Razones contra el ecoleninismo de Andreas Malm

La literatura climática tiene una nueva estrella: el sueco Andreas Malm. El pasado otoño se publicó El murciélago y el capital, un muy buen ensayo para explicar el origen del virus SARS-CoV-2 y para introducir la crisis ambiental generalizada provocada por el capitalismo, de la cual el coronavirus es solo una de sus manifestaciones. Como indica Malm, el coronavirus es una bala y el cambio climático es como una guerra. Lo que deja entrever su dialéctica del desastre es que efectivamente detrás de esa guerra y estas balas, hay un general ordenando el ataque y ese no es otro que el capitalismo.

Pero por desgracia, el libro no se limita a esta parte brillante e indiscutible, sino que se sumerge en proponer inventos del TBO político-sociales, como se refirió un compañero a las distintas alternativas que alegremente suelen circular por los espacios ecologistas en una charla inefable que fue un ejemplo palmario de estas ideas: la exposición de Nate Hagens en Valladolid en un lejano 2019.

En primer lugar, el autor acierta en situar el capitalismo como agente promotor de la crisis ambiental, para después descartar tanto el colapso fortuito del capitalismo, como su reforma en clave socialdemócrata como su superación en clave anarquista -aboliendo el estado-.

La propuesta de Malm se reduce a la necesidad de dirigir desde el estado la caída del capitalismo fosilista. Partiendo de la necesidad compartida de transitar a una nueva civilización que elimine el capital como origen de la crisis ambiental, vamos a señalar los puntos ciegos del comunismo de guerra que Malm propone contra la crisis climática.

1 El fetiche del estado ecologista.

Malm plantea una defensa cerrada de la necesidad de dirigir la necesaria transición ecosocial desde el Estado. El problema es que el concepto de Estado que maneja Malm es una suerte de administración de las cosas, una estructura administrativa que gestiona los recursos y media entre los intereses contrapuestos. Siendo así, se entiende la necesidad de poner a este superadministrador a trabajar por un buen capitaloceno.

Malm propone, claro, una toma del Estado que habilitaría tomar las posiciones de fuerza suficientes para hacer descarrilar al capital fosilista y forzar una economía política sostenible. Todo esto además en el tiempo récord al que obliga la emergencia climática en la que estamos por haber agotado el tiempo que quedaba antes de desencadenar los peores efectos sobre nuestra civilización.

El problema es que esta concepción del estado es falsa, tramposa y posiblemente negligente. El Estado no es esa administración de las cosas, no es un órgano neutral de mediación entre particulares. El Estado es la estructura social que permite el gobierno de las personas, y más en concreto, de sus voluntades. De ahí que el estado como agente ante la crisis climática puede ser un aliado tremendamente eficaz. Lo que se omite es que esta apuesta nos dirige a los escenarios que habitualmente conocemos con el neologismo de ecofascismo, lo que sería el Behemoth climático de G. Mann y J. Wainwright. La idea de que el Estado es una máquina, una cosa que se puede poner bajo el control de un programa internacional de mitigación de emisiones y transición ecológica es un auténtico idealismo enmascarado en el peor de los oportunismos. La existencia de Estados nacionales por todo el globo parece ofrecer la oportunidad perfecta para disponer de ellos al antojo que se considere.

Para Malm el ejemplo claro de esta posibilidad es la revolución bolchevique, en la que un reducido grupo de militantes revolucionarios tomaron un Estado mastodóntico, pararon la guerra imperialista e iniciaron una titánica reconversión económica y política desde ese estado. Ese ejemplo sirve a Malm para proponer que necesitamos un periodo similar a ese comunismo de guerra, un estado de movilización permanente con el que vencer al capital fósil y sentar las bases de una NEP ecológica. No es el objetivo de estas líneas cerrar el balance que el movimiento socialista internacional tiene que hacer de la experiencia soviética, pero desde luego proponer la etapa del comunismo de guerra como objetivo político del ecologismo es un despropósito inexplicable teniendo en cuenta que dicha fase fue una salida coyuntural e improvisada para encauzar una revolución en medio de una crisis global interimperialista.

Existe una mitificación del asalto bolchevique al Imperio Ruso que centra su atención en la relevancia del Estado en el proceso y obvia que dicho Estado fue una pieza entre otras que los bolcheviques tuvieron que cooptar para abrir camino a la revolución, pero que ni la revolución fue el Estado ni posiblemente el Estado fuera la pieza clave del proceso. La conquista de la consciencia de obreros y soldados, de las estructuras del movimiento popular cristalizadas en los soviets, de las innovaciones técnicas que permitieron poner las industrias a su servicio…La propuesta de la toma del Estado sería más creíble si no tuviésemos en la historia otras tomas de estados menos idealizables: desde Burkina Faso al socialismo del siglo XXI.

