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Publicado el 10 de agosto de 2015 por Lusbert

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Sociedades paralelas y poder popular

Seguramente en no muchas ocasiones hemos oído hablar de cooperativas integrales, de ecoaldeas, de proyectos de okupación (desde pueblos okupados hasta edificios abandonados en la ciudad), e incluso barrios autogestionados y comunidades enteras fuera de las redes mercantiles. Son espacios liberados dentro del sistema capitalista que demuestran que existen modelos alternativos de organización social y económica, que de alguna manera permiten experimentar, poner en práctica y dar ejemplo sobre alternativas al sistema capitalista. No obstante, muchos de estos proyectos no tienen una pretensión confrontativa contra el sistema, sino que más bien funcionan como vías de escape. Este tipo de pequeños espacios fuera de los centros de circulación de mercancías se conocen como sociedades paralelas. Ahora bien, ¿podrían estos proyectos ser una suerte de poder popular?

A diferencia de las sociedades paralelas, el poder popular lleva consigo la bandera de la confrontación contra el sistema dominante a través de la creación de un contrapoder que le desafíe. Este tipo de contrapoder supone la creación de movimientos populares los cuales articulan instituciones al margen del Estado que se traducen en asambleas de barrio, sindicatos, organizaciones estudiantiles, coordinadoras, etc… que pretenden sustituir y superar el orden establecido materializando un modelo de vida socialista libertaria. Esto quiere decir que el poder popular es una estrategia de confrontación y disputa en todos los niveles contra el dominio capitalista: social, económico, territorial y político. Otro matiz importante es que el poder popular también se articula a nivel político, es decir, que lleva un proyecto político de mayorías y se dotan de herramientas como los análisis de coyuntura, las hojas de ruta, las agendas, estrategias políticas y demás, que permitan el avance cualitativo de todo el movimiento popular. Esto por ejemplo, no se da en las sociedades paralelas, donde no existe una dirección política clara y se toma como fin la misma realización del proyecto, sin llevar ninguna política de confrontación. Sin embargo, podríamos apuntar que la línea entre sociedades paralelas y el poder popular no son bien marcadas, sino que hay ocasiones en que se ven difusas. Veamos algunos ejemplos.

En Grecia existen hospitales, clínicas y ambulatorios autogestionados debido a que el sistema de salud estatal está sufriendo ajustes muy agresivos. Por un lado, las experiencias autogestionarias pueden servir como parches ante la situación aguda de reestructuración neoliberal que vive el país. Pero por otro, podría suponer una salida hacia delante si estos proyectos se vinculan con otros sectores en lucha y sirvan como medios para crear un sistema de salud público no estatal. De manera similar, podríamos decir sobre la cuestión de las cooperativas integrales o la okupación de pueblos abandonados. Si bien estos modelos pueden servir para no tener que vivir del trabajo asalariado, y llevar una vida más sana, si carecen de vinculación con el conflicto de clases, no constituirían ningún problema para el sistema capitalista. De hecho, el capitalismo tolera las sociedades paralelas. No obstante, ¿y si se diese el caso de que las cooperativas integrales sirvieran como colchones para luchar contra el paro y tuviesen buenas relaciones con los sindicatos en las ciudades y vinculación con proyectos sociales en los pueblos y en los barrios? ¿Cuál sería entonces la delgada línea que los separa de ser sociedades paralelas o posibles instituciones de poder popular?

Las alternativas autogestionarias en las sociedades paralelas no son revolucionarias de por sí si no están vinculados a proyectos revolucionarios de confrontación a través de la lucha de clases. En Argentina en 2001 cuando ante el cierre masivo de empresas los y las trabajadoras se lanzaron a la autogestión, no se planteó el socialismo como proyecto político que supere el neoliberalismo que arruinó el país, aunque eso sí, gracias a la autogestión pudieron sobrevivir y se demostró que es una salida viable. Las zapatistas y el movimiento de liberación kurdo en Rojava serían los ejemplos más destacables de poder popular, puesto que, además de implementar una organización social distinta a la del capitalismo, llevan una orientación política por el cual crean sus propias instituciones que sustituyan a las del Estado en los territorios donde han declarado su autonomía.

