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Published on diciembre 9th, 2013 | by Angel L. Fernández

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Comunicándonos I

Comenzamos una serie de entradas sobre comunicación para movimientos sociales. Esperamos que puedan servir para mejorar nuestras habilidades comunicativas con el objetivo de dar a conocer la propuesta política anarquista.

Los movimientos sociales juegan un importante papel en la difusión de ideas críticas y la sensibilización de la mayoría de la sociedad en determinadas problemáticas. Por ello, su dimensión comunicativa es innegable. Dentro de los MMSS, cada grupo se ve regularmente ante la necesidad de dar a conocer su trabajo, sus posicionamientos ideológicos, su argumentario y su propuesta de acción. Sin embargo, la capacidad comunicativa de estos movimientos es muy limitada. Muchas veces por falta de recursos e ideas, pero también por la falta de estrategias comunicativas coherentes. No dar a la labor comunicativa la suficiente importancia resulta en falta de habilidad a la hora de transmitir, con formas de comunicación que reproducen una y otra vez los mismos errores, que condenan a los colectivos al aislamiento y a sentirse incapaces de influir.

La comunicación es una parte esencial del quehacer político que puede llevar a un verdadero proceso de transformación social: Romper con el aislamiento, llegar a la sociedad, construir conciencia crítica… para todo ello resulta esencial integrar en el trabajo de los colectivos algunos métodos para evaluar y mejorar los procesos comunicativos.

En concreto los anarquistas, a nivel comunicativo, nos encontramos en el vagón de cola de las tendencias políticas de clase. Parece evidente que la influencia social del anarquismo es más que limitada, a pesar de que ciertas ideas-fuerza libertarias tienen bastante aceptación dentro de las luchas sociales: El asamblearismo, el rechazo a los partidos… todo eso parece ocurrir a pesar del movimiento anarquista y no gracias a él. La autorreferencialidad, la obsesión por determinadas estéticas, el minusvalorar las formas en que se produce la comunicación, ignorar la comunicación no verbal, repetir los mismos esquemas comunicativos, conformarnos con las mismas técnicas de siempre… Todas esas miserias constituyen los límites a nuestra capacidad comunicativa.

Sirvan estos apuntes sobre comunicación para tratar de mejorar nuestras habilidades en este campo.

Algunas consideraciones previas sobre la comunicación

La comunicación no es solo algo verbal y no es siempre intencionada

Tenemos asociada la comunicación a las palabras que pronunciamos (lo que decimos o escribimos) pero en realidad la comunicación va mucho más allá. Nos comunicamos con nuestra ropa, con nuestras acciones…. Nuestros logos, carteles e incluso la maquetación de nuestras revistas influyen en el proceso de la comunicación. Comunicamos al demostrar compromiso y capacidad en nuestros proyectos (por ejemplo, no abandonándolos a las primeras dificultades, cumpliendo los objetivos marcados, manteniendo la calidad…). Comunicamos con nuestra actitud ante determinada situación (por ejemplo, la solidaridad que mostramos durante un conflicto sindical). En muchas ocasiones también estamos diciendo algo sin ser conscientes de ello, por ejemplo con nuestros gestos. En realidad estamos comunicando continuamente nuestro proyecto a la sociedad.

La forma es tan importante como el contenido

En la comunicación entran en juego varios factores, el elemento informativo siempre está conectado al sentido que le aportan el canal, el contexto o el propio código del mensaje. Las cosas se pueden decir de muchas maneras, hasta el punto de negar lo que el mensaje afirma. Es el caso de esas campañas publicitarias cuyo slogan parece ir contra lo que promocionan, donde habitualmente la imagen contradice el slogan. También influye de manera determinante el contexto en el que se desarrolla la comunicación, modificando sustancialmente el mensaje a transmitir. Por ejemplo, un cartel que anuncie tabaco no funciona igual en un estadio que en un cementerio.

