Opinión

Publicado el 23 de abril de 2014 por Nemo

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La empanada leninista

Recientemente las juventudes asociadas al PCPE, los CJC, han publicado en la edición digital de su revista Tinta Roja un artículo, escrito por Jorge Orts, dedicado por entero a explicar su particular visión del anarquismo. Como buen oportunista, aprovecho mi oportunidad para escribir una respuesta.

Ya en la entradilla del artículo comienza a anunciarse el tono general. Nos dice el camarada que, desde que Bakunin lo formulara, el anarquismo se convierte en un enemigo ideológico del marxismo leninismo. Esto es cuanto menos sorprendente, dado que para cuando Bakunin muere Lenin tenía seis años. El primer contacto de Lenin con el socialismo revolucionario le vendría, pocos años más tarde, por su hermano Aleksandr, precisamente de ideología anarquista. Resumiendo, que si tenemos en cuenta que Bakunin escribe la mayor parte de su obra en la década de 1860, se puede considerar un auténtico logro convertirse en un enemigo del marxismo-leninismo 40 años antes de la fundación del partido bolchevique.

Merece la pena detenerse en el tratamiento que hace el camarada de la historia a lo largo de todo el artículo. Parece ser que ahora el materialismo histórico consiste en ignorar los datos objetivos para que todo coincida con las directrices del partido. Dice que el anarquismo «toma fuerza a mediados del siglo XIX». El anarquismo a medidados del siglo XIX no toma fuerza, sino que empieza a formularse de la pluma de Proudhon. Es a finales de este siglo y, sobre todo, a comienzos del siglo XX, cuando el anarquismo vinculado al movimiento obrero se hace fuerte. La huelga de la CNT 1919 que logra las ocho horas en España; la semana trágica argentina que mantiene al gobierno una semana en jaque, también en 1919; el Biennio Rosso italiano entre 1919 y 1920; o la revolución anarcosindical de 1936 son todos eventos de comienzos del siglo XX.

Justo después el camarada nos relata que el anarquismo «cala especialmente en la pequeña burguesía y el campesinado con pequeños privilegios», siendo propio de aquellos lugares donde el capitalismo no ha alcanzado un gran estado de desarrollo y donde, por tanto, existe una pequeña burguesía asustada ante el avance. Si examinamos las zonas donde el anarquismo cobra especial importancia nos encontramos con la industrial Cataluña, donde es hegemónico entre la clase trabajadora (la clásica de los panfletos leninistas, con mono azul y todo), en el Norte de Italia (también eminentemente industrial), o en Argentina, uno de los pocos lugares de Latinoamérica que por entonces poseía un desarrollo industrial. En otros lugares, como EEUU, sindicatos revolucionarios afines al anarquismo como la IWW también alcanzarían un notable nivel de desarrollo (¿Hace falta recordar que los mártires de Chicago, primer lugar en el que se lograron las 8 horas, eran todos anarquistas?). Es cierto que el anarquismo también llega a tener implantación en áreas rurales como Andalucía, sin embargo, aquí no encontramos un campesinado pequeñopropietario, sino auténticos trabajadores del campo, sin ninguna clase de privilegio y a menudo sin más propiedades que sus manos desnudas.
El marxismo-leninismo, más bien al contrario, tiene su principal foco de desarrollo en la Rusia zarista, país atrasado y sin industria donde el campesinado sí era, tras la manumisión de los siervos, pequeño propietario. En otros lugares las filas de los partidos adheridos a la tercera internacional a menudo se llenarían de intelectuales orgánicos, esto es, pequeña burguesía, pero por lo general no de obreros. La Profintern, intento del marxismo-leninismo de constituir una internacional sindical, fracasó estrepitosamente. Tan solo lograría extenderse el marxismo-leninismo, tras la Segunda Guerra mundial, a otros países igualmente atrasados y de base campesinacomo las repúblicas del Este de Europa o lugares como China en el continente asiático.

