Opinión

Publicado el 3 de octubre de 2014 por Colaboraciones

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Sobre el 'anarcoestatismo' y la creación de comunidad

En relación al artículo “Anarcoestatismo. Defendiendo lo público, destruyendo lo común” me gustaría realizar algunos apuntes adicionales a contestación publicada con el título “Construyendo comunidad, a partir de la lucha por lo público” que creo que podrían aportar algo a la cuestión propuesta, a pesar de que la contestación reseñada muestra los puntos clave de la respuesta al llamado “anarco-estatismo”(extraño vocablo que encierra una contradicción en sus términos bastante considerable y que sería interesante analizar).

En primer lugar, tengo que aclarar que lo que sigue se escribe desde el punto de vista de un anarcosindicalista y que por tanto, puede muy bien no coincidir en algunas de observaciones con lo que se podría afirmar desde un anarquismo estricto, si es que se admite que éste pudiera existir, ya que esa expresión “anarquismo estricto”, también esconde una grave contradicción. Porque si algo es el anarquismo, es una forma de entender el mundo y las relaciones humanas que no pueden abarcarse de forma cerrada y estricta. Cabría decir aquí, muy en relación con este tema, que no existe, afortunadamente, ninguna central de expedición de carnés de anarquismo. Más bien, habría que afirmar que existen tantos anarquismos como anarquistas y que ninguno, por separado, puede considerar que tiene el total de la razón, ni el total seguimiento de la ortodoxia (ya que por otra parte, ¿de qué “ortodoxia” podemos hablar? ¿somos capaces de convertir la parte de la historia que nos interesa en un manual de instrucciones obviando el resto? ¿podemos construir una ortodoxia con una sucesión de hechos históricos, que fueron en muchas ocasiones, circunstanciales y adaptados al momento?).

Creo que es preciso decir esto porque en el momento actual necesitamos (con urgencia) un proyecto libertario claro y amplio, que abunde en la confluencia de iniciativas e ideas, que necesariamente tendrán que tener sus diferencias, pero que apunten al mismo objetivo: la transformación social. En ese sentido, entender el concepto de anarquismo como un estrecho pasillo por el que solo se puede transitar mediante unos determinados “tics” históricos o pseudo-filosóficos, creo que va en el sentido contrario de esa idea.

A veces les ácratas (en sentido amplio) sufrimos crisis de hipercriticismo que nos llevan a ejercer de guardianes de esa supuesta ortodoxia. Como contrapeso, padecemos también crisis de extrema laxitud y podemos comulgar, no con ruedas de molino, sino con molinos enteros, sobre todo en esa parte de nuestras vidas que no está expuesta directamente a la política. Creo que es mejor, siempre que sea posible, instalarse una sana autocrítica, propia y de los demás, que nos permita no lanzarnos a dentelladas unos contra otros cuando nos parece que los demás se “desvían” del camino que creemos correcto. Como decía antes, es muy probable que no haya un solo camino correcto ni que siempre sea el mismo, por lo que, parece más útil e interesante ver al anarquismo y al movimiento libertario como una tendencia que, aun compartiendo unos principios esenciales, ha de presentar múltiples vías de desarrollo, más que como una posición fuerte y cerrada que defender.

Por otro lado, esas crisis a las que me refería antes, nos llevan a ver sólo lo negativo en la postura de los demás y sólo lo bueno, en las propias. Más allá de las contradicciones (que afortunadamente nos persiguen a les libertaries, porque nos hacen recrear el discurso y la práctica diariamente) creo que caemos en un reduccionismo de las posturas ajenas, en las que no vemos nada que salvar, ni encontramos ninguna intención positiva (lo que no quiere decir necesariamente que la creamos acertada) y detectamos sólo falsedades, digresiones y enemigos de la “idea”. Me parece necesario relajar esta tendencia, si se pretende de alguna manera llegar a construir un discurso libertario que, de alguna manera, nos permita luchar juntes guardando cada uno nuestras particularidades. En este sentido, me parece también excelente el artículo “las malas anarquistas”.

Ya en relación al objeto de este escrito, me gustaría aportar alguna reflexión sobre los servicios públicos y la posibilidad (o no) de que los que nos autodenominamos libertarios podamos ejercer su defensa en los momentos actuales.

Cuando se afirma que esa defensa no es posible por parte del anarquismo (identificando el servicio público con el estado) se suele poner en la balanza solo dos posiciones: estado y autogestión; es decir, los servicios públicos son administrados por el estado (y por tanto son indefendibles) o deben ser autogestionados (como único escenario defendible).

