Opinión

Published on junio 23rd, 2014 | by La Colectividad

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Por la destrucción del mito

La vida que no-es-vida es puro y simple espectáculo. Éste se basa en ilusiones que, como sombras, se proyectan a todos los rincones de una habitación lúgubre. Las sombras ilusorias de la sociedad autoritaria y capitalista lo engullen todo, desde el suelo que pisamos hasta el aire que respiramos. También engullen lo que no es material: el pensamiento, las ideas, los análisis «científicos»… El espectáculo crea sombras, y las sombras se transforman en mitos bien hilados entre sí para sustentar, a su vez, el gran mito de la sociedad capitalista. Atacar, destruir, y desterrar esas sombras es la meta de la persona revolucionaria. Sin sombras, no hay mitos. Sin mitos, no hay espectáculo. El ‘gran mito’ del capitalismo sea, tal vez, el de la producción. La constante producción expansiva que nunca se sacia, que se expande hacia el infinito añadiendo cada vez nuevos horizontes que destruyen, a su paso, todo lo que habita este planeta. El mito tiene varias formas y consignas, pero todas ellas vienen a significar lo mismo:

Nace, estudia, trabaja, trabaja, descansa, trabaja, muere.

Trabajar, producir, realizarse como persona humana… Distintas palabras para la misma patraña burguesa-capitalista. Una patraña que, sin ir más lejos, se extiende al marxismo y al anarquismo. El primero la toma como distinción entre lo humano y lo natural: los seres humanos se diferencian de los animales por su trabajo (el trabajo no solamente te hace libre, ¡sino humane!) El segundo la toma en forma autogestionaria, no por ello erradicando el mito burgués de la producción. Producción es producción sea autogestionada o no. El espectáculo se extiende a todos los rincones, tanto materiales como inmateriales. Como diría Bonanno: un gato aunque se pinte de rojo sigue siendo un gato. Pero «el gato» de Bonanno adopta mil formas, y alguna más, en este siglo XXI (sin que ello signifique que las antiguas formas se puedan mantener en el tiempo. Algunas de hecho lo hacen). La sombra que tal vez haya que erradicar primero es la que el espectáculo proyecta en nuestro interior. O tal vez sea más preciso decir que nosotres, como productos del sistema, somos sombras que a nuestro caminar, a nuestro interaccionar con las cosas y seres que nos rodean, propagamos la ilusión del espectáculo que nos retiene.

La ruptura con el sistema no se puede producir si seguimos usando el vocabulario del sistema. Al igual que no se puede ganar un juego amañado si seguimos sus reglas, no podremos destruir la sociedad capitalista si seguimos encadenades a sus mitos. La producción, la ética del trabajo, el esfuerzo… sombras del capitalismo que bajo ningún concepto han de ser reproducidas en las individualidades (y sus agrupaciones) revolucionarias. No trabajes para producir. No te esfuerces si no te sale de dentro. No estés orgullose de tu producción. El trabajo no te realiza como persona. La producción te esclaviza sea autogestionada o no (la única diferencia es que compañeres que se dicen salvadores de les explotades pasan a ser tus nueves jefes). Trabaja para ti misme, satisfaciendo tu existencia humana, disfrutando de lo que haces, cuando quieras, con quien quieras, y cómo quieras. Lo mismo se puede aplicar a nuestra acción revolucionaria. Olvídate de sindicatos, federaciones, o plataformas que deifican su existencia convirtiéndola así en su única y última meta. Olvídate de los partidos revolucionarios, de las vanguardias de acción, o de les intelectuales que lideran tal o cual movimiento. Olvídate de les compañeres que te dicen que la autogestión de la producción, la toma de los medios de producción, será la salvación de la humanidad. El comunismo libertario no llegará jamás si no dejamos de lado la misma idea de producción (recuerda: un gato sigue siendo gato aunque esté pintado). Esto no quiere decir que no debas organizarte con otras individualidades revolucionarias. Hazlo y, sobre todo, disfrútalo. Pero recuerda que las sombras del espectáculo llegan allá donde haya seres humanes.

Contra la lógica tímida y cobarde de aquelles que siempre hablan en tiempo futuro, piensa si no es posible encontrar espacios libres en el presente más actual. Contra la lógica cuantitativa de la producción de masas, del levantamiento de masas, de la organización del pueblo, de la creación (producción) de poder popular (¡un gato sigue siendo gato aunque esté pintado!), piensa si no es posible actuar, destruir, y crear utopía en el mismo punto sobre el cual tus pies tocan la tierra. Piensa cuánto de espectáculo hay en todos estos discursos «populares.» Espera, reúne, trabaja, sacrifica, sufre. En definitiva: agacha la cabeza, obedece, relega al «intelectual»… muere. Todo esto para que en algún futuro incierto aquelles «mesías» del proletariado vean sus utopías hechas realidad. Usa la ciencia, la filosofía, y el conocimiento humano para analizar la situación. Pero no actúes hoy, ahora, porque nunca el contexto es «lo suficientemente maduro.» Hay que crear (producir) consciencia, análisis, momentos maduros, ¡masas! Hay que crear (producir) poder popular, que no es lo mismo que poder capitalista (un gato aun pintado…). Patrañas cobardes que no son más que extensiones pervertidas de las sombras del espectáculo. Te mirarán mal, te marginarán, e incluso te agredirán si dejas de lado la lectura de les clásiques, el estudio de la economía política, el alto debate filosófico. Pajas mentales para no actuar hoy. Pajas mentales para satisfacer mentalidades acomodadas y cobardes que sueñan ser revolucionarias para no caer en la aburrida monotonía de la vida-que-no-es-vida.

Es hora de destruir el mito a ambos lados de la barricada. Es hora de olvidar la lógica revolucionaria de los números, de las masas, y de los «tiempos maduros.» En definitiva, es hora de destruir la producción. Es hora de destruir el tiempo futuro para vivir de una vez el tiempo presente. Es hora de olvidar los diccionarios revolucionarios que te imponen qué significa tal o cual término. La anarquía es libre: tómala y úsala como mejor te haga disfrutar la vida. Es hora de dar la patada a les «compañeres» autoritaries que, bajo el nombre sacrosanto del «grupo» o del «partido», imponen y constriñen los deseos individuales de liberación. Es hora de querer usar el vocabulario del espectáculo para beneficio de la revolución social. Es hora de señalar a quienes le hacen el juego al sistema: polítiques profesionales, sindicalistas de pacotilla, jueces acusadores, policías represores…

Es hora de encontrarnos y actuar. Aquí y ahora.

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Ser autónomx, simplemente, bien podría significar aprender a luchar en la calle; a okupar casas vacías; a parar de currar; a amarnos lxs unxs a lxs otrxs enloquecidamente, y a expropiar.



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