El camarada llega incluso a confundir nombres, llamando «Internacional Socialista» a la Asociación Internacional de los Trabajadores. Bakunin entra en ella, frente a los que querían convertirla en un partido parlamentario, defendiendo la necesidad de una AIT sindical y federalista. La causa de la escisión en la AIT no es pues el debate ideológico entre Marx y Bakunin (esto sería, desde luego, una concepción idealista de un hecho histórico) sino las tensiones orgánicas entre las regionales del Sur (Suiza, Italia o España), federalistas y las del Norte (Francia, Inglaterra), centralistas. Una concepción que tiene más que ver con las primitivas formas de organización obrera y sindical que se estaban desarrollando en esos países que con un debate de salón.
El anarquismo, dice el compañero, «coge el estado como una entidad abstracta y lo culpa de todos los males» centrándose únicamente en la abolición del Estado y, además «carece de bases científicas en su análisis». Quien afirma esto, evidentemente, no ha leído una sola página escrita por Kropotkin (reconocido ideólogo del anarquismo). Kropotkin, siendo un reconocido científico (geógrafo y naturalista) se apoya en un análisi científico para desarrollar sus tesis del Apoyo Mutuo. Lenin, por cierto, se entrevistaría con él para conseguir los derechos de reproducción de la obra para incorporarla al sistema educativo soviético. Otros científicos, como Elisée Reclus, participarían igualmente en la formación de las ideas anarquistas. Frente a ello, en la formación del marxismo leninismo, encontramos muchos políticos profesionales, pero científicos más bien pocos. También Kropotkin realizará un complejo análisis del Estado, como ya antes lo había hecho Bakunin, definiéndolo como el instrumento de mantenimiento de los monopolios, de sometimiento de una clase sobre otra y defiendiendo la necesidad de que la revolución acabe con el Estado y la propiedad privada de un mismo plumazo, pues la existencia de uno de los dos factores alimenta al otro.

El camarada no solamente no ha leído a Kropotkin sino que, aparentemente, tampoco ha leído a Marx. Dice que para éste el socialismo (asociado a la dictadura del proletariado) es una sociedad intermedia entre el capitalismo y la Comuna. Curioso, cuando Marx escribe «La guerra civil en Francia» en ningún momento argumenta que los franceses hayan necesitado de un estado intermedio para levantar su Comuna. Engels, el segundo padre del marxismo, dirá:

«Últimamente, las palabras ‘dictadura del proletariado’ han vuelto a sumir en santo horror al filisteo socialdemócrata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber qué faz presenta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡he ahí al dictadura del proletariado!».

Vaya, parece ser que la Comuna y la dictadura proletaria son para Marx y Engels exactamente la misma cosa. El socialismo, el estado intermedio del que habla Marx, no es una categoría política, sino económica, que se corresponde con un periodo en el que los medios de producción todavía no están lo suficientemente avanzados como para implantar el «a cada cual según su necesidad», siendo necesario un reparto de acuerdo al valor-trabajo.

El último párrafo parece una colección de tópicos sacados de algún cuaderno de primero de bachillerato. Dice el compañero que el anarquismo lleva necesariamente a la abstención. El anarquismo, contrario al parlamentarismo burgués, recurre a la abstención activa como táctica política, no teniendo problemas en abandonarla cuando ha sido necesario (caso de 1936, cuando el voto anarquista da el triunfo al Frente Popular). Tampoco reniega el anarquismo de la organización política de la minoría consciente, al contrario, es algo que promueve desde sus orígenes. Este es el caso del Partito Socialista Anarchico Rivoluzionario de Errico Malatesta, la Alianza por la Democracia Socialista de Bakunin, o de las distintas federaciones anarquistas y anarco-comunistas existentes actualmente (Federación Anarquista Ibérica, Federación Anarquista Uruguaya, Alternative Libertaire…).

