Distopías en línea III: Violación sistemática

En la última entrada de esta serie, nombrábamos de pasada el auge del autoritarismo en las sociedades capitalistas durante los últimos años de crisis económica y social. Mucho se ha escrito sobre cómo los nuevos liderazgos reaccionarios crecen sobre el descontento de grandes sectores de población que se sienten amenazados por avances sociales promovidos por el feminismo, el activismo homosexual y transgenero, o los movimientos contra la discriminación racial, entre otros.

El cuento de la criada (The Handmaid's Tale), serie de HBO basada en una novela de Margaret Atwood, nos da la oportunidad de reflexionar sobre el posible advenimiento de una sociedad profundamente autoritaria y patriarcal. Son muchas las reseñas que han trazado relaciones entre la teocracia que muestra la serie, Gilead, y la crecientemente autoritaria y machista sociedad norteamericana, comandada por el reaccionario Donald Trump. El hashtag #Gilead se ha asociado en twitter a la imagen de la comisión de la Casa Blanca que debatía sobre medidas relacionadas con la maternidad, formada completamente por hombres. Tampoco hay duda del profundo antifeminismo de la Alt-Right, la extrema derecha norteamericana que ayudó a aupar a Trump al poder. Dos ejemplos del machismo que manda y del que viene, que tiene su reflejo en los movimientos conservadores en auge en toda Europa.

En el contexto de España, el estreno de la serie irrumpe también en una época de debate político sobre la posibilidad de legislar el alquiler de vientres para la gestación subrogada. Muchas feministas, ante la retórica neoliberal y posmoderna en la que se envuelve el debate, y que esconde una mercantilización salvaje de la maternidad, están poniendo sobre la mesa el eje de clase que atraviesa esta cuestión en canal. La urgencia por legislar el alquiler de úteros surge, sobre todo, por el deseo de las clases altas de reproducirse genéticamente a costa de los vientres de las trabajadoras. La cuestión está impulsada además por la obtención de beneficios, componente encarnado en las agencias intermediarias y que no puede faltar nunca en las relaciones mercantiles que promueve el capitalismo. Algo que explica que, en cambio, no esté sobre la mesa la agilización del proceso de adopción.

Pero, volviendo a la serie, no se trata en Gilead de reproducción in vitro, si no de la reproducción forzada mediante una violación legalizada y sistemática que permita la supervivencia genética de la especie (o, más bien, de unos pocos). Para los comandantes de Gilead, la legalización de la violación es buena en tanto que es útil. Además, esta práctica pasa a ser aceptada internacionalmente desde el momento en que naciones extranjeras se deciden a comerciar con las criadas como medios de reproducción, ignorando cualquier tipo de juicio ético. No es casualidad tampoco que la diplomática mexicana representada sea una mujer, que además se entrevista en persona con las criadas. Esa elección refuerza la falta de empatía del momento y, por tanto, la derrota de los vínculos emocionales más innatos en favor de la solución técnica necesaria para la nación. Esto no es más que una versión, quizá más cruda, de lo que ocurre hoy cuando el empresariado encuentra beneficios en la precarización de empleos; la desvalorización del trabajo femenino; el uso y abuso de mano de obra infantil; la destrucción ambiental fruto de la sobreexplotación, el expolio de recursos, la contaminación y la proliferación de deshechos...

Y es que no se ha escrito tanto sobre cómo una sociedad embarazada de la razón técnica, que da respuestas unívocas a problemas sociales, y que camina directamente hacia el abismo ecológico por la senda de la fe inquebrantable en el progreso, gesta en su seno la semilla del autoritarismo antidemocrático. Porque hay también en este cuento de la criada un tema medular, que anida en lo profundo de la serie a pesar de que apenas se describe timidamente. Un tema al que, pese a todo, se hace referencia de manera constante.

Sabemos que, de manera previa a la fundación de Gilead, la infertilidad despertó los miedos de una amplia masa social. Esa condición material permitió el crecimiento de la secta religiosa que propugnaba una sociedad opresiva basada en el control social y la violación sistemática. Pero ¿Qué causó la infertilidad? ¿Por qué una amplia mayoría de mujeres son incapaces de gestar? El gran tema que se esboza es algún tipo de colapso ecológico, relacionado bien con el cambio climático o bien con la crisis de recursos. Un colapso inevitable para nuestro mundo real y del que ya sentimos los primeros efectos.

Lo más terrible de este cuento de la criada es que, de acuerdo a la interpretación técnica, la violación sistemática y la violencia sistémica del gobierno dictatorial no es más que una solución de manual para la mayoría de la sociedad. Sí, es una propuesta política de la secta victoriosa, pero se presenta con la envoltura de la inevitabilidad, de la única salida posible, y es quizás por eso tan capaz de volverse hegemónica. Como escribía la Encyclopédie des Nuisances, “un hombre aquejado de gangrena no está dispuesto a discutir las causas de su mal, ni a oponerse al autoritarismo de la amputación”. Es por eso tan importante oponer al desastre del colapso una propuesta radicalmente democrática, que discuta las razones técnicas y ponga la vida y la justicia social en el centro, que apueste por una tecnología y una organización social a escala humana, y que dibuje futuros que sean al mismo tiempo atractivos, realistas y sostenibles.

Porque sorprende que, finalmente, en contraposición al clima opresivo de Gilead y una vez superado el doloroso trance de escapar, la alternativa que muestra la serie sea una Canadá plenamente reconocible en cualquier sociedad capitalista liberal actual, incluyendo el paquete tecnológico necesario para la existencia y el uso de smartphones. No parece esta una sociedad post-colapso realista, y es triste la incapacidad de imaginar una sociedad próspera, sostenible y desligada de la hipertrofia tecnológica y urbana. Ese es el resultado, una vez más, de esa peligrosa fe inquebrantable en el progreso y sus ilusiones renovables.

Sin autoempleo cooperativo no hay futuro posible

Reflexiones sobre el autoempleo cooperativo, la estrategia política ecosocial y la imposibilidad de transformar el sistema desde las instituciones.

A modo de síntesis y siendo conscientes de la sociedad en la que vivimos, decir que desde mi punto de vista, existen dos problemas fundamentales:

1) ver en la política profesionalizada, y por lo tanto en los partidos políticos, la única vía posible para transformar la sociedad, NO siendo conscientes de todas las situaciones negativas y de contra-cambio que se desarrollan en dichas estructuras de poder.Son dos fundamentalmente las problemáticas que rodean a este lobby:

1a) en primer lugar podríamos hablar del problema que significa que “tus lentejas” dependan de la política profesionalizada.