El lenguaje visual es complejo

Solemos menospreciar las posibilidades de los lenguajes no verbales y, sin embargo, los códigos que se manejan en el lenguaje gráfico dan para decir mucho. Muchas veces una imagen vale más que mil palabras. Conviene recordarlo.

Seguiremos en la próxima entrada

Comparte nuestro contenido para disputarle la hegemonía a los medios capitalistas

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About the Author

Socialista democrático, confederalista y ecologista radical. Firme defensor de que, sin la existencia de un pensamiento crítico y coherente que sepa comunicarse, un estado de opinión radical es imposible y, por lo tanto, el partido de la revolución no tiene ninguna posiblilidad de formarse.



19 Responses to Comunicándonos I

  1. pablo says:

    En concreto los anarquistas, a nivel comunicativo, nos encontramos en el vagón de cola de las tendencias políticas de clase.

    De acuerdo, pero también para ello hay que tener en cuenta un argumento más y es que la política de clase, o la política de masas en general parte de una premisa básica que está incluida en su propio nombre. El concepto de masa, la destrucción de la realidad del individuo que conlleva atenta directamente con el objetivo y praxis del anarquismo, por ello cuando el anarquismo se acerca a métodos de comunicación de masas acaba degenerando o acercándose a posicionamientos distintos y perdiéndo su esencia (generalmente en la península y en Europa, acercándose al populismo bolcheviquizante). La creación de una identidad personal, o la adaptación y elección, atentan directamente con el concepto de masa y eso hace muy díficil entender las dinámicas o un discurso que, por su tendencia a la búsqueda del grupo -fretena a la masa- y el trato personal, cae en unas formas, temática, estilo y apariencia propios -y muchas veces orgullosamente marginalizantes-.

    Pero claro, sí que es cierto que muchas veces se peca de cerrarse en círculos y dinámicas anquilosadas y estas recomendaciones vienen muy bien.

  2. janusz says:

    La comunicación es importante, pero no olvidemos que sin nuestra presencia en canales amplios de difusión como la televisión poca influencia puede ejercerse. Para mí esto es clave.

    Analicemos el caso del famoso presentador y tertuliano de izquierdas, Pablo Iglesias, realizando un discurso que parece concienzudamente dirigido a la izquierda libertaria.

    "¿Necesitamos líderes?" es el revelador título de su magistral charla.
    https://www.youtube.com/watch?v=khP__lWVKJw

    • pablo says:

      Uy, precisamente Iglesias Turrión es un ejemplo de lo que es el populismo intervencionista estatal. El vídeo este concreto no esta nada mal, pero cuidado con confundir qué es una izquierda libertaria. Si la equiparamos nosotros mismos con izquierda estatista no se llegará ya a más o menos, sino que simplemente lo que llegará no será libertario.

      • janusz says:

        Este personaje es muy conocido por sus intervenciones en las tertulias de los grandes medios y su programa La Tuerka, y no me parece que pueda confundir a estas alturas a nadie, pues sabemos de qué pie cojea. Es importante no obstante conocer a fondo todos los puntos de vista, y de muchas de las cosas que dice este tipo, y de cómo las dice, se pueden extraer valiosas lecciones.

      • janusz says:

        Por cierto, en el plano económico el intervencionismo estatal es preferible al liberalismo de mercado.

        • Perm says:

          Esta última frase tuya es un poco excesivamente rotunda y descontextualizada, no?

          • janusz says:

            ¿Cuál es tu objeción?

          • Perm says:

            Mi objeción es que no deberíamos hablar de lo que no sabemos. Ni nosotros ni nadie. Hay mil maneras de hacer estados, y mil valores culturales que podrían influir en el libre mercado, etc.. La cosa no creo que esté tanto en un modelo u otro, sino en las circunstancias sociales que los sostienen.

        • pablo says:

          Pues no sé qué es mejor o peor ni qué es el plano económico. Pero tengo clara una cosa. En una hipotética colectividad a la que yo perteneciese, por mis cojones iba a venir el estado a decirme qué iba a poder y qué iba a no poder producir. Antes intercambio libre entre trabajadores de los frutos de su trabajo que burócratas decidiendo.

