[Reseña] Sorry to bother you

Sorry to bother you es una comedia norteamericana obra del director Boots Riley. Se presentó el 20 de enero de 2018 en el festival de Sundance y se estrenó el 6 de julio en Estados Unidos recibiendo muy buenas críticas desde el principio.

Sinopsis: Cassius "Cash" Green es un joven afroamericano sin dinero que consigue un trabajo como vendedor telefónico. Con los consejos de otro veterano vendedor pronto empezará a despuntar. Es entonces cuando los trabajadores deciden crear un sindicato para combatir las malas condiciones laborales con una huelga. Cassius será ascendido dejando a sus amigos contra la empresa convirtiéndose así en un esquirol. Pronto empezará a plantearse si moralmente vale la pena todo el dinero ganado.

La película está ambientada en una distópica parodia del tardo-capitalismo en el que vivimos, con empresas que prometen una vida sin preocupaciones a cambio de un contrato de trabajo temporal de por vida para que ellos les manden a las empresas que contraten sus servicios, satirizando así sobre el papel de las ETTs en Estados Unidos. La película también toca el tema del racismo, ya que hasta que Cassius no empieza a usar su voz de blanco siempre le cuelgan enseguida pero cuando la usa las ventas empiezan porque esa voz transmite más seguridad y confianza a los potenciales compradores que la de un negro. Con esta habilidad y su carisma empieza a destacar en número de ventas sobre sus compañeros. Por eso en lugar de despedirlo por sumarse a la huelga lo ascienden a la categoría de Vendedor en Potencia, donde se dedica a vender mano de obra esclava y armas por teléfono.

Aquí aparece el plateamiento moral que es el tema principal de todo el film: ¿Se puede comprar la moral? Y si se puede, por cuanto? Cassius va aceptando cada vez propuestas más amorales por más dinero hasta que llega a un límite. En el ámbito moral también retrata una sociedad productivista moralmente enferma que interpone cualquier cosa ante el dinero y alaba al que lo hace. Una sociedad en la que  Cassius se tiene que humillar en público para poder destapar cómo la empresa que vende mano de obra esclava en forma de ETT de por vida está cruzando humanos con caballos para que rindan más y sean más obedientes, y en lugar de ser cerrada y juzgar a todos sus directivos es premiada con una gran subida en bolsa.

Es un soplo de aire fresco una película americana como esta, ya que va a contracorriente de la mayoría que ensalzan el individualismo, el patriotismo y los valores de la burguesía. A nivel militante no podemos decir que sea una película anticapitalista porque claramente no luchan por acabar con el capitalismo. Si que luchan por sus derechos como un son salario digno y el derecho a descansar, dando así una lección sobre sindicalismo. Si hay una moraleja en esta película es que la unidad de la clase trabajadora contra el Estado y el capital son la única vía.

 

 

 

 

Diversidad, clase e interseccionalidad

La cuestión de la diversidad ha dado mucho que hablar en estos últimos meses, sobre todo a raíz del libro "La trampa de la diversidad" del Bernabé. No obstante, no quiero hablar de su libro aquí, sino más bien transmitir unas reflexiones acerca del melón que ha abierto sobre el tema, el cual pienso que es importante comenzar a sacar unas conclusiones, no finales, pero sí necesarios para perfilar un relato que baje de la academia a las calles. Hablar de diversidad implica reconocer que somos diferentes: orígenes familiares y territoriales; género, sexualidad y orientación sexual, pertenencia de clase, edad, confesión religiosa o espiritual... que compartimos espacios en común, y por tanto, vivencias y condiciones materiales comunes. No obstante, lejos de ser reconocidas y respetadas, todo aquello que se salga de la norma es motivo de discriminación que puede derivar en una opresión. Aquí ya tenemos un punto de partida.

Un gran problema a la hora de hablar de diversidad es no tener en cuenta las condiciones materiales en que nos encontramos actualmente, ya que sin ello, no tendremos una base sólida que nos sirva como referencias e ideas base, y al final, quedaría en un discurso estrictamente moral, con tecnicismos propios de la academia y en el peor de los casos, acaba siendo criterios para definir perfiles de consumidores. Antes de continuar aclaro que la neutralidad es simplemente la ideología dominante, y por tanto, no pretendo que estas reflexiones partan de la neutralidad, sino claramente desde una posición materialista y de clase. Esto nos lleva a la pregunta del millón: ¿La clase lo es todo? Sí y no. Sí porque es la base de donde partimos, esto no quiere decir que toda cuestión de clase sea proritaria sobre otras cuestiones como la de género o raza y no porque, además de la clase, existen otras opresiones vinculadas a ella que refuerzan la explotación de clases. No nos creemos, por tanto, que erradicando solo la diferencia de clases mágicamente desaparecerían las otras opresiones. Volveremos sobre ello más adelante.

