Opinión

Publicado el 2 de junio de 2014 por Lusbert

9

Contra el elitismo revolucionario

Muchas veces hemos oído hablar que usar tal o cual término causa confusión, que éste u otro movimiento social es reformista y cómo tendrían que ser para dejar de serlo, que si es incoherente tal acción o táctica por contradecir una serie de principios, que si supone rebajar el discurso y caer en el «todo vale», etc, que todo ello parece llegar a conformar una suerte de ortodoxia, una burbuja aislada de la realidad social que se desentiende de los movimientos sociales y sus luchas, quedándose anquilosada e incapaz de responder ante la realidad cambiante. Esta es la suerte de ciertos grupos e individualidades sobreideologizadas que miran por encima del hombro al resto de mortales, posiconándose así como una élite con posesión de las verdades revolucionarias, las cuales se deben aplicar a rajatabla si realmente deseamos la revolución. Incluso hay quienes parecen pensar que la revolución estará a la vuelta de la esquina, anteponiendo por encima de todo, la coherencia ideológica a la necesidad de participar en frentes de masas. Craso error, pues la revolución está muy lejos ahora mismo y que no podemos realizar ninguna revolución social si nos desentendemos de la realidad que nos rodea y nos ceñimos en la coherencia.

Si bien es cierto que existía cierto movimiento anarquista después de su fallido intento de resurgimiento a finales de los ’70, cuando estalló la crisis del 2008, el anarquismo no respondió con contundencia y en mayo del 2011 nos sorprendió el 15M, en el cual, la gente salió espontáneamente a las calles ocupando las plazas de numerosas ciudades en el Estado español. Pese a su contenido ciudadanista y sus muchos peros, hemos de reconocer que el 15M supuso un punto de inflexión que abrió la posibilidad de hacer política en las calles, algo prácticamente impensable en una España con una clase trabajadora dócil. Al igual que con el 15M, están las mismas críticas hacia el resto de movimientos sociales como las mareas de todos los colores y la PAH, sin posicionarnos a favor de su fortalecimiento y radicalización ni plantear alternativas inmediatas desde un prisma libertario en las que poder avanzar. Sin embargo, lejos de tratar de entender los procesos, nos hemos dedicado a criticarles desde nuestras casas su pacifismo dogmático, sus reivindicaciones ciudadanistas y reformistas y miles de «peros», sin entender que el 15M nació con una estructura horizontal y asamblearia, que supuso así una ruptura con el pasotismo generalizado en política. Nadie se hace revolucionaria de la noche a la mañana y aquellas personas no poseían una buena formación política, pero sí comenzaron a cuestionarse el sistema y se han abierto espacios para hacer política desde las calles y los barrios.

Las proclamas maximalistas y el proselitismo en algunos mensajes anarquistas, que parecen encriptados para el resto de la sociedad y solo dentro de los círculos anarquistas entendemos, nos ha alejado del escenario político anticapitalista. Se repiten los típicos argumentos de siempre, que pese a que algunos puedan llevar razón, hay algunos que no atienden al contexto, como los hay críticas destructivas que no aportan nada más allá de la negación. Por eso, en ocasiones, en vez de aprovechar espacios abiertos de lucha, algunos y algunas priorizan el corpus ideológico frente a la necesidad inmediata de frenar los atropellos del neoliberalismo desde las bases, de conseguir victorias a corto plazo para ir extendiendo la lucha de clases.

Si el anarquismo carece de dogmas, significa que requiere una constante reflexión y análisis, a la vez que nos posicionamos y participamos en las luchas. Claro, supondría cargar con ciertas contradicciones, pero guste o no, son inevitables mientras sigamos viviendo en el sistema capitalista. Por tanto, hay que asumirlas e ir superándolas poco a poco, replantearse las consignas y repensar algunos términos. Entonces, si reclamamos lo público reclamamos lo que nos pertenece, que no pase a manos de los mercados y sean de gestión popular; si utilizamos un lenguaje más sencillo no implica rebajar el discurso, sino utilizar un discurso divulgativo intentando transmitir nuestras posiciones al resto de la clase obrera; si participamos en los movimientos sociales es porque tenemos mucho que aportar en ellos, al margen de si tiene o no una orientación política clara ya que dicha política ha de forjare en el día a día. No es ninguna renuncia a nuestros principios cuando luchamos por arrancar pequeñas victorias en la vida cotidiana, en las contradicciones del capital-trabajo y colaborar con colectivos afines, pues demostrar que los y las anarquistas también nos involucramos en todos los frentes de lucha es más que necesario. Recordemos que no somos ajenos y ajenas a los cambios que se dan en estos momentos, que no vivimos del cuento y que formamos parte de la clase obrera. Recordemos que no llegaremos a ningún lado yendo por nuestra cuenta, desorganizados y dados al espontaneísmo, o en la comodidad de nuestros grupos de afinidad y colectivos.