Las sociedades paralelas son pues burbujas aisladas dentro del sistema capitalista que pueden funcionar con mayor o menor grado de independencia de los flujos mercantiles, lo que quiere decir también que carecen de cualquier vinculación con el conflicto de clases en los centros —entendiéndolos como no solo las grandes metrópolis, sino territorios donde el capital lanza sus ofensivas (desde las ciudades más grandes, pasando por pueblos, hasta las zonas donde se quieran hacer megaproyectos de extracción como megaminería, fracking, etc)—, en otras palabras, no tienen pretensión de disputarle terreno y espacios al sistema dominante donde mayores son los grados de conflictividad social y de clases. En cambio, el poder popular sí actúa en los centros del conflicto de clases y sí mantiene esa disputa al orden establecido, al contrario que las sociedades paralelas que actúan en las periferias, donde el capital no tiene tanto peso. Entonces, para que una cooperativa integral, un pueblo okupado, una clínica autogestionada o lo que sea, pase a ser una institución del poder popular, tendrían que romper la burbuja y orientarse como medios para crear un contrapoder efectivo al sistema dominante, asumiendo el papel de alternativas de confrontación en vez del de la evasión, o sea, crear vínculos entre diferentes sectores en lucha (multisectorialidad), pasar de verse como fin a verse como medios y dotarse de una orientación política cuyo fin sea el socialismo libertario.

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Acerca del autor

Lusbert

Anarquista social y de la rama comunista libertaria solo en cuanto a pensamiento político. Por lo demás, soy una persona normal. Aportando mi pluma como un diminuto grano de arena a que el anarquismo sea una alternativa política real y transformadora. Deconstruyendo mis privilegios de hombre. ¡Luchar, crear, poder popular!



8 Respuestas para Sociedades paralelas y poder popular

  1. David says:

    Una verdadera sociedad paralela es intolerable por el Capitalismo ya desde su propia base, ya que cuestiona la propiedad privada.

    La mayoría de los proyectos que he podido conocer son muy valiosos de un modo u otro, pero no son "sociedades al margen del capitalismo". Aún estamos lejos de conseguir eso y provablemente no es algo que pueda lograr un solo proyecto independiente, sinó una red de proyectos infraestructurales.

    Sea como sea, sin duda son una parte fundamental de la lucha en contra del Estado. Podemos decir que somos anticapitalistas, pero la realidad es que sin infraestructuras para la vida libre necesitamos el capitalismo para vivir.

    Estos proyectos suelen pasar por alto la confrontación directa con el sistema, e incluso a veces no la incluyen políticamente en sus planteamientos. Eso es un error, pero también es un error pasarse el día hablando, haciendo teoria y folklore en forma de asambleas y manifestaciones, y luego no estar construyendo nada real. Ambos extremos tenemos que ponernos las pilas, corregir estos errores, y mantener estrechos lazos colaborativos.

    • Lusbert Lusbert says:

      ¿Y qué sería una verdadera sociedad paralela? El capitalismo sí que tolera esas pequeñas burbujas de experimentos sociales alternativos. Tú trata de hacer una "ecociudad" y te será completamente imposible, o en una zona rica en recursos naturales (minerales, gas natural, recursos madereros, etc). En este sistema, si te montas tu sociedad paralela lejos de sus centros, no les supondrá ningún problema, como por ejemplo los cientos de pueblos abandonados que han sido okupados que hay en la península.

