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Publicado el 15 de febrero de 2019 por La Redacción

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Entrevista al CoLaboratorio Bikestein. Taller autogestionado de bicicletas de la Escuela Popular de Prosperidad.

¿Qué es Bikestein? ¿Cómo surge y dónde os reunís?

Como su nombre indica, Bikestein es un espacio colaborativo y de resurrección de bicis viejas, maltratadas u olvidadas. Surge hace ya seis años en la Escuela Popular de la Prospe, de mano de un grupito de ciclópatas que apenas sabíamos nada de mecánica y queríamos aprender y enseñar, y fomentar el uso de la bicicleta. La escuela es un espacio vecinal autogestionado, asambleario y pedagógico, de ahí la orientación del grupo: no reparamos ni montamos bicis ajenas, enseñamos al visitante a hacerlo, y lo hacemos colectivamente. Para ello, contamos con material de segunda mano que la gente nos va donando y reciclamos, tenemos también bastantes herramientas que hemos ido atesorando y gente del grupo con más o menos nivel mecánico para echar una mano. Nos juntamos un “núcleo terco” de 6 o 7 personas todos los jueves de 19h a 21h, en la calle Luis Cabrera, 19 (estaciones de metro: Prosperidad y Av. de América), abriendo el taller a gentes del barrio y de fuera que vengan con problemas en su bici.

Aparte, una vez al mes damos un taller específico (la mayoría técnicos: aprender a parchear, a ajustar frenos y cambios, a centrar la rueda, etc.; pero también hacemos talleres de uso, como por ejemplo, normativa y consejos de bicirculación urbana, taller de ciclorrutismo, para montarte las vacaciones con alforjas). E intentamos organizar muchas más cosas: excursiones urbanas o campestres, algunas de ellas temáticas (el Madrid de la Guerra Civil, la Operación Madrid Norte, etc.); vídeoforos de pelis sobre bicis o ciclismo; charlas y debates en torno a la movilidad urbana; carreras de lentos… También contamos con un “banco de bicis”, es decir: tenemos decenas de bicis viejas que nos han ido donando y que requieren más o menos trabajo para resucitar, que ofrecemos a disposición de cualquiera que no tenga bici y quiera montarse y poner a punto una con nuestra ayuda.

Nuestros principales objetivos son promover el uso de la bici, mejorar la autonomía del ciclista, reflexionar y actuar de forma crítica en torno a temas como la movilidad urbana, el medioambiente, el reciclaje, etc.

¿Por qué dar vida a las bicicletas desde la autonomía y la autogestión colectiva?

La bici es un vehículo relativamente sencillo, en términos mecánicos y técnicos. Cualquiera con un poco de paciencia e interés, y la ayuda de alguien que sepa,  puede aprender en poco tiempo lo más básico para tener bastante autonomía. Es además un vehículo muy económico, sobre todo si nos dedicamos a reciclar piezas viejas o en desuso. No contamina y nos ofrece salud y placer a raudales. Y en la gran ciudad, la bici puede convertirse en un “tema generador” de reflexión y crítica, pues toca ámbitos tan cruciales como la movilidad y el transporte, la planificación urbanística y el medioambiente. La bici te empodera como ciudadano, y si se trabaja colectivamente, te empodera sinérgicamente (¡toma expresión!).

Esto último es importante: tampoco hay que idealizar a la bici, puedes ser un perfecto mamarracho que no se baja del sillín, se gasta un pastón en embutirse en licra, compite con quien se le ponga a tiro y traslada el estrés y la violencia de la ciudad a los peatones (desgraciadamente, final de “la cadena trófica” de nuestra selva urbana actual), por eso es importante trabajar a nivel colectivo, no individual. De hecho, como vehículo la bici también tiene su reverso tenebroso: tiende a ser bastante individualista (es complicado llevar en tu bici a alguien que mida más de tres palmos), se está generando cierto fetichismo consumista e identitario a su alrededor y, al ser “tan física”, tiende a estimular la faceta más testosterónica de muchos ciclistos.

Por otro lado, también puedes, hoy por hoy, aprender a reparar tu bici sin moverte de casa, a base de videos de youtube y diversos blogs, pero eso no hace mucha comunidad y es más aburrido, ¡somos seres sociales!

Es evidente que no pensamos mayoritariamente la bicicleta como medio de transporte en ciudad, ¿por qué creéis que sucede esto?

Actualmente hemos asumido como natural el hecho de que las modalidades del transporte urbano sean limitadas e ineficientes. En el caso de una ciudad como Madrid, aunque valdría casi cualquier otra del estado español, esto se reduce a la posesión de un vehículo propio, el uso del transporte público o a pie.

