Opinión

Publicado el 16 de octubre de 2014 por Lusbert

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Madurar políticamente

Ya nos divertimos suficiente, es hora de ponerse las botas y desfilar. Hemos dejado de  ser críos y crías odiosas de la ESO, o saliendo de sus últimas etapas. Comenzamos a dejar atrás el irracionalismo y los impulsos, a controlar los vaivenes emocionales. La etapa adolescente es volátil, vivimos una vida intensa y dinámica, con aventuras y desventuras. pero todo fue efímero. O no. Hay ocasiones en que la fiebre adolescente perdura incluso pasados la mayoría de edad. Y ahí nos dicen que maduremos, que dejemos de llorar e idealizar mundos porque la realidad es así y tal pascual. No fallan, atinan de lleno cuando una y otra vez chocamos con muros de muy diversos materiales: la empresa, la precariedad, la familia, las leyes… Luego la realidad no es lo que imaginábamos ni que sería fácil saltar o derribar muros. No, la realidad es ésta y no la que nos imaginamos. La realidad material son muchas cosas pero solo hay una y es el entorno material que nos rodea, el tablero en donde nos movemos y quien no sabe jugar la partida, caerá al abismo, a la miseria, se baja o les bajan al subsuelo. Pues así pasa con la política. O espabilamos o nos comen.

Hace tiempo hice una serie de viñetas titulado ‘Infantilismo político’ en la cual hice una crítica a ciertas actitudes que impedían la construcción de movimiento, de hacer política racionalmente y de manera sensata. Sin embargo, queda incompleta en cuanto falta una crítica constructiva en general y es de lo que quiero tratar aquí, aprovechando también para añadir otras cuestiones más. Con madurar políticamente no me refiero a renunciar a las ideas revolucionarias, como nos suelen reprochar nuestros padres o madres o cualquier persona adulta para que las dejemos. No. Madurar políticamente es pensar con la cabeza y mente abierta, y no repitiendo consignas y clichés prefabricados; es dejar las abstracciones ideológicas y pisar la realidad material; es saber analizar el entorno y las dinámicas sociales, las situaciones económicas y políticas desde un punto de vista imparcial, y también saber dar unas respuestas a ellas, cómo afrontar situaciones presentes en esta realidad sin perder las aspiraciones futuras. Continuamente debemos estar repensando los conceptos y actualizar los puntos de vista, así como ampliar conocimientos. Por ello, temas como el de la violencia, las relaciones con la sociedad, otros movimientos sociales y otras corrientes políticos, la relación con otras ramas del conocimiento como las ciencias, en las cuales están incluidas las matemáticas, la física, la química, la biología, sociología, etc, deben tratarse con mayor profundidad. Comencemos:

El asunto de la violencia y no-violencia lo he tratado ya aquí y la conclusión no es solamente violencia ‘sí’, sino que las tácticas deben partir de la estrategia teniendo en cuenta factores como el grado de presencia de tendencias políticas y movimientos sociales, su historia, las reivindicaciones, y acorde a tales, optar por la violencia o no. Si no se mira más allá del estallido violento, correremos el riesgo de apoyar protestas liberales y neonazis.

Respecto a la relación con el resto de la sociedad. No somos ni deberíamos ser grupos herméticos, individualidades excéntricas y aisladas del resto de la gente corriente y moliente (léase personas sin una orientación política clara). Guste o no, vivimos en sociedad y nos relacionamos con gente cercana en nuestro entorno que no siempre comparten nuestras inquietudes. Hay que destruir los clichés, estereotipos y mitos que nos hacen como seres extraños que viven en su burbuja y solo viven del pillaje o de los padres. Somos mortales de carne y hueso, estudiamos, trabajamos, tenemos nuestros vicios y aficiones, etc, pero somos personas como las demás y no vivimos de ideales. Eso sí, con la diferencia de que tenemos cierta conciencia política aunque esto no quiere decir que podamos sentirnos superiores moralmente.