Que se disuelvan las élites que dictan cómo hemos de luchar y qué luchas son válidas midiéndolas con la vara de la coherencia ideológica y con la Biblia de los principios anarquistas en la mano. Aunque nos cueste, debemos ir saliendo de nuestras posiciones de comodidad, analizar los procesos sociales y entenderlos para poder incidir y aportar en la lucha social. A la vez, para salir de la marginalidad urge adoptar estrategias y acciones que sumen fuerzas y creen tejido social anticapitalista y horizontal, valorar las luchas en base a qué es lo que nos ayuda a crecer como movimiento social y políticamente, en definitiva, a empoderarnos y a inclinar la balanza de las relaciones de poder en favor de las clases explotadas. Menos altanería y más humildad, esto es lo que hace falta a ciertas personas que se declaran revolucionarias.

Comparte nuestro contenido para disputarle la hegemonía a los medios capitalistas

Tags: , , , ,


Acerca del autor

Lusbert

Anarquista social y de la rama comunista libertaria solo en cuanto a pensamiento político. Por lo demás, soy una persona normal. Aportando mi pluma como un diminuto grano de arena a que el anarquismo sea una alternativa política real y transformadora. Deconstruyendo mis privilegios de hombre. ¡Luchar, crear, poder popular!



9 Respuestas para Contra el elitismo revolucionario

  1. Estoy totalmente de acuerdo con la propuesta de fondo, aunque no sé a quiénes te refieres (porque el texto da a entender que está centrado en un grupo concreto).

    Yo dejo mi opinión personal: la peor ortodoxia, el peor dogma, es aquel que se da en los grandes grupos anarquistas. Y lo digo alto y claro sin tapujos: el anarco-sindicalismo. Pareciera que si te desvías del "poder" de la masa organizada eres unx paria. La organización se vuelve la meta en sí. La huelga y la manifestación las dos herramientas a usar (y algún que otro piquete de vez en cuando). Si haces algo fuera de esto o bien eres unx reformista, o bien unx descerebradx violentx.

    Como en los últimos años no he estado en contacto directo con la CNT en el Estado español, de ella no opino. Pero sí que me posiciono con otros grandes anarco-sindicatos como la SolFed y la IWW (ambos grupos claros ejemplos de cómo el colectivo, si mal llevado, puede oprimir la voluntad individual de forma desastrosa).

    • Lusbert Lusbert says:

      Permíteme que cuestione tu opinión. No creo que sea cosa del tamaño de los grupos anarquistas, pues aquí en el Estado español hay grupos pequeños de afinidad que parecen chiringuitos y no participan en nada que no concuerde con sus corpus ideológicos. No señalaré cuáles, pero tengo cierto conocimiento de ello, así como de su existencia breve... Unos tendrán la meta en la organización por la organización, así como otros se ven dados únicamente al espontaneísmo, a hacer acciones individuales rechazando cualquier forma de organización formal como metas.

      Yo tengo claro que la organización ha de ser un medio que permita la acumulación de experiencias y fuerzas en la lucha para no comenzar de 0 pasados un conflicto importante. Aquí la CNT tira en general como más independiente, mientras que la CGT participa en más ámbitos de lucha, sin olvidar la laboral, claro. No sé tú, pero la huelga es una de nuestras mejores armas para la lucha de clases y a lo largo de la historia se ha demostrado su efectividad si se ha llevado a cabo de manera organizada, así como las manifestaciones masivas. No creo que fuese folclore, es algo que ha demostrado ser eficaz y por ello se sigue utilizando. Obviamente, no es la única, pues existe el sabotaje y el boicot. Sin embargo, con los atentados y las bombas provenientes de acciones individuales, no demostraron efectividad real si hablamos de favorecer la acumulación de fuerzas y la acentuación de la lucha de clases.

      • Sí, no te falta razón al escribir que ciertos grupos de afinidad tienen lo suyo... Pero creo que si hablamos de "imponer biblias anárquicas" los anarco-sindicatos se llevan la palma.