Ideología liberal

Cuando hablamos de ideología liberal en estos temas nos referimos a la falta de un análisis materialista que nos permita mantener un posicionamiento claro y evitar caer en abstracciones, simbolismos, el individualismo y la competencia. Sin una base materialista, nos perdemos en debates sobre problemas más simbólicos como los baños unisex, las casi infinitas identidades de género no binarias, si tal look es apropiación cultural o no, etc, en los cuales, la mayor parte de la población no se siente interpelada, dejando así de lado los problemas materiales de mayor impacto como el acoso callejero, la discriminación hacia personas LGTBi, la falta de guarderías, la explotación laboral de las temporeras de la fresa, la persecución de manteros, etc. Si bien una cosa no quita la otra, el darle más importancia a temas simbólicos en vez de materiales nos aleja de las luchas sociales y de los problemas reales que tienen las personas de clase trabajadora que puedan ser migrantes, y/o de la comunidad LGTBi. Otra importante consecuencia es la atomización y división en parcelas de las diferentes opresiones, individualizando cada vez más las luchas al centrarlas en lo particular y en los casos personales, en vez de buscar puntos comunes y trabajar a nivel colectivo, dando como consecuencia la creación de una especie de competencia tipo a ver quién tiene más opresiones.

Podríamos mencionar un caso paradigmático de cómo la "nueva política" en materia de diversidad no va más allá de izar banderas LGTBi en los ayuntamientos y colgar una pancarta de "Refugees Welcome" pero no se destina recursos en favor de la comunidad LGTBi (educación sexual, sanciones a escuelas concertadas, etc) ni para las personas refugiadas; o que en una universidad pongan baños unisex pero no muevan un dedo para fomentar espacios seguros. Así, mientras las izquierdas se pierden en simbolismos y no salen de las universidades, la derecha va ganando barrios obreros a base de apelar a los valores tradicionales y utilizando un discurso populista aparentemente de clase propio de la izquierda.

La falta de una perspectiva de clase hace que dichas luchas acaben siendo absorbidas por el sistema, como ya hemos visto en casos como el capitalismo gay, donde las empresas han creado un mercado enfocado a la comunidad gay con ofertas de viajes, moda, locales de ocio, etc... y que el día del Orgullo "oficial" sea patrocinado por empresas; el pinkwashing del cual hace gala Israel al apoyar al movimiento LGTBi o la campaña de la marca de tabaco Lucky Strike en los años '20 en EEUU presentando a la mujer fumadora como ejemplo de empoderamiento. No se libra tampoco el veganismo cuando McDonald's comienza a ofrecer menús veganos o en el Mercadona comienzan a vender productos veganos, sin mencionar tampoco aquellos restaurantes vegetarianos que no respetan los derechos de los y las trabajadoras.

Una sola clase

En la huelga minera en UK en los años 84-85, unos activistas por los derechos de las personas LGTB crearon el colectivo Lesbians and Gays Support the Miners con el fin de recaudar fondos para apoyar la huelga minera. Tuvieron dificultades y al principio sufrieron cierto rechazo, pero su perseverancia acabó por ganarse la simpatía de los huelguistas. Este acontecimiento histórico se puede ver en la película Pride y es un ejemplo de cómo han conseguido forjar una importante alianza entre estas dos comunidades en lucha en las cuales ambas partes salieron ganando fuerza. Sin ir demasiado lejos, el movimiento de liberación de la mujer dentro del movimiento de liberación kurdo o la reciente huelga del 8M en donde los colectivos feministas trabajaron conjuntamente con sindicatos CNT y CGT que ayudaron a legalizarla, difundirla y defenderla. Estos ejemplos ilustran la necesidad y el acierto que supone buscar puntos en común en vez de dividir. De hecho, todo movimiento revolucionario debe aspirar a integrar la diversidad dentro de la lucha de clases, así como darle un enfoque de clase a la diversidad.

