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Publicado el 27 de junio de 2013 por Máximo Eléutheros

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La amistad, cimiento de la anarquía

Si el ideario y pensamiento ácrata son algo del todo desconocido por ti, entonces representarás la anarquía inequívocamente como sinónimo de desorden, caos, violencia, confrontación, libertinaje, revuelta espuria, fratricidio, confabulación armada, revolución sanguinolenta, etc., y aducirás, pues, que no es sólo una utopía romántica, sino que representa una lacra en las historia de los movimientos políticos y sociales; pero si ya has bebido de su filosofía, y si has conseguido aprehender lo mismo que yo tras un breve estudio de ésta, sabrás que la Idea está ligada a otra noción bien distinta, que nada tiene que ver con los adjetivos antes dados, a saber: la amistad.

Pero ¿por qué la amistad, por qué esa relevancia? Porque todo el edificio antiautoritario, si así se le quiere llamar, se asienta sobre esta noción: es su piedra angular, su cimiento, sin la cual las demás ideas capitales no tienen sentido alguno. Si la libertad es imposible sin la igualdad, podemos decir con la misma verdad que la igualdad es imposible sin la amistad, es decir, sin la fraternidad. En este sentido, la amistad no es sino la reciprocidad que sólo se puede dar entre iguales; porque si no fuera así, devendría en tiranía o en limosna, que vienen a ser la misma cosa. ¿O es que podría desarrollarse acaso la noción de igualdad sin la de amistad? Veremos que no, pero antes adentrémonos fugazmente en el desarrollo teórico y práctico que ha tenido esta idea, sobre todo, en los inicios del desenvolvimiento del querer y del hacer anarquista, esto es, en los inicios de su teoría y de su práctica.

Así, dirigiéndonos en primer lugar a lo teórico, ya podemos vislumbrar esta alabanza y esta exhortación a la amistad, a la reciprocidad, al bien mutuo y a la proporcionalidad en el libro, por decirlo de algún modo, iniciático al anarquismo en Europa [1]; me refiero, por supuesto, al más que conocido ¿Qué es la propiedad?o una investigación acerca del principio del derecho y del gobierno, del escritor y pensador francés Pedro José Proudhon, publicado en 1840. En éste, Proudhon afirma cosas como ésta:

«Entiendo aquí por equidad lo que los latinos llamaban humanitas, es decir, la especie de sociabilidad que es propia del hombre. La humanidad suave y afable para con todos, sabe distinguir sin causar injuria, los rangos, las virtudes y capacidades: es la justicia distributiva de la simpatía social y del amor universal» o «La amistad es precioso en el corazón de los hijos de los hombres».

Tampoco se puede olvidar, claro está, a Kropotkin, que en su libro El apoyo mutuo sistematiza y reafirma argumentalmente este principio bosquejado con levedad por Proudhon; de tal manera, afirma lo siguiente:

«Pero la sociedad, en la humanidad, de ningún modo le ha creado sobre el amor ni tampoco sobre la simpatía. Se ha creado sobre la conciencia -aunque sea instintiva- de la solidaridad humana y de la dependencia recíproca de los hombres».

Nuevamente, permanece latente esa reciprocidad y proporcionalidad del individuo para con el resto de la sociedad. O cuando, el mismo autor, afirma lo siguiente en Las prisiones:

«La fraternidad humana y la libertad son los únicos correctivos que hay que oponer a las enfermedades del organismo humano que conducen a lo que se llama crimen».

Para finalizar, como corolario, considero primordial esta frase de Malatesta, según la cual:

«Todos somos egoístas, todos buscamos la satisfacción propia. Pero el anarquista encuentra su mayor satisfacción en la lucha por el bien de todos, por el logro de una sociedad en la que pueda ser un hermano entre hermano […]».

Por ello que quizá, como dicen algunos compañeros, un anarquista no es más que un egoísta solidario, por muy contradictorio que pueda sonar. Pero no es así, ese egoísmo se ha de entender en un sentido lato, casi tautológico, tal como se lo daba el filósofo Max Stirner.

