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Publicado el 28 de mayo de 2016 por Colaboraciones

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La pureza onanista, o confundir los medios con los fines

A raíz de las expectativas creadas por la denominada “nueva política” y después de algunos debates espontáneos, el compañero Rubén Morvolution escribía en el grupo de Facebook Club de Oyentes de Radio Klara, unas reflexiones sobre la eterna discusión de la participación electoral con el título “La ceguera del corto plazo”. Aportaré mi visión sobre el tema trayendo a colación también ideas que, si bien no expresa directamente Rubén, forman parte del clásico argumentario anarquista en contra de tal participación.

Entre los argumentos en contra del voto, se expone en el citado texto que al querer participar de ellas [las instituciones del poder], (…), transmitimos activa y automáticamente la opresión a las personas que sustentan el sistema (mujeres, trabajadorxs, migrantes, jóvenes…). Ejercemos un control sobre los demás que cortocircuita cualquier proceso de empoderamiento social, de tomar conciencia y control de nuestras vidas, de formar un sujeto colectivo con una capacidad de acción sin restricciones“. Sin duda éste es, en el plano teórico, un análisis válido y, más aún, que comparto, pero olvida que la utilidad de un análisis proviene de su capacidad de generar, en lo concreto, en las situaciones reales en las que intervenimos, criterios de acción que nos lleven, o nos acerquen, a nuestro objetivo. Y utilizar ese análisis como argumento en contra de la participación electoral supone olvidar que en la sacrosanta Tra(ns)ición los poderes fácticos dejaron todo atado y bien atado: aunque el 50% la población se abstuviera en las próximas elecciones, igualmente se adjudicarían los escaños del congreso, quienes los ocupan votarían para formar un gobierno y… todo seguiría igual. Y la cosa no cambiaría con una abstención del 60%, del 70%, del 80%… porque los escaños se adjudican basándose en el voto válido, la abstención se desestima, no cuenta, no existe. Por tanto, a efectos reales, con el voto de quienes cuestionamos el sistema no se transmite más opresión ni se ejerce mayor control sobre nadie que con nuestra abstención. ¿o es que, hablando de cegueras, alguien piensa que vamos a convencer al 100% de la población, que sería prácticamente la única situación en que no podría llegarse a la conformación de un gobierno?

Es decir, que todo el valor de nuestra negativa a participar de la opresión y el control es simbólico, no tiene efecto real. Abstenerse sólo sirve para que podamos decir “yo no colaboro con el sistema” e inflarnos el ego sintiéndonos los más revolucionarios del universo. Puro onanismo.

Estoy de acuerdo también con Rubén en que los problemas no radican en las formas de gestión del capitalismo”, pero sólo si se da suficiente relevancia al verbo, radicar, ser la causa. En cambio, las formas de gestión del capitalismo sí que pueden modular, hasta cierto punto, la gravedad de esos problemas aliviando o agravando sus síntomas, la cada vez mayor dificultad de acceso a la alimentación, a la energía, a la vivienda, a la sanidad, a la educación… sin duda hay que combatir la causa del problema, pero mientras tanto ¿por qué no tratamos de paliar los síntomas en la medida de lo posible?

Vuelvo a coincidir en que para alcanzar una calidad de vida de modo duradero, sin que el poder constituido pueda derrocarlo como estamos viendo en Sudamérica es necesaria la generación de “un sujeto colectivo que luche por controlar, autogestionar, sus propias vidas”. Pero suponiendo como supongo que eso incluye a Venezuela (¿en algún debate de este país no aparece Venezuela? jajajajaja) decir que la opción de participar en unas elecciones “es caer en el más absoluto auto-engaño” es despreciar hechos tan significativos como, entre otros, reducir la pobreza extrema del 25% al 8,7%. Y lo dice UNICEF, a quien no creo que pueda acusarse de chavista. No seré yo quien le diga a ese 16,3% (que pueden ser entre 4 y 5 millones de personas, entre los que habrán much@s niñ@s que salvaron su vida por disponer de atención médica o de una mejor alimentación) que no, que no voten, que algún día, cuando destruyamos el estado, seremos libres. Sabemos que no hay más ciego que quien no quiere ver”, aunque igual de ciego es quien no pudo permitirse una operación de cataratas porque algun@s esperaban destruir algún día el Estado y tenían que ser coherentes.

