El Capital IX: División del trabajo y manufactura

La manufactura en su forma clásica tiene como pilar básico la división del trabajo. Es el modo de producción que domina desde el siglo XVI hasta el último tercio del XVIII. Un taller manufacturero reune a trabajadores de distintos oficios que, cada uno con su tarea particular a realizar, dan lugar a un producto final acabado.

Este modo de producción introduce una modificación esencial, cada trabajador no desarrolla su oficio en toda su extensión sino que se especializa, limitándose a un ejercicio circunscrito. De producto individual de un obrero independiente que ejecuta una serie de operaciones diversas, la mercancía se convierte en el producto social de un conjunto de obreros, cada uno de los cuales efectúa constantemente la misma operación de detalle: operaciones parciales y complementarias para la producción de una misma mercancía.

El trabajador fraccionario y su utensilio

La manufactura descompone el oficio de artesanos en sus diferentes operaciones, las aísla y las hace independientes, cada una de ellas llega a ser la función exclusiva de un trabajador que, elaborando solo una parte del producto, sólo es un trabajador fraccionario. El obrero fraccionario convierte su cuerpo entero en órgano mecánico de una sola operación de modo que llega a efectuarla con rapidez. Comparada con el oficio independiente, la manufactura suministra más producción en menos tiempo, es decir, aumenta la fuerza productiva del trabajo.

El periodo manufacturero simplifica y multiplica los instrumentos de trabajo, acomodándolos a las funciones separadas y exclusivas de los obreros fraccionarios: El trabajador fraccionario y su utensilio son los elementos primarios de la manufactura.

Formas generales de la manufactura

Fundamentalmente hay dos formas distintas de manufactura. Por un lado, aquella que suministra producto cuya forma definitiva es una reunión de productos parciales (caso del reloj, suma de engranajes, resortes, esferas...). Por otro lado, aquella que suministra productos que recorren una serie de desarrollos graduales (caso de los alfileres, que pasa por una serie de procesos: corte del alambre, preparación de cabezas, afilado de las puntas...).

Esta segunda es la forma perfecta de la manufactura. El producto parcial de cada trabajador fraccionario es sólo un grado particular de desarrollo de la obra completa, el resultado del trabajo de uno es el punto de partida del trabajo de otro.

Este modelo manufacturero se extiende a la combinación de diferentes manufacturas. Las manufacturas combinadas forman secciones de la manufactura total, aunque no adquiere verdadera unidad hasta la transformación de la industria manufacturera en mecánica.

Acción de la manufactura sobre el trabajo

Una vez separadas y hechas independientes las distintas operaciones, los obreros se clasifican según sus facultades predominantes: más habilidad, más fuerza, más atención... Considerado como miembro del trabajo colectivo, el trabajador fraccionario llega a ser tanto más perfecto cuanto más incompleto es. La manufactura desarrolla la especialidad aislada hasta el punto de hacer de ella una habilidad excesiva a expensas del trabajo integral.

Para responder a la jerarquía de las funciones, la manufactura crea una jerarquía de fuerzas de trabajo, a la que corresponde una gradación de salarios. Al lado de la gradación jerárquica, se constituye una división elemental de los trabajadores en hábiles e inhábiles. Para estos últimos son nulos los gastos de aprendizaje. Para los primeros, son menores que los que implica el oficio aprendido en conjunto. En definitiva, la fuerza de trabajo pierde parte de su valor, lo que ocasiona un aumento de plusvalía.

División del trabajo en la manufactura y en la sociedad

Hay una diferencia esencial entre la división del trabajo en la sociedad (en zapateros, carpinteros, ganaderos...) y la que se realiza en el taller. En el primer caso, los productos respectivos de los distintos oficios constituyen mercancías acabadas. No así en la división manufacturera del trabajo. Como consecuencia, esta implica una concentración de medios de producción en manos de un capitalista, mientras que la división social supone la dispersión de los medios de producción entre un gran número de productores comerciantes independientes.

Mientras que la división social del trabajo pertenece a formas económicas de sociedades diversas, la división manufacturera es una creación especial del sistema de producción capitalista.

La manufactura revoluciona el sistema de trabajo individual y ataca en su raíz a la fuerza de trabajo: Estropea al trabajador, hace de él algo artificial al potenciar una destreza en detalle en perjuicio de su desarrollo integral.

