Opinión

Publicado el 28 de junio de 2014 por Lusbert

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Los límites de la libertad de expresión

La libertad de expresión siempre ha estado y está presente en nuestras reivindicaciones y la defendemos como un derecho fundamental. Sin embargo, ¿hay límites en ella? ¿Todas y absolutamente todas las ideas se pueden expresar y tolerar? Así como la libertad social entendida por los y las anarquistas debe ir acompañada de responsabilidades tanto a nivel individual como colectivo, y que en ella no tiene cabida la libertad de explotación ya que la explotación supone la restricción de la libertad; en la libertad de expresión, ¿podrían tener cabida ideas que fomenten el odio o hagan apología de la opresión? Y es que la libertad de expresión no solamente apelamos a ello desde los sectores revolucionarios. En ocasiones, cuando de alguna manera ponemos trabas a la expresión de ideas contrarias, entre sectores reaccionarios también la van reivindicando y tratando de posicionarse como víctimas.

Pienso que para abordar este tema con mayor rigor debemos tener en cuenta las relaciones de poder¹, pues sin comprenderlas, podríamos llegar a poner al mismo nivel la censura de la clase dominante contra nosotras y nuestra «censura» hacia las ideas apologistas de la opresión. Recordemos que sino hay relaciones de poder equidistantes, no se pueden tratar usando la misma vara de medir. No obstante, censurar ideas que no concuerden con las nuestras es un acto autoritario y contradice con nuestros principios de libertad, además que la censura en ciertos casos puede producir el efecto contrario al deseado si se ha llevado unas campañas contra la censura y unos medios adecuados. Si tenemos argumentos sólidos para rebatir las ideas que reproducen las opresiones, sean clasistas, heteropatriarcales, racistas o ¿especistas? no tendríamos por qué impedir que se expresen. Pero sí que no las deberíamos tolerar en nuestros espacios ya que son las que combatimos. ¿Por qué tolerar las opresiones estructurales contra las que luchamos?

Los límites en la libertad de expresión están en que debemos defenderla frente a ideas que pretendan coartarla, reconocer las posturas victimistas que defienden las opresiones e impedir que, bajo el pretexto de la libertad de expresión, sean reproducidas en nuestros espacios. Pese a todo, en este artículo he decidido no dar nada por sentado y dejar un final abierto al debate. ¿Qué opináis al respecto?

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1- Para más información sobre las relaciones de poder, aquí.

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Acerca del autor

Lusbert

Anarquista social y de la rama comunista libertaria solo en cuanto a pensamiento político. Por lo demás, soy una persona normal. Aportando mi pluma como un diminuto grano de arena a que el anarquismo sea una alternativa política real y transformadora. Deconstruyendo mis privilegios de hombre. ¡Luchar, crear, poder popular!



5 Respuestas para Los límites de la libertad de expresión

  1. Dr Alen Cea says:

    Hay una cuestión clara, y es que los reaccionarios se refugian innumerables veces en lo que ellos llaman "libertad de expresión", libertad que para ellos presupone que pueden difundir el odio racial, burlarse de las mujeres con chistes de mal gusto o hasta elogiar el fascismo. LLegados a este punto diré que aunque reaccionarios suene a palabra obsoleta, está más de actualidad que nunca, el adoctirnamiento ha conseguido que personas que se consideran asi mismas de izquierda, hablen del feminismo como algo malo, llegando a cuestionar la existencia de la discrminación de la mujer, para mi eso es sin lugar adudas ser una persona reaccionaria ante el progreso social.

    Sin más añadire que nunca un derecho puede negar otros.

  2. Tema delicado por estar profundamente arraigado en la mentalidad burguesa que nos meten en la cabeza desde que vamos a la escuela. Como dice Lusbert en su texto, hay ideas que no abogan por la libertad humana, así como también hay personas que defienden dichas ideas y quieren reproducirlas, difundirlas, y compartirlas. Dejar a estas personas "expresarse" es lo que la democracia liberal-burguesa defiende, al menos en la teoría y casi siempre en la práctica. Ahora, yo encuentro un problema de base: el mismo concepto de derecho, que me suena a concesión e invención burguesa (en definitiva, un medio más para mantener el estado de cosas actual).

