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Published on octubre 4th, 2012 | by La Colectividad

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Claves para entender el anarquismo III

Seguimos con nuestra laboriosa tarea de comprender y analizar el movimiento anarquista. Recordemos que hay dos números previos: el primero trató la definición anarquista de Estado, mientras que el segundo introducía algunos elementos de la teoría de Proudhon. En este número introduciremos las premisas del anarquismo filosófico para dejar todo preparado para el siguiente número, el cual tratará sobre William Godwin.

Podemos argumentar que la teoría anarquista se basa, en líneas generales, en varios elementos como la oposición al Estado y a la autoridad coercitiva. No obstante, la teoría anarquista y las diferentes formas de vivir y practicar el anarquismo beben de diversas posturas filosóficas que, trascendiendo su carácter abstracto, han terminado por cristalizar y arraigar profundamente en la ideología anarquista (en un sentido amplio e inclusivo).

Así pues, tras la postura anti-Estado de les anarquistas hallamos una premisa filosófica mucho más trascendental: la negación absoluta de la autoridad política y moral de unas personas sobre otras, sea ésta legal o no bajo un sistema de leyes vigente (Miller, 1984: 15). De esta manera, el anarquismo filosófico ha de entenderse más como una postura intelectual que sirve de base para los desarrollos posteriores, y no tanto como una articulación teórica dirigida a la acción política.

Uno de los problemas de hablar sobre anarquismo filosófico (o filosofía anarquista) es que no es propiamente anarquismo, en tanto que el anarquismo filosófico no propone ni articula ningún modelo de organización social (como sí lo hacen las diferentes ramas anarquistas), ni ninguna receta para acabar con los Estados y sus opresión. El anarquismo filosófico, pues, es más una actitud intelectual vacía de acción política.

El anarquismo filosófico nos proporciona una distinción clave para entender la vida social: poder y autoridad no son la misma cosa (ibid.: 16). Al reconocer que los Estados tienen poder, es decir, la capacidad violenta de imponer determinadas cosas sobre las personas, no significa que estemos reconociendo su autoridad, que sería la aceptación del poder. El poder, que es normalmente violencia física (pero no siempre), se convierte así en autoridad cuando es aceptado por las personas. El poder del Estado español está claro: policías, ejército, armamento militar… Y este poder es reconocido como legítimo por muchas personas, esto es: muchas personas reconocen la autoridad del Estado español sobre eso que llamamos les españoles. El anarquismo filosófico diría: el Estado español ciertamente tiene poder, está claro, pero no tiene la autoridad moral de imponer nada sobre las personas.

No obstante, Miller lista tres diferentes formas de acatar órdenes sin tener que reconocer la autoridad de aquella institución o persona que emite esas órdenes. Pongamos un ejemplo sencillo: imaginemos que enfermamos y tenemos que ir a nuestra doctora de cabecera. Como enfermes podemos tomar dos posiciones:

1) Podemos aceptar las recomendaciones de nuestra doctora porque sabemos que ha estudiado medicina y sus conocimientos son de fiar (además de útiles).

2) Podemos aceptar que nuestra doctora tiene el derecho de recetarnos determinado antibiótico porque les doctores tienen un estatus social superior.

En el segundo caso estaríamos otorgando a nuestra doctora el derecho de mandar y dirigir la vida de otras personas, es decir, estaríamos sugiriendo que la doctora tiene el derecho de imponer (estaríamos reconociendo su autoridad). Sin embargo, en el primer caso estaríamos reconociendo su conocimiento como experta en una materia que nosotres mismes no dominamos y, en la cual, necesitamos ayuda. Pero hacer esto no significa reconocer la autoridad de nuestra doctora. ¿Se ve la diferencia entre aceptar la autoridad y aceptar una sugerencia/mandato?

El anarquismo filosófico nos dice en esta situación que cumplir una orden (tomarnos un medicamento recetado por otra persona) no supone necesariamente doblegarse ante el poder de esa persona, mucho menos reconocer su autoridad. Simplemente estaríamos admitiendo la posición ventajosa (ya sea moral, intelectual, técnica, etcétera) de otra persona más capacitada para hacer algo. Otro ejemplo: hoy en día la mayoría de Estados en el mundo prohíben matar a otros seres humanos. Nosotres, como anarquistas, seguimos este mandato no porque creamos en la autoridad del Estado, sino por razones morales.