2 La absurda critica del anarquismo antisemáforos.

La banalización del Estado pasa por una previa crítica al anarquismo que resulta inexplicable. Malm apunta contra el anarquismo posterior a la caída del muro de Berlín, a “cambiar el mundo sin tomar el poder” de J. Holloway. En realidad, Malm no está apuntando contra el anarquismo sino contra el movimiento antiglobalización muerto y enterrado tras la época de las grandes cumbres de finales de los años 90. Malm sitúa como icono del anarquismo a James Scott, al que postula como teórico de un anarquismo que propone la desaparición del Estado y la autorregulación popular, que centra en el ejemplo de “la desaparición de los semáforos”.

El anarquismo, para bien o para mal, no es esto que nos critica Malm. El anarquismo no postula la desaparición del Estado sino su abolición, una destrucción activa y que necesariamente implica la sustitución por otra estructura que sea, efectivamente, un superadministrador de las cosas y no un gobierno de las personas. El anarquismo que Malm desconoce es el de otro antropólogo: David Graeber. Un anarquismo pragmático, concreto, militante y revolucionario -aunque políticamente endeble desde hace décadas. Este anarquismo nos acerca más a Rojava que a Chiapas, lo que implica tener que acercarse a situaciones mucho más complejas y que tienen más que ver con ejercer el poder que con tomarlo.

Malm señala cómo durante la pandemia ha sido el lugar tanto de experiencias de apoyo mutuo como de la aparición de mafias y cárteles que han aparecido allí donde el Estado ha perdido el control, como prueba de la necesidad de un Estado en nuestra época. Pero lo cierto es que de nuevo se idealiza el Estado como puesto de mando de nuestras sociedades, y aquí es donde el anarquismo tiene mucho que decir. El Estado es el producto de unas determinadas relaciones sociales, las cuales están mediadas por la mercancía, el espectáculo y el poder. La transformación social que necesitamos para destruir al capital fosilista pasa, necesariamente, por la destrucción del Estado que le acompaña. Eso no significa apagar los semáforos y cerrar los edificios de la administración tributaria y el ejército. Destruir el Estado fosilista significa reemplazar la actividad del Estado por formas de administración populares que nazcan de otro tipo de relaciones sociales. Para el anarquismo, estas relaciones están definidas por la reciprocidad y la libertad, ahí está el núcleo de su cultura política. Lo que no es definitorio del anarquismo es cómo deben ser las formas de administración que permitan desarrollar esas relaciones sociales sin dominación. Más o menos centralizadas, más o menos globales, más o menos militarizadas. En cualquier caso, la propuesta anarquista pasa por la eliminación del Estado por ser, precisamente, el corsé que impide que los problemas sociales tengan soluciones autónomas. El caso del cambio climático es palmario, pero no es el único.

Las limitaciones del Estado para la gestión de los eventos que nos depara la crisis ambiental han quedado bastante patentes en el macabro fracaso de los Estados del primer mundo en la gestión de la pandemia de 2020. Las mayores cifras de enfermos y muertes han acompañado a las medidas más duras de confinamiento y represión social. A diferencia de las sociedades asiáticas, sudamericanas o africanas, en las que una mayor autonomía técnica y social han permitido el uso de una suma de remedios independientes del capital farmacológico y de las instituciones interestatales como la OMS. El caso Chino puede ser el más paradigmático, dado que el Estado Chino no es precisamente una institución poco dominante y, sin embargo, las medidas más efectivas respecto a confinamientos y control de la pandemia han emergido de las estructuras con mayor participación popular y más localizadas.

3 Narrativas para un mal relato.

El comunismo de guerra de Malm más que una propuesta teórica cerrada, siendo honestos, hay que entenderlo como un recurso retórico. De hecho, como la respuesta al recurso retórico dominante en la escena ecologista que vino desde EEUU: el Green New Deal. Frente al relato del pacto social verde y generador de riqueza que nos propone el Partido Demócrata de EEUU, Malm contrapropone una narrativa revolucionaria y de confrontación. Una narrativa que justifique hacer sacrificios por la causa, que nos movilice en términos militarizados y no tanto económicos.

Pero también en el campo de las narrativas la propuesta del comunismo de guerra es como poco, conflictiva. La primera etapa de la Unión Soviética no se recuerda con especial cariño por ninguna sociedad ni se la tiene especial estima en ningún movimiento político, precisamente, por ser una etapa de esfuerzos y contradicciones difíciles de justificar. El comunismo de guerra fue posible por un empuje popular que miraba más allá, empujado por la mitología socialista cultivada durante décadas, por el tecno-optimismo industrial y por la convicción de que cualquier futuro era mejor que la guerra y el hambre. Malm comete un auténtico despropósito pretendiendo movilizar con la promesa de tiempos duros y decisiones complicadas, del mismo modo que el ecologismo decrecentista suele cometer el error de invocar una Icaria feliz de tintes medievales como algo deseable. La estrategia comunicativa que tiene que acompañarnos no está clara y definida y parece claro que quién dé con ella tendrá un activo político de primer orden. En general en el movimiento ecologista existe una amplia discusión por las narrativas y los imaginarios que se discuten, conscientes de que el cambio ecosocial pasa necesariamente por tener el empuje popular que nace del deseo de mundos mejores.