Puedo aceptar la metáfora de considerar que gobierne quien gobierne seguiremos en la misma cárcel, es decir, seguiremos con nuestra libertad restringida, porque las estructuras del sistema seguirán siendo las mismas. Pero estúpida sería la persona presa a la que dan a elegir entre las diversas modalidades de confinamiento, desde FIES al tercer grado, y se niega a escoger ninguna porque considera que lo justo es la libertad. Aún así, sin embargo, habría que respetarlo porque en esta analogía ella sería responsable únicamente de su situación, pero cuando hablamos de elegir un gobierno para toda una comunidad la responsabilidad moral de nuestras acciones debe incluir las consecuencias que éstas tienen en el resto de personas que deberán someterse a ese gobierno. Mientras no transformemos radicalmente el sistema (y creo que coincidiremos en que estamos lejos de las condiciones para hacerlo) la opresión se dará votemos o no. Y renunciar a nuestra posibilidad de reducirla argumentando que toda participación en el sistema supone ser cómplice, mancharse las manos, no ser coherente con tus principios u otros argumentos de este tipo supone un mero ejercicio de onanismo moral. Puro egoísmo cuando más se necesita de solidaridad. Si el anarquismo es anteponer tu coherencia a la mejora de las condiciones de vida de l@s desfavorecid@s me borro ahora mismo, pero por suerte no recuerdo quien daba el carnet.

Y está muy bien eso de la coherencia, pero la verdad es que puede verse desde muchos ángulos: ¿es coherente manifestarse contra los desahucios y no perder 15 minutos para votar a algún partido comprometido con las 5 de la P.A.H.? ¿criticar la Ley Mordaza y no contribuir a que no siga gobernando quien la impuso? ¿denunciar la dictadura financiera y no apoyar a quien pretende enfrentarla, aun reconociendo que hay pocas posibilidades de vencerla en el corto plazo? ¿criticar el intercambio de favores entre los bancos que dan créditos a partidos políticos que después devuelven en forma de políticas públicas, y no premiar con un voto a un partido que sólo se financia con aportaciones particulares y transparentes?

Es más, ¿fueron incoherentes l@s ministr@s anarquistas en el 36, o supieron leer su contexto y vieron que entrando en el gobierno podían ampliar las libertades civiles y mejorar la situación de l@s oprimid@s? ¿Acaso, salvando las distancias, no estamos ante un momento también crítico en el que se está debatiendo un cambio de régimen que puede dejar atrás, por fin, las herencias franquistas para abrir una etapa que sin duda será imperfecta pero sin olor a naftalina? ¿De verdad consideramos irrelevante resistir o sucumbir a la embestida neoliberal que nos están queriendo colar por crisis? Respóndanse cada un@ a sí mism@.

Aun con todas las deficiencias que desde nuestra óptica libertaria apreciamos en lo que se ha denominado nueva política, es insostenible defender que ésta no supone un avance respecto a lo anterior. La conciencia de cada un@ deberá dictar si preferimos mantener la “pureza” onanista o contribuir a ese avance, por mucho que aún quede lejos de nuestro ideal. Preguntémonos para ello si los principios ideológicos deben servir al objetivo egoísta de darnos gusto o para reducir las injusticias sociales. Yo lo tengo claro.

Toni Yagüe

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5 Respuestas para La pureza onanista, o confundir los medios con los fines

  1. Franz says:

    es graciosisimo como cambiáis la firma cuando escribís los mismos sobre lo mismo con la misma pobreza, lamentable lo de esta página .

    El único onanismo son vuestras pajas mentales ,

    • Toni Yagüe says:

      Oye, no juegues a las apuestas que adivinar no es lo tuyo.
      El autor del artículo soy yo, y es el segundo que publico en esta web, los dos con mi nombre.
      Así que para pajas mentales...

