Opinión

Published on febrero 2nd, 2013 | by Nemo

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De sobres, villanos y dimisiones

Día 31 de Enero, saltan las alarmas, las redes sociales estallan, las sedes del Partido Popular se llenan de gente. ¿El motivo? El periódico neoliberal El País ha publicado las cuentas del extesorero del PP Luís Bárcenas, en las que están implicadas varias grandes empresas y ministros del actual gobierno, entre ellos, el propio presidente.

¡El gobierno es corrupto! Gritan algunos. ¡Queremos elecciones anticipadas! Gritan otros. Un par de días de agitación espontánea, vuelta a casa, la prensa ha logrado su objetivo, el gobierno ha sobrevivido al incidente y mientras tanto se ha ido moldeando la opinión pública.

A nosotros, los radicales, nos gusta buscar la raíz de los problemas sociales cuando los analizamos. Si bien la prensa burguesa se esfuerza en mostrar la realidad como un conjunto de acontecimientos que se suceden sin relación alguna, nosotros sabemos que la realidad es un conjunto de relaciones y que solo descubriendo esas relaciones puede conocerse la realidad. Este mismo principio, aplicable a todas las ciencias, es aplicable al conocimiento de la sociedad.

Hagamos pues un breve repaso de nuestra realidad social.
España es un país capitalista. Esta afirmación, que puede no tener nada de novedosa, implica una serie de premisas. Supone, para empezar, que en España existe una clase dominante y que esa clase dominante lo es porque posee el capital. Que exista un estrecho contacto entre empresas como Mercadona o Copasa y cualquier partido del gobierno no debería extrañarnos. Si estos empresarios subvencionan a los partidos es, ciertamente, porque tienen intereses sobre la actividad de esos partidos, es decir, sobre el gobierno. No estaba equivocado Marx cuando afirmaba que el Estado no es otra cosa que el órgano de gestión de los asuntos de la burguesía.
Así, tampoco nos debería extrañar que, una vez los políticos han cumplido su función como gestores de la sociedad al servicio de los intereses de los principales capitalistas esos mismos políticos pasen a ocupar importantes cargos en empresas (Casos como el de Felipe González, Aznar, Acebes o Esperanza Aguirre son de sobra conocidos).

Aparte de ser un país capitalista, España se tiene por democracia. Esto significa que, yendo a la acepción burguesa de democracia y hablando siempre en términos teóricos, todo lo que hacen los gobernantes lo hacen bajo consentimiento de los gobernados. Por tanto, si el gobierno está, cara a la galería, al servicio de los gobernados, recibir financiación privada se prohibe o al menos se restringe, considerándose que el político que viola esta norma es corrupto. Ocurre, sin embargo, que para que el sistema capitalista pueda funcionar correctamente (es decir, se mantenga al servicio de los intereses de la burguesía), debe existir esa relación estrecha entre capitalistas y gobierno. Así, el sistema tolerará que exista un mínimo de corrupción, necesaria para su funcionamiento. Por supuesto, estas relaciones intentarán ocultarse por todos los medios. ¿O no?

Otro rasgo de nuestro país, común a todos los países capitalistas, es que existe una prensa que se hace llamar libre. En el siglo pasado esta prensa libre permitía que todo partido o asociación política o sindical pudiera difundir su visión de la realidad a través de sus medios. Sin embargo esa prensa «política» ha desaparecido (con permiso de la inestimable labor de compañeros que llevan periódicos obreros) para dar lugar a una prensa «neutral» en manos de empresas. No hay que hacer un gran análisis para darse cuenta que ninguno de los medios de masas son neutrales (es más, la neutralidad no existe) y que todos sirven a unos intereses determinados.
¿A qué intereses? Muchas veces oímos «tal periódico es del PP, del PSOE o de CiU». ¿Es esto cierto? No. Como ya hemos visto, la prensa actual está en manos de empresas, empresas que por otro lado no son en absoluto pequeñas. La prensa no es, por tanto, libre, pues el capital necesario para montar un medio capaz de llegar a una mayoría social no está a disposición de cualquiera. Los capitalistas que poseen estas empresas, como todos los demás, tienen intereses sobre el gobierno de la sociedad. Así, beneficiarán a uno u otro partido según apoye o no sus intereses. No es raro, tan solo por poner un ejemplo, que La Vanguardia beneficie a CiU, siendo un partido que busca el beneficio de la burguesía catalana, la misma burguesía que posee el partido.

