Dinamización de asambleas y respeto mutuo

Esta es una propuesta de guía rápida y sencilla para dinamizar una asamblea que no sea demasiado numerosa, ya pueda ser en un barrio, una facultad, un grupo de consumo, un sindicato, etc. Las ideas aquí recogidas se pueden adaptar según las necesidades de los grupos, desarrollar o perfeccionar libremente. El objetivo es encontrar el mejor camino para que una asamblea sea efectiva y funcione correctamente como lugar común de todas las voces que la construyen, y generar unas dinámicas internas de confianza y respeto mutuo. Esta guía se basa en la necesidad de fomentar una pedagogía asamblearia, que muchas veces perdemos de vista ante la pasión de nuestros ideales, comprendiendo que los medios de los que nos dotamos también deben estar guiados por la democracia directa.

El pensamiento colectivo es una valiosa herramienta contra el individualismo que promueve el sistema capitalista, por lo tanto debemos partir reconociendo la dificultad de sobreponerse a esa cultura tan asimilada. Es un proceso largo que incluye hacer una introspección en nosotros mismos y mismas, pues en muchas ocasiones nos cuesta escuchar verdaderamente a quien está expresando su opinión, y ante un debate abierto lo único que nos importa es preparar la réplica que otorgaremos, en lugar de poner en juego una escucha activa. El pensamiento colectivo se construye paulatinamente, tras la reflexión conjunta, y nace de comprender que todas las opiniones de una asamblea son necesarias para generar una idea de común consenso. Todas esas ideas conjuntamente dan como resultado un concepto nuevo, una decisión fruto de la energía y el esfuerzo de la asamblea.

¿Qué es una Asamblea Popular?

Una asamblea popular es un espacio de encuentro de personas que se reúnen para conseguir unos objetivos, esta funciona a través de un órgano de toma de decisiones participativo que busca el consenso. Su estructura es horizontal, lo que implica la igualdad de todas las personas que la forman, no existe una jerarquía que imponga decisiones y otros tengan que acatarlas.

En un espacio de construcción de decisiones desde los movimientos populares, es evidente que su desarrollo debe ser pacífico, respetando todas las opiniones. Fomenta el diálogo, pues debemos conocernos unas personas a otras. Una asamblea debe centrarse en un discurso ideológico, atendiendo a cuestiones prácticas sobre lo que se necesita, y cómo conseguirlo. En la asamblea se comparten unas líneas comunes de pensamiento y acción consensuadas previamente a la constitución de la misma.

La dinámica habitual de la misma se realiza mediante la aportación de propuestas, toda idea debe girar en torno a una serie de claves, es decir, concretar qué se propone, con qué objetivo se realiza la propuesta y cómo se desarrollaría esta para llegar a un consenso común.

¿Qué es el consenso?

La herramienta utilizada para la toma final de decisiones es el consenso. Este se alcanza cuando en una asamblea no hay ninguna postura rotundamente en contra de la propuesta presentada. Por ese motivo, el diálogo es tan importante, porque en ocasiones tendremos que ceder y construir conjuntamente con otros compañeros y compañeras, y de ello depende nuestro correcto comportamiento, respetando a toda persona y poniendo en funcionamiento la empatía.

No es la elaboración de una propuesta que incluya todas las necesidades individuales, sino la síntesis de todas las opiniones individuales para la construcción de la mejor opción para el objetivo común del colectivo.

El consenso puede ser de dos tipos, dependiendo del medio que se tome para alcanzarlo:

  • Consenso directo: Se produce cuando no hay ninguna opinión en contra de la propuesta lanzada. Es decir, la decisión final se toma de manera directa.
  • Consenso indirecto: Es un consenso alcanzado después de debatir las diversas posturas ante una misma propuesta, generando una idea nueva de síntesis no alcanzada directamente. En este segundo caso tras hacer pública la propuesta inicial, y tras comprobarse que no hay consenso directo, se abre turno de palabra para exponer argumentos a favor y en contra. Tras este debate común, se debe elaborar la idea resultante, que nuevamente será consultada a la asamblea para su aprobación. En el caso de algún disenso rotundo por parte de alguna persona o grupo de personas, se procederá a dar un receso para descansar y madurar brevemente la idea propuesta. Si aún así tras retomar la asamblea continuara habiendo un claro disenso, se valorará la utilidad real de dicha propuesta, o se solicitará que sea reformulada para su valoración en una próxima asamblea. Siempre se tratará de evitar una votación, salvo que la misma asamblea así lo decida como opción para desbloquear una toma de decisión.

El hecho de estar en desacuerdo con alguna propuesta, no implica necesariamente vetarla. Ya que nos une un objetivo común, se pide responsabilidad a los participantes para no vetar propuestas que pueden llegar a consenso fácilmente.

Actitudes favorables del respeto mutuo:

En ningún caso se puede tomar como algo personal el proceso de aprobación de una propuesta presentada individual o colectivamente. El debate de una propuesta no es un cuestionamiento hacia nuestra persona, no debe suponer una pérdida de confianza entre las personas que forman la asamblea. No se deben tomar posturas atacantes hacia ninguna persona o grupo de personas que defiendan una idea, pues para ello debe prevalecer siempre la afinidad entre quienes integran el espacio colectivo. Por ese motivo es fundamental el respeto absoluto de los turnos de palabra, y recordar cuando se necesite la relevancia de la escucha activa.

Es aconsejable mantener la calma gestual para no transmitir a la asamblea afectos personales desagradables, si algo no nos hace sentir cómodos se solicita un breve tiempo para comentarlo y solucionarlo. La empatía debe ser la herramienta determinante de nuestra actitud en la asamblea, valorar a nuestros compañeros y compañeras dice mucho de nosotros mismos.

