Opinión

Publicado el 24 de abril de 2014 por Lusbert

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Espacios de disputa

Ante una coyuntura de conflictividad social que involucre a diversas fuerzas políticas en pugna por ser la fuerza hegemónica, ¿qué papel tenemos como anarquistas? ¿En qué bando nos posicionamos y con quiénes trabajaremos? Preguntas así por el estilo nos llevan a la necesidad de espacios físicos en el cual llevar a la praxis nuestras aspiraciones a una sociedad libre. No basta con soñar modelos ideales de sociedad, pues no llegará inevitablemente con el paso del tiempo, sino que la posibilidad de su realización depende de la lucha que desarrollemos actualmente. No vivimos en universos paralelos, ni en mundos diferentes. Vivimos en una sola realidad material que compartimos con el resto de la clase obrera, que sufrimos la explotación capitalista y por tanto, las luchas populares en diversos ámbitos como la vivienda, la Educación, lo laboral, etc no nos son ajenas.

Es hora de aparcar la idea del «apaga y vámonos» solo porque dentro de un determinado espacio de lucha, los movimientos existentes no concuerde con nuestro corpus teórico y práctico. La coherencia se vuelve un lastre en tanto que obstaculiza el desarrollo de una orientación libertaria en dichos espacios y la inserción de los anarquistas en las luchas sociales. Requerimos de espacios de acción política, darles un contenido libertario ante su acaparamiento tanto por parte de la izquierda institucional como de los mercados. Dicho esto, vamos a repensar las tesis que algunos sostienen de actuar al margen de los movimientos sociales y populares en pos de avanzar hacia la idea de la inserción social y de crear espacios de disputa, de ganarnos un hueco en ella y no de abandonarlos. He aquí unos ejemplos que explicaré brevemente:

-El espacio educativo y la Universidad. Como es bien sabido, el actual sistema educativo no deja de ser un espacio de reproducción de la ideología dominante y que por ello, entre algunos colectivos, se opten por crear una educación alternativa al margen de éste. Sin embargo, estos proyectos educativos alternativos, pese a ser interesantes y demostrar que existe otro modelo educativo no basado en la competencia y la autoridad, bajo el sistema capitalista quedan como centros educativos privados y aislados de la conflictividad del mundo estudiantil. Si pretendemos un modelo educativo al servicio de la clase obrera y de carácter libertario, no podemos dejar un vacío político en los centros de enseñanza estatales, ni mucho menos apartarnos del movimiento estudiantil, de cuya estructura y orientación dependerá de las diversas fuerzas políticas que lo impulse. Ante el panorama actual de la ofensiva neoliberal sobre la Universidad, debemos responder que tenemos la necesidad inmediata de frenar su avance, pero a la vez, crear alternativas políticas y sociales encaminadas a la socialización del espacio universitario y de todo el ámbito educativo.

-Lo anterior nos lleva inevitablemente a conectar con el movimiento obrero y el sindicalismo, pues, además de que la mayoría de estudiantes se incorporarán en el mundo laboral, existe una clara contradicción en la existencia de una educación antiautoritaria en una sociedad capitalista. Desde el anarcosindicalismo, debe articularse un movimiento obrero que tenga fuerzas para hacer frente a las agresiones de la patronal y conseguir victorias en el terreno inmediato desde la autoorganización y la acción directa, y a la vez, que la clase obrera mediante el anarcosindicalismo y en el curso de las luchas, se prepare para la futura autogestión de los medios de producción en una futura sociedad anarquista. Las experiencias de las empresas autogestionadas en el capitalismo nos demuestran que la autogestión obrera es posible, como lo fue durante las colectivizaciones de gran parte de la industria catalana y del campo aragonés. Sin embargo, competir en el mercado capitalista como una empresa más, éstas acabarían siendo asimiladas por el sistema. Es por ello que vemos la necesidad de extender la lucha de clases.