Respecto a otros movimientos sociales, pues más de lo mismo. Ni los movimientos sociales nacen anarquistas ni los y las anarquistas somos movimiento per se, ni somos la única fuerza política en el escenario político., y por supuesto, no podríamos hacer la revolución sin bases sociales, sin movimientos sociales y sin ser actores políticos. No hablo de zambullirnos en ellos y mezclarnos en las masas, sino de entender su desarrollo, trayectoria, reivindicaciones, perspectivas, etc para ver cómo podemos impulsarlos y dotarlos de orientación política a través de nuestra participación y aportación en las luchas que se den. Además, es necesario que nos organicemos a nivel político, y a la vez que caminamos junto con otros movimientos, construir nuestro propio movimiento y demostrar la utilidad del anarquismo como herramienta política y social transformadora.

Igualmente añado aquí algo con respecto a otras tendencias políticas dentro de las corrientes revolucionarias. Aquí hay que ver con quiénes podemos compartir acciones comunes o con quiénes mantenernos neutrales. Sería un error centrarnos en combatir un enemigo que no resulte una amenaza real para nuestro movimiento, ya que dicha amenaza viene del Estado y el sistema capitalista. En todo caso, las circunstancias dirán.

Por último, pienso que es importante tomar el tema de las ciencias con mayor rigor y seriedad. Es cierto que hoy en día la ciencia y la tecnología está al servicio del status quo, o, dicho de otra manera, que juega en favor de los intereses de la clase dominante, y podemos encontrar casos como la biología que justifica el darwinismo social o que justifica la dominación heteropatriarcal, la tecnología no respete el medio ambiente, la física se use para fines militares, las matemáticas para el cálculo del beneficio económico, etc. No obstante, es un grave error pensar que por el hecho de que las ciencias sirvan a los intereses de la clase dominante, las tengamos que rechazar y huir hacia las pseudociencias y el misticismo, al rechazo irracional del método científico aplicado al análisis social y político, al idealismo. Todas las ramas del conocimiento científico pueden servir a una clase social u otra dependiendo de cuál sea la dominante o hegemónica. Esto quiere decir que es otro espacio de disputa: la Ciencia.

Por tanto, las ciencias también están politizadas y la postura más acertada es intentar recuperarlas y ponerlas al servicio de la clase trabajadora y los productores y productoras. Así pues, mediante la biología podemos demostrar que es el apoyo mutuo el garante de la supervivencia de las especies, que el sexo no condiciona el género; que podamos desarrollar tecnologías no contaminantes; que podamos usar la física para fines no militares; que las matemáticas sirvan tanto para visibilizar las desigualdades económicas y sociales en el sistema capitalista, como para calcular la redistribución y reparto de la riqueza adecuadamente en una economía socializada, etc…

En resumidas cuentas, la política no es un juego de niños y niñas. Suena demasiado obvio decirlo pero parece que ciertas personas que se autodenominan anarquistas no se den cuenta de ello. La razón por la que los adultos nos tachen de infantiles es porque el anarquismo es visto por otras personas ajenas al movimiento, no como una alternativa política real como lo fue hace un siglo, sino como una estética de rebeldía juvenil. Si los y las anarquistas actuásemos en el seno de la sociedad como una alternativa política seria, construyendo e impulsando movimientos sociales autónomos, organizándonos en todos los ámbitos (social, sindical, barrial, político-ideológico), aportando propuestas políticas tanto inmediatas como futuras, conectando todas las luchas sociales, ganando pequeñas victorias en las luchas actuales, creando espacios autogestionados, etc; en vez de hacer adulaciones al caos y la destrucción o encerrarnos en abstracciones ideológicas y el ‘antitodo’, lo más probable es que bastantes personas dejen de tacharnos de soñadores inmaduros, con la excepción de nuestros enemigos y enemigas que estarán para infantilizarnos. Pero lo anterior es secundario, la clave está en convertirnos en un movimiento de clase diverso, autónomo y real, capaz de realizar cambios en la realidad material y acentuar la lucha de clases mediante una política anarquista. Aspiramos a la revolución social, pero no en los patios de recreo y en la perfección del mundo de las ideas, sino en el seno de la clase trabajadora siendo un actor político referente para todas las luchas.

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Acerca del autor

Lusbert

Anarquista social y de la rama comunista libertaria solo en cuanto a pensamiento político. Por lo demás, soy una persona normal. Aportando mi pluma como un diminuto grano de arena a que el anarquismo sea una alternativa política real y transformadora. Deconstruyendo mis privilegios de hombre. ¡Luchar, crear, poder popular!



