Opinión

Published on abril 6th, 2022 | by Colaboraciones

0

Esbozos para un nuevo pensar (I): Revolución y Libertad de Culto

Por Static Week

Si Dios ha muerto, ¿qué es lo que le ha sustituido? Ante esta consideración, el propio Nietzsche nos hablaría de que el «Superhombre» es lo que ha sustituido a Dios. La ‘‘Superación del Hombre’’: el ‘‘hombre’’ (entiéndase ‘‘lo humano¹’’), ya en calidad de «Humanidad Trascendida», ha desarrollado herramientas suficientes para transformar y escribir su futuro desde el presente conforme a su propia voluntad de poder. No obstante, ¿es esta la situación en la que nos encontramos? ¿Es esta la realidad que hay tras la muerte de Dios? ¿Tras la superación del dogma? ¿Tras el ir más allá de un «humanismo» que te habla de Derechos Humanos mientras los vulnera en prácticamente todas las partes de este mundo?

Por desgracia para todos nosotros, nada más alejado de la realidad. El «Superhombre», la «Superación del Hombre», que no es ni más ni menos que la «Superación de la Humanidad» radica en la toma de conciencia del querer hacer todo cuanto estamos preparados para hacer. De adquirir la propia virtud humana de Ser Humanos: Más allá de nuestro humanismo.

Ante esta realidad, mi buen colega y camarada Lusberth, en una de nuestras conversaciones aleatorias sobre cuestiones varias me decía «una cosa es la religión, otra cosa es la espiritualidad». Y aquí es adonde quería llegar: ¿hasta qué punto la propia espiritualidad más allá del dogma acaso no ofrece un entendimiento interno, profundo y satisfactorio, de la voluntad de poder? ¿Hasta qué punto la «Superación de la Humanidad», la «Superhumanidad» si me permiten el atrevimiento, no es capaz de transgredir sus propios límites e ir más allá hacia la construcción y consecución de un Mundo Nuevo?

Mundos como estos los vemos hoy tanto en México (concretamente Chiapas) donde actualmente el EZLN² «resiste todavía y siempre al invasor» o en el propio Kurdistán Sirio (concretamente Rojava) donde se está llevando a cabo una revolución del siglo XXI gracias a las herramientas de resistencia que concede el Confederalismo Democrático. Todo ello, y en ambos casos, al igual que en muchos otros tantos casos que nos son más cercanos³, o incluso que ignoramos porque nos son totalmente desconocidos; protagonizados por Entidades Heroicas y Anónimas, nos muestran que un nuevo mundo es posible hoy. Que un mañana desde el ayer se está construyendo en el ahora.

Claro está que la propia construcción de una realidad nueva y mejor siempre va a ir implícita a buenos y malos momentos, aciertos y errores, a una serie de contradicciones internas que más allá del momento en el que se den deben superarse. Para un francés o francesa de finales del siglo XVIII hacer la Revolución y tomar la Bastilla en 1789 también marcaba todo un tránsito de incertidumbre e «irrealidad» bañada por un «¿y ahora qué?» constante, por multitud de contradicciones y gobiernos con tiranos despóticos y reaccionarios contra los que hubo que volver a rebelarse. Todo ello forma parte de ese gran ser viviente que es la revolución, eso sin duda.

Pero no obstante, tanto en las actuales como en las pasadas (hablaremos de Rusia en su debido momento) encontramos ejemplos ya no solo de prácticas completamente revolucionarias⁴ sino también de elementos tradicionalmente considerados como «reaccionarios» que brindan sus servicios al pueblo. Me refiero en este caso al lugar que ocupan ciertos miembros de estamentos religiosos o vinculados a la propia religión (considerada por aquel Gran Barbudo como El Opio del Pueblo) que saben cuál es su lugar en la Revolución⁵. Me remito aquí a dos casos citados por George Woodcock en su texto Albores del Anarquismo⁶: el de Winstanley y el de Roux. Ambos religiosos, el último también sacerdote. Decía Winstanley, acérrimo luchador del movimiento Digger durante la Revolución Inglesa:

‘Dios no es otra cosa que el espíritu incomprensible de la razón. ¿Dónde reside la razón? Reside en el fondo de toda criatura de acuerdo a la naturaleza y modo de ser de la criatura misma, pero supremamente en el hombre. Por lo tanto el hombre es una criatura racional (…). Esto es el reino de Dios dentro del hombre’’. En el caso de Roux, sacerdote y miembro de los Enragés durante la Revolución Francesa, vemos que⁷:

‘‘Antes de dejar la prisión, Luis [Luis XVI], viendo que Roux era un sacerdote, le preguntó si podía confiarle su testamento, Roux replicó fríamente: “Yo estoy aquí solamente para llevarte al patíbulo”. Y, sin embargo, el hombre que miró con satisfacción la ejecución del rey como viva manifestación de la autoridad, tenía que protestar más tarde desde su propia celda de la prisión contra las brutalidades que el Terror inflingía a hombres y mujeres cuyo único crimen consistía en el rango a que pertenecían por su nacimiento. (…) Roux fue llevado ante el tribunal revolucionario, y, convencido de que su muerte era inevitable, se burló de la guillotina suicidándose penosamente. “No me quejo del tribunal —dijo antes de morir—; ha actuado de acuerdo con la ley. Pero yo he actuado de acuerdo con mi libertad”. Morir colocando la libertad por sobre la ley fue la muerte de un anarquista’’.