      El gran problema es que vemos esos proyectos lejos de los focos de la lucha de clases como revolucionarios y nos olvidamos de articular proyectos políticos revolucionarios en estos centros donde se dan la lucha de clases, como lo dicho en el texto, y a construir el poder popular como vía revolucionaria y disputarle el poder al sistema dominante. Cualquier cosa que no aspire al socialismo libertario no es revolucionario ni anarquista, será una suerte de radicalismo liberal o un "socialismo" en un sitio perdido en el monte.

      Si de algo adolece el anarquismo es de proyecto político que persiga el socialismo libertario y tenga como estrategia el poder popular potenciando los movimientos sociales, el sindicalismo revolucionario y otras luchas que se están dando actualmente y dotarlos de identidad y discurso propio, a la vez que crear una cultura de lucha, militante y de los comunes, que es lo que debemos construir realmente.

  2. David says:

    Una verdadera sociedad (o comunidad) paralela al capitalismo es una que no depende económicamente de este. Yo no he tenido oportunidad de conocer ningún proyecto que consiga ese objetivo, y mayormente aunque es algo que se desea, no suele ser la principal prioridad de ese tipo de proyectos.

    No depender del Capitalismo implica estar transgrediendo la propiedad privada constantemente. Una okupación en un entorno rural aislado puede pasar relativamente desapercibida, pero ¿estar haciendo un uso continuo de recursos naturales sometidos a la propiedad privada? Además, a la práctica es poco provable que una comunidad así aparezca de la nada, más bien cuando consigamos esto será gracias a que establezcamos una red de relaciones y compartición de recursos que involucrará diferentes comunidades. Creo que se está empezando a trabajar en ese sentido, pero aún queda mucho tiempo.

    En resumen, que el Estado puede tolerar todo lo que no le amenace, pero las comunidades rurales tienen capacidad para amenazarlo, y de hecho esa red infraestructural para la subsistencia al margen del Capitalismo es fundamental para la libertad.

    Yo la verdad es que estoy un poco cansado de esa actitud de querer que todas hagamos lo mismo, además me parece un error. La mayoría de la militancia anarquista ya se da en las ciudades, y aunque el sindicalismo y demás son importantes, por si mismos son insuficientes. Sirven para generar combatividad y experiencia revolucionaria, pero socializar los medios de producción ya no sirve como manera para independizarse del Capitalismo. Los actuales medios de producción son inherentemente Capitalistas y no pueden gestionarse sin él. Estan sustentados en la explotación y en una hiperespecialización tal que nos obliga a toneladas de burocracia y jerarquización. Por no hablar que muchas de nosotras tansiquiera hacemos un trabajo que tenga el menor sentido fuera del Capitalismo, así que ya me dirás que tengo yo que socializar.

    • Lusbert Lusbert says:

      La cuestión es que en el Estado español existen muchas ecoaldeas y pueblos okupados que no sabemos ni tenemos constancia de ellas, así como redes de ese tipo. En el Pirineo hay muchos pueblos abandonados, pero no sé cuántos estarán okupados, y también que desde la ciudad poco sabemos lo que se cuecen en zonas rurales recónditas, si hay experimentos de permacultura o cosas asi, que las hay. Lo que más hemos visto son las cooperativas integrales que tienen alguna vinculación con la ciudad y los movimientos sociales.

      No, no es que tengamos que hacer todas lo mismo, es trazar líneas comunes de actuación que tenga como base la confrontación en vez de la huida, el de la disputa en todos los espacios posibles y no el de apartarse lejos donde el capital tenga menos presencia, porque el cada cual a su bola no lleva a ningún lado, y me repatea bastante eso de que cada anarquista es un mundo, es asumir la atomización hiperindividualizada de los valores neoliberales.

      La amenaza será real para el Estado y el capitalismo cuando se articulen unas líneas políticas que apunten hacia el socialismo libertario y exista un movimiento popular amplio que constituya el poder popular. En este sentido ya lo he expuesto en el texto, que esos proyectos de autogestión tengan vinculación con la lucha de clases en los centros del capital.