En el principio, el obrero vende al capital su fuerza de trabajo sólo porque le faltan los medios materiales de producción. Desde el momento que, en lugar de poseer un oficio, es solo un accesorio que aislado no tiene utilidad, no puede obtener servicio formal de su fuerza de trabajo si no la vende. Para poder funcionar, necesita un medio social que sólo existe en el taller del capitalista.

La división del trabajo es un método particular de aumentar el rendimiento del capital a expensas del trabajador.

La realización de las tendencias dominadoras del capital encuentra aún así algunos obstáculos. La habilidad en el oficio persiste en la base de la manufactura, que no puede prescindir de los obreros hábiles y que tienen, en consecuencia, cierta fuerza de resistencia, por lo que el capital ha de luchar constantemente contra su insubordinación.

El Capital VIII: Producción de plusvalía relativa

¿Cómo puede aumentarse la plusvalía manteniendo la jornada de trabajo estable? Podría lograrse reduciendo el salario, pero vamos a mantener la suposición de que la fuerza de trabajo se compra y se vende en su justo valor.

Bajo ese supuesto solo puede aumentarse la plusvalía aumentando el tiempo de sobretrabajo y reduciendo en mismo grado el tiempo de trabajo necesario (que se produzca en menos horas el valor de las subsistencias). Esto solo puede ocurrir como resultado de un aumento en la fuerza productiva del trabajo: se necesita un cambio en las condiciones de la producción.

El capital necesita modificar sus condiciones técnicas y sociales (transformar el modo de producción) para aumentar la productividad del trabajo, disminuyendo el valor de la fuerza de trabajo, el tiempo empleado en reproducir dicho valor y, por tanto, aumentando la plusvalía.

Denominamos plusvalía absoluta a la producida por la simple prolongación de la jornada de trabajo. Denominamos plusvalía relativa a la que proviene de la disminución del tiempo de trabajo necesario (y, por tanto, de un cambio en la relación entre trabajo necesario y sobretrabajo en una jornada).

Es la plusvalía relativa la que crece cuando crece la productividad del trabajo. Es consecuencia directa de algo que ya habíamos visto: Un aumento de la productividad reduce el valor de las mercancías (incluida la mercancía fuerza de trabajo). Al mantener estable la jornada laboral, el tiempo dedicado a la reproducción del coste de la fuerza de trabajo es menor (porque su valor es ahora menor) y, en consecuencia, parte del tiempo que antes era trabajo necesario ahora es sobretrabajo. En resumen: Tras un aumento de la producción, el trabajador dedica menos tiempo a trabajar para sí mismo y más a trabajar para el capitalista.

Así, el aumento de la producción no tiende jamás a acortar la jornada de trabajo. Como puede observarse, un aumento de la productividad no redunda en una reducción del trabajo, sino en un aumento de la plusvalía relativa.

Cooperación

La producción capitalista empieza a producirse de hecho cuando un solo dueño explota a múltiples asalariados a la vez.

El empleo de numeroso personal ya realiza una transformación en las condiciones materiales del trabajo. La construcción de diez talleres para veinte tejedores cuesta más que un solo taller para veinte. El valor de los medios de producción comunes y concentrados es menor que el valor de los diseminados que reemplazan. Por consecuencia, la porción de valor que transmiten a los productos disminuye.

Cuando muchos trabajadores trabajan conjuntamente para un objeto en común, el trabajo reviste la forma cooperativa. El valor de la fuerza cooperativa también difiere del de la suma de las fuerzas de los obreros aislados y esa diferencia se transmite asimismo a la mercancía producida.

El trabajo colectivo disminuye el tiempo de la producción, permite producir más objetos útiles. Además da resultados que no podría suministrar nunca el trabajo individual: Es una fuerza de trabajo común.

Cooperación y capital

El número de cooperantes depende de la magnitud de capital que pueda adelantarse para la compra de fuerzas de trabajo. Además, con el aumento de las fuerzas productivas que supone el trabajo cooperativo, la cantidad de materias primas que se invierten en un tiempo determinado también aumenta, lo que exige una mayor concentración del capital para comprarlas.