Febrero de 2021

G. Juncales

Militante del Grupo Anarquista Cencellada

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Entrevista al CoLaboratorio Bikestein. Taller autogestionado de bicicletas de la Escuela Popular de Prosperidad.

¿Qué es Bikestein? ¿Cómo surge y dónde os reunís?

Como su nombre indica, Bikestein es un espacio colaborativo y de resurrección de bicis viejas, maltratadas u olvidadas. Surge hace ya seis años en la Escuela Popular de la Prospe, de mano de un grupito de ciclópatas que apenas sabíamos nada de mecánica y queríamos aprender y enseñar, y fomentar el uso de la bicicleta. La escuela es un espacio vecinal autogestionado, asambleario y pedagógico, de ahí la orientación del grupo: no reparamos ni montamos bicis ajenas, enseñamos al visitante a hacerlo, y lo hacemos colectivamente. Para ello, contamos con material de segunda mano que la gente nos va donando y reciclamos, tenemos también bastantes herramientas que hemos ido atesorando y gente del grupo con más o menos nivel mecánico para echar una mano. Nos juntamos un “núcleo terco” de 6 o 7 personas todos los jueves de 19h a 21h, en la calle Luis Cabrera, 19 (estaciones de metro: Prosperidad y Av. de América), abriendo el taller a gentes del barrio y de fuera que vengan con problemas en su bici.

Aparte, una vez al mes damos un taller específico (la mayoría técnicos: aprender a parchear, a ajustar frenos y cambios, a centrar la rueda, etc.; pero también hacemos talleres de uso, como por ejemplo, normativa y consejos de bicirculación urbana, taller de ciclorrutismo, para montarte las vacaciones con alforjas). E intentamos organizar muchas más cosas: excursiones urbanas o campestres, algunas de ellas temáticas (el Madrid de la Guerra Civil, la Operación Madrid Norte, etc.); vídeoforos de pelis sobre bicis o ciclismo; charlas y debates en torno a la movilidad urbana; carreras de lentos... También contamos con un “banco de bicis”, es decir: tenemos decenas de bicis viejas que nos han ido donando y que requieren más o menos trabajo para resucitar, que ofrecemos a disposición de cualquiera que no tenga bici y quiera montarse y poner a punto una con nuestra ayuda.

Nuestros principales objetivos son promover el uso de la bici, mejorar la autonomía del ciclista, reflexionar y actuar de forma crítica en torno a temas como la movilidad urbana, el medioambiente, el reciclaje, etc.

¿Por qué dar vida a las bicicletas desde la autonomía y la autogestión colectiva?

La bici es un vehículo relativamente sencillo, en términos mecánicos y técnicos. Cualquiera con un poco de paciencia e interés, y la ayuda de alguien que sepa,  puede aprender en poco tiempo lo más básico para tener bastante autonomía. Es además un vehículo muy económico, sobre todo si nos dedicamos a reciclar piezas viejas o en desuso. No contamina y nos ofrece salud y placer a raudales. Y en la gran ciudad, la bici puede convertirse en un “tema generador” de reflexión y crítica, pues toca ámbitos tan cruciales como la movilidad y el transporte, la planificación urbanística y el medioambiente. La bici te empodera como ciudadano, y si se trabaja colectivamente, te empodera sinérgicamente (¡toma expresión!).

Esto último es importante: tampoco hay que idealizar a la bici, puedes ser un perfecto mamarracho que no se baja del sillín, se gasta un pastón en embutirse en licra, compite con quien se le ponga a tiro y traslada el estrés y la violencia de la ciudad a los peatones (desgraciadamente, final de “la cadena trófica” de nuestra selva urbana actual), por eso es importante trabajar a nivel colectivo, no individual. De hecho, como vehículo la bici también tiene su reverso tenebroso: tiende a ser bastante individualista (es complicado llevar en tu bici a alguien que mida más de tres palmos), se está generando cierto fetichismo consumista e identitario a su alrededor y, al ser “tan física”, tiende a estimular la faceta más testosterónica de muchos ciclistos.

Por otro lado, también puedes, hoy por hoy, aprender a reparar tu bici sin moverte de casa, a base de videos de youtube y diversos blogs, pero eso no hace mucha comunidad y es más aburrido, ¡somos seres sociales!

Es evidente que no pensamos mayoritariamente la bicicleta como medio de transporte en ciudad, ¿por qué creéis que sucede esto?

Actualmente hemos asumido como natural el hecho de que las modalidades del transporte urbano sean limitadas e ineficientes. En el caso de una ciudad como Madrid, aunque valdría casi cualquier otra del estado español, esto se reduce a la posesión de un vehículo propio, el uso del transporte público o a pie.

