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Published on octubre 30th, 2013 | by Colaboraciones

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Dosis de realidad

He estado pensando largo y tendido durante los últimos días sobre la verdadera condición social en cuanto a conciencia política. Hemos teorizado mucho, debatido y dialogado, pero hemos practicado poco o no lo suficiente.

Ya no estamos en aquellos tiempos donde los individuos eran receptivos  a las ideas libertarias y revolucionarias. Hoy en día, desgraciadamente, no es así. Vivimos en plena apariencia, en la más completa y absoluta ilusión de la realidad. El desarrollo gigantesco de la técnica informática y de los medios de comunicación, lejos de ser usados para el bien, están siendo usados de forma sistemática para crear métodos de condicionamiento humano ante los cuales palidecería el mismo 1984, de Orwell.

Una de la lecciones más tristes de la historia es esta: si se está sometido a un engaño demasiado tiempo, se tiende a rechazar cualquier prueba de que es un engaño. Encontrar la verdad deja de interesarnos; el engaño nos ha engullido. Simplemente, es demasiado doloroso reconocer, incluso ante nosotros mismos, que hemos caído en el engaño.

¿Y si nosotros mismos, los que todo lo cuestionamos, hemos caído en una ilusión, en un engaño?

El pasado veinticuatro de Octubre se produjo una huelga estudiantil con su consiguiente manifestación. Yo acudí, pero por primera vez no me dejé la voz. Fui únicamente a observar, y durante los próximos días a la manifestación he observado también con detenimiento a mis compañeros, y las conclusiones que he sacado a priori no hacen sino confirmar mi primera hipótesis. ¿Y cuál era mi hipótesis? Que salir a manifestarse un solo día no sirve absolutamente para nada positivo, sino que más bien tiene efectos negativos.

Muchos coincidirán conmigo en que con un solo día, o con pocos días, nada se consigue. Pero entonces me vienen con el falaz argumento de que mejor hacer algo que no hacer nada. Desde un punto de vista político, se puede decir que has hecho algo si has logrado cambiar algo. Por el contrario, si con cierta intervención no has logrado cambiar nada (y como ya había dicho, con un día o pocos días efectivamente nada se consigue)  se puede inferir que no has hecho nada. O si se ha hecho algo, ha sido tan poco, tan ínfimo, que es despreciable y que tiende a cero.

Por lo tanto, nada se logra y nada se hace; ése fue el gran éxito de la pasada manifestación y de prácticamente todas las que se han hecho en los últimos años. No tiene ninguna consecuencia positiva.

Ahora bien, he encontrado varios efectos negativos de estas manifestaciones tan cogidas por los pelos. La primera consecuencia, y la más fácil de entender, es que sirve para perder el tiempo. El tiempo usado para preparar una huelga y una manifestación de un día podría ser usado perfectamente en otras actividades que realmente creasen conciencia, de forma mucho más dinámica. Acudir a manifestaciones de un solo día no crea conciencia porque los que asisten y participan ya cuentan con conciencia social; en mayor o menor medida, pero tener tienen. La segunda razón de su nocividad es que estas manifestaciones actúan como una válvula de escape. En efecto, los manifestantes tienen que liberar por algún sitio su rabia acumulada durante el vivir cotidiano; así que se reúnen, gritan y maldicen a quienes les condenan a la pobreza, pero su acción carece por completo de fuerza para llevar a cabo un cambio real y significativo. ¿Qué ocurre, pues? Que una vez liberada su rabia, se quedan tranquilos y relajados, y hasta dentro de unos meses, mientras la rabia vuelva a acumularse, los gobernantes nada tienen ni tendrán que temer. Por lo tanto, tiene un efecto inhibidor y anestésico.

Y la tercera consecuencia es, a mi parecer, la peor. Una vez que el enfado ha sido disipado, después de que la rabieta del día haya pasado, los manifestantes, incluso los más revolucionarios y subversivos, creen que han hecho un gran trabajo. Yo mismo fui testigo de ello en la pasada manifestación; es lo que observé. Salieron todos de allí triunfantes, sonrientes, y sobre todo, tranquilos. Piensan, incluso llegan a convencerse, que han logrado algo para con las condiciones actuales, cuando realmente los gobernantes se han reído de nosotros. La tercera y nefasta razón por la cual es una inutilidad salir a la calle un solo día es porque tiene como efecto la autocomplacencia. Necesitan, es una necesidad imperante, necesitan hacer acciones consecuentes con sus propios pensamientos, de manera que se complacen al hacer algo, aunque ése algo sea más bien nada. Hemos caído en un engaño; nos hace falta una dosis de realidad.