En definitiva, es necesario una acumulación de capital en manos del capitalista para que este pueda iniciar el trabajo cooperativo. El mínimum de capital que necesita un capitalista para librarse de su trabajo manual (explotando bastantes obreros) es el necesario para convertir el trabajo individual en trabajo cooperativo. De esa manera el pequeño patrón se convierte en capitalista y con ese cambio se instituye el modo de producción capitalista.

El mando en la industria

En los comienzos del capital, el asalariado trabaja a las órdenes del capital de manera casi accidental. Ha vendido su fuerza de trabajo por carecer de medios para trabajar por cuenta propia. Desde el momento en que el trabajo individual deja paso al trabajo basado en la cooperación entre asalariados, el mando es indispensable para la ejecución del trabajo. La función directora, de vigilancia, llega a ser la función principal del capital cuando el trabajo que le está subordinado se hace cooperativo.

El capitalista empieza por excusarse de su trabajo manual. Luego, cuando su capital aumenta, abandona incluso su función de vigilancia y la confía a un genero particular de asalariados. Ya a la cabeza de un ejército industrial, necesita de todo tipo de oficiales superiores e inferiores, que trabajan siempre a las órdenes del capital.

Recopilando: El obrero vende su fuerza de trabajo individual (y digamos que la vende por su valor real). Cuando la explotación de la fuerza de trabajo se realiza como trabajo cooperativo, aumenta además la producción de la plusvalía relativa. El capitalista ha pagado la fuerza individual de los distintos trabajadores, pero no la fuerza combinada de todos ellos.

En resumen, en manos del capital, la socialización del trabajo solo aumenta las fuerzas productivas para explotarlas con más provecho.

El Capital VII: Tipo de la plusvalía y jornada de trabajo

La magnitud proporcional de la plusvalía producida por un trabajador en un día de trabajo es la proporción entre la magnitud absoluta de plusvalía producida y el capital invertido para la compra de la fuerza de trabajo. Esta magnitud proporcional es lo que llamamos tipo de la plusvalía. Si el salario de un día de trabajo se fija en cuatro euros y la plusvalía absoluta obtenida en ese día por ese trabajador también es de cuatro euros, el tipo de la plusvalía es de un 100%.  Esta relación expresa el grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital.

Trabajo necesario y sobretrabajo

Durante una parte de la jornada, el obrero reproduce el valor diario de su fuerza de trabajo (el valor de las subsistencias necesarias para su mantenimiento). No produce su subsistencia directamente, sino en la forma de mercancía particular cuyo valor equivale al de sus medios de subsistencia. A esta parte de la jornada en que la producción es mera reproducción la llamamos tiempo de trabajo necesario.

La parte de la jornada que traspasa los límites del trabajo necesario no implica ningún valor para el trabajador, solo constituye la plusvalía para el capitalista. Llamamos tiempo extra a esa parte de la jornada y sobretrabajo al trabajo realizado en ese tiempo. La plusvalía es la materialización de este trabajo. Las distintas formas económicas de la sociedad se distinguen por la forma de imponer y usurpar ese sobretrabajo.

Producto líquido

Llamamos producto líquido a la parte del producto que representa la plusvalía. El total del producto líquido se determina no por su relación con el producto entero, sino con la parte que representa el trabajo necesario. La magnitud relativa del producto líquido es la que mide el grado de elevación de la riqueza.

Límites de la jornada de trabajo

La jornada de trabajo varía entre los límites que imponen la sociedad y la naturaleza. Hay un mínimo, el tiempo de trabajo necesario, el tiempo en el que el obrero trabaja para su propia conservación. Puesto que el sistema capitalista descansa sobre la formación de plusvalía, nuestra organización social no consiente descender hasta ese punto. También hay un máximo marcado por los límites físicos de la fuerza de trabajo.

Cada comprador trata de sacar del empleo de la mercancía comprada el mayor partido posible. Así, el capitalista que compra fuerza de trabajo tiene como objetivo absorber todo el sobretrabajo posible. Asímismo el trabajador aspira a no gastar su fuerza de trabajo sino en ciertos límites, solo quisiera gastar cada día la fuerza que puede rehacer gracias a su salario.

Hay, pues, derecho contra derecho, ambos sustentados en la regulación del intercambio de mercancías. ¿Quién decide entre dos derechos iguales? La fuerza. He ahí por qué la reglamentación de la jornada de trabajo se presenta en la historia de la producción capitalista como una lucha entre la clase capitalista y la obrera.

