¿Revoluciones...?

Abrimos cualquier buscador. Cualquier diccionario. Y todas las acepciones que encontramos de la palabra revolución pueden organizarse en dos grupos. Uno de significados relacionados con dar vueltas y otro relacionado con cambios bruscos en distintas áreas. Si bien es cierto que el primero puede interpretarse como una continuación pesimista del segundo (todo lo que cambia vuelve a su posición inicial), también es cierto que por suerte el primer grupo de acepciones en principio sólo es aplicable a maquinarias o en matemáticas.

Evidentemente, el grupo de acepciones que me interesa es el segundo. Cómo relacionar revoluciones científicas con revoluciones sociales. Si bien en un principio parecen cambios en ámbitos que nada tienen que ver, podemos establecer ciertos paralelismos y una influencia directa de unas sobre otras.

Cuando ocurre una revolución en la ciencia o la tecnología (ocurrir, qué mal, las revoluciones las hacen las personas, no surgen de la nada), partimos de un sistema aceptado por un grupo de analizar e interpretar los datos. Aunque en los últimos dos siglos estos sistemas sean más o menos compartidos a nivel mundial, no todos los grupos están interesados en las mismas áreas, por lo que todos los grupos serán conscientes de una revolución en un área aunque no se vean afectados por ella. Y esto es aplicable a cualquier grupo humano. Una revolución en un territorio puede parecer tener una mínima influencia directa sobre otro, pero los estados la verán con recelo y actuarán de forma consecuente.

Otra característica de las revoluciones científicas e industriales es que surgen de un sistema obsoleto. En la ciencia, cuando el sistema de normas y paradigmas aceptados deja de explicar los nuevos experimentos se hace necesario otro sistema que los haga encajar. Antes de que un nuevo sistema sea completamente aceptado por toda la comunidad científica surgen distintas opciones, que durante un periodo (que puede perfectamente durar décadas) conviven siendo defendidas por distintos sectores de la comunidad. Hasta que una de ellas se impone sobre las demás, desterrando a las otras. Habitualmente se dice que los motivos para elegir esta nueva teoría son objetivos. La nueva teoría es aquella que mejor explica los nuevos experimentos. Pero, ¿es esto así realmente? En distintas ocasiones varias teorías podían explicar el mismo suceso con igual éxito. Pero la que prevalece es aquella que mejor encaja con la ideología dominante de la época, siendo que un cambio en la forma de ver la ciencia puede suponer un cambio en la forma de ver la sociedad (Darwinismo vs apoyo mutuo, geocentrismo vs heliocentrismo...). De modo que sí, estas revoluciones en la ciencia afectan directamente a la sociedad.

El problema al aplicar el paralelismo en el proceso es que no podemos ni siquiera fingir que el sistema que perdura tras una crisis es el más adecuado para resolver los problemas que surgen. Si definimos estas crisis como las situaciones en las que un sistema completamente decadente deja de ser útil como forma de organización, casi podemos decir que la humanidad ha vivido en crisis constante. Tenemos entonces que definir de otra forma esta obsolescencia.

Definir la situación de decadencia de un sistema previa al surgimiento de otro, hablando de sociedades, es complicado. El colapso de los sistemas sociales no se limita a la no concordancia de unos números en un cuaderno sino a las vidas de las personas en esa sociedad. Y el nuevo sistema que surja tendrá que abrirse paso entre otros posibles sistemas que no fingirán que su principal motivación es hacer cuadrar los números. Y las comunidades relativamente ajenas a este proceso no se limitarán a observar con curiosidad el nuevo modelo que surja por si pueden sacar provecho. Presionarán (más abierta o disimuladamente) para que el modelo ganador sea aquél que más se adapta a los intereses políticos de la clase dominante de estas comunidades "ajenas al proceso".

