La normalización de la servidumbre

Es bien sabido que en el mundo occidental las formas de dominación totalitarias crean un repudio casi automático por parte de la población al ser planteadas como método de gobierno. Estamos adaptados a democracias parlamentarias y a sistemas de votación y elección de representantes, de modo que un sistema absolutista y dictatorial nos parece un arcaísmo evitable y aborrecible.

Aun así, es inevitable contemplar la situación de la sociedad contemporánea, en prácticamente cualquier parte del mundo desarrollado, sin percatarse de constantes y flagrantes abusos a las libertades más esenciales,  de una forma muy similar a las dictaduras absolutistas de antaño.

Las democracias modernas, enmascaradas tras unas libertades aparentes y con unos límites difusos, amagan un trasfondo que en prácticamente nada se distinguen de regímenes dictatoriales. Pero sin embargo, esa apariencia de libertad constituye un pilar fundamental para la aceptación y la perpetuación de la sociedad de clases.

En definitiva, de la misma manera que en épocas pasadas se aceptaron como normales sistemas de dominación embrutecedores, nuestra etapa histórica no es una excepción.  Seguimos haciéndolo sin cuestionarlo demasiado, casi por inercia, pese a ser conscientes de la existencia diaria de casos de represión, coerción de libertades básicas, desahucios, corrupción, no cumplimiento de programas electorales, etc…

No es extraño, pues, plantearse la siguiente pregunta en clave sociológica: “¿Por qué estamos tan mal y por qué lo permitimos?”.

EL SÍNDROME DEL ESCLAVO SATISFECHO

Es curioso que los manuales de diagnóstico psiquiátrico (como el DSM americano) contemplen la rebeldía como un trastorno mental, pero que sin embargo, asuman como un comportamiento normal el hecho de sufrir una existencia objetivamente miserable y estar agradecido de ello, resignándose a aceptar sus penurias con un único argumento: “es lo que hay”.

Y es que hay algo peor que sufrir un trato constante de dominancia y humillación, y ese algo es estar agradecido y satisfecho de su condición de esclavo.

Algunos pensarán que exagero cuando hablo con tal soltura sobre un término tan peyorativo y extinto como “esclavitud”, pero la esclavitud psicológica moderna nada tiene que envidiar a la esclavitud física de antaño.

La neoesclavitud se fundamenta en el principio de la asunción del pensamiento y de los intereses de las clases dominantes. Hecho que desemboca en una personalidad resignada, indulgente y acrítica, que concibe las necesidades de los poderosos como suyas propias, “superando” la lucha de clases por la negación de estas. Nada más lejos de la realidad.

Pongamos un ejemplo:

El aparato de dominación nos vende una imagen: “La empresa es una GRAN FAMILIA, hay que hacer sacrificios porque TODOS sufrimos la crisis y hay que proteger a los empresarios porque GENERAN RIQUEZA al crear nuevos puestos de empleo”

Este discurso inclusivo engloba dos clases de intereses opuestos en un todo homogéneo con intereses predefinidos por la clase dominante.

Se reparten sentimientos de familiaridad, calidez y cercanía que van más allá de una relación meramente laboral, personalizando entidades corporativas y generando en el trabajador un sentimiento de traición si no cumple. También se exculpa a los culpables de la situación económica y lo que es peor, se les considera agentes imprescindibles para la salvación.

Al final, encontramos una clase dominante reforzada (dando imagen de necesaria, salvadora, de una omnipotencia casi religiosa e incuestionable) y una clase obrera debilitada y con un discurso ajeno a sus necesidades (dando una imagen temerosa, trabajadora, sacrificada y de la que se espera que no traicione tales preceptos).

UN SÍNDROME RECURRENTE EN LA HISTORIA

LA CAVERNA DE PLATÓN

Para encontrar el primer ejemplo de la tesis que sostengo en el artículo, debemos remontarnos a la Grecia Antigua.

Platón, conocido por muchos, fue un filósofo cuyos pensamientos influenciaron de forma notable en los pilares sobre los cuales se han sustentado prácticamente todas las sociedades históricas occidentales.

Una alegoría propuesta en su libro “La República”, es el famoso Mito de la caverna de Platón.

En ella, Platón nos habla de unos hombres encadenados en las profundidades de una caverna desde su nacimiento, sin haber nunca salido de allí y sin tener la capacidad de poder mirar hacia atrás para entender sus cadenas. Por lo tanto están obligados permanentemente a mirar hacia la pared que tienen delante. Tras ellos se halla un muro ocultando una hoguera de la que sólo les llega algo de luz. Entre el muro y la hoguera se encuentran unos individuos con objetos que sobresalen por encima del muro y utilizan la luz de la hoguera para proyectar las sombras de dichos objetos, emulando formas de árboles, personas o animales. Por lo tanto, todo lo que ven los hombres encadenados, son meras emulaciones de la realidad, aunque para ellos esa es la realidad, ya que no conocen otra.

Si uno de ellos lograra girarse y ver la auténtica realidad, la luz le cegaría, vería siluetas extrañas de otras personas y al intentar salir de la cueva, probablemente querría volver a la oscuridad de esta, por la lumbre cegadora del sol. De esta forma, si realmente quisiera salir de allí, necesitaría tiempo y esfuerzo para comprender y adaptarse a la nueva realidad.

