que sería el Behemoth climático de G. Mann y J. Wainwright. La idea de que el Estado es una máquina, una cosa que se puede poner bajo el control de un programa internacional de mitigación de emisiones y transición ecológica es un auténtico idealismo enmascarado en el peor de los oportunismos. La existencia de Estados nacionales por todo el globo parece ofrecer la oportunidad perfecta para disponer de ellos al antojo que se considere.

Para Malm el ejemplo claro de esta posibilidad es la revolución bolchevique, en la que un reducido grupo de militantes revolucionarios tomaron un Estado mastodóntico, pararon la guerra imperialista e iniciaron una titánica reconversión económica y política desde ese estado. Ese ejemplo sirve a Malm para proponer que necesitamos un periodo similar a ese comunismo de guerra, un estado de movilización permanente con el que vencer al capital fósil y sentar las bases de una NEP ecológica. No es el objetivo de estas líneas cerrar el balance que el movimiento socialista internacional tiene que hacer de la experiencia soviética, pero desde luego proponer la etapa del comunismo de guerra como objetivo político del ecologismo es un despropósito inexplicable teniendo en cuenta que dicha fase fue una salida coyuntural e improvisada para encauzar una revolución en medio de una crisis global interimperialista.

Existe una mitificación del asalto bolchevique al Imperio Ruso que centra su atención en la relevancia del Estado en el proceso y obvia que dicho Estado fue una pieza entre otras que los bolcheviques tuvieron que cooptar para abrir camino a la revolución, pero que ni la revolución fue el Estado ni posiblemente el Estado fuera la pieza clave del proceso. La conquista de la consciencia de obreros y soldados, de las estructuras del movimiento popular cristalizadas en los soviets, de las innovaciones técnicas que permitieron poner las industrias a su servicio…La propuesta de la toma del Estado sería más creíble si no tuviésemos en la historia otras tomas de estados menos idealizables: desde Burkina Faso al socialismo del siglo XXI.

2 La absurda critica del anarquismo antisemáforos.

La banalización del Estado pasa por una previa crítica al anarquismo que resulta inexplicable. Malm apunta contra el anarquismo posterior a la caída del muro de Berlín, a “cambiar el mundo sin tomar el poder” de J. Holloway. En realidad, Malm no está apuntando contra el anarquismo sino contra el movimiento antiglobalización muerto y enterrado tras la época de las grandes cumbres de finales de los años 90. Malm sitúa como icono del anarquismo a James Scott, al que postula como teórico de un anarquismo que propone la desaparición del Estado y la autorregulación popular, que centra en el ejemplo de “la desaparición de los semáforos”.

El anarquismo, para bien o para mal, no es esto que nos critica Malm. El anarquismo no postula la desaparición del Estado sino su abolición, una destrucción activa y que necesariamente implica la sustitución por otra estructura que sea, efectivamente, un superadministrador de las cosas y no un gobierno de las personas. El anarquismo que Malm desconoce es el de otro antropólogo: David Graeber. Un anarquismo pragmático, concreto, militante y revolucionario -aunque políticamente endeble desde hace décadas. Este anarquismo nos acerca más a Rojava que a Chiapas, lo que implica tener que acercarse a situaciones mucho más complejas y que tienen más que ver con ejercer el poder que con tomarlo.

Malm señala cómo durante la pandemia ha sido el lugar tanto de experiencias de apoyo mutuo como de la aparición de mafias y cárteles que han aparecido allí donde el Estado ha perdido el control, como prueba de la necesidad de un Estado en nuestra época. Pero lo cierto es que de nuevo se idealiza el Estado como puesto de mando de nuestras sociedades, y aquí es donde el anarquismo tiene mucho que decir. El Estado es el producto de unas determinadas relaciones sociales, las cuales están mediadas por la mercancía, el espectáculo y el poder. La transformación social que necesitamos para destruir al capital fosilista pasa, necesariamente, por la destrucción del Estado que le acompaña. Eso no significa apagar los semáforos y cerrar los edificios de la administración tributaria y el ejército. Destruir el Estado fosilista significa reemplazar la actividad del Estado por formas de administración populares que nazcan de otro tipo de relaciones sociales. Para el anarquismo, estas relaciones están definidas por la reciprocidad y la libertad, ahí está el núcleo de su cultura política. Lo que no es definitorio del anarquismo es cómo deben ser las formas de administración que permitan desarrollar esas relaciones sociales sin dominación. Más o menos centralizadas, más o menos globales, más o menos militarizadas. En cualquier caso, la propuesta anarquista pasa por la eliminación del Estado por ser, precisamente, el corsé que impide que los problemas sociales tengan soluciones autónomas. El caso del cambio climático es palmario, pero no es el único.