Por último, una similitud importantísima desde mi punto de vista entre todos los tipos de revoluciones es la forma de analizarlas en libros de texto de cualquier ámbito. Aprendemos, o nos hacen aprender, que estos cambios son siempre avances. La sociedad y el conocimiento siguen una dirección y un sentido invariables en el que los retrocesos no existen. Cada vez que un sistema cambia, el nuevo es más justo y nos acerca más a la verdad. Se ridiculizan los sistemas anteriores y a sus defensores, y no digamos ya a las nuevas ideas de sistema que no proliferan. Aprendemos que la humanidad avanza de manera incuestionable. ¿Pero es esto realmente así? Al principio del artículo digo que no me interesa la acepción de revolución como vuelta. Bien, no nos interesa volver al mismo punto después de un tiempo probando cosas nuevas. Pero seamos conscientes de que esto no es siempre así, al menos en la ciencia. Un nuevo sistema científico puede no acercarnos más a la realidad, sólo hacernos verla desde otro ángulo, dejando abiertas nuevas lagunas e incógnitas. Nos dicen que pasar de esclavitud, a feudalismo, a proletariado, suponen avances y cambios fundamentales. Vemos que como en las revoluciones científicas estos cambios en la sociedad suponen un cambio de prisma. Cambiamos nuestra forma de ver lo mismo, con nuevas contradicciones. Para que el cambio sea realmente fundamental tiene que cambiar la estructura real de lo que se está viendo. No vale con que una nueva estructura sustituya a la anterior cambiando el nombre de las cosas. Es necesario romper con esa rueda que parece cambiar cuando sólo estamos viendo el mismo objeto desde otro ángulo.

 

Los científicos de la ideología imperante

En este artículo trato indistintamente las llamadas ciencias sociales y las naturales. Las diferencias entre ellas serán tratadas más adelante.

Las ciencias, esas disciplinas que nos revelan las verdades independientemente de religiones y mitologías, libres de prejuicios y de ideologías, no son tan objetivas como se nos intenta hacer creer.

La ciencia es desarrollada por científicos, es decir, por personas, con sus propias ideas e intereses, personas que han recibido una educación fuertemente influenciada por la ideología dominante (¿Quién no?). Y no podemos olvidar por supuesto quién financia a estas personas, y de qué estratos sociales van a provenir mayormente. Estos obstáculos para la independencia de la ciencia pueden (y deben) ser analizados de forma independiente para poder dar una perspectiva libertaria y ecológica al desarrollo de las ciencias y sus posibles aplicaciones en tecnología.

Lo que puede ser más remarcable de estos factores es quién paga la ciencia y quién puede permitirse dedicarse a ella. Desde la Antigua Grecia nos hemos encontrado con científicos/filósofos que movidos por la idea de separar el pensamiento humano de la mitología han ideado distintas teorías sobre los fenómenos naturales. Pero estos científicos siempre hay pertenecido a una clase acomodada. Han sido aquellos con tiempo libre los que nos han contado la realidad sobre el mundo. Los filósofos griegos no eran esclavos. Tenían esclavos. Y eso no cambió en los últimos siglos. Físicos, matemáticos, biólogos. Bien pertenecían a familias acomodadas, que podían pagar su educación y posteriormente sus experimentos, sin necesidad de tratar de conseguir otros ingresos, o bien eran pagados por éstos. Por supuesto puedes intentar ser objetivo en tus investigaciones, pero es peligroso enfrentarse a quien te paga o impone las leyes. Así durante la Edad Media los astrónomos de la Europa cristiana "olvidaron" que la tierra gira alrededor del Sol. ¡Incluso olvidaron que es redonda!

Y en mi opinión esto no es grave si lo comparamos con los resultados obtenidos por psiquiatras a lo largo de la historia (especialmente en el s.XIX sobre la mujer y sus patologías específicas) o mucho peor, los estudios de científicos nazis acerca de las razas humanas. Trabajos de este tipo podían llevar a cualquier conclusión siglos después de haberse aceptado el método científico de Descartes y décadas después de que la dialéctica (y el materialismo dialéctico) pasaran a ser una herramienta habitual para la ampliación del conocimiento.

