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Published on noviembre 27th, 2013 | by Colaboraciones

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Manifiesto autodeterminista.

Venir al mundo es una decisión ajena impuesta por la voluntad de otros. Durante nuestra infancia y adolescencia no estamos capacitados para ratificar esa decisión ni imponer nuestra condiciones. Las personas nacemos por decisión de otros en un determinado entorno físico, familiar y social, dotadas de unas características genéticas concretas, que es la parte de esta situación que jamás podremos cambiar. Pero de ahí en adelante podemos modificar y decidir sobre nuestra vida ya que nos pertenece en exclusiva.

No hay voluntad ajena -ni de otro individuo ni de la colectividad, ni impuesta por la tradición, ni por las creencias culturales, místicas o políticas predominantes- que merezca una consideración moral más alta que nuestra propia voluntad ni hay, por lo tanto, restricción alguna al ejercicio de nuestra libertad que cuente con una legitimidad natural.

La mayoría de personas nunca llegan a ser conscientes de su soberanía, de su derecho a la misma ni de la enorme invasión de ésta que padecen. Pero las personas, por si mismas, son seres inteligentes y capaces de auto gobernarse. El derecho a hacerlo es natural y su rango moral es siempre superior a cualquier imposición externa.

Creemos que cualquier persona, en cualquier momento de su vida, tiene toda la legitimidad para reconsiderar y modificar todo aquello relativo a sí misma y a su vida que de ella depende, incluido el propio hecho de existir. Esto le faculta para tomar cuantas decisiones desee sobre su persona, su cuerpo, su mente y su aceptación o rechazo de cualquier valor, su nombre, su relación con los demás y su forma y estilo de vida. No tomar decisión alguna, como hace gran parte de la población, es también una decisión, aunque la mayoría no sea consciente. Los que por simple inconsciencia, por inercia cultural o por desidia se dejan llevar por el statu quo en el que nacieron y fueron educados están también ejerciendo una opción.

Durante siglos se nos ha enseñado y adoctrinado desde las más diversas filosofías e ideologías -desde el cristianismo y el judaísmo hasta el islam, desde el fascismo a la socialdemocracia y desde el marxismo hasta el conservadurismo- que las personas viven en función de la comunidad a la que “pertenecen”, que deben asumir sus valores, tradiciones, reglas. Obedecer. El «altruísmo», la afirmación del «otro», se nos impone desde el colegio hasta el asilo y desde los púlpitos de la iglesia, las tribunas de la política, los medios de comunicación, la paternal institución de la familia o las más diversas organizaciones humanas, pero siempre con el objetivo, consciente o no y a veces incluso bienintencionado, de someternos.

Toda forma de limitación del poder de la persona sobre sí misma, sobre su vida y sobre sus decisiones es ilegitimada en origen. Aunque todas las demás personas del planeta estuvieran plenamente de acuerdo en imponer a un individuo ciertas limitaciones, seguiría siendo moralmente superior el derecho natural de ese individuo a no acatarlas mientras no limite la libertad a otros. Sabemos que los humanos son seres gregarios, que necesitan relacionarse con otros individuos para llevar una vida medianamente soportable, pero también sabemos que las normas de convivencia han sido históricamente dictadas por el poder y la autoridad (religiosa, política, cultural, económica, etc.) y por lo tanto no parten de una legitimidad primaria. Acatar irreflexivamente normas que limitan el autogobierno personal es también ejercer una opción: tal vez la más cómoda para la mayoría pero también la más dolorosa y humillante para algunos de nosotros.

En su camino hacia la supuesta libertad, una humanidad temerosa y débil ha optado por conquistarla a fuerza de decretos y burocracia, a golpe de Estado y policía, mediante un poder casi irrestricto para los gobernantes a cambio de un trato rara vez benévolo y a través de la implantación de sistemas de auto legitimación democrática que han servido para glorificar el ejercicio del poder y, por ello, para seguir invadiendo el ámbito de decisión de las personas.

Mucho se ha escrito sobre el contrato social entre gobernados y gobernantes, con frecuencia para ensalzar las virtudes de un sistema más teórico que práctico que parece casi diseñado para tranquilizar a las personas mientras se les usurpa su poder de autogobierno. Mediante el contrato social las personas deben someterse al poder de las masas y de su Estado. Se nos ha enseñado a aceptar sin rechistar lo que el poder nos ordena o prohíbe, porque quienes lo ostentan actúan «en nuestro nombre», están «legitimados en las urnas» o responden a la voluntad de la mayoría. Nosotros nos sentimos facultados para hacer absolutamente cuanto deseemos. «Hacer» incluye por supuesto el «no hacer». La libertad de cada uno no termina donde empieza ese eufemismo que es «la de los demás» que sirve como excusa para que las élites interpretadoras hagan y deshagan a su antojo, sino que termina exactamente donde comienza la inalienable soberanía individual de otra persona concreta, real y determinada.

No tendremos a quien idolatrar ni a quien demonizar si nosotros somos nuestros únicos dueños, si nosotros somos, conscientemente, los responsables de todo lo bueno y de todo lo malo que nos suceda, si nosotros razonamos y decidimos con todas las consecuencias, si en definitiva somos libres y no tenemos sino una consciencia plena de nuestra condición de personas, de individuos de una especie animal, únicos y auto poseídos. Ser libres, ser soberanos, es decir, ser plenamente humanos. Quienes no quieran aceptar el reto, sean mayoría o no, están en su derecho de no hacerlo, pero no de imponernos a nadie más las consecuencias filosóficas y políticas de su miedo a la libertad.