A lo que hay que sumar, en nuestra opinión, la identificación de estas distintas formas de transporte con determinadas ideas enraizadas en el capitalismo y que la bicicleta cuestiona. Asociamos la posesión de un vehículo privado, sea el que sea, pero si es caro y grande, mejor, con la libertad y la capacidad económica. Poseer un coche es, hoy en día, un elemento de prestigio. Y las comparaciones con el transporte colectivo son muy interesantes. No ya solo porque, casi de manera inmediata, nos cueste imaginar a políticos o empresarios cogiendo el Metro, Cercanías o el autobús; sino que al ir bajo tierra, no se ve la precariedad. Incluso el ir a pie tiene una serie de implicaciones similares. El capitalismo nos expulsa de nuestros barrios. Nos obliga a alejarnos de nuestras amistades y seres queridos porque nos dificulta, cuando no impide, la vida. Y, sin embargo, vemos al ciclista con desdén. Sin entender que la bici nos libera. Y todo esto se palpa en cómo se han desarrollado las ciudades. En cómo gestionamos un espacio urbano limitado que hemos cedido, casi por completo, al vehículo privado.

Además, en el caso de Madrid creo que cuesta ver la bicicleta como medio de transporte habitual por la cantidad de tráfico, las numerosas cuestas que tenemos y por la falta de carriles-bici segregados. Sin embargo, desde que existen experiencias (con todas las críticas que deben hacerse a cómo se realizan las mismas) como BiciMad, y se han empezado a hacer algunos carriles-bici, parece que ha pasado a ser una presencia mucho más habitual y normalizada en las calles. Sin embargo, sigue habiendo mucho trabajo por delante, también de educación vial, tanto de los coches para que respeten a las bicicletas como vehículos de pleno derecho, como de los ciclistas, que en no pocas ocasiones ignoran las reglas más básicas del código de circulación, enfadando a conductores y peatones.

¿Qué ventajas ecológicas tiene el uso de la bicicleta frente a otros vehículos?

Es bastante evidente: innumerables. Posiblemente solo sea más ecológico calzarse un par de zapatillas y echarse a andar. Ni contamina ni consume energía (aparte de la propia, que gracias a la bici tiende a trasladarse de los michelines a otras zonas más aerodinámicas); la mayoría de sus componentes son sencillos, duraderos, económicos y fácilmente reparables. Y gracias a iniciativas como los talleres sociales de bici, es fácil aprovechar material usado, un buen arsenal de herramientas colectivas y resucitar bicis desahuciadas.

¿Consideráis que la ciudad está adaptada al transporte en bici? ¿Y las zonas rurales o de montaña actualmente? 

La ciudad moderna está diseñada para el coche, y encima es que es algo que nos parece “natural”, es así desde siempre y en todas partes; pero cuando te decides a moverte en bici, lo notas enseguida. La misma señalización viaria lo es; por ejemplo: aparte de las innumerables vías de un solo sentido, que pueden limitar y complicar mucho tus recorridos, los semáforos están secuenciados y temporalizados para el ritmo de los coches, así que como ciclista, o te saltas algunos (con el peligro que esto supone) o te eternizas y te agotas. Y lo peor es que todo el discurso ‘guay probici pseudoecologista’ de la mayoría de los ayuntamientos actuales se queda mayormente en eso, un discurso, y siguen desarrollando la ciudad para los coches, incluso cada vez más. No hay más que ver los nuevos desarrollos urbanos madrileños (Ensanche de Vallecas, Sanchinarro, las Tablas, etc.), con avenidas inmensas con doscientos carriles por sentido, y donde lo más que han hecho (cuando lo han hecho) es meter algún carril bici invadiendo las aceras peatonales y serpenteando entre mil cruces y semáforos, pensados más para el paseillo que realmente para desplazarse.

La cosa es sumar kilómetros de carriles-bici, traducibles en votos y prestigio modernete. El caso es que parece que las bicis estamos aquí “de prestados”, como “pidiendo permiso” por circular, como si la ciudad no fuera también nuestra. Esto es algo incluso interiorizado por muchos ciclistas, que se pegan a la derecha en los carriles “para no molestar” y dejar pasar a los coches (lo cual es mucho más peligroso que circular por en medio del carril y obligar a que te adelanten cuando puedan, en vez de rebasarte), o que invaden las aceras generando conflictos con los peatones, etc. Por eso creemos que es prioritario empoderarnos y tomar el asfalto, ser siempre bien visibles, circular en medio de la vía y tener claro que aquellos conductores que se molestan porque los frenamos en sus prisas, tienen que ir acostumbrándose a ralentizar, compartir vía y no coger tanto el coche para todo. Como ciclista, no solo tienes tanto derecho como un conductor a usar las vías de forma segura y a tu ritmo, sino incluso más, pues tú por lo menos no estás contaminando, pero sí tragándote a pleno pulmón sus malos humos. Si te paras un minuto a fijarte en los coches que pasan por una calle, más de la mitad solo llevan a una persona, el conductor, y otra cuarta parte a dos personas… ¿hay algo más absurdo que movilizar constantemente un vehículo que pesa toneladas, consume hectólitros de combustible no renovable y contaminante, para desplazar a una persona de entre 50 y 80 kilos durante unos pocos kilómetros? (Mal)Vivimos instalados en el sinsentido.

¿De qué maneras y con qué acciones podríamos readaptar los espacios urbanos a un transporte a escala humana como es la bicicleta?