En nuestros días tampoco hay una separación real entre la ciencia y la ideología imperante, ya que no podemos olvidar que quienes cuentan con los medios para estudiar una carrera no provienen mayoritariamente de las clases trabajadoras, y quienes pueden dedicarle la mayor parte de su tiempo y esfuerzo serán principalmente quienes tengan un mínimo de estabilidad en sus hogares. Y una vez llegados al punto de la investigación, ésta no es barata, y viene financiada por los estados, quienes deciden si tu proyecto es o no interesante, y por multinacionales, que imponen directamente su proyecto orientado, obviamente, al aumento de capital. Así es difícil que las investigaciones estén orientadas a un aumento del conocimiento objetivo, ¿no?

Otro punto a analizar es que hasta hace bien poco quienes han podido dedicarse a estas tareas han sido hombres. Valerie Solanas nos dice que una ciencia desarrollada por mujeres tendría un enfoque sumamente distinto y se habría llegado a un punto en el que los embarazos y partos no serían necesarios, bien porque todas las enfermedades se pudieran superar, bien porque se hubiesen desarrollado otros métodos para la reproducción. Podemos considerar esta idea demasiado positivista pero sí es cierto que la ciencia se ha preocupado poco o nada de la salud y el bienestar de las mujeres, y no hablemos ya de personas disidentes de género y/o sexualidad respecto al sexo biológico. Histéricas y ninfómanas han (hemos) llenado páginas y páginas de manuales de psiquiatría a lo largo de los siglos.

Pero aún con eso, nuestro conocimiento objetivo sobre el mundo ha avanzado. Cierto que no ha sido un crecimiento uniforme, y mucho menos homogéneo. La humanidad ha sufrido altibajos. Pasamos de Arquímedes a los alquimistas, y Copérnico nos tuvo que recordar lo que ya sabía Aristarco de Samos, pero consiguió asentar el heliocentrismo.

La influencia de las clases dominantes sobre el avance científico puede que impliquen retroceder un paso por cada dos que se avanzan, o algo más según el lugar y la época histórica, pero se avanza. Y si el pensamiento colectivo avanza en este sentido también se puede avanzar en muchos otros. La influencia que pueden tener sobre nuestro pensamiento social los medios de comunicación y la educación recibida está en la misma dirección que la influencia de la financiación y de nuevo la educación sobre los avances científicos. Es una influencia que puede ralentizar los avances y en algunos momentos incluso obliga a retroceder, pero en conjunto se puede presionar lo suficiente para que el movimiento total sea positivo. El avance es lento, pero existe y no puede abandonarse.

Enlaces del mes: Febrero y Marzo

Febrero

Pablo Molano nos abandonó el pasado mes de febrero, era un destacado activista social del barrio de Poble Sec, en Barcelona. Los barrios alegres y combativos de Barcelona quisieron rendirle un homenaje que superó todas las expectativas de participación y emocionalidad que se pudieran esperar. Miles de personas se manifestaron por aquellos lugares clave de la ciudad en los que Pablo había dejado su huella humana y activista. Una demostración de autoorganización y solidaridad edificada desde abajo.

Reivindicación de la mujer en el mundo científico. En un espacio académico abusivamente copado por los hombres, las mujeres han sido invisibilizadas a lo largo de la historia en las disciplinas científicas. Homenaje a Mileva Maric, destacada física y química de inicios del siglo XX.

Reflexión a partir del juicio que se celebró contra Rita Maestre en el mes de febrero, y por el que ha sido condenada a una multa de algo más de 4 mil euros posteriormente. Los medios de comunicación tienen el poder de focalizar la atención en aquello que consideran noticiable según las reglas marcadas por quienes deciden las líneas ideológicas de los medios, mientras que invisibilizan otras actuaciones de la clase obrera. Además, muchos seguidores de Podemos caen en contradicciones al guiarse por la vía de las reformas y la estrechez del cambio dentro del propio sistema capitalista.

