Paseando por Atenas (III)

Hoy publico mis experiencias del martes y miércoles—recordad que el segundo texto es solamente una parte del miércoles. En esta entrega podréis recorrer la Acrópolis, los barrios colindantes, Exarchia de nuevo, y un centro social okupado llamado Nosotros.

Acrópolis

Athens_Acropolis

La Acrópolis seguramente sea la mayor atracción turística de la ciudad de Atenas. El museo, que es nuevo y está a los pies de la colina, se puede visitar con detalle en unas tres horas. La entrada cuesta doce euros, pero por cosas de leyes europeas, les universitaries de la Unión entran gratis—así que paso con mi entrada en la mano y una gran sonrisa en el rostro, que no me hace gracia apoquinar doces euros.

Si la entrada me sale gratis el café en la cafetería de museo es otra cosa—siete euros por dos cappuccinos. Eso sí, las vistas son inmejorables porque todo el café da directamente a la colina de la Acrópolis. Hace un sol radiante y una ligera brisa que nos acaricia según subimos la colina por el parque público. El lugar está rodeado de casas antiguas que rezuman poder adquisitivo, de hecho mi compañera me explica que son de las casas más caras de toda Atenas—eso salta a la vista. En uno de estos lujosos edificios que tienen como vecina más próxima a la Acrópolis, una bandera del Estado español hondea tímidamente. Es la embajada—o una oficina de la misma, no estoy yo para leer chorradas. Es lo que tiene tener una reina griega, que te da el derecho de adquirir el mejor edificio de la ciudad para tus asuntos internacionales.

El parque que duerme a los pies de la colina es precioso. Está lleno de pequeños felinos callejeros que te miran con ojos atentos desde los árboles. Pero en medio de todo este despliegue de lujos, la pobreza vuelve a aparecer en Atenas. Mujeres mayores venden diez postales a un euro para ganarse la vida. Con voz quebradiza y toda una plétora de vivas y alabanzas a Atenas soy ofrecido un set de postales, el cual adquiero gustoso porque en el museo las postales estaban a cincuenta céntimos cada una—y no podían ser más feas, todo sea dicho.

De la Acrópolis diré poco más porque podéis leer la historia en Wikipedia—he dejado el link más arriba. Simplemente mencionar que desde las alturas se puede divisar toda la ciudad en su máximo "esplendor." Yo me sorprendo ante la apariencia de la ciudad, muy distinta a mi Madrid natal. Mi compañera suspira y dice que desde aquí arriba "te das cuenta realmente de que Atenas es una bestia." Me paro a pensarlo dos veces y le veo el sentido: una bestia de casas blancas—y más bien viejas—que se extiende devorando el paisaje tan bonito que la rodea con mordiscos de asfalto y hormigón. La ciudad, contando el área metropolitana, no llega a los cuatro millones, pero desde la Acrópolis me parece mucho más grande que Madrid—que tiene más o menos la misma población. Supongo que las colinas y montañas que rodean a la ciudad, más el mar en un costado, hacen crecer la densidad urbana. Lo dicho: Atenas la bestia blanca.

Anafiotika, Monastiraki

Anafiotika

Tras la Acrópolis soy guiado colina abajo  hacia una parte encantadora de la ciudad, un barrio de casas bajas, con jardines pequeños, y apiñadas en calles estrechísimas. Se llama Anafiotika en honor a una isla que se llama Anafi. La estampa me recuerda un poco a los pueblos Italianos, con grandes macetas de coloridas flores en las ventanas y puertas de colores. Las paredes están repletas de graffitis—de verdad, no he visto ciudad con tanta pintada en mi vida. Pocos de ellos son de carácter político. Casi no se ve ninguna consigna anarquista. En su mayoría las pintadas son obras muy artísticas: delfines, barcos, mariposas, Atenea con su escudo y lanza...