4 Respuestas para Madurar políticamente

  1. victor manuel mejia fernandez says:

    Hablando de tecnología, de la que tampoco soy un experto, no se como irá el tema del uso del hidrógeno como acumulador de electricidad, para devolver esta en horas de no-producción renovable. Si esta técnica, que se basa en la electrolisis del agua, llegase a funcionar, se podrían conseguir comunidades energeticamente autosostenibles. Un saludo

    • Lusbert Lusbert says:

      La tecnología del hidrógeno ya está desarrollada y se usa en el ámbito aeroespacial, aunque también en coches a través de pilas de generadores de hidrógeno. De hecho, un español inventó la moto que funciona 100% con agua en los años 60 o 70 pero luego no se supo nada de esa patente.

  2. Cada punto (párrafo) del artículo da para todo un debate en sí. Me gustaría contestar a este artículo como se merece, pero en un comentario realmente poco se puede decir. Así que me limitaré a comentar sobre el tema de los movimientos sociales, que parece que está "muy de moda" en el anarquismo "oficial" de todos lados (desde la CNT en el Estado Español, pasando por la FEL en Chile, y terminando en los Centros Sociales de Grecia).

    Se ha comentado mucho en los últimos años, sobre todo por aquellas personas que han irrumpido en el espectáculo de la explotación capitalista con nuevas y dinámicas ideas, la utilidad y valor ético de fomentar eso que llamamos "movimientos sociales." Parece que nos hemos vuelto locxs con querer estar en todos lados, apoyando cualquier tipo de cosa que parezca justa, y queriendo hacer "amigxs" en todos lados. Ese discurso de que "somos gente normal" y que "también tenemos vidas normales" no solamente lo veo débil, sino que además muy desacertado. Tenemos "vidas normales" en tanto que estamos igual de explotadxs que la mayoría de gente, y somos "normales" en tanto que tenemos dos piernas, dos brazos, y una cabeza. Ahí acaban las semejanzas. En el discurso este de la "normalidad" existe un idealismo exacerbado que, personalmente, no puedo digerir bien. ¿Es que ahora pensamos que que todo el mundo acordará en vivir en anarquía por entrar en contacto con ideas anarquistas? O, ¿es que ahora pensamos que nuestras ideas tienen algún tipo de base moral, científica, o práctica que las hacen superiores a otras ideas y por ella la gente, mediante nuestra "inserción" en movimientos sociales, nos "darán la razón"?

    Si la gente que va a las Mareas es gente normal, entonces yo no me considero normal, la verdad (y así me consta que muchos grupos en Europa se sienten con los movimientos sociales y ciudadanos). No veo qué comparto con esta gente que busca solamente objetivos intermedios (cuando son intermedios y no finales). Tampoco veo qué favor nos hace pensar en revoluciones y sociedades anarquistas del futuro, como tampoco veo el día en el que las "masas" se levanten "ilustradas" por aquellas personas anarquistas que decidieron abrir Centros Sociales y crear "tejido" en el barrio. En definitiva, no veo el poder "de los números" (de personas) si estos números siguen aplazando en el tiempo el único objetivo que se mantiene siempre en pie: destruir la autoridad (sea cual sea). No veo la utilidad (y mucho menos la justificación moral) de apoyar iniciativas que refuerzan instituciones estatales, relaciones humanas autoritarias, o pensamientos adoctrinados (porque mucha doctrina se imparte en eso que llaman "asambleas ciudadanas"). Lo único que yo, personalmente, veo en mi experiencia es más de lo mismo: asambleas que siempre hablan de lo mismo, asambleas que discuten ideas (las mismas) en círculos, talleres "para el barrio" que no organizan la rabia sino que la alivian... Al final de tanto participar en los movimientos sociales parece que nos hemos vuelto tan o más ciudadanistas.