Es imprescindible que al hablar de transversalidad e interseccionalidad, hablemos de tender puentes y entendernos entre las diferentes luchas, que tienen más en común de lo que se ve a priori. Por lo tanto, debe de haber una relación de reciprocidad, solidaridad e intercambio de experiencias para crecer juntos y juntas en las luchas sociales. Esto significa reconocernos como una clase social diversa, que además de padecer la misma opresión de clase, sufrimos también la del heteropatriarcado y del racismo. Por lo tanto, la lucha de clases está incompleta si no tiene una perspectiva feminista ni antirracista. Asimismo, hemos de introducir una perspectiva de clase tanto al feminismo como al antirracismo. Es cierto que existen varios feminismos, pero lo que nos debería interesar son los feminismos de clase, ya que el liberal solo favorece a aquellas que quieren ascender en la escalera social y a ocupar cargos en la política institucional. Similarmente ocurriría con el antirracismo de corte liberal. La necesidad de tener una perspectiva de clase en el antirracismo radica en que el racismo generalmente está más vinculado a las clases sociales y los status de las personas, ya que se da mayoritariamente hacia las personas pobres. Por esa razón, mientras se persigue a la inmigración y lo señalan como culpables de la delincuencia, la falta de trabajo, el derroche de ayudas sociales hacia ellos; se exportan armas a Arabia Saudí, se dan concesiones a los jeques que nos ponen mezquitas wahabbitas en suelo europeo y se les compra petróleo.

La interseccionalidad debe servir para superar la imagen de una lucha de clases hecha por el hombre blanco heteronormativo y evitar que se reproduzcan el patriarcado, el racismo y otras opresiones del actual sistema dentro de nuestras filas. Porque lo que realmente divide la lucha de clases es el obviar que la clase trabajadora es diversa, debilitando así tanto a los movimientos sociales como nuestros colectivos y organizaciones. Busquemos en la interseccionalidad reforzar nuestras luchas abriendo las puertas a todos aquellos colectivos sociales que, a parte de padecer la opresión de clases, sufren otras opresiones como la de género, orientación sexual, etnia, etc., pues juntas seremos más fuertes.

El PP ha vuelto

Con Casado, el PP se suma a la retórica fascista de las derechas europeas. El movimiento estratégico no es nuevo, el objetivo consiste arrastrar al centro y convertirlo en un rehén de la ultraderecha. El contexto parlamentario, con la caida del PP a la oposición, les facilita radicalizarse y disputar ese espacio político a Ciudadanos.

El problema, para la mayoría de la sociedad, es que este movimiento abre aún más puertas para el fascismo. No es casualidad que el caballo de batalla escogido para desgastar al gobierno sea, precisamente, la crisis de refugiados. A los movimientos sociales nos toca combatir la retórica xenófoba que pretende, una vez más, criminalizar a los migrantes. Apoyar a las personas que huyen de las guerras que provoca el capitalismo es una obligación ética. Pero además, en un país cuyos ricos no han dejado de aumentar sus beneficios en los últimos años, tenemos capacidad de sobra para afrontar la entrada de nuevos trabajadores y, al mismo tiempo, mejorar nuestras condiciones de vida. Tenemos que dejar esto muy claro. Sobre todo en este momento en que la derecha, carente de argumentos, acusa una vez más a los personas trabajadoras, en este caso extranjeras, de los problemas causados por el modelo económico criminal que ellos defienden.

Es una vergüenza ver a Casado paseándose por Algeciras e, incluso, saludando a aquellos a los que ataca sin que nadie le echase en cara su cinismo y su hipocresía. Afortunadamente, mientras esto ocurría los madrileños han dado una lección de convivencia impidiendo un acto racista en el metro de esta ciudad. También los taxistas, ejemplares en su lucha en defensa del transporte público, han retirado la pancarta de un grupo fascista que pretendía aprovecharse para propagar su ideología del odio. Estos ejemplos demuestran que la sociedad española entiende más de convivencia, respeto, democracia y solidaridad que buena parte de sus dirigentes. A pesar de los pataleos cínicos de la derecha, con estos mimbres puede construirse una respuesta antifascista a cualquier crisis humanitaria y a cualquier intento político de propagar la xenofobia. Ayudemos a construirla.

La solución para los trabajadores pasa por lograr comunidades diversas, populares, solidarias, cohesionadas y fuertes. Precisamente porque los migrantes no serán los únicos ni los últimos señalados. Casado irá también contra las mujeres o contra la diversidad sexual y de género, como ya ha hecho esgrimiendo una retórica machista y ultracatólica durante las primarias de su partido. Irá contra los catalanes por reclamar democracia y derecho a decidir, o por su rechazo a la derecha española. Irá contra todas las personas trabajadoras buscando enfrentarlas entre sí para mostrarse, a continuación, como solución a sus problemas. Lo hará del mismo modo que lo ha hecho Trump y el resto de fascistas como él que tenemos que aguantar hoy en el poder. Devolvamos al fascismo al basurero de la historia. Plantemos cara.