1b) en segundo lugar y en relación con lo primero, dicha situación de dependencia provoca que el programa de cambio en materia económica que “pretendes aplicar en el papel”, se vea frustrado en la práctica por las presiones a las que te somete el régimen con todas sus herramientas, tanto legales como mediáticas.

Llegados a este punto, es cuando el cargo público se encuentra ante dos opciones, o bien dimitir por sus convicciones de cambio y transformación económica, o por el contrario, adaptarse y dejar que el sistema le asimile como parte de su estructura y engranaje, ya que no olvidemos y como decía al principio, ”sus lentejas”, ahora dependen de la política profesionalizada (obviamente hablo de aquell@s que dicen presentarse con el anhelo de superar el sistema capitalista).

2) la ausencia de autoempleo y redes de consumo y producción, al igual, que la dificultad de acceder a servicios básicos autogestionados en materia de educación o sanidad en los diferentes pueblos, ciudades y comarcas.

Dicha situación, nos deja a merced de su sistema en todas las esferas o escalas sociales, tanto en la socio-política como en la socio-económica. Por otro lado y a modo de reflexión, es preocupante aunque comprensible, debido a la ausencia de redes alternativas a la institución estatal, que muchos de los proyectos de economía social se encuentren bajo el paraguas de las subvenciones y proyectos que ofrecen los “supuestos ayuntamientos del cambio”.

Lo relatado en el párrafo anterior  provoca que estos ayuntamientos con una mano sigan alimentando a el sistema consumista- ya que no pueden acabar con el capitalismo en su ciudad desde las instituciones, como mucho anhelar o intentar aplicar un sistema mixto de corte keynesiano- y con la otra mano, dando dinero a la economía social como fuente de experimentación, nunca, como motor primario de la producción de bienes y servicios; dicha apuesta conllevaría caminar hacia el decrecimiento, y de esto, no están por la labor ni Podemos, ni la ya casi extinta Izquierda Unida.

Con este panorama solo nos queda organizarnos y organizarnos, el sindicalismo combativo y de clase debe y tiene que entender que no sirve sólo con defender a las clases populares en los centros de trabajo- centros de trabajo que se rigen por las reglas de consumo y producción del sistema capital-productivista-, por tal motivo, es imperativo y urgente crear una red de trabajo cooperativo, red de redes, que tenga como objetivo principal sacar a las mayorías sociales de las actuales relaciones y condiciones laborales.

Desengrasar y descapitalizar al sistema Estado-Banca desde la independencia económica , esa debe ser nuestra principal pretensión en este siglo XXI. Dicha labor que para nada es sencilla, no se soluciona tomando únicamente los medios de producción , si no que por el contrario, se solucionaría desde mi punto vista, repensando el sistema productivo, rompiendo con el productivismo y construyendo una sociedad ecosocial y libertaria que tenga en cuenta los límites del planeta, al igual, que las desigualdades que se dan en el consumo y aprovechamiento de los recursos naturales entre los pueblos del mundo, llegados a este punto, es más que evidente que el único camino posible lo representa una revolución integral que camine hacia el decrecimiento. Para ello lanzo la siguiente reflexión:

¿Sí repensáramos la estrategia e intentáramos ir por delante del Estado-Banca en la creación de un contra-poder que generará trabajo y saliera de su cadena de consumo y producción, no estaríamos en ese momento en situación de afirmar, que hemos ejecutado un golpe certero a la hidra capitalista que nos somete?

Dicha pregunta es un elemento que necesitamos trabajar en los movimientos sociales aprendiendo de los errores y creando una coyuntura donde la estrategia se enfoque a desenmascarar su violencia, represión y falta de ética, y a la vez, construyendo un escenario en todos los pueblos y comarcas donde las cooperativas, los grupos de consumo y las redes ecosociales tengan la capacidad de gestionar la sociedad desde la horizontalidad y la política desprofesionalizada, si somos capaces de llegar a este punto no debemos tener duda alguna, de que en ese preciso momento , estaremos rompiendo gran parte de la dominación y el control que ejerce sobre nosotros/as el Estado y el capital.

Este texto es un manifiesto y una llamada a la acción, más que una reflexión que anhele morir en el papel o vivir únicamente en la palabra y no en el hecho, por ello, con estas líneas pretendo que comience un proceso de dialogo y de unión de las desunidas, donde aquellas libertarias, ecologistas y feministas insumisas nos replanteemos ,que aunque a día de hoy, seamos todo eso en nuestra vida privada e incluso en nuestras organizaciones, una vez fuera de estos ámbitos, no somos más que carnaza laboral que o trabaja para el capital o para el propio Estado en sus diversas esferas de control (administrativos, técnicas, electricistas etc..)-solo un pequeño porcentaje de la población consigue vivir de un proyecto de autoempleo y autogestión, proyectos, que en la mayoría de los casos se encuentran desprovistos de redes de apoyo mutuo-.

El diagnóstico es claro y severo, sin la creación de autoempleo cooperativo no hay futuro posible, y en esa reflexión deberíamos de trabajar todas las organizaciones y personas que queremos caminar hacia la creación de una sociedad sin Estado ni Banca. La cura para dicha enfermedad diagnosticada es clara, volver a entender el sindicalismo como lo entendía la CNT en los años 30 del pasado siglo, donde dicha organización creo una estructura en diferentes ámbitos de la vida que generaban una alternativa de servicios y empleo al aparato estatal, dicha cura debe ir acompaña de dos elementos fundamentales en el siglo XXI ,en primer lugar, la lucha contra el heteropatriarcado ,y en segundo lugar y como elemento irrenunciable, la defensa del territorio. Por ello, la ecología social y el feminismo son dos ingredientes básicos de esa fórmula que se liga con las ideas libertarias.

“Nuestra propuesta de cambio político, social y económico es claramente pacífica, feminista y eco-autosustentable con los ecosistemas y los seres vivos que en ellos habitan,será por lo tanto el Estado y la banca, quienes tendrán que decidir como luchan contra un nuevo orden social que nosotras hemos decidido proponer desde la no violencia y la estrategia política”

“Las libertarias no estamos en contra de la creación de una organización que promueva, genere y organice el trabajo, consumo o los servicios sociales, si no que por el contrario, estamos en contra de las formas coactivas, verticales y represivas de organización”

Pedro A. Moreno

Enlaces del mes: Febrero 2017

Este mes pudimos leer cómo las críticas de cierta izquierda reafirman a la ultraderecha que se abre paso. Pasó en la elección de Trump como presidente de EEUU y volverá a ocurrir en Francia con Le Pen si algo no lo remedia. La izquierda debe volver a situarse como herramienta de los de abajo, organizando a la clase trabajadora y abandonando un elitismo clasista. Mientras, la ultraderecha se mueve.