Explotación del trabajador libre

El capitalista no ha inventado el sobretrabajo. Desde el momento en que una parte de la sociedad posee el monopolio de los medios de producción, el trabajador está obligado a añadir al tiempo de trabajo necesario un exceso destinado a suministrar las subsistencias al poseedor de los medios de producción (sea esclavista, señor feudal o capitalista).

Mientras una sociedad considere la utilidad por encima del valor cambiable (el valor de uso por encima del valor de cambio) el sobretrabajo encontrará un límite en la satisfacción de necesidades determinadas. Sin embargo, si en el sistema económico pasa a dominar el valor de cambio, se generalizará el hacer trabajar todo lo posible, sin límites marcados por la utilidad del trabajo. No se tratará entonces de obtener cierta cantidad de productos útiles, sino de obtener más y más plusvalía. A partir de ahí el capital monopoliza el tiempo, reduce el dedicado a las comidas y al descanso hasta el mínimo según el cual el organismo deja de funcionar.

Parece que el interés del capital debería impulsarle a economizar una fuerza que le es indispensable, pero lo cierto es que a cada momento hay exceso de población con relación a la necesidades del capital. Es evidente cómo la producción capitalista explota al medio y a las personas hasta la extenuación. En todo período de especulación cada cual sabe que un día ocurrirá el estallido, pero uno espera librarse del mismo después de haber obtenido los beneficios. El lema de todo capitalista es ¡Después de mí, el desastre!

La lucha por la limitación de la jornada de trabajo

El fin real de la producción capitalista es la producción de plusvalía o sustracción del trabajo extra. Los trabajadores salen del dominio de la producción de distinto modo a como entraron en ella. Se había presentado en el mercado como poseedor de la mercancía "fuerza de trabajo". El contrato a merced del cual vendía su mercancía parecía resultar de un acuerdo entre dos voluntades libres. Concretado el negocio, se descubre que el trabajador no era libre, que el tiempo en que puede vender su fuerza de trabajo es el tiempo por el que está obligado a venderla. Para defenderse contra esa explotación es preciso que los obreros se organicen para que, mediante un esfuerzo colectivo (una presión de clase), se decida socialmente cuándo termina el tiempo que vende el trabajador y cuándo comienza el tiempo que le pertenece.

Apuntes sobre El Capital VI: Capital constante y capital variable

Propiedad del trabajo de conservar valor creando valor

Hallamos en el valor de un producto el valor de los medios de producción consumidos. Por ejemplo, el valor del algodón y las brocas en los hilos. El valor de los medios de producción se conserva y se transmite al producto por medio del trabajo. Esta transmisión depende del carácter específico del trabajo, que produce bienes útiles determinados a partir de los medios de producción necesarios.

Pero en el producto encontramos también un valor añadido al que ya portaban los medios de producción. El trabajador añade este valor como trabajo en general (como gasto de fuerza humana) no porque el trabajo tenga esta o la otra forma útil particular, sino porque ha durado cierto tiempo.

El acto de añadir valor al objeto de trabajo y el de conservar el antiguo en el producto son dos resultados distintos que se obtienen en el mismo momento. Esto es debido al doble carácter del trabajo.

Este doble carácter aparece claramente cuando consideramos una invención que permite trabajar, por ejemplo, tres veces más rápido. Supongamos que tras esta invención, en 6 horas hilamos 5kg de algodón, lo que antes nos llevaba 18 horas. La cantidad de valor añadida por las 6 horas de hilanza sigue siendo la misma, solo que ahora producimos 15kg de algodón en lugar de 5kg. De tal manera que el valor por kilo que nuestro trabajo genera es tres veces menor mientras que el valor por kilo aportado por la materia prima se conserva.

El medio de producción solo transmite al producto el valor que pierde, perdiendo su utilidad inicial. Esto es claro en el caso de las materias primas y auxiliares. Para el caso de las herramientas, se puede calcular su desgaste diario en función de su duración media.

Esto indica que aunque dicha herramienta entra integramente en el proceso de producción de un bien útil, no entra más que parcialmente (su desgaste) en la producción del valor. Del mismo modo, un medio puede entrar íntegro en la producción de valor y solo en parte en la producción del bien útil. Por ejemplo, si sabemos que al hilar 115kg de algodón, de media se pierden 15kg inevitablemente como deshecho, el valor de esos 15kg se transmite a los hilos (ese valor perdido es condición de la producción) aunque no lleguen a formar parte del producto útil resultante.