La idea de formar cooperativas hasta lograr la revolución, si bien es formulada por Proudhon, es desestimada por absurda por todo el anarquismo posterior. La acción histórica del anarquismo se ha basado, ante teorías socialistas descendientes del jacobinismo burgués como el marxismo leninismo, en la transformación social de las fuerzas productivas (mediante la acción sindical) y en la transformación política de la sociedad (mediante la revolución violenta, expropiatoria y anti-estatal). Las ideas cooperativistas propias del socialismo utópico no aparecen en ninguno de los lugares en los que el anarquismo adquiere importancia. Es sin embargo la concepción burguesa del Estado socialista que posee el marxismo leninismo el que ha provocado revoluciones que han acabado en agujeros sin salida, siéndoles imposible abolir el Estado tras reforzarlo y volviendo, al cabo de unas décadas, al capitalismo de libre mercado (URSS, China, Vietnam…). Sirviendo, en este proceso, para reprimir procesos revolucionarios (Ucrania, Kronstadt, Cataluña…). El marxismo leninismo, al menos el que defiende el camarada Jorge, no llama a la cordura, sino a repetir estos experimentos fracasados en un arranque de idealismo y fetichismo.

El anarquismo es la corriente del socialismo crítica con las concepciones estatistas, que pone el acento sobre la necesidad de llevar  a cabo una revolución totalitaria que se desarrolle a todos los niveles en los que el capitalismo sufre contradicciones, teniendo en cuenta la necesidad material de eliminar no solo a la burguesía sino a la estructura política de denominación que reproduce el orden burgués.

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Acerca del autor

Nemo

Comunista libertario, porque construir socialismo desde abajo es el proyecto de nuestro siglo. Esclavo asalariado en un centro de llamadas.



15 Respuestas para La empanada leninista

  1. manolop3 says:

    Ea! Mapunto esta web! Desdeluego, aparte de argumentar mejor y no caer en la burla fácil, se lee de carrerilla.

    Saludos!!

  2. Mr. Brown says:

    Curiosamente, fue Marx -si no me equivoco- quien definió el Estado como "el aparato de dominación de una clase sobre otra", yo firmaría esa definición y creo que cualquier otro libertari@, también; es sorprendente como est@s que se llaman "marxistas" a sí mism@s (a diferencia del viejo Karl, que dijo "yo no soy marxista") huyen de ella.

    Sólo le pondría dos enmiendas a este texto: uno, que, que yo sepa, l@s anarquistas no han sido totalmente anticooperativistas -más bien, ha puesto sus medios y energías en otras prioridades- y, de hecho, en Catalunya fueron bastante cooperativistas, pues allí el cooperativismo y el anarquismo se desarrollaron paralelamente en el movimiento obrero. La otra, es que Alexandr Ulianov, el hermano mayor de Lenin, era de Narodnaia Volia, organización que no era encuadrable en el anarquismo ni en ninguna otra corriente concreta, hasta donde yo sé.

    • Nemo Nemo says:

      Buenas.
      Bien, yo no me refería exactamente a que el anarquismo fuera anti-cooperativista, sino a que no defiende la cooperativa como vía a la revolución. Sí como laboratorio de gestión obrera y, en las experiencias colectivizadoras, como herramienta de distribución de recursos.
      En cuanto a Aleksandr y el Narodnaia Volia, es cierto que categorizarlo como anarquista es complicado, dado que ocurre en unos momentos (década de 1880) en la que la frontera entre lo populista, lo anarquista y lo marxista es todavía bastante difusa (no tanto en Europa occidental, pero estamos hablando de Rusia, donde las ideas socialistas han llegado muy de refilón), sin embargo sus planteamientos revolucionarios, socialistas federalistas que propugnaban el autogobierno asambleario de trabajadores y campesinos lo acercan mucho más a los planteamientos anarquistas que a los marxistas.

  3. Mike says:

    Buen post. Añadiría la lista de ciudades en las que el anarcosindicalismo fue mayoritario en los años 30 del siglo XX: Coruña, Gijón, Zaragoza, Sevilla, Córdoba, Granada, Málaga, Cádiz, Cartagena, Alicante, Valencia, Palma, santa Cruz de Tenerife, Tarragona, Barcelona, Tarrasa, Sabadell... todas ciudades industriales. Precisamente el campo en los mismos años se afilió a la UGT, a la federación de trabajadores de la tierra que agrupó a medio millón de campesinos y que fue una federación fuertísima del socialismo (hay que reconocer que fueron muy cañeros).

    En tanto a otras fechas, quizás en la Transición española, también tuvimos otra oportunidad que no se supo aprovechar. Pero no había muchos campesinos, salvo los que acabaron en el SOC andaluz.

