Opinión

Publicado el 30 de mayo de 2014 por La Colectividad

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La abstención es un gesto activo: La política de la dignidad

Nota: ésta es una crítica simpatizante con el texto «La abstención es un gesto pasivo: La política del día a día», al cual me gustaría resaltar los argumentos que yo personalmente considero acertados, así como complementarlo con otras ideas que se alejan de lo escrito por el compañero Liberty Cravan. Por lo tanto, se recomienda la lectura del primer texto antes de proceder con éste.

La abstención, lejos de ser un gesto pasivo, es tal vez uno de los gestos más activos en política parlamentaria. Entiendo como abstención el mero hecho de no ir a votar por el motivo que cada persona quiera adoptar. Esto abre un gran abanico de motivos: algunas personas no votan porque no tienen tiempo. Otras personas no votan por que les da pereza levantarse un domingo de la cama. Otras no votan porque no quieren legitimar el sistema electoral. Y otras personas pueden no votar simplemente porque no les da la gana ese día. Algunos motivos tienen un trasfondo político, mientras que otros no. Algunos motivos nos gustan más, mientras que otros tal vez los rechacemos tanto como el ir a votar. Pero lo mire como lo mire, veo que todos los motivos para abstenerse son activos.

Cuando vives en una sociedad como la del Estado español donde la televisión, la radio, y la prensa te bombardean inhumanamente cada vez que hay elecciones para lo que sea, el decidir no ir a votar se me antoja como algo activo. Cuando todo discurso socio-político de responsabilidad ciudadana, dignidad humana, y buen comportamiento gira alrededor de concurrir a elecciones y ejercer nuestro «derecho» constitucional, entonces, el no ir a votar y abstenerse me parece algo muy activo. Más cuando ese discurso hegemónico, institucional, y profundamente socializado se impone de una manera tan brutal (desde el colegio hasta la universidad nos enseñan el valor de «ir a votar»).  Abstenerse de votar no solamente es romper con las reglas del juego que nos quieren imponer, sino también una manera activa de decir que nos importa bien poco lo que nos quieran imponer. ¿Hay algo más activo que la rebeldía contra lo impuesto?

Si votar es lo «normal» en un proceso electoral, entonces abstenerse es lo «anormal.» Y para ser une anormal hay que romper primero con la comodidad de la cultura dominante. Se abstenga una persona por el motivo que sea, aunque sea por pura pereza, ahí encontramos una valiosa fuente de actividad. Cuando la cultura política dominante estigmatiza a la persona que se abstiene, cuando nos llaman «irresponsables», o cuando nos culpan de todos los males electorales, entonces el no ir a votar se convierte en algo más que activo, pues implica una ruptura con toda normalidad establecida (y esto no se hace por pasividad). Que se lo pregunten a les católiques que les da pereza ir a misa un domingo: me da lata ir pero voy por lo que pueda decir el vecino, la madre del vecino, o el párroco. El ir a misa (en este ejemplo tonto) sería cumplir con la normalidad de la (sub)cultura dominante en tu contexto. El no ir a misa, lejos de ser un gesto pasivo, es un hecho activo en tanto que se decide romper con la presión social y cultural.

Ahora, el tema que propone Liberty Cravan no solamente es si la abstención es un gesto pasivo o activo. El compañero escribe que la abstención activa no conlleva, necesariamente, a un aumento de la lucha diaria contra el capitalismo, la autoridad, y todo lo demás. Y bien cierto es: la lucha en la calle, en los puestos de trabajo, en las escuelas, y en todo lugar no depende directamente de la abstención activa, pues ésta ni crea consciencia de por sí ni lleva a ningún tipo de milagro. Estas otras cosas caen en otro terreno que poco o nada tiene que ver con la política institucionalizada. Aunque los nexos existentes entre prácticas políticas no institucionalizadas e institucionalizadas puedan ser de gran interés, no explican (o no pueden explicar) el valor ético que es intrínseco a la abstención. Sí, lo que cuenta para el cambio social en importante medida es eso que Cravan llama «la política del día a día.» Pero abstenerse de votar no conlleva mal alguno. [1] Puede que no conlleve mejora alguna tampoco, pero al menos garantizamos que no haya mal (cosa que no pasa votando).