Bajamos el barrio, que está en la loma de la colina, y pasando por cafeterías muy apetecibles, llegamos a la plaza/barrio de Monastiraki, muy cerca del Ágora. Las calles se ensanchan aquí y mi compañera me indica uno de sus sitios favoritos para comer souvlaki, que viene a ser el "kebab" griego. Con la comida en las manos reanudamos nuestro camino calle abajo hacia Thissio, y para ello atravesamos un mercado en el que venden todo tipo de ropa, ajares, camisetas de fútbol, botas de montaña... Es algo así como el rastro de Madrid pero sin tenderetes. A lo largo de nuestro paseo por Monastiraki puedo ver un gran número de gente pidiendo dinero en la calle, sobre todo señoras con niñes en los brazos. Mucha de esta gente duerme tirada en el suelo de la plaza con el brazo estirado, tieso como un palo, sosteniendo el vaso de McDonald's donde esperan recibir unos céntimos de euro.

Thissio, Keramikos

Llegamos a Thissio y el sol me achicharra con solemnidad—el tiempo está un poco loco estos días, llueve tan rápido como sale el sol para cegarte. En Thissio paseamos por una gran calle que da a la estación de metro. Una iglesia cercana y unas ruinas antiguas son la atracción del lugar, aunque mi compañera me cuenta que la gente suele venir a pasear y a tomar algo porque está a medio camino de Keramikos. En la plaza veo una gran congregación de sintecho que hablan jovialmente, aunque observo que varios de ellos están borrachos. Son hombres barbudos, de tez morena y ropa rota. Están sentados en el césped y escalinatas de la plaza, frente a un par de cafeterías con terraza donde varias familias europeas comen e intentan ignorar a sus "morenos" vecinos. Varios hombres de etnia gitana intentan vender cosas en la calle, y a esto que pasa un sacerdote ortodoxo con su larga barba, su sombrerete negro, y su sobria túnica a juego. Esto parece llamar la atención de les turistas.

Caminando por una ancha avenida rodeada de árboles se llega a Keramikos, donde se albergaba en su día el barrio de la alfarería. Desde el camino se pueden ver la ruinas que resisten al paso del tiempo, aunque no se puede bajar porque valla te impide el paso—así que me conformo con ver e imaginar que toco las columnas ruinosas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

En la zona de Keramikos, me cuenta mi compañera, han desarrollado una de las zonas "para salir" más de moda de Atenas. El barrio gay se encuentra en la zona, y los bares y clubes modernos se apiñan por doquier. Son como las cinco de la tarde, y las terrazas están llenas de jóvenes "muy a la moda" tomando café y cerveza. Peinados estrafalarios, gafas de marca, camisetas muy apretadas... En la plaza unos chavales de origen inmigrante juegan al fútbol y las madres observan sentadas. Según me cuenta mi guía, el barrio tiene casas muy caras y casas viejas donde vive gente humilde. El barrio está formado por edificios de dos o tres plantas más bien concentrados, por lo que volvemos a las callejuelas estrechas. Los graffitis son de nuevo una atracción, y tanto preguntar por traducciones siento que mi compañera está a punto de soltarme un bofetón a ver si me callo de una vez. Tras un rato paseando decidimos coger el metro y volver a casa.

Exarchia, de nuevo

Tras la manifestación en la mañana del miércoles decidimos dar un largo paseo por el barrio de mi compañera y luego bajamos a Exarchia para tomar algo con unes amigues. Casi todo está cerrado—por la huelga, me explica Helena, una amiga. Las calles de Exarchia a la luz de las farolas pueden ser algo intimidatorias: callejones oscuros, pintadas artísticas, pero también agresivas, sombras escurriéndose en las esquinas... Pero con todo, el barrio es un lugar seguro, según asegura mi compañera. Las calles están medio-llenas de jóvenes—anarquistas por su vestimenta—que fuman y beben sentados o de pie. En la plaza principal se congrega el mayor grupo de jóvenes. Las motocicletas están aparcadas cerca de la gente—¡Atenas está llena de motocicletas! Los canes van de un lado para otro como quieren. Pasamos el jardín okupado y entramos en un bar abierto, uno de los pocos. Por si no he hablado antes del jardín okupado digo ahora un par de cosas: es un pequeño parque donde les anarquistas están plantando todo tipo de cosas y reformándolo para que sea un lugar bonito de encuentro. La entrada y la casita que hay dentro están cubiertas de consignas políticas y más graffitis artísticos. Todo en Exarchia te recuerda que estás en territorio subversivo.