    Por otro lado decir que el Partido Socialista Anárquico Italiano fue fundado por Andrea Costa, uno de los 30 insurrectos del Benevento napolitano de 1877 (la historia merece la pena), y no por Malatesta, al que no le gustaría mucho esa aventura. El PSAI fue el precedente de dos partidos más fundados por anarquistas italianos en los años 80 del siglo XIX, que darían pie al partido Socialista italiano en los 90. Aquí se puede decir que el socialismo italiano fue fundado por anarquistas que se rallaron del insurreccionalismo y se pasaron con armas y bagajes a la política.

  4. Perm says:

    Menuda basura de artículo el de Jorge Orts, por cierto..

  5. Compas, buen artículo, pese a que, a nivel personal, no me siento muy identificado con la línea del comunismo libertario (sin que ello implique que considere a ésta rival ni nada por el estilo, siempre que sea honesta y práctica) pero sólo quisiera plantear una observación:

    El texto dice que lxs anarquistas defendemos la abstención como táctica política, sabiendo abandonarla cuando ha sido necesario, y pone como ejemplo el voto anarquista al Frente Popular. No estoy del todo de acuerdo en que dicho voto fuese algo positivo para el anarquismo ni para la revolución, tal y como se demostró, y me parece una necesidad relativa. Además, concibo la abstención como una táctica pero no circunscrita a unas condiciones concretas, sino como esencia misma de la acción anarquista, como negativa a delegar en ningún órgano o institución superior, y a ceder a otrxs, sea por el motivo que fuere, nuestro poder de decisión.

    No sé si os he entendido mal, o si incluso puedo estar equivocado, pero bueno, el debate y la dialéctica son sanos, ayudan a no acabar siendo un Marxista-Leninista frustrado y resguardado de las críticas en el caparazón de su inamovible ortodoxia.

    Salud y anarquía.

    • Nemo Nemo says:

      Si la opción de apoyar o no al Frente Popular fue positiva es algo que no entro a juzgar, ya que es imposible conocer las consecuencias de no haberlo apoyado. En su momento lo consideraron fundamental para derribar a una derecha que se estaba volviendo fascista y amenazaba con destruir al movimiento revolucionario (Asturias 1934), por lo que en el aquel momento el triunfo de un Frente Popular suponía abrir una nueva coyuntura de transformación social. Julio del 36 no se entiende sin triunfo del Frente Popular.
      Suelo acoger una frase de Camilo Beneri: “Yo tengo principios, y entre ellos figura el de no dejarme impresionar nunca por la llamada a los principios”. No hay que convertir en dogma lo que es táctica política y todo debe estar abierto a la continua revisión de acuerdo a la coyuntura política del momento. El parlamentarismo burgués debe ser rechazado. En cuanto a la abstención, como defendía Mella, lo importante no es lo que hagas el día de las elecciones, sino el resto del año. Si votar puede desestabilizar al gobierno lo suficiente como para abrir una ruptura revolucionaria (caso de España en 1936), pues igual toca. Siempre, por supuesto, rechazando participar en las elecciones y manteniéndolo como algo excepcional.

      Salud.

  6. Por cierto, otro detalle. Al final del texto, pone (copio y pego):

    "El anarquismo es la corriente del socialismo crítica con las concepciones estatistas, que pone el acento sobre la necesidad de llevar a cabo una revolución totalitaria que se desarrolle a todos los niveles en los que el capitalismo sufre contradicciones, teniendo en cuenta la necesidad material de eliminar no solo a la burguesía sino a la estructura política de denominación que reproduce el orden burgués."

    Disculpadme si lo he entendido mal, pero parece como si el/la compa autor/a del texto, dijese que el anarquismo acentúa la necesidad de llevar a cabo una revolución totalitaria, lo cual no puede ser dado que si atendemos a una definición básica de totalitarismo, leemos:

    "Se conoce como totalitarismos a las ideologías, los movimientos y los regímenes políticos donde la libertad está seriamente restringida y el Estado ejerce todo el poder sin divisiones ni restricciones."

