Opinión

Publicado el 16 de marzo de 2019 por Colaboraciones

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Los que se nos van ¿Libertarios en el mundo electoral?

¿Cuantos compañeros han transitado de los movimientos sociales o libertarios a las instituciones del Estado? ¿Cuantas manos y cabezas más vamos a tener que perder antes de reflexionar acerca de los por qués?

Las militancias políticas nunca son lineales, y menos mal. El valor de la crítica y autocrítica debe estar siempre presente, debemos replantearnos constantemente si nuestra práctica política sirve a nuestros objetivos. Y claro, para ello debemos tener claro cuáles son nuestros objetivos. Que un compañero tome la vía electoral provoca tres tipos de reacciones: amigos y conocidos que dan la enhorabuena, con más o menos diferencias, quienes cargan por incoherente o por haber sido en el pasado azote de “refors” y “electoralistas” y luego están quienes simplemente se ríen de la situación. Pero ¿de verdad nadie va a reflexionar sobre cómo gente con un determinado bagaje político-ideológico acaba en la lista electoral de las magdalenas?

La madurez

Quienes con 20 años basan su actividad política en la verborrea radicaloide, quienes desde una torre de marfil ideológica se dedican a sentar cátedra sobre qué es o qué no es revolucionario, son probablemente quienes más papeletas tienen para o dejar de militar a los 35, acabar votando al PSOE o algo peor. La militancia revolucionaria es una carrera de fondo, no un sprint donde hay que quemarlo todo y ya, exige de compromiso, de buenos compañeros y de un proyecto más allá de lo vivencial.

Aguantar los ritmos de asambleas soporíferas, interminables y en las cuales se habla de lo mismo que se ha hablado en tantas anteriores asambleas no es algo sencillo. Cuando llevas años militando y ves a tu alrededor que se siguen cometiendo los mismos errores, que con cada avance hay nuevas complicaciones o que la gente con la que has convivido en la militancia toma diferentes rumbos, aguantar se torna complicado. Si encima has acabado tu etapa juvenil y llegan las responsabilidades: familia, hijos, alquiler, trabajo… Tu realidad material modela tu forma de ver el mundo y tu forma de intervenir en él.

Esto no implica que en el proceso de maduración uno deba volverse irremediablemente un reformista o un reaccionario. Implica que si no existen unas bases materiales donde desarrollar un proyecto político adecuado a las vidas post-juveniles, quienes siguen teniendo esa intención de cambiar el mundo que nos rodea opten por trabajar en espacios donde se puedan realizar parte de esos cambios. Mientras que desde los movimientos sociales se tiene una decente capacidad de movilización, tenemos una débil capacidad para proveer de unas bases materiales que nos permitan reproducir otras formas de vida. No en el plano exclusivamente vivencial, en el plano laboral, investigativo, activista, económico, de cuidados… Lo que fue la gran CNT de los años 20 y 30, un mundo dentro de otro mundo. Lo que representa el Movimiento de Liberación de Kurdistán en Turquía o los Zapatistas en México. Debemos ser capaces de generar unos movimientos políticos en los cuales las distintas etapas vivenciales tengan cabida.

La emergencia climática

La cuestión ecológica es hoy central en cualquier paradigma transformador. No es una cuestión de gusto ideológico, es un imperativo de la realidad. No se puede posponer más cualquier acción que esté encaminada a la reducción de gases de efecto invernadero, del consumo energético y del cambio de modelo productivo. La conclusión es lógica y pragmática: estrategias duales, influir en el Estado y construir alternativas populares más allá de él. Por desgracia, hoy solo los Estados, y sus distintas escalas, tienen capacidad política, legislativa y coercitiva para implantar medidas que son imprescindibles a gran escala, nacional y transnacional. Las iniciativas populares dinamizadas por la vía de los movimientos sociales apenas traspasan las escalas locales, no digamos la internacional. Por supuesto que la escala reproductiva a la que se debe tender es la local, pero su viabilidad no será posible en un mundo que siga derrochando y caminando hacia los límites del abismo climático y ecológico.