En el otro país vecino, Portugal, una coalición de izquierdas gobierna entre el silencio mediático. Ese gobierno ha logrado algunos avances gobernando contra las políticas de austericidio que merece la pena conocer: Recuperación de los sueldos públicos y reducción de la jornada de trabajo, subida del salario mínimo y de las pensiones. Una demostración de que las políticas de austeridad no son ineludibles, sino la opción ideológica impuesta por el poder para robar al pueblo.

Si el ejemplo de Portugal nos demuestra que sí se puede llevar adelante una política progresista, los estibadores nos muestran un camino para quienes la defendemos mediante el poder popular y no mediante las instituciones. No debemos permitir que se siga precarizando el empleo. Necesitamos seguir trabajando para construir una organización sindical fuerte y revolucionaria.

Mientras tanto, en España sigue mandando el IBEX. En esta entrevista Rubén Juste analiza las relaciones del poder político y económico para desvelar cómo este último impone su dictadura de mercado, el régimen posfranquista español.

Las mujeres lideran la lucha popular con un ejemplo de acción directa contra la violencia machista. 25 puntos exigidos mediante una acampada en la plaza de Sol y una huelga de hambre sostenida por ocho mujeres desde el pasado 9 de febrero, que mantendrán hasta que los partidos cumplan sus demandas.

Pero la lucha contra el patriarcado no se limita a denunciar el asesinato y la violencia física, porque el machismo nace en actitudes cotidianas y es necesario combatirlo desde la calle y la plaza hasta la misma alfombra roja y los comportamientos aprendidos. Leticia Dolera, actriz española, nos habla de las contradicciones que vive una feminista en la gala de premios Goya.

Los videojuegos no se libran de un marcado sesgo machista. En el reportaje "Me pido a la chica", las compañeras de Píkara analizan a los personajes femeninos de los videojuegos: "En la mente de la mayoría de los programadores (recordemos, hombres), los “temas serios”, como la guerra (Call of Duty), las mafias (Grand Theft Auto) o las intrigas políticas y de espionaje (Metal Gear Solid), se instalan en terrenos muy masculinizados, mientras que ciertos juegos de corte minoritario parecen venir de fábrica destinados a nosotras. [...]

Con todo [...] la que personalmente me parece la verdadera cumbre como personaje femenino de todo el universo de los videojuegos no es otra que Ellie, coprotagonista del maravilloso The Last of Us. Una espabilada chiquilla de apenas catorce años que demuestra tener más agallas que nadie en el desarrollo de la trama, empoderada, resuelta y, además, lesbiana (o al menos bisexual), como quedó demostrado en la preciosa escena de su beso con Riley en la precuela Left Behind y que desató las críticas de los mismos descerebrados de siempre."

También un ejemplo de solidaridad nos llega desde Grecia, donde el activismo anarquista busca soluciones para la crisis humanitaria. El barrio de Exharchia se organiza para acoger a los refugiados.

Pero la solidaridad debe ser más que un modo de resistencia, debe ser una herramienta para transformar la sociedad por completo. Podemos aprender mucho mirando hacia el Kurdistán sobre esa necesidad de revolución y sobre cómo llevarla adelante. Abdullah Öcalan, lider del PKK, contribuye con un pequeño análisis para pensar en la revolución en nuestro siglo.

La revolución es, si cabe, más urgente a nivel ecológico en una sociedad que ha sobrepasado los límites biofísicos del planeta y que sigue dependiendo del crecimiento tecnológico y económico. Frente al futuro de colapso al que nos condena el capitalismo, Ted Trainer nos propone la vía de la simplicidad, un modelo de sociedad democrática y descentralizada para vivir mejor y respetar el medio ambiente.

Finalmente, un espacio para la memoria histórica en el testimonio de la superviviente de la mayor masacre llevada a cabo por el franquismo durante la Guerra Civil Española: La desbandá, en Málaga: Legionarios del Tercio, los novios de la muerte sedientos de sangre, allanaban las casas y lo edificios en busca de la “canalla roja”. Los Regulares yihadistas –Franco les prometió el paraíso– con sus cuchillos afilados se preparaban a degollar a esos ateos y apóstatas que ofendían a Jesucristo (su amado profeta). “¡Qué vienen los moros!”. La gente gritaba y corrían como almas que lleva el diablo. Las palabras de Queipo de Llano (el pionero del terrorismo mediático) retumbaban en su cerebro: “Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los rojos lo que es ser hombres. De paso, también a las mujeres de los rojos, que ahora por fin han conocido hombres de verdad y no castrados milicianos”

Ante la Cumbre del Clima

Frenar el cambio climático a tiempo es uno de los retos más importantes que tiene la población mundial hoy en día. La concentración de CO2 en la atmosfera supera ya las 400ppm (partes por millón), cuando el límite para controlar el cambio climático fue fijado en 350ppm en su día. Esto nos ha traído ya los primeros efectos que crecen año tras año, la temperatura global a ascendido 0.85ºC desde la era preindustrial y el nivel del mar está aumentando debido a deshielos de glaciares como los del Ártico, región que ya ha perdido tres quartas partes de su extensión en los últimos 30 años. A todos estos efectos se le suman sequías, fenomenos meteorológicos extremos y la acidificación de los oceanos, si seguimos en la misma línea el aumento de la temperatura mundial podría rondar los 5ºC para final de siglo.

Ante estos problemas, del 30 de noviembre al 11 de diciembre, se celebrará en París una cumbre internacional para tomar cartas en el asunto, la COP21 (21st Conference of the Parties). En este encuentro entre naciones, después de no haber conseguido fijar una base clara en la anterior COP20 de Lima del año pasado, se decidirá finalmente las medidas que los distintos estados habrán de asumir, por ello es importante que se muestre una presió ciudadana para que los acuerdos sean lo más profundos posibles y así las medidas sean notables, y que no pase como con acuerdos anteriores como el Protocolo de Kioto que no fue repestado.

Millones de personas están centralizando sus fuerzas en este tema, para ello se ha creado un Manifiesto por la Justici Climática, entre otras cosas se pide que los países se comprometan a reducir drásticamente sus emisiones de efecto invernadero. Que este proceso sea fomentada por los países más desarrollados ya que son los que más recursos tienen para hacerlo y los principales causantes del cambio climático. Aparte también que los países más desarrollados contribuyan al desarrollo sostenible de los menos desarrollados. Por otro lado se ha de garantizar el derecho a un medio ambiente sano y el acceso a recursos de una manera sostenible. Por último, hace falta unos mecanismo para que el acuerdo se cumpla.