          • janusz says:

            Cuando digo "plano económico" me estoy refiriendo estrictamente a la economía.

            Para tener más cosas claras te aconsejaría estudiar de forma seria de qué va eso de la economía. Yo estudio cuando tengo ocasión.

          • pablo says:

            Yo también lo intento cuando tengo ocasión. Y dónde algunos ven en la libertad de comercio la mera voluntad del intercambio y el acaparamiento, yo quiero ver en el libre intercambio entre personas, y no mediado, como la única forma de mantener la libertad de producción -que obviamente se acaba circunscribiendo a lo que necesita otra gente y que tú seas capaz de dárselo-.
            Algo que atenta frontalmente con cualquier autonomía productiva (autogestión) es el intervencionismo económico, que implica formas de presión y coacción sobre la mera esencia del trabajo humano: su producción. Así que no, no me verás defendiendo nunca el intervencionismo estatal como una forma mejor que nada. Nunca construir más estado ha favorecido su destrucción.
            Otra cosa muy distinta es que hablemos de capitalismo, y su inherente connivencia entre la acumulación de poder -representado por los factores productivos- y su connivencia con el estado para mantener su estatus de preponderancia.

            Pero, mejor para otra vez, que nos vamos del hilo de este post y no es plan 😀

  3. Alejandro says:

    A mi Pablo iglesias me parece alguien de lo más mediocre. Por no hablar de su tufo rancio con el tema de la patria o el chavismo, yo diría que es más un síntoma de alarma que personajes como él estén "acaparando" el discurso de la izquierda en el estado español. De su ego ya ni hablamos.

    Estoy de acuerdo en que el movimiento libertario debería hacerse más visible, se da el problema ( por lo menos yo lo vivo en mi entorno) que algunas personas dispuestas a colaborar en movimientos libertarios no saben muy bien donde moverse, si bien es cierto que en parte se debe a que muchos hemos sido inconscientes ( o pequeños burgueses si queréis) pero también es cierto que cuesta encontrar lugares donde poder colaborar. Es un buen tema de debate creo yo. No se si me explico, llevo 7 horas trabajando.

  4. janusz says:

    Pablo, veo una seria contradicción en tu comentario. Te explico. Cuando contrapongo el Intervencionismo estatal al liberalismo de mercado, me estoy refiriendo obviamente al contexto del capitalismo que se adopta en una economía de mercado (con o sin Estado) basada en la propiedad privada de los medios de producción, modelo éste que está en radical oposición a los modelos de economía colectivizada que defendemos los/as anarquistas de izquierda. Por tanto, no tiene sentido que en tu párrafo final admitas la tendencia del capitalismo a la acumulación de poder como algo negativo al tiempo que pasas por alto que el liberalismo económico constituye en esencia igualmente otra forma de capitalismo. Así pues, en el contexto de las economía mixtas actuales, parto de la idea de que la intervención del Estado puede desempeñar un papel positivo regulando la economía en beneficio de los sectores de la población perjudicados por el juego de intercambios desiguales que propicia el capitalismo (liberalismo) de mercado.

    Luego, a tu desafortunada frase de "Nunca construir más estado ha favorecido su destrucción" se le puede oponer perfectamente que "Nunca permitir más libertad de mercado ha favorecido la destrucción del Estado". De hecho, como tú mismo reconoces en el súmmum de la contradicción, el capitalismo necesita de la connivencia del Estado para su supervivencia. Pero el aspecto importante que olvidas es que, esta connivencia a la que te refieres depende de forma clave del factor político, que es el determina en última instancia la correlación de fuerzas efectiva entre los desposeídos y los poseedores, esto es, entre la clase trabajadora y los propietarios de los medios de producción.