  2. MrBrown MrBrown says:

    Yo estoy de acuerdo en que la crítica, no sólo anarquista, suele darse desde una especie de snobismo moral, pero en el tema concreto de las elecciones, tengo la impresión de que las detractoras y defensoras de participar cometen el mismo error: sobrevalorarlas. De las elecciones, pese a su nombre, no elegimos nada, incluido el que las personas votadas cumplan o no con las medidas que dijeran o sugirieran que tomarían. En este sentido, como la experiencia ha demostrado, ningún voto asegura ninguna apuesta política, aunque sí suponga apostar por determinadas personas para cargos políticos.
    En el propio texto se menciona la importancia de un sujeto político colectivo, ¿de qué serviría una mayoría parlamentaria de ningún tipo si no hay un movimiento popular que le arranque frutos? A la inversa, ¿de qué les servirá a la patronal, UE y demás tener la mayoría de legisladoras y ministras de su lado el día que tengamos más comunidades más fuertes y combativas?
    Creo que, por este tipo de cosas, un centenar o varios de legisladores o unos miles de concejales no podrán hacer gran cosa (¿alguien dijo "Syriza"? ¿"Ahora Madrid"?), por buena que sea su intención, pero millones de personas organizadas con vocación revolucionaria harán que cualquier gobernante, por conservador, reaccionario o fascistoide que sea, quiera "calmarlas" con reformas, planteamiento reformista-revolucionario que sí me gusta. De momento, en los últimos dos años, aquí y ahora, la "nueva política" va más de construir imagen e iconos (Pablo Iglesias, Manuela Carmena) que de construir organización y lucha.

  3. Lusbert Lusbert says:

    A todo esto, creo que habría que hablar de soberanía. Esto es algo que estas candidaturas de la nueva política carecen, porque sus propuestas son bloqueadas por los otros partidos tales como PSOE, PP y Cs, además del linchamiento mediático al que se verán sometidos si anuncian medidas que no les molen. El resto de partidos de izquierdas apenas tienen fuerza como para hacer oposición a los del régimen. Y si a esto le unimos que el pueblo tampoco carece de soberanía, pues nos encontramos con un cascarón vacío, un gobierno débil. Y ese es el caso de Syriza, Ahora Madrid, BeC y ZeC, y posiblemente lo sea para Podemos-IU. Por otro lado, la entrada al escenario político de esta nueva política ha supuesto que el mapa político del país no tenga su centro en la derecha. Esto podría ser una oportunidad para que comencemos a meter discurso y disputarles los espacios políticos a la derecha. Yendo fuera de nuestras fronteras, en Bakur hay pueblos donde el municipio tiene alcaldes kurdos, e incluso han llevado una candidatura a las elecciones generales. Y lo cierto es que, comentaban en otros sitios, que no tiene sentido que teniendo un movimiento popular fuerte, tengas un alcalde del partido enemigo.

    No te quito razón, sin embargo, a lo que dices respecto a un pueblo fuerte. Obviamente esto posibilitaría una revolución independientemente del signo politico del gobierno. Pero eso es porque tienen soberanía para poder realizarlo, y es algo que estamos muy lejos de alcanzar.

  4. Toni Yagüe says:

    Totalmente de acuerdo en ambos argumentos, MrBrown
    Empezando por el final, en el artículo no le dedico tiempo/espacio a la necesidad e importancia de la movilización social porque lo considero obvio y algo en lo que coincidiremos todas las que formamos parte del movimiento libertario. No puedo imaginarme otra cosa.
    Y opino también que el hecho de votar/abstenerse está sobrevalorado, lo que puedo entender en el caso de las partidarias del sistema ya que les es funcional para fomentar que el resto de días hasta las próximas elecciones te quedes en casita viendo el fútbol ya que el gobierno ya "se está encargando de tus problemas".
    Pero lo que me sorprende es que gente que argumenta que el voto no vale para nada -y por consiguiente la abstención tampoco, ya que no es sino la otra cara de la misma moneda- haga campaña por una abstención que tan sólo tiene un valor simbólico y no real porque así está diseñado el sistema electoral. Lo cual en el fondo es también funcional al sistema porque centra la atención justamente en eso que no valía para nada, y además invisibiliza la opinión de la gente más crítica.
    Yo soy muy crítico con la farsa electoral, y en circunstancias "normales" -cuando las diferencias entre las opciones con posibilidades de éxito son insignificantes- no me plantearía escribir este artículo. Pero hay ocasiones en las que está en juego algo más, como el caso de la reciente segunda vuelta en Austria que nos recuerda la foto que encabeza el artículo, o la posibilidad de cambio de régimen (y de cultura política) que estamos viviendo en el estado español para dejar atrás para siempre la herencia del franquismo. Y ahí siento la obligación de moral de no abstenerme y de exponer públicamente este razonamiento para quitar las telarañas del pensamiento libertario en este asunto, muchas veces abordado en mi opinión de forma demasiado dogmática.
    Salud

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