En mi pretensión de escribir un pequeño artículo pedagógico, evidentemente, no puedo ejemplarizar muchas más citas teóricas, pero creo que las que dejo dan buena idea de lo sustantivo del asunto.

Por otro lado, en el plano fáctico, tenemos la solidaridad desplegada por los obreros y campesinos en todo momento desde el mismo inicio de la Revolución industrial y, por tanto, desde los primeros pasos del movimiento obrero. Esta solidaridad, surgida en un principio más del instinto empático que de una teoría socialista asentada, era constante, por ejemplo, entre los obreros que cohabitaban barracas en los barrios, si es que se les puede conferir tal apelativo, marginales que salpicaban los arrabales de los perímetros industriales y fabriles de las grandes ciudades del mundo allá por el siglo XIX Y XX, que es el tiempo de la génesis del anarquismo. De tal modo, nos habla Francisco Olaya Morales en su libro Historia del movimiento obrero español (siglo XIX) del surgimiento de las primeras mutualidades obreras en la primera mitad del siglo XIX, en las que los obreros constituían cajas de préstamo para los más acuciados económicamente, ayuda para dejar a los hijos en cuidado mientras sus padres y madres trabajaban en las fábricas, asistencia médica básica, e incluso alguna que otra institución de carácter cultural. Esto, que es la quintaesencia de la reciprocidad y de la fraternidad entre iguales, aunque parezca cosa baladí, llevó sangre, sudor y lágrimas el conseguirlo, ya que al Estado monárquico, y en especial a los patronos, no les hacía gracia alguna que se constituyeran instituciones netamente obreras. Después, claro está, por las continuas injerencias gubernativas, traiciones, triquiñuelas patronales, abusos de los mismos, etc., los obreros se fueron radicalizando tanto en su modo de actuar como en sus propuestas. (¡Y aun así, qué poco pedían y qué justas sus reivindicaciones!)

Para darle una perspectiva algo más internacional, también me gustaría rememorar la proeza de un militante anarcosindicalista japonés durante una huelga fabril [2], ya en el siglo XX, que se encaramó a una chimenea industrial de 30 metros de altura, plantando en la cima la bandera negra y negándose a descender mientras no se resolviera la situación de sus compañeros y compañeras. A los doce días del suceso, y una vez ganada la pugna, debieron subir a por él para ingresarlo en un hospital, pues el pobre hombre, como es de comprender, estaba totalmente extenuado física y mentalmente.

¡Ojalá tuviera el tiempo y el espacio necesario para describir una por una todas las proezas sindicales! ¡Qué prodigio el de la amistad!

A pesar de que estos acontecimientos han sido y son comunes a todo el movimiento obrero, en mi opinión, el anarquismo le confiere a la fraternidad una naturaleza especial, pues éste enfatiza en la horizontalidad entre iguales. ¿Puede existir acaso la igualdad en la verticalidad? No es algo que pretenda desarrollar, pero la respuesta más allegada a la razón parece decirnos que no.

Por último, a modo de curiosidad, no está de más saber que la palabra compañero, proveniente del latín compania; formado por los vocablos cum ‘con’ y panis ‘pan’, etimológicamente, hace referencia a ‘los que comparten el pan’.

¡Así que cuida bien a quién llamas compañero o compañera!

[1] Godwin parece plantearlo de un modo algo más difuso y no con tanta insistencia. Por otro lado, si bien es verdad que los socialistas utópicos ya enfatizaban en el compromiso social y en la equidad, no los caracterizaría como anarquistas.

[2] García, Víctor. Museishushugi: El anarquismo japonés.

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Acerca del autor

Anarcoindividualista. Stirneano sui géneris. Socialista mutualista. Antiindustrialista, puesto que reniego de los grandes conglomerados industriales y urbanos. Vegetariano ético. Antiteísta.