    • pablo says:

      Comenzaré por el final, porque a mi me parece una aberración que opinar que “Nunca permitir más libertad de mercado ha favorecido la destrucción del Estado”. El problema es que quizá, nunca se ha concedido libertad de mercado de forma simétrica, sino que ha sido favoreciendo a los que tenían más posibilidades de imponerse en un intercambio, haciéndolo menos justo.

      Puedes querer defender el estado social, que ha dado buenos resultados en algunos aspéctos, pero es un método para la estabilización de unas clases medias mayoritarias y su preponderancia cultural, ideológica que asegura sus estándares de vida mediante la cesión de su compromiso y la aceptación de una identidad, cívica pero débil y difusa, fácilmente capturable por el discurso de los que detentan concentraciones de poder: por un lado el Estado, mediante su agenda pública y la educación, y por otro los grandes capitalistas, que necesitan de la intervención del estado para generar leyes a medida de su necesidad, por ejemplo, de construir una factoría, mejorar las infraestructuras para comunicarla y atacar al consumidor con el bienamado marketing. Las élites políticas y económicas pertenecen a la misma esfera, se relacionan en los mismos ambientes, comparten debates, tiempo y ocio, porque necesitan conocerse mutuamente para desarrollar proyectos de escala estatal.

      Las grandes estructuras corporativas necesitan de la existencia de ese estado. Y la esta situación no varía de modelos socialdemócratas a modelos de mayor intervención económica. Gazprom, la gasística paraestatal rusa, es una corporación privada orientada al beneficio absoluto en la feudal y comprable Rusia cuya estructura y mandos apenas han variado desde que dejó de ser soviética. El beneficio del petróleo venezolano recae de forma más discursiva que efectiva sobre unos pobladores que no tienen derecho a decidir efectívamente qué hacer con su pedazo de la tarta mientras su opinión carece de sentido si diverge de la decisión de "la mayoría" o "la revolución bolivariana", o mientras el "bien común" obliga a que sus tierras de cultivo y modo de vida sean expropiados por el bien del pueblo revolucionario.

      Esta muy bien construir soluciones de salvación para un amplio sector de la población, pero es imposible encontrar una solución universal sin conocer todas las identidades, sin permitir que cada colectivo alcance las soluciones que desea sin imposición externa. Un colectivo no tiene porqué tener un territorio asignado, los tiempos del colectivismo agrario ya pasaron. Hoy colectivos anarquistas viven de forma tangencial al sistema, pero siendo capaces de producir y vender sus propios productos, desde software y hortalizas hasta MDMA. La decisión colectiva les impediría intercambiar de forma libre su producción si tuvieran que atenerse a cupos estatales, o de "bien común". Por ejemplo, tu mísmo consideras que eres capaz de definir el anarquismo de izquierdas, sin embargo, sus deducciones de enfrentan frontalmente a las de otros anarquistas claramente de izquierdas como Kevin Carson, Proudhon, o Tucker.

      Hacer más fuerte al estado beneficia que necesite de entenderse con otros actores fuertes, con estructuras jerárquicas y capaces de llegar a una única decisión para el territorio de forma fluida. Por eso, el crecimiento del estado nunca destruirá las estructuras jerárquicas empresariales. Sin el actor estatal, las grandes fortunas no se hubiesen acumulado tan fácilmente.

      Tener una visión del estado como juez neutral es muy digna, pero no es anarquismo, ni lo facilita.

      • janusz says:

        Empiezo contestando a lo que a ti te parece una aberración: “Nunca permitir más libertad de mercado ha favorecido la destrucción del Estado” Sin embargo, sorprendentemente no refutas mi afirmación, sino que te limitas a establecer la hipótesis de que "quizá nunca se ha concedido libertad de mercado de forma simétrica". Remarco lo de tu "quizá" dubitativo.
        La competencia perfecta del libre mercado, donde sólo hay ganadores y no hay perdedores, no existe, pues el efecto subsiguiente de la competencia es la desigualdad. Esa es una utopía que comparten tanto neoliberales como muchos mutualistas y anarquistas individualistas que yo por cierto no considero estrictamente anarquistas de izquierda por varias razones.