Racismo en la cultura mainstream

El racismo es un hecho cultural y que se evidencia en grados diferentes en el cine o en las series que se emiten en diferentes plataformas de Internet. El cine y la televisión está dominada por hombres blancos, es el canon de lo correcto, de lo que se tiene que ser. Todo lo que salga de ahí, es una deformidad, una rareza. Así, la cultura mainstream1 ha reforzado un esquema de valores que se perpetúan en la sociedad, manteniendo, a través de su programación, prejuicios y privilegios que alimentan el racismo. La invisibilización de las personas no blancas y de las mujeres ha sido una constante en las series televisivas de mayor audiencia; en otras ocasiones, las personas no blancas han servido de aliciente para la broma fácil a través de estereotipos que se escudan en el humor.

Se podría afirmar que las cosas han cambiado, que el racismo en Hollywood o en el mundo del espectáculo ya no es como en años pretéritos, casi hay que agradecer que ya no se produzcan películas de añoranza de la esclavitud como Lo que el viento se llevó (1939), todo un largometraje que romantiza a los soldados confederados y presenta a unos personajes negros infantilizados, menores de edad, que tienen que ser tutelados por los blancos. Es cierto que han aparecido series tan interesantes como Master of None o Dear White People, series que critican abiertamente los privilegios de los blancos, a ellas irán dedicadas unas palabras más adelante.

La intención de estas líneas es poner el foco de atención sobre aquellas producciones audiovisuales contemporáneas o recientes donde el racismo se expresa de diferentes modos, tanto en la gran pantalla como en series de televisión bien conocidas por todos. Se parte de la premisa de que el racismo no es, necesariamente, el agravio a una persona en razón de su etnia u origen, sino que también lo es su invisibilización, la no presencia de actores no blancos (negros, latinos, asiáticos, etc.) es también racismo.

No vamos a hablar de aquellas tan evidentes como El nacimiento de una nación (1915), Un día de furia (1992), Una tribu en la cancha (1994), El precio del poder (1983)2, ¿De qué color me quieres? (1986), El Planeta de los simios (1968) o Apocalipsis Now (1979), La lista, por cierto, es aún más larga, simplemente aquí se han expuesto algunas películas donde el racismo es evidente.

Veamos, pues, algunos ejemplos de películas en las que su racismo podría pasar desapercibido, puesto que este mantenimiento de los privilegios de los blancos tiene que seguir existiendo, pero de una manera más disimulada, vamos a exponerlos según su fecha de estreno

  • La misión (1986): Este drama histórico dirigido por Roland Joffé nos cuenta la historia de unos jesuitas que quieren proteger a los indígenas de la caza furtiva de esclavos, para ello se enfrentan directamente a los intereses de las Coronas española y portuguesa. En ella vemos toda una justificación para la imposición cultural y la evanvelización de los indígenas y, por otro lado, se disfraza la labor de los jesuitas, la presencia de los blancos como salvadores y civilizadores.

  • La guerra de las Galaxias Episodio I: La amenaza fantasma (1999): En la ya penúltima trilogía, George Lucas desarrolló una serie de personajes en los que se reflejaban estereotipos raciales como el jamaicano con rastas Jar Jar Binks, que si se ve la película en su versión original, podrá escucharse el acento que le adjudican a este personaje. También tenemos al ávaro mercader judío representado en Watto.

  • La milla verde (1999): El afable papel de Michael Clarke no es más que la representación del negro dócil, incapaz de hacer nada, excepto violar a blancos. Esta misma docilidad de los negros aparece en libros como La cabaña del Tío Tom de la caucásica Harriet Beecher Stowe.

  • El último Samurai (2003): En esta película vemos una constante que aparece en otros largometrajes como Avatar (2009), Danza entre lobos (1990) o la reciente The Great Wall (2016) y que ya adelantamos en La misión: El blanco como salvador. Nathan Algren interpretado por Tom Cruise es un borracho soldado estadounidense que termina en Japón y, se desconoce cómo, pero decide que debe preservar el estilo de vida Samurai. A esto lo llamamos apropiación cultural.

  • Apocalypto (2006): Si antisemita fue su Pasión de Cristo mucho mejor no lo pudo hacer con esta película. La intención de Mel Gibson era promover la cultura maya y aupar a los jóvenes a hablar en su lengua, de ahí que se filmara en maya yucateco. Sin embargo, Gibson se deja llevar por los estereotipos y muestra una cultura violenta, sangrienta, sedienta de sangre y sacrifios humanos, cuando no existe evidencia histórica que permita hacer tales afirmaciones sobre los mayas. Lo que pudo haber sido una bonita oportunidad para hablar sobre estos maravillosos pueblos precolombinos fue desaprovechada.