A lo que hay que sumar, en nuestra opinión, la identificación de estas distintas formas de transporte con determinadas ideas enraizadas en el capitalismo y que la bicicleta cuestiona. Asociamos la posesión de un vehículo privado, sea el que sea, pero si es caro y grande, mejor, con la libertad y la capacidad económica. Poseer un coche es, hoy en día, un elemento de prestigio. Y las comparaciones con el transporte colectivo son muy interesantes. No ya solo porque, casi de manera inmediata, nos cueste imaginar a políticos o empresarios cogiendo el Metro, Cercanías o el autobús; sino que al ir bajo tierra, no se ve la precariedad. Incluso el ir a pie tiene una serie de implicaciones similares. El capitalismo nos expulsa de nuestros barrios. Nos obliga a alejarnos de nuestras amistades y seres queridos porque nos dificulta, cuando no impide, la vida. Y, sin embargo, vemos al ciclista con desdén. Sin entender que la bici nos libera. Y todo esto se palpa en cómo se han desarrollado las ciudades. En cómo gestionamos un espacio urbano limitado que hemos cedido, casi por completo, al vehículo privado.

Además, en el caso de Madrid creo que cuesta ver la bicicleta como medio de transporte habitual por la cantidad de tráfico, las numerosas cuestas que tenemos y por la falta de carriles-bici segregados. Sin embargo, desde que existen experiencias (con todas las críticas que deben hacerse a cómo se realizan las mismas) como BiciMad, y se han empezado a hacer algunos carriles-bici, parece que ha pasado a ser una presencia mucho más habitual y normalizada en las calles. Sin embargo, sigue habiendo mucho trabajo por delante, también de educación vial, tanto de los coches para que respeten a las bicicletas como vehículos de pleno derecho, como de los ciclistas, que en no pocas ocasiones ignoran las reglas más básicas del código de circulación, enfadando a conductores y peatones.

¿Qué ventajas ecológicas tiene el uso de la bicicleta frente a otros vehículos?

Es bastante evidente: innumerables. Posiblemente solo sea más ecológico calzarse un par de zapatillas y echarse a andar. Ni contamina ni consume energía (aparte de la propia, que gracias a la bici tiende a trasladarse de los michelines a otras zonas más aerodinámicas); la mayoría de sus componentes son sencillos, duraderos, económicos y fácilmente reparables. Y gracias a iniciativas como los talleres sociales de bici, es fácil aprovechar material usado, un buen arsenal de herramientas colectivas y resucitar bicis desahuciadas.

¿Consideráis que la ciudad está adaptada al transporte en bici? ¿Y las zonas rurales o de montaña actualmente? 

La ciudad moderna está diseñada para el coche, y encima es que es algo que nos parece “natural”, es así desde siempre y en todas partes; pero cuando te decides a moverte en bici, lo notas enseguida. La misma señalización viaria lo es; por ejemplo: aparte de las innumerables vías de un solo sentido, que pueden limitar y complicar mucho tus recorridos, los semáforos están secuenciados y temporalizados para el ritmo de los coches, así que como ciclista, o te saltas algunos (con el peligro que esto supone) o te eternizas y te agotas. Y lo peor es que todo el discurso ‘guay probici pseudoecologista’ de la mayoría de los ayuntamientos actuales se queda mayormente en eso, un discurso, y siguen desarrollando la ciudad para los coches, incluso cada vez más. No hay más que ver los nuevos desarrollos urbanos madrileños (Ensanche de Vallecas, Sanchinarro, las Tablas, etc.), con avenidas inmensas con doscientos carriles por sentido, y donde lo más que han hecho (cuando lo han hecho) es meter algún carril bici invadiendo las aceras peatonales y serpenteando entre mil cruces y semáforos, pensados más para el paseillo que realmente para desplazarse.