        Teóricamente los mutualistas defienden la ausencia de lucro, pero sin embargo como por principio tampoco lo prohiben, dejan así la puerta abierta al sistema que tenemos actualmente. Esta es la crítica que los anarquistas colectivistas les hacen acertadamente.

        Autores mutualistas que has mencionado como Kevin Carson hacen afirmaciones como las que tú defiendes del tipo de que "el capitalismo no podría existir con la ausencia del Estado" y que "si un verdadero sistema laissez faire fuera puesto en práctica, daría lugar a un sistema donde la capacidad de extraer un beneficio del trabajo, y el capital serían insignificantes". La primera de estas afirmaciones es cierta puesto que ese es un fenómeno que puede comprobarse actualmente. En cuanto a la segunda afirmación, al carecer de pruebas empíricas que la respalden, no podemos darle la razón. Él admite que el proceso de acumulación que se dará en un mercado libre sin estado, sería tan reducido o insignificante que no implicaría situaciones de desigualdad social. Otra idea que presuponen muchos mutualistas como Carson es que en su modelo económico no tienen cabida características propias del funcionamiento de las grandes empresas como la jerarquización, la división del trabajo, etc. Así pues, solo contemplan el aspecto positivo de la libertad cooperativa entre los distintos agentes económicos (exclusivamente pequeños emprendedores y cooperativistas), sin llegar a preveer que un sistema que esté basado en los mismos pilares que sostienen la sociedad actual, es decir, la competencia de empresa y la propiedad privada, está abocado a reproducir las misma situaciones de poder económico y desigualdad social existentes en nuestro sistema actual.

        Sin una instancia reguladora, bien sea el Estado (verticalmente) o bien sea a través de la colectividad (horizontalmente), ¿quién impide en el marco del libre mercado la conformación de grandes empresas y por extensión de grandes monopolios? ¿La libre autoimposición? No. Nadie. Los anarcocapitalistas juegan a establecer sus hipótesis al respecto, pero observando el comportamiento real del libre mercado en el contexto de las economías mixtas actuales, se disponen ya de suficientes razones empíricas para considerar que en un sistema de libre mercado sin Estado basado igualmente en la libre acumulación de capital, la tendencia natural y consiguiente será el crecimiento empresarial, y por extensión la conformación de grandes monopolios. Es decir, vuelta de tuerca a lo mismo, pero aún peor. Pues pasaríamos de un capitalismo regulado de rostro amable a un capitalismo salvaje desregulado que no atiende a los costos de sus externalidades ni a los límites del crecimiento que imponen los recursos finitos del planeta.

        Concluyes al final de tu comentario que "Tener una visión del estado como juez neutral es muy digna, pero no es anarquismo, ni lo facilita." Yo no he sido quien ha afirmado que el Estado sea neutral. Ni tampoco creo que ontológicamente se le pueda caracterizar como "juez". Yo comprendo al Estado como un instrumento de poder vertical que potencialmente puede estar al servicio de diversos intereses. Para los anarquistas es obvio que el Estado no es deseable ni necesario para gestionar la sociedad. Por tanto se entiende que es en el contexto actual de un capitalimo de libre mercado, donde la correlación de fuerzas es desfavorable para los intereses de la clase trabajadora, que se puede justificar políticamente su papel. Además está más que demostrado por ejemplo que la nacionalización de los recursos estratégicos de un país puede conseguir elevar el nivel de vida general de la población si se aplican las políticas redistributivas acertadas. No sé en qué datos te basas para decir que el caso de Venzuela es "más discursivo que efectivo". Pero es que no hace falta irse a Venezuela para ver que efectivamente los datos confirman la disminución de los índices de pobreza del país. Puedes comprobar por ejemplo el caso de la nacionalización del petróleo en Noruega, que es hoy día el país con el más alto índice de desarrollo humano del mundo. Por una sencilla razón de lógica aritmética tú mismo puedes comprobar que si el petróleo extraído en las costas de Noruega, de Venezuela o del que sea, pertenecen a un dueño privado, la riqueza no se divide sino que necesariamente se acumula. En cambio cuando es el Estado el propietario, la riqueza puede repartirse (mal o bien). Esto lo entiende hasta mi hermana de cinco años jugando con chucherías.

