Opinión

Publicado el 25 de enero de 2013 por Colaboraciones

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El tornillo sin fin

Por Gaspar M. B.

El capitalismo es como es y uno no elige meterse o no en la lucha de clases, sólo el bando en el que se participa. Como dominados y explotadas el camino que nos lleve a darle la vuelta a la situación empieza por alimentar nuestra conciencia colectiva y comprender la situación en la que estamos. En concreto la de lo que de siempre se ha llamado la juventud trabajadora, aunque hoy sea más preciso llamarnos la juventud parcialmente trabajadora o la elástica mano de obra joven.

Esta juventud parcialmente trabajadora se compone de dos grandes grupos, aunque sus fronteras no estén completamente definidas. Uno de los grupos es el de la juventud parada y salvada de la exclusión social por su familia. Hablamos de jóvenes con distinto grado de formación que en la situación actual se encuentran en un paro de larga duración, haciendo alguna chapucilla o metiendo alguna hora en la ETT cuando llaman. En este contexto se gestó y se aprobó el apodado “contrato de aprendiz” el 18 de noviembre de 2012. En plena campaña electoral en la que ganará el PP nos encontramos con un Real Decreto por el que se regulan las prácticas no laborales en empresas[1]. Resumidamente: “Precariedad”. Menos resumidamente: Salario mínimo, sin paro, sin vacaciones, sin jornada máxima, sin indemnización, sin libertad sindical, sin festivos, sin permisos…pero cotizando. Es un contrato libre entre patrón y trabajador, que no debe acogerse a ningún tipo de convenio ni de legislación laboral por el requisito básico del contrato que es que no exista relación laboral entre las partes, pues se supone que con ese contrato vas con las manos en los bolsillos a aprender y con la misma te vuelves a casa de tus padres. La idea es extender las prácticas obligadas de la FP al resto de la población inactiva laboralmente. Podríamos pensar que esta idea es propia de la ingenuidad del liberal utópico que sigue pensando que la mano invisible regula las relaciones laborales y puede llevarlas a la perfección si se la deja actuar.

 

Hay un segundo grupo de la juventud parcialmente trabajadora que es la que se mantiene estudiando, prolongando mediante cursos, masters, grados y postgrados su salida del mundo académico. Para esta juventud aún vinculada a alguna institución educativa ha habido otra reforma materializada el 10 de diciembre de 2012, con el gobierno del PSOE ya saliente. El Real Decreto por el que se regulan las prácticas académicas externas de los estudiantes universitarios[2] viene a legalizar una situación que ya se daba en la alegalidad y que se puede resumir en “Becariedad”. Es la norma que regula que una persona matriculada en el nuevo, reluciente y liberal espacio europeo de educación superior se pase los meses en una empresa aprendiendo a obedecer. En este caso la remuneración no es obligatoria y en la elaboración del “libre” acuerdo la institución universitaria puede participar. Pero en este caso no hay cotización a la seguridad social.

En conjunto estas dos reformas presentan una situación de cuasi esclavitud para la juventud que se aglomera en grandes ciudades y a la precarización absoluta del resto de la clase trabajadora muy barata de sustituir después de las últimas reformas laborales. Así la socialdemocracia del PSOE abrió la puerta al mercado laboral que las patronales del reino quieren tener en su economía terciarizada dominada por el turismo. La tuerca que aprieta a la juventud trabajadora da vueltas y vueltas.

Merece la pena llamar la atención sobre una consecuencia fundamental que debe hacernos replantearnos nuestras formas de actuar y defendernos como clase. Con este tipo de reformas que legalizan unas relaciones laborales despóticas y que anulan toda posibilidad de intervención al sindicalismo de concertación y pacto social esta vía legalista de acción queda enterrada junto con otros derechos adquiridos tras las luchas de los 70. Es momento de experimentar con otras formas de enfrentar a una patronal descentralizada desde unos puestos de trabajo superdivididos física, categórica y funcionalmente. Nos queda todo por hacer.

Fuentes:

Revista Exarchia #1 https://revistaexarchia.wordpress.com/2013/01/04/opinion-el-tornillo-sin-fin/

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