Para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero se ha de cambiar el modelo energético. Debemos minimizar hasta eliminar la quema de combustibles fósiles, e invertir en energías renovables y limpias, pero debido a las innumerables pegas puesta por el lobby energético en España tendríamos que conseguir una democratización del sector y eliminar leyes como el llamado “impuesto al sol”, que perjudican al autoconsumo de renovables. Por otro lado se ha de reducir el consumo energético, crear sistemas que regulen el consumo electrico y no consumir más de lo necesitado. En cuanto al transporte, conviene promover el transporte público y facilitar la movilidad en bicicleta, estas medidas también ayudarían a que grandes ciudades como Madrid y Barcelona, que ahora están en riesgo, disminuyan la contaminación atmosférica mejorando así la salud y calidad de vida de sus habitantes. Es importante acabar con los proyectos de prospecciones de hidrocarburos no convencionales que se nos quieren imponer hoy en día, como el fracking, al invertir en estos recurso retrasamos todavía más el cambio de modelo energético a la vez que ponemos en riesgo el medio ambiente y nuestra salud. Además, debemos proteger áreas clave como el Ártico, ya que el hielo polar actua como un espejo reflejando los rayos de sol al espacio, y bosques como los de la Amazonia, Indonesia o África tropical, son el principal filtro de CO2 de la Tierra. Finalmente, también hay quien apunta a la reducción del consumo de carnes, ya que la industria ganadera representa casi una quinta parte de los gases de efecto invernadero. Un objetivo un poco ambicioso pero posible y eficaz sería lograr una emisión 0 de gases de efecto invernadero para 2050 en España.

Desde Embat luchamos por la nacionalización del sector eléctrico y un plan de desecentralización energética. Vemos la necesidad de la existencia de una empresa pública con participación cooperativa encargada de producción limpia, local y autocentrada de energía. También comtemplamos la necesidad de la eficiencia energética y la producción local de la energía.

De vuelta a la COP21, a pesar de las prohibiciones por parte del Gobierno francés, se espera que el 29 de noviembre y 12 de diciembre se reunan millones de personas en dos grandes marchas para visibilizar la preocupación social por el cambio climático y la necesidad de tomar medidas urgentes. También se han convocado manifestaciones por todo el mundo, Barcelona no se queda al margen, y el próximo 29 de noviembre habrá una marcha desde la Plaça de la Catedral a las 11:30.

Anímate y ven a la Marxa Mundial pel Clima.

Eneko activista medioambiental y miembro de Embat

En la espiral de la energía

Vol. 1 Historia de la humanidad desde el papel de la energía (pero no solo)

Vol. 2 Colapso del capitalismo global y civilizatorio

Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes

Edita : Baladre y Libros en Acción

A la hora de abordar una obra tan vasta y ambiciosa, dos volúmenes que abarcan entre los dos unas novecientas páginas, sesenta de ellas sólo en bibliografía, descartamos desde el primer momento hacer algo así como un comentario exhaustivo de todo lo que en ella se trata. Incluso intentando ser muy esquemáticos, dicho comentario desbordaría la extensión de cualquier publicación periódica.

Nos conformaremos más bien con dar nuestra opinión sobre lo que vemos de mayor interés, sin obviar las críticas y objeciones que nos parezcan oportunas.

En cuanto a la forma, extensión y presentación general del libro, comenzaremos con un reproche que se refiere al título, En la espiral de la energía, y el subtítulo del primer volumen, Historia de la humanidad desde el papel de la energía (pero no solo). Dado el contenido de esta primera parte, el subtítulo que acompaña puede dar lugar a confusión. La mayor parte de la obra está compuesta por apartados históricos y descriptivos de gran extensión donde la energía sólo adquiere un protagonismo discreto, llegando en ocasiones a borrarse. Y ese “pero no solo”, que parece un poco añadido in extremis, no hace sino recargar el título general, sin arreglar gran cosa.

Se podría decir que el primer volumen es más bien una historia general de los sistemas de poder. Dentro de la argumentación que se desarrolla a través de los diferentes apartados, la energía no se coloca en el centro sino que hay otros polos como la agricultura, la técnica, la expansión de los mercados, el nacimiento del Estado, el colonialismo, la demografía o el fenómeno urbano, que van formando la trama de una gran narración histórica. Y tampoco podemos decir que la energía sea el hilo delicado con el que se va tejiendo todas estas cuestiones. Estaríamos más bien ante una historia de la humanidad desde el punto de vista de la dominación social, tomando como base la ecología política y, por tanto, todo lo que concierne la cultura material (agricultura, agua, ciudades, deterioro ambiental, cambio tecnológico y, claro, energía). No negamos, claro, que los autores hayan concedido un papel muy importante a la energía, sólo que nos parece que ese papel no es principal, y a su lado desarrollan tantos aspectos, y a veces con tanto detalle, que necesariamente eclipsan el supuesto objeto central.

En el segundo volumen, el subtítulo se correspondería mejor con el contenido. Hay tres grandes apartados. El primero explica los entresijos de la crisis financiera, articulándola en ocasiones con la cuestión de la energía. El segundo apartado aborda de manera explícita la cuestión del agotamiento de los recursos energéticos y sus posibles recambios. Finalmente, el tercer apartado, de más de 150 páginas, constituye más bien un conjunto de ensayos que analizan temas muy variados, ya sugeridos en las partes finales del primero volumen: tecnología, colapso, agricultura, urbanismo, nuevas claves del capitalismo, factores ideológicos, nuevos conflictos, etc.

La segunda objeción que tendríamos que hacer al conjunto de la obra es que su enorme extensión, junto con el carácter de algunos de los apartados, nos hace pensar a veces en una suma de pequeños libros cuya articulación no parece siempre bien conseguida 1. Pensamos que hay muchos desarrollos que se podrían haber condensado. En ocasiones se dan explicaciones detalladas, por ejemplo de la teoría marxista del capital, que en el año 2015 nos parece que sobran. Así mismo los apartados 6 y 9, analizando cuestiones de actualidad tan semejantes, podrían hacer sido sintetizados en una sola sección, con lo que se habría aligerado la obra. En muchas ocasiones, leyendo el libro, se tiene la impresión de que los autores han querido abarcarlo y explicarlo todo y el lector pierde el camino a través de inacabables páginas de apretado texto. Un libro siempre es importante por lo que dice, pero también por lo que omite. Y la voluntad de esta obra parece la de no querer omitir nada, con lo que muchas veces se pierde la aportación verdaderamente personal y tenemos la molesta sensación de encontrarnos delante de un manual o de una obra divulgativa de gran formato.