  • Transformers (2007): Esta superproducción contó con la subvención del Ejército de los Estados Unidos y con su ayuda para grabar en varias bases del propio ejército. El personaje de Jazz, uno de los Autobots, es un negro cuyas frases están llenos de esterotipos y palabras mal sonantes. Este personaje tiene muy pocas líneas en el guión, disminuyendo su visibilización y reduciéndolo a frases como What's up, little bitches?, entre otras del mismo tipo.

  • El mayordomo (2013): Cecil Gaines (Forest Whitaker) es un afroamericano que comienza a servir como mayordomo en la Casa Blanca. En ella conoce a Eisenhower y a todos sus sucesores, al tiempo que se nos expone el crecimiento del descontento de los afroamericanos por la segregación racial existente. Aquí vemos dos líneas interesantes: por un lado a unos presidentes blancos preocupados por el racismo en su país, en una de las escenas aparece un John. F. Kennedy (James Marsden) realmente afligido por el ataque del Ku Klux Klan a un autobus lleno de afroamericanos, quien acaba promulgando la Ley de Derechos Civiles de 1964, de nuevo el blanco salvador. Por otro, uno de los hijos comienza a militar en los Black Panther y a seguir a Malcolm X, a lo que su padre, el mayordomo, se opone. Así pues hay dos tendencias: la de los afroamericanos que buscan acabar con la segregación con la acción directa y, por otro, a los Martin Luther King, quienes representan la docilidad y la obediencia al blanco.

A lo arriba comentado, hemos de sumar la práctica del whitewashing que sigue siendo muy habitual en el cine contemporáneo. Consiste en actores blancos que hacen de personas no son blancas, el caso más famoso es el de Mickey Rooney en Desayuno con diamantes (1961) donde su papel es un japonés. Sin embargo, en la última década son muchas las películas que han usado el whitewashing, impidiendo así la aparición en la gran pantalla de actores y actrices no blancos. Entre los más recientes tenemos títulos como Dragonball Evolution (2009) donde Justin Chatwin interpreta a Goku. A esta podemos sumar otros como Prince of Persia: las arenas del tiempo (2010), Jake Gyllenhaal interpreta a un príncipe persa; The social Network (2010) en la que Max Minghella tiene el papel de Divya Narendra, confundador de ConnectU quien es de origen indio; en Argo (2012) Ben Affleck interpreta al jefe de operaciones de la CIA, Tony Mendez; y más recientemente Ghost in the Shell (2017) donde Scarlett Johansson o Michael Pitt interpretan papeles que en los personajes animados son japoneses, por no hablar de toda la filosofía oriental que ha sido ignorada en el film.

Todo el cine representado ha sido producido en los Estados Unidos, no porque el cine europeo este libre de ello, sino porque la intención es mostrar la cultura mainstream, y el cine europeo suele estar fuera de dicha categoría. Por otro lado, hay series muy interesantes donde el racismo se ha expresado de una manera más fina y cuidada. Veamos algunas series o programas de televisión:

  • Friends (1994 – 2004): Esta sitcom no cuenta en su elenco a ningún personaje no blanco invisibilizando una parte de la demografía de una ciudad tan multicultural como es Nueva York. Solamente vemos la aparición de Charlie en las últimas temporadas, una paleontóloga afroamericana que saldrá con Joey y Ross. La serie Cómo conocí a vuestra madre (2005 – 2014), hija directa de Friends, caerá en los mismos defectos que esta serie, añadiendo al personaje de Barney, un auténtico misógino con unos chistes machistas que perpetúan el patriarcado.

  • The Big Bang Theory (2007 – actualidad): Que una serie contenga en su elenco a un personaje no blanco como Kunal Nayyar quien interpreta al indio Rajesh Koothrappali, no la hace no ser racista. El personaje de Koothrappali sirve como blanco perfecto para las bromas racistas sobre su condición de hindú, así como por su exagerado acento, que el guion le obliga a hacer. Mientras otros personajes son víctimas de los chistes por su comportamiento asocial (el caso de Sheldon Cooper), las que se hacen sobre el personaje indio son de índole racista o de burla contra su cultura. Por ejemplo, en uno de los episodios la madre de Sheldon ha ido a visitarles y dice la siguiente línea: "He hecho pollo, creo que no es uno de esos animales que tu gente cree que es mágico". Incluso la propia MTV de la India tiene un artículo muy interesante que se explaya más sobre por qué esta serie es racista3.