      La cuestión de la socialización de los medios de producción deberían darse bajo un programa socialista libertario, porque puede darse de que se reproduzcan relaciones de producción capitalistas pero en autogestión. Si no hay nada que socializar, entonces nos quedamos como ahora y nos conformamos con el neoliberalismo, ¿o nos perdemos en los montes para vivir la anarquía? Es un tanto absurdo y me repatea esa idea de "esto no me gusta, pues me voy"... Que exista mucho trabajo inútil lo sabemos, pero la cuestión no es coger y marcharse, sino reorganizar el tejido productivo y levantar una economía socialista real, que no dé trabajos inútiles.

      • David says:

        Existen muchos proyectos, pero muchos no tienen un proyecto político libertario detrás, así que tampoco los metamos todos en el mismo saco. Y las redes que hay son insuficientes o básicamente enfocadas a la visibilización, que no es poco.

        El desconocimiento de estas comunidades es bidireccional. Ni ellas consiguen (o intentan) visibilizarse ni las anarquistas urbanas tienen demasiado interés en descubrirlas.

        No creo que sea necesario de ninguna de las maneras trazar líneas comunes de actuación —es decir, un programa— y de hecho me parecería echar a perder la principal baza del anarquismo, que es la diversidad y su atomización. Da igual lo que crea porque muchos anarquistas, y yo el primero, no tenemos la menor intención de perder el tiempo construyendo programa alguno. Así que os vais a unir solo unos cuantos, como ya está sucediendo. Lo cual es maravilloso. Ánimos. Los demás seguiremos organizándonos de otras maneras, como hemos hecho siempre. El camino es abrazar la diversidad del anarquismo y aprender a dejarnos trabajar todas sin pisotearnos, y colaborando en la medida de las posibilidades a través de la solidaridad y el apoyo mútuo.

        El problema de la construcción de medios de producción libertarios es que las generaciones actuales, a diferencia de las que en el pasado llevaron a cabo revoluciones, no sabemos vivir sin capitalismo. No sabemos ni emocional ni socialmente, pero es que ni sabemos a nivel material. En mayor parte, y especialmente si tenemos estudios universitarios, tenemos trabajos banales construyendo "capital intelectual", es decir, humo. Por lo tanto estas comunidades juegan un papel fundamental dentro de la recuperación de la autonomía que nos permitirá la progresiva construcción de las infraestructuras que nos brindaran estos nuevos medios de producción.

  3. Lusbert Lusbert says:

    La diversidad es una cosa y la atomización otra. La diversidad es que convivan distintas tendencias dentro del anarquismo que cooperan. La atomización es asumir los valores del neoliberalismo y se traduce en un liberalismo radical. Me encanta este párrafo de Arshinov, autor del libro "Historias del movimiento Makhnovista":

    «La teoría anarquista de la libertad personal, lejos de estar aún suficientemente esclarecida, deja un vasto campo a los malentendidos. Evidentemente los hombres de acción, que poseen una voluntad firme y un instinto revolucionario fuertemente desarrollado, verán en la idea anarquista de la libertad personal ante todo la idea de respeto hacia la personalidad ajena, la idea de la lucha infatigable por la libertad anarquista de las masas. Pero los que no conocen la pasión de la revolución y los que piensan en primer lugar en las manifestaciones de su propio ‘yo’ comprenden esa idea a su modo. Cada vez que se discute el problema de la organización práctica, de responsabilidad, dentro de la misma organización se escudan en la teoría anarquista de la libertad personal y fundándose en ella, tratan de sustraerse toda responsabilidad. Cada cual se retira en su oasis y practica su propio anarquismo. Las ideas y los actos de los anarquistas son pulverizados así en átomos mínimos.»

    Todas las revoluciones anteriores llevaron un programa, cuyo máximo era el socialismo libertario: desde Makhno, pasando por la del '36 como por Shinmi, por mencionar las más destacadas en la historia. Actualmente veo que se ha perdido el rumbo en gran parte del anarquismo en Europa, y aquí buena parte de ese anarquismo ha renunciado al socialismo y está contaminado de liberalismo.