En fin, todo esto por lo que respecta al aspecto formal. Excúsenos si pecamos de quisquillosos, pero la forma del libro no es en absoluto ajena a los contenidos. Hablemos de estos.

Como ya lo hemos señalado antes, el primer volumen podría ser considerado como un tratado de historia, antropología y ecología política que intenta ofrecer un cuadro de la formación de los sistemas de dominación social. Uno de los aciertos de la obra es justamente la radicalización del lenguaje con respecto a otros textos producidos por militantes o teóricos de la ecología en los últimos tiempo. Es verdad que las aportaciones de Ramón Fernández Durán, sobre todo en los últimos años de su vida, fueron cada vez más al encuentro de la ecología libertaria y de los movimientos anti-desarrollistas. En esta obra estas aportaciones parecen revisadas y matizadas por Luis González. Aparecen, con saludable insistencia, términos como “megamáquina” o “dominación”, lo que hace diez o quince años, dentro de un documento escrito por miembros de Ecologistas en Acción, no habría sido tan usual. En el prólogo podemos leer: “Otra relación determinante es la existente entre energía y dominación. Una cantidad y calidad mayor de la energía disponible ha permitido controlar a más personas y más territorios.” No habría estado de más que los autores lanzaran una mirada crítica retrospectiva sobre la manera en la que el movimiento ecologista fue marginando hasta hace pocos años este tipo de perspectivas que, sin embargo, estaban bien presentes en los años setenta, cuando la ecología, en muchos casos, estaba aún vinculada a una crítica radical de la sociedad.

Pero volvamos al contenido. Ante el formidable aparato histórico y antropológico del primer volumen, poco tenemos que decir. No podemos sino estar de acuerdo con el análisis político que asocia el despliegue del potencial energético a la nueva forma planetaria de la dominación social:

“La restricción en el acceso a la energía había sido una de las limitaciones fundamentales para la dominación de unos seres humanos sobre otros. Con el uso masivo de la energía fósil este límite se diluyó. La conversión de energía fósil en mecánica dio unos poderes sin precedentes a las organizaciones jerárquicas, coercitivas y centralizadas, que desbordaron el aparato estatal, que hasta entonces era el espacio principal donde se manifestaban, para reproducirse en la gran empresa capitalista, expandiendo su influencia por todo el cuerpo social.” (p. 253, primer volumen).

Dentro del último apartado, donde se habla de la “era trágica del petróleo”, se analizan todos los desastres y situaciones de conflicto que una economía basada en los combustibles fósiles ha provocado: explosión urbana y demográfica, luchas sociales, colonialismo, desigualdades, una ideología del consumo ahora alimentada por esa “tercera piel” digital y, sobre todo, una agricultura industrial, altamente destructiva, que se define de manera muy lúcida: “Así la agricultura dejó de ser una fuente energética para convertirse en un transformador energético para que los cuerpos humanos pudiesen metabolizar los combustibles fósiles.” (p. 426, primer volumen)

A veces, aparecen no obstante apuntes sobre cuestiones laterales que habrían necesitado de un desarrollo más consecuente para poder ser entendidas. Un caso claro es la cuestión relativa al patriarcado y la situación de la mujer. Por ejemplo:

“Ya vimos que, como consecuencia del inicio de la Revolución Industrial, se produjo una primera crisis de los cuidados. Para afrontarla, en esta época se terminó de implantar la visión de que los dos sexos eran naturalmente distintos y el femenino, inferior.” (p. 297, primer volumen)

No creemos que hiciera falta mucha implantación para que el común de la gente aceptara que entre los dos sexos, aunque sólo fuera a nivel morfológico, había algunas diferencias naturales bastante evidentes. Otra cosa puede ser la elaboración social de las funciones de hombres y mujeres. Ese es otro cantar. En cuanto a la supuesta inferioridad de la mujer, aún a riesgo de generalizar mucho, seguramente era un lugar común que venía de períodos anteriores, ya que el machismo no nacía, por desgracia, entonces.

Otro ejemplo:

“Y en la familia fueron las mujeres quienes se tuvieron que encargar de estas labores básicas, por lo que les impusieron socialmente dos valores básicos: amor y sacrificio.”

Sin embargo, todo esto es bastante inexacto. A partir de la Revolución Industrial, también muchas mujeres, y niñas, son incorporadas al sistema del trabajo asalariado, dentro de la mina o la fábrica, y con un sueldo inferior al de los hombres, cosa que los autores de este libro no ignoran. Por otro lado, si muchas mujeres tuvieron que aceptar un cierto tipo de sacrificio, también lo hicieron millones de desgraciados varones que sucumbieron física y moralmente durante la industrialización. Quizá podríamos afirmar que si el varón tuvo que sufrir la industrialización, la mujer, además de la industrialización, tuvo que soportar a su hombre industrializado. ¿Podríamos aceptar entonces que el sacrificio de la mujer fue doble? Tal vez, pero para entender esta cuestión crucial no podemos despacharla en cuatro párrafos 2.

Ocurre algo parecido con el asunto del “individualismo”, cuestión que es recurrente en la obra. Se establece una relación, a nuestro juicio simplificadora, entre el nacimiento progresivo de la persona individual en la edad moderna, en detrimento de una personalidad relacional, lo que daría lugar al individualismo y a la atomización social, pilares ambos del sistema capitalista. Sin embargo, en la evolución histórica de las sociedades, la tensión entre grupo e individuos es siempre contradictoria y paradójica. Para que haya verdadera relación tiene que haber individuos diferenciados. En cualquier caso, el concepto de persona individual, o de individuo, no se opone necesariamente al de cooperación, mientras que el individualismo no tiene por qué ser siempre sinónimo de “egoísmo”. Habría que ver más bien como todas estas nuevas “partículas elementales” humanas de la edad contemporánea se integran hoy en una amorfa sociedad de masas, donde queda poco de persona individual o de cooperación.

Estos dos problemas, el de la situación de la mujer y el individualismo, convergen en el apartado “Crisis de los cuidados”, contenido en el segundo volumen, en una interesante reflexión:

“Así, un porcentaje creciente de mujeres han desarrollado una identidad individual, como la de los hombres, en la que desvalorizan las necesidades emocionales. El trabajo doméstico ha ido pasando a verse como una atadura del pasado de la que hay que huir. Pero la situación de las mujeres, en general, es distinta a la de los hombres pues, junto al aumento de su conciencia individual, son responsables de las labores colectivas de reproducción social, lo que les obliga a enlazar la identidad individual con la colectiva en una identidad relacional-individual.” (p.165)

Los autores vuelven sobre este problema en el apartado 9.10, en concreto entre las páginas 300 y 312, que nos parecen de lo más valioso del segundo volumen ya que abundan sobre la cuestión del individuo y la relación, ofreciendo pistas en cuanto a valores y emociones que deben extenderse si queremos emprender un cambio social en un sentido emancipador. La revalorización de la empatía y la compasión, en su sentido literal, sentimientos atribuidos tradicionalmente a la mujer, podría revelar una dimensión política plena de promesas.