Para el correcto funcionamiento de este espacio de decisión, se recomienda encarecidamente que en la asamblea no se consuma ni alcohol ni drogas, ni se acuda bajo los efectos de los mismos. De esta manera, además de favorecer un espacio común contra el consumismo, favoreceremos un buen ambiente y la seriedad que debe haber en cualquier asamblea donde se toman decisiones políticas conjuntas.

Asumir estos pasos en nuestro comportamiento asambleario favorecerá nuestra evolución personal y colectiva en el ámbito político, alcanzar una madurez en estos espacios decisorios es un proceso largo que debemos poner en práctica junto a nuestros compañeros y compañeras. No supone un problema recordar cuando sea necesario estas medidas propuestas y trasladarlas al común de las personas, puesto que fomentarán que las acciones de la asamblea se realicen con efectividad.

En concreto, en una asamblea popular no serán consentidas ninguna clase de actitudes o propuestas con contenido autoritario, fascista, machista o con ánimo de interés económico individual. Todas las personas podemos caer en actitudes inconvenientes por el bagaje cultural tan fuerte que traemos, estas serán hechas saber a la persona o las personas, que en caso de mantener esa actitud repetidamente, será tratada como punto de interés colectivo, pues atenta al buen funcionamiento común. También es imprescindible que, tanto en la comunicación como en la receptividad de esta clase de hechos, se otorgue prioridad a pensar sobre el cuestionamiento constante de privilegios que debemos realizar sobre nosotros mismos y mismas, actuando desde la humildad y el buen hacer para resolver cualquier conflicto.

Funciones internas en una asamblea

Todas las personas somos responsables de la dinamización y construcción en la asamblea, pero para su mejor funcionamiento se proponen dos figuras principales, que serán rotativas preferiblemente para no generar relaciones de poder o persuasión.

  • Toma de acta: Se trata de aquella persona encargada de escribir en el mismo momento las propuestas e intervenciones que se traten en la asamblea. Al final de la misma, se tiene que contrastar la información recogida llevando a cabo la lectura en alto de los principales acuerdos alcanzados, una vez confirmados esa persona se responsabiliza de transcribirla y comunicarla al resto de la asamblea mediante el canal del que se hayan dotado para este objetivo.
  • Turno de palabra / moderación: Persona encargada de recopilar las distintas peticiones de intervención en la asamblea, dará paso a estas ordenadamente, priorizando siempre a aquellas personas que previamente no hubieran participado. También puede proponer la finalización del turno de palabra para no eternizar un debate una vez que hayan sido expuestos los argumentos. La persona que se ocupa de la moderación facilita el correcto desarrollo de la asamblea, es por lo tanto, quien se encarga de iniciar la asamblea mediante la lectura del acta anterior e informa de los puntos del orden del día propuestos. Además, sintetiza las propuestas que se expresen, reformula aquellas ideas no del todo claras y repite los acuerdos alcanzados, por lo que está en comunicación continua con la persona que tome el acta. La labor del moderador es fundamental, ya que también es la persona encargada de favorecer un clima de intercambio de ideas fluido y positivo, mediante una actitud asertiva y conciliadora, y además debe centrar el debate y procurar que se traten todos los puntos del día en el tiempo acordado.

Asambleas de barrio y pueblo: espacios de poder popular

En un contexto de crisis de las instituciones burguesas, en las que la oligarquía se encuentra con dificultades para imponerse y la izquierda institucional tampoco es capaz de constituir una alternativa, resulta imprescindible impulsar organizaciones populares fuertes, organizadas, capaces de hacer frente a la ofensiva reaccionaria y neoliberal.

Las asambleas de barrio o pueblo deben comprometerse en el análisis crítico de la realidad social del barrio, identificando carencias, necesidades de los vecinos, y elaborando propuestas para mejorar el bienestar social que partan del empoderamiento popular y permitan reproducirlo. Estos espacios pueden ser la base, junto con las secciones sindicales combativas en las empresas, de una institucionalidad comunitaria que permita el avance de la izquierda hacia una democracia en lo político y en lo económico: hacia la democracia socialista.

Ello requiere una ambición y una audacia que los partidarios de la organización popular en España no hemos demostrado en las últimas décadas. El resultado de esa pobre experiencia es una incidencia mínima en la inmensa mayoría de barrios y pueblos de la península, quizá con notables excepciones en Catalunya, Madrid y EH.

Mención aparte requeriría la cuestión de los centros sociales en los barrios, ocupados o no, sobre los que cabe aquí una reflexión. La retórica de estos espacios, centrada en el trabajo vecinal y las alternativas de ocio juvenil, está muy alejada de la realidad de la mayoría de ellos. Los centros sociales deberían ser espacios abiertos, bien cuidados y que cubran necesidades del barrio: clases de apoyo a estudiantes, deportes, grupos de consumo, asesoría legal, talleres formativos en informática e idiomas... La cultura crítica (exposiciones, videoforums, conciertos o presentaciones de libros) es importante, pero su lugar es exagerado como herencia del movimiento okupa de los 90.

Los centros sociales deberían ser espacios abiertos, bien cuidados y que cubran necesidades del barrio

El papel de los militantes libertarios debería ser acercar al vecindario y hacer de estos lugares centros de socialización. Para ello, deberán contrarrestar las tendencias regresivas que pretenden hacer de estos lugares espacios sucios, ideologizados y juveniles; proponiendo otros tipos de actividades. Es esencial dedicar nuestros esfuerzos a formar y reforzar los espacios sociales, críticos y plurales; que sean reconocidos como bienes comunes. Eso implica evitar la dinámica, demasiado habitual y poco productiva, de formar colectivos ideológicos de agitación y propaganda que se limitan a difundir el anarquismo en abstracto. Por resumir: Necesitamos más espacios amplios, fuertes y reconocidos, que construyan poder popular, en los que estemos colaborando con otras tendencias de clase; y menos colectivos libertarios ideologizados e ideologizantes.

