Opinión

Publicado el 3 de septiembre de 2013 por Colaboraciones

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¿Por qué no se lucha?

Mucha gente no se puede explicar cómo no hay una gran movilización social con seis millones de parados, la economía a pique, una reforma laboral que dinamita derechos laborales fruto de antiguas luchas, una ley de educación que acaba con la igualdad de oportunidades, la privatización de la sanidad, la supresión de políticas sociales, etc, etc., con la previsión de que va a peor. Todo tiene una explicación que apunta a la crisis de la izquierda.

Oigo decir “¡nadie hace nada!”, “hay que movilizarse”, “con la que está cayendo y aquí todos tan tranquilos”… Por otra parte grupos organizados se quejan de que convocan manifestaciones, actos de protesta y los afectados no van. ¿Por qué?. Es lo que nadie quiere analizar.

Desde mi punto de vista son tres las causas de esta situación.

1.- Las luchas reales siempre son por los demás, no por lo que le afecte a uno. Una situación personal puede abrir la conciencia a los problemas sociales, pero no puede ser el motor de la lucha. De esta manera se defienden privilegios, por muy loables que estos sean. Por tal motivo no podemos buscar la excusa de que los parados no luchan; ¡no pueden!, como no puede un herido en el campo de batalla. Es un planteamiento absurdo pedir que actúen los que sufren dramáticamente las decisiones políticas, las mismas que acomodan a quienes se indignan sin má, sobre todo para no sentirse culpables.

Todas las luchas a lo largo de la historia han sucedido gracias a personas privilegiadas conscientes de las injusticias, conciencia que muchas veces no tuvieron las víctimas. Quienes se han rebelado han luchado para conseguir algo, en favor de un nuevo modelo de sociedad. No para meramente protestar. Pero un modelo educativo, mensajes permanentes en los medios de comunicación en favor de la competitividad a lo largo de muchos años ha hecho mella, se ha creado un individuo egoísta como característica fundamental. Pero no el egoísmo de toda la vida propio de la especie humana, sino que se ha tecnificado de tal manera que se ha convertido en la ideología dominante, en una mentalidad que abarca todo. Hay gente con su pancarta contra el gobierno que va a la manifestación después de cumplir con su horario de trabajo. Y lo llama responsabilidad. No arriesga. No se la juega. Su puesto de trabajo por encima de todo. Entonces no hay lucha, sino egoísmo disfrazado.A lo que se responde “y porque tengo yo que…”.

Y lo más grave es que los partidos políticos, cuanto más a la izquierda más actúan en favor de sus intereses de partido, sobre estrategias electorales, para salir en los medios de comunicación, radicalizan mensajes, consignas, pero sin luchar, se limitan a ver cómo aumentan perspectivas electorales o rebañan votos de los colectivos sociales con los que “participan”. Sus acciones se basan en manifestaciones, coger firmas y salir en los medios de comunicación. Ésta es la gran crisis, la falta de respuesta.

Lo expuesto ha hecho que no haya espíritu de lucha. Es necesario recuperarlo, sin poner trabas y frenos pensando que hacer cualquier cosa es imposible, porque depende de la voluntad y del conocimiento de las cambios sociales a lo largo de la Historia.

2.- Toda lucha que se haga ha de tener en cuenta y como primer punto a los más desfavorecidos. De otra manera toda reivindicación pierde su fuerza moral, base ésta para vencer en la lucha. Se sale porque han rebajado las inversiones en investigación, porque han suprimido una paga extraordinaria a los funcionarios, porque suprimen las juntas vecinales, etc… Todo lo cual en caso de lograr que se mantenga ¿qué soluciona a quien nada tiene que llevarse a la boca?. Es el cinismo y la perversión de todas las movilizaciones actuales, es lo que apagó el aldabonazo del 15M, la manifestación del egoísmo social y una izquierda a la deriva. Toda movilización, ¡toda!, desde stop desahucios, a las protestas por el cierre de fábricas o de las minas deben exigir en primer término  que no haya nadie sin recursos para vivir, lo cual no es posible mediante el empleo. De lo contrario son protestas parciales que pueden beneficiar a unos pocos discriminando a la inmensa mayoría de los que no sufren el problema por el que luchan y menos a quienes viven en la miseria. Exigir la Renta Básica, en principio para los más desfavorecidos, sin recursos, individualmente e incondicional, para evitar su explotación y humillación como se hace en la actualidad es una condición sine que non. Sin embargo convertimos a las víctimas en chivos expiatorios, son los vagos, no quieren trabajar, o que se busquen la vida… Otros asuntos también son importantes, pero se han de integrar a una lucha global por más democracia y la abolición de la pobreza y el malestar. Es decir: si no hay un horizonte de un nuevo modelo social en cada paso que se dé, son fuegos artificiales. Lo cual hace que le derecha se mantenga y una izquierda progre se derechice a pasos agigantados.

Una cosa es luchar y otra protestar. La lucha va al corazón del sistema, el cual ha de ser analizado, no vale inventar fantasías ni las obsesiones sin sentido de un partido (como defender el pleno empleo). Hay que ir a las causas actuales, no a las de antaño, y menos quedarnos en arremeter contra los síntomas, pues si permanecen las causas aunque se elimine un síntoma aparecen otros.

y 3.- No haber luchado a tiempo. Los problemas se van fraguando y si no se reacciona crecen y cuanto más grande más se normaliza y más difícil es reaccionar. A la vez carecer de unas propuestas por las que luchar, hace que las movilizaciones sean siempre a la contra. La ley Wert de educación es terrible, pero es la consecuencia de las anteriores, del plan Bolonia, de basar la enseñanza en los exámenes, de no diversificar modelos pedagógicos adaptados a las diversas inteligencias de la juventud, etc. Con la reforma laboral otro tanto.Sin una propuesta que defender no hay impulso para la lucha, porque ¿para qué?, ¿para volver a la ley anterior?…

Son necesarias propuestas por las que luchar, pero la izquierda, en todo su espectro, ha caído en el inmovilismo de ideas y como consecuencia lleva al inmovilismo social. Cuando se dice que nadie se mueve es un error, porque la cuestión es quién comienza una lucha seria hasta sus últimas consecuencias, con objetivos claros.