    Creo que he entendido mal, y lo que queríais definir como acentuador de la necesidad de una revolución de carácter totalitario es precisamente al M-L, pero como crítica constructiva, creo que el último párrafo del escrito da a entender lo contrario.

    Salud.

    • Nemo Nemo says:

      Cuando hablo de revolución totalitaria no me refiero, por supuesto, a que el objetivo de la revolución sea levantar un Estado totalitario.
      Empleo la palabra en el mismo sentido que la empleó Durruti. La revolución debe ser totalitaria porque debe llegar a todos los niveles de la sociedad. Esto es, debe eliminar todos los medios de explotación y de dominación de la burguesía. Precisamente un error de la revolución social de 1936 fue el no ser totalitaria, prefiriendo los anarquistas pactar con el gobierno de la Generalitat antes que derribarlo y sustituirlo por la gestión directa de los Comités de defensa, producción y abastos.
      ¡Salud!

      • Liberty Cravan Liberty Cravan says:

        Está bien el apunte en comentarios, pero creo que el uso en el texto lleva a confusión. Como consejo ¿Qué tal hablar de revolución completa? O quizá hacer un apunte en paréntesis del significado atribuido al concepto.

  7. Stanli Cooper says:

    Me parece de pataleta de párvulo el adoptar una represalia a un camarada marxista, y acogiéndose a algún fallo teórico y hacerla extensible a la mayoría de la militancia y/o simpatizantes comunistas.

    Supongo, ya que no me he leído el artículo del camarada, que con la "Internacional Socialista" se haya referido a la II Internacional, social-demócrata; que dado la absorción que hace el PSOE ("socialista") del término y variándolo por el signficante "socialdemócrata" lo veo incluso un error nimio, y poco criticable.

    Por otra parte, al declarar al anarquismo enemigo total del marxismo-leninismo, ¿me lo puede usted negar? Es más, solo hacía falta ver la pancarta de CNT en Madrid cargando contra las políticas de izquierdas de Gordillo en Marinaleda. ¿Se puede ser más rufían y con menos sentido político? ¿No os habeis enterado aún los anarquistas de que el enemigo es el capital? porque pocos cánticos y proclamas escuché en comparación contra el sistema económico.

    El estado hay que destruirlo, por supuesto. Pero para ello, antes hay que tomarlo, dominarlo, y llevar a cabo una fuerte política de reeducación y desintoxicación capitalista. Implantar una mentalidad burguesa, ya que como dijo el Comandante: " de nada me interesa un sistema comunista sin mentalidad comunista".

    Asegúrense los anarquistas de pelear por derrumbar el régimen primero, y después hablaremos de qué hacemos con el estado.

    Salud, y Socialismo.

    • Los fallos teóricos son relativos al paradigma (y su argumentación lógica) de cada cual. Los fallos históricos (concernientes al menos a lo "fáctico" de lo sucedido) son otra cosa. Te recomiendo leer el artículo de Tinta Roja. Sobre todo si vas a hacer este tipo de comentarios.

    • armin says:

      De párvulo es escribir sobre algo sin tener ni idea, difamar, mentir e intoxicar. El artículo, aunque firmado a título individual, estaba destacado en la portada del portal TintaRoja de CJC, por lo que aun no siendo extensible al conjunto de la organización, dice bastante del tipo de formación que pueden estar recibiendo ahí dentro.

      CNT-Madrid nunca jamás ha llevado una pancarta contra Gordillo, demuéstrame lo contrario. Joder con los dialécticos y científicos.

  8. Gorky says:

    En general el texto es interesante. Sólo objeto el "Recurre a la abstención activa como táctica política, no teniendo problemas en abandonarla cuando ha sido necesario (caso de 1936, cuando el voto anarquista da el triunfo al Frente Popular)" Es una afirmación bastante temeraria. La realidad es que no hubo "voto anarquista", sino que por la situación de los presos la CNT no hizo campaña por la abstención y dejo al libre albedrío de sus militantes si votaban o no para liberar a sus compañeros. Eso es muy distinto a promover el "voto anarquista". El "no teniendo problemas en abandonarla cuando ha sido necesario" no ha ocurrido nunca más, por lo que el 36 español es la excepción que confirma la regla.

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