¿Por dónde empezamos una asamblea de barrio?

El primer paso imprescindible es hacer un mapeo del tejido vecinal ya existente en el barrio. Esto incluiría: asociaciones diversas de intervención en problemáticas del barrio, asociaciones de vecinos, proyectos anticapitalistas... Esto nos permitirá hacernos una idea de algunas cuestiones básicas: ¿Qué se está haciendo en el barrio? ¿Quién lo está haciendo? ¿Cómo puede mejorarse el tejido barrial? ¿Desde dónde puedo yo incidir mejor para reforzar el tejido popular en el barrio?

En la mayoría de barrios, la existencia de grupos políticos afines realizando actividad social es prácticamente inexistente. Con todo, aún podemos acudir a organizaciones no tan cercanas pero que estén desarrollando actividades que sean interesantes para apoyar la construcción de poder popular. Estoy hablando de asociaciones de vecinos, organizaciones ecologistas, e incluso ONGs. Lo importante es no quedarnos en casa. Participar en estas organizaciones nos permitirá obtener contacto con el barrio, recabar apoyos y realizar algún proyecto interesantes en la línea de fortalecer el tejido del barrio.

¿Desde dónde puedo yo incidir mejor para reforzar el tejido popular en el barrio?

En aquello lugares donde hay grupos políticos organizados es necesario romper con la cultura política de la desconfianza y de las discusiones por cuestiones secundarias o de muy largo plazo. Esto es posible si se trabaja en conjunto en torno a las necesidades de la mayoría social desde espacios comunes. Debemos impulsar esos espacios de trabajo conjunto: asambleas populares del barrio o pueblo donde todos los actores estén representados para trazar líneas de avance conjuntas.

¿Y qué hacemos?

Una vez conocidas las necesidades del barrio o pueblo es más sencillo trazar proyectos plurales que impliquen a todos los actores. Por ejemplo, si vivimos en un barrio de ciudad con vecinos preocupados por su consumo, los grupos de consumo, que organizan a los consumidores y los ponen en contacto con productores ecológicos, son un ejemplo de proyecto que puede atraer a vecinos, transformar sus hábitos de consumo y construir sociabilidad. Montar un grupo de consumo puede ser una semilla desde la que caminar hacia la toma de decisiones colectivas sobre cuestiones del propio barrio. Por supuesto, otro ejemplo serían las asambleas de vivienda para hacer frente a los procesos de desahucio. Así como el resto de propuestas que mencionaba más arriba: clases de apoyo a estudiantes, deportes, asesoría legal, talleres formativos en informática e idiomas...

Actualmente, lo cultural está sobredimensionado en los espacios sociales. Esto ha formado un mundillo que podríamos contracultural que tiene poco de popular y mucho de gueto cerrado. ¿Cómo podemos enfocar lo cultural de otro modo? César Rendueles, en un escrito muy lúcido en el periódico Diagonal, animaba a afirmar una política cultural que partiese de aquellos espacios de cultura que funcionan, a saber: la cancha, el parque infantil y la biblioteca del barrio. Sobre el deporte no puedo estar más de acuerdo: "Me parece esencial que el mundo de la cultura aprenda del deporte, donde el amateurismo, la autoorganización y la participación popular masiva son realidades consolidadas." Sobre la biblioteca, mi impresión es que son más necesarias que nunca aulas de estudio, lugares de consulta y espacios de tranquilidad para los jóvenes; los espacios sociales en los que participamos los anarquistas raramente están dando cabida a estas necesidades. Afortunadamente existen casos como este de Manresa. O la Liga de Fútbol Popular en Vallekas.

afirmar una política cultural que parta de [...] la cancha, el parque infantil y la biblioteca del barrio.

Respecto al modelo de organización de estas asambleas, se podrían realizar plenarios anuales donde se marquen objetivos, medios para conseguirlos y se repartan responsabilidades. Luego se podrían realizar valoraciones semestrales sobre los acuerdos. Lo esencial es que se marquen acuerdos claros y que se cumplan a rajatabla, con objetivos realistas y mecanismos para solucionar los problemas lo más rapidamente posible cuando esto no ocurra.

Para que estos espacios sean una realidad hay que poner la organización social por encima de los intereses partidistas e individuales. Es parte del interés de todos (militantes y vecinos) que las asambleas construyan poder popular en los barrios y que este pueda detener las ofensiva neoliberales, los recortes, los pelotazos urbanísticos... También resulta necesario primar la estabilidad de las asambleas populares. Hay que asegurar el relevo generacional formando a la nueva militancia en las experiencias de las anteriores generaciones, impidiendo una ruptura o un olvido del relato de luchas y victorias pasadas.

En definitiva, se trata de valorar nuestra institucionalidad, de tomarse en serio el proceso de organizarla y potenciarla. El objetivo del poder popular es que la población organizada gestione los equipamientos públicos, o al menos participe de la toma de decisiones en pie de igualdad con las instituciones del régimen. Eso es posible si consigue convertirse en un organismo legitimado y estable.

Unas asambleas de barrio y pueblo así, junto con un sindicalismo fuerte, nos permitirían construir un mundo más libre y mejor, oponiéndonos a las políticas antisociales y antiecológicas que nos reserva en los próximos años el capitalismo y el Estado.

