Opinión

Publicado el 4 de marzo de 2015 por Colaboraciones

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Precariedad juvenil y el viejo sindicalismo

Al referirme a sindicatos en este artículo me referiré exclusivamente a los de tradición anarcosindicalista, ya que no quiero gastar más de dos líneas en esa traición a los trabajadores que suponen los actuales UGT y CCOO.

Tengo 21 años. Estoy cursando mi último curso de una carrera de ciencias sociales, de escasa salida laboral, y trabajo tres horas en la Biblioteca de mi universidad como becario. Es decir, como trabajador encubierto. Me pagan 350 euros al mes y no tendré derecho a paro, porque la escasa cotización a la seguridad social no lo cubre. Cuando acabe todo esto, no sé que será de mi vida. He perdido la expectativa de que el mercado o el estado me garanticen bienestar. Los jóvenes, en este juego trucado, no importamos mucho.

Ante esto, mis pensamientos vuelven al romanticismo del 36, a las colectivizaciones de fábricas y campos y las siglas de sindicatos pintadas en todas las paredes de Barcelona, mientras las bombas caen sobre las obreras que esperan el regreso de sus hijos, enrolados en milicias. Hoy todo eso es Historia. Estamos en el siglo XXI, nací en en una isla donde la gente no trabaja en fábricas o campos, sino en hoteles llenos de turistas dispuestos a emborracharse y dormir la mona en la playa.

La economía sumergida, los trabajadores sin contrato, los falsos autónomos, o como yo mismo, los estudiantes en prácticas, somos los herederos de ese mundo de fábricas. Esas fábricas todavía existen, evidentemente, pero ya no están aquí. Se fueron todas a tierras más “rentables”, como China o Vietnam. Si estás leyendo esto en un móvil u ordenador, es posible que haya pasado por las manos de un trabajador de ojos rasgados, encerrado en esas grandes fábricas-residencias orwellianas que tan barato producen. La producción del campo es anecdótica, la comida que comemos ha viajado más que nosotros. Viene de esos otros países, más baratos, en los que se puede explotar como un esclavo al trabajador y contaminar el medio ambiente sin temor a que alguien se queje…

Aquí quedamos nosotros. Los tele-opeoradores (controlados por grandes empresas especializadas en “externalizar” servicios), los cajeros de supermercado (ni se te ocurra ponerte enfermo en Mercadona, enfermar es de malos trabajadores), el que tiene un bar o un pequeño negocio y ve que el dinero se le va en impuestos, cuotas de un préstamo y pagos del alquiler del local; los profesores, enfermeros, administrativos, comerciales, informáticos y funcionarios interinos expuestos a ser despedidos en cualquier momento. Quedan algunos trabajadores industriales, cada vez menos y más especializados. Y luego está el campo, que apenas puede competir con los precios de los países “baratos”.

Finalmente, un sinfín de pobres que se buscan la vida en la economía sumergida, que comen en comedores sociales, rebuscan en la basura, reciclan chatarra, roban carteras, venden coca-cola en zonas turísticas, hacen top-manta, trapichean drogas, tocan música en el metro, van a servicios sociales a pedir la Renda Mínima, se prostituyen. Piden limosna. Duermen cerca del cajero que nos escupe dinero y nos cobra odiosas comisiones. Los marxistas tienen la cara de llamar a esta gente “lumpen” y decir que son una clase que hace una alianza con la burguesía contra la clase obrera. Es evidente que no han conocido a esa mujer sin-techo, Paqui, que lanzó un huevo a Urdangarín el día de su declaración al juez. Llevaba una bandera republicana en el cuello.

Y en medio de todo este jaleo que suponen la globalización, las privatizaciones y el aumento de policías, prisiones y cámaras de seguridad, queda el sindicato. Dos anarco-sindicatos, que dicen ser herederos de esa épica organización que luchó en la guerra civil. Enfrentados desde los años ochenta sobre si se debe participar o no en las elecciones sindicales. No entraré en ese debate estéril.

—¿Qué tal en el curro?
—Mal. Tengo la espalda jodida de tanto cargar libros en la librería.
—Ostia, y ¿has pensado en montar una sección sindical o algo?
—No. ¿Para qué? Si dentro de un mes se me acaba el contrato.

Quien decía esto no era una persona apática y despolitizada. No, era un estudiante de Humanidades, amante de la Historia e involucrado activamente en el movimiento estudiantil y las organizaciones libertarias. No se decidió a sindicarse porqué simplemente, en su contexto, no le era útil.

Los sindicatos parecen estar montados siguiendo los esquemas de la antigua estructura fordista-keynesiana. Empresas grandes pertenecientes a un mismo sector y funcionarios de las cuatro ramas del casi destruido Estado del Bienestar: educación, sanidad, asistencia social y seguridad social. Así pues, se crea una organización que sube desde la sección sindical de la empresa hasta la federación sectorial y territorial, llegando finalmente a una confederación estatal o incluso internacional.

