Cultura

Publicado el 4 de marzo de 2014 por La Colectividad

10

El placer de la capucha

Algo que nos enseñan a olvidar desde pequeñes es que la vida, después de todo, puede ser juego, exploración, disfrute… En definitiva, la vida puede ser placer. Y cuando se juega, en un sentido amplio del término, parece que disfrutamos mucho más esto de vivir. Para muchas personas cansadas de la aburrida monotonía del despertador a las siete de la mañana, la capucha es una forma de jugar, de explorar, y de disfrutar la libertad de vivir. Pero no nos vamos a engañar; la capucha no goza de un buen estatus hoy en día. No solamente nuestres enemigues de clase se empeñan en retransmitir a través de sus medios de comunicación imágenes tergiversadoras, sino que también algunes de les que podríamos esperar comprensión y apoyo demonizan la figura de la capucha.

Sin duda es una cuestión de cultura política. La capucha tiene un estatus más saludable en estados europeos como el de Grecia o Alemania, que en estados como los de España o el Reino Unido. En los Estados Unidos de Norteamérica encontramos regiones en las que la capucha está bastante aceptada—entiéndase el norte de California, Washington, y Oregón—, y otras regiones en las que no lo está tanto. En la región de Chile encontramos una fuerte presencia de capuchas, pero la aceptación social fluctúa—pareciera—según lo que diga le tertuliane de turno. Así que son muchas las formas de entender a la capucha, pero capucha solamente hay una. Decía antes que la capucha es una forma de disfrutar, de gozar, de explorar… en definitiva, la capucha es una forma de jugar. La capucha tiene el mágico poder de hacernos invisibles a los ojos del Estado y, a la vez, hacernos más visibles a los ojos de la historia—aquella que nosotres mismes trazamos. La capucha nos ayuda a confraternizar con aquelles que están dispuestes a romper con la monotonía del capitalismo; nos ayuda a identificarnos en el juego que es la creación de una sociedad nueva; nos ayuda a gozar de la vida porque nos permite hacer ciertas cosas que el Estado, y el capital, nos prohíben. Es más, la capucha nos ayuda a impedir que tanto Estado como capital sigan prohibiéndonos cosas.

De estas palabras sabrán les que alguna vez se hayan puesto una capucha en el hermoso goce de crear una sociedad nueva. La capucha es amigable pero también es engañosa, precisamente, por todo lo que la escuela, la televisión, y les adultes nos enseñan cuando somos pequeñes. Nos enseñan a ser mujeres y hombres que «dan la cara», que «toman responsabilidad de sus actos.» Con todo el aparato estatal impartiendo hegemonía a diestro y siniestro no es de extrañar que estas ideas también florezcan entre aquelles que, honestamente, intentan crear otra sociedad más justa y libre. «Dad la cara, cobardes» sea, tal vez, la frase más escuchada en cualquier manifestación donde las capuchas hacen su juego. Como dos amantes del mismo sexo besándose en la vía pública, las capuchas pueden producir rechazo a la gente que las rodea. Pero ambas, les amantes y las capuchas, no entienden de rechazo, pues saben que el goce y disfrute del juego que ofrece la vida valen la pena arriesgarse a unos cuantos comentarios—incluso a unas cuantas agresiones.

«Cobardes» son aquelles que tras máscaras políticas y supuestos intereses comunes se esconden tras escaños parlamentarios. «Cobardes» son aquelles que tras palabras de revolución se esconden en la conformidad de lo que dicen estar en contra. «Cobarde» no puede ser la capucha por esconder un rostro humano que, de otra forma, no podría ejercer su libertad. Demasiadas son las cámaras que nos vigilan. Demasiades son les traidores que esperan a delatar. La capucha permite gozar y esto parece molestar a aquelles que no se atreven a dejar de lado la moral hegemónica. Y en todo esto, como en casi todo, encontramos dos varas de medir: la persona blanca europea que goza de la capucha es violenta y contra-productiva para «el movimiento.» Les indígenas zapatistas, sin embargo, son de admiración y mayúscula exclamación. No entendieron les que reaccionan contra las capuchas en esto que llamamos malamente «primer mundo» que, la capucha, crea una identidad colectiva, solidaria, libertaria, y gozosa. ¿Y qué hay de malo en gozar de la vida, más aun cuando se busca la libertad?