Por ejemplo es necesario plantear que la deuda se pague con el dinero que la ha creado. Establecer por lo tanto el embargo de las fortunas de políticos y empresarios que se han enriquecido con el dinero público, de los políticos convertidos luego en asesores de empresas e instituciones que se han llevado en conjunto, año tras año, ese el dinero que hoy da lugar a la deuda, la cual los gobernantes quieren resolver mermando los servicios públicos y bajar el poder adquisitivo de los trabajadores. Desde ex presidentes de gobierno, diputados, ministros, alcaldes y concejales, consejeros y diputados de comunidades autónomas y diputaciones se han enriquecido con inversiones erráticas que han producido los grandes beneficios. Es aquí donde está la deuda pública.

Una vez queda embargado el dinero que ha ocasionado la deuda pública poner en la mano de la ciudadanía el 20% del mismo del PIB, en forma de la Renta Básica Universal. De lo contrario políticos sin escrúpulos se lo seguirán llevando con la connivencia de empresarios de proyectos chorras como Urdangarín, constructores, directivos de empresas farmacéuticas, empresarios mineros, empresas de abastecimiento. El dinero público sólo puede ser para empresas públicas, nunca para el beneficio de empresas privadas.

Mientras que esto no se plantee y se haga una estrategia para vencer con el apoyo social, no es posible emprender la lucha necesaria para decir ¡al ataque!, y empezar. 

Ramiro Pinto

http://ramiropinto.es/

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2 Respuestas para ¿Por qué no se lucha?

  1. Aunque estoy de acuerdo con ciertos puntos que plantea el autor, creo que otros puntos dejan cabos sin atar (o mal atados).

    Por ejemplo, eso de que la mayoría de revoluciones han sido llevadas a cabo por personas privilegiadas no es del todo cierto. Vámonos al siglo XIX, a Francia, donde se dieron multitud de revoluciones, eventos revolucionarios, y disturbios menores pero de carácter igualmente revolucionarios (Lyon 1830, París 1848, por mencionar lo más conocido). En ambos casos el nivel de paro era ridículamente alto, el más alto de la época. ¿Quién alzó las barricadas? Precisamente esa gente sin trabajo. ¿Quién llenó la calle de panfletos y agitó los clubes? La juventud radicalizada ante una perspectiva negativa de futuro. La persona parada puede, y debe, luchar. Otra cosa es que circunstancias personales de tipo psicológico (como la depresión) entren también en juego.

    Otro punto que me chirría es el de la "crisis de la izquierda." Siempre me ha parecido un poco disparate esta afirmación. Si se estudian las diferentes crisis de la historia moderna (en el mundo occidental al menos) veremos que hay siempre una constante: la lucha de clases. Incluso las crisis económicas están correlacionadas con esta lucha. Hablar de "crisis de la izquierda" da la sensación de estar hablando sobre un grupo humano que flaquea por motivo de alguna enfermedad. Pero lo cierto es que cuando un extremo del espectro político se vuelve inoperante es resultado de esa lucha de clases, es decir, porque el otro extremo al otro lado del espectro le está ganando la batalla.

    Esto que suena a teoría abstracta se puede ilustras empíricamente con suma facilidad. Algunos ejemplos: las reformas laborales que se han dado desde 1990 en el Estado español = victoria de la burguesía. La consecución del Estado del bienestar tras la Segunda Guerra Mundial = victoria parcial de la izquierda institucional (y resalto lo de institucional por sugerir que el Estado del bienestar no fue una victoria total para la clase trabajadora).

    Resumiendo mi punto: si no se lucha hoy es, para mí, por un motivo cultural (a un nivel sistémico). Les parades tienen la capacidad de hacerlo, pero no lo hacen. La izquierda tiene la capacidad para usar discursos radicales, pero no lo hace. ¿Por qué? Porque como ya dijo la Escuela de Frankfurt, el capitalismo se inserta también en los sistemas culturales y en la forma de pensar el día de mañana. Si la persona parada no sale a la calle a mostrar su rabia no es porque no pueda, sino porque ha sido educada para "callar y tragar." Esto se rompe, en tal caso, con la difusión de ideas políticas (como lo que intentamos hacer en Regeneración). Pero si no se hace tampoco es que sea fruto de una "crisis en la izquierda", simplemente es que esos sectores de la izquierda se han acomodado en el sistema imperante.

    Abrazos.

    PD: espero que el autor se pase a leer los comentarios. Este texto promete un interesante debate 😀

    • Ramiro says:

      En tu resumen estoy de acuerdo. Al final es una contradicción, porque precisamente la crisis de la izquierda es que se han acomodado, adaptado y vendido al sistema imperante. Por eso no luchan. Es necesario un nuevo impulso, pero ser conscientes.

      Y la revolución de 1848 es un ejemplo para mi tesis. Cierto que a las barricadas fue gente pobre, con conciencia de la situación, pero quienes lanzan los mensajes, quienes agitan y hacen visible lo que sucede son burgueses y algún capitalista con conciencia de clase, que tienen tiempo y medios para estudiar cómo funciona la realidad: Karl Marx, Friedrich Engels, Proudhon, Saint-Simon, Louis Blanc...

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