Creo que habría que hacer una buena red de carriles coches, y el resto que pasara a ser reino (o, mejor dicho: república) de los peatones, bicis, patines, patinetes, etc. No bromeamos: sería necesario, claro, mantener una mínima infraestructura para vehículos motorizados (principalmente colectivos, pero también de transporte de mercancías), pero el modelo imperante tendría que ser el no motorizado, al revés de lo que ocurre actualmente. Y en todo caso reforzar el transporte colectivo eléctrico (metro y trenes de cercanías), que no solo no interfiere con las bicis sino que puede y debería ser perfectamente combinable con las mismas. A esto se le podría sumar un buen sistema de coches eléctricos públicos compartidos, de usar y dejar. Bueno, si queremos sobrevivir unos siglos más, claro. Las ciudades son ya desde hace tiempo y de forma creciente inhabitables, irrespirables, antihumanas. Otra medida imprescindible, a más largo plazo tal vez, tendría que ser reducir el tamaño de las ciudades, lo que no solo las haría mucho más accesibles y amables para moverse en bici y otros medios sostenibles, sino que solucionaría otro gran problema actual, que es la despoblación rural.

Ciudades de millones de habitantes son sencillamente ingestionables a escala humana, son inherentemente agresivas, deshumanizadoras y liberticidas. En cuanto a los espacios urbanos, habría que dedicar la mayor parte de los mismos al peatón, y “ruralizarlos” en forma de zonas verdes; que andar y ciclar se nos haga siempre mucho más atractivo y práctico que arrancar el motor. También sería muy provechoso poder repensar la distribución de los espacios urbanos para facilitar los desplazamientos menos contaminantes. No es sólo reorganizar el tráfico, pasa también por acercar los servicios básicos a los barrios o facilitar el comercio de proximidad.

Hay quienes afirmamos que aquellas personas que nos movemos en bicicleta somos una pequeña piedra en el zapato del sistema capitalista, ¿pensáis esto mismo?, y ¿por qué?

El coche es uno de los pilares de la industrialización y del capitalismo, desde Ford hasta hoy. No solo mueve un enorme capital, su fabricación es considerada una industria nacional que se protege y subvenciona, condiciona la existencia y planificación de las grandes megalópolis, constituye una de las mayores fuentes de consumismo y simbólicamente concentra lo más lindo del modelo patriarcal, consumista y fetichista (no hay más que ver un poco los anuncios). Competitividad, individualismo, velocidad, mucha testosterona y narcisismo. Todo lo que cuestione este modelo, industria y way of life, pues fastidia, y la bici como medio de transporte puede hacerlo directamente. Por sí sola tal vez no vaya a ser la tumba del capitalismo, pero si podemos echar una paletada sobre el ataúd, pues eso que ganamos. Pero ojo, insistimos, la bici como medio de transporte, como opción política (también en el sentido literal del término, opción en la polis) y dentro de una comunidad y de un imaginario colectivo y social, no como objeto de consumo para machos alfa. La bici no es más que un instrumento, que lo usemos bien depende de todo el mundo.

¿Qué consejos podéis ofrecer a alguien que no sepa nada de mecánica ni mantenimiento de una bicicleta y esté dudando si hacerse con una?

Pues que no lo dude, por todo lo comentado anteriormente. Y para aprender, que se acerque al taller social más cercano, o que intente montar uno en su espacio de referencia. Y, por descontado, que calcule lo que gasta anualmente en el coche o el transporte público y lo que podría gastar yendo en bicicleta.

Enlaces del mes: Junio 2015

La entrada de este mes llega con un poco de retraso por problemas personales, pero llega. Aquí va lo que más nos ha interesado este pasado mes de Junio:

Surge en Aragón una nueva iniciativa del anarquismo social y organizado: Aunar. Un intento de reforzar la organización de los movimientos sociales, localizando su aportación en diferentes frentes populares. Más desde la intervención social que desde la reflexión teórica. Con una visión estratégica y de transformación profunda a largo plazo. Lo explican mejor ellos mismos en su declaración de intenciones.

Las luchas radicales de los géneros y las sexualidades diversas vuelven a tener un espacio crítico en las celebraciones institucionales del orgullo. La asamblea transmaricabollo de Sol nos ofrece este comunicado donde la lucha en defensa de las identidades GSD no se separa de la crítica al resto del sistema capitalista y al autoritarismo como fundamento de la sociedad.

El nuevo alcalde de Cádiz colgaba en su despacho el retrato del anarquista gaditano Fermín Salvochea. Salvochea fue también alcalde de Cádiz y presidente del cantón durante la I República Española. Pero ¿Quién fue y qué hizo Fermín Salvochea para ser recordado? Nos lo cuentan Los de abajo a la izquierda.