  • The Walking Dead (2010 – actualidad): Esta trama postapocalíptica tiene todos los estereotipos que desea toda buena serie estadounidense: el hombre heterosexual blanco proveedor y líder (Rick Grimes interpretado por Andrew Lincoln) y los personajes no blancos que cuando mueren son reemplazados por otros personajes no blancos. Es en las últimas temporadas cuando parece comenzar a vislumbarse cierta paridad racial y en la exposición social de los tramas, quizá porque así lo requiera. Sin embargo, los líderes de los clanes (por asignarle un concepto antropológico) son y han sido, en todas sus temporadas, blancos. Normalmente varones.

  • Juego de Tronos (2011 – actualidad): Esta superproducción nos muestra un mundo en el que los blancos son los amos y señores, ¿cuántos no blancos poseen algún señorío? Solo son sirvientes o guerreros incapaces de tener descendencia. Que quede bien claro: ¡los blancos son los amos y señores de los Siete Reinos!

Fuera de esta lista quedan series como Modern Family, Breaking Bad, The Strain entre otras por cuestión de espacio, pero con ello lo que se pretende es evidenciar la falta de personajes no blancos en un país donde los blancos ya no son la mayoría demográfica. No obstante, ha habido un cambio de paradigma, también de mercado y eso lo han sabido ver los productores en los Estados Unidos.

Así, han nacido series como Master of None (2015 – actualidad), protagonizada, producida, dirigida y escrita por Aziz Ansari (Dev Shah en la serie) un joven de origen indio quien tiene que lidiar con el racismo cotidiano al que se enfrenta. Es especialmente revelador como en el episodio 4 de la pimera temporada, en un capítulo llamado "Indios en la tele", vemos porqué está bien que haya más de un personaje gay blanco en una serie (clara referencia a Modern Family), pero no así que haya más de un indio, la respuesta es porque entonces los espectadores creerán que es un programa para minorías étnicas. Esto demuestra que los blancos están tan acostumbrados a ser los dueños del ocio televisivo que cualquier show que no los tenga a ellos como protagonistas, entonces estará dirigido a minorías.

También vale la pena mencionar Dear White People (2017 – actualidad) serie que se ambienta en la exclusiva Universidad de Winchester, es toda una denuncia a los privilegios de los blancos, serie dirigida, por cierto, por el afroamericano Justin Simien. A su estreno hubo un gran revuelo en las redes, se la calificó de racista contra los blancos, lo cual es realmente imposible, los blancos jamás podrán sufrir racismo, porque el racismo es una cuestión de privilegios y los blancos los tienen todos.

Sin embargo y a pesar del entusiasmo que puedan suscitar estas dos series, junto con otras como Orange is the New Black, Being Mary Jane, Insecure o la interesante The RuPaul Show, no podemos olvidar que bien pueden permitir un empoderamiento de las personas no blancas, solamente están aprovechando la influencia de movimientos sociales como el feminismo o el antirracismo para obtener buenos beneficios económicos.

El racismo está muy presente en nuestra cotidianeidad y es importante detectarlo, por muy escondido que se encuentre. Ya está bien que los no blancos nos veamos representados en personajes latinos como narcotráfiantes, camellos o bandas armadas. Tampoco queremos ser presentados como el Jim Crow u otro estereotipo que refuerce a los blancos. No parece que vayamos por mal camino, ya nuestra presencia incomoda como se evidenció en los Óscar del 2016, donde varios actores y directores acusaron de racismo a estos premios, ya que no hubo ningún no blanco nominado a los galardondes de mayor relevancia. No faltaron reacciones de blancos que ven sus privilegios amenazados, tal y como expresó la británica Charlotte Rampling, afirmando que boicotear los Óscar es racismo contra los blancos4... Cuando hayan sufrido la mitad de genocidios, discriminaciones y rechazo los blancos por su color de piel, entonces comprenderán que esas palabras esconden un profundo reforzamiento de los privilegios de los blancos. Cuando no de odio étnico.

Cerremos estas líneas con unas estadísticas recogidas en un estudio del que se hace eco la revista Cinemanía5 y veamos si, después de todo, sigue habiendo o no racismo en Hollywood. El 44% del público que va al cine en los Estados Unidos es no blanco, mientras que los filmes protagonizados por blancos son el 76% de lo que se estrena. De 500 películas estrenadas entre 2007 y 2012, solo 33 de ellas eran dirigidas por negros y dos mujeres. Sí, lo que vemos en nuestros cines y en las pantallas de nuestros ordenadores sigue siendo racista y machista.