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Por @blackspartak

Por qué el asamblearismo no es un principio anarquista

Hoy quiero comentar una de las cuestiones clave en los movimientos sociales. Se trata del proceso de toma de decisiones, el asamblearismo (con todas sus problemáticas asociadas). A menudo esta forma de funcionar se la encuentra elevada a la categoría de «principio» básico del anarquismo. Y los principios, ya se sabe, suelen ser irrenunciables e intocables. Yo hace tiempo que reniego de ello, no porque no me gusten las asambleas, que a veces me gustan (y otras veces no) si no porque no veo claro que un proceso de toma de decisiones sea válido y otro no. De todas formas la asamblea me parece un mal menor, necesaria si queremos que la gente se vea reflejada en la decisión, pero muchas veces mal planteada y utilizada.

En este aspecto quiero hacer notar que hay una confusión muy difundida en todos los ambientes libertarios (ateneos, sindicatos, okupaciones, colectivos, etc.), que no es otra cosa que tomar la parte por el todo: el principio «anarquista» no es el asamblearismo si no la participación general del grupo en la toma de decisiones. Es decir, la horizontalidad.

El asamblearismo como método de decisión parece ser que surgió de los cuáqueros norteamericanos, que entraron en el movimiento anti-nuclear (contra las bombas atómicas) en los años 50. Este movimiento se contagió de la forma de funcionar de esta gente y la traspasó a los movimientos contestatarios de los años 60, especialmente el que se opuso a la guerra de Vietnam. Gran parte de la New Left norteamericana la adoptó y difundió en Europa. Finalmente en los años 80 ya muy pocos grupos funcionaban de manera distinta a la asamblea.

Una asamblea no garantiza la horizontalidad

Algunas veces me he puesto a analizar las asambleas a las que asistía, quizá por aburrimiento o quizá como experimento sociológico. En ellas veía claramente los «rangos» de cada asistente o esto que otras veces llamamos «jerarquías informales». Las asambleas del mundillo activista funcionan de una forma muy parecidas unas de otras. En todos los grupos humanos existen liderazgos. Estos se dan de forma evidente en las organizaciones, y de forma más sutil en los colectivos más pequeños. En los movimientos asamblearios se dan en forma de «poder carismático», es decir, ese poder que otra gente te otorga sin tenerla coaccionada. Los privilegios.

Hay personas que hablan mejor que las demás, otras son capaces de reflejar la opinión común del colectivo, otras cuentan con un prestigio a ojos de las demás basado en la experiencia (o bien en otros factores como que haya represaliada o que se haya enfrentado al problema a tratar en otras ocasiones). Todo esto conforma un halo de «meritocracia» que hace que se le haga más caso a quien ha trabajado anteriormente por el grupo (u otros grupos anteriores) que a otra persona cualquiera. Evidentemente quien hace más méritos por el grupo tiene más poder simbólico ante él. Sus opiniones serán mucho mejor valoradas.

Entonces tenemos una serie factores que dan privilegios (que nadie se atreve a admitir por miedo a quedar mal ante el grupo) como por ejemplo el género: se le hace más caso a los hombres que a las mujeres; la edad: a las personas entre 25 y 40 años frente a las demasiado jóvenes o a las demasiado mayores; la belleza: se le hace más caso a la gente guapa que a la menos guapa, a quien no tiene defectos físicos que a quien va en silla de ruedas; la capacidad cultural: quien se expresa mejor domina las asambleas mejor que a quien tiene una cultura basada en la TV, el fútbol o las revistas del corazón; la procedencia: las personas locales sobre las inmigradas; las personas con una gran seguridad en sí mismas respecto a las tímidas; en ciertos grupos las personas que tienen más relaciones sexo-afectivas sobre las que no tienen ninguna... y podríamos añadir muchos otros factores que en un grupo humano asambleado le da rango a unas personas sobre las demás.

Quiero decir con esto que cuando se reune un grupo se ponen en marcha muchos mecanismos sutiles de dominación. No pretendo decir que las asambleas sean mecanismos de sometimiento, si no que destaco que en muchos casos no se trata de mecanismos válidos de toma de decisiones que puedan ser aceptadas por todo el grupo. Para gestionar una reunión asamblearia tenemos que poner estas posiciones de privilegio sobre la mesa. Lo más difícil de todo es ser consciente del rango que tiene uno mismo. Si se tiene en cuenta ésto, la decisión tomada probablemente sea más legítima (ya que todo el mundo conoce qué se cuece en la asamblea) que una donde la asamblea niega ciegamente que haya personas por encima de las otras.

Cuando hay estas divisiones tan claras como las que expongo es cuando llegan las exclusiones y los abandonos, es decir esta gente que abandona el colectivo sin decir nada, sin exponer una crítica dentro de la asamblea (ya que esto sería cuestionar el grupo entero y entrar abrir el conflicto). Una vez ví un grupo anarquista que al que cuando se le planteó esta situación zanjó rápidamente el tema: «en un colectivo anarquista no hay jerarquías». En cosa de 3 meses se fue medio grupo, de uno en uno. Y nadie se planteó absolutamente nada porque tras el verano siguiente llegó gente nueva (que volvió a irse poco a poco). Todo va bien.

Y es que el asamblearismo funciona cuando se tienen todas las cartas sobre la mesa. La gracia de una asamblea es que todo el mundo tenga acceso a toda la información para poder decidir en base a la misma y que se asuman los privilegios personales abiertamente. Por contra si hay una persona que controla la información ya no tenemos un proceso decisorio democrático. Información y gestión de privilegios, esa es la clave.

Ante esta situación el conflicto lo suele traer una persona que actúa de forma consciente o inconsciente en contra de la asamblea. Se posiciona como una figura de «terrorista» y se opone a los consensos vetando la opinión predominante o desviando los debates hacia temas secundarios. El grupo la ha posicionado permanentemente en la minoría y responde boicoteando el grupo buscando que se la excluya definitivamente.