No transmitiendo los medios de producción al nuevo producto más que el valor que pierden bajo su antigua forma, solo pueden añadirle valor si ellos mismos lo poseen. Su valor no se halla determinado por el trabajo en que entran como medios de producción, sino por el trabajo de donde se derivan como productos.

Valor meramente conservado y valor reproducido y aumentado

Es la fuerza de trabajo en actividad, el trabajo vivo, lo que permite conservar valor añadiendo otro valor. El capitalista debe a esta propiedad la conservación de su capital. Las interrupciones del trabajo y otras crisis, deterioran su capital (sus materias primas, utensilios, etc.) al mantenerlos inactivos.

Recordamos que el valor de los medios de producción se conserva bajo los cambios de forma, que los objetos sólo desaparecen para revestir una nueva forma útil, siempre en el ejercicio de la producción. Recordamos también que la fuerza de trabajo, al ser consumida, no sólo reproduce su propio valor sino que produce también valor de más.

En la producción, la parte del capital inicial que sirve para obtener los medios de producción (materias primas o auxiliares e instrumentos de trabajo) no cambia la magnitud de su valor. El acto de la producción solo transmite ese valor a un nuevo objeto útil. A esa parte la llamamos capital constante.

La parte del capital transformada en fuera de trabajo transforma el valor en una nueva producción. En ese acto, por un lado, reproduce su propio valor y, por otro, produce un excedente, una plusvalía mayor o menor. Esa parte del capital la denominamos capital variable.

Apuntes sobre El Capital V: Producción de valores de uso y de la plusvalía

El trabajo en general y sus elementos

El uso o empleo de la fuerza de trabajo es el trabajo mismo. El comprador de la fuerza de trabajo la consume haciendo trabajar al que la vende para que produzca mercancías. Para ello, su trabajo debe ser útil, es decir, debe concretarse en valores de uso. El capitalista hace producir al obrero un valor de uso particular pero la intervención del capitalista no modifica la naturaleza misma del trabajo, por lo que vamos a examinar el movimiento del trabajo útil en general. Los elementos simples de un trabajo son los siguientes:

1. La actividad personal del individuo, o el trabajo propiamente dicho. Esta actividad constituye un gasto de las fuerzas de las que está dotado su cuerpo.

2. El objeto en que se ejerce el trabajo. Los materiales naturales a transformar (árboles, rocas...) o las materias primas, que son objetos sobre los que ya se ha ejercido un trabajo (tablones de madera, mineral lavado...)

3. El medio de trabajo. El conjunto de cosas que median entre el productor y el objeto de trabajo. La persona convierte cosas exteriores en órganos de su propia actividad, instrumentos auxiliares para realizar su acción. Además de estas herramientas, los medios de trabajo comprenden todas las condiciones materiales que, sin entrar directamente en las operaciones ejecutadas, son indispensables y cuya carencia haría defectuoso el trabajo.

En la acción del trabajo, la actividad del hombre efectúa, con ayuda de los medios de trabajo, una modificación voluntaria de su objeto. Esa acción tiene su fin en el producto terminado, es decir, en un valor de uso.

Excepto en la industria extractiva (minas, caza, pesca, recolección, tala...) en las demás ramas del trabajo entran materias primas (objetos sobre los que ya se ha efectuado un trabajo). El producto de un trabajo llega a ser así el medio de producción de otro. Además, el mismo producto puede ser la materia prima de diferentes operaciones (que dan lugar a diferentes productos) e incluso el mismo producto puede servir de medio de trabajo y de materia prima al mismo tiempo (por ejemplo el animal que, en la ganadería, funciona como materia prima trabajada y como medio de trabajo preparando estiércol). En definitiva, este carácter del producto depende del lugar que ocupa en el acto del trabajo y puede cambiar de carácter al cambiar de lugar.

El trabajo gasta los elementos materiales que lo constituyen y es también por ello un acto de consumo.

El movimiento del trabajo útil desde el punto de vista general (es decir, como actividad que tiene por objeto la producción de valores de uso) es una exigencia humana, común a todas las formas sociales.

El trabajo ejecutado por cuenta del capitalista

El capitalista compra en el mercado todo lo necesario para la realización del trabajo: medios de producción y fuerza de trabajo.