Esta necesidad de ocupar los espacios de decisión desde los que desarrollar políticas, que a la par que dan espacio a los movimientos, desarrollan políticas encaminadas al objetivo de reducción del consumo energético, cobra peso. ¿De verdad alguien piensa que da igual que un negacionista del Cambio Climático como el partido de Santiago Abascal tenga capacidad de presión sobre las políticas medioambientales? La reproducción de la vida está en peligro. Y sin vida no hay revolución.

Entiendo que esta es un poco la idea de algunos compañeros de las filas libertarias que hoy transitan por la vía Estatal. La idea no parece descabellada, el problema estará en cuanta capacidad de maniobra se logre desde dentro. Puede ser que tantos esfuerzos puestos en esa vía, y no en la alternativa, devengan en fracaso y pérdida de fuerzas del a fuera.

Altavoz mediático

Militantes revolucionarios en los parlamentos los ha habido siempre. Giuseppe Fanelli pudo introducir la 1ª Internacional en España gracias a su condición de diputado. Ángel Pestaña fue diputado por el Partido Sindicalista y anteriormente Secretario General de la CNT e impulsor de los grupos armados de defensa frente al pistolerismo patronal. Esto no es una comparativa con nuestros compañeros actuales, es un ejercicio de memoria histórica.

La estrategia de los movimientos revolucionarios que contaban con un frente electoral fue siempre la de usar los parlamentos como un altavoz de denuncia, nunca como un fin. En el mundo que vivimos donde los medios de comunicación de masas ejercen un poder determinante, nuestras charlas de movimientos sociales son incapaces de contrarrestar toda la propaganda que las élites proyectan a través de toda la industria cultural. Ser un cargo electo te da una proyección mediática que es más difícil de conseguir desde lo social. Hay una diferencia entre convencer a 50 en una charla que realizar políticas públicas que modifican la vida de millones.

Falta de proyecto

Que compañeros convencidos de la necesidad de abolir la sociedad de clases se integren en el aparato del Estado es muestra de la incapacidad de los movimientos populares. No hay una fuerza social estructurada capaz de dotar de proyección, futuro, certezas y seguridades a nuestras militancias. Nuestra reducida capacidad de influencia puede resultar insuficiente a muchas. La tarea de construir una alternativa institucional, organizativa y de base es inmensa y requiere de muchos esfuerzos, compromisos y debates lentos y colectivos. Necesitamos muchas manos y cabezas para esta tarea. Que algunas de ellas no dediquen su tiempo a esta tarea nos debilita.

Han pasado 5 años desde que la hipótesis del asalto institucional cristalizara en Podemos. 5 años en los que se han visto muchos de los límites y miserias de esa estrategia tan poco nueva. Pero también 5 años en los que no se han sentado las bases de una alternativa real. El problema no es que haya menos manifestaciones, el problema real es que la nube infinita de proyectos, colectivos, grupos, centros sociales… no se piensan así mismos como parte de un proyecto común con unos objetivos definidos, por que no lo hay. Debemos machacar esta idea en todos nuestros espacios, trabajar en común para sustentar nuestras vidas de forma colectiva, defender nuestras necesidades, ganar espacios y transformar el mundo. Solo generando algún tipo de proyecto ilusionante y con capacidad de influencia y transformación real evitaremos la fuga de militantes hacia los tentáculos del Estado.

Arturo Martínez (@armin_tamz) militante ecologista en Apoyo Mutuo (@_ApoyoMutuo_)

 

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2 Respuestas para Los que se nos van ¿Libertarios en el mundo electoral?

  1. Un irredento says:

    Espero que a partir de ahora, no se os ocurra publicar aquí ningún llamado grandilocuente a la abstención activa, ni a seguir tratando de socavar, desde los márgenes y la autonomía, la autoridad y dominio del Estado (dominio en tanto que capacidad real de colonizar, manejar y apropiarse de esferas de nuestras vidas para aprovecharlas, dominio en tanto que capacidad real de obligarnos a depender de él y a imponerse sobre los modos de hacer, sentir, ser y estar).

