Opinión

Published on marzo 3rd, 2014 | by Colaboraciones

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Respuesta al artículo de La Colectividad sobre los espacios no-mixtos

Tonto no soy, y entiendo los motivos por los que algunas

de estas personas defienden los grupos no-mixtos»1

Antes de comenzar, me gustaría hacer una aclaración. No me siento nada cómodo hablando sobre estos temas de esta forma, es decir, con proyección pública, más allá de los grupos en los que me muevo y siempre más dispuesto a escuchar que a hablar, pues precisamente, al pertenecer al grupo opresor, me siento sumamente hipócrita. Además, creo que al hacerlo concurro precisamente en uno de los hecho que critico, como es el de elevarme como defensor de un grupo que no me lo ha pedido y que si necesita ayuda, la pedirá.

Dicho esto, el texto no me ha dejado nada indiferente y, puesto que apoya su argumentario en una forma de vida que yo mismo he escogido, me he tomado el lujo de contestar, aun sabiendo que cualquier mujer podría rebatirlo fácilmente. Espero que se me perdone.

He decido comenzar la respuesta con una cita extraída del propio texto que me parece que resume perfectamente los pecados capitales encontrados en él. “Tonto no soy, y entiendo los motivos por los que algunas de estas personas defienden los grupos no-mixtos”, es una frase que aúna en sí una superioridad, una arrogancia y una condescendencia fatales, muy intrínsecas al hecho de ser hombre, que nos creemos en conocimiento de todo, así como me parece que muestra una gran falta de comprensión en el tema.

Simplemente por el hecho de que hayas escrito un texto así siendo hombre, por el hecho de que cuestiones los espacios no-mixtos desde esa posición, por el hecho de que intentes organizar su lucha, de la que nosotros somos cómplices y perpetuadores (aun cuestionándonos y revisándonos todo lo que nos dé la gana), creo que estos espacios se justifican al 100% solos, sin que nadie los tenga que defender.

Sin embargo, decides dar “una vuelta de tuerca más”, en el 5º párrafo, con las siguientes líneas:

El segundo punto tiene su razón de ser si se piensa que las personas no-oprimidas juegan un papel paternalista en los grupos mixtos. No obstante, sería muy estúpido pensar que toda persona no-oprimida tiene una actitud paternalista, como también es muy estúpido—y se lee, escucha, y vive muchas veces—pensar que cualquier persona que intenta ayudar en una causa se comporta de forma paternalista.”

El ser machista no se trata sólo de ser paternalista, por desgracia tiene muchas caras, algunas más sutiles (digo sutiles porque a piori es posible que no se aprecien tan claramente), aunque igual de dañinas. Una de ellas puede ser la apropiación del espacio público, que en este contexto situamos en una asamblea. La capacidad para ser escuchado siendo hombre, así como su capacidad para hacer suyo el espacio, mediante el lenguaje no verbal y el verbal, es bastante más alta de la que parte la mujer, con las consiguientes dificultades para expresar su opinión, tratándose éste, además, de uno de los grandes problemas a los que se ha tenido que enfrentar, la imposibilidad histórica de mostrar su opinión, su pensamiento. Me parece un fallo garrafal el no cuestionarse eso viniendo del mundo anarquista, cuando toda nuestra actividad política es determinada por las asambleas (a nivel colectivo). Si se quiere un movimiento realmente igualitario y de apoyo mutuo, puede que el primer paso sea espacios donde bregarse, donde adquirir confianza y hacerse fuerte, como los espacios no-mixtos. No obstante, mi labor aquí no es abogar por tales espacios, pues como digo un poco más arriba, se defienden prácticamente solos.

Pero aparte de todo esto, existen las conductas machistas que saltan a primera vista y, en este párrafo, brillan con luz propia. El hecho de infantilizar, de reducir a lo pueril y a lo estúpido un argumentario serio como el de los espacios no-mixtos, muestra precisamente ese paternalismo del que tanto te quejas, ese falso tópico de que sabemos más y esa falsa creencia, consciente o inconsciente, de que tenemos que ser quienes guíen a los distintos grupos poblacionales a la emancipación. Muy propio de nosotros, hombres, y muy propio de los europeos, si se me permite.