    La revolución seguramente nunca pase como muchxs se imaginan. El siglo XIX pasó. También pasó el siglo XX. Eso de las masas obreras, la conciencia de clase y demás ya no funciona de la misma manera, precisamente porque la autoridad, el poder, y la explotación tampoco son la misma cosa. Nuevos contextos, nuevas tácticas. Las huelgas, las manifestaciones... los números de personas ya no sirven para mucho. La centralización de fuerzas en organizaciones formales y abiertas es presa fácil para los nuevos instrumentos de control y represión del Estado. Pero bueno, ya me voy extendiendo demasiado. Solamente lanzo una pregunta al vuelo: ¿qué puntos positivos, expresados explícitamente sin metáforas ni cuentos, encontráis en la participación anarquista en movimientos ciudadanistas/sociales? Eso de "darles orientación política" me suena muy paternalista (además de soberbio). ¿Cómo justificáis esa "orientación" que supuestamente el anarquismo puede dar?

    • Lusbert Lusbert says:

      Buenas. Para responder a tu comentario necesitaría otro artículo pero lo haré por aquí...

      Realmente, no me parece que sea una moda ni que sea parte del anarquismo oficial. Apuntaré primero que por "anarquismo oficial" es ese que aún bebe del '36 y que actualmente está anquilosado en viejas fórmulas y escudado en el purismo ideológico, lo cual no entraría a ser una corriente anarquista a favor de la participación en movimientos sociales. El planteamiento de la inserción social viene del anarquismo social, una corriente que se desarrolló en algunas partes de América Latina como una propuesta de dinamización del anarquismo y conseguir ser un actor político y social en el seno de la clase trabajadora/pueblo trabajador. La estrategia de este anarquismo social es la acumulación de fuerzas siguiendo la frase de Malatesta que dice aproximadamente así: "fomentar toda clase de organizaciones populares, ésta es la tarea de los anarquistas y debería constituir parte de nuestro programa....". Esto difiere con el "todo o nada" de otras corrientes, como la oficial. El anarquismo social busca flexibilidad y adaptabilidad a los contextos sociales en lo inmediato pero a la vez, tener proyectos de futuro.

      Los movimientos sociales hay que analizarlos más en profundidad y desde una mirada imparcial, desde el rigor y no con fuertes cargas ideológicas. Entender por qué se originan y qué potenciales pueden tener es una tarea pendiente en el movimiento libertario más allá de la estrechez de miras usando solo una perspectiva. Unos breves apuntes: los movimientos sociales se originan cuando existe un conflicto de clase en un contexto social donde la gran mayoría de la clase trabajadora carece de conciencia de clase y no existe ningún actor político revolucionario referente en la escena política y social. Para que ésto diera lugar a la materialización de un movimiento tiene que haber un tejido social en el cual los individuos afectados por el conflicto sienten que tienen problemas comunes y tratan de buscar una solución al conflicto que les favorezca medianamente. En este punto nos encontramos con un movimiento de opiniones políticas muy diversas pero con problemas comunes que resolver. Esta situación lo podemos ver aquí con el 15M, las mareas, las diversas plataformas, e incluso con el movimiento obrero primigenio antes de que las dos grandes escuelas del socialismo revolucionario (marxismo y anarquismo) se hayan convertido en actores políticos. Los movimientos sociales se caracterizan por:

      —Carencia de estructuras permanentes.
      —En ocasiones pueden destacar liderazgos informales o pueden ser completamente autónomos sin un 'centro' localizado.
      —Ausencia de programas políticos a largo plazo y en su lugar son reivindicaciones focalizadas en un ámbito determinado a corto y medio plazo.

      Los puntos débiles de los movimientos sociales son la volatilidad. Al carecer de estructuras fijas, al cese o disminución de un conflicto, la gente se diluye. Incluso se puede dar el caso de la frustración por no conseguir objetivos marcados o el desgaste sufrido por la represión. La falta de estructuras impide la acumulación de experiencias y hace que los movimientos deban construirse desde 0 en caso de que se hayan disuelto. Añadiendo que la ausencia de proyectos de futuro tanto en el medio plazo como en el largo claramente definidos, es decir, teniendo una tendencia política y cierta unidad teórica, hace que la gente vaya abandonando ante la incapacidad de innovar y avanzar. Al no ser actores con una tendencia política marcada, es más propenso a que caigan en partidos oportunistas y sean brazos de partidos de la izquierda institucional para captar votos.

