Opinión

Published on noviembre 7th, 2013 | by La Colectividad

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Por la destrucción de la moderación

Una de las ideas más manidas en esto que llamamos democracia liberal es aquella del «término medio.» Maldito el día en el que Aristóteles dijo, con precisión matemática, que la virtud se encuentra allá entre los dos extremos, en el «término medio.» Y así nos inculcan el «término medio» por medio de la escuela autoritaria, de los anuncios de televisión, de los discursos vacíos de les polítiques… Todo rezuma «término medio» en democracia liberal.

Desde chiques nos enseñan a evitar los extremos. Nos dicen «ni muy a la izquierda, ni muy a la derecha.» Ésa parece ser la fórmula divina para un gobierno perfecto. Nos cuentan que «el término medio nos permite obtener lo mejor de los extremos sin contagiarte de lo malo»—que para algo son extremos, oiga. Y cuando nos creemos el cuento nos olvidamos que, tal vez, por alguna remota casualidad, resulte que el dichoso «término medio» sea otro extremo—usando la concepción que la democracia liberal da al término. ¿Acaso no es el «término medio» de la democracia burguesa la que causa que más del 50% de jóvenes en España no tenga empleo? ¿No es el maldito «término medio» el que hace pensar que los ataques del 11-S fueron cosas de terroristas, pero la invasión de Afganistán e Iraq no lo fueron? ¿No es el «término medio» el que produce el hambre en el hemisferio sur del planeta?

Maldito «término medio.»

Así nos olvidamos que vivir en una sociedad que mantiene a la inmensa mayoría esclava no es extremo. Nos olvidamos que una sociedad que reproduce las mismas desigualdades a lo largo de los siglos no es extremo. Nos olvidamos que los seres humanos somos capaces de organizarnos y ser felices sin necesidad de Estado, polítiques, o policía para mantener el orden.

No penséis que esto pasa solamente fuera del movimiento anarquista. Dentro de nuestra gran familia también encontramos ideas que, a mi parecer, tienen mucho que ver con esto del «término medio.» Aquelles que defienden una postura radical en el movimiento anarquista tienen una ventaja sobre el resto de personas. Si establecemos que la realidad material impone límites a nuestras acciones y pensamientos, mediante la radicalidad de nuestras existencia podemos demostrar que dichos límites se pueden romper y superar. Así, cuando el movimiento por los derechos civiles rompió con todos los esquemas de la sociedad estadounidense de una forma radical para la época, elles demostraron que los extremos no existen en realidad. Y si los extremos no existen, el «término medio» tampoco lo hace, pues ¿qué sentido tiene hablar de «término medio» cuando las personas rompen con los límites extremos de nuestra realidad?

El reto, y la propuesta de este texto, es aplicar esa ruptura con los extremos en todos los aspectos de nuestra vida diaria. En vez de estar esperando a otro 1936 u otro 1968, ahora mismo podríamos estar superando los extremos categorizados por la sociedad. Mediante la radicalización de la cotidianidad erradicamos del mapa la absurda idea de que existen extremos y «término medio.»

¿Para qué esperar a otro 1848 si podemos vivirlo hoy mismo a nuestra manera?

No obstante, nada de esto significa que haya una única manera de radicalizar la vida cotidiana. Y he aquí lo bonito de la propuesta más radical del anarquismo insurreccionalista—lo que en ciertos círculos estadounidenses se ha venido a llamar «maximum ultraism.» Dado que lo «radical» se refiere a la «raíz» de algo, podemos establecer que cada individuo puede tener una manera específica de ser radical, de romper con el apaciguador «término medio» mediante la superación de lo extremo. Así pues, el oficinista de clase media puede superar su condición alienada cuando empieza a expropiar material de oficina para repartirlo entre les chiques de su vecindario. La cajera del gran supermercado puede ser radical al separar en distintas bolsas la comida que puede ser comida por otras personas y que de otra forma acabaría mezclada con productos de limpieza en el mismo contenedor de basura.

De esta manera, el «término medio» se convierte en una ficción pues los extremos se pueden redefinir constantemente. Algunes encontrarán su camino en la quema de oficinas bancarias; otres lo encontrarán en la pequeña expropiación de material de oficina. Sea como sea, cada persona que decida romper con las cadenas invisibles que nos atan, al estar atacando la raíz del problema, estará siendo radical.