Poco hay que contar de mi experiencia en el bar, rodeado de gente hablando en griego, sin enterarme de nada, y teniendo que recurrir a mi compañera o a les jóvenes que hablan inglés para poder abrir la boca. En mis cuatro días en Atenas he podido re-confirmar que les griegues son gente muy abierta, simpática, y amigable. Tienen un sentido del humor muy parecido al que yo consideraría "nuestro", así que me entiendo muy bien con elles.

Tras despedirnos de les amigues de mi compañera nos dirigimos, hacia las doces de la noche, a un centro okupado llamado Nosotros. Es una casa de tres pisos en la que han montado un bar muy majo. El lugar es enorme, y las paredes, como no, están cubiertas de arte callejero—aunque no tan agresivo como en los muros de Exarchia. En el bar tienen mesas con tableros de juegos, libros, panfletos... incluso tienen un pequeño espacio para tocar música. Una futbolín preside otra habitación, y del piso superior no sé nada porque las puertas están cerradas—así que mi cotilleo finaliza aquí.

Según me comenta mi compañera, aquí en Nosotros se organizan conciertos pequeños, charlas, talleres, potlatchs, etcétera. De hecho, una simpática voluntaria en el bar me sugiere que me pase un día de estos a cocinar algo típico castellano. Le digo que van listos si quieren que les cocine algo, pero ella insiste y me dice que en la "cocina comunal" todo es bien recibido, esté bueno o malo, y que si tiene el añadido de ser "de fuera" pues que mucho mejor. Me lo pienso y acepto a medias con la condición de que no quiero quejas si la comida no gusta. Ella sonríe y me invita a pasarme cualquier día a la hora de la comida para cocinar.

Nos tomamos unas cervezas con un dulce típico de Grecia que la gente de la okupa ha preparado, y tras esto plegamos el ala y nos marchamos a casa. Un día muy interesante, sin duda. Mañana me espera un "tour político", es decir, me van a llevar a ver varias okupas y a conocer las actividades que hacen allí. Atenas cada vez me gusta más.

PD: añadir que de vuelta a casa desde Exarchia tuvimos que pasar por el barrio de las universidades—donde se encuentra la facultad de Derecho y Ciencias Políticas, una de las más activas en el movimiento comunista. Aquí es donde decía el otro día que la policía ha metido a todos los elementos problemáticos del centro de la ciudad. Con tan sólo pasear por la avenida los puedes ver consumiendo, bebiendo, trajinando... Según me contaron el otro día, esto lo hacen para debilitar al movimiento juvenil que se solía encontrar allí, y que ahora, por ser demasiado peligroso, se han tenido que mover más al interior de Exarchia.

Paseando por Atenas (II)

Publico parte de la segunda entrega ahora por la actualidad de la manifestación que tuvo lugar hoy en Atenas. Publicaré el resto del texto cuando pueda.

Huelga general en Atenas

El miércoles me levanto algo tarde y agobiado porque pienso que llegaré con mucho retraso a la manifestación en el centro—que me pilla como a 25 minutos en transporte público. La convocatoria oficial es a las 11.00, pero mi compañera me tranquiliza explicándome que en Grecia nadie se toma las horas en serio. Y tiene razón, porque llegamos a las 12.30 y la gente sigue viniendo por todos lados. Así que unos minutos más tarde empieza la marcha hacia la plaza Syntagma. Me incorporo a la manifestación por la cola, donde uno de los sindicatos mayoritarios está dando un mitín político a un grupo reducido—no más de trescientas personas en una plaza enorme—de trabajadores cincuentones. Para el discurso utilizan altavoces colocados por todo el perímetro de la plaza—que es enorme, recuerdo. Es imposible ignorar las palabras del hombre que habla desde lo alto de una palestra porque los altavoces están a todo volumen. Pregunto al respecto y me dicen que esos altavoces están ahí todo el año porque la central del sindicato está allí mismo. Se lo tienen muy bien currado, la verdad.