En cuanto a la cuestión de la energía y el colapso, en el segundo volumen estas cuestiones se abordan abiertamente. En el segundo apartado se empieza dando algunas nociones básicas sobre el fenómeno del famoso “peak oil”. En la página 87 podemos leer:

“Sin embargo, es importante entender que el “pico de extracción” es un concepto que solo se basa en las características geológicas del recurso, obviando otros factores fundamentales, como los políticos (ayudas públicas, inestabilidad), económicos (inversiones), sociales (resistencias a la explotación), ambientales (falta de recursos necesarios para la extracción) o tecnológicos (mejoras en la maquinaria). Todos ellos condicionan cuando será el cenit y, sobre todo, cómo será el descenso de la extracción una vez se sobrepase.”

Todo ello es exacto, pero los autores deberían precisar si estas consideraciones justifican o no seguir utilizando, en general, el concepto de cenit o “pico de extracción”. En efecto, es ésta una noción poco nítida que tal vez se pueda utilizar con sentido a la escala de una región productora o incluso de una nación pero, ¿y a la escala del planeta? Se sabe, por ejemplo, que los Estados Unidos, ya desde finales de los años cuarenta, fueron progresivamente “descuidando” la prospección en sus propios territorios en el momento en que comprobaron que el petróleo que venía de Oriente Medio podía ser más barato, siempre por causas políticas (a parte de que materialmente, tuviera un costo de extracción muy bajo). Esto condicionó necesariamente la evolución de su industria. Las limitaciones geológicas son pues evidentes pero la manera en que estas se imponen a la ambición de los imperios deja lugar a muchas incógnitas. Lo que interesa entonces no es tanto saber si estamos antes o después de ese hipotético cenit mundial, sino cómo los Estados industriales van reaccionando al encarecimiento de la extracción de los combustibles fósiles según las estrategias políticas y de mercado. El caso del petróleo de esquisto es significativo ya que a finales de los años noventa, muy pocos analistas críticos habrían anticipado que los gobiernos de las naciones desarrolladas llegarían a interesarse por métodos de extracción tan costosos a todos los niveles. No sugerimos que la extracción de petróleos no convencionales pueda contrarrestar sustancialmente el imparable descenso de la producción, pero hay que poner el énfasis no en la fragilidad del sistema, que evidentemente no negamos, sino más bien en la obstinación de la sociedad capitalista a la hora utilizar todos los medios para seguir asegurando su dominación.

Hace una década la posición de base de las organizaciones ecologistas con respecto a estas cuestiones era, resumiendo bastante, la siguiente: el cenit petrolero es ya un hecho y hay que prepararse para el descenso; la energía nuclear es una energía en declive, por su carestía y sus problemas técnicos, y no tardará en declinar; existen no obstante energías alternativas, como la eólica y la solar, que pueden poco a poco substituir a las convencionales e incluso llegar al famoso 100% renovables. Dado el estado de deterioro ambiental y el avance del cambio climático, junto con la inminencia de las burbujas financieras, la única vía posible que se abre para los Estados es emprender una transición energética que nos lleve a una sociedad más justa, igualitaria y respetuosa con el medio ambiente.

Insistimos, hemos sintetizado la cuestión pero, en esencia, las posiciones eran estas. ¿Qué ha ocurrido en estos diez últimos años? El descenso de la capacidad general para extraer petróleo barato sigue presente pero esto no ha impedido que la industria y los Estados continúen, desesperadamente, buscando nuevas formas de extracción. El proceso es más lento y penoso de lo que muchos habían pensado. En cuanto a la energía nuclear, incluso con el desastre de Fukushima, hoy por hoy parece que se mantendrá durante mucho tiempo. Es verdad que, grosso modo, sus perspectivas de crecimiento en el mundo actual se volatilizan. Muchos siguen insistiendo en que el aporte de energía de las centrales nucleares, en términos globales, es mínimo. En la obra que nos ocupa se nos recuerda: “A nivel mundial la aportación nuclear a la generación de electricidad ronda el 15%, pero su contribución a la energía primaria mundial es mucho menor, del orden del 2%.” De acuerdo, pero lo importante es que la mayor parte de la producción de energía nuclear se concentra en algunos de los países más poderosos del mundo y no es inocente que hoy China, que poco a poco se coloca al lado de estos países, haya optado también por desarrollar este tipo de energía. En términos cuantitativos puede que la energía nuclear esté en declive pero en lo que respecta a las estrategias industriales y militares de los poderosos, es una opción que está muy presente. En cuanto a las llamadas energías renovables, que organizaciones como Ecologistas en Acción apoyaban hace una década, no se tuvo en cuenta, o no lo suficiente, que aquellas no podían escapar, dadas las condiciones en que se implantaban, a una lógica de desarrollo industrial y empresarial, como ha sido el caso. Ya cuando Fernández Durán sacó su libro sobre el declive del petróleo, año 2008, había justamente en sus páginas un oportuno rechazo a las panaceas tecnológicas renovables.

En cuanto a las energías renovables, en esta parte no se dedican apartados específicos a su análisis. Pero se ofrecen algunas pistas. Se insiste, de todas formas, en que su desarrollo está ligado a la evolución del petróleo y a la extracción de minerales cuyas reservas están también comprometidas en el futuro. En ocasiones, se habla de “renovables centralizadas”, lo que nos parece acertado, ya que de todas formas, salvo muy contadas excepciones, es la forma que adquieren hoy este tipo de energías. Otros aspectos que nos parecen interesantes en el segundo volumen es la crítica del mito tecnocientífico, de la desmaterialización, de la sociedad de Internet y del “capitalismo verde”. Como se dice en la página 174: “La “vía verde” consistiría en intentar hacer una transición energética sin poner en cuestión la lógica del actual capitalismo global, es decir, sin parar su necesidad intrínseca de crecimiento y acumulación constante.” Cierto. Y más adelante: “La economía verde sigue siendo una apuesta especulativa y gran parte del negocio consiste en decir que habrá grandes beneficios y, con ello, conseguir la inversión pública y privada, siempre con la garantía última del Estado.” También muy cierto.