El gran problema en el movimiento anarquista viene cuando diferentes grupos con diferentes formas de «romper nuestras cadenas» empiezan a dogmatizar su propia postura y referirse al resto como «ignorantes» o «extremistas.» Y esto se aplica al insurreccionalismo que acusa de reformista al anarco-sindicalismo, y al anarco-sindicalismo que acusa al insurreccionalismo de violento y destructivo. ¿Cuán beneficioso sería para todes les anarquistas aceptar que pueden existir anarquistas con diferentes formas de superar la realidad que nos oprime, y que todes podemos «remar» hacia la misma orilla de distintas maneras?

Pero esto da para otro tema que será tratado en el siguiente artículo. Hasta entonces, tratemos de encontrar nuestra propia radicalidad.

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Ser autónomx, simplemente, bien podría significar aprender a luchar en la calle; a okupar casas vacías; a parar de currar; a amarnos lxs unxs a lxs otrxs enloquecidamente, y a expropiar.



4 Responses to Por la destrucción de la moderación

  1. Perm says:

    El término medio no es mas que una excusa para invitar a la inacción, puesto que no existe ni nunca existirá esa "dimensión" política necesaria como referencia para hablar de "medios" y "extremos". El "término medio" es a su vez un concepto extremo, contrapuesto a los supuestos "extremos".

    No obstante, a menudo veo utilizar esta lógica por parte de minorías tozudas para bloquear consensos, cosa que no me agrada. En este sentido, ¿el término medio podría llegar a ser beneficioso? (cuando nos vemos ante la necesidad de hacer posible la coexistencia de posturas muy distantes, hecho que está a la orden del día por doquier..). ¿No queremos llegar en teoría a ese término medio, nosotros los "extremistas"?

    El mero hecho de nuestra tradición y culturas occidental-cristianas nos hace pensar en dualidades, cosa que en el mundo Oriental es mucho menor (véase el concepto de "término medio" del budismo, que viene de mano de la negación de las dualidades, el cual me encanta)

    Es un tema, a mi parecer, inabordable, pero necesario de abordar xD

    Para terminar de rizar el rizo, el término medio según Chicho!:
    http://www.youtube.com/watch?v=eOGpy1tP0m4

    (...)

    Se me olvidaba!

    "El gran problema en el movimiento anarquista viene cuando diferentes grupos con diferentes formas de “romper nuestras cadenas” empiezan a dogmatizar su propia postura y referirse al resto como “ignorantes” o “extremistas".”

    Yo veo ese mismo problema pero no solo dentro del movimiento anarquista, sino extendido a los movimientos sociales en general: ¿Cuán beneficioso sería para TODXS aceptar que pueden existir PERSONAS con diferentes formas de superar la realidad que nos oprime, y que TODXS podemos “remar” hacia la misma orilla de distintas maneras?. A mi parecer, no hay nada más anárquico que superar el obstáculo identitario del "anarquismo".

    Saludos y caos mental.

  2. Harpo says:

    A mi parece que esta idea de "extremos que se juntan" (como polos oppuestos) viene de la archi-vieja idea biblica del "partimento de las Aguas", metafora usada para la justificacion ethno-centrista de l'accion tactica y politica, en la medida que paso de la condicion minoritaria y opprimida (por el imperio romano) hacia la pretencion universalista y institucional (por medio de la iglesia y la secularizacion...).
    Encontramos esta idea en la concepcion de la cosmogonia definida da Parmenide (VI°-V° siglo A.C.) di un "centro solido y mas o menos puro" oppuesto "al limon fertil impuro y mas o menos liquido", a cual Nicolas de Cues (XV° s.D.C.) formulara la definicion conceptuale de la ciuda siguiente : "Dios deve irradiar en la ciudad de tal modo que el centro suyo sea de todas partes e de ninguna", como base cathedratica del centro ecclesiastico (la parroquia) oppuesto al bando de los suburbios, al inicio hecha en caracol (la viejas ciudades y viejos pueblos europeos) hacia la concepcion militar de Los Angeles (1865) por officiales del Genio militar francès, segun calculos ortonormativos (angulos a 90°) => quartier => square => cuadra >< barrio...
    Despues encontramos esta "idea de equilibrio institucional" hacia la cual lograr en la idealisacion del processo storico desarollado por los rosicrucianos desde el XVIII° siglo, y como corriente di pensamiento subterraneo y irrigado durante el XIX°, ligado al "ideal de eternidad" y del "eterno regresso" inspirando los correntes fundadores de las ideas socialistas y social-democratas de la Vieja Europa hacia la Primera guerra mondial...
    Hoy dia, estas ideas conoscen de vez en quando exitos varios, como fue el caso en los anos 1985-1995 en Europa, quando se trattava de lograr a un nivel di desarollo liberal (la moda de Tocqueville) y de iniciativa privada oppuesta a la idea de "economia administracionada", donde el Estado proporciona el involucramiento publico y privado, y la redistribucion.
    Politicamente y tacticamente, estos principios se reconoscen quando son actuados por los poderes politicos en terminos de negociaciones contractuales por la "politica de la silla vacia", o "sin nosotros del poder nada es possible", que prefigura quella del dictador : "Yo o el caos"...