El modelo de concebir el territorio, la sociedad y la nación que nos ofrece el Kurdistán va más allá del paradigma estatal. Un repaso a la propuesta teórica del confederalismo democrático y la brecha abierta para su puesta en práctica. "El confederalismo democrático rechaza cualquier forma de organización territorial dentro del paradigma estatal[...]. Para ello, la organización de la sociedad se da de “abajo a arriba”. Su génesis primaria, diferente al “constituyente primario” común en los sistemas políticos de los países estatales occidentales, es el denominado “ciudadano libre”, que no necesariamente son excluyentemente kurdos. A partir de él, se determinan las asambleas o consejos de Barrio, que reúnen a los ciudadanos libres que comparten su cotidianidad en el territorio concreto que habitan. Desde ahí se constituyen las asambleas por aldeas, barrios urbanos, distritos, ciudades y regiones, donde las decisiones son tomadas por personas delegadas, rotativas y revocables. La máxima instancia de decisión es el Congreso de la Sociedad Democrática, donde el 60% de sus integrantes son delegados de las asambleas de base mientras el restante 40% lo conforman delegados de organizaciones de la sociedad civil, sindicatos y partidos políticos, de los cuales el 6% aproximadamente está reservado para delegaciones de minorías étnicas, religiosas, académicos o personas con algún punto de vista particular (como teóricos provenientes del exterior)."

Ignasi, del Proces Embat, nos habla sobre la necesidad de realizar análisis adecuados para intervenir sobre la realidad social con capacidad de influencia. Fundamental para establecer estrategias revolucionarias.

La convocatoria de referendum en Grecia dejaba interesantes reflexiones en el blog de Borroka Garaia Da al respecto de cómo se está librando en este país la lucha contra las instituciones internacionales que lo coaccionan mediante el crédito. "El programa de Syriza quedó neutralizado por la fuerza ciega del capital y la UE y su capacidad de extorsión. Imposibilitándole recuperar derechos y forzándole a seguir los cauces dictados por el poder dominante. Todo ello por no tener una vía rupturista con esos poderes. Syriza se enquistó como el vivo ejemplo de las limitaciones del neo-reformismo y del callejón sin salida al que está abocado de no producirse un golpe de timón mientras era aplaudido por la socialdemocracia y por las izquierdas multicolores que aprovechaban la coyuntura en sus contextos para promocionar la marginación de la izquierda radical y de procesos de ruptura y enfrentamiento. [...] La verdadera “guerra” que se está llevando a cabo hoy en Grecia es entre reformismo y ruptura, y el “campo de batalla” está siendo tanto el interior de Syriza como en la calle."

La vulneración de derechos en los CIE (Centros de Internamiento de Extranjeros) es constante. Aprovechamos que el 15 de junio el día contra estos lugares de represión y encierro para recordar su oscura situación legal y su injustificable realidad, que los medios de comunicación tratan de ocultar.

Si queréis añadir más enlaces, como siempre, tenéis abiertos los comentarios.

Enlaces del mes: Mayo 2015

La Audiencia Nacional bloquea las cuentas solidarias con los detenidos en la Operación Pandora. La noticia llega al mismo tiempo que la libertad sin fianza de tres detenidos en la Operación Piñata (manteniendo a dos más aún en prisión preventiva).

Continúa la huelga de las subcontratas de Movistar y se multiplican las acciones solidarias. Reproducimos la noticia en alasbarricadas.org: La huelga que comenzó en Madrid el 28 de marzo y que el 7 de abril se hizo extensiva a todo el estado comienza a mostrar signos de evolución hacia posturas cada vez más contundentes. Son constantes las averías sin reparar, el colapso en las incidencias técnicas y se ha llegado a una parada total de las nuevas altas. En este caso hay entre 150.000 y 200.000 migraciones de líneas paralizadas y han perdido más de un contrato con las grandes empresas. En este sentido tiene lugar la ocupación de la sede de la Telefónica en pleno centro de Barcelona, desde el sábado pasado, la jornada de reflexión electoral. #ResistenciaMovistar

Ha muerto el poeta anarquista Jesús Lizano. Aprovechamos para recordar una de sus obras: Las personas curvas. Y otra sobre el comunismo poético.

La Oficina de Vivienda de Madrid realizó varias acciones y actividades a raíz de la semana de okupación. Destacamos la entrevista 30 años de Okupación.

¿Es la civilización industrial algo sostenible? No. Esa es la conclusión a la que llega Luis Gonzalez tras el análisis de un amplio compendio de datos ecológicos, energéticos y sociales.

También vivimos este mes unas elecciones municipales y autonómicas, cuyo resultado ha sido interpretado positivamente por las personas inmersas en proyectos electorales cercanos a los movimientos sociales. Esa visión optimista se ha materializado, sobre todo, en las figuras de Manuela Carmena y Ada Colau, probables alcaldesas de Madrid y Barcelona respectivamente en el futuro cercano. De las diferentes lecturas y análisis a raíz de este resultado nos quedamos con la que hace José Luis Carretero en Diagonal. La única manera de conjurar el escenario que hemos dibujado pasa por tener bien presente que el cambio real, el que determinará la profundidad de la experiencia de construcción democrática, no está en las instituciones, sino en otra parte.

Para los aficionados al fútbol, recogemos la sonora pitada que recibió el himno de España en la final de la Copa del Rey. Un gesto que apoyamos como muestra de libertad de expresión contra un país rancio, heredero directo del fascismo, por mucho que el PP se plantee ilegalizarlo.