    No pienso sentirme responsable, ni responsabilizar al común de mis compañeras (como si, además, tal "común" existiese, y como si todos los "militantes revolucionarios" fuésemos una masa relativamente homogénea, con unos fines idénticos, que caminan en una única dirección dada), por el hecho de que algunas personas hayan dejado de soñar y hayan decidido integrar su "práctica revolucionaria" (¿revolucionaria?) en los aparatos y lógicas del enemigo. Allá cada cual con su conciencia, aquí contradicciones tenemos todas, y yo no pretendo ser aquí la que dicte ninguna sentencia, pero tampoco voy a consentir que se cargue la responsabilidad o la "culpa" por la resignación, el abandono y la traición (sí, traición, a las cosas por su nombre) de según qué elementos, sobre las espaldas del espacio anarquista (me gusta este concepto más que el de "movimiento anarquista" porque no sugiere una falsa unanimidad ni da a entender una cohesión que luego ni es real ni, de hecho, se necesita, sino que define un espacio donde conviven y se tensionan constantemente proyectos y estrategias distintas, en una pluralidad que más que "dividir" o "disgregar" el "movimiento", lo que hacen es enriquecerlo y dotarlo de una diversidad y de un abanico de teorías y prácticas con las que experimentar desde distintas miradas y acciones).

    Si llegada a un punto de tu "militancia revolucionaria" decides que ha llegado el momento de rendirse, sientes que pierdes el tiempo, que no merece la pena, que hay que claudicar, que ya no eres una joven idealista sino un adulto maduro, sensato y con capacidad de autocrítica dispuesto a renunciar a su "vida juvenil" (he perdido la cuenta de las arcadas que me ha provocado tu nada sutil asociación entre "lo juvenil" y una perspectiva revolucionaria y radical de las cosas, ¿estáis seguras de que ésto no lo ha escrito Willy Brandt, el liberal que escribió aquello de que "si a los 20 años no eres de izquierda no tienes corazón pero si a los 40 años no eres de derechas no tienes cerebro"?), entonces sinceramente nuestros espacios, nuestras prácticas y nuestros sueños probablemente estarán mucho mejor sin ti. Lárgate, y diles a tus nuevos colegas de partidos como Podemos o como BCN En Comú (que mientras profundizan en la gentrificación y turistificación de barrios populares previo proceso de eugenesia social en forma de desahucios, encarecimiento de la vida, aumento de la presencia policial o abandono de servicios públicos, y mientras envían a sus respectivas policías municipales a acosar y asesinar manteros como Mame Mbaye, o a apalear y maltratar personas por vivir en la calle asesinando además a sus compañeras de vida no-humanas, como el caso de la perra Sota y su compañero en la Barcelona de las "oportunidades" y las "alternativas" dirigida por Ada Colau (¿es para el autor de este escrito Ada Colau uno de esos ejemplos de personas que "se nos van"?), que vamos a por ellos, que no tenemos ningún miedo a sus límites ni a las dificultades que nos plantea día tras día la lucha, que no creemos en la derrota porque no tenemos en mente la aurora de victoria alguna, nuestra pasión por la libertad se materializa en acciones concretas, en nuevas formas de relacionarnos, encontrarnos, saber, estar y hacer en el territorio, en los afectos, en las ganas, pero sobre todo, se vuelve patente cada vez que convertimos en realidad espacios donde el poder no tiene cabida, y que aunque no se expandan lo que a nosotras nos gustaría, y a menudo se convierten en islas desiertas, han funcionado, y funcionan, como laboratorios vivos para experimentar otras vidas y otras relaciones. Si tras conocer esa belleza, dura pero inolvidable, eres capaz de regresar al redil del Estado y de convertirte en otro más de los hipócritas cobardes que se dedican a hacer ver como imposible lo que saben que fue vivido porque ellos temieron demasiado ir tras ello (o simplemente, les pudo la comodidad) entonces ... adiós y hasta nunca.

    No se nos van, nunca estuvieron.
    ¡VIVA LA ANARQUÍA!

    • Antinihilismosectario says:

      Muy bien Bandada, ya has demostrado una vez más tu sectarismo, y por qué la mayoría de la gente no se toma en serio a los anarquistas. Venga, corre, vete a enfurruñarte con tus purísimos "verdaderos anarquistas", y a preguntaros desconcertados por qué nadie sigue el sendero de la Verdad que proclamáis.

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