  3. Joseba says:

    Hola.

    Aunque estoy de acuerdo en parte con la intención del artículo, creo que no ha sido muy acertado.

    A mí también me causa repudio Aristóteles, pero el no inventó eso del "término medio". Me explico. El término medio era algo intrínseco a las culturas de la Antigua Grecia, desde los malintencionadamente llamados presocráticos, hasta los helénicos. Era lema de cualquier "griego", y sobre todo de cualquier pensador o filósofo con un margen de al menos un par de cientos de años, que se dice fácil. "Nada en demasía", decían. Y esto era algo que mantenían filósofos radicalmente diferentes como, por ejemplo, Aristoteles y Epicuro.

    Por eso me parece que se ha sacado un poco de contexto eso del "término medio" o la moderación. Es decir, no se puede mantener una vida "normal" siendo "radical" en muchos aspectos: por ejemplo, no se puede o no comer nada, o no parar de comer, por lo que hay que buscar ese término medio. Ahí está la virtud de la moderación.

    Todo concepto, por otra parte, está sujeto a cambio en el tiempo y, por lo tanto, a su posible degradación o desvirtuación. Es posible que sea el caso del término medio, pero no lo sé.

    Ahora bien, es cierto que Aristóteles busca su propio (no uno neutral, claro) término medio en política, que es de lo que trata específicamente este artículo. Lo que el llama "politeia", pero que, como "terminomedista" viene a significar un término medio entre democracia/demagogia y aristocracia, un gobierno mixto.

    Sin embargo, Epicuro, mediante la experiencia de su Jardín, nos planteaba la libertad en todo su esplendor (libre asociación etc.), y también rezaba ese "nada en demasía", desde su perspectiva hedonista y materialista.

    También hay a veces, por lo que veo, algo de confusión parcial de los significados de "extremismo" y "radicalismo". Y aquí concuerdo con lo que apuntas. El extremismo puede ser en realidad tan perjuicioso como ese término medio que planteas. Incluso a veces, paradójicamente, ocupan un mismo lugar. Por ejemplo, una ONG. Estas organizaciones suelen ser extremistas. Por eso, en vez de ver el origen de la situación o problema (etiología, radicalismo), se contentan con lograr algo de dinero para dar algo de comida a los pobres (extremismo).

    Por otra parte, no creo que un oficinista que robe o "expropie" material esté siendo radical. Si es socialista, hará lo posible por juntarse con alguien (o no) y crear una cooperativa (integral). Eso, si no es ir a la raíz, esta en el camino de ella… Pero lo otro, siendo realistas, no va a ninguna parte. ¿Cuánto material podría repartir? ¿10 bolis, 5 lápices y algún rotulador? Eso es extremismo tipo ONG, no es radicalismo. Ser radical es otra cosa. Aunque no sea en una acción, puede ser en una denuncia radical, señalando el problema real, el origen de que esa juventud no tenga material ni medios para estudiar, no darles bolis… ¿No te parece?

    Por último, coincido con tu final. Aunque considero que hay más anarquistas o más tipos que los que mencionas, y sé que lo sabes tu también, claro. Pero la única manera de hacer algo es que todas las escuelas acepten que ninguna tiene ni razón ni autoridad sobre otra, ya que no hay soluciones únicas a todo esto, como bien indicas. Suelo pensar que es una pena tener que decir de sí mismo que se es un "anarquista heterodoxo", pero viendo muchas veces el dogmatismo contagiado por el marxismo, es necesario. El anarquismo sólo segura adelante siendo anarquista. Seamos, pues, ¡anarco-anarquistas! (Aunque, simplificando, volvemos a la raíz… ¡Seamos anarquistas!).

    Salud.

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