Otra forma de aceptar mandatos sin reconocer la autoridad de otras personas o instituciones es, según el anarquismo filosófico, acatar las órdenes de un gobierno, por ejemplo, porque nosotres como individuos libres y racionales consideramos que no hacerlo sería más perjudicial para nuestra causa. En este caso estaríamos atendiendo a razones estratégicas. Otro ejemplo de esto sería la acción directa violenta: aunque estemos en contra del sistema financiero no vamos quemando sucursales bancarias por la calle, aunque así quisiéramos hacerlo. Podemos argumentar que, aunque queremos eliminar uno de los pilares del sistema capitalista, no lanzamos un cóctel molotov a la sucursal de nuestro banco porque esto llevaría al rechazo de nuestros vecines quienes, potencialmente, pueden sumarse a nuestra causa en un futuro.

Por último, existe otra manera de obedecer una orden o mandato sin reconocer la autoridad de la fuente. Supongamos, como dice Miller (ibid.: 17), que nos encontramos atascados en un inmenso accidente de tráfico. Los coches arden y se requiere evacuar rápidamente la carretera. Entonces, una persona espontáneamente decide tomar el cargo y empieza a dar órdenes: que si nos movemos para este lado, que si las mujeres con niñes pequeñes pasan primero, etcétera. Ante esta situación que requiere una solución urgente podemos obedecer las órdenes del hombre que nos grita, sin embargo, esto no implica que estemos reconociendo su autoridad para imponerse sobre otras persona. Sencillamente decidimos seguir sus órdenes de manera temporal porque pensamos que es la mejor manera de salvaguardar el bien común. En este caso estaríamos atendiendo a razones organizativas y racionales.

Es útil aclarar que en los dos primeros ejemplos estaríamos admitiendo la autoridad de determinadas personas, pero esta autoridad tiene un carácter muy especial: es una autoridad técnica, de conocimiento, o estratégica. El anarquismo filosófico aquí es tajante: admitir la autoridad técnica de nuestra doctora es válido, puesto que no estamos reconociendo una autoridad moral superior que permite a nuestra doctora imponerse sobre el resto. El anarquismo filosófico argumenta que las personas libres admitirían la autoridad técnica de la doctora en base a sus propias consideraciones morales, es decir: yo como enfermo me tomo lo que me receta mi doctora porque libremente he decidido que ella está más capacitada que yo para recetar medicamentos (hasta qué punto somos capaces de decidir libremente es otra cuestión que no toca tratar ahora).

Así que resumiendo tenemos que: el anarquismo filosófico afirma que nadie, ninguna persona en el mundo, tiene la autoridad moral para imponer cosas sobre el resto. Podemos aceptar ciertas órdenes en ciertos contextos especiales, pero nadie tiene el derecho moral para imponer. Reformulando esto en otros términos: nadie está obligado a obedecer, todes tenemos que tener la libertad individual para analizar por nosotres mismes las diferentes situaciones de la vida y tomar decisiones por nuestra propia cuenta.

Una vez dicho esto, hemos dejado el terreno preparado para estudiar los tres principales autores del anarquismo filosófico: William Godwin, Max Stirner, y Robert Wolff. En esta ocasión los «deberes» son las mismas lecturas recomendadas en el número dos de esta serie de artículos. En la cuarta entrega analizaremos el pensamiento utilitarista de Godwin y lo contextualizaremos dentro de la filosofía anarquista, identificando así sus puntos fuertes y sus debilidades.

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Ser autónomx, simplemente, bien podría significar aprender a luchar en la calle; a okupar casas vacías; a parar de currar; a amarnos lxs unxs a lxs otrxs enloquecidamente, y a expropiar.