El asamblearismo requiere tiempo

Otra de las cuestiones clave es que quien va a todas las asambleas... por algo será. La vida cotidiana nos lleva tiempo. Trabajo, estudios y familia son las prioridades humanas por excelencia. Y esto hay que tenerlo en cuenta para que el máximo posible de gente pueda participar en las asambleas. La economía feminista lo dice: hacer asambleas a las 8 de la tarde es negar la posibilidad de participación de la gente con hijos pequeños. También se excluye a la gente con familia con la falta de puntualidad. Cuando solo tienes una hora o dos para dedicar a un colectivo, no puedes permitirte perder media hora esperando. Y por contra tampoco se puede hacer una asamblea por la mañana, o a media tarde por que la gente estudia y trabaja. ¿Se entiende porqué el movimiento obrero de 1900 hacía las reuniones a las 11 de la noche?

Y no solo eso, hacer muchas asambleas o hacerlas en base a las necesidades del activismo provoca que vayan a ellas un grupo de personas de un perfil determinado: principalmente gente joven estudiante, o gente en el paro o con jornadas flexibles, o incluso personas jubiladas o en tiempo de excedencia. La gente trabajadora está lo bastante cansada como para no ir a las mismas. Y sinceramente no es lo mismo «estar cansada» con 26 años que «estar cansada» con 47 y dos hijos.

El gran handicap de la toma de decisiones asamblearia es éste. Que se excluye a una gran parte de la población que no puede permitirse ir. Por supuesto organizar una asamblea semanal es aumentar esta exclusión, puesto que si empiezas a no ir a alguna asamblea por falta de tiempo, cuando vas a las que puedes ir te das cuenta de que el grupo ha avanzado sin tí y ha generado una forma de pensar colectiva que no te incluye, a no ser que hagas un esfuerzo relativamente grande por integrarte... que a veces no vale la pena. Es decir, que no sólo la hora de la asamblea sino también la frecuencia son factores a tener en cuenta.

¿Cómo podemos hacer una integración más amplia de nuestros grupos? Se les puede enviar toda la información esperando que se la lean. Quizá no lo harán. De todas formas recalco que lo importante es que exista algún espacio de socialización común entre estas personas que se están quedando al marge y otras personas del colectivo que la puedan poner al día. Tiene que haber canales informales de información en las dos direcciones.

Además existe un concepto que se conoce como «metacomunicación», que se basa en no discutir el mensaje sino el cómo, el quién y la forma en que se está diciendo el mensaje. Por ello se alargan las asambleas. Por ejemplo, si alguien propone hacer un cartel de color verde, y otra lo quiere azul, en vez de decirlo se abre una discusión por el tono, las palabras utilizadas y los gestos que se han usado para expresarse. O directamente la está vetando porque en otra asamblea fue al revés. En defintiva, no se discute el contenido sino el continente. Y esa metacomunicación (que también puede llevar a nuevos conflictos) hace perder a los grupos asamblearios un montón de tiempo. A veces es una manifestación de que no se está de acuerdo con los privilegios de determinada persona o a veces es un boicot consciente hacia ciertas opiniones.

La burocracia asamblearia

Uno de los problemas de fondo es cómo se concibe el asamblearismo. En muchos sitios se hacen asambleas rutinarias semanales o quincenales aún cuando no hay nada que decidir. De hecho si lo que hubiera, muchas veces lo podrían ventilar en 15 minutos quienes se encontraran el problema sin tener que preguntarle a todo el mundo cada semana.

Es una pérdida de tiempo hablar en las asambleas de cómo se hará tal o cual actividad, de qué color poner en el cartel o de si hacemos 3 o 7 pancartas. La cosa es fácil: se hace y punto. No tienes que preguntar nada. Si no quieres hacerlo, no lo hagas. Yo valoro la iniciativa personal y entiendo que a veces habrá equivocaciones, pero ¿dónde está el problema? Si no te gusta el resultado participa en el grupo que hace las cosas. Quien hace las cosas se equivoca, quien no hace nada no se equivoca nunca.

Lo peor de las asambleas es cuando un punto queda encallado por que hay oposición, y luego alguien propone otra asamblea temática o un grupo de trabajo para tratarla durante los meses que dure. Es decir, que conseguimos aumentar exponencialmente el tiempo que dedicamos a las asambleas.

Parte de la burocracia asamblearia consiste en obligar a la gente externa a tragarse tu asamblea para decidir sobre una actividad o un tema. A veces se trata al principio o al final de la asamblea y se ventila rápido. Pero en otras ocasiones la persona externa se tiene que quedar a casi toda la asamblea siendo testigo de las interioridades del colectivo. ¿Es necesaria su presencia física?

Otro caso bastante frecuente es el «amiguismo». Nuestra asamblea permite saltarse el protocolo a nuestros amigos mientras obliga al resto de la gente a seguirlo al pie de la letra. Esto ocurre con más frecuencia de la que parece. Estas pequeñas injusticias juegan en contra del proceso asambleario y dan la razón a sus detractoras. Hay quien espera meses para conseguir un local para su concierto o para celebrar su taller y hay quien se salta la asamblea y lo hace en base a sus contactos personales dentro de la misma. Esto suele acentuarse en el entorno okupa donde quienes viven en el espacio tienen privilegios sobre las personas que gestionan las actividades del local.