La cosa es sumar kilómetros de carriles-bici, traducibles en votos y prestigio modernete. El caso es que parece que las bicis estamos aquí “de prestados”, como “pidiendo permiso” por circular, como si la ciudad no fuera también nuestra. Esto es algo incluso interiorizado por muchos ciclistas, que se pegan a la derecha en los carriles “para no molestar” y dejar pasar a los coches (lo cual es mucho más peligroso que circular por en medio del carril y obligar a que te adelanten cuando puedan, en vez de rebasarte), o que invaden las aceras generando conflictos con los peatones, etc. Por eso creemos que es prioritario empoderarnos y tomar el asfalto, ser siempre bien visibles, circular en medio de la vía y tener claro que aquellos conductores que se molestan porque los frenamos en sus prisas, tienen que ir acostumbrándose a ralentizar, compartir vía y no coger tanto el coche para todo. Como ciclista, no solo tienes tanto derecho como un conductor a usar las vías de forma segura y a tu ritmo, sino incluso más, pues tú por lo menos no estás contaminando, pero sí tragándote a pleno pulmón sus malos humos. Si te paras un minuto a fijarte en los coches que pasan por una calle, más de la mitad solo llevan a una persona, el conductor, y otra cuarta parte a dos personas… ¿hay algo más absurdo que movilizar constantemente un vehículo que pesa toneladas, consume hectólitros de combustible no renovable y contaminante, para desplazar a una persona de entre 50 y 80 kilos durante unos pocos kilómetros? (Mal)Vivimos instalados en el sinsentido.

¿De qué maneras y con qué acciones podríamos readaptar los espacios urbanos a un transporte a escala humana como es la bicicleta?

Creo que habría que hacer una buena red de carriles coches, y el resto que pasara a ser reino (o, mejor dicho: república) de los peatones, bicis, patines, patinetes, etc. No bromeamos: sería necesario, claro, mantener una mínima infraestructura para vehículos motorizados (principalmente colectivos, pero también de transporte de mercancías), pero el modelo imperante tendría que ser el no motorizado, al revés de lo que ocurre actualmente. Y en todo caso reforzar el transporte colectivo eléctrico (metro y trenes de cercanías), que no solo no interfiere con las bicis sino que puede y debería ser perfectamente combinable con las mismas. A esto se le podría sumar un buen sistema de coches eléctricos públicos compartidos, de usar y dejar. Bueno, si queremos sobrevivir unos siglos más, claro. Las ciudades son ya desde hace tiempo y de forma creciente inhabitables, irrespirables, antihumanas. Otra medida imprescindible, a más largo plazo tal vez, tendría que ser reducir el tamaño de las ciudades, lo que no solo las haría mucho más accesibles y amables para moverse en bici y otros medios sostenibles, sino que solucionaría otro gran problema actual, que es la despoblación rural.

Ciudades de millones de habitantes son sencillamente ingestionables a escala humana, son inherentemente agresivas, deshumanizadoras y liberticidas. En cuanto a los espacios urbanos, habría que dedicar la mayor parte de los mismos al peatón, y “ruralizarlos” en forma de zonas verdes; que andar y ciclar se nos haga siempre mucho más atractivo y práctico que arrancar el motor. También sería muy provechoso poder repensar la distribución de los espacios urbanos para facilitar los desplazamientos menos contaminantes. No es sólo reorganizar el tráfico, pasa también por acercar los servicios básicos a los barrios o facilitar el comercio de proximidad.

Hay quienes afirmamos que aquellas personas que nos movemos en bicicleta somos una pequeña piedra en el zapato del sistema capitalista, ¿pensáis esto mismo?, y ¿por qué?

El coche es uno de los pilares de la industrialización y del capitalismo, desde Ford hasta hoy. No solo mueve un enorme capital, su fabricación es considerada una industria nacional que se protege y subvenciona, condiciona la existencia y planificación de las grandes megalópolis, constituye una de las mayores fuentes de consumismo y simbólicamente concentra lo más lindo del modelo patriarcal, consumista y fetichista (no hay más que ver un poco los anuncios). Competitividad, individualismo, velocidad, mucha testosterona y narcisismo. Todo lo que cuestione este modelo, industria y way of life, pues fastidia, y la bici como medio de transporte puede hacerlo directamente. Por sí sola tal vez no vaya a ser la tumba del capitalismo, pero si podemos echar una paletada sobre el ataúd, pues eso que ganamos. Pero ojo, insistimos, la bici como medio de transporte, como opción política (también en el sentido literal del término, opción en la polis) y dentro de una comunidad y de un imaginario colectivo y social, no como objeto de consumo para machos alfa. La bici no es más que un instrumento, que lo usemos bien depende de todo el mundo.

¿Qué consejos podéis ofrecer a alguien que no sepa nada de mecánica ni mantenimiento de una bicicleta y esté dudando si hacerse con una?

Pues que no lo dude, por todo lo comentado anteriormente. Y para aprender, que se acerque al taller social más cercano, o que intente montar uno en su espacio de referencia. Y, por descontado, que calcule lo que gasta anualmente en el coche o el transporte público y lo que podría gastar yendo en bicicleta.

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