Ahora es cuando viene la inevitable pregunta: ¿cómo hemos caído en este engaño? Una sola explicación se me ocurre. Nosotros, los libertarios, tenemos tan claras las ideas, lo vemos todo tan explicable, hemos teorizado y pensado tanto, que creemos que los demás tienen nuestra misma percepción de la realidad. ¡Craso error! Tal y como dije al principio del artículo, vivimos en pleno engaño, en la apariencia más real (sin contradicción)

No voy a hablar sobre qué hacer y cómo hacerlo; mucho se ha pensado y hablado sobre ello y no es el fin de esta reflexión hacer un debate para ver qué alternativa o propuesta podría ser más útil. Está claro que una huelga indefinida y bien organizada sí que sirve para lograr cambios reales (no tienen por qué ser significativos) aunque muchos de estos cambios sean pequeñas cesiones; pequeñas cesiones que hacen vigorizar el movimiento obrero y que pueden culminar con una verdadera expropiación. Pero para hacer una huelga de este tipo se necesita una conciencia política y social que, por ahora, está fuera de nuestro alcance.

Que no se me malinterprete, sé que este escrito puede ofender a muchos, pero es mi opinión y ahí he dado mis argumentos. En ningún momento he sido derrotista; no he dicho, ni nunca lo diré, que debemos dejar de luchar. Pero debemos de ser realistas, no nos beneficia en nada el crear falsas expectativas porque lo único que se consigue es desgastar, tanto a los que predican como a los que escuchan. Los medios de comunicación también pueden ser usados en provecho de nuestro fin. ¿No sería mejor concienciar desde la base a todos siendo conscientes de cómo perciben ellos la realidad (o la apariencia, vaya) y no malgastar esa rabia en actos espontáneos que no llevan a ninguna parte? ¿No sería lo suyo dejar madurar la conciencia adquirida y hacerla estallar cuando realmente tengamos una base física que pueda lograr un cambio real?

De los errores se aprende; el problema es detectar el error, sobre todo si éste es consecuencia de un engaño. La autocrítica también es necesaria, nos guste o no. No debemos de estar tropezándonos siempre con la misma piedra. Finalmente, aclarar que este artículo nada tiene que ver con la pureza ideológica, la cual explica tan bien nuestro compañero Lusbert aquí. Lo que he dicho aquí creo que puede aplicarse no solamente para el ámbito libertario, sino que puede extenderse a otros movimientos que no sean puramente anarquistas.

¡Un saludo!

Radix

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7 Responses to Dosis de realidad

  1. Lusbert says:

    En cierto modo, es algo lamentable las protestas de un solo día y es obvio que con una sola manifestación no se conseguiría algún cambio. De hecho, las movilizaciones impulsadas por los sindicatos amarillos tienen más intención de hacerse la foto para el periódico y canalizar el descontento de la gente que de buscar algún cambio que realmente favorezca a la clase trabajadora.

    No obstante, debemos tener en cuenta que las protestas tienen como objetivo visibilizar nuestras reivindicaciones, y discrepancias y ejercer, de alguna manera, una presión sobre las ofensivas de la clase dominante. Pienso que el error está en sobrevalorar una simple manifestación y que en ella nos da para desahogarnos y volver a casa con la conciencia tranquila. Pues no, es un medio por el cual, como clase explotada, expresamos públicamente nuestros intereses, teniendo que haber un trasfondo mayor que puede ser desde el trabajo en el marco teórico como en el práctico, como puede ser la organización popular, ocupación de inmuebles, creación de vínculos sociales, etc...

    Una manifestación de un día servirá de poco o nada, pero eso no quiere decir que sea mejor quedarse en casa. En realidad sí sirve de algo si tratamos más el trasfondo que la propia acción, y ésto lo he señalado en el caso de las protestas violentas en el cual se mide el nivel de radicalidad por la rabia desatada. Error gravísimo. En este caso, una manifestación debe servir para que demostremos nuestra capacidad de movilización fruto del trabajo de base realizado, sea en los tajos, en las aulas, en el tema de la vivienda, en la defensa de las tierras, etc..., no para colgarnos la medalla y pensar que se ha hecho algo. Eso mismo pasa con las huelgas. Hoy por hoy, no tenemos la capacidad material para llevar a cabo una huelga general e indefinida y se ha de crear y construir a partir de lo poco que tenemos. En definitiva, crear poder popular y por eso las movilizaciones y las acciones en general han de tener continuidad, que sean medios y tácticas y no fines como algunos pensarán.

    Las acciones pequeñas nos deben impulsar a realizar acciones mayores y servir para acumular experiencias y fuerzas en la lucha social. He aquí la necesidad de la organización popular y anarquista, que sirvan como herramienta efectiva para la lucha, pues las acciones esporádicas poco van a servir salvo como válvula de escape como bien dices.