En primer lugar, creo que defender los servicios públicos no es defender a su administrador (el estado), sino defender el derecho de sus dueños (el pueblo). Es decir, los servicios públicos, todo lo público, ES NUESTRO. No es del estado, que mantiene usurpada su gestión, sino de la gente que lo ha construido con su esfuerzo y con el dinero que han aportado para ello. Todos los servicios públicos están construidos con el fruto del trabajo; no son, por tanto, del estado. Y desde un punto de vista libertario, cuando se hace defensa de lo público, no se defiende al administrador espurio de esos bienes públicos, sino su pertenencia al pueblo. Y defendemos que son de todes y que por tanto, no se puede excluir a nadie por su condición social o económica o de nacimiento o de ningún otro tipo de los beneficios de esos servicios. ¿Defendemos les libertaries a la administración como maquinaria ciega que ejecuta los designios políticos sin el menor miramiento? No. ¿Defendemos acaso, la corrupción, el nepotismo, la forma de funcionamiento de esos servicios públicos? No. ¿Defendemos la forma y los contenidos que tienen la educación o la sanidad públicas? No. Porque nosotros sabemos que hay otra forma de administrar lo público, que es la que nace de la conciencia social y de la responsabilidad de la sociedad de administrarse ella misma, sin intermediarios. ¿Podemos (y debemos) aclarar esos extremos cuando estamos junto a otros defendiendo “lo público”? Parece evidente. Porque cuando coincidimos con otras muchas organizaciones en esa defensa, no todes estamos diciendo lo mismo, ni probablemente, defendamos lo mismo hasta el mismo punto. Y ahí es donde nosotres, les libertaries, debemos intentar que nuestra voz surja clara (pero no como la única verdadera) y fuerte (pero no como excluyente de las demás). Porque aspirar que todos defiendan lo mismo que nosotres es una quimera; y de igual modo, no decir lo que pensamos porque al lado haya otres que piensan distinto, es un flaco favor a nuestras ideas.

En segundo lugar, para continuar con la dicotomía Estado-autogestión, que a veces parece la única posible a la hora de plantear la cuestión de los servicios públicos, habría que incluir un tercer factor a tener en cuenta. Que se convierten en privados. Esa defensa que hoy muchos plantean de los servicios públicos no es gratuita ni obedece a una voluntad de reinstaurar el llamado Estado del bienestar, sino que es la respuesta (tardía, si se quiere) al fenómeno privatizador que tanto gobiernos de presuntas izquierdas como de derechas comenzaron hace ya unas décadas. Respuesta tardía, porque muches anduvimos en solitario en la batalla contra la privatización de lo publico hace ya mucho tiempo, sin que nadie nos prestara demasiada atención; la sociedad ha tenido que sufrirlo directamente en sus propias carnes para alarmarse sobre ese ingente proceso de trasvase de bienes públicos a manos privadas y que representa un claro deterioro en los servicios que se prestan y un encarecimiento de los mismos, que somos obligados a pagar, si queremos acceder a ellos. No parece tener mucho sentido, por tanto, atrincherarse en la exclusiva defensa de su autogestión como lejana meta definitiva, sino en tomar también la iniciativa en esa lucha por evitar que nos roben lo que es nuestro. Es decir, la privatización de cualquier servicio público empeora considerablemente todo lo relacionado con éste, tanto en el servicio que se presta, como en la universalidad de las prestaciones y en el derecho de acceso de todos a todas las prestaciones posibles. No luchamos por el sistema escolar actual cuando defendemos la educación pública; luchamos para intentar impedir la irrupción del mercantilismo, de los bancos y las multinacionales en las escuelas y universidades y contra los recortes que empeoran aún más la situación; no luchamos por el actual concepto de salud que se promociona desde la sanidad pública ni por su criminal relación con las farmacéuticas, sino para intentar que cualquier persona, tenga los ingresos que tenga, pueda acudir al médico sin pensar si podrá pagarlo o no y para que tenga acceso a una prueba que pueda tener un coste que jamás podría permitirse si tuviera que sufragarlo ella. ¿Es verdad que dentro de esas luchas podemos ser altavoz de otra forma de salud y de educación? Es verdad y es necesario. Pero, ¿eso nos obliga a no luchar contra las privatizaciones? Creo que en absoluto.