LA SERVIDUMBRE VOLUNTARIA

Allá por el siglo XVI nos encontramos con el pensamiento humanista del escritor bordelés y precursor del anarquismo Étienne de La Boétie, reflejado en su ensayo “Discurso de la servidumbre voluntaria".

La Boétie se preguntaba: “¿Cómo es posible que tantos hombres, tantos pueblos, tantas ciudades, tantas naciones soporten a veces un tirano que no dispone de más poder que el que se le otorga?”

La respuesta la encuentra en la forma en la que se constituyen las sociedades: la violencia.

Al principio, el sometimiento popular se ejerce mediante dominación armada y violenta, en donde el vencido se ve obligado a estar subyugado por obligación, pero en las generaciones venideras, nacidas en el seno de unas costumbres de servidumbre, deciden servir por pura resignación.

La Boétie lo resumía de esta forma: “Es verdad que al comienzo uno sirve obligado y vencido por la fuerza; pero los que vienen después sirven sin disgusto y hacen de buen grado lo que los precedían habían hecho por obligación.”

Al igual que el ejemplo de Platón, este también es extrapolable a la sociedad actual. Aunque la dominación no siempre se ejerza de manera violenta o armada, los métodos de coerción económicos, más refinados, también gestan en los individuos un espíritu de resignación y derrota.
La dominación, en ambos ejemplos, se rompería con un trabajo arduo y una dedicación premeditada hacia ello.

LA ALIENACIÓN: MARX Y MARCUSE

Ya en el siglo XIX, Marx, influenciado por el pensamiento de Hegel y Feuerbach, analizará un concepto que también se podría englobar dentro de este paradigma: la alienación.

La alienación, grosso modo, se puede entender como una disociación del trabajador con respecto al rendimiento de su actividad productiva (cuánto produce), al usufructo generado por tal actividad productiva (qué produce), a las relaciones humanas y a su propio potencial como humano.

Si bien estar alienado no es una patología en sí, el concepto nos puede ayudar a entender las causas de la servidumbre voluntaria.

Un trabajador (dominado), al no saber cuánto produce ni tener control sobre el producto generado mediante su actividad productiva, desconoce la situación económica. Relegando así involuntariamente el control de esta al empresario (dominante). Esta situación perpetúa el engranaje de dominación y le otorga el control económico absoluto y por ende, una posición de dominio a dicha clase.

Por otro lado, el obrero, obligado a competir con sus compañeros y compañeras, suscita en él un mecanismo defensivo primario de conservación: la individualidad. Ante tal situación, cada individuo se distancia de sus semejantes, abogando por desentonar sobre el resto y desmerecerlos; virtualmente, se generan objetivos contrapuestos entre cada obrero (“yo tengo que quedarme con este trabajo a toda costa”) aunque el objetivo definitivo, sea común (“porque si no, no podré comer”).

En la misma línea de ideas, el sociólogo Herbert Marcuse, de la Escuela de Fráncfort adapta la teoría marxista de la alienación al contexto industrial, con una visión renovada. Enlazo un artículo acerca de esto AQUÍ para no explayarme más de la cuenta.

Sin duda, es muy curioso como un discurso como el del principio del artículo, puede propiciar que un esclavo sienta más afinidad y cercanía de clase con aquél que le domina que con un congénere con los mismos fines.

LA EXISTENCIA INAUTÉNTICA Y LA MALA FE

Por último, me gustaría mencionar dos interesantes conceptos surgidos de dos filósofos con perspectivas ideológicas antagónicas pero que mucho tienen que aportar a todo esto.

El primero es el concepto de la “Existencia Inauténtica”, del alemán Martin Heidegger.

El individuo, consciente y angustiado por el conocimiento de su propia muerte se entrega a la “existencia inauténtica”. Una forma del ser que pretende negar la propia consciencia escudándose tras la pasividad, la mediocridad y el anonimato.

Esta existencia inauténtica enmascara la autenticidad del individuo y representa la imagen que queremos mostrar a los demás, de forma que también, dicha representación, viene determinada desde el exterior.

Se podría ejemplificar de la siguiente manera:

Tenemos a cinco individuos que conforman una sociedad con una identidad cultural, unas normas, una ideología y una forma de ser determinadas. Dos de ellos dominan, los otros tres trabajan para ellos sin cuestionárselo. Supongamos que llega un sexto individuo con una mentalidad que rompería con la homogeneidad del entorno, sin embargo esto no pasa. Poco a poco, ese sujeto se homogeneiza ocultándose tras una máscara de apariencias que le sirve para no destacar sobre nadie, para, de esta forma, poder permanecer como miembro íntegro de la sociedad. Lo curioso es que no se cuestiona porqué lo está haciendo, así que sirve voluntariamente.

El segundo concepto es el de la “Mala Fe”, acuñado por Jean-Paul Sartre.

La mala fe es el autoengaño. Una conducta mediante la cual un ser niega su propia libertad convirtiéndose en un ser inerte.

Esta actitud se representa muy claramente cuando hay que elegir entre dos situaciones. Sartre, en “El ser y la nada”, nos muestra el siguiente ejemplo:

“Un camarero sirve a los clientes con excesivo celo, con excesiva amabilidad; asume tanto su papel de camarero que olvida su propia libertad; pierde su propia libertad porque antes que camarero es persona y nadie puede identificarse totalmente con un papel social.”