    El problema no son las manis y huelgas de un día, es la falta de continuidad y en estos momentos urge que nos planteemos superar las acciones esporádicas y no vamos a llegar a ninguna parte quejándonos de "los paseítos con pancartas" desde la comodidad de la habitación.

    • Radix says:

      Estoy de acuerdo contigo en cuanto a la experiencia y al trabajo que hay detrás de una manifestación, y que todo en conjunto debería, a la larga, impulsar el movimiento revolucionario y la creación de conciencia social. Esa es la teoría, pero no se está haciendo así. ¿No sería mejor que se dejase más tiempo entre acción y acción para poder adquirir una mayor experiencia y para que el trabajo que hay detrás madurase un poco más?

      Dejar que todo se acumule por más tiempo; la experiencia, el trabajo, y la rabia ineludible contra los poderes establecidos. Entonces sí que impulsaría y sí se conseguirían cambios reales, y aunque en esos casos fuese de un solo día, podría cambiar muchas cosas.

      Pero desgraciadamente hoy no ocurre así. Ni se recurre a la experiencia ni se trabaja durante suficiente tiempo para tener una base, aunque sea mínima, que nos pueda hacer ver resultados reales, y por consiguiente la rabia se desperdicia inútilmente. De manera que cada vez a las manifestaciones acude menos gente, y no me extraña. Muchos se arriesgan incluso a ser despedidos por no acudir un día al trabajo, y luego de correr el riesgo ven que ésa acción no ha tenido repercusión alguna.

      O muchos otros, yo me he topado con varios que me lo han dicho, dicen que no van a "molestarse" en faltar tal día a clase porque con esos medios (medios bienintencionados y que de aplicarse correctamente tendrían efectos muy positivos, pero ahora están inmaduros y a medio hacer) y tan cogidos por los pelos nada se consigue. Y yo no puedo responderles nada porque llevan razón.

      Es, en efecto, lo que tú dices; la falta de continuidad. ¿Pero esta falta de continuidad es causa, o quizás consecuencia de los inocuos resultados de las manifestaciones? ¿No será que no son constantes porque han acabado quemándose y desgastándose de tanta manifestación con nulos resultados? Causa no creo que sea; motivación hay de sobra. Tiene que ser consecuencia de la mala aplicación del medio manifestante, con lo que volvemos de nuevo a lo dicho anteriormente.

      Con lo de los sindicatos amarillos estoy totalmente de acuerdo.

      ¡Un saludo!

    • Personalmente pienso que este tipo de manifestaciones son, a día de hoy, un resultado enfermo de toda la deriva social por la que nos hace pasar el capitalismo. Ya no es cuestión de reflejar nuestro descontento (como dice Lus), o de conseguir algo realmente sustancial. Tampoco es ya cuestión de cuántos días dure una huelga, o cuántas manifestaciones se organicen en una semana. El problema es la ritualización de la protesta.

      La manifestación y la protesta cívica se han convertido en un ritual más, institucionalizado, y adoptado en el imaginario social como una forma de expresión sin repercusión alguna. Nos hemos estancado en la idea de que salir a la calle con pancartas es un derecho a ejercer cuando las cosas no van mal. Este estancamiento, a mi parecer, no nos permite avanzar, puesto que las ideas prefijadas permanecen en las asambleas y organizaciones convocantes. De ahí que los black blocs no sean bien recibidos en muchos contextos, porque precisamente estas personas rompen con la realidad institucionalizada de una manifestación.

      Ir a una manifestación implica tener unas expectativas en mente (como toda dinámica social). De las manifestaciones esperamos ciertas cosas, y cuanto más arraigada esté una idea específica, más nos costará romper con la realidad social que queremos cambiar.

      Aunque también es cierto que las protestas en la calle son un contexto excelente para empezar a construir redes de solidaridad, pues la gente entra en contacto con otras personas que tienen ideas y problemas similares. Pero una vez más: el problema llega cuando vamos a la mani como si fuéramos al partido de fútbol...

  2. Sobredosis de desconocimiento says:

    "Y la tercera consecuencia es, a mi parecer, la peor. Una vez que el enfado ha sido disipado, después de que la rabieta del día haya pasado, los manifestantes, incluso los más revolucionarios y subversivos, creen que han hecho un gran trabajo."

    Exactamente lo mismo que tú escribiendo este texto, quizás.O acaso no ha sido tu enfado con esta situación lo que te ha hecho escribirlo?.

    No se hasta qué punto has participado en las asambleas mediante las cuales se han ido organizando estas manifestaciones estudiantiles (aunque parece que poco, puesto que si lo hubieras hecho sabrías que esa satisfacción tiene sobrados motivos), pero no entiendo como desde la postura de observador se puede opinar acerca de los ritmos y las estrategias ajenas con tanta claridad.