La realidad del año 2015 no puede ser más obstaculizadora para este sindicalismo. Personas que no constan como trabajadoras y por tanto, es igual para ellas los convenios que se hayan podido acordar. Currantes que están contratadas por subcontratas de otras subcontratas. Manpower, Adecco, etc. Una legión de estudiantes en prácticas. Trabajos temporales (ay, la temporada de verano y las campañas de Navidad) y la gran mayoría a media jornada. Captador de socios para ONGs que cobran por objetivos. Clases particulares para sacar cuatro duros. Comerciales a los que sus jefes intentan convencer de que “tenéis que pensar como empresarios”.

Si bien es cierto que los sindicatos intentan adaptarse como buenamente pueden a este nuevo paradigma, les cuesta. Mi expectativa es trabajar en diferentes empresas de diferente sectores y por poco tiempo, lo cual es complicado compaginar con una militancia en cada una de las secciones sindicales en las que tendría que participar o directamente intentar montar. La única manera que tendría de comprometerme es llegando a una situación de mayor rango en la empresa, que me permitiera la estabilidad necesaria para preocuparme por sindicarme en vez de cual va a ser el siguiente sitio donde me tocará trabajar. Lamentablemente, sindicarse está pasando de ser una necesidad a ser un lujo en un mundo de economía sumergida, trabajos basura y un paro desbordante.

Pero nuestro deber es ganar. Y para ganar debemos reconfigurar las categorías en las que se estructura el sindicalismo combativo. Debemos buscar la afinidad biográfica, hacer sentir a los precarios que no están solos, que hay otros que están teniendo un curso de vida similar. Y pasar al ataque. Es demasiado tarde para resistir, la mejor defensa contra la miseria que nos imponen no es reclamar una legalidad que se puede cambiar en despachos de Bruselas, sino un buen ataque.

Mi propuesta, como joven precario y sin nada que perder, es crear redes de apoyo mutuo entre personas con la misma situación biográfica (no tiene sentido juntar al funcionario a punto de jubilarse con el becario que durará un año) y dispuestas a formar cooperativas, ya sean nuevas o sean empresas colectivizadas. Para mí, el objetivo a corto plazo de un libertario es conseguir que todas las empresas se conviertan en cooperativas auto-gestionadas por sus trabajadores y orientadas al bien de toda la sociedad. Ejemplos de estas prácticas las encontramos en la “toma de empresas” sucedidas en Argentina o en Grecia. En la Catalunya de los pistoleros pagados por la patronal, Joan Peiró de la CNT fundó la Coopertativa Cristales de Mataró para apoyar a los trabajadores despedidos. Estas colectivizaciones, a mi parecer, deberían ser llevadas a cabo por asambleas autónomas, que los anarco-sindicatos pueden apoyar pero no dirigir y que tengan un planteamiento basado en la democracia directa y el bienestar para todos. En definitiva, solidaridad entre precarios y autonomía financiera frente al neoliberalismo.

Cuando no hay nada que perder, está todo por ganar.

Anónimo

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6 Respuestas para Precariedad juvenil y el viejo sindicalismo

  1. @botasypedales says:

    Totalmente en desacuerdo.

    1-Los trabajadores en puestos tradicionales son absoluta mayoría de la clase trabajadora, hoy en 2015. El problema es que el anarcosindicalismo, ahí, poco. Pero es donde debería estar, pues ahí es donde se hace sindicalismo, en la clase obrera de la Cocacola, de la nissan, de la SEAT, de los polígonos industriales...Si la hegemonía la mantienen otros habrá que analizar cómo quitársela, pero el primer objetivo de la organización obrera es organizar a obreros, y obreros hay y muchos. Y obreras también. Donde no valgan las secciones sindicales de empresa o marca por ser PYMES, hay que pelear como sindicatos por convenios de sector, y eso también es sindicalismo "viejo", donde el anarcosindicalismo está mayoritariamente fuera, y donde DEBE concentrarse en estar, pues ese es su lugar.

    2-Los trabajadores en puestos "no tradicionales" (el precariado ese, las trabajadoras de cuidados, la economía "sumergida", los estudiantes...) también tienen otras herramientas de lucha. Algunas en el sindicalismo "viejo", donde a las "redes de apoyo mutuo" se las llama(ba) Sindicatos de Oficios Varios, otras fuera en el movimiento vecinal, feminista o estudiantil. También hay alternativas de desconexión, como el cooperativismo o las ecoaldeas, como alternativas de vida para lxs proscritxs de la economía. Herramientas ya hay, lo que hay es que trabajar en ellas y sobre todo, saber para qué sirve cada cual. No montar un sindicato (con cuotas, estructura, local...) para hacer actividades culturales, ni pretender hacer sindicalismo (ganar readmisiones, conseguir aplicación de convenios...) desde organizaciones políticas específicas, por poner dos ejemplos que por desgracia se dan.