A veces caemos, desde el punto de vista libertario, en el error de considerar de forma distinta al estado y al capital, como si fueran enemigos diferenciados, ajenos el uno al otro. Sucede con frecuencia cuando se les tiene en cuenta como “patrón”, es decir, como demandantes de mano de obra. No juzgamos de la misma forma a los trabajadores del sector público que a los del sector privado, cuando en realidad, lo que están haciendo los dos “tipos” de trabajadores es lo mismo: ganarse un sueldo para poder vivir. Pero de alguna forma, trabajar para un explotador privado tiene mejor “prensa” entre les anarquistes que trabajar para el explotador público. Dar por sentado que el trabajador del sector público tiene una mayor identificación con su patrón que cualquier trabajador de la empresa privada, es una suposición bastante absurda. Cuando hablamos de la abolición del capitalismo, estamos formulando la idea de que los trabajadores del sector privado han de renunciar a su condición de asalariados para pasar a autogestionar la economía… y cuando hablamos de la abolición del estado planteamos la idea de que los trabajadores públicos han de hacer lo mismo para pasar a gestionar esos servicios públicos. Y si no tenemos empacho alguno en criticar a la multinacional X por querer hacer un ERE a sus trabajadores y enviarlos a la miseria para ganar aun más dinero del que ganan, no sé porque vamos a tener que permanecer impasibles cuando la mayor empresa de este país (al servicio de las multinacionales y los bancos, por supuesto), que es el Estado, hace lo mismo con las personas que trabajan en los servicios públicos para procurar que las grandes empresas ganen aún más dinero en detrimento de les que menos tienen.

En algún caso ¿supone una defensa de lo público como la esbozada una defensa del estatismo? Me parece que no. Sobre todo, porque les anarcosindicalistas pretendemos (y debiéramos hacer algo más que pretenderlo) que la organización de les trabajadores sea la que se haga cargo de estos servicios, de forma que la sociedad autogestione estos y otros muchos más que son necesarios con los criterios de universalidad, racionalidad y participación social. Porque sin esta premisa, cualquier discurso que pueda venir desde nuestras filas queda en agua de borrajas. Ese es nuestro objetivo, pero hacer como que no existe nada más que requiera nuestra atención entre la situación actual y la que nosotros deseamos, es situarse fuera de la realidad. ¿Se supone que esa revolución de la que se habla se consigue del 0 al 100 de forma inmediata? Esa transformación social a la que aspiramos (con todas sus variantes) no puede construirse con un chasquido de los dedos, ni esperando a que les trabajadores “vean la luz”, sino encendiendo bombillas a nuestro paso. Y cuando se apagan, volviendo a encenderlas.

Sin estar un ápice a favor del Estado ni de su existencia, ni de su aceptación siquiera como el mejor mal menor posible, creo que es posible una defensa de lo público en la situación actual sin miedo a perder nada en ese camino y sí con posibilidades de ganar algo, aunque sólo sea eso: que la lucha construye comunidad.

Finalmente, y lo que creo más importante, es admitir que la acción libertaria, por su mismo significado intrínseco, no puede pasar por los cuellos de botella de cualquier ortodoxia real o supuesta, sino por la potenciación mutua de iniciativas que deben confluir en lo esencial y que deben ser multiformes en sus particularidades. Dejar de pisarnos el cuello unos a otros y ayudarnos en lo que sea posible, mientras que sea posible, hasta que sea posible. Algunos pensarán que les anarquistas son los únicos “buenos” de esta película. Otros pensamos que podemos ser les “más” buenos, pero no los “únicos” buenos. Porque, no sólo es imposible una sociedad formada exclusivamente de anarquistas, (ni tampoco deseable, tal vez), sino que lo prioritario es la presencia de les anarquistas en la sociedad. En cualquier caso, lo que es imprescindible plantearse, tanto por los que ven más claras unas vías como otras, o los que se ven más identificados con una formas de hacer que con otras, son las preguntas que se hacen al final del articulo citado:

«¿Cómo se está construyendo hoy “anarquismo”? Y ¿”qué” es lo que está construyendo el movimiento libertario?

Cuando tengamos una respuesta a esta pregunta, que nos sirva para actuar hoy, podremos acudir (sin que nos dé vergüenza la comparación) a la historia de les que nos precedieron.