El camarero del ejemplo renuncia a tomar una decisión; quizás dejar el restaurante, quizás probar a trabajar con mayor naturalidad… Si le preguntáramos, probablemente excusaría su situación indicando que no puede hacer otra cosa, que tiene que actuar así.

Tanto la renuncia como la excusa son mala fe sartreana.

Este concepto está sumamente ligado a esclavitud voluntaria. La mala fe le sirve a la estructura de dominación para mantener engrasados sus engranajes.

Si como individuos somos incapaces de romper una disyuntiva mediante elecciones razonadas y preferimos ocultarnos tras el autoengaño, por tal de no cuestionar el porqué de actuar de tal o cual forma, como sociedad ese problema se magnifica y se perpetúa.

LA NECESIDAD DE PENSAMIENTO CRÍTICO

Como hemos podido ver, el síndrome de la esclavitud voluntaria no es un concepto de la nueva era. A lo largo de la historia se ha estudiado su existencia así como los medios que nos llevan a ella desde distintas perspectivas. Todas son válidas e interrelacionables.

Tanto la mala fe como la existencia inauténtica, son conceptos que aluden a la representación del individuo de cara al exterior, pero a su vez, esta representación es diseñada por los agentes externos.

Estos conceptos son otra forma de alienación complementaria a los preceptos de Marx y a su vez, desarrollos más concretos y específicos de la antiquísima caverna platónica.

La única forma de romper con esta rueda de servidumbre voluntaria es mediante el escepticismo y el pensamiento crítico. Cuestionar absolutamente todo lo que uno hace y saber por qué se hace. Porque no hay praxis más irresponsable que utilizar la libertad de elección como forja de nuestras propias cadenas.

OFF TOPIC

Me hubiera gustado hablar de Erich Fromm y de su libro “El miedo a la libertad”, pero el artículo ya es suficientemente largo, así que lo dejo en PDF por AQUÍ y recomiendo encarecidamente su lectura.

Apuntes sobre el debate “De la crítica institucional a la práctica de la calle”

El pasado viernes 12 de febrero, el Banc Expropiat había invitado al colectivo Equilibrismos para realizar un debate que titularon “De la crítica institucional a la pràctica del carrer”.

La introducción fue a cargo de uno de los miembros del espacio, que nos explicaba el porqué: superar la crítica a los partidos que habían decidido hacer el asalto institucional, después de lo que marcó el 15M y los límites de este. Como en el texto del cartel que invitaba al debate, el objetivo era pasar página de este y demostrar que la mejor crítica, es la práctica.

Seguidamente hablaron los dos miembros de Equilibrismos. En primer lugar se señaló la importancia de cómo y para que hablar de las instituciones, tomando como punto de partida la superación de las lógicas del capitalismo, sin tomar un punto de vista cientifista y/o dogmático. Atendiendo a las necesidades y a las condiciones de cada momento, a la vez que entendemos que hay una distancia entre el deseo de cómo actuar y la realidad, que es diferente.

Tomando el 15M como un hecho muy relevante, por ser el fenómeno de acción colectiva más multitudinario en años, el colectivo entiende este no como un sujeto, sino como un proceso o conjunto de estos, que no empieza el 15 de mayo. Sobre cuando termina, depende de la perspectiva que se tome (con la formación de los nuevos partidos o con la descentralización de las grandes plazas, o aun no ha terminado, etc. También es importante el hecho de que, aunque las acampadas empiezan en Madrid, se replican por todo el Estado, reproduciéndose en varios focos.

Lo catalogan como un movimiento de aspiraciones y discurso de clase media (especialmente en sus inicios) si se recuerda a sus impulsores (Democracia Real Ya, Nolesvotes, Juventud Sin Futuro, etc.) que apuestan por medidas como la reforma en las leyes electorales, el rechazo a los “extremos”, etc. Un ejemplo es la típica crítica al trabajar en un establecimiento de comida rápida como precario: lo que se critica no es el hecho de que exista un trabajo así, sino que por los estudios propios acaban en este tipo de trabajo que no les corresponde.

Así que existe una ruptura con los sujetos de transformación social anteriores que luchaban por cuestiones inmediatas, como el movimiento obrero y se apela al ciudadano. El ciudadano es presentado como una persona con igualdad de obligaciones y derechos, en las que a partir de una crítica rápida, podemos ver como colectivos como las personas sin papeles quedan rápidamente excluidas. Por otro lado, lo que se pide es que el Estado cumpla sus obligaciones, en vez de cubrir las necesidades por si mismos.

En el 15M no existen análisis fundamentados, pero aparecen aspectos que los autores creen relevantes, pues el mismo acto nace como una protesta contra la represión, y se abren procesos colectivos muy fuertes. Reactiva y pone en marcha luchas como la de la vivienda. Se realizan acciones en la calle, asambleas, etc. no exentas de contradicciones, pero, ¿para qué? El colectivo resalto la importancia de no caer en un tradicionalismo de hacer las cosas por inercia. El hecho de funcionar de maneras concretas nos tiene que hacer argumentar el porqué funcionamos así. Por otro lado lo que supuso también fue la ruptura de la endogamia (permanecer en grupos cerrados) de los movimientos sociales y se innovó en debates antes muy estigmatizados como el campo de la ocupación. Algunos aspectos que subrayaron fueron los siguientes:

-Las marchas de la dignidad, en las que se coordinaron (y confrontaron) varios grupos, y en las que Podemos estuvo a punto de no participar.

