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Published on noviembre 1st, 2012 | by La Colectividad

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Claves para entender el anarquismo V

La entrega de hoy echará un vistazo a la filosofía de Max Stirner, la cual está basada en el concepto de egoísmo (pero no entendido como se suele hacer en un contexto cotidiano). Esta entrega no pretende analizar ni estudiar el pensamiento de Stirner en su totalidad, nos limitaremos a presentar los elementos claves y básicos de su filosofía para introducir, en futuras entregas, el movimiento anarquista político.

Partiendo de la última entrega, en la cual vimos la filosofía de Godwin, podemos contraponer de alguna manera a estos dos autores en tanto que para Stirner el elemento que ha de guiar la acción humana es el egoísmo (Miller, 1984: 22), y no la búsqueda de la máxima felicidad posible para todo el mundo (lo argumentado por Godwin desde una postura utilitarista).

El egoísmo de Stirner ha de entenderse dentro del marco filosófico de la época (el cual no se tratará aquí), especialmente dentro de la así llamada izquierda hegeliana. Esta corriente filosófica fue muy crítica con ciertos elementos arraigados en la sociedad alemana, como la religión, durante los años cuarenta del siglo XIX, cuando Stirner escribió su obra «El único y su propiedad» (para muchas personas su único texto relevante). Para los hegelianos radicales como Stirner, la religión es un elemento que causa alienación (al  menos la religión cristiana), dado que el Dios que concibe es una mera abstracción de valores humanos que se imponen a través de las creencias religiosas. Además, Stirner afirma que estos valores deificados terminan teniendo más poder que los propios seres humanos que crearon dicho Dios-religión.

De esta manera, para Stirner (y la izquierda hegeliana) la supresión y crítica de la religión imperante en Europa eran necesarias para conseguir el progreso social, pues los valores divinos que se le atribuyen a Dios, los cuales son supuestamente deseables y buenos en cierta medida, se pueden alcanzar en el mundo terrenal; en lo mundano. Tanto es así que estos pensadores llegarán a afirmar que los mismos valores que el cristianismo atribuye a lo divino son en realidad esenciales en la naturaleza humana, por lo que ni la religión ni Dios son necesarios para conseguirlos. La aportación de Stirner es la extensión de esta crítica a la religión a todas las esferas sociales que alienan a las personas a través de dinámicas similares, por ejemplo, el Estado y la autoridad.

No obstante, si bien es cierto que Stirner veía como esencialmente humanos todos los valores positivos de realización que se pueden hallar en la religión, es igualmente cierto que Stirner concebía estos valores en la ausencia de adoración o culto. Por esto mismo, Stirner criticó la posición de Feuerbach, quien identificaba como él valores esencialmente humanos pero de tal forma que terminaban conformando un nuevo culto; una nueva religión del ser humano basada en la adoración de dichos valores. Así pues, Stirner estableció  una premisa de fácil formulación pero difícil comprensión: nada es real, lo único real es la persona en sí misma. Como él mismo establecería, las ideas y pensamientos de los seres humanos son simplemente construcciones de la imaginación; no tienen existencia objetiva más allá de la mente.

Es por ello que para Stirner el egoísmo de cada individuo es la única manera de realizarse como ser humano y vivir en libertad, aunque hemos de subrayar que el egoísmo de Stirner es consciente (es decir, racional). El egoísmo aquí concebido es una actitud individual que conlleva seguir lo que une misme piensa libremente, buscando su propia felicidad y bienestar. La argumentación filosófica para esto sería: si las ideas son creaciones humanas dadas desde el exterior de cada individuo, entendido  éste como un elemento único y autónomo, entonces, seguir elementos externos deviene en una falacia, pues estaríamos cayendo en otro tipo de adoración y culto (recordemos lo que Stirner decía sobre la religión). El ser humano debe vivir acorde con lo que une misme quiere, desea, y piensa; acorde con sus propias decisiones (ibid.: 23). Además, la persona egoísta ha de actuar en función a sus propios caprichos en el momento presente: ha de saber que puede usar cínicamente a otras personas para conseguir sus propias metas, las cuales no son externamente creadas sino que son producto del egoísmo consciente en busca de la felicidad individual. Para Stirner nada, absolutamente nada, era sagrado, y aunque usar a otras personas puede ser considerado como algo malo en sí mismo, la persona egoísta ha de hacerlo si esto sirve para conseguir la realización individual.