Paco Ortiz, militante de CNT-Córdoba

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9 Respuestas para Sobre el 'anarcoestatismo' y la creación de comunidad

  1. Dr Alen Cea says:

    Para mi hay algo que dijo Malatesta que me es esencial (sobretodo para el momento que vivimos hoy):
    "Fomentar toda clase de organizaciones populares es la consecuencia lógica de nuestras ideas básicas,‭ ‬y por lo tanto debería ser una parte integral de nuestro programa...‭ ‬los anarquistas no quieren emancipar al pueblo‭; ‬quieren que el pueblo se emancipe a sí mismo...,‭ ‬queremos que la nueva forma de vida surja del pueblo y corresponda a su estado de desarrollo y que avance al paso que ellos avanzan‭" , para mi se puede deducir de esta simple frase un camino muy lucido a seguir, se supone que somos anarquistas porque coincidimos en asumir unos principios muy básicos, pero algunes han construido una estetica identitaria, dejando de lado las ideas y creando un dogmatismo enfermizo. No necesitamos quizá un Partido Anarquista, si no tener claro que deben las anarquistas incidir en la sociedad positivamente, nada de vanguardismos, pero si que yo considero que existe y debe existir una minoría revolucionaria, capaz de articular la lucha desde los primeros momentos, eso sí dandole el protagonismo a las clases populares, no a unas siglas u a otras. Porque la CNT fue el intrumento de lucha a principios de siglo XX en el Estado español? yo considero que fue así porque comprendieron al pueblo e hicieron que se organizará, convirtiendose este ne protagonista de su lucha.

  2. alejandro says:

    “¿Cómo se está construyendo hoy “anarquismo”?

    Pues parece que esta pregunta se está empezando a esclarecer, si te fijas la mayoría de anarquistas españoles parece que están a favor de la tesis de defender lo público para crear comunidad. Esto para mi es un error. ¿ que comunidad será aquella que se constituye en torno a la defensa de la maquinaria misma que los oprime y los hace más esclavos?Hay comunidades que se forman en torno a dioses crueles, a vicios horribles ...si lo que vamos a proponer para la emancipación es el simple gregarismo sin pensar que tipo de comunidad y vida queremos crear pues entonces veremos el triunfo de las plataformas por un lado y por el otro la validación de la teoría del anarquismo individualista más rancio.

    Tampoco creo que la gestión de los trabajadores elimine el carácter autoritario de los servicios públicos. No se trata de cambiar el piloto.

    Enlace un texto magnífico escrito en esta misma página que paso sin pena ni gloria pero que define muy bien la postura que defiendo:http://www.regeneracionlibertaria.org/reflexiones-sobre-la-defensa-de-los-servicios-publicos

    • Dr Alen Cea says:

      Y que problema hay con las plataformas sociales?

      De creencias no se vive explicate, porque la autogestión frente la administracion estatal y privada es la unica opción que veo posible. Si te refieres a que hay que cambiar el tip ode educación por ejemplo, se por sobreentendido, pero vamos....

    • Victor A says:

      Pues no defendamos los hospitales y sus deficiente sistema de salud pública, pero en muchos casos salvadora de vidas. Pues no defendamos las pequeñas pensiones de nuestros y nuestras abuelas que nosotros no vamos a ver y tampoco defendamos la universidad pública, pues no necesitamos abogados para defendernos de su legalidad.

      Que este no es nuestro mundo ideal? Obviamente. Pero no defender estos servicios es un gran error, primero pq muchos son necesarios en un contexto en el qual la gente dependera mas de sus mierda salarios para sobrevivir. Segundo, nuestro objetivo es superarlos, y la autogestión de estos no soluciona nada mágicamente, pero es la única condición para cambiar la dirección de que funciones sociales realizan.

      Que alternativas planteas tu?.

      @Dr Alen Cea.Respeto a las plataformas se refiere a una ideologia dentro del anarquismo, el plataformismo, no ha plataformas entre colectivos. Que al igual te malintepretado pensando que no lo habias entendido.

      • Dr Alen Cea says:

        El plataformismo tenía sus puntos buenos, independientemente de eso, una cosa es mantener una crítica formal al a defiente sanidad pública y a la adoctrinadora educación públicas actuales, otra muy diferente es caer en el dogmatismo del "todoonada" porque entonces jamás avanzaremos, las pequñas victorias son las que crean comunidad, la retorica crea solo retorica.