Un poco más arriba se encuentra un grupo de estudiantes comunistas de AEK/ARAN—serán algo más de cincuenta. Nos detenemos aquí un tiempo porque mi compañera es íntima con varias personas del grupo, así que para matar el tiempo me pongo a preguntar a un par de estudiantes. Como pueden y con mucha voluntad, me explican en inglés de qué va ARAN [explicación] y qué esperan de la jornada de huelga. Uno de ellos me matiza que él últimamente se deja caer más por el anarcosindicato [nombre], y me ofrece ser mi "guía político" por Exarchia un día de estos, a lo que acepto con muy buen ánimo. Me comenta que me puede llevar por varias okupas y cafés donde podré conocer tanto comunistas como anarquistas dispuestos a hablar conmigo.

La marcha comienza y la gente se pone a gritar lemas y consignas. Me las tienen que traducir porque mi griego es muy básico. Son, sobre todo, cantos anticapitalistas y estudiantiles. Sugiero a mi compañera ir a buscar al bloque libertario y allí que vamos hacia la cabecera de la marcha. La marcha es multitudinaria, pero sinceramente me esperaba más gente—tal vez es la avenida por la que caminamos, que es enorme y no nos obliga a apretarnos. Tras pasar a un enorme grupo de profesores encontramos a les primeres anarquistas. Son un grupo reducido—¿cien? ¿ciento cincuenta?—pero van bien apiñados, con dos pancartas, banderas en palos gruesos de madera, y gritando cánticos casi todo el camino. En el grupo hay mucha gente joven pero también gente más mayor, y lo que me llama la atención es que la vestimenta de todes es muy distinta a la del grupo comunista. Sonará superficial, pero con echar un vistazo al modo de vestir de la gente de la manifestación se puede adivinar, con sorprendente facilidad, su ideología política.

Marchamos por [nombre] sin presencia policial, cosa que sorprende a todas las personas con las que hablo. Los comercios siguen abiertos y vendiendo café y bollos. Nadie los cierra. No hay piquetes. Incluso veo a algunes manifestantes entrar en algún establecimiento y comprar alguna bebida. Dos encapuchados escriben con spray negro frases anarquistas en los muros de los edificios. Y una vez que llegamos a Syntagma es cuando veo a la policía antidisturbios, de verde, con los escudos—muchos de ellos con marcas de pintura de otros enfrentamientos—y máscaras de gas. La presencia policial es brutal. Cuento al menos quince miniautobuses de la policía en un lateral del edificio del parlamento.

Me adelanto un poco a la cabecera para ver de cerca a los famosos antidisturbios. La verdad es que imponen porque van armados como en las películas americanas. Una docena de periodistas les sacan foto de cerca, y un hombre mayor con una bandera negra anima a un perro que sujeta entre los dientes una pancarta anticapitalista. El perro se pasea por el cordón policial moviendo el rabo y dando vueltas por todo el lugar. La gente le saca fotos; parece un espectáculo de feria. La situación general es muy pacífica y calmada, pero los cantos políticos están siempre presentes. Les últimes turistas se van marchando de la plaza y la marcha llega por fin a Syntagma. Una cosa que me sorprende es que el anarcosindicato [nombre] estaba ya allí. Son unas treinta personas, si es que llega a eso, y cuando la marcha principal empieza a llegar elles se marchan por una calle lateral. Pregunto pero nadie me sabe decir por qué se marchan—tal vez hayan decidido sumarse al otro bloque anarquista, quien sabe.

La marcha termina sin incidentes, pero según escribo esto me van informando que ha habido algunos disturbios entre "encapuchados" y "maderos." De todo esto me quedo con un ambiente pacífico y lleno de motivos para protestar, pero sin impulso radical en absoluto. Algunos estudiantes me comentaban durante la marcha que el "momento" tuvo lugar cuando cerraron Villa Amalias. Entonces toda Atenas anarquista se echó a la calle con pasión revolucionaria. No fue el caso hoy.