  5. Liberty Cravan says:

    Estoy con Pablo: Solo la libertad de producción, es decir, la organización libertaria de la producción en asambleas soberanas y sin injerencia del poder (económico o político) permite la justicia social.

    Los productores en comunidad deben decidir qué y cuanto producir de manera socialista: Organizados en asambleas libremente federadas y que solidariamente reparten su producción. Esa es la propuesta anarquista, lejos de la socialdemocracia y de la injusticia y la destrucción del medio inherente al libre mercado.

    En ese sentido es muy interesante la propuesta organizativa de la economía participativa (PARECON).

    • janusz says:

      Me temo que has leído mal a Michael Albert. La propuesta del PARECON tiene más que ver con los principios del apoyo mutuo de Kropotkin que con las propuestas de los mutualistas y los individualistas partidarios del libre comercio.

    • pablo says:

      Siento no haber contestado antes, no tengo mucho tiempo, pero seré breve. Creo que precisamente a este tipo de conversación que hemos tenido se refería Liberty con este artículo, y cómo la búsqueda de conceptos oscuros y dogmatismos nos lleva a escribir tochazos infumables para aquel que no haya pasado por un proceso de "formación" en anarquismo.

      Por otro lado, siendo breve también, los mutualistas no defienden que la lucha sea contra el estado y que se el ciudadano se autoimpondrá una limitación al lucro, sino todo lo contrario: que la lucha es contra la acumulación de poder y todo tipo de acuerdo injusto que conlleve sumisión (visible o invisible). Por eso la lucha es una lucha contra el Estado y contra la corporación, es decir, contra la jerarquía y la gran escala (que al final es la que genera los niveles de complejidad que llevan a dobles juegos, concentración de poder y extorsión). Es cierto que para la izquierda europea es dificil leer libre mercado y asumirlo como bueno. A mi me resulta paradójico que un anarquista prefiera que le impongan qué hacer. Debe de ser cuestión de gustos, pero para los que no estéis puestos, os recomiendo este artículo: "El libre mercado como comunismo integral". Sinceramente, no me apetecía meterme enestas luchas en los comentarios de este artículo. Pero por favor, no me compares a la derecha pseudonacionalista autodenominada anarcocapitalista con el mutualismo.

      Símplemente, creo que la diferencia principal entre los anarquistas como tu y otros, como yo, es que sois estatistas, creeis que podeis llegar a una situación estacionaria feliz a la que llamais utopía. Otros, creemos que el anarquismo es una lucha permanente contra todo intento de acumulación de poder. Una sociedad utópica, estacionaria, es decir, sin progreso, solo puede implicar una cosa: que se ha vuelto jodidamente conservadora y no hay disidencia.

      • janusz says:

        El libre mercado desregulado presenta a mi modo de ver innumerables inconvenientes. En un hipotético escenario de economía de subsistencia, como el de la era precapitalista, esa visión tendría cierto sentido, pero hoy día, con el nivel de desarrollo tecnológico que hemos alcanzado, no es posible revertir esta situación histórica mediante una simple operación sustitutiva del estado sin desarrollar un crítica concienzuda de la dinámica en que opera realmente el capitalismo. Desde mi punto de vista, los dos handicaps principales que impiden la transición a ese capitalismo deseado de "pequeña escala" son, primero, la enorme cantidad de información oculta que manejan las grandes empresas hegemónicas, y en segundo lugar, la manipulación de la oferta mediante técnicas de marketing. O explícame, ¿acaso estaría "prohibida" la publicidad en esa sociedad ideal de competencia perfecta entre pequeños emprendedores? Por otro lado, no tenemos razones de peso para creer que, en el entorno de un mercado libre desregulado, muchas de las prácticas que se les reprochan a los estados para proteger a grandes empresas, no las materialicen igualmente empresas privadas que deseen protegerse a sí mismas para mantener su poder hegemónico. Este comportamiento puede comprobarse hoy día en esferas de la economía donde la intervención del estado es mínima.