La capucha, actualmente, es como el sexo en la moral victoriana. ¿Cuestión de tiempo para que esto cambie? No, sin duda, si las capuchas sucumben ante la apatía que las rodea. Hemos de estar tranquiles, no obstante: una vez puesta la capucha es difícil dejarla. Los seres humanos disfrutamos gozando de la libertad. Sí, la capucha nos proporciona una libertad que nos puede llevar de cabeza a cárceles, centros de internamiento, comisarias, y salas de tortura. Pero también nos hace entender que es una libertad más digna, y merecedora, que la libertad de los despertadores a las siete de la mañana, las cientos de marcas distintas de cereales en los supermercados, o las comedias de risas enlatadas en la televisión. La capucha permite, momentáneamente, escapar de todas esas prisiones que imponen a nuestro día a día.

Comparte nuestro contenido para disputarle la hegemonía a los medios capitalistas

Tags: , ,


Acerca del autor

La Colectividad

Ser autónomx, simplemente, bien podría significar aprender a luchar en la calle; a okupar casas vacías; a parar de currar; a amarnos lxs unxs a lxs otrxs enloquecidamente, y a expropiar.



10 Respuestas para El placer de la capucha

  1. Liberty Cravan Liberty Cravan says:

    Los zapatistas, para que los vieran, se taparon el rostro. Integraron el pasamontañas en su cultura política pero no por ello dejaron de dar la cara. Si su comunidad supo leerlo fue porque se trató de un gesto decidido de manera comunitaria y libremente asumido por todos.

    Hay que tener cuidado. Si queremos hacer de la capucha un símbolo político (¿Queremos?) no puede surgir de una reivindicación vanguardista, sino de una aceptación política comunitaria: Nos ocultamos para dar la cara, la situación lo exige. ¿Y si la sociedad a nuestro alrededor no lo ve igual? No me parece que podamos ocultarnos en el juego individualista y el placer del disturbio para justificarnos. No se trata tanto de argumentar quién es más cobarde como de demostrar que la capucha no es mero juego y placer, que con ella pueden obtenerse resultados, que no nos aleja de las reivindicaciones de la clase y que no nos coloca en un espacio juvenil vinculado en torno a una estética y unos símbolos autocomplacientes. Para eso, más que reivindicaciones abstractas del gesto, hacen falta realidades prácticas, demostraciones de utilidad que conecten con los sentimientos populares.

    Personalmente creo que a día de hoy hace más falta mostrarse que esconderse. El combate político es, también y fundamentalmente, un combate por la visibilidad, para no ser relegados al basurero ideológico. En eso el anarquismo tiene mucho más trabajo por delante.

    • janusz says:

      Aunque es obvio, la razón práctica del uso de la capucha ha sido claramente expresada en el texto. Pero claro, los pacifistas y reformistas no necesitan ocultarse porque esencialmente no suponen ningún peligro para el Estado. Hay que recordar por ejemplo cómo tras la protesta de "Rodea el Congreso" el actual presidente del gobierno aludió descaradamente a la minoría silenciosa que se quedaba en sus casas para continuar así justificando sin remilgos toda sus medidas. Pero además, ¿qué hacer contra los once millones de personas que daron su voto y expreso beneplácito a su política neoliberal que proyectaba llevar a cabo? El tercio de la población que vive bajo el umbral de la pobreza no puede permitirse el capricho de pedir conmiseración a los políticos que se deben a los otros dos tercios que conforman la mayoría social. Es en este sentido que la opción de la violencia se convierte en un imperativo moral para el que sufre directamente las consecuencias de un sistema que se revela profundamente tiránico. Sólo quien tiene trabajo puede permitirse el lujo de reivindicar pacíficamente sin ir a la raíz del problema derechos insignificantes como los aumentos salariales, subvenciones y defensa de los servicios públicos o estatales.

      Recomiendo la obra de Peter Gelderloos, "Cómo la no violencia protege al Estado".
      http://www.nodo50.org/albesos/uploads/textos/noviolencia.pdf

      El autor hace un repaso histórico desmitificador del pacifismo y sus supuestos logros.

  2. Liberty Cravan Liberty Cravan says:

    Aceptemos que la violencia y el uso de capuchas está justificado. ¿Salgo a la calle a pegar encapuchado al primer madero que me encuentre? ¿Qué consigo con eso, aparte de una detención inutil por un acto plenamente justificado? No basta con que un acto esté justificado para realizarlo, si de lo que se trata es de actuar como revolucionarios debemos actuar con inteligencia.