    Por muchas contra-ideas, buenas o malas, que tengamos frente a la persona racista, machista, fascista, o lo que sea que atenta contra la libertad y autodeterminación individual, creo que el papel de aquellas personas que quieren vivir en libertad (y aquí supongo que lxs anarquistas queremos) es impedir, bloquear, cortar, y callar esas voces opresoras. Llamar a esto "censura autoritaria" me parece una simple reproducción del discurso liberal-burgués que opta por la neutralidad y la falsa "objetividad" de lo humano.

    Nuestra postura ácrata no es universal, ni creo que queramos que lo sea por arte de magia. Pero no tengo complejo alguno en decir que la veo éticamente superior a los discursos fascistas, racistas, etcétera. Evitar este conflicto es cerrar los ojos ante uno de los componentes básicos de nuestra existencia humana. Ni tenemos que contentar a todxs, ni tenemos que dejar a todxs hacer lo que quieran. De la misma forma que la persona racista mata tanto física, como verbalmente, la persona ácrata creo que debe posicionarse con firmeza por aquellas ideas que libremente ha decidido darles mayor valor moral, aplicarlas, y vivir en consecuencia con total plenitud. Llamar censura, como algunos medios burgueses dicen, a las contra-manifestaciones que se hacen contra grupos fascistas (por ejemplo, pero también podrían ser contra abuelitxs que defiendan, digamos, una ley anti-gay) es usar el lenguaje, y la lógica, de la clase que nos domina (quienes, por cierto, disponen de todo el aparato estatal e institucional, incluyendo a la policía, para callar nuestras voces). ¿De qué lado cae la censura?

    Sobre las relaciones de poder mencionadas en el texto... qué decir. Personalmente no me gustan, sean equidistantes, asimétricas, o del color que se quiera.

    • Lusbert Lusbert says:

      Precisamente tener en cuenta las relaciones de poder y ver de qué manera se ejercen nos sirve para ver que cuando bloqueamos e impedimos que se expresen las ideas fascistas, machistas, racistas, clasistas, etc, no estamos ejerciendo una censura como tal, sino una autodefensa frente a unas ideas que representan las opresiones que sufrimos en el día a día, y que es desde las ideologías dominantes donde se nos impide expresarnos y se nos criminaliza. En estos casos encontramos esa relación asimétrica de poder. En cambio, si ponemos el caso de que impidiéramos desde nuestros espacios la expresión de otros puntos de vista también dentro del anarquismo sí podríamos hablar de censura, pues estamos en el mismo nivel en las relaciones de poder.

      Por eso para mí es importante comprender y ver las relaciones de poder que se dan entre individuos y grupos sociales, para no confundir, tanto a nivel individual como colectivo, al opresor con el oprimido y viceversa.

      • Sí, tal vez me expresé mal. Culpa mía, vuelvo a intentarlo.

        Creo que es importante entender cómo funcionan las relaciones humanas, lo que incluye saber de relaciones de poder y sus dinámicas. Lo que quería plantear yo es que una idea fascista, racista, machista, etcétera, no han de ser toleradas ni permitidas bajo ningún contexto: tengan o no tengan cuota de poder las personas racistas, fascistas, machistas etcétera, sus ideas han de ser calladas. Esto era lo que quería expresar: que la inmoral del racismo o del machismo, por ejemplo, no deriva de su relación con el poder dominante, sino de ellas mismas.

  3. Ángel says:

    Tampoco tengo la idea que nos haga pensar "ese es el axioma". Algunas ideas sueltas: la jurisprudencia aborda mejor el tema que la ciencia política: La injuria es delito, el falso testimonio. Por citar unos límites. Si bien a todos nos suena mal coartar la libertad de expresión es un medio para evitar que se vuelva a repetir la catástrofe como raza que supuso el auge del fascismo en Europa. Por ende cabe punir también discursos anarquistas violentos. El problema es que la burguesía clasifica de violentos y punibles todos los discursos que se separan un poquito de la socialdemocracia burguesa tildándolos de terroristas. Vamos, que no sé donde hay que poner los límites.

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