        En el artículo que enlazas, Kevin Carson señala por ejemplo que "...El estado típicamente impide la propiedad de los bosques, los depósitos minerales, etc., muchas veces en detrimento de los pueblos indígenas locales que habitan éstas áreas, y luego le facilita acceso privilegiado a las industrias extractivas que proceden a depredar los recursos sin internalizar los verdaderos costos en los que incurren." Siendo cierto que esto ocurre en muchos casos, ¿podríamos esperar sin embargo que en una situación de libre mercado desregulado muchas empresas no obrarían "libremente" de igual forma? A mi no me cabe la menor duda, como de hecho se observa en la práctica diaria, que en ausencia por ejemplo de leyes que regulan la protección del medio ambiente, empresas pequeñas, medianas, grandes y de todo tipo, no tendrían escrúpulos en causar daños al medio ambiente movidos por el impulso primario de su sacrosanto derecho al beneficio individual. Yo critico al Estado esencialmente por su centralización del poder y su estructura vertical, pero esto no me lleva a rechazar de forma cínica que determinadas leyes sean justas y necesarias. Uno de los aspectos positivos que supone la nacionalización de empresas es que al no estar sometidas al imperativo de la rentabilidad del mercado, éstas pueden funcionar discontinuamente con pérdidas. Además, frente a la planificación de la empresa privada y su obsesión por aumentar los niveles de productividad de sus trabajadores, el funcionario de la empresa estatal, liberado de este control, puede sentirse más seguro, siendo la seguridad, tengámosolo en cuenta, una precondición para el despliegue de la libertad del individuo. Supongo que conocerás ese tópico que habla sobre lo bien que viven los funcionarios, lo poco que trabajan, etc. Pues bien, este tipo de crítica a los funcionarios solo adquiere su sentido cuando se compara y normaliza la explotación que sufre el trabajador de la empresa privada. Así, desde cierta perspectiva, la nacionalización podría considerarse una socialización en un sentido positivo si no fuera por su funcionamiento interno jerárquico y por las contradicciones del marco económico general en que se desenvuelve. Por esta y otras razones el modelo de autogestión colectiva y federativa sería más deseable.

        Por otro lado, la intervención estatal de sectores estratégicos como el de la energía lo que pueden evitar en última instancia es la conformación de oligopolios como el que se produce de hecho en países como el nuestro. Esta es una de las contradicciones en que incurren muchos "anarquistas de mercado" como tú. Si bien por un lado defendéis una sociedad donde se den las condiciones óptimas de libre mercado sin la injerencia del estado, por otro lado hipócritamente sois incapaces de reconocer el papel positivo que puede jugar el estado evitando que se produzcan situaciones de oligopolio como en el caso flagrante y escandaloso de los sectores energéticos, que suponen además como es lógico, por su volumen de riqueza, graves situaciones de empobrecimiento y desigualdad social generalizada de la población.

        Me gustaría desarrollar todo lo que he podido aprender sobre las dinámicas autodestructivas que implican la valorización del valor, y de los límites tanto externos e internos a los que están sujetos la economía de mercado. Pero por no extenderme demasiado te remito directamente a autores contemporáneos que abordan estas mismas cuestiones de forma más brillante de lo que yo ahora sería capaz. Son muy recomendables por ejemplo los trabajos llevados a cabo por André Gorz o Anselm Jappe (antiguo miembro del grupo Krisis). Asimismo, la propuesta de Economía Participativa (PARECON) de Michael Albert, o bien la de Democracia Inclusiva de Takis Fotopoulos, con todas las discrepacias de fondo que existen entre ellos, constituyen en mi opinión interesantes alternativas a la economía de mercado. Te invito a que las estudies seriamente si las desconoces.

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