        Si no es el pueblo el que toma las riendas de su destino, da igual cuantas teorias promulgemos, yo trabajo al lado de personas con ideologías muy dispares, pero trabajamos para objetivos comunes, en determinado momento si estos se cumplen quizá algunso paren ahí, yo seguire. Pero para crear comunidad hay que dejar el catecismo revolucionario y ponerse a prácticar formulas practicas (valga la redundancia).

  3. alejandro says:

    Y en la unión Sovietica también la gente comía y ahora la población se muere de hambre...si empezamos así , señalando solo una parte positiva de los servicios a los que se crítica , pues no se esta analizando el todo y por lo tanto se cae en el error. O en tu caso se cae en la demagogia absoluta , como si la alternativa a la defensa de los servicios públicos fuese el deseo de que la gente se muera de hambre o de enfermedad, esto es muy sucio y un insulto .

    He enlazado un texto donde se explica muy bien donde yo creo que deben ir los tiros.

    • Victor A says:

      En ningun momento he dicho que desees todo eso. En la alemania nazi tambien se comia, no?

      La question es que hay unas necesidades que se cubren, una institución que las satisface y un sistema social formado por diferentes estructuras sociales. El hecho de que se cubra una necesidad, por separado, no es malo, pero obviamente no se puede aislar este factor. El problema es la relacion entre esta y las otras partes . Estamos de acuerdo en eso?

      Los servicios publicos estan organizados para reproducir un sistema social concreto, sí, y no satisfacen las necesidad tan bien como podria otro tipo de sistema social. Pero en el ahora, no tenemos ninguna alternativa viable para la mayoria de la poblacion, y no creo que pueda articularse fuera del capitalismo. Porque ellos tienen los medios de produccion, y creo que la unica manera de socializar la economia, es expropiarlos, no construir una propia.

      Quiero decir que pongo el enfasis en eso, pues no niego la posibilidad de crear pequeños proyectos cooperativistas. Pero la superacion del capitalismo solo puede ser mediante conflicto.

      Me tenian que quitar una muela, y despues de estar currando durante el verano, no puedo permitirme ir a un medico privado, porque tengo otras prioridades y no se cuando voy a volver a tener curro. Otras personas estan en situaciones realmente desesperantes, y hoy por hoy, es su unica solucion. No veo nada malo defender que se satisfazcan las necesidades hoy, criticando y luchando con el objetivo de cambiar esas instituciones y esa estructura.

  4. Lusbert Lusbert says:

    Alejandro, en ese texto que acabas de pasar se olvidan de que autogestión debe de ir acompañado de socialismo, es decir, de la socialización de la economía, del paso de la economía de mercado a una economía de planificación descentralizada que atienda a las necesidades de la sociedad. Además, ese texto no puede ser más idealista, pues no lleva ninguna propuesta u hoja de ruta y se quedan en un "crear aquello por lo que luchamos". Queda muy bonito así como consigna pero necesitamos propuestas concretas y materiales que permitan el avance de las luchas sociales.

    Otro punto muy importante y que me parece esencial es la construcción de comunidades en lucha que forma parte de la estrategia de acumulación de fuerzas. Las comunidades creadas funcionan como nexo de unión entre la gente no politizada y la gente que ya lucha, crea soportes y estructuras donde acumular experiencias en la lucha y avanzar en ellas. Es importante saber también que la defensa de los servicios públicos no debe llevarse a cabo solo por las trabajadoras, sino también por las usuarias, y que dichas comunidades no queden aisladas de otros sectores en lucha, como los conflictos laborales en el sector privado y las luchas territoriales en el barrio.

    Luego, en el texto suelta disparates como:

    —Faltan proyectos y experiencias de autogestión sobre las que analizar, ¿perdona? ¿El makhnovismo? ¿La comuna de Shinmin? ¿Las colectivizaciones en las zonas controladas por la CNT-FAI? ¿Argentina 2001? ¿Empresas recuperadas y autogestionadas resultado de luchas obreras? ¿El pueblo kurdo en Siria? ¿Todo ello no son experiencias autogestionarias? Seré pesado con los ejemplos en la historia pero es que la amnesia histórica nos impide rescatar importantes logros para tomarlos como ejemplo. Pues bien, en las colectividades de Aragón, el sistema sanitario pasó a ser autogestionado, al igual que la educación, y los suministros como la luz y el agua pasaron a ser gratuitos, así como la vivienda. Otro dato importante que quiero añadir aquí es que a principios del s. XX, el sistema de pensiones, los subsidios de desempleo o por enfermedad las asumía el sindicato al que estuviese afiliado el trabajador. Podría ser esto algo parecido a la gestión obrera, como una suerte de seguridad social autogestionada.