Por todo lo expuesto, proclamamos nuestro derecho total e inalienable a la autodeterminación y en ejercicio de la soberanía personal que poseemos, presentamos ante el resto del mundo nuestra declaración de independencia. Así, por la presente, afirmamos que no reconocemos ningún poder ajeno en nuestras vidas.

Agradecimientos a Secta Nihilista por su aporte.

 Fuentes: http://sectanihilista.blogspot.com.es/

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14 Responses to Manifiesto autodeterminista.

  1. Uno que sabe says:

    La secta nihilista, y derivados del círculo "nihilista" madrileño, son un nido de ratas que vienen de militancias neonazis y filofalangistas.
    Mucho ojo con esta gentuza, que anda intoxicando espacios libertarios bajo un halo de supuesto anarquismo.

  2. janusz says:

    La autonomía personal no depende tan sencillamente de afirmar la voluntad de no "acatar normas" ni de proclamarlo con rabia "al resto del mundo". Este manifiesto no es más que retórica vacua e infantil. Saber lo que se quiere no es lo mismo que saber cómo conseguir lo que se quiere. Y la realidad, queramos o no (nihilistas amorales incluídos), es que estamos determinados externamente por los valores que nos impone la sociedad capitalista, y que para desprendernos de estos valores deberemos antes bien oponer un poder superior de tipo mediático e intelectual, y llegado el momento estar preparados para un inevitable enfrentamiento civil con el aparato militar del Estado. Obviar un análisis estratégico que no tenga en cuenta estos elementos supone seguir dando palos de ciego.

    Este manifiesto es pretencioso en la forma pero completamente insustancial en su contenido.

    • Radix says:

      Estoy completamente de acuerdo con lo que dices, pero en un Manifiesto, tal y como indica la propia palabra, manifiestas lo que quieres, no cómo lo quieres. El cómo, es decir, qué medios son los más adecuados, está en debate en otros muchos sitios, y así debe de ser. Este texto no trata sobre los medios, o sobre estrategias, sino manifestar el anhelo. ¿Se podría haber tratado aquí los medios? Por supuesto. Por lo demás de acuerdo contigo; si solamente se dijese esto no haríamos nada.

      • janusz says:

        En la concepción de un manifiesto entra perfectamente la posibilidad de marcar una línea estratégica. Y el hecho de que este manifiesto no la tenga me parece que es su mayor debilidad.

        En todo caso -que alguien me corrija si me equivoco-, los grupos o individuos que se suelen autodenominar nihilistas carecen de estrategia o programa teórico.

    • pablo says:

      Toda voluntad de cambio comienza con un no querer ser parte de. Es decir, con un YA no querer ser parte. El ensalzamiento de la autonomía y la voluntad es precisamente una herramienta que no puede construir un manifiesto cual libro de procedimientos, pues parte de una premisa básica, y es que cada individuo debe elegir qué entorno desea construir, por qué frontera quiere supurarse del sistema mayormente impuesto en el entorno que le vive.

      Entiendo que sea una afirmación dura para muchos, pero la apología de la negación de la autonomía es la posición totalmente opuesta al universalismo constructor de sistemas salvíficos que luego son otorgados mediante el proselitismo.

      Por eso, es una llamada a la acción equivalente a una mera llamada a la insurrección o a la desobediencia civil. No expone el modelo a seguir para construir alternativas, porque la construcción de ese modelo le corresponde a cada individuo y a cada comunidad/colectividad/cooperativa/colectivo/..., si no desea caer en los preceptos morales externos.

      ¿Es presuntuoso como dice Janusz un poco más abajo? Más presuntuoso me parece exponer "el sistema que salvará al pueblo" y mucho peor me parece hablar en "nombre del pueblo" o de "todos los trabajadores" o del "proletariado". Hablar en nombre de alguien es representar, y no hay nada más pretencioso que creerse representante de alguien a quien no conoces.

      Y ojo, que yo no lo he escrito 😀

    • Arkady says:

      Saber qué se quiere no es "retórica vacua e infantil, "pretencioso" ni "insustancial". Dichos conceptos se me asemejan más a insultar de forma pedante porque crees que saber palabrejas te aporta una superioridad moral ("vacua e infantil" suena mucho mejor que "una mierda que podría haber escrito un niño de 8 años", pero es lo mismo). Me suena también a exigir que los demás escriban artículos como tú los escribirías, aunque sepas que ideológicamente no les es posible (más abajo lo dices tú mismo), y además no haga ninguna falta pues la finalidad del texto se sobreentiende bastante bien al leerlo, y tal finalidad no tiene nada que ver con un contexto en el que se hable de "medios materiales de lucha antiopresiva". En resumen, tu problema es con el nihilismo, no con el artículo. Si quieres debatir sobre lo malo que te parece el nihilismo, hazlo. Pero descalificar un texto que, objetivamente y más allá del terreno ideológico, está muy bien hecho, es de ser (y permíteme que yo insulte directamente, y no con artificios y pedantería como si eso arreglase algo) imbécil.

      • janusz says:

        Efectivamente, has hecho una interpretación correcta de mis palabras. Y lo digo sin cortapisas si quieres. Este texto es como la carta de un niño de ocho años escrita a los reyes magos: repleta de deseos pero vacía de pensamiento al mismo tiempo.

  3. Juan de Ka says:

    Excelente manifiesto (y cuanto troll sin fundamento)

  4. r.banana says:

    Buenas.
    Soy estudiante y me gustaría usar este texto como fuente bibliográfica para un trabajo.
    Podría?
    Gracias y un saludo.

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