25 Respuestas para La amistad, cimiento de la anarquía

  1. janusz says:

    Cuando decías lo siguiente: "¡Si he dicho que en esa cita no veo al Único por ninguna parte! Veo al ”yo absoluto” e idealista de Schelling, no al Yo materialista y lleno de vicisitudes de Stirner. Esa cita es un hombre de paja con sombrero de marca cara. " pensaba que te referías a tu primera cita. En relación a la cita de Marx, mi posición es que a pesar de que Stirner concibiese la existencia como materialismo puro y mecánico, su radical subjetivismo resulta en el fondo forzosamente idealista. El ser humano no puede reducirse a un denominador común o univalente, pues ello equivale a simplificar y a desproblematizar su identidad, y por otro lado despotenciar lo que es o puede ser. Su carácter es esencialmente antitético, ello explica que una de sus dimensiones sea la de su historicidad o evolución hacia nuevos modos de ser y de vivir. El ser humano no es siempre lo mismo, si no que es constante devenir, es pues un ser histórico. De Marx pueden criticarse algunos de sus presupuestos teóricos, pero no por ello hay que negar sus aciertos. Yo esperaba que supieras separar el grano de la paja en este sentido. Desechando su concepción hegeliana de la historia, Marx de todos modos no dejó de especificar que no es la historia como tal la que determina la existencia humana, sino que es "el hombre mismo quien hace la historia". Lee esta frase con calma y detenimiento para empezar a comprender alguna correlación entre tu distorsionado pensamiento y el pensamiento de Marx. ¿No quieres que te enlace al concepto de "marxismo libertario"? No, claro que no hará falta, pues seguro que eres un perfecto conocedor de las innumerables ramas de las que se compone el anarquismo.

    Cuando te enlacé el concepto de materialismo dialéctico lo hacía "desinteresadamente" para que pudieras comprobar por ti mismo alguna de tus contradicciones.

    Me pides que te explique "cómo aplicar correctamente el materialismo dialéctico sobre las ”leyes” humanas, naturales e históricas" sin darte cuenta que el modo de formular la pregunta revela tu desconocimiento sobre dicho concepto. Te corrijo tranquilamente. El materialismo dialéctico no lo puedo aplicar yo ni nadie "correcta o incorrectamente", pues no es nada más que un marco conceptual para comprender el desenvolvimiento de la realidad social. Baste decir que la dialéctica no necesariamente toma un rumbo ascendente o evolutivo, hacia un estadio final, como presuponía Hegel erróneamente, sino que por el contrario puede también tomar un sentido declinante e involutivo. El movimiento de la Historia y los conflictos sociales y materiales son fruto de la contradicción que se comprenden en el proceso de la dialéctica. Las categorías teóricas centrales del materialismo histórico de Marx y Engels son las fuerzas productivas, las relaciones y modo de producción, la explotación, la alienación, la lucha de clases, el plusvalor, y el fetichismo de la mercancía. Nada que tenga que ver por tanto con instancias transcendentes o divinas. No sé tú, pero me parece que Stirner estaría en algún punto de acuerdo.

    Por otro lado, mi concepción del amor es indeterminada y soy plenamente consciente de ello. NO EXPRESO QUÉ ES el amor, sino CÓMO SE REVELA. Se revela como instinto de unión con el Otro (que no es objeto). No es "apropiación objetual" del Hombre (objeto) "ni disfrute sensual" (Sexo) del sujeto (Yo), sino que es experiencia mútua, recíproca. La simbiosis es lo sagrado, no la previa relación de poder establecida. Stirner intenta sostener una noción absurda de materialismo mecanicista, pero lo que revela su radical solipsismo es un idealismo superlativo, por mucho que pueda escocer esta consideración a ti y al Santo Stirner.

  2. Que el hombre mismo es quien hace la historia te lo admite hasta un individualista metodológico. Yo no he negado sus aciertos (que ni siquiera sé cuándo pasó esto a ser un debate sobre Marx y el materialismo histórico, aunque desde el principio, al recordar que eras marxista, intuí que pasaría), sino que me he limitado a criticar lo que Engels y Marx creyeron conseguir; como dijo Engels: ''Igual que Darwin descubrió la ley de la evolución en la naturaleza orgánica, Marx descubrió la evolución en la historia humana''. Esto es una tontería.