    —Además menciona que los servicios públicos no responden a las necesidades reales de la población. Vamos, que curarse de una enfermedad o recuperarse tras sufrir un accidente no son necesidades, como la alfabetización, la transmisión y creación de conocimientos, etc. Obviamente los actuales servicios públicos no son como quisiéramos, pero en este contexto, guste o no, se nos hacen necesarios, e igualmente lo serán en una posible sociedad libertaria, con unos profundos cambios y adaptaciones, por supuesto. No hay que comerse mucho la cabeza para saber que su privatización solo generaría miseria y acrecentaría más las desigualdades sociales, lo que se traduciría en que las capas más bajas de la sociedad morirían delante de las puertas de un hospital, no tendrían acceso a agua potable, a la educación, etc.

    —¿Desorganizar o desmantelar los actuales servicios públicos? ¿En serio? Desorganizar no ha sido jamás revolucionario, lo que sí es revolucionario es la capacitación material de la clase trabajadora, que permita a trabajadoras y usuarias no solo gestionarlo, sino enfrentarse a las lógicas mercantiles. Tenemos que poner los cimientos en roca sólida, no en suelo arcilloso ni en mundos imaginarios, lo que quiero decir es que, al igual que quemar la ciudad entera es una soberana tontería, lo mismo sucede con pretender desorganizarlo todo. No deja de ser idealismo o abstracciones ideológicas y eso no conduce a nada. Todo lo que se necesita es su reorganización y sean las trabajadoras y usuarias las que la protagonicen, además de orientar los servicios públicos acorde a los intereses de la clase trabajadora. En este caso, nuestra propuesta es que sea la clase trabajadora tome los servicios públicos antes que los fondos buitre.

    —"...el proceso de la revolución social tiene que contener en sí mismo todas las características de esa revolución social." Muy sugerente la frase pero se queda muy en el aire. Hay que tener en cuenta también que no son las ideas las que transforman la realidad, sino que la transformación social será materializable a partir del entendimiento de esta realidad fruto de análisis rigurosos y las luchas inmediatas del momento, las que darán lugar a la construcción de teorías revolucionarias. No podemos construir nuevas relaciones en el aire, sino que deben ser impulsadas en el seno de las luchas sociales.

    —Al final termina con un "Para pelear por nuestras condiciones de vida no necesitamos defender lo existente, ni siquiera en tiempos de ofensiva capitalista, sino crear aquello por lo que luchamos. Lo contrario solo profundizará en la derrota, la misma que les permite atacarnos despiadadamente." Debe ser que esto de defender lo poco que nos queda de derechos sociales, sanidad, educación, pensiones, el agua, etc no nos incumbe porque vivimos del aire o las ideas nos dan de comer y que la ofensiva neoliberal nos la trae floja porque total, podemos vivir de las ideas, ¿no? Vuelvo a apuntar que para "crear aquello por lo que luchamos", lo debemos hacer a través de impulsar las luchas inmediatas, tratar de que vayan por el camino de la autonomía, la autogestión y el socialismo libertario.

    Sí, sé que ese artículo es una respuesta al ya publicado anteriormente aka Lo público y la autogestión. Defensa y avance, pero esa respuesta no aporta realmente nada nuevo, algo que en el artículo que acabo de poner sí traen unas propuestas materiales. Cito textualmente:

    1.- Defender unos servicios públicos, universales, gratuitos y de calidad, impidiendo que pasen a ser gestionados por manos privadas, lo que conlleva su mercantilización y elitismo.

    2.- Fortalecer la movilización y organización social en torno a los servicios públicos para aumentar la fuerza de sus sindicatos y asociaciones de usuarios, apoyando también un avance organizativo en el resto de sectores económicos y sociales del país.

    3.- Capacitarnos trabajadores y usuarios de cara a presionar al Estado para mejorarlos y para profundizar en nuestro control y orientación de la gestión en lo posible, práctica que posibilitará su socialización, es decir, su autogestión por la comunidad y los trabajadores en el futuro.

    Lo curioso es que lo del "todo o nada" siempre queda en "nada", porque se utiliza la ideología como excusa para todo, no como base para impulsar las luchas y darles orientación política.

    • Dr Alen Cea says:

      Y el manifiesto para un anarquismo social cuando? jajaj nada que añadir.

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