    Claro que se necesitan programas, para hacer del anarquismo una política de transformación social y no un estilo de vida para la liberación individual. Ahora, que haya quienes rechacen el anarquismo revolucionario —el que interviene en el escenario social y político con vocación transformadora—, pues que escojan su camino, nadie te obliga a que te adhieras a un programa. El caso es que el tiempo y las acciones pondrán las cosas y a las anarquistas en su sitio.

    Y otro problema de la cultura occidental es que nos ceñimos al inmediatismo y los resultados ya mismos y no, claro que esta sociedad asume los valores del sistema dominante, pero el proceso de transformación social es un proceso largo que requiere trabajo constante por cambiar las cosas, desde lo inmediato hasta lo futuro, desde buscar salidas a la resolución de los problemas actuales hasta construir propuestas de avance que apunte al poder popular y al socialismo libertario.

    El capital intelectual seguirá siendo necesario. ¿Cómo vas a poner en marcha un proyecto de permacultura sin conocer el clima, el tipo de suelo, la topografía, la fauna, las especies que vas a plantar, los animales e insectos que vas a meter? ¿Cómo organizaríamos la administración territorial, desde las ciudades hasta los pueblos? ¿Cómo gestionamos la economía productiva y planificamos la producción? ¿Cómo construimos o rehabilitamos las casas, llevamos la luz, el agua, el gas? ¿Qué modelo energético se podría poner en marcha en el socialismo? ¿Cómo y sobre qué orientaremos la investigación científica? Es más, ¿cómo organizaríamos la defensa del territorio y las fuerzas armadas necesarias para defender militarmente una posible revolución? Todas estas respuestas vendrán de cuadros técnicos con conocimientos de campo y la socialización de dichos conocimientos, no vendrán por arte de magia.

  4. Franz says:

    El cooperativismo ya fue pulverizado teoricamente por Rosa Luxemburgo.....¡Hace más de 100 años! Llevamos un retraso de ideas con gente de principios del siglo xx gravísima. Las colectividades autogestionadas conviven perfectamente con el capitalismo en según que conyunturas ( la España del 36 es un ejemplo estupendo pese al mito detrás de ellas, el zapatismo es otro ejemplo) y en caso de que puedan molestar son barridas de un plumazo. En cualquier caso por la ley del capitalismo acaban siendo empresas capitalistas con sobrexplotación o despidos y regidas por el mercado inevitablemente . Pero de esto último parece que es algo que Carlos Taibo no dice en sus patéticas intervenciones.

    Cualquier proyecto revolucionario basado en contrasociedades esta condenado al fracaso y no puede ser un principio de nada. Mucha parte del proletariado esta decantandose por estos "proyectos"que solo pueden desmoralizar. Pero esto parece ser la esencia del oportunismo anarquista tan recurrente , da igual que se usen términos tan reaccionarios como poder popular para maquillarlo.

    • Lusbert Lusbert says:

      Claro, en Yugoslavia se dio algo parecido.. En que se dio una especie de socialismo autogestionario pero reproduciendo relaciones de producción capitalistas. El caso es que las sociedades paralelas no persiguen el socialismo, sino montarse su propio chiringuito y ale, a vivir.

      Las zapatistas tuvieron que pelear y tener su guerrilla por defender sus tierras y están sufriendo el acoso del narcoEstado mexicano.

      Bueno, y el final de tu párrafo es pura verborrea, qué quieres que te diga. Es evidente que tener como fin crear una sociedad paralela no lleva a nada. Y lo del poder popular (al menos como entendemos las anarquistas sociales) precisamente es ese proyecto que desafía el sistema dominante y tiene como fin el socialismo libertario en vez del irse al monte a hacer cooperativas. Lo reaccionario es abrazar el liberalismo y las actitudes derroteras.

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