-El problema de la vivienda y la okupación. No solo no vivimos del cuento, sino que al estar en dentro del sistema capitalista, también tenemos la necesidad de un techo. Y no todo el mundo puede marcharse a vivir al campo. Hoy más que nunca, el derecho a una vivienda digna se está convirtiendo -de hecho creo que ya lo está- en papel mojado, convirtiéndose éste en un privilegio y un negocio lucrativo para las inmobiliarias y la banca. Si bien la okupación es una respuesta directa contra el problema de la especulación, es necesario que conecte con las luchas por la vivienda y contra la especulación inmobiliaria.

El fútbol de tradición obrera. El deporte de élite en que se ha convertido actualmente el fútbol ha hecho que en los estadios prácticamente no existieran mensajes reivindicativos y de carácter anticapitalista, convirtiéndose en un espectáculo de masas y vehículo transmisor de la ideología dominante. Sin embargo, el fútbol constituye un elemento aglutinador que puede generar en torno a ello un fuerte sentimiento colectivo, base esencial para la creación de cualquier movimiento revolucionario. El ejemplo de Bukaneros es una muestra de ello, de cómo los mensajes como la exigencia de la libertad de los y las detenidas del 22M aparecen en los estadios, cosa que sería imposible transmitir un mensaje así de no ser por esa hinchada. O de cómo otros casos como el St. Pauli y aficionados del FC Manchester United crearon su propio equipo de gestión democrática. Antes de que los clubes de fútbol pasasen a ser Sociedades Anónimas Deportivas, eran clubes con cierta democracia interna y financiada por socios, en los cuales tenían cierto poder de decisión sobre el club. Hoy en día, ese modelo quedó apartado de la LFP, que no así de otros clubes de categorías inferiores. Aquí los y las anarquistas debemos recuperar el fútbol como deporte de tradición obrera, pese a que se nos presente muy difícil; pero al fin y al cabo, de transformar un espacio de transmisión de la ideología dominante en espacios que aglutine las organizaciones populares.

Las luchas de liberación nacional. No es posible concebir un internacionalismo homogéneo, con un marcado carácter eurocentrista. En cada territorio existe un componente sociocultural que caracteriza los numerosos pueblos del mundo. Así, el internacionalismo obrero debe construirse reconociendo esas particularidades socioculturales. Tanto el EZLN como el pueblo kurdo, o los pueblos indígenas latinoamericanos, llevan ese sentimiento de pertenencia a una comunidad, un territorio, una lengua, una historia y unas costumbres comunes que los une y que les impulsa a luchar contra imperialismo. En España, los pueblos catalán, andaluz, vasco, etc también llevan ese componente que no debemos dejar de lado, sino que debemos construir una alternativa libertaria en contra del concepto de nación Estado, haciendo hincapié en el pueblo trabajador.

Todos estos espacios nombrados responden a la necesidad de crear frentes de masas que conecten las reivindicaciones políticas del anarquismo con la lucha de clases y los movimientos populares, en pos de la construcción del socialismo libertario, que nos permitan mejorar las condiciones de vida en la sociedad capitalista, fortalecer las organizaciones populares y la creación de programas políticos de carácter libertario que nos permitan superar el capitalismo. No dejemos los espacios políticos vacíos, disputémonos, tanto a la izquierda institucional como al capital y la reacción fascista, un hueco entre ellos y desplacémosles.

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Acerca del autor

Lusbert

Anarquista social y de la rama comunista libertaria solo en cuanto a pensamiento político. Por lo demás, soy una persona normal. Aportando mi pluma como un diminuto grano de arena a que el anarquismo sea una alternativa política real y transformadora. Deconstruyendo mis privilegios de hombre. ¡Luchar, crear, poder popular!



4 Respuestas para Espacios de disputa

  1. Concuerdo con la idea general: la participación en los "frentes" mencionados en tu artículo es muy necesaria (hoy y siempre). No compro, sin embargo, la idea de la "masa organizada", por muchas razones que no entran en un simple comentario.

    Pero sí mencionaré la principal (o más importante para mí) de ellas: la "masa" es un agente social que representa muy mal a lo que supuestamente intenta representar. Como cualquier otro agente social abstracto (véase "el pueblo", "la banca", "el capital", "la clase media", "el proletariado"... etcétera y etcétera), el concepto de "masa" no lleva a ninguna parte. ¿Quién es la masa? ¿Cómo agrupamos a tantas personas, con tantas diferencias socioeconómicas, en un único concepto? Y más importante: ¿cómo damos a esa "masa" un mismo conjunto de intereses y metas a conseguir?