    No importa que cuatro iluminados que hemos comprendido la función de la violencia política nos armemos si no hay una base social que nos apoye, que comparta nuestro argumentario. Es algo que nos empeñamos continuamente en negar, la necesidad de que los argumentos que están claritos en nuestra cabeza sean compartidos. Entiendo que sea duro asumir que tenemos que convencer a toda esa gente a nuestro alrededor, porque supone debatir, dejarse influir, tratar de convencer... y es más sencillo juntarnos con los afines y hacer lo que nos mola.

    Ya que nombras los Rodea el Congreso ¿Qué consiguió el bloque encapuchado cargado de palos del Rodea el Congreso? Que se centrara la atención en "los pocos violentos" ¿Y el siguiente Asalta el congreso, que se convocó sin todos los apoyos por una renuncia a considerar el acto como pacífico? Pues logró que el número de participantes y de apoyos se redujera de una manera exagerada, convirtiendo esa convocatoria en un absoluto fracaso y acabando con las mismas en adelante.

    Hay que considerar, además, que las anteriores convocatorias también acabaron con enfrentamientos, a pesar de convocarse como actos pacíficos. ¿Por qué en esos casos la violencia no supuso tanto problema? El ego de algunos no les permite entender la posibilidad de hacer un uso político inteligente de la violencia, que sería: Nosotros no somos violentos, obviamente que reaccionamos contra un sistema criminal y unos aparatos que nos impiden cambiarlo, obviamente respondemos a la violencia policial del único modo posible.

    Pero no, es más molón regodearse en el disturbio, autodefinirse como defensores de la violencia y despreciar todo acto que no termine en enfrentamientos (en casi todos los casos inútiles y contraproducentes). Por encima de las luchas de masas, sin duda, es esta gente la que más preocupa al Estado.

    • janusz says:

      La realidad contradice completamente tu argumentos. El ejemplo de la lucha en Gamonal es claro al respecto. Generar un clima de violencia generalizada ejerce una presión indudable sobre los políticos, quienes, no por casualidad, siempre tratan de normalizar la situación llamando a la calma y la no violencia. Ellos saben bien que la visibilización del conflicto en los grandes medios obliga al espectador pasivo a reflexionar sobre las demandas de los que se rebelan radicalmente y la posibilidad de tentarlos a unirse a la revuelta.

      Quizás no eres consciente de ello y seas en verdad una víctima más de la manipulación informativa, pues ese discurso tuyo que desprecia a la minoría de violentos de las manifestaciones es idéntico al que sostiene la casi totalidad de los políticos y los grandes medios de este país, incluido el espectro de la ultraderecha.

      Por otro lado, que los actos de protesta de "Asalta el congreso" fueran efectivamente un fracaso como dices, no se debe ni mucho menos a su componente violento, sino más bien a su baja intensidad y a los escasos apoyos que tuvo finalmente como resultado de la efectiva campaña de manipulación que tantos años llevan haciendo los grandes medios de comunicación.

      Si no hubieran sido solo unos pocos, sino decenas de miles de personas los que se hubieran rebelado violentamente, estoy convencido de que se hubiera puesto en un verdadero aprieto a los dirigentes políticos, abriendo con ello la puerta a nuevas insurrecciones generalizadas por todo el país.

      • Liberty Cravan Liberty Cravan says:

        No te enteras, janusz, deja de repetir el discurso antipacifismo aprendido de memoria: Yo no critico el uso político de la violencia, critico que se use sin inteligencia ni estrategia. Si crees que lo que ocurrió en Gamonal fue una minoría vanguardista actuando por su cuenta demuestras ser tú el que no tiene ni idea y se ha tragado el discurso de los medios.

        En Gamonal se convocaron previamente manifestaciones pacíficas que fueron ignoradas y silenciadas. Precisamente eso (junto a lo indefendible del plan urbanístico) es lo que sentó las bases para que se asumiese de manera mayoritaria en el barrio un aumento de la intensidad en las movilizaciones, lo que justificó socialmente los enfrentamientos posteriores.

        Además resulta que quienes apostaron por la estrategia del enfrentamiento también habían participado en las manifestaciones pacíficas y en el resto de luchas del barrio durante años. Formaban parte del tejido social, no aterrizaban en el movimiento después de limitarse a criticar el carácter reformista y burgués de las luchas previas en el barrio.