    Contra un análisis marxiano libertario que quite todo este teleologismo, y a veces determinismo, multilineal de la historia no tengo nada. Pero aún estoy esperando un análisis marxiano genuino, porque por los textos que he leído sólo veo interpretaciones parciales, nada serio. Entretanto no lo criticaré.

    Es importante saber cómo y quién realiza el análisis dialéctico, pues normalmente cada estudioso lo utiliza como le viene en gana. De tal manera, estaría bien saber si lo has aplicado tú independientemente para sacar tus propias conclusiones o si cacareas lo que escribieron Marx y Engels. La dialéctica es una aliada peligrosa, y depende de cómo se utilice. Digo lo mismo: Marx y Engels creyeron encontrar en las ''contradicciones históricas'' y en su síntesis sempiterna una ''evolución natural'' de la historia humana (la cita anterior de Engels es paradigmática). Que Marx y Engels luego utilizasen eso como martillo ideológico no es mi problema, sino suyo por desvirtuar su propio análisis. En la historia no hay ''contradicciones dialécticas'' ni mucho menos ''síntesis'' necesarias; todo esto son proyecciones del materialismo dialéctico sobre la historia, que, más que servir para realizar un análisis correcto de los procesos históricos, adecua esos mismos procesos al ''marco conceptual'' de la dialéctica, quitándole toda objetividad y rellenando todas las oquedades con nociones apriorísticas y totalizantes. Las contradicciones históricas existen en la mente del pensador, y ni mucho menos tienen por qué llevar necesariamente a una síntesis. De hecho, Marx, en sus estudios en Inglaterra, parece directamente extrapolar un análisis relativamente bueno de su realidad inmediata y de lo que debería ser con un presunto devenir histórico. Hay cientos y cientos de procesos históricos que el materialismo histórico explica muy parcialmente o directamente no puede explicar.

    Pero es que, repito, no sé cuándo se convirtió esto en un debate sobre el materialismo dialéctico e histórico. Sinceramente, no tengo gana ninguna de estar otra vez discutiendo con un marxista. Con una vez por mes voy que chuto.

    Por otro lado, hay que tener en cuenta que el libro de Stirner no es un análisis histórico, ni económico, ni siquiera político, sino puramente ético y filosófico. Es un punto importante éste a la hora de intentar desviar el debate del egoísmo al materialismo histórico, Marx, etc.

    Pues no sé cómo debatir sobre algo con alguien que considera el objeto de debate como ''una concepción indeterminada'' y su relación efectiva como una ''simbiosis''. Ponerme a debatir sobre esto sería tan estéril como discutir con un místico personalista sobre su idea ''indeterminada de Dios'' y su ''relación simbiótica con éste''. Como dije anteriormente, noto cierto miedo en ti a aceptar el ''vacío existencial''. No pasa nada, es muy normal.

    Puesto que no quiero debatir sobre Marx y el marxismo, y puesto que me parece del todo vano intentar rebatir tu concepción de amor, por mí el debate ha terminado.

  3. janusz says:

    Que haya quien aluda al materialismo dialéctico marxista para tratar de analizar un determinado proceso histórico no significa que este sea, por más que pueda parecerte, un instrumento de análisis científico. La dialéctica es consustancial al ser y al curso de la historia, independientemente de su naturaleza imprevisible. Dices entre otras cosas que las contradicciones históricas "ni mucho menos tienen por qué llevar necesariamente a una síntesis". De hecho si conocieras la obra de Proudhon (Sistema de las contradicciones económicas, 1846) hubieras advertido que este autor, sin renunciar a una cierta noción de progreso, concebía el proceso dialéctico sin la tercera categoría de síntesis. Con lo que carece de sentido esa absurda generalización que haces caracterizando al materialismo dialéctico como método omniexplicativo basado en las viejas y fijas categorías de tesis, antítesis y síntesis. En el fondo sé que estamos de acuerdo en algún punto esencial, pero como te reiteras demasiado, me obligas a destacar tus inexactitudes.