1Es una dominación actual para el fenómeno de cultura de masas, con especial relevancia gracias a los medios de comunicación de los siglos XX y XXI

2Además de ser una película profundamente anticomunista

4https://elpais.com/cultura/2016/01/22/actualidad/1453466448_655181.html

5http://cinemania.elmundo.es/noticias/el-cine-de-hollywood-sigue-siendo-racista/

Microracismos: una movida

El racismo es una cuestión de privilegios que se extiende en el tiempo desde todas las personas blancas hacia aquellas que no lo son, independientemente de su lugar de nacimiento. Incluso en aquellos países donde existe una mayoría no blanca, la mayor parte de las responsabilidades de poder está en manos de hombres y blancos. Naturalmente, todo ello es fruto de los privilegios que el racismo dota a las personas blancas de unas aptitudes que les posiciona en un lugar relevante en la sociedad, relegando a ciudadanos de segunda a todas las personas no blancas. Así, cuando una persona no blanca llega a su mismo nivel en la jerarquía se les aplaude, no por la meritocracia neoliberal, se le aplaude haber llegado a ser un blanco. Puro paternalismo racial.

Una acción racista, o macroracista por hacer una disimilutd terminológica, sería la discriminación directa de una persona por su color de piel, esgrimiendo diferencias xenófobas o culturales. El macroracismo se refiere a comportamientos de alta intensidad, visibles y de un impacto profundo. Por ejemplo, la Federación SOS Racismo sacó a la luz este vídeo como parte de un experimento social. Simulaba la existencia de un supuesto concurso para asistir a un spa, mientras una persona rellenaba las papeletas, se acercaba una de las actrices, una chica con velo sobre su cabeza y acento foráneo, mostrando su deseo de participar en dicho concurso. La otra actriz, quien está recogiendo las papeletas, le dice que no puede concursar, porque que es "para personas normales".

A lo largo del vídeo salen a la luz los prejuicios y estigmatizaciones en los que se basa el racismo. El racismo, entre otras cosas, se basa en la ignorancia. Ignorancia y dominación suelen ir de la mano, se domina lo que se desconoce. En realidad, y si lo pensamos bien, el machismo tiene las mismas bases: los roles de género son, al fin y al cabo, estigmatizaciones y prejuicios, lo que se espera de alguien por ser hombre o mujer.

En contraposición, las acciones "micro", sean micromachismos o microracismos, son acciones de baja intensidad, modos de dominación suave y que al estar tan integradas en nuestra sociedad, pasan absolutamente desapercibidas. A veces se ocultan bajo el manto de bromas o chascarrillos. Los microracismos no agreden directamente a la persona, no la matan, pero mantienen y perpetúan la segregación racial.

Canal Sur sacó en su momento un grupo de vídeos de teórico contenido social, haciendo también algo así como experimentos sociales. Más allá del morbo que puedan tener y de lo poco que aportan, estos pseudo-experimentos sociales han ayudado a ensalzar la figura de la persona no blanca pasiva, callada e indefensa, en oposición a la gallardía y valentía de las personas blancas. Para muestra el siguiente vídeo en el que un hombre increpa a un chico negro en una parada de autobús de Granada. Ambos actores crean una situación extrema en la que el chico en vez de protestar ante su agresor, pasa a una situación de sumisión absoluta, y cabizbajo soporta, estoicamente, los improperios del hombre blanco. Lo ideal sería mejor mostrar un experimento social en el que la persona no blanca se empodera y se enfrenta a su agresor, sería curioso ver la reacción de las personas blancas. No es por ser desagradecido, y es bueno saberse arropado y apoyado, puesto que esto empodera muchísimo, pero no nos hacen falta caballeros de blanco corcel y reluciente armadura.

La gran mayoría de las personas no se consideran racistas, como tampoco se creen machistas, pero las vejaciones son habituales y comunes en ambos casos. El vídeo anterior, por ejemplo, ya es una prueba de microracismo. Probablemente ese canal televisivo lo hiciera con toda su buena intención, quizá quisieran visibilizar esta problemática, pero les ha faltado una buena reflexión.

Hay extrañeza y hasta miradas de soslayo cuando un no blanco habla perfectamente español o incluso cualquiera de las otras lenguas del estado. ¡Hasta te felicitan por ello! Mi casera, a la que lejos calificaría de homófoba (también se podría tratar el tema de la microhomofobia) o racista, la primera vez que me conoció se sorprendió por lo bien que hablaba el idioma. No sabe que el español es mi lengua materna. En realidad lo que a ella le pareció fascinante era mi pronunciación meseteña.