¿Cual sería el resultado de todo ello? Una de las partes más discutibles del segundo volumen sería precisamente su inmersión en la naturaleza de un hipotético colapso donde se adelantan escenarios más o menos desastrosos para el siglo XXI. Sobre esta cuestión poco podemos decir ya que en el intento de anticipación, fuera del campo de la ficción, o nos atenemos a generalidades que aportan poco, o intentamos escrutar con detalle un futuro que siempre es el terreno de la incertidumbre. Los autores descartan el escenario de un colapso ordenado, o “decrecimiento justo” e indican que la probabilidad mayor se inclina por un colapso caótico (decrecimiento injusto): “Como ha ocurrido en otros momentos históricos de quiebra de distintas organizaciones sociales, habrá fuertes crisis económicas y cortes en los mercados; rebeliones y caídas de regímenes; reducción de la estratificación social y simplificación de las formas de vida; desurbanización; aumento de las migraciones; y disminución de la población. Aunque, dentro de este gran marco caben muchos grises, que serán resultado de las articulaciones sociales que se pongan en marcha.” (p. 198)

A continuación, en las “Etapas del colapso” los autores glosan algunas de las posibles perspectivas a contemplar en el futuro. Valgan como posibles líneas de orientación, teniendo en cuenta que su contenido poco tiene de novedoso con respecto a lo que se viene escribiendo sobre estas cuestiones.

Evidentemente, si aceptamos un declive más o menos rápido de la civilización industrial tenemos que estar de acuerdo en que asistiremos a un desmoronamiento de la complejidad de la sociedad. Uno de los apartados más interesantes es el titulado “Menos energía y en formatos más descentralizados dificultarán la dominación”. En realidad, sobre este punto no hay tampoco mucha certidumbre. Se nos dice: “Además, en la medida que el ser humano vuelva a ser un vector energético importante socialmente, su poder se incrementará. A la vez que “sobrará” población por la falta de alimentos, “faltará” para sostener una producción más intensiva en mano de obra. Será lo contrario de lo que ocurrió con el proceso de mecanización. Todo esto conllevará una gestión de la dominación más difícil, como sucedía en las sociedades dominadoras agrarias.” (p. 208) Pero también podemos explicarlo afirmando simplemente que se volverá a una gestión de la dominación más rudimentaria y brutal. La descomposición de esta sociedad como la conocemos puede conllevar la disgregación de sus redes de energía, transporte y producción, pero como ignoramos la verdadera naturaleza de esa futura disgregación poco podemos decir de cómo afectará al mantenimiento de las estructuras de poder y jerarquía. Se abre delante de nosotros un inmenso interrogante. Un poco más abajo, los mismos autores llegan a admitirlo cuando afirman: “El tipo de organización social es una opción política humana, no una imposición ambiental.” En cualquier caso, podemos estar de acuerdo cuando hablan de un desplazamiento del conflicto y una vuelta a la “centralidad de la tierra” 3.

En cuanto a las conclusiones políticas finales, sólo podemos dedicarles algunas líneas. Ramón Fernández Durán falleció justo en el momento en que se iniciaba el movimiento del 15 de mayo que sembró de esperanzas y de tiendas de campaña no pocas plazas urbanas del territorio español. Por lo que cuenta el autor del prólogo, suponemos que íntegramente escrito por Luis González, el libro se terminó de redactar y componer en los tres años posteriores. Esos tres años han sido de una notable agitación política en el país y la obra en su conjunto se hace eco de esa efervescencia 4. De alguna manera, la crisis económica y las respuestas espontáneas de un sector de la juventud dieron en buena parte razón a la línea de reflexión que Fernández Durán llevó a cabo especialmente en sus últimos años de vida, en la medida en que esta reflexión exigía una ecología radical, desengañada de los dogmas del progreso 5y de las actitudes dialogantes con el poder. Y el trabajo de continuación de Luis González, aunque por nuestra posición de simples lectores es difícil de evaluar y valorar, parece ser fiel a ese legado. El movimiento del 15 de mayo ha defraudado, sin embargo, estas exigencias. En las partes finales del libro se insiste sobre una revuelta institucional, profunda, que acentúe la dispersión del poder, la adecuación de medios y fines, la profundización de la democracia asamblearia, la revalorización de lo femenino, etc. Por supuesto, la cuestión ecológica como cuestión de primer orden 6.

En ese sentido, creemos que los dos volúmenes recogen lo más prometedor no sólo de la última obra de Ramón, que suponemos ampliado y profundizado por Luis González, sino que al mismo tiempo muestran una posible vía para un ecologismo que estaba estancado en el laberinto institucional, en el diálogo estéril con el poder, en la ecotecnocracia. ¿Servirá este libro para despertar las conciencias del ecologismo reducido a cogestión del desastre? ¿Representa de todas formas la opinión generalizada de la organización que respalda la edición?

Esperamos que, desde esta consideración, el libro no sólo remueva las conciencias y la opinión pública en general, sino que promueva un necesario debate en el seno de las mismas organizaciones ecologistas. De ser así, ya habrá servido para mucho.

José Ardillo

1En el prólogo ya se nos previene del carácter independiente de los textos, pero esto no nos parece precisamente una virtud ya que en este caso se pierde la integridad del conjunto.

2A diferencia de otras nociones, explicadas en el libro in extenso de manera prescindible, aquí los autores deberían haber desarrollado más la argumentación.

3« Pero lo determinante será el control de la tierra. En la medida que los recursos energéticos y materiales se vayan volviendo cada vez más escasos, volverá la relación directa entre poder y tierra que observamos durante toda la etapa agraria de la humanidad. » p. 209

4Decimos tres años porque es justo en 2014 que surge Podemos y otras plataformas que intentan recuperar lo poco de sano e interesante que podía haber en el movimiento del 15 de mayo.

5Así se afirma lúcidamente en el segundo volumen : « Las sociedades que tenían fe en el progreso han sido más fácilmente gobernables. » (p.299)

6 Es una pena, no obstante, que en el libro, dentro del apartado de las luchas anti-desarrollistas, no se haga mención significativa a algunos ejemplos del estado español (la lucha contra el TAV en País Vasco o la acción directa contra la agricultura transgénica).

Mitología de hadas y anarquismo

Aunque a alguien le pueda parecer ridículo o absurdo, existen unos fuertes vínculos entre el espíritu libertario, revolucionario y ecologista con los seres mágicos de la naturaleza, las brujas y lo referente al mundo feérico y maravilloso.

Silvia Federici:

La caza de brujas fue instrumental a la construcción de un orden patriarcal en el que los cuerpos de las mujeres, su trabajo, sus poderes sexuales y reproductivos fueron colocados bajo el control del Estado y transformados en recursos económicos. Esto quiere decir que los cazadores de brujas estaban menos interesados en el castigo de cualquier transgresión específica, que en la eliminación de formas generalizadas de comportamiento femenino que ya no toleraban y que tenían que pasar a ser vistas como abominables ante los ojos de la población.

