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Published on enero 29th, 2013 | by La Colectividad

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El anarquismo no es utópico (I)

Con este atractivo título empieza Daniel Guérin la sección segunda (En Busca de Una Nueva Sociedad) de su libro «Anarquismo» (1970). El argumento es claro y conciso: el anarquismo no es una corriente de pensamiento utópico, por mucho que el statu quo se empeñe en hacernos creer. Nos bombardean a diario, desde la derecha mediática, con que el capitalismo es lo que hay y que es la única—por ser la mejor—manera de organizar la vida de los seres humanos. Toda alternativa al capitalismo se concibe como algo insensato, idealista, o utópico. Incluso sectores de la «izquierda» tildan de «imaginaria» la propuesta anarquista, por no creer que se puede organizar una sociedad humana sin Estado y centralización.

A pesar de todo, Guérin expone con exquisita maestría que el anarquismo de utópico tiene más bien poco, precisamente porque el anarquismo es altamente constructivo. ¿Pero qué tiene que ver esto con ser o no ser utópico? Aquí es donde entran otros autores como Proudhon o Kropotkin, quienes afirmaron que una de las características «naturales» de la persona es el deseo de ser libre—en otras palabras, de ser independiente, autónoma. Así pues, la sociedad que defiende el anarquismo no es ninguna sociedad futura por conseguir, no es ninguna utopía, es simple y llanamente la cristalización de esos sentimientos humanos que ya fueron puestos en práctica en el pasado [1]. De esta manera, al ser el anarquismo una corriente constructiva es cuestión de tiempo—pero con mucho esfuerzo, pues no son pocos los obstáculos que tenemos—que el ser humano alcance su meta más anhelada: la libertad [2].

Proudhon ya escribió con gran acierto que «lo que la humanidad busca en la religión y llama ‘Dios’ no es otra cosa que la humanidad misma. Lo que la ciudadanía busca en el gobiernos . . . no es otra cosa que ella misma; su libertad» (en Guérin, 1970:41) [traducción propia]. Otros filósofos del siglo XX llegaron a conclusiones similares—un ejemplo claro es Nietzsche. En cualquier caso, en los grupos humanos existe un deseo innato de libertad y autonomía que parte primero del propio individuo, y segundo se colectiviza en muestra de solidaridad con sus semejantes—y no meramente por una cuestión de utilidad egoísta al saber que sin otras personas no podría sobrevivir.

De este modo, la anarquía ya se «vive» de alguna manera en ciertos contextos sociales donde es más sencillo escapar de la garra de la autoridad. Estos contextos pueden ser los grupos de afinidad y de pares, en la familia, o en las pequeñas comunidades. El reto que tenemos por delante les anarquistas es llevar esas prácticas diarias al nivel de la sociedad, y para ello muchas cosas requieren de cambios profundos.

Ya hemos dicho que el anarquismo es altamente constructivo, lo que implica que les anarquistas no somos esas criaturas caóticas y desorganizadas que tanto se empeñan algunes en hacernos creer. El anarquismo apuesta por la organización de la vida social, política, y económica en base a criterios muy distintos de los que actualmente imperan. Proudhon, una vez más, fue el primero en afirmar que el anarquismo no es desorden, sino orden: el orden «natural» de la sociedad, pues para él el Estado y los gobiernos que nos imponen leyes «desde arriba»  son formas «artificiales» (en ibid:42). No obstante, ríos de tinta han corrido sobre este tema: ¿cómo deben les anarquistas organizar la sociedad igualitaria?

No es nuestra intención exponer aquí todas y cada una de las propuestas que desde el anarquismo se han dado a la organización social, pero sí que se hace importante resaltar que todas ellas se construyen desde unos principios claves y básicos que caracterizan al anarquismo. Uno de ellos es la autonomía. A su vez, la autonomía es uno de los elementos que nos distinguen del marxismo: el anarquismo no cree que un Estado proletario sea capaz de organizar la sociedad de manera justa e igualitaria, pues la propia existencia de un Estado central supone la sumisión de las personas a una clase política y burocrática que dice «representar» los intereses del «pueblo» , anulando así la autonomía y la capacidad innata de toda persona a intervenir directamente en la resolución de los asuntos de la vida social [3]. La autonomía, pues, presupone descentralización y libre derecho de asociación, siendo la opción federativa la más popular entre les anarquistas.

La unidad básica de organización de la persona sería, de esta forma, el grupo de afinidad–me permito incluir aquí a la familia, aunque ésta no sea exactamente un grupo de afinidad, ni mucho menos. La pertenencia a un grupo de afinidad es absolutamente voluntaria y libre, lo que significa que cualquier individuo puede salir de él en cualquier momento considerado como conveniente. La organización de sectores más amplios se daría en forma de consejo o asambleas de trabajadores, las cuales a su vez se federarían–de forma libre, siempre–para organizar de manera más efectiva las tareas que abarquen amplios espacios geográficos [4].