    Más productivo (bajo mi propia experiencia personal siempre, ojo) es "arrimar el hombro" donde te quede más cerca y, sobre todo, dónde te llame más la atención. Sin pretender "ocupar espacios políticos" o sin pretender "crear poder anarquista." Cada cual pondrá individualmente precio a sus ideales, porque vamos a admitirlo: quien quiera que haya "arrimado el hombro" alguna vez habrá visto que es muy difícil mantener los principios básicos de la praxis anarquista. Y eso no está del todo mal, oigan. Que te fuercen a salir de tu "zona de comodidad" hace que te plantees las cosas dos o tres veces 🙂

    Volviendo al tema de "las masas", la sensación que obtengo al leer artículos o al hablar con ciertxs compañerxs, es que "nunca estamos preparadxs para el siguiente salto." O que "las condiciones no están lo suficientemente maduras." ¿Qué condiciones? ¿Qué preparación? De tanto querer "crear masas" al final no hacemos todo lo que podríamos hacer en el hoy, en el ahora, en ese micro-momento en el que aceptamos las normas del capital y la autoridad. Escucho a lxs anarco-sindicalistas en mítines decir que "hay que preparar esto, o lo otro", o que "el mañana llegará algún día y será mucho mejor." ¿Y qué hay del "hoy"? En Montreal, hace unas semanas, hablaba con un anarquista, estudiante universitario, que me decía que "necesitaban más gente para empezar a intentar cambiar las cosas." Menuda frase más espeluznante: necesitas "más" para tan siquiera "empezar" a intentar hacer algo.

    Supongo que con esto quiero expresar la opinión de que si bien es útil involucrarse ("arrimar el hombro") en los problemas que nos pillan más a mano, el impacto de mayor efecto social que lxs anarquistas podemos infligir en la sociedad vendrá de organizaciones puramente anarquistas. Tal vez me equivoque.

    • Lusbert Lusbert says:

      Buenas. La masa social de la que tú hablas no es para nada abstracto. Las masas sociales son entidades concretas que se forman cuando muchas individualidades comparten fines comunes inmediatos: ir a ver un partido de fútbol y animar a un equipo, ir a un concierto, asistir a una manifestación o cualquier acto de protesta, ir a una huelga, etc... ¿No es acaso "masa", aquel proletariado industrial de las huelgas masivas con focos en las ciudades industrializadas del mundo que reivindicaban mejores condiciones laborales, el fin de los despidos, para recortes de salario y plantilla, etc, desde los inicios de la revolución industrial hasta nuestros días? ¿No es acaso "masa" las marchas del 22M? ¿O la huelga de los mineros contra la Thatcher? ¿No es acaso "masa" el pueblo mapuche que resiste colectivamente ante la invasión de sus tierras de de los "pacos" y el neoliberalismo? ¿No es "masa" o "pueblo" el pueblo kurdo que se autoorganiza, forma milicias y lucha contra el imperialismo turco y el capitalismo occidental, por la autodeterminación de los mismos?

      El capital es aquello que tiene origen en la plusvalía de la explotación asalariada y se acumula en manos de aquellos propietarios de los medios de producción. La banca es un pilar del capitalismo el cual crea dinero y a través de los bancos se realizan operaciones financieras (especulación, inversión, préstamos...). Lo que es la banca, el sector bancario, es todo lo relacionado a la moneda y el dinero, no es para nada un agente abstracto.

      Calificarlos de abstractos es cuanto menos idealista, cuando son agentes sociales reales, a excepción de la clase media como tercera clase social, ya que si analizamos las clases sociales en base a su relación con los medios de producción, las cuentas no salen, pero el concepto de clase media viene dado de un análisis erróneo basado en el nivel de renta.