La naturaleza general del trabajo no se modifica por la intervención del capitalista, salvo por dos particularidades:

  1. El obrero trabaja bajo la inspección del capitalista, a quien pertenece su trabajo.
  2. El producto no es propiedad del productor inmediato, sino del capitalista.

La utilidad de la fuerza de trabajo del productor pertenece así al capitalista. De modo que este último ha añadido el trabajo, elemento activo del producto, a los medios de producción; es decir, a los elementos pasivos.

Análisis del valor del producto

Recordamos que en la producción mercantil (dirigida al mercado) el valor de uso (u objeto útil) solo sirve como portavalor: Lo esencial es que el objeto posea valor cambiable, pues es un objeto destinado a la venta, una mercancía. Recordamos también que el capitalista quiere que el valor de esa mercancía supere al valor de los medios de producción y de la fuerza de trabajo empleados para producirla. En definitiva, quiere producir no solo una cosa útil, sino ante todo un valor y un sobrevalor (o plusvalía).

Vamos a examinar ahora la producción desde el punto de vista del valor:

Vamos a producir 5 kilos de hilo y sabemos que el valor de esta mercancía está determinado por la cantidad de trabajo que contiene. Por un lado, tenemos el valor inicial de la materia prima, por ejemplo, 5 kilos de algodón por valor de 13 €. Por otro lado, el valor del desgaste de los instrumentos empleados en la transformación del algodón a hilo, digamos que unos 3 €. Por tanto, el valor que la materia prima más el desgaste de los medios aportan al hilo es de 16 €. Falta averiguar qué valor aporta el trabajador hilandero al producto.

En relación al valor, es indiferente el género especial de trabajo o su objeto, lo importante es su cantidad; es decir, no importan las necesidades que el trabajo pretende satisfacer, sino el tiempo de trabajo. Recordemos también que el trabajo complejo no es más que cierta cantidad de trabajo simple y que el tiempo necesario en las condiciones ordinarias de la producción es el que determina la formación del valor.

Supongamos que el valor diario de la fuerza de trabajo, al realizarse la contratación del hilandero, se ha fijado en 4 €. Esta suma sería el equivalente al trabajo necesario para producir lo necesario para el sustento diario del trabajador. El trabajador aporta de ese modo un valor de 4 € al precio del producto.

Ajustemos ahora la cuenta del valor total del producto: a los 16 € anteriormente calculados habría que sumar los 4 € aportados por la fuerza de trabajo, dando un valor total de 20 € contenido en el producto. El precio final del producto (20 €) es equivalente al de los precios gastados inicialmente por la compra de los elementos integrantes del mismo: 13 € de materia prima, 3 € por desgaste de los medios y 4 € de la fuerza de trabajo. No se ha generado plusvalía y, en consecuencia, el dinero no se ha convertido en capital.

Diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo y el valor que puede crear

El valor final de 5 kg de hilo es, por tanto, 20 €.

Supongamos ahora que el trabajador transforma 5 kg de algodón en 5 kg de hilo en media jornada. Eso no implica que no pueda trabajar la jornada completa o producir más: el valor que la fuerza de trabajo posee (el coste de las subsistencias que lo mantienen) y el que puede crear difieren en magnitud.

El trabajador, como todo mercader, obtiene el valor cambiable y cede el valor de uso. No puede obtener el primero sin entregar el segundo. En su venta, el valor de la fuerza de trabajo viene determinado por sus gastos de sostenimiento diario. En su uso, sin embargo, puede producir en un día más valor del que ha costado. Esta es la particularidad de la mercancía fuerza de trabajo y es lo que permite la creación de plusvalía.

El capitalista ha pagado el valor diario de la fuerza de trabajo. El hecho de que el sustento diario de esa fuerza solo cueste media jornada de trabajo pudiendo trabajar la jornada entera es lo que genera una producción de sobrevalor.

Volviendo al ejemplo: si el obrero encuentra en el taller los medios de producción necesarios para toda una jornada de trabajo, el valor total de las mercancías empleadas en la operación es de 36 €: 26 € por 10 kg de algodón, 6 € por el desperfecto de las herramientas y 4 € por la jornada de trabajo.

