Activarse II

Como concluíamos en el anterior artículo, la activación política es un proceso personal que depende de una componente colectiva: Las condiciones materiales y psicológicas que permiten el proceso. Por ello, podemos centrarnos en el aspecto personal de la militancia política libertaria para analizar cómo esta puede iniciarse.

Formación

Un individuo que desea activarse debe estar decidido a formarse. “Un pueblo inculto es un pueblo facil de dominar”. Formarse implica ser crítico con todo comportamiento adquirido por la cultura hegemónica, pero también serlo con el espacio de militancia y con la adquisición de nuevos códigos, comportamientos o valores. La formación no puede consistir, como está ocurriendo, en la repetición y adopción de códigos del gueto estético-político. Este parece ser el deseo de algunos anarquistas, que se limitan a discurrir por los mismos callejones sin salida en los que llevamos años enredados. La formación libertaria consiste en la reflexión constante sobre las formas de actuación de cada uno, desde una perspectiva no sólo ética, sino también estratégica. La crítica social unida a la autocrítica personal, pero asumiendo las incoherencias que sólo se superarán en el proceso de ruptura revolucionaria que se está construyendo. Una persona decidida a activarse debe ser capaz, por tanto, de separar críticamente las aportaciones radicales y revolucionarias (que le interesa asumir e interiorizar) de aquellas superfluas, marginantes y desmovilizadoras.

Con la idea de formación pretendo englobar todos los aspectos individuales del proceso de activación. Así pues, formarnos no quiere decir únicamente leer libros de autores anarquistas. Formarse es un proceso teórico y práctico donde cada cual va adquiriendo madurez en sus ideas (a base de confrontarlas con la realidad y entender sus errores y sus aciertos). De tal modo se aprenden y se refinan las estrategias para la participación política en un proceso que no termina nunca. En este aprendizaje es importante que los movimientos, agrupaciones y colectivos recojan las valoraciones sobre aciertos y errores de luchas o actividades concretas llevadas a cabo, pues permiten la acumulación de conocimiento y evitan en la medida de lo posible la repetición de viejos errores.

Para ello, también es necesario que los colectivos no desaparezcan o se diluyan cada pocos años, si no que al menos algunos de ellos constituyan referentes, que acumulen lo aprendido en una herencia rica de luchas y de reflexiones sobre las mismas, que aborden desde ahí el aspecto formativo de las personas que se activan y que alberguen en su seno debates de corrientes a nivel estratégico.

Por último, apuntar que no se trata sólo de formación política. El conocimiento técnico, científico, sensible, humanista e incluso la misma intuición pueden ser perfectamente aplicados al trabajo revolucionario. Quienes defendemos una gestión directa de los asuntos públicos debemos estar capacitados para gestionar en común todos los aspectos de la sociedad.

Sófocles Parra Salmerón, uno de muchos anarcosindicalistas encarcelados tras la Guerra Civil, cuenta cómo en la prisión él y sus compañeros tomaron todos los puestos posibles para acceder al control de aspectos vitales de la cárcel con el objetivo de mejorar las condiciones de vida y empoderar a los presos, recordarles sus capacidades, su inteligencia, su dignidad: cocinas, correos, comunicaciones... hasta convertir el funcionamiento de la propia cocina en un modelo de colectividad.

Del mismo modo, para liberarnos de la autoridad es indispensable aprender a encargarnos colectivamente de desarrollar y mantener nosotros mismos las estructuras sociales, con el fin de transformarlas.

¿Quién evalúa a los evaluadores? El libro rojo del cole

El libro rojo del cole llegó a España con los 80, era un libro para chavales que hablaba de la participación en la escuela, los conflictos escolares, la autoridad, el aborto, la sexualidad, las drogas, la marginación... Más allá de una crítica a la institución escolar, es una caja de herramientas para subvertir esta y ponerla al servicio de la libertad. Entre sus páginas podemos leer cosas como:

Los verdaderos cambios sólo se producen cuando los interesados los llevan a cabo [...] Sólo el que sufre una opresión puede quitérsela de encima.

[...] Por supuesto una actitud decidida os creará conflictos. Os dirán que los conflictos son una cosa malísima. Pero los conflictos sólo son malos si se producen en contra de vuestra voluntad, os pillan desprevenidos, no sabéis por qué y vuestras fuerzas no son las adecuadas.

[...] Para aprender inteligentemente y útilmente es preciso ante todo: tener ganas de hacerlo; encontrar interesante el tema; entender por qué se aprende; participar; poder trabajar el tema uno mismo; y poder trabajar el tema con los compañeros. [...] Hablad con vuestros profesores; pedidles que, si es posible, hagan sus clases más ricas y menos aburridas. Si el profesor se niega a escucharos, id a ver al director o escribid al inspector. Teneis derecho a recibir una enseñanza interesante y eficaz.

[...] Mientras pensemos que nuestro enemigo es el que está a nuestro lado porque su marginación es diferente a la nuestra, no podremos ser solidarios con él ni podremos comprender que es el mismo sistema el que nos margina para dividirnos y machacarnos mejor.

[...] Una sociedad represiva y policíaca no puede tener una escuela libre y crítica. Por eso se dice que no se puede cambiar la escuela sin cambiar la sociedad. Por eso el sistema educativo es un punto débil del sistema capitalista. Es un terreno en el que constantemente entran en conflicto los planes de los de arriba con los deseos y la rebeldía de los de abajo. Por todo ello, cuando se lucha por cambiar algún aspecto del sistema educativo (por pequeño que sea) se lucha directamente contra este tipo de sociedad.

Aquí podeis encontrarlo. Una caja con herramientas que siguen siendo útiles más de 30 años después, pues:

  • Profesores y alumnos se han entregado a la pasividad, unos se aburren dando sus clases, los otros se aburren recibiéndolas, lo que repercute en una absoluta falta de autonomía personal.
  • La competitividad sigue siendo el valor dominante, desde el modo en que se conciben las clases, las valoraciones, etc.
  • La Iglesia mantiene sus privilegios y sigue adoctrinando desde sus centros de enseñanza.
  • La enseñanza pública se deteriora y los profesores se encuentran sin medios ni motivación. La autoridad impuesta, en lugar del respeto mutuo basado en el diálogo y el esfuerzo, es la única receta que se propone desde las instituciones.
  • La sexualidad o las drogas siguen siendo tabú.
  • ...

Más allá de este libro, hace falta que los libertarios nos impliquemos en las luchas de la comunidad educativa, que impulsemos esa marea verde por la educación, que la dotemos de ideas y estrategias para vencer la tensión neoliberal que pretende mercantilizar el aprendizaje para formar precarios en lugar de personas. Los anarquistas necesitamos un programa para la educación: Una renovación pedagógica con capacidad de aplicarse localmente, que proponga cambios que podrían llevarse adelante en los centros institucionales desde la primaria a la universidad y con capacidad de enganchar a un buen número de docentes y estudiantes. En el futuro, algo tendrá que decir al respecto nuestra nueva federación estudiantil libertaria.