    Te veo por otro lado más obsesionado juzgando la originalidad del autor en vez de mantener una sana voluntad de refutar sus ideas.
    Y creo que es normal que surjan discusiones paralelas que a ti te parecen menores y que a mi me parecen que pueden servir para orientar o reafirmar desde el principio cuestiones que pueden ser claves. La verdad, he de decir que no comprendo tu irritación a las primeras de cambio, cuando el hecho es que siquiera acabo de hacer mi primera declaración de intenciones. Entiendo que no quieras participar en el debate y por supuesto que no deseo tampoco que sientas ninguna obligación a ello. Yo por mi parte seguiré vertiendo por aquí de vez en cuando algunas reflexiones que puedan interesar a otros lectores con la esperanza de disuadir a algunos de ellos de caer en la tentadora perversión stirneriana. Yo mismo fui tanto en la teoría como en la práctica un incorregible Nietzscheano a muy temprana edad, así que me parece que sé un poco de lo que hablo. Antes de dar el salto en mi evolución personal también terminé al igual que Nietzsche abrazado al caballo entre sollozos y pidiéndole perdón en nombre de la humanidad.

  4. Este es mi último mensaje.

    Tú no sabes qué he leído de Proudhon para decirme si conozco su obra o no, así que, ante el desconocimiento, cállate. Y no sé por qué sacas a Proudhon, como tampoco sabía por qué sacabas a Marx. Probablemente, y teniendo incluso un libro con sus cartas editado a principios del siglo XX y que ya no está disponible, haya leído más de él que tú.

    Me parece perfecto lo del caballo y lo de los sollozos, pero Nietzsche no es Stirner.

    Desde luego no voy a discutir sobre el egoísmo stirneano con el alguien que se ha manifestado resueltamente ignorante de su terminología, de sus concepciones y de su obra. Si no te has leído a Stirner, léelo; si te lo has leído, repásatelo. Sobre todo lo digo porque continuamente he estado aclarándote qué entendía Stirner por derecho, por crimen, por egoísmo, por Único, incluso con sus propias citas, pero no hay manera. Y uno tiene cosas que leer, como dije atrás.

    Tampoco voy a discutir con alguien que copia fragmentos apenas modificados de la Wikipedia. Sencillamente, no me gusta. Lo digo por lo de 'Las categorías teóricas centrales del materialismo histórico...', aunque ya lo sabrás. Seguro habrá otras, a saber. Estaré debatiendo sin ganas, pero no me chupo el dedo. Tampoco es irritación, empero no me gusta que me tomen el pelo.

    Y sí, puedes estar aquí transcribiendo lo que dijeron Marx, la Wikipedia y otros ad infinitum; y si eso es de provecho para los lectores, que te cunda.

    Espero que nuestros solícitos lectores entiendan de buena gana por qué desisto de debatir contigo. Si no, como apostillaría Tucker, tampoco es que me importe.

    Dejo, por último, una cita de Engels para deleite de muchos, no mío desde luego: ''Somos comunistas también desde el egoísmo, y es desde el egoísmo que queremos ser seres humanos, no meros individuos [...] debemos tomar nuestro punto de partida desde el Ego, el individuo empírico de carne y hueso, si no queremos, como Stirner, quedar atascados en este punto, sino proceder a elevarnos hacia el hombre''.

    Stirner, malicioso, le pregunta al inmenso Engels: ''¿Oh, Engels, hacia qué Hombre? ¿El tuyo acaso?''

  5. janusz says:

    Permíteme volver a decirte que pierdes mucho tiempo innecesario respondiendo a las cuestiones más tangenciales e insignificantes. ¿A qué viene esa petulancia intentando demostrar que has leído a Proudhon, y que has leído más que yo? Te diré al respecto, no me duele admitirlo, que yo he leído muy escasamente a Proudhon, y soy perfectamente consciente de que es muy probable que hayas leído en general mucho más que yo. Para que te hagas una idea, lo cierto es que no hace siquiera un par de años de que un amigo me recomendara por primera vez un libro de un autor libertario. A partir de entonces fue cuando empecé a interesarme seriamente por el anarquismo y a separame de mis viejas ideas izquierdistas.