Sin embargo, con el precio de 5 kg de hilo establecido previamente (20 €, o lo que es lo mismo, 4 € el kilo) el precio final de los 10 kg producidos será de 40 €. De tal modo, los 36 € adelantados se convierten en capital, pues han generado una plusvalía de 4 €. Así pues, el problema de la transformación de dinero en capital está resuelto.

La transformación del dinero en capital

El capitalista compra en el mercado cada mercancía en su justo valor y luego, como cualquier comprador, consume su valor de uso. Siendo el consumo de la fuerza de trabajo, al mismo tiempo, producción de mercancías, genera para el capitalista un producto: 10 kg de hilos por valor de 40 €. Tras ello, el capitalista vuelve al mercado como vendedor y vende el producto a 4 € el kilo, ni un céntimo más de su valor y, sin embargo, obtiene 4 € más de lo que había puesto.

En esta transformación del dinero en capital la circulación solo sirve como intermediaria. La fuerza de trabajo se vende en el mercado, pero es en la producción donde se revela como origen de plusvalía. Esta plusvalía, a su vez, no es más que la producción de valor prolongada más allá de cierto límite. Este límite viene marcado por el valor que porta la fuerza de trabajo en sí o, lo que es lo mismo, por el valor de las subsistencias necesarias para que un trabajador se mantenga durante una jornada completa.

Si la acción del trabajo durara solo hasta el momento en que alcanzara el valor de la fuerza de trabajo pagada por el capital, habría simple reproducción de valor. Al pasar de ese límite, hay producción de plusvalía.

Apuntes sobre El Capital IV: Transformación del dinero en capital

Circulación simple de las mercancías y circulación del dinero como capital

La forma inmediata de circulación de las mercancías es la transformación de la mercancía en dinero y nuevamente en mercancía: Vender para comprar. Esta es la circulación ordinaria de la mercancía para convertirse en objeto útil. Partiendo de las manos de quien no le da uso, la mercancía va a parar a manos de quien la va a utilizar. Para que esta persona pueda adquirir la mercancía, ha necesitado vender algo previamente, para disponer del dinero necesario para comprarla. Este proceso constituye un cambio de la forma mercancía-dinero-mercancía: Vender para comprar.

Podemos encontrar una forma de cambio totalmente distinta, la de dinero-mercancía-dinero, esto es: Comprar para vender. El objetivo de este movimiento es únicamente la producción de capital y solo existe como operación completa desde el punto de vista del capitalista.

Mientras que la circulación ordinaria de las mercancías empieza por la venta y termina por la compra, la circulación del dinero como capital empieza por la compra y termina por la venta.

La plusvalía y la fórmula general del capital

El cambio mercancía-dinero-mercancía se explica por las diferencias en el valor de uso (esto es, en la diversa utilidad) de las distintas mercancías. Si tengo dos pares de zapatos y necesito una silla, vendo uno de los pares de zapatos (del que puedo prescindir) y a continuación, con el dinero obtenido, compro la silla. El dinero solo media en la satisfacción de una necesidad.

¿Qué sentido tiene cambiar una cantidad de dinero por la misma cantidad de dinero, mediando la compra de una mercancía? O lo que es lo mismo ¿Qué sentido tiene la forma de cambio dinero-mercancía-dinero? En principio ningún sentido. puesto que del dinero solo es determinante el valor de cambio. ¿Y si la cantidad de dinero inicial y final varía? En ese caso esta transformación empieza a cobrar sentido. En definitiva, la circulación dinero-mercancía-dinero solo adquiere sentido si genera plusvalía (sobrevalor, aumento de valor). Por ejemplo: 100€ - varios kilos de manzanas - 150€. A este acrecentamiento del valor en 50€ lo llamamos plusvalía. Asímismo, al valor anticipado (los 100€ iniciales) lo llamamos capital.

Es importante notar que este movimiento, que tiende al aumento de valor, no tiene límites. El dinero resultante de este movimiento sirve para iniciar un nuevo movimiento del mismo tipo. El movimiento continuo de la ganancia tiene como único objetivo la ganancia misma, generar plusvalía sin preocuparse por el valor de uso de las mercancías que median en el proceso.

La fórmula general del capital, tal como se manifiesta en la circulación, es la siguiente: comprar para vender más caro.

