Cultura

Publicado el 29 de agosto de 2018 por Red Antihistoria

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[Reseña] El Chapo, la serie

Arnoldo Diaz

Antes de comenzar debo advertir que mis vicios de historiador me impiden considerar que una serie o película histórica contiene spoilers. Dicho lo anterior, si no sabes nada de la historia de Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, y quieres vivir la sorpresa de tan peculiar biografía sugiero dejes de leer y te dirijas al servidor pirata más cercano para ver tan entretenida serie.

La historia del narcotráfico es muy larga, mucho más de lo que los medios quieren reconocer. Pero la narrativa que ha manejado el equipo de Netflix para dar un aire de conexión entre la serie Narcos y la serie El Chapo parten de un punto determinante de la historia reciente del narcotráfico latinoamericano: el asesinato de Enrique Camarena, agente de la DEA, a manos del entonces hegemónico cartel de Jalisco.

Este hecho se presenta como el punto de “quiebre” entre el gobierno mexicano y la organización de Miguel Ángel Félix Gallardo, el jefe de jefes, así como también lo fue para incrementar la presencia de la DEA en Colombia. La serie sobresale por ser sumamente directa, empezando por las identidades de cada uno de los personajes a quienes se les cambia el nombre pero la mayoría del elenco cumple con características físicas de algunos personajes públicos como los presidentes o algunos patrones del narco.

Tan directa es la serie que en la primera temporada no se duda en afirmar que Félix Gallardo y el gobierno de Salinas de Gortari (1988-1994) pactaron un acuerdo para repartir los territorios entre los diversos patrones, división que benefició al Chapo, adquiriendo unas plazas en la frontera norte del país donde desarrolló los túneles que lo hicieron famoso y millonario.

Quizá la primera temporada es la más lenta ya que muestran al Chapo en su camino como un nuevo patrón, más débil que sus adversarios, sin el apoyo del gobierno mexicano y en guerra con Tijuana. Dándonos unas cuantas anécdotas bastante terroríficas como la tragedia del Güero Palma y una de las muchas desventuras del general Acosta Chaparro (en la serie Gral. Blanco).

Pero cabe aclarar que en la serie Joaquín no es el único personaje central. El coprotagonista es Conrado Sol, en la vida real Genaro García Luna, aliado del Chapo en la guerra del Cartel de Sinaloa-Gobierno Federal vs Cartel del Golfo-Juárez-Zetas, que duraría la mayoría del sexenio de Felipe Calderón (2006-2012) periodo en el que dicho personaje se desempeñó como secretario de Seguridad Pública, conocida también como la guerra contra el narco.

La segunda temporada es dedicada a dicha guerra y no escatima en detalles gráficos y dramáticos. Sin duda la temporada mejor lograda y que más le llega al público mexicano. Cabe destacar el capítulo titulado “Los Otros”, dedicado a tres historias distintas: un estudiante reclutado, la búsqueda de una madre y el infierno de una familia campesina.

Sorprende no solo la fidelidad con la que se interpretan los sufrimientos de la guerra, la serie también destaca por su nivel de profundidad y la seguridad con la que lanzan datos claves de la historia reciente de México. Por poner un ejemplo de la segunda temporada, no dudan ni un segundo en asegurar que el Chapo financió la campaña de Felipe Calderón así como la de Peña Nieto, dinero que terminó en manos del sindicato de maestros quienes se encargaron de realizar un fraude electoral de abajo hacia arriba.

Finalmente la tercera temporada está llena de frustraciones. Temporada final de la serie, dedicada a Juan Carlos Olivas, que muestra a un Chapo poderoso, imparable, con negocios por todo el mundo y no es exageración, el imperio de este personaje era tan grande que el jugador principal de esta historia tiene que llegar a poner orden al juego. La DEA le da un ultimátum al Chapo y la verdadera prueba comienza.

Es digno de mencionar que más allá de una retórica de buenos contra malos, las series de narcotráfico en Netflix han sido construidas a raíz de múltiples notas periodísticas –que en más de una ocasión costó la vida de quien la creó- se han preocupado por resaltar el control de los negocios y la guerra en América Latina por parte del imperialismo gringo. La DEA, presente en “Narcos” y “El Chapo”, y la CIA, presente en “Narcos” y salpicada en “El Chapo” por los vínculos que en la vida real el general Acosta Chaparro con dicha agencia, son quienes ponen las reglas al juego y al primero que las rompa, ahora sí que como se dice por acá: se los carga la chingada.

Insisto, en la historia no hay spoilers y en todo caso la misma serie empieza por el final: la extradición de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera. La serie en tres temporadas muestra los acontecimientos más relevantes de este personaje, sus encuentros y desencuentros con Don Sol (Genaro García Luna), así como los conflictos entre jefes de los carteles más importantes de México, mostrando con un poco de claridad cómo se llegó a manejar el submundo del narcotráfico y la guerra.

Pero queda un vacío, que la misma serie se encarga de transmitir. El Chapo en USA, Genaro García apuntalado como candidato presidencial (cosa que afortunadamente es más ficción que realidad), pero la violencia no termina. La serie llega al 2017 pero la historia no acaba ahí. Un año más tarde arrestarían a Damaso “El Licenciado” López, cabecilla del Cartel de Sinaloa tras la extradición del Chapo. Y aún con todo el show que implican las detenciones, la violencia crece en México.

No saben cómo llamarle a la violencia, niegan las tendencias e ignoran a los grupos que se han estado peleando el territorio desde la salida del Chapo y de Damaso, los cuerpos se acumulan o desaparecen. Y aunque lo quieran negar, de manera organizada o no, esa violencia tiene nombre, se llama patriarcado y civilización.

Acercarse al tema de la necroeconomía y la necropolítica en México no es cosa fácil. Si bien la serie de El Chapo es bastante gráfica (aunque no gore), en la lectura de notas periodísticas de los años más agitados de la guerra podemos encontrar atrocidades que ni Netflix ni HBO se atreverían a plasmar. México es un país lastimado, pero también es un país con alternativas que pronto comenzarán a dar frutos. Esperamos ver pronto una serie de este otro México.

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Acerca del autor

La Red Antihistoria es el espacio de encuentro para historiadores con un compromiso con los movimientos revolucionarios y que conciben el hacer histórico como herramieta política. La Red la conforman compas de América Latina, aunque se concentra en el norte de México.



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