-El discurso de la madurez política, en las que se justifico la entrada en las instituciones por una cuestión de madurez política vs la calle como un espacio infantil.

-La hegemonía cultural, que se pone en duda. Afirmaron que hacerlo desde las instituciones es inoperativo y que es más eficaz en un centro social de barrio. Las fuerzas políticas se adaptan a su electorado, que además se trata de una falsa mayoría electoral y una falsa capacidad de gobernar).

Entonces existen dos posibles ejes de debate: las oportunidades del fracaso del asalto electoral, y que posibilidad de cambios hay hoy en las instituciones (refiriéndose a forzar cambios desde fuera, como cambiar o tumbar una ley mordaza desde la calle, etc.)

El segundo ponente de Equilibrismos planteó que Podemos no era ajeno al 15M, y que en Madrid en sus inicios era muy obvio, criticando la visión de un anarquismo que vería estos partidos como una apropiación de un movimiento puro. La justificación del asalto institucional sería un techo de cristal en las movilizaciones desde la calle, que generarían frustración y entonces se intentaría poner estas al servicio de la gente. Comentó que lo que está intentando hacer Ahora Madrid* es una táctica similar a lo que se ha llamado “aguirrismo democrático”, usar la infraestructura de las instituciones para construir una sociedad civil afín.

El 15M surge de un vacio, de una cultura de la derrota en los grandes movimientos de contestación de las últimas décadas (así que es difícil pedir). No se salió de la OTAN, no se paro la guerra, no funcionaron el movimiento estudiantil ni las huelgas generales… Así que con el paso del tiempo, el 15M se erosiona y acaba siendo una cosa minoritaria y una identidad política más (están los rojos, los anarquistas, los quinzemayistas).

Pero lo importante, el análisis principal, es el sedimento. La perspectiva general dentro de los movimientos revolucionarios, especialmente el anarquismo, es que el objetivo es intentar aumentar el conflicto. Lo que pasa es que las luchas tienden a ser cíclicas, nacen, crecen, se estancan o mueren (habiendo ganado o no). Así que es importante estar en las diferentes luchas, para disputar el sedimento (los símbolos, las prácticas, etc.) porque existe un margen de lucha como por ejemplo demostrar que las asambleas sirven como método, luchar contra las separaciones ficticias que nos construye el capitalismo y el género, etc.

Del 15M, lo que ha durado han sido espacios físicos y luchas concretas, no la práctica de hacer grandes debates. No se estaba construyendo un movimiento con el que imponer y conseguir conquistas. Seguidamente el ponente recuerda que no están ofreciendo una visión de la ética de los medios sin los fines. Los métodos sirven si son capaces de ganar. Y lo que valoran es que el 15M no tenía una gran demanda (a diferencia de las primaveras árabes donde había luchas concretas como derrocar a uno u otro dictador). A corto plazo no agrupaba a la gente, iba desgastándose, pero a la vez su formato hizo que se expandiese en el tiempo y muchas plazas y espacios.

A partir de aquí plantean una visión pesimista en lo económico y social: las cosas van a ir a peor, y no vamos a recuperar nunca el pasado. De hecho ya se rumorea la posibilidad de una nueva crisis, si es que hemos salido de esta. También señalan que unida a la económica, existe una crisis de expectativas, que es lo que a nivel discursivo reproducía el 15M, una clase media empobrecida. Pero es que antes había gente que estaba jodida, y ahora lo esta mucho más. Entonces la pregunta es porqué la gente se ha articulado en la lucha de la vivienda y no en la laboral, ante un panorama donde aumentaran las “poblaciones superfluas”: aumentaran los guetos, suburbios, favelas, banlieues, el subempleo y el paro será crónico, los trabajos de mierda y aumentaran las deudas y los trapicheos. El Estado del Bienestar (si aquí hubo alguna vez) se ira retirando. Entonces el eje se va a desplazar del salariado a la reproducción social, más que un eje trabajador-patrón, y habrá una feminización de las luchas.

Por otro lado señalaron la situación actual como un contexto (salvando las distancias) con los años ’60 del siglo pasado, que precedieron al movimiento obrero de los ’70, que fue desactivado e integrado en la Transición, estando quizás delante de lo que serian unas nuevas comisiones obreras (en su espíritu original), pero esta vez a partir de la vivienda, en las PAH. También cabe plantearse el porqué de los discursos actuales de una “segunda Transición”. Así que imitando un poco los afectados por la hipoteca, una posible propuesta son las redes de solidaridad en el trabajo.

Hay que pensar también en la diferencia entre consciencia y politización (lo que el ponente llamó, el tremendo abismo), que no es un camino fácil. Ante el fracaso hablan de dos tipos de respuestas, “el vale todo” y porque nuestras aspiraciones están lejos, y el pesimismo en el que cualquier acto es inútil, y por lo tanto “no se hace nada” por luchar.