Como iremos viendo más adelante, el anarquismo ha propuesto un amplio abanico de alternativas organizativas. Baste esta primera introducción a modo de «terapia de choque.» El anarquismo no es una utopía, no es algo imposible a lo que tendemos en un inútil intento de alcanzar algo lo «más parecido posible.» El anarquismo y sus anhelos de libertad se han dado a lo largo de la historia humana en multitud de puntos geográficos. Es más, el anarquismo ya se práctica en la vida cotidiana de muchas personas coetáneas. La próxima vez que os digan que les anarquistas somos «idealistas con la cabeza llena de pájaros» responded que los idealistas son elles; elles por creer que su sociedad autoritaria durará para siempre.

Notas

[1] Algo parecido expone Capi Vidal en su texto «La anarquía de cada día». A pesar de que llevamos miles de años viviendo en sociedades jerarquizadas y autoritarias, las personas hemos ido desarrollando dinámicas sociales a un nivel mucho más «micro» que reflejan precisamente lo que la anarquía busca.

[2] Una vez más, podemos ver trazas de la «sociedad anarquista» en localidades rurales del territorio peninsular, en ciertos vecindarios en núcleos urbanos, etcétera. El deseo de autonomía y libertad es inherente a cualquier ser humano, y por ello no es raro que se manifieste de múltiples formas (muchas veces subrepticiamente) en aquellos contextos más «micro» o de menor escala, donde la interacción humana es más cercana.

[3] Muchas otras son las críticas que se pueden hacer al Estado, pero éste no es el objetivo del presente texto. Para más información véase por ejemplo «El Principio del Estado» (M. Bakunin).

[4] James Guillaume tiene un texto muy inspirador sobre cómo organizar desde el anarquismo una sociedad igualitaria. Se puede leer la versión en inglés en «Ideas on Social Organization.»

Bibliografía

Guérin, D. (1970) Anarchism: From Theory to Practice, London: Monthly Review Press

(*) La versión en castellano del libro se puede leer online en este enlace.

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Ser autónomx, simplemente, bien podría significar aprender a luchar en la calle; a okupar casas vacías; a parar de currar; a amarnos lxs unxs a lxs otrxs enloquecidamente, y a expropiar.



3 Responses to El anarquismo no es utópico (I)

  1. cinicus says:

    Sobre el concepto de utopía: significa, a un tiempo, "ningún lugar" y "buen lugar" (en griego, "ou-topía" para el primero, y "eu-topía" para el segundo). Una utopía es la descripción de un lugar inexistente en el que hay un buen gobierno (un buen gobierno en comparación con los gobiernos "reales" o "realmente existentes"). Teniendo esto en cuenta, no veo nada de malo en tildar al anarquismo de utópico. Una posible definición del anarquismo sería: teoría política cuyo fin es encontrar el mejor gobierno posible y cuya tendencia es demostrar que el mejor gobierno es el autogobierno. ¿Acaso no se han escrito numerosas utopías libertarias? ¿No tituló Ricardo Mella uno de sus célebres escritos Nueva Utopía? ¿No es una utopía El humanisferio del discípulo díscolo de Proudhon Joseph Déjacque? Hace no muchos años se editó una obra en tres volúmenes con título genérico Utopías libertarias, etc., etc.
    Como contrapartida, Bentham acuñó el término "cacotopía" (mal lugar) y Stuart Mill el célebre "distopía", una suerte de utopía negativa. La más célebre y perpetuamente contemporánea es la de Orwell, 1984.

    En resumen: que el anarquismo sea utópico no es algo negativo, a no ser que queramos imitar a Marx y nos saquemos de la manga un supuesto "anarquismo científico" que ni Kropotkin con todo su cientificismo (habría que investigar la influencia de Comte en el asunto del cientificismo del XIX, porque es quien se esconde detrás de él).

    • raven says:

      Yo creo que a lo que se refiere el autor del texto, es que el anarquismo no es utopico en el sentido de que la anarquía, como situación y pensando en esta como simplemente la organización de la vida colectiva sin estado - definición propia-, ha existido a lo largo de la historia y en grupos humanos que la practican actualmente. Basta con internarse un poco en la etnografía, para encontrarse con grupos que han vivido y viven de una manera similar. Y como buenos anarquistas, contrarios al centralismo y la historia lineal, esos ejemplos no los podemos descartar.

      Saludos

      • Exacto, me refería precisamente a lo que raven escribe. Podemos vivir la anarquía hoy mismo, en nuestras relaciones sociales, en lo cotidiano, en la vida del día a día. Claro que tenemos que cambiar todas estas cosas, pero estos cambios de "corto-rango" son mucho más accesibles que la gran "revolución social" que buscamos.

        Por ejemplo: si decido con mi familia, en una reunión en la cocina, dónde nos vamos de vacaciones, y lo hacemos de manera horizontal y buscando el consenso (en vez de que el padre, como suele pasar, decide por todxs), entonces estamos viviendo un momento de "anarquía" (es una manera de hablar).

        Aunque, desde luego, todavía queda un laaaargo camino por recorrer...

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