La caza de brujas, así como la trata de esclavos y la conquista de América, fue un elemento imprescindible para instaurar el sistema capitalista moderno, ya que cambió de una manera decisiva las relaciones sociales y los fundamentos de la reproducción social, empezando por las relaciones entre mujeres y hombres y mujeres y Estado. “

Por otro lado, los diferentes grupos de feministas radicales surgidos en los Estados Unidos en los años 1968 y 1969 conocidos como WITCH (Women's International Terrorist Conspiracy from Hell) exponían esto en su manifiesto:

"La persecución de las brujas dio paso al capitalismo, las brujas, lejos de su imagen de poseedoras del mal y de su pacto con Satán, representaban el espíritu feminista y la oposición al patriarcado, ellas siempre fueron mujeres sin miedo de existir, valientes, agresivas, inteligentes, inconformes, curiosas, independientes, liberadas sexualmente, revolucionarías (tal vez eso explica porque nueve millones de ellas fueran quemadas). Las brujas fueron las primeras en practicar el control de los nacimientos y el aborto, las primeras alquimistas (¡transformar piedra en oro, es muy peligroso para el capitalismo!), ellas no se quedaron de rodillas frente a ningún hombre, eran sobrevivientes de la más antigua cultura, antes que la represión espiritual, económica, sexual, mortal de la sociedad fálica, imperialista, fuera severa, destruyendo las sociedades humanas y la naturaleza". (Extracto del Manifiesto WITCH)

Ahondando en este asunto, nos encontramos con esos seres llamados "gente pequeña" como lo son las hadas, elfos, duendes, gnomos, trolls, etc. Estas criaturas, en palabras de Pierre Dubois fundador de la elficología (disciplina encargada del estudio de estos espíritus de la naturaleza) y anarquista, simbolizan las revueltas y los rebeldes que dicen "no" al orden establecido.

Pierre Dubois asiente que “El hada es rebelde, es el feminismo, el espíritu de la naturaleza a la que se quemaba como la bruja”. “Así pues las hadas y seres similares haciendo de ellos otra lectura diferente serían en cuestión libertarios, fogosos, desenfrenados, pero apoyados en experiencias inmemoriales que hablan del respeto a los elementos, de la armonía natural”. Pierre Dubois, militante anarquista y amigo del entartador belga Noël Godin y del cineasta Jean Rollin, continúa: “Hace falta sacar del fondo de la marmita, la utopía” “Es un patrimonio, todo esto pertenece al pueblo, esto nos pertenece. Y nos lo quitaron”.

Pierre Dubois también afirma que los pequeños genios de la naturaleza son herencia de Mayo del 68. Representando así las fuerzas ocultas de la naturaleza frente al status quo que ahoga toda posibilidad de creer en la magia.

Siguiendo en esta línea y entroncado con esto que estoy tratando, nos encontramos con toda una filosofía de vida llamada Ecopaganismo. Defendido, teorizado y llevado a la práctica por grupos ecologistas revolucionarios.

El paganismo enfatiza la naturaleza como algo sagrado, en ocasiones los paganos sienten el deber de proteger la tierra a través del activismo y causas medioambientales como la protección de los bosques , la agricultura ecológica , permacultura, derechos de los animales, etc. Estas ideas comenzaron a tomar cuerpo en la década de los años 60 y 70 donde paganismo, magia y activismo medioambiental confluyeron para dar paso a multitud de corrientes relacionadas, entre ellas surgieron el Ecopaganismo y la Ecomagia.

El Ecopaganismo y la Ecomagia son corrientes enmarcadas dentro del activismo de grupos ecologistas de acción directa, o grupos ecologistas revolucionarios como el Frente de Liberación de la Tierra o la organización Earth First! que hacen un fuerte énfasis en la imaginación y en la creencia de la posible interacción de los seres mágicos de la naturaleza (hadas, pixies, gnomos, elfos, y otro seres de la naturaleza y mundos paralelos). Piensan que estos seres representan la defensa radical de la naturaleza frente a los poderes tiránicos del capitalismo.

Así pues, el Ecopaganismo se perfila como una conjunción de activismo político y simbología o creencia en los feéricos. Partiendo de la base de que los feéricos son los cuidadores y/o protectores de la naturaleza, surgieron, como bien digo anteriormente, en los años 70 grupos que defendían la naturaleza desde una perspectiva revolucionaria y tomaban la simbología de los feéricos, creyendo en su existencia y en la interacción de estos en nuestro mundo.

Estos seres mágicos de los bosques eran vistos como ecoguerreros que en complicidad con activistas por la liberación humana, animal y de la tierra velaban por la preservación de la naturaleza y propagaban el ataque directo contra las estructuras responsables de la devastación medioambiental. Un término creado por estos grupos con connotaciones feéricas es el llamado “pixieing” que significa algo así como “duendeando” venía a significar un acto de sabotaje contra las instituciones responsables de la destrucción ambiental.

Los principales grupos ecopaganos que a su vez suelen tener tendencias situacionistas, eco-anarquistas, y primitivistas, son los ya citados Frente de Liberación de la Tierra y Earth First!.

Los seres feéricos también han sido tomados como símbolos de lucha ecoanarquista. Como por ejemplo un símbolo que conjuga el activismo de acción directa y de imaginería feérica: El leprechaun usado por el grupo Environmental Life Force, en la década de los 70 con un arcabuz como arma. O diferentes diseños como el creado por Green Anarchist que serigrafió camisetas en las que se leía "I believe in Faeries," (creo en las hadas); el dibujo estampado era el de un hada sentada sobre un bulldozer mientras lo destrozaba.

Ya para concluir, solo citar a una escritora, activista anarquista y autodenominada bruja. Llamada Starhawk. Es conocida como teórica del neopaganismo y del ecofeminismo.

Es también internacionalmente conocida como entrenadora en no violencia y acción directa, y como activista en el movimiento pacifista. Actúa dentro del feminismo y del movimiento altermundista. Con lo que sería la vertiente pacifista de la lucha ecologista en conjunción con el ecopaganismo y los feéricos a diferencia de otras luchas más confrontativas como las diversas corrientes explicadas más arriba.

Solo pretendo con este artículo ver los nexos de unión entre la mitología de las hadas y el Anarquismo, ya que como se pueden ver los hay pero apenas son conocidos. Es lo bueno que tiene el Anarquismo que es una filosofía política holística la cual tiene alternativa y opinión sobre todas las temáticas existentes.

“Basta de obediencia, vida mágica”

Anarkaoss

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