En Noticias y Anarquía recuperan un texto clásico de Malatesta sobre el antifeminismo en el movimiento obrero. La lucha de los obreros telegráficos genoveses por expulsar a las mujeres de sus puestos de trabajo se encuentra con la oposición decidida del anarquista italiano: la lucha económica si no está inspirada por un alto ideal de solidaridad humana y queda confinada a los límites de los intereses actuales e inmediatos de los trabajadores, no sólo no puede conducir a la emancipación definitiva, sino que tiende por el contrario, a crear antagonismos y luchas entre trabajadores y trabajadores a entero beneficio de la conservación del orden burgués.

Sobre el principio de radicalidad y cómo éste puede nutrir a las izquierdas para que no se vean engullidas por la normalidad podemos leer en Borroka Garaia. El artículo comenta cómo el pueblo puede (y debe) empujar a las iniciativas reformistas y electorales hacia la radicalidad.

¿Cuál es la etnia de Jesús de Nazaret? Pues depende. Sobre el racismo en las representaciones religiosas nos comentan en Órbita Diversa.

Enlaces del mes: Abril 2015

Entrevista a David Fernández, diputado por las Candidaturas de Unidad Popular (CUP), comunista libertario e independentista catalán. Despertó la polémica con su ataque sobre Rato, acusándole de gangster.

Este mes encontramos en Portal Oaca una propuesta municipalista libertaria para una organización federal del territorio, de cara a organizar las luchas sociales por barrios y pueblos.

Este artículo en alasbarricadas.org nos habla sobre la posibilidad de imaginar una economía sin crecimiento económico, una sociedad sin desarrollo técnico. Transitar hacia una visión que priorice la vida digna en su más amplia expresión y que permita la viabilidad de sociedades estructuralmente democráticas.

Sobre el levantamiento de Baltimore nos hablan en Borroka Garaia Da!."Las autoridades y los medios de comunicación se lamentan por la “violencia”. Se indignan por la rotura de ventanas, pero no por el cuello roto de Freddie Gray. Ambas instancias se enojan por la destrucción de propiedad, pero no por la destrucción de niños negros y morenos. ¿Violencia? ¿Qué me dicen de la violencia incesante que inflige la policía a las masas de población negra y latina en todo Estados Unidos? ¿Qué opinan de la violencia –de récord mundial– que impregna una sociedad en la que un joven negro de cada tres tiene la probabilidad de cumplir condena de prisión antes morir? ¿Qué decir de la violencia que tiene a casi un millón de hombres y un número creciente de mujeres negros languideciendo en las cárceles? ¿Y qué hay de la violencia con la que se comporta la policía en los guetos y barrios, como un ejército de ocupación, al igual que los ejércitos de ocupación de EE.UU. se comportan como una policía en todo el mundo?"

Sobre autodefensa feminista nos hablan en Proyecto Kahlo (el artículo es antiguo, aunque se ha movido este mes de nuevo por redes sociales). "Lo primero que aprendí [...] de la autodefensa feminista es que muchos de nuestros miedos ante una agresión se derivan de una relación de extrañamiento con respecto a nuestro cuerpo. De pequeñas no fomentan que practiquemos deporte, que exploremos los límites de nuestras capacidades corporales, que enredemos nuestros cuerpos con el de otras personas. Toda una vida de alienación de las capacidades de nuestros propios cuerpos provoca que nos creamos que podemos hacer cosas: no nos creemos que podemos darle al balón, ni que podemos golpear, ni que podemos utilizar nuestro peso para desestabilizar a alguien, por poner algunos ejemplos. Uno de los principales objetivos de la autodefensa feminista es mostrarnos que sí podemos, y reconciliarnos así con nuestras capacidades inexploradas."

"Especie de preplanificación presuntamente anarquista", una de esas acusaciones con las que los medios pretenden atacar al anarquismo para justificar operaciones como Pandora o Piñata. Acusaciones delirantes que serían graciosas si sus consecuencias no fuesen tan terribles.

Artículo sobre la catástrofe ecológica en las costas canarias, fruto tanto del capitalismo como de una pésima gestión política.

Toma de tierras por los trabajadores argentinos. Terrenos dejados, llenos de rastrojos y basura, que por medio de la autoorganización popular se convierten en espacios productivos para los trabajadores. Un ejemplo de acción directa.

[Recomendación] El tiro por la culata. Sobre Podemos y la crisis civilizatoria

El tiro por la culata: nueve tesis sobre el fenómeno PODEMOS y la crisis civilizatoria

Me ha impactado tanto (positivamente) la lectura de este texto en el blog de Emilio Santiago Muiño que considero necesario recomendarlo aquí con una entrada dedicada.

El texto utiliza a Podemos para recorrer algunas de las críticas y aportaciones más necesarias a la reflexión política actual, sobre todo a aquella que quiere contribuir desde la óptica anarquista (en un sentido amplio) a los movimientos sociales que están hoy respondiendo a los ataques del capitalismo. La lectura del momento social del texto tiene su punto de partida en una visión libertaria constructiva (escéptica con lo institucional, pero no ideológicamente enfrentada a sus partidarios), estratégica (capaz de ver el potencial y las miserias del experimento Podemos), que renuncia a la ortodoxia anarquista pero que es al mismo tiempo, o quizá por ello, una visión crítica y transformadora.