Las revoluciones, por lo tanto, son consecuencia de lazos políticos, vínculos, sociabilización. Estos no aseguran nada, pero son imprescindibles para estas, para poder conseguir las confrontaciones que buscamos y en situaciones de crisis, poder ir más allá y superar las estructuras dominantes. El comunismo/anarquismo/socialismo (etc.) es una forma de vivir, pero solo se puede vivir en este, y vivirlo ahora genera gueto y/o frustración.

Sin embargo, concluye el segundo ponente de equilibrismos, hay margen de conseguir modos de funcionar superar las condiciones existentes. A partir de entonces empezó el debate.

Se habló de la falta de acuerdo en el 15M era fruto de no haber un sujeto y un objetivo claro, cosa que si que hay en por ejemplo, la PAH. En otros campos, como el laboral es difícil organizar planteamientos similares. ¿Cómo hacerlo? Se comentó que la PAH genera lazos sociales muy potentes y que, según las experiencias del participante en el debate, en el mismo WhatsApp se podía ver un apoyo muto continuo en relación a necesidades (superando el tema de la vivienda, como por ejemplo arreglar electrodomésticos, según las diferentes habilidades y capacidades de las personas) que el neoliberalismo ha roto.

Otra persona opinaba que el sindicato no podrá reconstruirse tal y como lo tenemos en la cabeza (CNT histórica), y que se tenderá a redes de solidaridad.

Se habló del concepto de la tasa de ganancias en el contexto capitalista: si en una época los salarios no bajan, esta se mantiene obteniendo beneficios por otros lados.

Se formuló también la pregunta de cómo conseguir una sociabilidad densa, y se comento que quizás la clave es centrarse en luchas por necesidades específicas, en un espacio concreto (poniendo de ejemplo el mismo Banc Expropiat) pues la identidad se crea con la práctica. Se habló de recuperar las asambleas de “bocadillo”, aquellas que duran el tiempo de descanso entre las compañeras de trabajo y la importancia de crear redes de solidaridad. También se comentó que llegaremos a un punto en que casi cualquier lucha reformista tendrá que ser rupturista porqué el sistema será totalmente insostenible. El debate giró en torno a si era posible entonces trasladar el modelo de la PAH al mundo laboral.

Por otro lado una persona de sexo femenino comento que se había sorprendido en la charla por la presencia casi totalmente masculina (y los colores negros que vestíamos). Se hizo una crítica a la figura/sujeto del trabajador como una persona masculina, y se habló de la feminización de la pobreza. De hecho, el sujeto obrero industrial es una figura en desaparición, y aunque sigue existiendo, no podemos tomar sus luchas (Coca Cola, Panrico) como modélicas. También se debatió acerca de poner el foco en la reproducción social superando el ámbito laboral, citando la iniciativa de la Vaga de Totes, que finalmente no cuajo y no tuvo mucho apoyo de ningún sindicato.

Finalmente se habló de formación y comunicación. De la necesidad de adaptar el lenguaje a la gente que no se ha socializado en nuestros espacios y de la necesidad de la formación para la práctica. Se hablo aquí también de las experiencias en las luchas por la vivienda en el barrio de Gràcia (en la que no se había podido generar una red solidaria ya que una vez que la gente había okupado no se implicaba) y la OFIAM.

@a_bandazos

[Recomendación] Lectura: Las clases en la sociedad capitalista

De nuevo, clases sociales. Si bien los tiempos han cambiado y que la actual coyuntura no se puede equiparar a los pasados siglos, las estructuras económicas permanecieron invariables pese a sus formas. Hablar actualmente de sociedad de clases y lucha de clases no es para nada descabellado, puesto que el sistema económico dominante sigue siendo el capitalista. El argumento principal que sostiene el concepto de clase es que la sociedad está dividida entre las que carecen medios de producción y solo pueden vender su fuerza de trabajo, y las que los poseen y por tanto, se llevan el fruto del trabajo ajeno a cambio de pagarles un salario. Esta base escueta, no obstante, nos llena de lagunas, sobre todo cuando actualmente los límites entre clase trabajadora y burguesía se han vuelto difusos y se suele tomar el nivel de rentas como medida para clasificar de qué clase social eres. Aunque sí es cierto que las clases sociales no son homogéneas, pero clases sociales solo hay dos. Las diferencias en su interior se debe, por tanto, a las capas sociales, y aquí si se tendría en cuenta el nivel de rentas. Por ejemplo, un ingeniero sigue siendo clase trabajadora aunque cobre 3000€ netos al mes, pero por muy buenas condiciones laborales que pueda tener, no posee medios de producción ni puede tomar decisiones sobre él y además, el fruto de su trabajo no le pertenece. A la misma clase trabajadora pertenece el temporero sin contrato que recoge naranjas en una época de cosecha, pues comparte con el ingeniero la no posesión de medios de producción, ni puede tomar decisiones sobre éste ni su trabajo le pertenece. La diferencia está en sus condiciones coyunturales, lo que hace que pertenezca a una capa social más baja. Pero entonces, ¿dónde situamos a las trabajadoras por cuenta propia, es decir, autónomas? ¿Existe realmente la clase media? ¿Y la pequeña burguesía? ¿Cómo se relaciona el conflicto capital-trabajo?

Por otro lado, es interesante cómo en el texto las clases sociales no se asocian expresamente a un grupo social sino como una relación social mediada por cosas, sean medios de producción, capital o dinero.