Paseando por Atenas (I)

Con este artículo abro una serie de escritos que intentaré mantener a lo largo de esta semana dado que me encuentro de visita en Atenas (y sería una pena no aprovechar esta oportunidad). Estos artículos tendrán un carácter más informal, y pretenden ser tanto un "pasatiempo" para la persona que lee como un testimonio de las sensaciones que un anarquista de la Península Ibérica experimenta en una ciudad tan marcada por el movimiento libertario. Los enmarco en la categoría de "sociología" por su contenido descriptivo. Espero que disfrutéis.

El Jardín Nacional y Plaka

jardines-nacionales

Ríos de tinta se han escrito sobre la decadente situación socioeconómica en Grecia: que si la crisis, que si disturbios, que si ataques racistas, que si esto o que si lo otro. Tanta información "apocalíptica" nos inoculan mediante los medios de comunicación que uno llega al aeropuerto con el miedo casi metido en el cuerpo; esperando encontrar una situación de guerra o algo parecido. Pero la primera impresión no es para nada apocalíptica: el aeropuerto, nuevo y construido por una empresa alemana al estilo alemán, rezuma una sensación de esplendor y abundancia que, en poco tiempo, queda desmontada por el gran número de personas pidiendo en las calles de Atenas.

Camino desde el norte hacia un parque llamado el "Jardín Nacional" que está pegando con la famosa plaza de Syntagma, donde se encuentra el Parlamento griego. El parque se asemeja al Retiro de Madrid, con sus caminos de tierra entre árboles y pequeños estanques habitados por carpas y tortugas. Les turistas caminan arriba y abajo sacando fotos, un grupo de chavales albanos "juegan" una guerra de naranjas—que por cierto, no son naranjas sino naranjas amargas, que al parecer no es lo mismo—, varios jardineros se ocupan de los olivos... Y entre todo esto que tiene una pinta idílica—de no ser por los chavales lanzando duras naranjas a diestro y siniestro—los sintecho durmiendo en bancos, pidiendo dinero, hurgando en la basura... Y la policía, omnipresente en todo el centro de la ciudad, como si éste fuera una enorme comisaria.

Ya desde mi paseo por Vasileos, una gran vía llena de edificios institucionales, me sorprendo por la presencia policial. Hay de todo: policías urbanos con uniforme azul y sombrerete blanco, policías antidisturbios—los famosos de las fotos con escudo y uniforme verde—, y policías de algún departamento especial pues llevan un modernísimo uniforme azul lleno de bolsillos y muy apretado, como en esas películas de Hollywood sobre antiterrorismo. Lo más impactante es que estos últimos están ahí tan panchos con las metralletas entre las manos, como si nada, fardando de chulería y armamento, listos para "entrar en acción."

Volviendo al parque, tras un rato paseando y disfrutando del sol—que va y viene entre nubes—, encaro Zappio y de allí al templo de Zeus Olímpico, que queda a unos cuantos pasos de distancia. En estos doscientos o trescientos metros me vuelvo a encontrar, como no, más sintecho y más antidisturbios. Del templo no contaré nada porque para eso cualquiera puede ir a Wikipedia y leer la historia y ver las fotos, solamente diré que la entrada de 12 euros es una barbaridad para lo que ves—menos mal que les universitaries entramos gratis.

Una vez tengo finiquitado el templo, mi compañera que hace de guía por su ciudad natal sugiere ir hacia la Acrópolis, pero en vez de subir todo el camino hacia la colina me dirige hacia un barrio chiquitito, de clase alta, donde las tiendas para turistas se apiñan como las palomas en los parques. El barrio se llama Plaka, y he de decir que tiene un encanto sobrecogedor: calles pequeñas, estrechas, como las que puedes encontrar en el Madrid céntrico. Me sorprendo ante el gran número de iglesias que me voy encontrando por el camino, una tras de otra. En Plaka la realidad social de Atenas me vuelve a golpear: en una pequeña plaza, a la sombra de una iglesia rodeada por naranjos (amargos), un sintecho se tambalea calle arriba con una gran bolsa de arpillera al hombro. Los zapatos comidos por el tiempo. Lleva barba densa y nada aseada. Ropa sucia y mirada perdida. Y mientras camina como puede, todo a su alrededor parece indicar que esta sociedad no le recibe con buenos ojos. Gente "de bien" con abrigos caros, gafas de marca, y mujeres con taconazos. Cafeterías de lujo y tiendas de cerámica de alto standing. En un momento dado, un grupo de adolescentes con uniforme escolar pasa por su lado riendo y bromeando entre ellos. Hablan en inglés, y mi compañera me explica que son del colegio internacional, un carísimo colegio privado para la élite social extranjera que vive en Atenas.