Contradicciones de la fórmula general del capital

Vamos a analizar si la circulación de mercancías es lo que permite el aumento de los valores que entran en ella, esto es, la formación de plusvalía. En principio, el cambio de 500€ de trigo por 500€ de vino no representa aumento de la riqueza para ninguno de los implicados. Estos cambios de forma no implican cambio de la cantidad de valor, como tampoco lo hay en cambiar un billete de 100€ por cinco billetes de 20€. La formación de plusvalía no puede proceder de la circulación en sí.

¿Y si admitimos el cambio de valores desiguales? Supongamos que hay 500€ de trigo en poder de Ana y 200€ de vino en poder de Bernardo. Bernardo convence a Ana de que su vino vale tanto como el trigo (o bien que Ana considera que su trigo no vale más que el vino de Bernardo) por lo que intercambian sus productos. Ahora Bernardo tiene 500€ de trigo y Ana 200€ de vino. El resultado es equivalente a que Bernardo hubiese robado 300€ a Ana. A pesar de ello, lo esencial es que la cantidad de valor se mantiene constante, aunque se haya modificado su distribución. El valor de las mercancías no ha crecido.

En definitiva, podemos afirmar que la circulación o el cambio de mercancías no genera ningún sobrevalor y, por tanto, no es el origen de la plusvalía. Debe ocurrir algo fuera del cambio que haga posible la formación de plusvalía.

Por tanto, las condiciones del problema son estas: El capitalista debe comprar primero mercancías en su justo valor, venderlas después en lo que valen y, sin embargo, recoger de esta segunda venta un valor mayor que el anticipado inicialmente. Esta transformación del dinero en capital debe operarse en el campo de la circulación (pues en la transformación dinero-mercancía-dinero es donde se adquiere la plusvalía) pero, al mismo tiempo, no se ha de realizar en él (pues, como hemos demostrado, no puede ser la propia circulación la que genere este sobrevalor).

La fuerza de trabajo, origen de la plusvalía

Tras la última afirmación, no queda más que una suposición posible: El aumento de valor tiene lugar durante el uso o consumo de la mercancía. Tras su compra y antes de su venta, la mercancía debe alterar (al alza) su valor cambiable, de manera que el acto de usarla equivaliese a crear valor. La mercancía en cuestión se llama fuerza de trabajo y comprende al conjunto de facultades físicas e intelectuales que una persona debe poner en acción para producir cosas útiles.

Por otro lado, si ciertos cambistas carecen de medios de producción (materias primas, herramientas...) serán incapaces de producir las mercancías necesarias para obtener, mediante el cambio, aquellas que satisfagan sus necesidades. Como consecuencia, se verán obligados a vender su fuerza de trabajo, única mercancía de que disponen para transformar. La falta de medios de producción para todos asegura al capitalista la disposición de la mercancía fuerza de trabajo. Esta relación entre el poseedor de los medios de producción y el asalariado, que caracteriza a la época capitalista, no tiene un fundamento natural ni es común a todos los períodos de la historia.

Valor de la fuerza de trabajo

Como cualquier otra mercancía, la fuerza de trabajo tiene un valor determinado por el tiempo de trabajo necesario para su producción. Dicho valor viene determinado por el de los medios de subsistencia necesarios para el que la pone en acción (alimentos, vestido, vivienda...), por el de la educación que ha sido necesaria para modificar el nivel de habilidad y rapidez de este y, también, por todo lo necesario para asegurar su reproducción (las necesidades de los hijos de los asalariados).

Como apunte, el precio de la fuerza de trabajo llega a mínimo cuando se reduce al valor de los medios de subsistencia mínimos. Aquellos que no pueden reducirse sin exponer de manera inmediata la vida del trabajador. En ese caso, su precio es muy inferior a su valor.

Volviendo al valor de la fuerza de trabajo: Si este valor, que ha requerido el gasto de una cierta cantidad de trabajo social (para alimentar al asalariado, vestirlo, educarlo, etc.), estaba determinado antes de entrar en la circulación; su valor de uso, que consiste en su ejercicio, solo se manifiesta después.

El valor de uso entregado por el trabajador al comprador a cambio de dinero sólo se manifiesta en su empleo, es decir, en el consumo de la fuerza de trabajo vendida. Este consumo, que es a la vez producción de mercancías y de plusvalía, se efectúa fuera del mercado. No en el dominio de la circulación, sino en el campo de la producción.

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