Por último podríamos nombrar el caso de las asambleas controladas. Por ejemplo son aquellas donde hay un grupo de personas que controla toda la información y los tiempos de las asambleas. Son bastante frecuentes en las Asociaciones Vecinales, en la PAH o en algunos sindicatos. Así funcionaba el viejo movimiento obrero. La asamblea juega un papel de cohesión social y sirve como un espacio de empoderamiento personal y colectivo donde ver gente con tus mismos problemas. La contrapartida es que es muy difícil tener una opinión bien formada e informada sin militar a tope durante un tiempo. Aquí funciona el delegacionismo y el peso del trabajo del colectivo recae en unos pocos hombros. Y a la vez ese delegacionismo hace que esta gente que lleva el peso no tenga relevo hasta que se queman y exponen su caso ante el colectivo, que tras varias asambleas de auto-reflexión y auto-flagelación colectiva terminan cambiando su funcionamiento o las personas de referencia.

Responsabilidad vs. Asamblearismo

Alguien hizo la broma una vez de que si los Comités de Defensa de 1936 hubieran sido asamblearios, habrían tardado en responder 3 meses al golpe de estado militar (y no en un par de horas levantar cientos de barricadas y movilizar decenas de miles de personas en Barcelona y Madrid como ocurrió).

Los Comités, organismos anarquistas, funcionaban por delegación. Había una persona encargada. Y tenía la posibilidad de decidir por su cuenta y riesgo. Estas personas se reunían en comités superiores y tenían otra persona encargada por encima suyo. Era una jerarquía. Hoy en día estas cosas nos chocan y no nos parecen «anarquistas». Pero soy de la opinión de que es más libre y funcional tener una persona responsable y que todo el mundo conozca sus atribuciones que no las jerarquías informales que controlan todo en la sombra con sutileza o las burocracias asamblearias que realentizan todas las decisiones a veces durante meses. Prefiero la iniciativa personal y unilateral que lleva nuestra línea de actuación (aunque haya errores, lógicos en nuestra imperfección humana) que no tener que planificarlo todo en una asamblea y que en la siguiente asamblea se cuestione todo nuevamente por que viene dos personas nuevas.

Y aquí es donde voy. En el pasado las asambleas en el movimiento anarquista se hacían con cuentagotas. Los sindicatos una vez cada varios meses, y los grupos anarquistas también. Se reunían en pequeño comité a hacer tertulias. Estaban todo el tiempo conectados, como hoy con las redes sociales, internet y los móviles. Y decidían sobre la marcha en pequeños grupos de afinidad. Era una forma muy veloz. Las asambleas eran por lo general muy grandes y en ellas se decidía (votando) las líneas de actuación importantes para el movimiento (¿hacemos esto o hacemos esto otro?).

La cuestión es buscar una toma de decisiones capaz de que sea aceptada por el grupo para que luego éste la lleve a cabo lo más eficazmente posible.

Recomendaciones para una toma de decisiones ágil y representativa

Creo que lo básico hoy en día es separar la asamblea decisoria de las asambleas deliberativas. Hay que intentar que la información llegue a todo el mundo. Y en la medida de lo posible también deberían llegar los debates con los pros y los contras de cada opción. Una vez que todo el mundo tenga el material hay que encontrar la forma de decidir. En este caso se trata de ver la forma mejor. Y no descartar ninguna (como el voto o la delegación), en caso de tener que decidir muchas cosas.

Se pueden hacer dinámicas para hacer las asambleas largas mucho más amenas. Las dinámicas sirven para que todo el mundo tenga una mejor comprensión de lo que se está tratando. Sirven para que todas las opiniones sean escuchadas. No necesariamente todas las voces, ya que hay quien prefiere callarse y escuchar, si no todos los puntos de vista de las personas que componen la asamblea.

Y también debería haber espacios de socialización que sustituyan las asambleas más rutinarias en donde se pueda hablar de la actividad del colectivo. Esto ocurre de forma informal en la cerveza de después de las asambleas. Pero no todo el mundo se puede permitir quedarse. Se podría resolver teniendo algún día fijo a modo de tertulia, sin pretender decidir nada, sino solo hablar de los temas que respectan al colectivo. Sirven como balance, análisis, intercambio de opiniones y como espacio de socialización. Y pierden el caracter ceremonioso y ritual de la asamblea.

Cuando se iba diluyendo el 15M un grupo realizó un interesante texto sobre porqué dejaba de ir la gente a las asambleas. Los problemas son estructurales. Y se resumen en que nadie en su sano juicio puede estar de por vida en las asambleas. No tenemos que estar decidiendo cosas todo el tiempo. Tenemos que hacerlas. Muchas personas que se pasan la vida en asambleas son casi incapaces de llevar a la práctica las decisiones colectivas. No entender esto es mandar a la gente a su casa pensando que estamos locas y no tenemos vida, y nosotras pensando que «no se implican».

Queremos un pueblo empoderado. Que debata y discuta, que se informe. Que lleve a la práctica las cosas con las que sueña. Pero para ello muchas veces es mejor hacerlo en tu casa que no rodeado de gente chillando. Para tomar una decisión hay que reflexionar, luego decidir. Y más importante que decidir, cumplir. Si no, no sirve de nada el tiempo que hemos invertido en decidir. Esta sería otra de las cuestiones que hacen que la gente desaparezca de las asambleas.

Tenemos que ser conscientes que puede haber algunos contextos en los que votar sea más horizontal que una asamblea. Incluso puede ser que la relación mayorías/minorías sea más justa que el consenso (dado que no pocas veces se utiliza el veto como forma coactiva para imponer una postura minoritaria a la mayoría). Quiero decir que la asamblea no es ni buena ni mala per se. Tiene que valorarse por su utilidad, no por que sea más o menos «anarquista». Por que lo que realmente es «anarquista» es el resultado de nuestras acciones y el mundo que queremos crear.