La lucha en el día a día es fundamental, necesaria, e imperativa siempre que existan elementos de autoridad. Pero no considero que el concepto de «abstención activa» merme u obstaculice nuestra lucha libertaria. De hecho, no tengo muy claro si el uso de otro concepto aumentaría la militancia en sindicatos, grupos de afinidad, o redes horizontales. Como tampoco tengo muy claro de qué manera exactamente la abstención activa dificulta «la política del día a día.» Yo diría lo contrario: animemos a la gente a luchar, organizarse, y vivir con dignidad. Pero también animemos el boicot de uno de los mayores circos de la humanidad. Te abstengas por el motivo que te abstengas, bien por ti.

Notas

[1] Escribo que «no conlleva mal alguno» puesto que abstenerse no legitima un sistema político injusto y opresor. Es más, abstenerse no legitima la autoridad de las instituciones burocráticas ni a los estados-nación. Abstenerse en masa puede llevar a que un grupo nazi consiga 10 escaños. Pero votar en esas mismas elecciones a Podemos (por ejemplo) implica la reproducción de la autoridad fáctica y simbólica de todo aquello que el anarquismo critica. Sopesad vosotres mismes qué es más ético y práctico teniendo perspectiva histórica.

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Acerca del autor

La Colectividad

Ser autónomx, simplemente, bien podría significar aprender a luchar en la calle; a okupar casas vacías; a parar de currar; a amarnos lxs unxs a lxs otrxs enloquecidamente, y a expropiar.



2 Respuestas para La abstención es un gesto activo: La política de la dignidad

  1. Lusbert Lusbert says:

    Pienso que la idea de Liberty Cravan no se centra únicamente en la abstención, sino en desmentir la idea de que la participación anarquista en la política se reduzca solo a no votar, cuando la política anarquista consiste precisamente en hacer política poniendo la dicotomía del voto/abstención en un segundo plano, priorizando la organización y la construcción de movimiento desde las bases.

    Votar no es un acto principal de legitimación del sistema, el sistema se legitima cuando existe ese consenso ideológico entre las clases sociales y cuando no hay otro sistema alternativo que pueda sustituir al dominante. Abstenerse tampoco implica expresamente un gesto de deslegitimación del sistema, será más bien una muestra de desacuerdo total y negación a participar en la misma. Para deslegitimar un sistema sería necesario romper con este consenso ideológico entre clases y para crear esa ruptura con el sistema es necesario construir proyectos políticos alternativos y articular a partir de allí movimientos sociales y radicalizar los ya existentes.

    Al margen del voto/abstención, debemos centrarnos más en crear movimiento que en la cuestión del voto. Hay quienes luchan en las calles todos los días pero votan atendiendo a cuestiones meramente tácticas, como hay de esa gente que está a pie de calle y no vota por cuestiones de coherencia. Pero lo determinante será siempre esa lucha que desarrollen y desarrollemos.

    Como dijo Ricardo Mella, "votad lo que estiméis conveniente la jornada de las elecciones, o absteneos. Pero no olvidéis nunca que lo primordial es lo que hacéis, con vuestra lucha, los 364 días restantes del año".

    • Claro, compa. Si alguien piensa que la participación política del anarquismo se limita a no votar, entonces poco sabe de anarquismo. Pero sigo pensando que votar es una legitimación directa del sistema político, ¿por qué? Como bien dices, la ideología es una cuestión fundamental, pero dicha ideología se materializa en forma de papeleta cada cuatro años. La ideología es abstracta, y tiene muchas formas de cristalizar, pero el voto tal vez sea una de las materializaciones más importantes de dicha ideología liberal-burguesa.

      No concuerdo ni con Mella ni con aquellas personas que votan de forma táctica, pues considero (como creo que ya me expresé en otros textos) que es una táctica nefasta que no lleva a ningún lado en el medio-largo plazo. Como dije en el texto, esto es una crítica simpatizante, pues comparto la idea de la "política del día a día." Pero no veo cómo la abstención puede ser algo pasivo cuando requiere de una acción (la de no ir a votar y desoír los discursos políticos dominantes). Tal vez sea un matiz sin importancia para algunxs, pero creo que habría que darle más importancia. La abstención, pensada desde la lógica dominante, es "votar a un partido que no existe" (aunque me gusta más la expresión de "no-legitimación del sistema electoral").

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