La crítica de Stirner a las constricciones externas también se extiende, pues, a la clásica diferenciación que realiza la filosofía liberal entre la autoridad de la ley y los medios. Para él, ambos tipos de autoridad son imposiciones que han de ser rechazadas si se quiere vivir en libertad. La idea de pacto social, por ejemplo, es para Stirner una imposición a rechazar puesto que nadie ha de vivir atado al pasado: aunque una persona haya acordado «firmar» dicho pacto social, éste no debería marcar el futuro de nadie puesto que el pasado no debe restarnos libertad (recordemos lo que Stirner decía sobre perseguir los caprichos del momento presente). Por ende, la persona egoísta vive continuamente en el presente, en la búsqueda de la felicidad en el momento actual, y es por ello que las decisiones pasadas no han de ser tenidas en cuenta si el contexto presente requiere de otro tipo de decisiones (ibid.: 24). En corto: lo que ayer era bueno para mí, no necesariamente lo es hoy, y nadie tiene el derecho de atarme al pasado aun cuando yo mismo decidí comprometerme con algo.

En lo político y su organización, Stirner como Godwin rechazó la democracia directa por consenso, y propuso una unión libre de personas egoístas que sirviera para buscar los intereses personales del momento presente. Sin embargo, como se puede imaginar, esto no está libre de problemas: en una unión de personas idealmente egoístas no queda muy claro si los principios del egoísmo de Stirner han de ser aplicados a todas las personas, al conjunto, o a una persona individualmente. La paradoja viene de la siguiente forma: si aplicamos el principio de egoísmo a esta unión libre de personas, el egoísmo en sí mismo deviene en una imposición externa en términos morales (que es precisamente lo que Stirner rechaza). Incluso si recomendamos a otras personas ser egoístas estaríamos convirtiendo el egoísmo en un elemento externo de imposición objetivada. Por el contrario, si el egoísmo se aplica individualmente a cada persona, la persona egoísta buscará maximizar sus intereses personales presentes, lo que conlleva a no ser indiferente ante el egoísmo de otras personas. En palabras más simples: la persona egoísta ha de tener en mente si el resto es egoísta o no, dado que las personas que siguen dictados morales externos (ya sean políticos, religiosos, o de otro tipo) son más susceptibles de servir a nuestros propios intereses. Esto nos lleva a otra paradoja: la persona egoísta querrá que el resto sea no-egoísta.

Como vemos, argumentar razones anarquistas desde una postura filosófica es un tanto difícil: la filosofía anarquista (entendida como una postura intelectual en contra de la autoridad y otros elementos como el Estado) requiere de argumentaciones y premisas morales, las cuales son explícitamente denegadas por Stirner, quien rechazó todo tipo de moral por ser ésta una imposición externa al individuo (no tanto por Godwin). Si el concepto de egoísmo propicia una buena base filosófica para empezar a desarrollar una actitud política crítica con la autoridad y la imposición, es también cierto que Stirner, al menos en su formulación, carece de argumentos que inviten a ser egoísta (recordemos las dos paradojas expuestas arriba).

Nota: a raíz de la última entrega sobre Godwin recibí algún comentario dudando del «anarquismo» de este autor. Simplemente decir que sin ser anarquista en los términos que hoy en día manejamos, la filosofía de Godwin ayudó a desarrollar los conceptos básicos de libertad individual que después influirían en multitud de pensadores. Sea como sea, también quiero recordar que estas entregas están basadas (todas ellas, sin excepción) en el libro «Anarchism» de David Miller (1984). Estoy siguiendo el mismo orden del libro y el mismo razonamiento que se realiza en este libro, por lo que no me acredito ningún tipo de mérito más allá de la traducción inglés-castellano y las puntuales notas que pueda hacer sobre el texto.

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Ser autónomx, simplemente, bien podría significar aprender a luchar en la calle; a okupar casas vacías; a parar de currar; a amarnos lxs unxs a lxs otrxs enloquecidamente, y a expropiar.



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