Y es así, tante ayer como hoy hay «siervos de Dios» que al comprender el mensaje de Cristo, el mensaje del Corán⁸, el mensaje de cualquier texto sagrado (y revolucionario) que se precie se ponen al servicio de la Revolución para con los suyos: «Un pastor debe estar con su rebaño». Es así como quienes guardan un espíritu fuerte: disciplinado, autodisciplinado, organizado y consecuente, son quienes están junto a su pueblo. Hablo de los Creyentes de Base de hoy⁹, de aquellos párrocos zapatistas que en la década de 1990 se pusieron al servicio del pueblo chiapaneco, de aquellos musulmanes que en Rojava están combatiendo a la reacción junto a los suyos, junto a su pueblo. Hablo aquí del ejemplo de tantas entidades heroicas y anónimas que más que saber desconozco, pero que están constantemente ahí; batiendo el cobre, contra viento y marea, cual navío impertérrito.

A esos me refiero, esa gente es la mía, ellas son mi gente. Y son a los que quiero tener a mi lado el día de la Revolución. Porque son personas que verdaderamente han comprendido lo que supone la Superación Humana más allá de cualquier dogma e institución cuya doctrina más que liberar oprime. Que han entendido cual es el mensaje, que lo han asimilado, calado y profundizado. Estas personas son mis hermanos y mis hermanas y junto a ellas nos queda todo el quehacer de la Revolución.

Estas palabras las escribe alguien agnóstico, que duda de la existencia de Dios, que es incapaz de ver un Dios de rostro humano en el cielo porque ya lo ve en cada instante, en cada detalle. Dentro de mí y en todas partes. Dios lo es Todo, omnipotente y omnipresente, y quizás sea algo tan simple y a la vez complejo de entender que incluso todavía hoy no comprendemos. En el espíritu mora la voluntad de poder y la voluntad de poder mora en el espíritu. En nuestro espíritu: Porque llevamos un Mundo Nuevo en nuestros corazones, y ese mundo está creciendo ahora mismo. En este preciso instante.

No hay que temerle a las ruinas, pues siempre son los cimientos de algo nuevo: Todavía por construir.


 

1 Nos referimos también a la mujer, a cualquier persona en calidad humana. Debemos saber que los autores generalmente hablan dentro de los límites histórico-sociales de su tiempo.
2 Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
3 Como es el ejemplo de la FAGC (Federación Anarquista de Gran Canaria).
4 Y cuando hablo de Revolución hablo de Libertad, también de Igualdad y Fraternidad.
5 Podría hablar aquí de otros ejemplos poco estudiados. Entre ellos se aprecia a primera vista un antecedente medieval interesante en Dulcino. Véase como un acercamiento audiovisual
6 Texto completo aquí
7 George Woodcock, Albores del Anarquismo, pp.20-22
8 Salvador Gómez Nogales, ‘‘Sabiduría Oriental y Filosofía Árabe’’, en Andrés Martínez Lorca (Coord.), Ensayos sobre la Filosofía en Al Andalus (2017), pp.162-163: ‘‘(…) El texto de nuestro compatriota musulmán IbnʿArabī, que nos puede servir de recapitulación de todo lo dicho: Hubo un tiempo en que yo reprochaba a mi prójimo si su religión no estaba cercana a la mía. Pero mi corazón es capaz de convertirse en todas las formas: es una pradera para las gacelas, el claustro de un monje cristiano, un templo para los ídolos, las tablas de la Ley mosaica, el volumen del Corán. Yo profeso la religión del amor. Y sea cual fuere la dirección que tome la cabalgadura, el amor es mi credo y mi fe’’.
9 Quienes siguen las enseñanzas más puras (y por tanto sin adulterar, menos instrumentalizadas) de la fe.

Bibliografía:
Gómez Nogales, S. ‘‘Sabiduría Oriental y Filosofía Árabe’’, en Andrés Martínez Lorca (Coord.), Ensayos sobre la Filosofía en Al Andalus (2017), pp.143-165
Woodcock, G. Albores del anarquismo.

Comparte nuestro contenido para disputarle la hegemonía a los medios capitalistas

Tags: , , ,


About the Author

Colaboraciones enviadas a la página. Para mandar tu colaboración puedes enviarnos un correo a regeneracion@riseup.net con el asunto "Colaboración". No olvides firmarlo o indicar si quieres publicarlo anónimamente.



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

23 ÷ 23 =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Back to Top ↑
  • Opinión

  • Comentarios recientes

  • Redes sociales

    Recibe todas las novedades en nuestro canal de Telegram:

  • Un vistazo a la hemeroteca