    3-Hay un problema en el mundo libertario de percepción en torno a "la clase trabajadora", que hace que haya un debate abierto sobre si está viva o muerta, si hay o no trabajadores "como los de antes"...El problema es de percepción. Y es lógico, cuando la mayoría del Movimiento está metido o bien en Casas Okupas viviendo del recicle o bien en bibliotecas de facultades tirando de becas y trabajos temporales, en lo que sale algo de lo nuestro (y no lo digo por tirarle al compa del artículo, pero es que su situación es paradigmática de lo que somos muchas). Obviamente, desconectados del mundo obrero no vemos que la inmensa mayoría de la población vive en torno al trabajo asalariado y que por ello son trabajadores "como los de antes". El problema suele ser que los propios libertarios somos los "nuevos trabajadores", y por eso no tenemos esa conciencia, aunque tengamos la teoría.

  2. No lo sé says:

    Una duda. ¿Regeneración es financiada por CGT?

    Salud y liberad@s.

    • Lusbert Lusbert says:

      Sí, y CCOO y UGT, la CEPYME, el PSOE, Podemos, Syriza, el Gobierno venezolano (sectores anarco-chavistas), el FEL-Chile, la IWW, y creo que no me dejo más... Pero vamos, que estamos forrados y tendremos puestos de honor en cualquier sindi, partido u organización mencionados. Ah, y ya estamos viviendo en chaléts con 2 Mercedes Benz y viviendo del cuento. Qué bien es recibir financiación por escribir 4 artículos que dan sarpullidos.

      La vida es bella, amigo. Un saludito :3

    • Lusbert Lusbert says:

      Ah, y otra cosa más... ¿Si hubiésemos puesto una imagen de CNT significaría que nos financia la CNT?

  3. Artanga says:

    De acuerdo que la situación de los trabajadores precarios no se puede abordar desde los mismos paradigmas ni las mismas estrategias que los de los trabajadores industriales ni con una mínima estabilidad laboral, y es cierto que a los sindicato esto nos pilla a pie cambiado, entre otra cosas por que la mayoría de nuestros afiliados y militantes pertenecen este segundo sector. Tan cierto como que las estrategias que se han desarrollado en CNT para afrontar los problemas de nuestros afiliados, han sido obra de esos propios afiliados en base a sus propias necesidades e intentando desarrollar las herramientas mas efectivas para afrontar las luchas que se les planteaban.

    Es evidente que los sindicatos ante esta "nueva" situación tendrán que adaptarse, desarrollar nuevas estrategias para poder ser una herramienta eficiente para los jóvenes precarios también. Pero que nadie se engañe, esto no ha de suceder mientras las personas que sufren esta situación, no se decidan a trabajar por cambiar la situación. Nadie va a solucionaros el problema, pero se os apoyara y se os ayudara en todo lo posible. Y aquí viene una segunda cuestión es si esta lucha la queréis afrontar empezando desde 0, solos por vuestra cuenta, o podéis hacerlo desde el sindicato, y seguro que podréis unir a la lucha que vosotros decidáis plantear toda la experiencia acumulada de los militantes, toda fuerza y todos los medios humanos, materiales y judiciales con los que cuente.

    Esta en vuestras manos.

    Un saludo!

  4. Manuel Ramirez says:

    Esto puede ser un ejemplo de como jovenes trabajadores en la lucha de Hewlett-Packard (HP), si se organizan y llevan a la práctica una lucha ejemplar, aquí analizan las claves, aciertos y errores.

    Entre los días 3 y 10 de junio de 2013, las trabajadoras y los trabajadores de la multinacional HP sostuvieron una huelga convocada de manera indefinida por CGT, seguida por la práctica totalidad de sus 2400 trabajadores, contra el anuncio de modificación sustancial de las condiciones de trabajo en la empresa, que empeoraba gravemente la situación de la plantilla.

    En los últimos años, desde la Coordinadora de Informática de CGT realizon un fuerte trabajo de acción sindical con una potente capacidad de difusión en redes sociales, nuestros perfiles son seguidos por miles de personas que propagan casos de éxito donde se demuestra que se puede plantar cara, desde la base, horizontal, de forma directa.

    Esta dedicación, construida a base de militancia, ambición e irreverencia, ha ayudado a resquebrajar uno de los principales muros para la inacción ‘aquí no se puede hacer nada.’