Las limitaciones del Estado para la gestión de los eventos que nos depara la crisis ambiental han quedado bastante patentes en el macabro fracaso de los Estados del primer mundo en la gestión de la pandemia de 2020. Las mayores cifras de enfermos y muertes han acompañado a las medidas más duras de confinamiento y represión social. A diferencia de las sociedades asiáticas, sudamericanas o africanas, en las que una mayor autonomía técnica y social han permitido el uso de una suma de remedios independientes del capital farmacológico y de las instituciones interestatales como la OMS. El caso Chino puede ser el más paradigmático, dado que el Estado Chino no es precisamente una institución poco dominante y, sin embargo, las medidas más efectivas respecto a confinamientos y control de la pandemia han emergido de las estructuras con mayor participación popular y más localizadas.

3 Narrativas para un mal relato.

El comunismo de guerra de Malm más que una propuesta teórica cerrada, siendo honestos, hay que entenderlo como un recurso retórico. De hecho, como la respuesta al recurso retórico dominante en la escena ecologista que vino desde EEUU: el Green New Deal. Frente al relato del pacto social verde y generador de riqueza que nos propone el Partido Demócrata de EEUU, Malm contrapropone una narrativa revolucionaria y de confrontación. Una narrativa que justifique hacer sacrificios por la causa, que nos movilice en términos militarizados y no tanto económicos.

Pero también en el campo de las narrativas la propuesta del comunismo de guerra es como poco, conflictiva. La primera etapa de la Unión Soviética no se recuerda con especial cariño por ninguna sociedad ni se la tiene especial estima en ningún movimiento político, precisamente, por ser una etapa de esfuerzos y contradicciones difíciles de justificar. El comunismo de guerra fue posible por un empuje popular que miraba más allá, empujado por la mitología socialista cultivada durante décadas, por el tecno-optimismo industrial y por la convicción de que cualquier futuro era mejor que la guerra y el hambre. Malm comete un auténtico despropósito pretendiendo movilizar con la promesa de tiempos duros y decisiones complicadas, del mismo modo que el ecologismo decrecentista suele cometer el error de invocar una Icaria feliz de tintes medievales como algo deseable. La estrategia comunicativa que tiene que acompañarnos no está clara y definida y parece claro que quién dé con ella tendrá un activo político de primer orden. En general en el movimiento ecologista existe una amplia discusión por las narrativas y los imaginarios que se discuten, conscientes de que el cambio ecosocial pasa necesariamente por tener el empuje popular que nace del deseo de mundos mejores.

Febrero de 2021

G. Juncales

Militante del Grupo Anarquista Cencellada

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El nuevo fascismo buscando seguridad

La emergencia de Vox aprovechando un contexto de crisis económica y, por tanto social, prueba que la extrema derecha ha encontrado fórmulas para lograr la legitimidad política. Una vez logrado esto, su ideario de siempre con algún toque de modernidad, ha empezado a calar hondo en la gente, y es muy significativo su avance en número de votantes en las últimas elecciones generales y autonómicas. La extrema derecha ya tiene un partido más en sintonía con los demás partidos, pero alejado de la democracia, la tolerancia, y el respeto a los derechos humanos de toda persona -véase su posicionamiento contra el libre aborto de las mujeres, el debate en torno a la nueva Ley de Eutanasia en España.

El fascismo renueva su marca, pero sigue oponiéndose a la conquista de nuevas libertades y derechos individuales, tal vez en pos de una sumisión ante una bandera... Si analizamos el perfil del votante de Vox o de Falange española, podemos quizás ver que la bandera por sí misma como símbolo -erróneamente interpretado o idealizado, a mi modo de ver- les aporte una "falsa seguridad personal", y hasta pueda, en algunas personas, aliviar su miedo al futuro y por el futuro de España.

Seguimos en un contexto que propicia el miedo y la inseguridad, además de que no hemos salido bien de la crisis económica y de que no hemos superado el capitalismo ni hallado un nuevo modelo económico para España. A ello se une la actual crisis de emergencia sanitaria mundial. Esperemos que vengan mejores tiempos para todos, pero sin la añoranza de un idealizado pasado mejor, ni el miedo al futuro, que podamos construir entre todos.

S.L.

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