        Sobre las huelgas... es todo un mundo de debate (incluso he visto por ahí varios estudios históricos sobre ellas y su efectividad). Es una herramienta muy útil y que yo, personalmente, no rechazo. Pero tampoco creo que sea La Herramienta (con H mayúscula) como dicen lxs de SolFed en el Reino Unido. Si nos pusiéramos a contar el número de huelgas y si enumerásemos sus logros, veríamos que el fin más recurrente es reformista (para muchxs de nosotrxs esto es un problema serio pues lo que reforma tiende a reproducir el sistema que peleamos). Pero como ya se dijo, esto es harina de otro costal.

        • Lusbert Lusbert says:

          Es evidente, es otra herramienta más como lo es el boicot y el sabotaje como señalé arriba... Discrepo en parte con el tema del reformismo. No es lo mismo una reforma concedida desde arriba que una conquistada desde abajo, y si repasamos la historia, tenemos el ejemplo de la CNT de principios del siglo XX, en el cual, a base de ganar victorias reformistas, pero a la vez creando una orientación política y cultural libertaria, pudieron realizar la revolución social. Las reformas conquistadas desde abajo tienen un punto a favor y es que empoderan, pues una victoria o una conquista hecha a base de luchar desde las calles, los tajos etc, motiva, dan fuerzas y experiencias y hace que la gente que sufre las mismas opresiones vean que sí se puede, demostrando que realmente tenemos el poder cuando nos organizamos y luchamos. El gran "pero" de estas conquistas es que, sin una clara orientación política-ideológica, corre el riesgo de ser absorbida por el sistema, en esto estoy de acuerdo, por ello, es necesario que, a la vez que luchamos en el terreno inmediato, ir forjando a los movimientos sociales una orientación política que impida la recuperación por el sistema y los oportunistas de nuestros movimientos.

          • janusz says:

            Lusbert, tal y como muchos economistas radicales vienen constatando, por el contexto actual de internacionalización de la economía de mercado ya no es posible volver al estado de bienestar de los años posteriores a los años treinta según aquellas famosas tesis keynesianas de inversión pública y creación de demanda agregada, que es justamente ahora la política caduca que reclaman partidos como Izquierda Unida, Podemos y demás movimientos sociales reformistas que tú apoyas. Te invito a leer el análisis que hace al respecto Takis Fotopoulos en el Capítulo 6 (Causas de la decadencia de la socialdemocracia) de su obra de 2005.

            http://www.democraciainclusiva.org/txt/CMyDI.pdf

            Tienes otro análisis en la misma dirección realizado por el economista Alberto Garzón, titulado significativamente "Requiem por la socialdemocracia":

            http://blogs.publico.es/economia-para-pobres/2012/11/09/requiem-por-la-socialdemocracia/

            Por otro lado tú recalcas mucho la contradicción capital-trabajo olvidándote siempre de la contradicción capital-planeta. Una lucha que no tenga en cuenta la defensa del territorio o que no cuestione profundamente la naturaleza del trabajo, no puede ser considerada una verdadera lucha contra el verdadero corazón del capitalismo.

            Creo sinceramente que la corriente obrerista del anarquismo se está autoengañando.

  2. janusz says:

    Me parece un tanto contradictorio que acuses a los anarquistas (sean obreros o no) de "dictarte" cómo hay que luchar al mismo tiempo que tú "sugieres", justo en este texto, cuál es la más efectiva forma de lucha. Es decir: quienes no piensan como tú son "élites que dictan", mientras que aquellos que comparten tu punto de vista son, digamos, la "base autorizada que propone".

    Sin querer entrar de lleno en el debate de fondo, no puedo evitar decir que yerras un poco en el tono y enfoque de tu discurso.

    Como colofón final terminas exigiendo "menos altanería y más humildad", y añades que "esto es lo que hace falta a ciertas personas que se declaran revolucionarias". Yo me pregunto si es posible concebir el anarquismo de un modo que no sea desde una posición estrictamente revolucionaria. ¿Es que tú no te declaras revolucionario, Lusbert?

  3. Pffff says:

    Si lanzas la crítica, qué menos que argumentar con hechos y ejemplos y dar nombres de esos colectivos ''inmovilistas, ortodoxos, sectarios, talibanes, trogloditas y todo lo malo que se pueda decir de ellos''.

    En unos años, usté, el profeta, seguro que acabará en Podemos.

    • Lusbert Lusbert says:

      Hechos hay, y prefiero no dar nombres para no sacar marrones innecesarios. Que cada cual se lo replantee. Oye, viva los ad hominem, chaval. Cuando sepas debatir los argumentos, hablamos. Que por cierto, no solo va por ti, sino por toda esa peña que se mete aquí para atacar al autor o la autora y no a sus argumentos 😉

Ir arriba ↑