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Publicado el 9 de mayo de 2016 por Colaboraciones

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Implicaciones políticas del término Naturaleza

Cuando hablamos de ecologismo, a menudo surge de manera recurrente el termino natural o naturaleza como una forma categórica de clasificar lo que está bien de lo que está mal, muchas veces simplificando y contaminando los debates éticos y políticos, usándose como un hecho, como un argumento de autoridad con el que zanjar las discusiones. Así por ejemplo, podemos oponernos a ciertas tecnologías como los transgénicos “argumentando” que van “contra natura”, porque modifican “el orden natural de las cosas”, o podemos realizar una critica construida y bien argumentada basada en las problemáticas ambientales y sociales que puede causar dicha tecnología (ver Transgénesis, ¿Sólo una herramienta?).

Asociamos naturaleza con orden, con equilibrio, con armonía, y vemos como natural aquello que es habitual y está aceptado en una determinada sociedad, y a menudo conforme con la clase dominante. De este modo, este término se puede usar y se ha usado frecuentemente como normalizador y represor de las conductas o acciones disidentes. Permite invalidar cualquier teoría evitando la argumentación y nos dota de una visión determinista e inmutable de las cosas. Este término no sólo se usa en los debates sobre temas ambientales, sino que se ha usado y se usa para justificar el neoliberalismo, el colonialismo, el racismo, el sexismo o el especismo.

La historia demostró que toda justificación del orden social por las leyes de la naturaleza, sirvió al totalitarismo (el nazismo se valió de la selección natural) (Simonnet, 1979; 76 apud Diegues 1994).

Así por ejemplo cuando se hace una descripción biologicista y dicotómica de los sexos, o cuando se critican temas como la homosexualidad, o a las personas transgénero, se suele recurrir al término naturaleza como a una Verdad científica irrefutable o se acusa a estas personas de transgredir unas supuestas “leyes naturales” que definen lo que está permitido, lo que es “normal”; o simplemente se utiliza este término para definir lo que debería ser, para lo que están destinadas las cosas o las personas (las mujeres estarían destinadas a procrear pues son definidas por el mero hecho de tener un útero).

Del mismo modo, para trazar la linea divisoria con la que se define que seres son los que merecen tener una consideración moral o ética, se basa en la dicotomía humanidad/naturaleza propia de la tradición judeo-cristiana-islámica, dotando a los seres pertenecientes a nuestra especie de un valor intrínseco:

Nuestra humanidad, parece tomar valor solamente en proporción al desprecio acordado a los animales. Se define enteramente por contraste con la “animalidad”, es decir con sus representantes más indicados de una Naturaleza a la cual se opone punto por punto: los humanes son individuos que poseen un valor intrínseco, tienen una historia, son racionales, conscientes y libres, han emergido del “estado natural”, mientras que los animales son mecanismos funcionales del orden (de la Naturaleza), especímenes de su especie, que actúan por instinto (1) y presos de su naturalidad sin esperanza de remisión (Yves Bonnardel).

El término naturaleza y sobre todo el cómo nos consideramos con respecto a esta (si formamos o no, lxs humanes y lo producido por ellxs, parte de la naturaleza) tiene una gran influencia tanto en la ecología como ciencia, como en los movimientos ecologistas y en las distintas vertientes ideológicas derivadas de ellos. Estas implicaciones no son sólo a nivel teórico, pues al fin y al cabo definen los objetivos, las prioridades y en definitiva las luchas de estos movimientos. Pero el análisis detallado de las implicaciones en el movimiento ecologista me las reservo para la próxima entrada.

Por lo tanto, haciendo un adelanto al próxima articulo sobre los distintos movimientos o ideologías ecologistas, propongo, deshacernos del término e idea de naturaleza, por que al final, las palabras y conceptos que usamos definen nuestra forma de pensar y por lo tanto de actuar.

Notas:

Humán o humanes: Miembro de la especie Homo sapiens

Bibliografía:

– Diegues A.C. 1994. O Mito moderno da natureza intocada. Editora Hucitec. P 28-53

– Yves Bonnardel. 2005. En finir avec l’idée de Nature, renouer avec l’éthique et la politique. Les Temps Modernes. (http://tahin-party.org/textes/finir-idee-nature_texte-seul_format-lettre.pdf). También se puede encontrar en castellano (no muy bien traducido) en: http://tahin-party.org/textes/terminar-idea-naturaleza_texto-solo_formato-a4.pdf

Autor: Un biólogo contestatario.

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2 Respuestas para Implicaciones políticas del término Naturaleza

  1. Liberty Cravan Liberty Cravan says:

    No soy muy partidario de ir abandonando conceptos, más bien de pelearlos y resignificarlos en un sentido de izquierdas. Igual que al término democracia se le puede dar una implicación anticapitalista (Democracia económica o ¿por qué la democracia ha de acabar a la puerta de la empresa?) el término natural puede ser utilizado, por ejemplo, para enfrentarlo a artificial.

    Es un concepto poderoso, porque está asociado a lo que se supone que somos, a la relación con el medio que nos sustenta, a las sociedades que creamos... incluso al sentido común. Si se utiliza para justificar, por ejemplo, el darwinismo social, es porque el término naturaleza está en disputa. En lo social que comentas, a mi una relación poliamorosa u homosexual me parece perfectamente natural. De hecho son relaciones que tienen lugar en sociedades varias y entre grupos animales. Creo que debemos entrar a la pelea, no abandonarla. Me parece un error entregarle el concepto a una visión reaccionaria del mismo.

    Por lo demás, está bastante bien para introducir el debate. Me quedo con ganas de leer la próxima parte respecto a su uso por el ecologismo.

  2. Un biólogo contestatario says:

    Hay conceptos como el de ciudadano o el de naturaleza que se generan por oposición, por la construcción del otro o de lo otro, y en ese caso creo que son difícilmente recuperables porque en su origen viene de la exclusión, de una visión reaccionaria.

    Aparte creo que el considerar no considerar a lxs humanes, y consecuentemente a lo producido por ellxs, como parte de la naturaleza, sólo sería justificable por un origen divino o sobrenatural de estxs. Si por el contrario, nos incluimos dentro del término, la naturaleza designaría todo lo que existe, y por lo tanto no se podría ir “contra natura”, y tanto el término natural como artificial perderían sentido.

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