Es de destacar el análisis crítico de la deriva de Podemos, que es una crítica a la propia dinámica electoral. Resumiendo podríamos decir que cualquier partido político con vocación de gobernar en el momento actual debe incorporar elementos interclasistas y, por tanto, alejarse de la difusión de ideas transformadoras para acercarse al centro político, donde se juegan las mayorías. En palabras de Emilio, "el caballo del Estado tiene reglas que hay que cumplir si quieres montarte sobre él". Es clarificadora de esta presión ineludible esa imagen que utiliza el texto de Jorge Riechmann espantando electores en un mitin o tertulia política debido a su compromiso ecológico sin concesiones.

Partiendo de ese análisis creo necesario remarcar que, como los libertarios siempre hemos defendido, el verdadero desafío estaría entonces en desplazar el centro político a la izquierda. O, en otros términos, disputar la hegemonía cultural. Esto implica difundir los valores revolucionarios mediante la pedagogía y la propaganda al mismo tiempo que se defienden (y, llegado el caso, se toman) las instituciones económicas y sociales. En eso, tiene mucho más que decir la participación diaria en los conflictos sociales con una perspectiva de empoderamiento popular que el triunfo institucional. Acepto la idea del texto de que los gobiernos de izquierdas también han posibilitado el desarrollo de luchas radicales que realizaban enmiendas a la totalidad del sistema. Lo determinante es, por tanto, reconocer que si la mayoría social vuelca sus ilusiones en lo institucional se debe a que los libertarios llevamos años desertando de disputar los espacios en conflicto. Los que apostamos por el cambio consciente de las mayorías sociales tenemos la llave de la debilidad de Podemos. Se trata de reconstruir el "sentido común" desde unos valores radicalmente distintos a los de la "democracia" liberal; un cambio tal como el logrado, por poner un simple ejemplo, por el feminismo en lo referente a la aceptación social del aborto.

En palabras de Emilio: "Me parece mucho más preocupante la carencia de fuerzas no institucionalizadas que puedan radicalizar un hipotético gobierno de PODEMOS, y sobre todo  ayudar a solventar, desde la base,  problemas sociales capilares a los que un Estado en contracción fiscal y energética nunca podrá llegar. Especialmente cuando esté se vea atrapado en una pinza formada por sus incumplimientos electorales, la pauperización creciente y el auge de un rupturismo de extrema derecha."

Hay un punto especialmente controvertido, convenientemente argumentado, que daría para el debate. Según el texto el agotamiento del ciclo de luchas no institucional es resultado no sólo de la irrupción de las propuestas electorales en donde algunos militantes han depositado sus esperanzas (Podemos, Ganemos...); si no también y fundamentalmente de los propios límites de las propuestas asamblearias barriales (como las que impulsó el 15M). Aún más, de los propios límites de la autogestión.

Comparto la afirmación de Wilde de que el socialismo requiere muchas tardes libres, incluso podría aceptar que cierto grado de profesionalización sea un mal necesario para que el anticapitalismo deje de ser una opción marginal. Con todo, creo que se descarta con demasiada facilidad el ejemplo de Lavapiés. Quizá sea este barrio "un gueto cultural anticapitalista con una población de perfil militante absolutamente desproporcionada en comparación al resto de Madrid y del país", pero en esa asamblea hay personas que trabajan, que disfrutan y viven... y que sacan buena parte del trabajo político del barrio adelante. Sin pretender con esto enterrar definitivamente las críticas a la propuesta de autoorganización barrial que puso sobre la mesa el 15M (sobre las que resulta necesario reflexionar para construir un modelo de lucha y participación política democrático y anarquista), sí pretendo indicar que estamos bien lejos aún de poder determinar los límites de la autogestión en los barrios.

Para finalizar, merece especial relevancia la crítica realizada a Podemos desde una perspectiva ecológica muy lúcida. Comparto cierta preocupación curiosa sobre si un gobierno de Podemos sabría marcar la linea entre la táctica electoral, que requiere simplicidad en los discursos, y la urgente necesidad de un cambio radical en la política ecológica. Un cambio que es, además, incompatible a todas luces con el mantenimiento de los procesos de acumulación capitalista. Aquí el problema vuelve a entroncar con el que repetidamente señala el texto: La necesidad de fuerzas sociales autónomas que impulsen el cambio social. Unas fuerzas que se encuentran disgregadas, que son las únicas capaces de impedir que la estrategia electoral se vuelva contraproducente para las aspiraciones anticapitalistas y que evitarán un reflujo hacia tendencias políticas reaccionarias. Un poder popular fuerte que está aún por crear.

El texto al que hace referencia esta entrada: https://enfantsperdidos.wordpress.com/2015/04/12/el-tiro-por-la-culata-nueve-tesis-sobre-el-fenomeno-podemos-y-la-crisis-civilizatoria/

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