        Por supuesto que si una mayoría se rebelara violentamente pondría en un aprieto al poder. Pero eso no ocurre por arte de magia. Saber leer los tiempos de manera estratégica y acumular fuerzas de cara a intensificar los enfrentamientos es básico en cualquier revolucionario. Porque eso es la acción directa que defendemos los anarquistas, el pueblo organizado que lleva su propia agenda. Tanto si este decide pasar al enfrentamiento físico como si no, los libertarios podemos tensionar, pero nunca dirigir ni romper.

        • janusz says:

          Pero en definitiva el éxito de la lucha de Gamonal se debió al carácter violento de las protestas. Otro asunto aparte es el de que fueran reformistas o anticapitalistas. No tiene ningún sentido que señales este aspecto. Lo importante es entender el potencial de la violencia y saber usar diferentes tácticas según cada contexto.

          ¿Podrías explicar por ejemplo el fracaso del movimiento reformista del 15-M? ¿Y estás de acuerdo con su estrategia de no violencia?

  3. Lusbert Lusbert says:

    No dudo de que encapucharnos sea un acto acertado en cuanto optemos por la protesta violenta. Igualmente, la protesta violenta es legítima pero, como ya han apuntado arriba, ha de usarse con inteligencia y no dejarse llevar por impulsos irracionales. Sin embargo, no debemos dejar de lado las infiltraciones de secretas en las manifestaciones en el cual dichos agentes llevan la misma estética que fácilmente se podría confundir con un manifestante. Más aún, los infiltrados podrían perfectamente generar un clima de caos generalizado y aprovechar para causar confusión entre los manifestantes, reventar la misma manifestación, detener a militantes, justificar la violencia policial y más. Así que ojo con el tema de pajearse con el disturbio. Incluso hasta en los disturbios de carácter fascista o neonazi también hay encapuchados. No quiero pensar que sea una especie de culto a un símbolo que no es exclusivamente revolucionario, sino que su contenido político dependería de desde qué tendencia política se utilice.

    "Cuando el sabio señala la solidaridad, la cooperación y la organización en las protestas violentas, el necio valora solo los disturbios".

    • janusz says:

      El modo de operar de la policía infiltrada no es quemar contenedores, ayudar a crear barricadas, lanzar bombas molotov o autodefenderse de sus compañeros/as policías lanazando piedras o devolviéndoles sus botes de humo, sino que más bien su objetivo se limita a conseguir información para contrarrestar mejor las acciones insurgentes.

      Si has tenido la oportunidad de participar en protestas importantes (pues se nota que no mucho) habrás observado que la policía a menudo no necesita justificar su represión cuando no se producen disturbios. Es más, protestar de manera pacífica facilita el trabajo a la policía a la hora de disolver más rápidamente la manifestación.

      Luego no entiendo por qué dices que entre los neonazis también hay encapuchados. Las técnicas subversivas no tienen copyright que yo sepa. Pero es que además, aunque a ti te pueda sorprender, también cabe la posibilidad de que cualquiera que no sea anarquista, incluidos los neonazis que mencionas, puedan manifestarse por una causa justa. Mal que te pese, el monopolio de los buenos ideales no los tienes tú.

      Además date cuenta del absurdo de tu argumentación. Sobre la idea de ir encapuchado dices: "No quiero pensar que sea una especie de culto a un símbolo que no es exclusivamente revolucionario". A ver, te explico. El símbolo no es la capucha en sí, éste es solo el medio para conseguir el fin. Dicho fin, dependiendo de la estrategia y objetivo en el que se enmarque, puede entenderse como símbolo o como acción práctica.

      Otros podrán ilustrarte mejor que yo, pero por lo poco que he podido estudiar sobre el tema, al parecer los militantes que optan por la autodefensa están abiertos a una diversidad de tácticas, incluyendo también la resistencia pasiva cuando la situación lo demanda. El uso de la violencia exige del militante un análisis y un inteligencia mucho mayor de lo que muchos fetichistas del pacifismo se imaginan.

      Aparte de la obra que ya recomendé de Peter Gelderloos, recomiendo su último trabajo de 2012 que en estos momentos estoy leyendo: "Guerra social, tensión antisocial".

      http://josepgardenyes.files.wordpress.com/2012/10/tension-antisocial.pdf

Ir arriba ↑