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Published on febrero 5th, 2013 | by La Colectividad

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Sobre ciencia y anarquismo (I)

Al parecer la pequeña reflexión que hice hace unas semanas ha creado una respuesta enérgica por parte del compañero Roborovski, lo cual me alegra y me incordia al mismo tiempo, pues cuando en su día escribí el artículo «Anarquismo y ciencia: una pequeña reflexión» no pretendía crear un debate que profundizara en conceptos teóricos—era más bien un simple pensamiento «en voz alta.» Ahora me toca responder como corresponde, pero lo haré con mucho gusto y entusiasmo. Es por ello que he divido mi réplica en tres “bloques” diferenciados que publicaré de forma separada. El primero de ellos es éste, que trata sobre el uso del término “comunista.” El segundo lidiará con la cuestión de si el marxismo es o no científico. El tercero y final tratará sobre el papel de las ciencias sociales en la emancipación de los seres humanos.

Como ya he dicho, empezaré con lo que respecta al término «comunista.» Alguien podría pensar que los términos y etiquetas son cuestión superficial, y que por ello cometo un atropello al comenzar mi réplica con una cuestión más bien banal. Pero lo cierto y verdad es que son de suma importancia, pues a los términos las personas añadimos todo un conjunto de significados entrelazados que nos despiertan emociones, simpatías, y pensamientos muy distintos. Roborovski afirma que tanto Kropotkin como Malatesta se consideraban comunistas, y así era, pero ya el propio Malatesta hablaba, influenciado por Kropotkin, en la gran mayoría de sus panfletos de «anarco-comunistas»—cuando no de «anarquistas» a secas.

En Octubre de 1897, Errico Malatesta era entrevistado por la revista «Avanti!», y en dicha entrevista el nombrado afirmaba que «desde 1871, cuando comenzamos nuestra propaganda en Italia, nosotros siempre hemos sido, y siempre nos hemos calificado como socialistas-anarquistas» (Richards ed., 1965: 143. Traducción propia. Énfasis del autor). En la misma entrevista, Malatesta continúa explicando que para él las palabras «socialista» y «anarquista» vienen a significar lo mismo,  por lo que cuando eran les úniques «socialistas» en Italia se hacían llamar simplemente «socialistas.» Fue con la llegada de les socialdemócratas cuando empezaron a optar por llamarse «anarquistas» de forma más frecuente—lo que no significa que antes no lo hicieran, como el propio Malatesta dice.

En el número del 15 de mayo de 1897 de «l’Agitazione», Malatesta escribía que «[Comunismo] es la teoría de los bolcheviques: la teoría de los marxistas y socialistas autoritarios de todo tipo» (ibid.: 144. Traducción propia). Entiendo yo que entonces Malatesta llamaba a los bolcheviques «comunistas.» Es más, el 25 de octubre de 1920, en Umanità Nova, Malatesta escribía que «ser comunista» era pensar que la anarquía se conseguía por medio de un paso intermedio en el cual se establece una tiranía despótica, es decir, el Estado bajo el yugo de la dictadura del proletariado (ibid.).

Dicho esto, sirva de evidencia que Malatesta nunca se consideró  «comunista» a secas, sino «comunista libertario», «anarco-comunista»—etiqueta derivada de la teoría de Kropotkin—, o si se quiere «socialista-anarquista» como él mismo decía. El adjetivo que siempre se le pone a la palabra «comunista» no es ni gratuito ni superficial, pues como el propio Roborovski dice, el fin que buscan muchas de las personas que abrazan el anarquismo no es otro que una sociedad comunista—a pesar de que los primeros teóricos hablaban de una sociedad socialista. No obstante, el término «comunista» ya se empezó a usar en el siglo XIX para designar a los seguidores de las teorías de Marx y Engels, quienes, como ya expondré, defendían la toma política del Estado.

Personalmente me parece contraproductivo marear la perdiz con etiquetas, pero nunca hemos de olvidar que éstas son de vital importancia. Por «comunismo» entendemos hoy, en el «saber popular», la teoría política que deriva de los escritos de Marx y Engels en un principio, y de varios autores rusos a posteriori. Empezar a decir que si les anarquistas somos también comunistas o no me parece una pérdida de tiempo, pues a cualquiera que haya leído un mínimo de escritos anarquistas le quedará claro que sí lo somos—en tanto en cuanto buscamos una sociedad sin clases, ni explotación, en la que los medios de producción se socializan. Sin embargo, es totalmente inútil decir que el verdadero significado del término «comunista» nos pertenece—a les anarquistas—, pues lo único que conseguimos con esto es marear tanto a las personas leídas como a las no leídas. En resumen: sí, les anarquistas—algunes—somos comunistas, pero dado que el término se ha asociado al socialismo autoritario la mayor parte del tiempo histórico, es un derroche innecesario de energía intentar cambiar esta concepción que tan arraigada está en el imaginario social. Si se quiere destacar que une es «anarquista-comunista»—resaltando  que puedan existir anarquistas no-comunistas—, entonces digamos que somos «comunistas libertaries» o «anarco-comunistas.» Otra cosa sería perder el tiempo.