Syntagma y Exarchia

Athens_-_Syntagma_square_-_Plaza_Sintagma_-_20060508

Mientras camino mi compañera me va explicando un poco la "historia social" de la ciudad: que si aquí una vez los maderos hicieron esto, que si otra vez una manifestación arrasó con esta otra calle, que si allá les anarquistas una vez... Las pegatinas y los graffitis políticos van creciendo en número según te acercas a Syntagma, donde, como todo el mundo sabe, se encuentra el Parlamento fuertemente custodiado por la policía. La plaza se impone en mi memoria, la misma plaza que tantas veces hemos visto en las noticias. Una sensación recorre mi cuerpo cuando camino por el centro, es como revivir un recuerdo de una forma distinta, pues la plaza es completamente reconocible pero la gente no: hombres de negocio, turistas, mujeres "pijas" con bolsas de GAP u otras marcas caras, etcétera. Me acerco al punto donde hemos visto mil y una veces al madero arder por las llamas de un cóctel molotov, y parado allí mismo contemplo el Parlamento. Os sonará muy sentimental, pero algo se movió en mi interior.

Desde la plaza puedes subir las escaleras que encaran al Parlamento y darte la vuelta para observar Syntagma en su totalidad. Un enorme hotel en un costado, edificios comerciales al otro, los autobuses y los taxis... Y los perros, los famosos perros de Atenas que están por todo el centro de la ciudad. Pasean a sus anchas como si la ciudad fuera suya: se tumban a la sombra a dormir tan cómodamente, se acercan a les artistas callejeros y se quedan allí a ver a la gente pasar, incluso los ves cruzando los pasos de cebra como una persona más, se quedan en la acera, esperan a que los coches paren, y los perros cruzan como si tal. Me quedo unos minutos más frente al edificio del Parlamento, sintiendo la historia del movimiento anarquista en mis propias carnes. ¿Cuántas veces habré visto esta calle en los vídeos sobre los disturbios atenienses? Y ahora estoy yo allí de pie mientras mi compañera, también anarquista, me explica diferentes historias del bloque anarquista en las manifestaciones en Syntagma.

Más tarde, siguiendo a unos canes, soy conducido a Exarchia, que queda muy cerca del Parlamento. Exarchia es un barrio donde uno se quedaría a vivir sin pensarlo dos veces. De calles estrechas y caóticas, todas las paredes están cubiertas con murales políticos y consignas anti-Estado. En cierto sentido se parece al barrio madrileño de Lavapiés, pero Exarchia tiene sin duda mucho más contenido político visible. Les anarquistas okupan un parque en la plaza de Exarchia donde han colocado un par de pancartas libertarias. Las cafeterías están llenas de estudiantes y jóvenes que se toman un café tras las clases. Todo el barrio parece una okupa libertaria. No exagero cuando digo que todas las paredes están cubiertas con eslóganes políticos y graffitis muy artísticos. Pero lo que más me impresiona es la callejuela donde el joven Alexis fue asesinado por los matones del Estado en 2008. Allí una gran placa con su fotografía y un montón de rosas rojas le recuerdan.

exarchia-alexander-grigoropoulou

Me tiro un buen rato paseando arriba y abajo, pidiendo a mi compañera que me traduzca este graffiti o ese otro cartel propagandístico. Y por el camino más indigentes, personas con problemas de droga, y mujeres con niños pidiendo en las esquinas—si bien es cierto que éstas últimas se encuentran sobre todo en los límites de Exarchia, donde se encuentra una de las principales vías comerciales, una de esas con tiendas caras. Mi compañera me cuenta que la policía empezó hace tiempo a mover a les drogodependientes a los barrios más contestatarios para que la presencia policial estuviera más justificada. Además, de paso crean uno que otro problema a les jóvenes libertaries del barrio, sobre todo a las mujeres, quienes a veces tienen problemas al pasear solas por el barrio de la facultad de Derecho y Políticas.