De todos modos, animamos a profundizar en la cuestión en este artículo que rescato de la hemeroteca de materiales generados en el mundillo libertario:

Las clases en la sociedad capitalista

PD: Agradecería al personal que desease expresarse, no opine en base a mi reseña sino que lo haga tras haber leído el texto.

Cuando nos acusan de sexismo al denunciar el sexismo.

Intento no pedirle peras al olmo. Procuro ir por la vida asumiendo que la gente no ha estudiado lógica ni sabe de falacias argumentales... Hay quien me insiste en que asuma que la gente no piensa, pero tengo como una jodida vena filantrópica que me impide darlo todo por perdido.

El caso es que me apetece dejar claros unos puntos básicos:

-No veo grandes diferencias “naturales” entre hombres y mujeres que definan sus capacidades, tanto intelectuales y sociales como incluso físicas, al menos en lo que a buena parte de las actividades se refiere. Además, concibo que las oportunidades deben ser las mismas, entendidas estas como oportunidad de autorealización de cada persona, según su propio criterio y dirección. Así que por eso digo “hombres y mujeres somos iguales” (perdón por el binarismo, y dejo caer que existen más posibilidades y que además, también son y deben ser iguales) .

- Sin embargo, vivimos en una sociedad que marca enormes desigualdades entre hombres y mujeres. Esta situación de desigualdad hace que la situación de partida de unos y otras sea muy diferente, y por ello en ocasiones harán falta medidas correctoras, si es que deseamos alcanzar una igualdad real. Y para que se entienda mejor, haré uso de una explicación matemática:

Si tenemos 3 y 8, la diferencia es de 8-3= 5.

Si a 3 y a 8 les sumamos 7, tenemos 3+7=10 y 8+7=15.

Les hemos “tratado igual”, pero como vemos, la diferencia entre ambos permanece: 15-10=5.

Por lo tanto, la forma de corregir esto, sería sumando más al 3 que al 8, por ejemplo: 3+7=10 , 8+2=10.

- Cuando acusamos que las mujeres sufren ciertas situaciones, o mencionamos que los hombres actúan de determinada manera, generalizamos, sí. Porque hay diferencias estadísticas notables, que son las que nos indican que existe una desigualdad. Existen casos particulares, pero si estudias un poco de estadística, sabrás que el comportamiento de tu prima Paqui, super mandona con su novio Juan, no influye en los resultados. Cuando decimos que los hombres suelen copar el turno de palabra en asambleas, por ejemplo, no quiere decir que lo lleven en el cromosoma Y, y nosotras, pobres idiotas, en la repetición del X el dejarnos pisotear en la asamblea. Pero como nos construímos socialmente según el género, pues es más habitual que una mujer sea callada y con voz bajita y suave y un hombre más charlatán y con voz potente y tal. Lo que hemos aprendido. Eso no quiere decir que no pueda haber casos de lo contrario, yo misma hablo alto cuando quiero que se me oiga. Si al mencionar esta situación desigual, sexista, le das la vuelta y me acusas de “sexismo”: estás suponiendo que los hombres esto y lo otro, yo creo en la igualdad, no creo que haya que tratar diferente a las personas, ñañañaña... pues considero que o bien eres idiota o que usas estratagemas para mantener las cosas como están.

-Sobre la Diferencia. Existen ciertas cosas que nos hacen diferentes y conviene tenerlo en cuenta, porque sino, caemos en un modelo androcéntrico, en el que asumimos que todo ser humano debe medirse en base al varón blanco sano occidental de mediana edad. Y como ejemplo, mentaré el de los fármacos: Los fármacos se diseñan y se prueban en varones. El resultado de esto es que las mujeres padecemos más efectos secundarios, la sintomatología de varias enfermedades no es exactamente la misma en muchos ejemplos, etc. Hace muy poco tiempo que ha empezado a cambiar algo la cosa, por lo que los efectos a largo plazo aún no se conocen. Los contaminantes también nos afectan de forma especial, por distribución y proporción de grasa corporal y elementos liposolubles, y un largo etcétera. Esto, claro, repercute en la salud de las mujeres. Tener en cuenta Diferencias y hacer ciertos ensayos con sesgo de género (los que no tienen apellidos también lo son, son sesgados en el hombre, pero como no llevan apellido porque se asume, no nos enteramos), no es lo contrario a un trato igualitario. Lo contrario al trato igualitario es la desigualdad, no tener en cuenta las diferencias, precisamente para atender a esa igualdad de oportunidades, como es la salud. Yo tengo derecho a una vida saludable tanto como el maromo que se me sienta al lao en la sala de espera. Si para eso tienen que tener en cuenta que tengo útero y determinados ciclos hormonales, no veo que eso signifique que vayan a tratar peor al chico, la verdad.