    Por otro lado, creo que se entiende perfectamente que mi alusión a la obra citada de Proudhon (no al autor en sí) surgió a raíz de un pequeño matiz teórico debido a lo que a mí me pareció una innecesaria generalización del concepto de Materialismo Dialéctico. Ya te había advertido en comentarios anteriores que estaba de acuerdo contigo en el rechazo a la concepción teleológica de la Historia, y tú erre que erre. Si volvemos a comentarios anteriores, debes recordar que tras la cita crítica de Marx hacia Stirner que expuse, contestaste por primera vez haciendo alusión al materialismo dialéctico, y además preguntándome la absurdez esa de que cómo lo podía aplicar yo a la historia. Pero es que además en mi último comentario vuelvo admitir que "estamos de acuerdo en algún punto esencial". De nada valió.

    Luego me reprochas que he transcrito las categorías de Marx. ¿Acaso he ocultado que yo consulto la wikipedia? ¡Si yo mismo te puse el enlace! ¿Qué relevancia tiene que copiara la "complejísima" frase de que "Las categorías teóricas centrales del materialismo histórico son:"? Ciertamente ninguna relevancia. Para tu ego malsano toda.

    Me dices que Nietzsche no es Stirner, así, de forma categórica y sin presentar ninguna digna apreciación al respecto. Convendrás al menos conmigo en alguna similitud: su subjetivismo e inhumanismo moral, por ejemplo. Ya que tienes la mala costumbre de no dar referencias tras una afirmación categórica de este tipo, me daré el lujo de transcribirte un fragmento de la wikipedia, más que nada para evitar llevar a engaño a otros lectores curiosos que pudieran leerte: "También durante este período [1869–1879] leerá la obra del filósofo Max Stirner, cuya influencia será notable en él"
    https://es.wikipedia.org/wiki/Nietzsche#Profesor_en_Basilea_.281869.E2.80.931879.29

    Me da lo mismo que desistas de debatir conmigo. Pero mira, Máximo, la cosa ha sido siempre muy sencilla: uno lanza libremente sus ideas y el otro si tiene a bien contesta. Aunque ya te aventuro que no vas a poder contenerte, pues sé que en el fondo tu soberbio egocentrismo te domina más de lo que desearías.

    Por último, te anuncio que si te decides a debatir, lo harás con un insignificante tipo que ha reflexionado mucho más de lo que ha leído. Tu caso me temo debe ser el opuesto, es decir, el de alguien que ha leído en proporción más de lo que ha reflexionado. Para tu desgracia masticar las ideas que otros han logrado pensar antes que tú no tiene más valor que el que tiene que ver con el resultado mismo de esa asimilación. No hace falta que te lo tomes como algo personal o como algo absolutamente negativo. Esta es sólo mi impresión personal por la forma en que expones tus argumentos y por la manera en que justificas innecesariamente que has leído más que yo: que si te has leído "la ideología alemana" de Marx, que si tienes una edición especial de un libro de Proudhon, etc. Lo de siempre, la obsesión por ser culto, o al menos aparentarlo. Para tu agrado, te admito tu parte de razón, lo reconozco, has leído más que yo, no me cabe ninguna duda. Ahora te toca ser valiente y soportar la presión de creerte más listo e ilustrado que yo y no ser capaz de demostrarlo de forma efectiva. En mi caso te diré que coincido plenamente con Hume cuando decía lo siguiente (para tu mayor credibilidad trascribo esta vez de un libro de filosofía de papel): "Cuando dirijo la mirada a mi interior no encuentro mas que duda e ignorancia". O como confesaba nuestro Ortega: "Yo, señores, soy un pobre hombre con muchas menos pretensiones de la que algunos suponen; simplemente un pequeño ser, que ha ligado su microscópico destino individual al ancho, macroscópico destino de su raza". O Albert Camus: "Me retiré del mundo no porque tuviera enemigos, sino porque tenía amigos. No porque me hicieran daño, como es habitual, sino porque me juzgaban mejor de lo que soy. Es una mentira que no he podido soportar".

    Ahora te toca poner tus dos manitas junto a tu boquita cerradita.

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