Termino mi visita en una de las cafeterías favoritas de mi compañera, que al parecer se las conoce todas. Es un local anarquista donde se suelen juntar los grupos más radicales antes y tras los disturbios. Tomando un "frapé"—que es un gran vaso de café instantáneo, con azúcar y hielo, agitado para crear una densar espuma, algo muy "de moda" entre les jóvenes parece ser—me doy cuenta de algo: en menos de cuatro horas uno se da cuenta de los problemas que respira el país. El gran número de indigentes y gente pidiendo, vendiendo, o trapicheando en la calle es alarmante. Pero igualmente preocupante es la presencia de los maderos, quienes se pasean por las calles con las metralletas entre las manos como si fuera una película americana.

Mañana me espera un gran día: Acrópolis y más Exarchia. Si todo va bien llegaré a tiempo a una reunión en una okupa libertaria a la cual he sido invitado. Digo si todo va bien porque el tráfico estará insoportable dado que viene Hollande de visita a Atenas...

PD: la crisis se ve bien en las calles céntricas de la ciudad, pero luego a la noche, un lunes, los bares estaban a rebosar de clientes jóvenes. Y no exagero si digo que no he visto tanta gente bebiendo en una misma noche, ni en Madrid un viernes tras exámenes. ¡Ah! En Atenas dejan fumar dentro de los locales, aunque no estoy muy seguro de hasta qué punto esto está amparado por la legalidad vigente. Que le den a la legalidad, estamos en Atenas.

Nota: dado que no soy muy aficionado a la fotografía, ninguna de las fotos es mía.

Utopía en el horizonte

En mayo de 2011, centenares de miles de griegos irrumpieron en la Plaza Sintagma en Atenas para protestar contra la liquidación de su país, de sus derechos laborales y de sus medios de subsistencia a las corruptas elites nacionales y los intereses financieros en el extranjero.

En cuestión de días, un campamento de protesta fue creado – organizado bajo los principios de democracia directa, autogestión y ayuda mutua – proporcionando una vislumbre de utopía en medio de una devastadora crisis financiera, política y social. El 28-29 de Junio, durante una votación parlamentaria sobre nuevas medidas de austeridad, el estado finalmente respondió con fuerza brutal, eventualmente desalojando a los manifestantes de la plaza y aplastando el potencial radical de su experimento social.

Un año más tarde, Leonidas Oikonomakis y Jérôme Roos – investigadores en el Instituto Universitario Europeo y coautores del blog activista ROARMAG.org – regresaron a Atenas para hablar con activistas involucrados en el movimiento y la ocupación de la Plaza Sintagma, así como el héroe de la resistencia en la Segunda Guerra Mundial, Manolis Glezos. Lo que sigue es este retrato dramático de un país al borde del colapso; y de las personas que decidieron luchar para construir un mundo nuevo sobre viejas ruinas.

ROAR

Dirección: Jérôme Roos y Leonidas Oikonomakis
Producción: Jérôme Roos y Andrés Cornejo
Duración: 28 mins. aprox.

Si el fascismo ataca, es que lo estamos haciendo bien

En los últimos días la policía fascista de Atenas ha detenido a más de un centenar de compañeres anarquistas que defendieron con admirable dignidad las okupas de Villa Amalias y Skaramanga. La primera, con más de dos décadas de servicio libertario, construyendo tejido social en el barrio, ofreciendo cultura libre y crítica, sirviendo como punto de encuentro para las personas libertarias de todo el mundo, fue doblemente asediada por los matones a sueldo del Estado griego.

