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Publicado el 1 de diciembre de 2012 por Colaboraciones

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Recuperando el derecho a rebelión (II)

Anteriormente publiqué la primera parte del ensayo donde definía y analizaba los conceptos de tiranía, derecho a rebelión y democracia, en esta segunda parte me centraré en el modelo económico y político actual.

Tiranía democrática

“La democracia, que debe venir a proporcionar la libertad al mundo, puede ser la fuente de una tiranía inédita, de un poder absoluto cuya característica es  someter no solamente a una clase, sino a la totalidad de los individuos que componen un pueblo. La democracia es un instrumento de liberación que puede devenir, por sí mismo,  siguiendo su propia pendiente, un fabuloso instrumento de opresión” Tocqueville

La democracia que está instaurada actualmente tiene poco que ver con la forma ideal de ésta, se dice que hay democracia porque se producen elecciones «libres» y están reguladas por un ordenamiento jurídico, pero esto solo teoría, en la práctica la mayoría de partidos políticos tienen pocas diferencias entre ellos y éstas son básicamente culturales, algunos aspectos sociales y diferencias en las doctrinas económicas, pero manteniendo el dogma del liberalismo, ninguno pone en tela de juicio la propiedad privada, el Estado y el modelo socioeconómico en su totalidad.

Las elecciones se convierten en un mercado, donde los políticos venden un programa (que luego no suelen cumplir) y los votantes deciden o no si comprar el producto (mediante el voto). Los medios de comunicación de masas convierten el periodo electoral en un circo mediático donde se llevan a cabo debates entre partidarios de diferentes partidos, se sacan trapos sucios de la legislatura anterior…etc. El periodismo pierde toda su esencia y se convierte en una actividad mercenaria, donde la opinión depende de que conglomerado empresarial estás detrás de cada medio de comunicación y a que opción política apoye (En el Estado español Prisa o Vocento son las mas destacadas).

Todo este despliegue produce un clima competitivo donde cada votante se identifica con un partido político como si fueran hinchas de fútbol, esta situación es ampliada por los mismos candidatos que se dedican a echar mas leña al fuego durante mítines y demás demostraciones de fuerza. El militante o el simpatizante de un partido tiene claro que opción votar y la mayoría de las veces ni reflexiona sobre su decisión.

El llamado votante medio es el objetivo de las campañas políticas, suele ser indeciso y no se identifica con una formación política concreta, es mas reflexivo y se informa sobre los programas electorales y la trayectoria de un partido antes de votarlo, aunque ese perfil es una minoría ya que la mayoría simplemente se deja llevar por la opinión pública. También es frecuente que utilice el llamado “voto de castigo” que consiste en votar a la opción política que ocupa el lugar de la oposición para perjudicar al partido que ha ejercido la legislatura, esta conducta provoca un bipartidismo turnista donde cada vez que un partido decepciona a sus votantes, éstos en las siguientes elecciones depositarán su confianza en el partido opositor y así sucesivamente. Algún votante medio al darse cuenta del engaño opta por la abstención o el voto nulo y se implicará en algún proyecto político extraparlamentario, pero este porcentaje representa una minoría, con lo que se mantiene la hegemonía del sistema “democrático”.

Pero el sistema político solo es la punta del iceberg, solo es la forma de la que la burguesía administra su poder,  cuya fuente viene del sistema económico y de las relaciones de explotación, como dijo Bakunin:

“Mientras el pueblo alimente, mantenga y enriquezca a los grupos privilegiados de la población mediante su trabajo, incapaz de auto-gobierno por verse forzado a trabajar para otros y no para sí, estará invariablemente regido y dominado por las clases explotadoras. Esto no puede remediarlo ni siquiera la constitución más democrática, porque el hecho económico es más fuerte que los derechos políticos, que sólo pueden tener significado y realidad mientras reposen sobre él”

Mientras se mantenga el sistema capitalista la democracia no pasará de su carácter “de fachada” además de servirle a sus intereses, el capitalismo necesita al Estado para someter a los asalariados, sin la coacción de éste los trabajadores no aceptarían las condiciones de explotación ni reconocerían la propiedad privada de los medios de producción. El funcionamiento del sistema capitalista es de todo menos democrático, el proceso de acumulación de capital provoca una concentración de riqueza en manos reducidas, la especulación siempre va en aumento y la competencia aniquila las pequeñas y medianas empresas. Los grandes beneficios de la clase dominante se consiguen a expensas de la precarización de las vidas de los que los sostienen, los intereses de la burguesía y el proletariado son opuestos, están en una pugna continúa, en ese contexto no se puede hablar de justicia social ni democracia, el mercado es tiránico, los trabajadores se encuentran a merced de éste y tienen que aceptar sus condiciones de trabajo, si un trabajador no las acepta habrá otro que sí y forzados por la necesidad no opondrán mucha resistencia ya que necesitan mantenerse así mismo y a sus familias. El Estado que estaba pensado como un instrumento nivelador se encuentra al servicio de la clase dominante y no dudará en utilizar la represión contra todo lo que pueda poner en peligro la hegemonía de este modelo.

Derecho a la rebelión contra la “democracia”

“Un Estado republicano, basado sobre el sufragio universal, puede ser extraordinariamente despótico, incluso más despótico que un Estado monárquico, cuando bajo el pretexto de representar la voluntad de todos hace caer sobre la voluntad y el movimiento libre de cada miembro el peso abrumador de su poder colectivo” Bakunin

El principal problema que se encuentra uno a la hora de justificar la rebelión contra el Estado es que éste se presenta como un ente imparcial y justo al tener el monopolio de la coacción y la fuerza normativa. Además en la sociedad de bienestar el Estado proporciona servicios públicos, pero no son gratuitos como algunos piensan, el Estado se financia mediante el cobro de impuestos que no solo van destinados a presupuestos sociales, una gran parte de los impuestos van para los presupuestos de Defensa y para la financiación del sistema represivo que garantiza el mantenimiento del Status Quo, no solo se reprime al pueblo, sino que esa misma represión la paga el mismo pueblo.

Continúa y finaliza en la tercera entrega.

 

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