    Entiendo que no pretendes ser derrotista y que tan solo das tu opinión. No obstante, te recomiendo que la próxima mani (si es que vas) preguntes a esxs ingenuxs y pseudorevolucionarixs el motivo de sus sonrisas. Estoy seguro de que algunx te hará cambiar de opinión.

    • Radix says:

      Créeme, he participado en asambleas, manifestaciones, huelgas, piquetes, y un largo etc. He organizado también bastantes manifestaciones con el Ateneo en el cual milito, junto con mis compañeros, y tras mucho trabajo he visto y han visto cómo no ha servido absolutamente para nada.

      ¿Sonrisas y satisfacción justificadas? La verdad es que yo no veo el por qué. Sé realista y mira la situación actual. No hace falta entrar en grandes movimientos como el 15M y demás, basta con fijarse en plataformas anarquistas; las peleas entre CGT y CNT, por ejemplo, con su completa desorganización, su aparente incompatibilidad, nos hacen parecer, o ser, ya no lo sé, niños peleando y enfadándose por una rabieta injustificada.

      Si somos incapaces de entendernos entre nosotros mismos, imagínate con el resto de organizaciones sociales que no sean anarquistas. Y con tantas escisiones, con tanto trabajo perdido, con tantas manifestaciones hechas en vano a causa de nuestro infantilismo político, ¿dónde cabe la satisfacción y las sonrisas?

      ¡Con la situación actual, y tras tanto tiempo en dicha situación, deberían de existir organizaciones lo suficientemente fuertes y bien organizadas como para poder hacer frente y causar verdaderos problemas a los poderes establecidos! ¡Y ocurre todo lo contrario! Seguimos como antes; con las mismas disputas inútiles que, de seguro, nos llevará a un estado de consunción.

      Por cierto, en este artículo no trato el cómo se organizan las manifestaciones y las huelgas, sino el cuándo se organizan y cuál es su supuesta fuerza. Trato de vislumbrar si verdaderamente con la estrategia actual se logran cambios reales, nada más. Y creo que estarás de acuerdo conmigo en que ni se ha creado tejido social ni se ha logrado cambiar nada; seguimos tropezando en todos los aspectos con la misma piedra.

      Finalmente, decirte que he hablado con muchos, muchos que no estaban de acuerdo con mi opinión, y tras debatir largo y tendido con algunos de ellos no me han hecho cambiar ni un ápice de opinión. Es más, muchos me han dado a mí la razón. Yo escribo y hablo sobre hechos, no solamente sobre opiniones; las disputas inútiles siguen, apenas se crea ningún tipo de tejido social y no se logra cambiar nada. Es siempre el mismo procedimiento.

      La autocrítica, en nuestros días, es más que necesaria, porque es evidente que algo, sea lo que sea, se está haciendo mal. Y por favor, déjate de juzgarme sin conocerme, no vayamos con esos prejuicios. ¿Qué sabrás tú si milito, si organizo o si asisto a manifestaciones y a asambleas? Si esos son tus supuestos argumentos, mejor te los ahorras.

      ¡Un saludo!

      • Sobredosis de desconocimiento says:

        Estoy de acuerdo con la necesidad de autocrítica, y en eso estamos, pero no todas las críticas son coherentes ni razonables.

        No entiendo que relación tiene el tema de la supuesta inutilidad de las manifestaciones con todo de lo que hablas en tu réplica (sindicalismo, 15M).. Ni por qué con la situación actual debería existir esto o aquello, ni toda una serie de opiniones tuyas sobre como "deberia ser" todo. La "dosis de realismo" de la que hablas no puede inyectarse desde las especulaciones de nadie. Es algo contradictorio. El realismo viene precisamente de aportar críticas desde la realidad, no desde nuestros deseos. Paciencia.

        Yo simplemente defiendo la utilidad y potencialidad de las manifestaciones, por motivos a mi juicio demasiado evidentes como para enumerarlos, y no creo que las soluciones a implementar en la lucha social pasen por su reducción.

        Siento haberte prejuzgado, de verdad, es que me ha dado esa sensación. Y también siento que no hayas visto buenos resultados, de verdad nosotros lo vemos y lo intentamos (yo por lo menos).

        ¡Dos saludos!

        • Radix says:

          Una cosa es cómo creo que debería de ser, y otra muy diferente cómo es. La "dosis de realidad", naturalmente, hace referencia a cómo estamos hoy y ahora, no por cómo debería ser. Creo que es obvio, sinos, como bien dices, sería contradictorio.

          Cuando dices: "Yo simplemente defiendo la utilidad y potencialidad de las manifestaciones..." Yo simplemente intento, de forma sincera, ver si esa "potencialidad" existe y si sirve para algo, o si sería mejor cambiar de estrategia organizativa, nada más. ¡Nos leemos!

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