-Cuando al mencionar actitudes sexistas, desiguales, etc, nos venís con la igualdad, como si esta ya fuera una realidad, como si viviéramos ya en el paraíso de la igualdad de género (y de razas, y sin clases sociales, y sin homofobias,... ya puestas a pedir!!), siempre me viene a la cabeza lo mismo: Si yo quiero ir a Valencia, mejor que asuma que NO estoy en Valencia y que tengo que hacer una serie de acciones que me lleven a Valencia: coger el metro para ir a la estación de autobuses, comprar billete de autobús, montarme en el autobús... Si quiero ir a Valencia y lo que hago es “jugar a que ya estoy en Valencia”, pues nada, padeceré un divertido desorden mental que no me lleva a ninguna parte, y mucho menos a Valencia. Pero tan ricamente, oye. Así que lo siento (en realidad no, es sólo una expresión), pero una parte fundamental del camino a la Igualdad es asumir que VIVIMOS TODAVÍA EN LA DESIGUALDAD, para tomar una serie de medidas que nos encaminen a la Igualdad.

Y resumiendo, queridas, queridos, querides: No hay mayor esclavo que el que se tiene por libre sin serlo.

Milicia Cebolla

Clases sociales y análisis social

El concepto de clase social es de vital importancia para el estudio y compresión de la realidad capitalista. No dejan de sorprender aquellos comentarios que argumentan, o bien, la inexistencia de las clases sociales, o su invalidez analítica por ser elementos de un contexto pasado ya no aplicable a la sociedad de nuestros tiempos. Con este artículo pretendo argumentar todo lo contrario: que la vigencia de la sociedad de clases sigue siendo evidente y palpable. No obstante, este artículo no pretende ni profundizar en debates técnicos o académicos [1], ni establecer una tipología definitiva de clases. Me contento con señalar que las sociedades capitalistas en las que vivimos están estratificadas, y que el avance hacia la revolución social pasa por ser conscientes de ello.

Lo primero que hay que resaltar es que el concepto de "clase social" es una mera herramienta analítica, y por lo tanto tiene una función heurística que ayuda a la persona que se embarca en el estudio social. Como tal herramienta, puede ser concebida de múltiples formas en función al marco teórico desde el que se trabaje. Tener en cuenta esto significa saber que no existe una única manera de aprehender lo que llamamos "estratificación social."

Las sociedades (y más en la actualidad) están estratificadas de una manera u otra: siguiendo lógicas diferentes, basándose en conceptos clasificadores distintos, etcétera. En las sociedades capitalistas dicha estratificación sigue una lógica predominantemente económica al estar centrada (pero no exclusivamente) en la producción. Así pues, aunque nos empeñemos en negar la existencia de clases sociales, difícilmente podremos negar la existencia de dicha estratificación social: nos basta con dar un paseo por cualquier ciudad capitalista para ver los efectos materiales de dicha estratificación. De esta manera encontramos barrios pobres y barrios ricos; personas que tienen que trabajar 12 horas diarias para sobrevivir, y personas que se bastan con firmar unos papeles a la semana para vivir holgadamente; grupos que son discriminados por el color de su piel, y grupos que son privilegiados por su credo religioso. Las sociedades capitalistas en las que vivimos están estratificadas, y al estarlo, es útil para la persona que se embarca en el análisis social establecer unas categorías analíticas que permitan agrupar a personas con similares características.

Ya he dicho antes que existen múltiples formas de aproximarse a la estratificación de las sociedades capitalistas. Una de ellas, la iniciada por Karl Marx, es la que pienso es la más conveniente para un análisis realmente radical y revolucionario (por lo tanto, la más útil para les anarquistas).[2] La tipología de clases que promueve la teoría marxista es con frecuencia malinterpretada por anarquistas y marxistas de a pie (sobre todo les últimes). Para ello, tengamos en cuenta los siguientes puntos:

  • Las clases sociales no son homogéneas internamente: existen contradicciones y conflictos dentro de cada clase social. Un error típico, por ejemplo, es pensar que el proletariado en su total conjunto persigue los intereses de su clase. La contradicción resalta a la vista cuando vemos la cantidad de personas consideradas como "trabajadoras" que votan a partidos conservadores.
  • Las clases sociales no son compartimentos estancos: otro error típico es pensar que las clases sociales designan a personas de una manera estática y hasta "natural." De tal forma, se tiende a pensar que si una persona nace en el barrio madrileño de Vallecas (por ejemplo) y trabaja de peón en la construcción es, de forma automática, "clase trabajadora" y por ello aúna las características conceptuales que se le asignan a dicha clase.
  • No solamente hay dos clases sociales (o tres si se quiere incluir a la manida "clase media"): pensar la sociedad capitalista en términos binarios (proletariado vs capitalistas), o con una triada (trabajadores, clase media, y capitalistas), es a todas luces un análisis simplista que reduce demasiado la complejidad de las dinámicas humanas que se dan en el capitalismo.

Teniendo en cuenta estos tres puntos estamos algo más preparades para desarrollar un análisis social mucho más rico y exhaustivo. Los siguientes puntos, son a mi parecer, vitales para realizar un análisis social más acertado:

  • Las clases sociales son posiciones estructurales: una clase social no es una categoría que define la "naturaleza" de un individuo ni su condición existencial en sociedad. No se es de una clase social como se es fan de un equipo de fútbol. Decir que una persona es "capitalista" implica situar a dicha persona en el complejo entramado de relaciones productivas que se dan dentro del capitalismo. Para ello imaginemos un "mapa del capitalismo" en el que situamos a las personas según la relación que tienen con la producción económica y el control de los medios de producción y el trabajo del resto de personas.
  • Si las clases sociales son posiciones estructurales, éstas están dialécticamente relacionadas entre sí: es útil y necesario definir una clase social en relación con el resto de posiciones estructurales dentro de la organización social de la producción. La persona clasificada como "proletaria" está relacionada con las personas clasificadas como "capitalistas" en tanto que la primera: 1) no es propietaria de los medios de producción, y 2) no dispone de autoridad en la organización de la producción.
  • Dado que las clases sociales son posiciones y relaciones estructurales, podemos encontrar una enorme variedad dentro de cada posición estructural: pensemos en la amplia categoría "clase trabajadora" (aquella que no es propietaria de los medios de producción y vende su fuerza de trabajo a otras personas). De esta manera encontramos que la clase trabajadora se puede, asimismo, diferenciar internamente en términos de: 1) nivel educativo y formación, y 2) existencia de responsabilidades dentro de la organización de la producción. Así podemos hablar de trabajadores no-cualificades, trabajadores no-cualificades con niveles medios de responsabilidad (como la persona encargada dentro de una cafetería pero que, no obstante, no es dueña del establecimiento), trabajadores muy cualificades sin responsabilidad directa sobre otres trabajadores, etcétera y más etcétera.
  • La clase social también se percibe de forma subjetiva: es muy útil diferenciar entre "clase social objetiva" (aquella dada por la posición real dentro de la organización social de la producción), y "clase social subjetiva" (aquella que las personas piensan que son). Mirando a las diversas encuestas sociales de las que disponemos, observamos que mucha gente se auto-denomina como "clase media" a pesar de estar posicionada en los niveles más bajos de la jerarquía productiva. De la misma manera, gente "más privilegiada" (como profesionales con estudios universitarios y puestos de trabajo que incluyen responsabilidad sobre el trabajo de otras personas) se auto-clasifican como "clase trabajadora."[3]

Como se puede ver, el análisis de clases no es una tarea sencilla (y ríos de tinta se han escrito sobre el asunto). Dentro de cada posición estructural podemos diferenciar personas (capitalistas con empresas de 0 a 10 trabajadores, trabajadores cualificades con puestos de responsabilidad, trabajadores súper-cualificades con altos salarios pero que no son propietaries de los medios de producción, etcétera), así como podríamos también usar un marco teórico diferente para abordar la estratificación social (en vez de centrarnos en relaciones estructurales podríamos, como hace el análisis weberiano, centrarnos en los salarios percibidos y las relaciones laborales en el mercado de trabajo).

Sea como sea, si pienso que el análisis marxista es útil para la revolución social es porque es (seguramente) el único análisis exhaustivo que incluye una dimensión moral. Es decir, dentro de toda la complejidad que supone la estratificación social, hay personas que actúan de manera inmoral (explotando) y personas que sufren dicha explotación (explotades). Este tipo de análisis estructural nos permite, además, diferenciar de forma compleja el entramado de relaciones humanas que se dan dentro de la organización social de la producción.[4] Esto último nos permite discernir con mayor precisión las dinámicas que se institucionalizan y perpetúan las desigualdades sociales, económicas, y políticas.

Finalmente añadir que, si bien es cierto que el análisis marxista de clase es útil, nosotres les anarquistes le podemos dar una vuelta de tuerca más. Poco podemos añadir al análisis "objetivo" (con muchas comillas) de la estratificación social. No obstante es en el plano subjetivo y, sobre todo, en el análisis de las relaciones de autoridad y responsabilidad dentro de la organización productiva, donde la teoría anarquista puede avanzar el análisis social del capitalismo.

¿Y de qué nos sirve esto? Para algunes puede ser una mera forma de ganarse la vida en la academia; para otres puede ser una manera de pasar el tiempo. Pero estaríamos muy ciegues si no viéramos todo el potencial revolucionario que ofrece el "conocer a nuestres enemigues".[5] Cuanto más sepamos sobre las complejas maneras en las que se desarrolla el capitalismo, más oportunidades tendremos de construir un mundo nuevo donde la raza humana pueda vivir con libertad.

Notas

[1] Para un análisis en profundidad de las distintas maneras en las que se puede estudiar la sociedad de clase se puede leer a Erik Olin Wright.

[2] No seré la primera persona que se considera anarquista y que piensa, al mismo tiempo, que la economía política iniciada por Karl Marx (y desarrollada por un sinfín de marxistas, neomarxistas, y anarquistas) es el mejor intento de desentrañar el funcionamiento del capitalismo. Ojo, esto no significa que comulgar con los análisis económicos marxistas signifique también comulgar con las teorías políticas y organizativas que normalmente se asocian al marxismo.

[3] Las razones de esta percepción subjetiva que no concuerda con las posiciones estructurales de las personas en la organización social de la producción se debe a una miríada de factores que no entran en el contenido de este artículo. De forma somera, algunos de estos factores podrían ser: 1) la percepción de lo que es digno o no en sociedad, 2) la definición de "clase" únicamente en relación con el salario que se percibe, o 3) influencias sociales del entorno social (como familia, amigues, barrio en el que se vive, etcétera).

[4] Nótese además que siempre se habla de organización social de la producción, lo que recalca que el capitalismo es una invención humana y contingente históricamente hablando. Esto implica, como es obvio, que dicha organización es sustituible por otra mucho más justa.

[5] Y obviamente digo "enemigues" porque las distintas clases sociales tienen distintos intereses en esta vida.