      Los puntos 'fuertes' son que tienen mayor facilidad para comunicar los mensajes al resto de la sociedad y da cabida a muchas personas. Esto permite la creación de un tejido social y la superación de la individualización liberal. Permiten además un acercamiento de la política a las personas que de otra forma ni se preocuparían. Expresado de otro modo, suponen espacios para que la gente se involucre y participe directamente en asuntos políticos. Te gustará o no, pero fue gracias a estos movimientos sociales quienes provocaron un punto de inflexión en el escenario político, quienes irrumpieron en la escena oponiéndose a las agresiones neoliberales durante la crisis, cosa que ninguna corriente revolucionaria ha hecho (ni anarquistas ni marxistas).

      No esperes que todo movimiento social nazca revolucionario o anarquista porque eso sí es idealista. Es más idealista creer que por ser anarquistas somos especiales o algo así y no... ¿Por tener "ideas" y conocimientos que otras personas no tienen? No me siento especial por ser anarquista, solo una persona con inquietudes políticas que sobrevive en este sistema pero que aspira a un cambio radical en el seno de la sociedad. Si tuviera superpoderes sí me llamaría especial y superior al resto de mortales, pero bueno, el mundo de las ideas no representan la realidad. Las abstracciones ideológicas tampoco son la realidad ni la describen.

      Veamos, lo que tenemos actualmente es un escenario político donde actúan multitud de tendencias y la dominante sigue siendo la democracia capitalista y el neoliberalismo, mientras que la oposición están las tendencias reformistas como el PSOE, IU, Podemos y partidos de ese tipo... y el ciudadanismo, claro. Y de tendencias revolucionarias, el leninismo y los y las anarquistas. ¿Pero actores en la oposición? Oh, duele mucho reconocerlo: podemos... Ante la falta de tendencias revolucionarias que actúen como oposición real y de clase en las calles y en los tajos, cualquier cantamañanas tiene la vía libre para decir "yo soy vuestro líder, adoradme". Y se fagocitan los movimientos sociales y entonces aquí tendremos una pantomima que terminaría finalmente con, o bien con la recuperación económica pero sin derechos laborales o bien la reacción fascista acabe instaurando la barbarie en el país. Pero participar en los movimientos sociales no es ir a calentar la silla, también tratar de proponer cosas nuevas, mantener la constancia y conseguir los objetivos marcados mediante la acción directa. Ya sea por impedir el cierre de plantas de hospitales como para parar un desahucio o un desalojo de un CSO.

      No olvidemos que no estamos solo los y las anarquistas, ni la revolución va a ser 100% anarquista ni va a poder aplicarse a rajatabla todos los principios ácratas. Eso también es idealista... El pensar que las revoluciones serán anarquistas o serán instigadas por grupos indeterminados y reducidos de individualidades aisladas que forman vanguardias informales. Las revoluciones las hace la clase trabajadora organizada y sí, con números, pero no un batiburrillo de personas que están como de relleno mientras unos destacados militantes las guían, sino el grueso de la clase trabajadora organizada de muy diversas maneras para la vida social: asambleas/comités de barrio, sindicatos, cooperativas/colectividades/comunas, redes de transporte, etc etc etc... con unos programas políticos revolucionarios que permitan la autonomía del movimiento y una fuerza política anarquista que las impulse en su seno, no desde fuera al estilo leninista.

      No pretendemos que se pasen al anarquismo, sino que el anarquismo sea una herramienta útil para las luchas inmediatas al alcance de todas sin que tengan que declararse anarquista. La inserción social es actuar en las luchas inmediatas dentro de los movimientos sociales o a través de organizaciones sociales propias, defender su autonomía frente a intereses partidistas, aportar herramientas estructurales para la organización popular, conectar las diversas luchas sectoriales y el impulso de estas luchas desde las bases. Esto estaría incompleto sin la organización política específicamente anarquista que, caminando junto con los movimientos sociales y otras organizaciones anarquistas, vayan creando y definiendo proyectos de futuro y resaltando el componente clasista de las luchas.