Paradójicamente, encontramos en un medio anclado en la derecha conservadora una crítica que puede leerse entre líneas desde una perspectiva de clase; una crítica que desde otros medios izquierdistas no encontraríamos, pues el centro de la misma es la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, cuando en el pasado mes de febrero tomó una posición beligerante contra los y las trabajadoras en huelga del Metro de Barcelona. Una alcaldesa de los llamados "gobiernos del cambio" utiliza las mismas recetas políticas a las que estamos acostumbrados a sufrir la clase trabajadora.

Marzo

Lamentablemente el fascismo callejero ha vuelto a actuar en Madrid, esta vez fue en la localidad de San Sebastián de los Reyes, donde dos compañeros antifascistas fueron brutalmente apuñalados. La respuesta de los movimientos populares de Sanse y Alcobendas no se hizo esperar. En este enlace tenemos la crónica de la manifestación que recorrió las calles de ambos pueblos en respuesta a la impunidad de estas agresiones.

El pasado 16 de marzo tuvo lugar una huelga general estudiantil en Euskal Herria, donde el movimiento de estudiantes asamblearios demostró la buena salud de la que goza este en el territorio de Euskal Herria. Las manifestaciones de Gasteiz e Iruñea acabaron con violentas cargas policiales que provocó heridos y heridas, y al menos 11 detenidas que fueron puestas en libertad al día siguiente.

Mónica y Francisco son dos activistas anarquistas de origen chileno, que fueron detenidos en Barcelona hace más de dos años y acusados de colocar el artefacto explosivo en la Basílica del Pilar en 2013. Este pasado mes de marzo tuvo lugar el juicio contra ellos, en el que se les pedía 44 años de cárcel por pertenencia a organización terrorista según las fuentes policiales y judiciales. Ellos negaron los hechos y defendieron que es completamente contrario a las ideas libertarias poner bombas y causar daños a las personas.

Artículo visto en Público, elaborado por el militar Luis Gonzalo Segura, acerca de las verdaderas razones que tiene Occidente en alimentar financieramente al Estado Islámico, y cómo cada vez que se produce un atentado en suelo europeo, las empresas de armas del mundo se disparan económicamente en las bolsas. También analiza el papel de los medios de comunicación en hacernos creer que se trata de una guerra de civilizaciones, cuando en realidad es imperialismo.

Invitamos a la lectura de este folleto descargable, un texto que ha publicado el periódico anarquista La Boina, y que pretende llegar a la raíz de las necesidades humanas, la libertad y los límites que nos imponen a la misma. Saber identificar cuál es nuestro potencial para alcanzar esa libertad y cuáles pueden ser nuestras herramientas, con un análisis sencilo de la realidad que nos rodea, empezando por la naturaleza y nosotras mismas.

Anarquismo y ciencia: una breve reflexión

A menudo leo a gente (anarquista) que despotrica contra el marxismo, y lo hacen arguyendo, entre otras cosas, que es una pretensión científica de comprender la historia humana. Y así parece que existe una bolsa de personas dentro de nuestro movimiento libertario que no está por la labor de concebir la ciencia, ya sea social, natural, o experimental, como una excelente herramienta para la consecución de nuestras metas. Por el contrario, yo diría que es la única herramienta que nos garantiza el triunfo de nuestra revolución, en tanto que la ciencia se sustenta en el análisis racional de la realidad material, y la razón, le duela a quien le duela, es parte importante  del camino hacia la emancipación humana.

Al marxismo se le puede criticar por un millón de cosas: su determinismo estructural, el más bien poco-importante papel de la "superestructura", la inexistencia de una crítica sistemática del poder y la autoridad, su concepción utilitarista del Estado... etcétera. Pero es precisamente el carácter científico y racional de la teoría marxiana (guste o no) lo que hace de ésta una potente explicación no solamente del sistema capitalista de producción, sino de la historia humana en su conjunto.