¿Pero qué son comportamientos microracistas? El blog afroféminas da la siguiente lista de microracismos:

  • Que te pregunten si te quemas si te da el sol, como si los negros en lugar de piel tuviesen cartón.
  • Los hay que consideran gracioso llamar Baltasar a un negro, entre otros.
  • Llamar morenito a un negro para no ofenderle, como si ser negro fuese una ofensa. Peor aún pudiendo llamarle simplemente por su nombre.
  • Que te digan que AUNQUE seas negra, eres guapa porque tienes rasgos suaves.

A ellos me gustaría añadir los siguientes de experiencias personales:

  • Asumir que sabes bailar ritmos latinos porque tienes orígenes latinoamericanos. Aquí cámbiese por cualquier otro baile y/o comida, etc.
  • Que la segunda pregunta que te haga una persona al conocerte sea indagar acerca de tus orígenes.
    Conectando con lo anterior, preguntar de dónde te sientes.
  • Decir que tienes unos apellidos muy raros. Como si García o Fernández en Corea del Sur fueran lo más corriente y habitual. O todo lo contrario, ser no blanco y que se extrañen ante lo hispano de tus apellidos.
  • Dar por hecho una serie de elementos solamente por tener otro color de piel, como características físicas, etc.

Y junto a estos ejemplos, muchos otros que bailan entre el microracismo y el macroracismo y que, en realidad, depende del enfoque que se le de. Por ejemplo, la invisibilización histórica del genocidio llevado a capo por españoles, portugueses, ingleses, franceses y holandeses perpetuados en América Latina, probablemente el mayor genocidio de la historia de la Humanidad. La negación perpetúa de todos estos hechos en el pasado no hacen más que mantener la infravaloración de las personas no blancas en el presente.

También vale la pena mencionar el famoso Test de Bechdel, el cual valdría la pena adaptar a la segregación racial. El Test de Bechdel mide, a través de unos parámetros, si toda producción artística o audiovisual cumple con unos requisitos mínimos para evitar la discriminación de género. Básicamente ha de cumplir tres reglas:

1 – En la película aparecen, al menos, dos personajes femeninos
2 – Estos personajes hablan entre ellos en algún momento
3 – La conversación trata de algo distinto a un hombre.

Además, dichos personajes femeninos deben tener un nombre. Podemos cambiar femenino por persona no blanca y hombre por blanco. Obtendríamos resultados muy similares a los hechos para analizar la presencia femenina en estas obras. Casi toda la literatura fantástica queda descartada, o quedaría relegada a apariciones anecdóticas.

Está claro que aún queda mucho por hacer, también debemos ser nosotros y nosotras quienes tomemos la iniciativa y tomemos el espacio social, cultural y político que nos corresponde por ser personas. Si no nos lo ceden, lo tendremos que tomar. También llamar la atención y hacer pedagogía acerca de estos comportamientos. Aún sigue existiendo un límite de lo que significa comportarse como un blanco y lo que es comportarse como un no blanco, con elementos negativos asociados al migrante.

Estereotipos integrados en nuestra sociedad que hay que derribar, y esto empieza por los microracismos, tan relevantes como los macro. Porque aunque estos no sean agresivos para la persona, sí resultan dañinos y ocultan un problema grave de racismo, y si queremos crear una sociedad horizontal, libre de privilegios, tendremos que continuar poniéndolos de relieve para poder acabar con ellos y, de paso, toda práctica segregadora para todas.

[Recomendación] Al furgón

Tu piel es oscura: Documentación, documentación, documentación... Es el ensalmo excluyente que escuchan cada día algunas personas, por ser diferentes. ¿Acaso no somos todos diferentes? Unos más altos, otros más bajos; unos nacimos más acá y otros más allá de esa linea que alguien dio en llamar frontera ¿Es ese un motivo para ser detenido? Lo es para las leyes de extranjería, que no entienden de diversidad. Esas leyes (y los que las redactaron) no conocen tampoco el Artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que recoge que toda persona tiene derecho a circular libremente y elegir su residencia en el territorio de un Estado. También a salir de cualquier país, incluso del propio, y poder regresar.

En estos tiempos en que media Europa hace de la xenofobia una bandera política para conquistar el poder, tiene que ser un libro infantil el que nos anime a reflexionar sobre la intolerancia y el racismo, recordándonos que ninguna persona es ilegal. Ese libro es ¡Al furgón!, de la editorial Takatuka, una denuncia divertida de quienes, por sus propios miedos, convierten a todos los demás en sospechosos y prefieren el secuestro frente al respeto y la convivencia.

 

 

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