    Cuando la empresa anunció una Modificación Sustancial de Condiciones de trabajo: jornada irregular, reducción días de vacaciones, jornada intensiva, importes por hora extra, etc. y una reducción del 10% del salario, se pasó de la resignación a la indignación mayoritaria en apenas unos días

    De forma inmediata desde CGT legalizamos huelga indefinida y ante los compañeros y compañeras fuimos descarnadamente sinceros: con tan poco tiempo, o tomamos una acción rápida y contundente o no tendremos ninguna posibilidad ya que no es posible negociación en estas condiciones. Conseguimos que un 89% de personas a favor de una huelga indefinida, 7 días de huelga, un seguimiento que llega al 95%, caja de resistencia de casi 10.000 euros…

    Durante el conflicto utilizamos las redes sociales como una herramienta básica y central en la comunicación y el trabajo clásico de comunicación: las correspondientes notas de prensa, usamos los gabinetes de comunicación del sindicato, algunos medios (pocos) se hacen eco, pero la cuestión es que no perdemos ni un minuto en obsesionarnos por conseguirlo.

    Nos apoyamos en los medios alternativos, y en una relación de cooperación con un amplio abanico de movimientos sociales y referentes de redes sociales, comunicamos nuestros conflictos o ideas de forma masiva y con una propina que no te dan los medios unidireccionales: la interactividad con la población.

    Repartimos un manual entre los trabajadores y trabajadoras para saber dónde encontrar el blog dedicado a la huelga, los perfiles de twitter y facebook y páginas web de tal forma que toda la plantilla estaba ‘conectada’, informada al segundo y, muy importante, participando y ayudando en la difusión. Eliminamos buena parte de la incertidumbre y creamos nodos de información centralizados que actuaron de referente y de acicate para que la huelga cobrara fuerza.

    Cada día que volvíamos al piquete masivo de centenares de personas y las asambleas de trabajadores decidían donde se iba a hacer la siguiente manifestación no notificada. Siempre actuamos en esta huelga con el objetivo de quitar el poder de la negociación de los ‘representantes sindicales’ y enviarlo directamente a las asambleas para que tomaran el control de los acontecimientos que deben ser suyos

    Al resto de fuerzas sindicales no les hizo mucha gracia esa deriva y probablemente fue la explicación por la que no se firmó la típica salida del mal menor. Cada maniobra para facilitar ese camino era rechazada de plano por las asambleas, especialmente en Barcelona y Zaragoza. Desde la plantilla, simplemente, marcamos el camino sin posibilidad de manipulación.

    La dirección de la empresa pensaba que el conflicto acabaría a las pocas jornadas, pero después de varios días varias entidades financieras multaron significativamente a HP por la caída de servicios, tickets de RENFE sin poderse vender por internet durante días…

    Ante el seguimiento mayoritario de las manifestaciones en varias ciudades, ante las concentraciones ante las empresas clientes de HP, la empresa se planteó al final del segundo día la retirada total del artículo 41. Para evitar que la huelga se enquistara y poder dividir a la plantilla, retiraron la bajada salarial y redujeron el impacto de otras medidas laterales, pero los huelguistas no queríamos medias tintas sino la retirada completa y absoluta de todo el paquete.

    Al quinto día de huelga se hizo una votación en la que no estábamos de acuerdo se usara el voto por email, ya que participarían esquiroles y mandos, pero allí donde no estábamos presentes como sindicato se computó. El resultado por muy poco margen, y con los votos de esquiroles, fue dejar la huelga. CCOO y UGT desconvocaron inmediatamente. Nosotros no consideramos adecuado hacerlo debido a la intervención de la empresa, por lo que convocamos a nuevas asambleas.

    Durante el fin de semana la huelga siguió con la misma potencia en los turnos. Pero estaba herida de muerte, con la mitad de la plantilla trabajando y dudando si tendríamos fuerza suficiente. Las asambleas, con dolor, desconvocaron. No fue una victoria total y absoluta pero, desde luego, una victoria en métodos, respuesta y resultados.

    En un proceso así la velocidad es muy elevada y nunca salen las cosas como totalmente se quiere. En nuestra opinión, las principales cuestiones mejorables fueron: mejorar la comunicación interna (a veces íbamos a salto de mata entre ciudades), haber puesto en marcha la caja de resistencia desde antes de iniciar la huelga, no haber sido más contundentes en no permitir el voto de gerentes o esquiroles. Otro punto a tener en cuenta es que la votación de fin de huelga no debería haberse hecho el viernes sino el lunes (el fin de semana no producía descuento salarial en la mayoría de la plantilla al haber hecho todos los laborables huelga). Seguiremos aprendiendo y sobretodo divulgando nuestra experiencia. Las huelgas indefinidas son el pulso total, quemar todas las naves e ir con todo en el conflicto. Pero es lo que toca en estos tiempos.

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