Como dijera Kropotkin, bien es cierto que el anarquismo no nace de la ciencia ni ha de enquistarse en esta. El anarquismo, al igual que el socialismo, fue, es y será un movimiento popular que yace en la base de la sociedad jerarquizada en la que vivimos, entre la gente que ni ha ido a la universidad ni tiene por qué saber quiénes fueron Malatesta o el mismo Kropotkin. El anarquismo nace del pueblo, y de sobra es sabido que la ciencia no pertenece al pueblo, no al menos hoy en día. ¿Quiénes hacen ciencia? Como Bakunin y Kropotkin dijeron, la ciencia es cosa de "hombres acomodados", de burgueses que han sido socializados con la ideología burguesa y, por lo tanto, atienden a razones e intereses burgueses. No obstante nada de esto invalida el argumento de mi texto.

Que la ciencia esté dominada a día de hoy por la clase burguesa no significa que sea per se mala o inútil. Es cierto que el siglo XX ha demostrado que la ciencia no era la explicación racional y precisa que creían los hombres y mujeres del siglo XIX. Desde la teoría física de Einstein hasta los desarrollos filosóficos del postmodernismo, el siglo XX ha dejado bien claro que más bien todo es relativo, construcción social, o simplemente inaprensible. ¡Pero qué ironía que estos "descubrimientos" vengan de la propia ciencia! Qué ironía que la bomba que destruye el edificio racionalista y objetivo de la ciencia moderna sea una bomba fabricada con los mismos materiales: con el discernimiento racional, la aplicación sistemática de un método, y el debate serio y riguroso.

Grandes conceptos del anarquismo vienen, sin duda, del hacer científico. La idea de "ayuda mutua" que maneja Kropotkin deriva de sus observaciones geográficas-zoológicas, cuando se percató de un hecho interesante: la evolución animal atiende a la solidaridad de especies y no a la competición que defendían los seguidores de Darwin. De la misma manera, en un mundo en el que la producción cultural e ideológica está absolutamente dominada por los intereses materiales de una clase dominante, el discernimiento crítico y racional es la única vía que nos queda para romper con el hechizo del capitalismo. Alguien nos podría decir que para argumentar que el capitalismo mata de hambre no hace falta estudiar un curso de máster. Pero, ¿qué hay del patriarcado? ¿Qué es el movimiento 15M? ¿En qué dirección reman las asambleas de barrio que se multiplican por el Estado español? ¿Cómo tratamos la libertad de prensa? Hay cuestiones no tan claras ni tan fácilmente identificables. ¿Cómo le explicamos a una ciudadana del 15M que votar a IU no cambiará nada? ¿Cómo le explicamos a un joven comunista que el Estado no se puede tomar en nombre de la clase obrera, sino que hay que abolirlo y organizar la sociedad de otra manera? Sería muy cínico negar que estas preguntas no encuentran respuestas útiles y valiosas en disciplinas como la historia, la sociología, la psicología social, la antropología... etcétera.

Que hay que des-aburguesar la ciencia. Sí. Que hay que acercar la producción científica a eso que llamamos "pueblo". También. Que todo hombre y mujer tendría que tener acceso, deseo, y capacidad de comer del fruto de la ciencia. Desde luego. Pero nada de esto niega la validez de la ciencia como instrumento revolucionario. Ciencia no es producir más coches, mandar cohetes a Marte, o estudiar los circuitos cognitivos del consumidor. Ciencia es observar al mundo en el que vivimos de una manera muy concreta: mediante el uso de la razón, la cual nos lleva inevitablemente a la igualdad social [1].

Notas

[1] Si bien es cierto que no menciono el gran papel de la dimensión irracional del ser humano, esto no significa que niegue la importancia de otros elementos como la intuición, los deseos, las pasiones, los sentimientos, y todas esas cosas que "tenemos dentro" y que nos cuesta expresar mediante la palabra escrita o hablada. Si he omitido esta parte es por no ser directamente relevante a la idea este texto, el cual he pretendido que sea corto y directo-al-grano.