Ahora, permitidme cerrar este primer capítulo con una media-concesión al compañero Roborovski—a riesgo de parecer querer yo mismo “marear la perdiz.” El 1 de abril de 1926, Malatesta escribía en Pensiero e Volontà que él se consideraba comunista, sin embargo, matiza repetidas veces que es un “anarquista-comunista” (ibid.: 34-5). Si ya en 1926 Malatesta tenía que adjetivar a la palabra comunismo es porque este término se asociaba con las ramas autoritarias del socialismo. Así que volvemos a lo de antes: sí, algunes anarquistas son comunistas porque buscan ese tipo de sociedad—podrían ser individualistas o colectivistas como el propio Malatesta decía en Pensiero e Volantà—, pero ante todo son anarquistas porque no quieren la toma política del Estado ni la organización autoritaria en el seno de partidos políticos—entre otras cosas. La adjetivación de “comunismo” se hace imperativa, pues los caprichos de la historia han querido que “comunismo” quede en posesión de las corrientes autoritarias, nos guste o no.

Bibliografía

Richards, V. (ed.) (1965) Malatesta: Life & Ideas, London: Freedom Press

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Ser autónomx, simplemente, bien podría significar aprender a luchar en la calle; a okupar casas vacías; a parar de currar; a amarnos lxs unxs a lxs otrxs enloquecidamente, y a expropiar.



5 Responses to Sobre ciencia y anarquismo (I)

  1. cinicus says:

    Del libro de Vernon Richards hay edición española: Malatesta, vida e ideas, Tusquets, 1975. También hay edición electrónica con distinto traductor: http://www.nodo50.org/bpji/Libros/malatesta.pdf

  2. Debunker says:

    La ciencia es el mayor patrimonio que tiene la humanidad, es el más próximo a la verdad, yo soy ácrata y me duele que algunos anarquistas caigan en la trampa de la filosofía de argumentación escolástica, de la pura falacia, al incluso decir que la ciencia es peligrosa o que es "fanática", el otro día unos de vuestros compañeros dijo: "Todo por la diosa ciencia ¿No?"> ¿Que estupidez es esa? La ciencia es racional, no reconoce más autoridad más allá de la razón y el hecho, decir que es una diosa, es simplemente digno de alguien que no ha comprendido del todo lo que es la ciencia y lo que es el método científico, es simplemente la mejor herramienta disponible para construir una sociedad libre y racional, pero hay quien cae en la trampa de criminalizar a la ciencia y a la tecnología (que es la ciencia aplicada), desde el primitivo hombre cazador que analizaba el aspecto de una huella de un jabalí hasta medir la composición atmosférica de otros planetas por espectrofotometría en este siglo, el humano hace ciencia que la aplica al mundo real con su tecnología, así pues vemos como la derecha y los capitalistas prefieren negar el cambio climático acelerando por la actividad antropogénica de una economía insostenible aunque haya evidencias sólidas de que se esta produciendo, la izquierda y otros sectores más partidarios del socialismo izquierdista e incluso algunos anarquistas, se oponen a la biotecnología, simplemente por que la masa a a la que sigue se opone (es psicología colectiva), no analiza que son realmente ni para que sirven, no hace una crítica racional y seria con datos fidedignos, se deja guiar por paranoias que posiblemente tengan intereses ocultos, no conozco a nadie que se oponga seriamente a los martillos por que X sujeto los utiliza para abrir cabezas, se puede extrapolar a otra herramienta, la biotecnología, tan criminalizada y odiada, por sectores religiosos y filosóficos no-científicos, aun así esta tecnología ya ha salvado miles de vidas con la insulina para los diabéticos, reproducción de células madre para curar una Leucemia, a aplicación en medicina es olvidada y solo recordamos los 'RoundUp ready' de Monsanto, también existen variedades de patatas capaces de producir celulosa en gran cantidad para la fabricación de papel (la escasez de celulosa va a ser un grave problema dentro de poco tiempo si las economías de oriente cambian su modelo hacia un capitalismo de estado.), también existen variedades de arroz con patente pública con más vitamina A para en las zonas donde se carece no se quede ciega la gente, tambien existen variedades que son capaces de aguantar un mayor estrés hídrico, pudiendose cultivar en sitios donde antes no se podía, (la cantidad de suelo cultivable se reduce cada año, no por los transgénicos sino simplemente por la erosión por la labor y regadío por inundación, los agricultores '''ecológicos''', no se escapan), en fin, supongo que habréis deducido a que rama de la ciencia me dedico, solo decir como ácrata que espero que vosotros que aspiráis a una sociedad libre de prejuicios y dogmas basados en la fe, abandonéis la criminalización por cualquier herramienta, pues son los sujetos los que pueden hacer maldades con ella, no la propia herramienta.

    • Nemo says:

      He editado tu comentario debido a que al citar se descuadraba de la página. El contenido sigue intacto. Un saludo.
      Por cierto, totalmente de acuerdo.

    • Concuerdo punto por punto con lo que escribes. En el primer artículo que escribí sobre el tema intentaba tratar precisamente esto que dices.

      Solamente haría una matización: la ciencia, hoy por hoy, es una producción capitalista-burguesa que sirve (casi siempre) a los intereses de dicha clase social. No solamente los resultados, sino la propia producción científica es un producto cultural. Esto es lo que yo pretendía exponer en el artículo y que desarrollaré en la segunda entrega de este texto.

      Ahora, que la ciencia contemporánea sea un producto capitalista no quita para que siga siendo el mejor método que tenemos para comprender y mejorar el mundo en el que vivimos. La ciencia, como tú has dicho, es racional y tiene todo el potencial para conseguir la emancipación del ser humano.

      Al igual que defendemos la toma y expropiación de bancos y fábricas, tenemos que expropiar la ciencia de las manos de la clase dominante (con lo de "acercar la ciencia a la gente" me refería a esto).

      Salud.

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