3 Responses to Claves para entender el anarquismo III

  1. Uno más says:

    La Colectividad, ¿cuál es esa "teoría anarquista" de la que hablas? Por todo lo que has ido escribiendo sólo puede deducirse que hay diferentes interpretaciones sobre lo que debe ser el anarquismo, no una. El anarquismo no es como el marxismo, en éste sí que se puede hablar de la "teoría marxista" porque todos los marxistas están obligados a referirse a lo que Marx teorizó, aunque gran parte de lo teorizado por él se haya demostrado falso.
    También dices que "el anarquismo filosófico ha de entenderse más como una postura intelectual que sirve de base para los desarrollos posteriores, y no tanto como una articulación teórica dirigida a la acción política". ¿Qué es una "postura intelectual"? Una postura ética si, y, aunque tú no lo creas, tal postura se traduce necesariamente por una acción política, en el sentido de oposición al poder instituido o al poder que otro quiere ejercer sobre nosotros. ¿No? ¿Acaso desobedecer al Poder no es político? ¿Por qué insistes en que el anarquismo, considerado desde el punto de vista filosófico es "una actitud intelectual vacía de acción política"? ¿Quiénes son esos anarquistas que practican el "anarquismo filosófico"? ¿No crees que habría sido más pertinente hablar del anarquismo como filosofía de la libertad o como actitud ética y no del "anarquismo filosófico"? ¿Conoces algún anarquista que actue como "anarquista filosófico"?
    Supongo pues que no considerarás, a William Godwin, Max Stirner y Robert Wolff, como "autores" del "anarquismo filosófico" sino como pensadores que han querido teorizar, desde diferentes perspectivas, el anarquismo: como rechazo del poder y la autoridad. Los conceptos poder y autoridad considerados como imposición física o intelectual.
    Un abrazo desde la filosofía y la ética

    • Gracias por el comentario, compa.

      Me temo que este mensaje llega un poquito tarde, jeje. Hace unos días ya publiqué la IV parte donde entro a trapo con Godwin. Pero respondamos a tus preguntas:

      1) Sobre "teoría anarquista": exacto, el anarquismo como movimiento político es mucho más variado que el marxismo, el cual también tiene diferentes vertientes pero mucho más parecidas entre sí. Cuando hablo de "teoría anarquista" me refiero, como creo que explico en el primer capítulo, a los conceptos básicos que se pueden encontrar en todas las vertientes anarquistas. Estos elementos son en pocas palabras: anti-autoritarismo, y respeto al juicio individual. Luego se podrían añadir otros que son ampliamente compartidos como la búsqueda del bien común.

      2) Sobre "anarquismo filosófico": cuando hablo de "postura intelectual" me refiero precisamente a lo que tú mismo dices (de ahí que no entendiera que me hicieras la pregunta). Una postura intelectual es aquel intento de teorizar algo sin tomar en consideración una futura acción política (en este caso). Teorizar ya de por sí es un hecho político, sí, pero esos tres autores que analizaré (uno ya lo he hecho) no planearon ningún tipo de alternativa, cosa que si hicieron otros como Bakunin o Kropotkin, quienes no solamente analizaron varios aspectos de la sociedad capitalista de su época, sino que también propusieron métodos para derrocar al sistema y para organizar la sociedad futura (esto no lo encontrarás ni en Godwin, Stirner, o Wolff).

      La ética es un elemento importante que ya he tocado con Godwin en la entrega número IV, pero que volveré a tocar con Kropotkin cuando entremos al tema de la ayuda mutua y de cómo ésta es un "imperativo natural."

      Finalmente, el concepto de "anarquismo filosófico" es el término académico dentro del estudio de la historia del anarquismo que se le da a la teoría de estos autores. Personalmente el nombre me gusta, porque veo reflejado en él aquello que dijo Marx de que los filósofos habían venido estudiando el mundo, pero que ya era hora de cambiarlo. De todas formas, estos artículo, como digo en la primera entrega, siguen el diseño que David Miller dio a su libro sobre la historia del movimiento. Creo que es uno de los mejores libros al respecto: sencillo, accesible a la gente no familiarizada con la teoría social o con la filosofía, y va directo al grano 😀

      Un abrazo libertario de vuelta.

  2. Uno más says:

    Estarás de acuerdo que un conjunto de conceptos básicos no constituyen una teoría y que estos conceptos básicos son conceptos filosóficos y políticos; pero que llamar a ese conjunto "anarquismo filosófico" es como si llamases, al conjunto de conceptos básicos marxistas, "marxismo filosófico".
    Que quieras decirlo así no es problema, cada uno se expresa como quiere o puede; pero lo que si es un poco tendencioso es que con "anarquismo filosófico" quieres calificar un anarquismo que no sería político sino sólo intelectual. Con lo que resultaría que los conceptos básicos del anarquismo sólo son intelectuales y no políticos. Espero pues que no te moleste el que no comparta esta forma de definir el anarquismo... Otra cosa sería si eso lo dijeras sobre caso concretos...
    Otro abrazo libertario

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