Villa Amalias tras ser asaltada por la policía volvió a ser re-okupada con heroica valentía aprovechando que las fuerzas represoras del Estado se "entretenían" con una sustancial masa de anarquistas que protestaban y resistían en las afueras. Pero me temo que no duró demasiado, ni durará, pues si el Estado griego quiere ahora tirar abajo Villa Amalias usando su policía fascista—el adjetivo no es gratuito, todes sabemos las conexiones de la policía ateniense con el partido nazi Amanecer Dorado—es porque está asustado. Nos tienen miedo.

Y esto significa que lo estamos haciendo bien. Que la resistencia al capitalismo y al Estado opresor está funcionando. De otra forma no hubieran esperado veintidós años para cerrar Villa Amalias, pues los negocios y especulaciones con el inmueble que okupa siempre han estado ahí, presentes bajo la sombra de los avaros capitalistas.

Saben que es el movimiento anarquista en toda Grecia el que planta cara a los nazis que el Estado usa para suprimir las voces que se alzan en contra de sus medidas de ajuste económico. Saben que son libertarias y libertarios los que salen a la calle, sin miedo y con decisión, a parar los pies a los matones fascistas que apalean inmigrantes y  homosexuales. Saben que somos nosotres, y no lxs comunistas que mucho hablan pero poco  hacen en Grecia, quienes salimos a las calles a decir "¡ya basta!", a defender la libertad del género humano en nuestros intentos de recuperar una dignidad que nos fue arrebatada largo tiempo atrás.

La lucha de les compañeres de Atenas y de toda Grecia es también nuestra lucha. La solidaridad es una de nuestras armas más poderosas, pero no nos confundamos: es solidaridad sincera, porque identificamos su  lucha con nuestra lucha, porque identificamos su resistencia con nuestra propia resistencia. El Estado es el Estado sea griego o español. Sus fuerzas represoras son las mismas allá donde vayamos.

Si atacan con tanta fuerza les fascistas es porque lo estamos haciendo bien; porque estamos diciendo las cosas claras dejando sobre la mesa nuestras exigencias, que no pueden ser otras que globales, internacionalistas, y anticapitalistas. Sacarán a las personas de Villa Amalias a base de palos y violencia. Pero no conseguirán jamás sacar la justa rabia de nuestros corazones libertarios.

¡Arriba les que luchan!

Cerrando Villa Amalias; dando vía libre a Amanecer Dorado

Por MN

Plaza Victorias. Se expande la leyenda urbana de que Amanecer Dorado protege a las ancianitas de los malvados inmigrantes. Parece ser que el viejo cántico de "la gente no olvida, la gente cuelga a los fascistas" se ha olvidado. Como también parece que los miembros de Amanecer Dorado campan a sus anchas rompiendo las cabezas de todo aquel que es diferente y de forma impune.

Cuando sucede todo eso es cuando el Estado decide cerrar el centro okupado Villa Amalias. Así pues, la necesaria voz anti-fascista es silenciada. Mediante el cierre de Villa Amalias los miembros de Amanecer Dorado obtienen un pasaporte gratuito para llenar las calles del barrio con violencia.

Es completamente contradictorio que los periodistas defiendan el cierre de la okupación, aunque también es cierto que son ellos junto con los políticos quienes esconden y ocultan las acciones de Amanecer Dorado. No obstante, ¿quién convoca las marchas anti-fascistas? ¿Quiénes informan y quiénes organizan mesas de diálogo con los vecinos de los barrios? ¿Quiénes ofrecen seguridad a las minorías y a los débiles? Pues precisamente aquellos que son llamados "perroflauta" por los medios de comunicación.

Anarquía no es fanatismo como ellos proclaman a bombo y platillo en los medios. Anarquía significa mantener tu mente abierta, resistir contra cualquier tipo de violencia y fascismo. Anarquía significa informar y ser informado.

En un periodo de crisis económica y moral el Estado decide destruir este faro de resistencia que es Villa Amalias. No solamente estoy avergonzada de ser de Atenas, sino que también estoy asustada. Estoy asustada porque me imagino una ciudad sin okupaciones, sin centros sociales que promuevan el diálogo y hagan confluir a las personas en un mismo punto, que es lo que hace de un barrio un barrio propiamente dicho.

Traducción: La Colectividad

1 2 3