Links

Sin pretender ser exhaustivo pongo una breve recopilación de textos para justificar los argumentos dados, y animo a que pongamos en cuestión nuestra forma de hacer las asambleas. Quiero un movimiento maduro consciente de sus interioridades, capaz de cambiar para mejorar.

Enlaces del mes: Abril 2015

Entrevista a David Fernández, diputado por las Candidaturas de Unidad Popular (CUP), comunista libertario e independentista catalán. Despertó la polémica con su ataque sobre Rato, acusándole de gangster.

Este mes encontramos en Portal Oaca una propuesta municipalista libertaria para una organización federal del territorio, de cara a organizar las luchas sociales por barrios y pueblos.

Este artículo en alasbarricadas.org nos habla sobre la posibilidad de imaginar una economía sin crecimiento económico, una sociedad sin desarrollo técnico. Transitar hacia una visión que priorice la vida digna en su más amplia expresión y que permita la viabilidad de sociedades estructuralmente democráticas.

Sobre el levantamiento de Baltimore nos hablan en Borroka Garaia Da!."Las autoridades y los medios de comunicación se lamentan por la “violencia”. Se indignan por la rotura de ventanas, pero no por el cuello roto de Freddie Gray. Ambas instancias se enojan por la destrucción de propiedad, pero no por la destrucción de niños negros y morenos. ¿Violencia? ¿Qué me dicen de la violencia incesante que inflige la policía a las masas de población negra y latina en todo Estados Unidos? ¿Qué opinan de la violencia –de récord mundial– que impregna una sociedad en la que un joven negro de cada tres tiene la probabilidad de cumplir condena de prisión antes morir? ¿Qué decir de la violencia que tiene a casi un millón de hombres y un número creciente de mujeres negros languideciendo en las cárceles? ¿Y qué hay de la violencia con la que se comporta la policía en los guetos y barrios, como un ejército de ocupación, al igual que los ejércitos de ocupación de EE.UU. se comportan como una policía en todo el mundo?"

Sobre autodefensa feminista nos hablan en Proyecto Kahlo (el artículo es antiguo, aunque se ha movido este mes de nuevo por redes sociales). "Lo primero que aprendí [...] de la autodefensa feminista es que muchos de nuestros miedos ante una agresión se derivan de una relación de extrañamiento con respecto a nuestro cuerpo. De pequeñas no fomentan que practiquemos deporte, que exploremos los límites de nuestras capacidades corporales, que enredemos nuestros cuerpos con el de otras personas. Toda una vida de alienación de las capacidades de nuestros propios cuerpos provoca que nos creamos que podemos hacer cosas: no nos creemos que podemos darle al balón, ni que podemos golpear, ni que podemos utilizar nuestro peso para desestabilizar a alguien, por poner algunos ejemplos. Uno de los principales objetivos de la autodefensa feminista es mostrarnos que sí podemos, y reconciliarnos así con nuestras capacidades inexploradas."

"Especie de preplanificación presuntamente anarquista", una de esas acusaciones con las que los medios pretenden atacar al anarquismo para justificar operaciones como Pandora o Piñata. Acusaciones delirantes que serían graciosas si sus consecuencias no fuesen tan terribles.

Artículo sobre la catástrofe ecológica en las costas canarias, fruto tanto del capitalismo como de una pésima gestión política.

Toma de tierras por los trabajadores argentinos. Terrenos dejados, llenos de rastrojos y basura, que por medio de la autoorganización popular se convierten en espacios productivos para los trabajadores. Un ejemplo de acción directa.

Enlaces del mes: Marzo 2015

Una noticia sobre la huelga de estudiantes contra el decreto del 3+2, convocada en Madrid por Toma la Facultad, y que se desarrolló con un gran éxito. Una más en una movilización que lleva años produciéndose contra la mercantilización de la educación y que ha retenido y retrasado los procesos privatizadores y que pretenden desmantelar la educación pública. Un proceso del que ya hablamos este mes en Regeneración y que queda bien expresado en este artículo de Chomsky y en el documental Universidad S.A. Los compañeros de la Federación Estudiantil Libertaria (FEL) realizan el siguiente análisis sobre la universidad del mercado y su futuro.

Este artículo nos cuenta de manera breve los orígenes del día internacional de la mujer, al mismo tiempo que nos invita a reflexionar sobre el mismo y repensarlo en la actualidad.

El grupo Albatros de la Federación Anarquista Ibérica(FAI)  nos presenta el documental que han producido: Ouróboros. En él se muestra la verdadera cara de las organizaciones cercanas a la Iglesia Católica dedicadas a la caridad, a las que el gobierno ha volcado su apoyo tras su demolición de las políticas sociales conquistadas por los trabajadores durante años.

En el programa de radio de Economía Directa, Andrés Ruggeri nos habla sobre la experiencia de autogestión y empresas recuperadas en Argentina. En una línea similar de socialización popular nos encontramos este texto sobre la experiencia de cooperación en el centro social okupado de Can Batlló.

Entrevista a Joan Martinez Alier, teórico del decrecimiento, sobre las deudas ecológicas que contraen los países ricos con el medio (daños ambientales, calentamiento global...) y cuya factura pagamos todos. Deudas que son más tangibles que aquellas financieras con las que esclavizan al mundo. Martinez Alier también reparte contra los teóricos del crecimiento verde y la economía circular: "No puede quemarse petroleo dos veces, el ambiente intelectual en Bruselas es deplorable".

Una crítica de Cesar Rendueles a la política del boom cultural de consumo, que deja detrás una democratización falsa, fallida, del mundo de la cultura. Frente a esta propuesta política defiende un modelo popular, amateur, de las canchas de deportes llenas de vida o de las viejas bibliotecas.