      Pienso que la peor estrategia que podemos seguir es abandonar los espacios políticos, dejar un vacío político para que otras fuerzas políticas las ocupen. Si nuestros objetivos son la revolución y la materialización de la sociedad anarquista (o socialista libertaria), estoy seguro de que no vamos a crear nada desde una posición marginal. La creación de poder popular quiere decir la capacitación material del pueblo, del conjunto de la clase trabajadora de materializar sus reivindicaciones y superar el dominio capitalista. Un repaso a la historia del movimiento obrero nos arroja luz sobre las claves en las luchas: sentimiento colectivo y organización popular y de clase. Las revoluciones sociales no se realizaron con pequeños focos aislados insurreccionales, sino con un pueblo fuerte y organizado capaz de superar el capitalismo en lo económico y al dominio estatal en lo político.

      Ahora bien, tampoco estoy de acuerdo con que "no estamos preparados". La lucha se tiene que llevar a cabo desde hoy, y ya existen estas luchas: las PAH, el sindicalismo de clase y movimientos sociales en defensa de la educación y los servicios públicos, movimientos ecologistas... En el ahora es donde tenemos que crear espacios de lucha, bueno, no solo crear, sino transformar los diversos espacios ya existentes (los nombrados en el artículo), que están siendo copados por la izquierda institucional y que también el neoliberalismo pretende mercantilizar, en espacios políticos de combate en los cuales la clase trabajadora les dispute el espacio a la clase dominante, con el objetivo de socializarlos.

      Hace tiempo que descarté el purismo... Pienso que al anarquismo ibérico le faltan más frentes de masas, como sí existen en el anarquismo latinoamericano y consiste precisamente en la inserción de los anarquistas en los movimientos sociales.

      • No comparto la idea de que la "masa" sea algo concreto. Una cosa es hablar de "la masa de obrerxs que se manifiestan durante tal huelga", o "la masa de aficionadxs de tal equipo de fútbol." Otra cosa es atribuir a dichas masas unos intereses comunes, unas metas organizadas de la misma manera, o una intencionalidad general.

        Sí, en muchos casos históricos masas "más o menos armónicas" han salido a la calle. Pero el nivel de "armonía" (u organización, llámese como se quiera) es algo que se establece de manera arbitraria. Cuando lxs historiadorxs hablan de la "masa que tomó la Bastilla"... ¿a qué se refieren exactamente? Creo que pocxs sostendrían que dicha "masa" tenía una idea común, un motivo único compartido, de manera inequívoca.

        En definitiva, lo concreto de una "masa de personas" es algo que se atribuye a posteriori a su acción/formación. Yo no digo que no existan masas, o que no sea del todo útil hablar de masas (en sociología usamos "agentes sociales" todo el rato). Ejemplos: la clase política, la clase trabajadora, la población de tal localidad, las mujeres de tal a cual edad... Pero creo que se entiende con facilidad que estas generalizaciones, si bien ayudan a una descripción general, no hacen justicia a la complejidad de cualquier grupo humano.

        Supongo que esa "complejidad" es lo que a mí personalmente me importa cuando se analizar la praxis del anarquismo. Es decir, porque yo me posicione estructuralmente en eso que llamamos clase trabajadora (es decir, no poseo medios de producción, no tengo autoridad sobre otrxs trabajadorxs, no tengo palabra en la toma de decisiones de mi lugar de trabajo, etcétera), no me hace necesariamente pensar/actuar de la misma forma que el resto de millones de personas que se sitúan en la misma posición estructural (clase trabajadora). No obstante, no solamente sociólogxs, sino todo tipo de personas, hablan de la "clase trabajadora" como si fuera un único actor con unas ideas unitarias y unos motivos obviamente compartidos (cuando la realidad está muy lejos de todo esto). De ahí mi escepticismo a eso que decimos de "movimientos de masas."

  2. Liberty Cravan Liberty Cravan says:

    Muy buen artículo, Lus, que viene a reforzar una idea esencial para los revolucionarios: Necesitamos participar en los espacios que nos son propios como clase (las luchas por los derechos, el ocio...) y, desde ahí, impulsarnos para permitir una transformación radical del mundo y la sociedad en base a valores y prácticas anarquistas.

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