Me gustaría pasar ahora al tema de las identidades. En el 4º párrafo comentas: “De ahí que me extrañe que una persona se considere anarquista y, al mismo tiempo, rechace con tanta virulencia la presencia de hombres en una manifestación, en una asamblea, o en un grupo de acción”. Me resulta muy curioso que te arrogues la capacidad de decidir qué es o no anarquismo en un tema así, cuando la mayoría de textos políticos con los que partimos vienen dejados por hombres. Personalmente, me parece lo más lógico del mundo que en una persona convivan varias identidades y, siendo mujer, me parece aún más lógico centrarse en la identidad género si ves que otras, como el anarquismo, no actúan eficientemente para resolver tus problemas. Ejemplos como este texto creo que refuerzan esa opción e “igual” la solución no está en criticarlos, sino en revisar comportamientos y hacer autocrítica, sin olvidarnos, por supuesto, de llevar las conclusiones a cabo, que si no hacemos nada. Por todo ello no entiendo que digas que eso no es compatible con el anarquismo, pues precisamente en nuestro mundo, en el que por otro lado tanto nos enorgullecemos del tema ideas-hechos, ha sido tradicionalmente más fácil la introducción de distintas tendencias o pensamientos, como el veganismo o el feminismo, al no tener tan claramente dibujados sus contornos, pero sobre todo, por la importancia que damos a la autonomía y auto-organización, cuestiones ambas que definen perfectamente los grupos no-mixtos. Me gustaría que me explicaras qué problema ves en que un colectivo de mujeres, soberano y autónomo, se integre en, por ejemplo, una estructura federalista, dispuestas a cooperar en el panorama general en todo lo posible, pero decididas y conscientes en que o lideran su lucha o nadie lo hará por ellas. Se me escapa.

Siguiendo con este tema, del párrafo 6º a mí también me gustaría resaltar lo siguiente: “Pero me gustaría resaltar el adjetivo puntual por una razón obvia: una filosofía anarquista consistente no casa muy bien con la exclusión sistemática de individualidades dispuestas a luchar”. Sinceramente, yo no sé dónde encuentras la política de apartheid. Un grupo autónomo y consciente, siento repetirme, te está diciendo que no quiere que te metas en su modo de hacer las cosas, que lo consideran necesario y que están hartas de que los machitos revolucionarios tengamos que ir a liderar su lucha o sus protestas en cuestiones que les afectan a ellas por el hecho de ser mujer. ¿Te gustaría que gente que no es afín a tus ideales o prácticas, o que en muchos casos incluso consideras enemiga, se metiera en tu asamblea a decirte cómo coño tienes que hacer las cosas? Y parece mentira que siempre haya que poner ejemplos de este tipo, que nos toque personalmente, para sentir un mínimo de empatía o para intentar comprender las cosas. Además, no dejo de preguntarme cuántos iríamos o dejaríamos de “poner el grito en el cielo” si nos invitasen o pudiésemos transitar libremente por estos espacios, ya que muchos de nosotros ni siquiera somos capaces de dar difusión a eventos feministas o transmaribibollos, por no hablar del hecho de sacarlos adelante.

El remate final a este cúmulo de despropósitos lo encuentro en los párrafos 7º y 8º, donde comparas la situación con los colectivos de inmigrantes. Per se, noto de nuevo falta de comprensión, al tener que estar continuamente comparando grupos de opresión y no entender cada cosa en su contexto, a lo que se suma la petición, realmente asombrosa, de que: me gustaría que estas mismas personas se abstengan de participar en manifestaciones pro-derechos de les migrantes, por poner un ejemplo. Si un colectivo de inmigrantes te dicen que no ven lógico que tú, como persona que no es inmigrante (=mujer) formes parte de su colectivo porque culturalmente eres heredero de un sistema de valores que perpetúa su opresión, europeo-raza blanca (si no te ajustas a los parámetros, perdón, pero quiero poner el ejemplo máximo), ¿te enfadarías igual?, ¿les llamarías estúpidos?, ¿les negarías la ayuda cuando ELLAS Y ELLOS te la pidiesen?

Por eso hablo de remate final, porque para empezar, te vuelves a erigir como voz autorizada pública de un colectivo que quizás no sea el tuyo y que no te lo ha pedido. Junto a esto, pasas a comparar una parte un colectivo (grupos no-mixtos) con un colectivo en su totalidad, para reforzar vanamente tu argumentación. Pero además, porque en este caso también me da la sensación de que hablas de ellas y ellos sin cuestionarte seriamente tus privilegios. No somos los salvadores del mundo, hay cosas que no llegaremos a entender del todo bien (determinadas por el género, la raza o la cultura) y lo que veo más lógico es hacerse a un ladito, aprender, escuchar y ayudar o solucionar problemas CUANDO TE LO PIDAN.

A modo de conclusión, que creo que me estoy extendiendo demasiado, me gustaría exponerte que hay grupos donde “hombres honestos que luchen en el frente del feminismo” pueden empezar a cuestionarse sus privilegios y llevar las conclusiones obtenidas a su realización, como Desmachirulándose, salido de la asamblea de Lavapiés, así como recordarte que esta iniciativa es posible en cualquier ámbito, no es necesario que acudas allí. Por último, decirte que justificar tu rabieta (feminazi stole my ice-cream) con algo como el anarquismo, que en mi opinión tiene la capacidad intrínseca de cambio donde se podría dar una igualdad más o menos real (a lo largo de muchas y duras décadas de cambios, por supuesto), me parece realmente horrible.

Termino esperando no haber metido la pata demasiado, recordando que soy consciente de que soy parte del problema y pidiendo disculpas por si me he erigido en defensor de algo en lo que creo fervientemente que debemos participar, pero no dirigir.

Sergio Buendía

1 Cita extraída del texto en cuestión, 4º párrafo.

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