Un par de artículos sobre la situación actual en Grecia. Este sobre la evolución de Syriza en lo referente a su política económica, las ideas de su ministro de finanzas y su relación con el capital internacional. Este otro sobre su primer mes de gobierno. Cualquiera de ellos muestra la decepción en que han resultado sus promesas de librar al país heleno de la coacción de la deuda, así como su negativa a romper radicalmente con el capitalismo.

Una reflexión sobre organización: El arte de ceder en las asambleas. "Con unas asambleas en las que sus miembros acudan con la predisposición de llegar a acuerdos colectivos y de ceder cuando sea necesario (disintiendo, como ya he dicho, cuando se crea preciso, por supuesto), el éxito del trabajo del grupo está en gran parte asegurado, pues unas asambleas efectivas se traducen en una repartición de trabajo efectiva y una fluidez y rapidez en la acción colectiva, así como en la satisfacción de les integrantes de la asamblea al ver que van sacando adelante sus actividades y objetivos sin tener que pasar por un martirio en cada reunión." Otra reflexión interesante que hemos visto publicada este mes, también sobre organización, es esta sobre la cuestión generacional en el movimiento libertario.

Al respecto de la salud personal y la alimentación encontramos un par de noticias relevantes este mes:

Primero, este análisis en La Marea sobre el lobby español de la mala alimentación, que presiona mediante argumentario y puertas giratorias para negar la incidencia de ciertos productos (como los ácidos grasos saturados y trans, los azúcares y la sal) en las elevadas tasas de obesidad y otras enfermedades (diabetes, hipertensión arterial, caries dental, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer).  "Lo más preocupante aparece cuando se echa un vistazo a las cifras de obesidad y sobrepeso infantil, porque ahí España ocupa el primer puesto en la Unión Europea y el segundo en el mundo, justo detrás de Estados Unidos, aunque muy cerca."

Por otro lado, la confirmación por parte de la OMS de que varios insecticidas y herbicidas, entre los cuales se encuentra el glifosato (el herbicida más usado del mundo, y el producto estrella de Monsanto para sus cultivos trangénicos), afectan muy negativamente a nuestra salud. Según el informe: "Hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos (linfoma no Hodgkin). También causa daño en el ADN y en los cromosomas de las células humanas." Recordemos que la OMS había negado durante años estos mismos resultados, determinando que el glifosato no era neurotóxico, no provocaba daños en el ADN, que no afectaba al desarrollo del feto o que no podía causar cáncer. Monsanto ya ha rechazado este estudio, asegurando que se pondrá en contacto con la OMS para pedir explicaciones.

Finalmente la OMS confirma que el glifosato nos está matando

¿Qué entendemos por política?

Cuando abrimos cualquier periódico burgués y miramos en la sección 'Política', leemos los discursos de los partidos sobre cuestiones que afecten al país, casos de corrupción en ciertos partidos políticos, y en general, asuntos que traten sobre las decisiones de los partidos políticos, las leyes, las relaciones exteriores y lo que se debata en los parlamentos. Todo ello nos da a pensar que la política es aquello asociado a las instituciones y al Estado, siendo un tema que debe ser tratado por profesionales que han estudiado carrera y que, por ello, tienen legitimidad para representar al pueblo y decidir por éste. No obstante, lejos de esta connotación dada desde los medios de comunicación y los propios políticos, «política» significa realmente la gestión, administración y organización de las sociedades humanas, nada relacionado con la profesionalización de la política y un asunto lejos del alcance de la población.

Sin embargo, la mayoría de la gente todavía desconoce el significado real de la política y, eludiendo responsabilidades, se niega a meterse en política, ya sea porque desde ciertos partidos políticos tratan de persuadirnos de que es malo meter la política en deportes, en la vida personal, en las escuelas, en el trabajo, etc; o porque piensan que la política es un juego sucio y manchado de corrupción. Son aquellos que se declaran apolíticos y -en palabras de Bertolt Bretch- "no sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales". Pese a que no toda nuestra vida es política, sí que nuestras condiciones de vida son fruto de las decisiones tomadas por la clase dominante que ostenta el poder político.

Empero, si entendemos la política, no como una profesión, sino como lo descrito en la introducción, se nos abren muchas puertas y ponemos a nuestro alcance la capacidad para la gestión colectiva y la creación de instituciones propias emanadas de la libre asociación, entendiendo «instituciones» como órganos de gestión -en este caso- no jerárquicos en los cuales sean puntos de encuentro para que el pueblo sea quien tome las decisiones políticas y no una clase parasitaria. Por numerar unos ejemplos: asambleas, sindicatos, comités, federaciones, confederaciones, municipios, etc.

Ya con los conceptos claros, podemos distinguir la política profesional de la política real. La política profesional tiene su origen en los Estados -es decir, en una institución jerárquica y separada del pueblo, constituido para gestionar la vida del pueblo y a la vez utilizada como instrumento de dominación por las clases propietarias- y en nombre de la voluntad general se consolida como un poder legítimo para gobernar al pueblo y "velar por sus intereses". Pero la realidad es bien diferente a la teoría, y la política como profesión termina siendo prostituida, puesta al servicio de las clases dominantes en contra de los intereses del pueblo. En cambio, la política real es la que surge de las masas populares que, tomando conciencia de su condición de explotados y que la política no solo es cosa de políticos, se organizan en base a principios como el asamblearismo, la ayuda mutua, la solidaridad de clase, la cooperación... Es la política que se crea en las calles, en los tajos, en las escuelas y en todos los lados donde existan desigualdades sociales y sujetos activos dispuestos a transformar esa realidad.