      Ya, los tiempos han cambiado y con ello los contextos, pero la estructura material (el capitalismo) sigue siendo el mismo: régimen de propiedad privada, trabajo asalariado, constitucionalismo, etc... Una organización formal no significa una centralización, ni la cosa va de montar una sola organización para todo y a tirar palante. La organización es un medio, un soporte y una herramienta para la lucha, nada más (no sé cuántas veces lo he dicho ya...). Y pueden ser varias que entre ellas se confederan para coordinar las luchas por un objetivo común. Todo ese conjunto de organizaciones anarquistas y otras organizaciones populares constituirían un movimiento amplio, de masas (por mucho que os pese este término a los insurreccionalistas) y no de átomos; organizado en la diversidad y no desorganizado. Y a su vez, se convertiría en una fuerza política capaz de superar al poder burgués. Este modelo queda reflejado, por ejemplo, en el Kurdistán sirio. Existen, además del PYD, otras muchas más organizaciones que están bajo el paraguas del KCK y en cada barrio hay asambleas y comunas. De igual modo, el movimiento libertario de principios del s XX en la península no era solo CNT sino Juventudes Libertarias, comités de barrios, Ateneos populares, la FAI (y más que me pueda dejar).

      ¿Por qué participar? Porque no vivimos de las ideas y mientras estemos en el sistema capitalista, tendremos que seguir con vida, y si es más digna, mejor. Porque compartimos los mismos problemas que otras personas asalariadas, nos afecta por igual (o incluso peor) la represión, también enfermamos o tenemos accidentes y tendremos que pasar por un hospital, nuestro principal fuente de ingresos sigue siendo el salario (o los de los padres/madres), a no ser que podamos vivir del pillaje o ir a vivir al monte y mandar todo a cascarla... Y políticamente porque son hoy por hoy, los que están dando la cara, aunque no lleven un discurso radical pero que podría llegar a tenerlo si llegamos a profundizar más en las reivindicaciones y ponemos sobre la mesa la idea de autogestión.

      Al contrario. El Estado controla mejor los grupos pequeños y localizados, no con grupos diversos y con una gran red de solidaridad. La represión lo tiene más fácil contra grupos semiclandestinos al hostigarles mediante una guerra de desgaste con cárceles, multas, infiltraciones, montajes policiales y torturas; unido a la manipulación en la prensa burguesa y la criminalización, impidiendo cualquier forma de construcción social, alejando el anarquismo de la clase trabajadora y pintarlo como terrorismo. La represión nos pretende aislar y mitigar nuestras fuerzas, dividirnos y despolitizarnos al empujarnos al vandalismo y ponernos la falsa imagen de pistoleros, bandidos y agentes del caos, en otras palabras, invisibilizar nuestras aspiraciones políticas. El tejido social es imprescindible para aguantar los golpes represivos. Podemos encontrar un ejemplo en la lucha por los presos políticos vascos y es gracias a las redes de solidaridad la que permite que los y las militantes tengan soporte en caso de sufrir la represión. Llevar una guerra abierta contra un enemigo muy superior en fuerzas sin tener una base social detrás es un suicidio.

      Los movimientos sociales actúan por ahora como "defensa", pero no podemos estar siempre a la defensiva esperando recibir los golpes para repelerlos, sino también "avance". El defender la escuela pública es una postura "defensiva", pero decir que además tenemos que reivindicarla como al servicio del pueblo y gestionado por la clase trabajadora, padres, madres y la comunidad estudiantil es "avance", porque implica ir más allá de frenar a los mercados, sino arrebatárselo al Estado. Introducir el concepto de autogestión en las reivindicaciones de la defensa de los servicios públicos es una medida de "avance", así tanto con lo público como en la empresa privada. La estrategia del anarquismo social en este caso pretende ser el de "avance" en el seno de las luchas sociales, no fuera y actuando de cualquier manera. Este "avance" también va acompañado de la acumulación de fuerzas y la construcción de comunidad/comunidades en lucha. Dichas comunidades construidas desde las bases pretende ser un contrapoder al poder dominante así como defendernos de intereses oportunistas. Yo tengo claro que la revolución no va a ser anarquista pura, pensar que sí puede serlo es idealista. Sería un gran avance si construyésemos una mayoría organizada. Por ejemplo, el barrio Echarxia no sería nada sin todo ese tejido social (asambleas de barrio, centros de salud de personal sanitario voluntario, otras comunidades autogestionadas...) que hay, ni todo Echarxia es expresamente anarquista. Pregúntate también por qué Can Vies reaccionó tan contundentemente durante su desalojo o por qué Gamonal reaccionó de esa manera. La respuesta es el tejido social acumulado, esa es la fuerza.

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