Entonces nos encontramos con un diario: El Mundo, que siempre ha seguido una línea centro-derechista muy afín al PP, dando fuelle a la cuestión de un tesorero corrupto del propio Partido Popular. ¿Tiran piedras contra su propio tejado? No, para nada.
La caja de Pandora la termina por abrir El País, desvelando que varios miembros del actual gobierno están metidos hasta el cuello en el caso Bárcenas.
¿Por qué? ¿Para qué?

Si acudimos a las encuestas de intención de voto vemos que el PP ha perdido nada menos que un 15% desde las elecciones y que el PSOE no remonta habiendo perdido un 5%. Advierto que estas encuestas, por estar realizadas por la misma prensa que mencionaba antes, no son del todo de fiar y que probablemente la realidad sea aún menos amable para los dos partidos. Mientras tanto, la izquierda reformista de IU y el populismo de UPyD van ganando terreno. Pero no solo eso, los que llevamos a cabo una militancia en la calle estamos viendo como se está llevando, desde hace unos pocos años, un proceso de creación de estructuras populares de organización y un crecimiento de las posturas anticapitalistas entre la población, es aquí donde se está fraguando la alternativa capaz de desestabilizar el sistema capitalista.
Entonces, si la situación es esta, ¿por qué la prensa del propio gobierno ataca al gobierno? Ya sabemos que los dos principales partidos del régimen están viviendo un proceso de pérdida de apoyo similar al que vivió el PASOK y está viviendo ND en Grecia y que ese proceso, debido a las medidas de recortes sociales que impone la burguesía europea a través del BCE, es inevitable.
Siendo que este proceso es inevitable y que paralelo a él se está levantando una alternativa anticapitalista. ¿Por qué no acelerar el proceso, a fin de que la opinión pública sea jaleada para ser favorable a la celebración de unas elecciones anticipadas antes de que la alternativa anticapitalista cobre fuerza?
¿Qué podría salir de unas elecciones anticipadas que se convocasen a corto plazo? Teniendo en cuenta que, a pesar de todo, el PP sigue siendo el principal partido, nos encontraríamos con una nueva victoria del Partido Popular que revalidaría su legitimidad. Así, Cayo Lara pica el anzuelo de la prensa al pedir la inmediata celebración de unas elecciones.
Sin embargo, el Partido Popular, debilitado, lo tendría aún más difícl que ahora para gobernar. Tanto que puede que incluso necesitase gobernar en coalición. Ahí es donde entra en juego el PSOE. Rubalcaba lleva, desde que perdió las elecciones, con un discurso a favor de «el diálogo» y, en definitiva, favorable al pactismo con el PP. No sería de extrañar pues que fuera muy favorable a la formación de un gobierno de concentración como el que ya existe en Grecia.
Esto que digo, que puede sonar conspiranoico en un principio, viene avalado por la propia prensa. Desde hace ya un tiempo los grandes medios están encaminando la opinión pública para tornarla a favor de esa solución. Ya no es extraño oir, en las típicas conversaciones de bar, cosas como «lo que tienen que hacer es resolver sus diferencias», «tienen que dejarse de partidismos y sacarnos de la crisis». Uno solo tiene que poner en el buscador de internet las palabras «gobierno de concentración» para encontrarse con multitud de artículos en la prensa o de encuestas en la que esta opción gana por goleada.
Algo así ya se ha dado en Cataluña, donde el gobierno de CiU (favorable a los intereses de la burguesía catalana y, de paso, española y europea) gobierna con el beneplácito de ERC.

En resumen, estos escándalos de corrupción van dirigidos hacia la formación de una opinión pública que respalde, ante el descalabro de los dos grandes partidos, un gobierno de concentración (o alguna solución similar) capaz de seguir gobernando según los intereses de la burguesía española y europea en unos momentos en los que el crecimiento de una alternativa anticapitalista pudiera surgir como respuesta a un neoliberalismo que está atacando las condiciones de vida de la clase trabajadora (para aumentar el índice de explotación hasta los niveles deseados), mientras la azuza con el desempleo, la represión y escándalos mediáticos.

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Comunista libertario, porque construir socialismo desde abajo es el proyecto de nuestro siglo. Esclavo asalariado en un centro de llamadas.



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