Rompiendo silencios rumbo a las “Elecciones” en México 2018

Por Abendsen

El proceso electoral burgués que se practica en la época del sistema capitalista es conocido por significar muy poco para la solución de los problemas de la vida, que en gran parte, fueron impuestos por la burguesía misma. Cierto es, que poco importan los colores de partidos y las propuestas que solo son un instrumento demagógico que poco o nada ha cambiado a lo largo de las últimas décadas. En fin, lo inútil de las campañas políticas ya ha sido argumentado, probado y confirmado, solo queda decir que por eso hablamos de “elecciones”.

Sin embargo, evitar el analisis colectivo de lo que rodea a este proceso ha sido un error casi cíclico del anarquismo mexicano. Al menos en México, las elecciones son la cara pública de las pugnas entre los diversos sectores de la burguesía. Hoy, como ayer, las empresas nacionales y extranjeras buscan apoderarse de los recursos naturales que nos quedan, para lograrlo siempre han intentado posicionar a familiares o políticos con quien es más fácil negociar, hecho que se les ha facilitado con la dinámica de las candidaturas independientes que ya no queda duda que fueron creadas unicamente para ésta clase.

La situación se vuelve mucho más complicada con la participación del narco, quienes funcionan como fuerzas paramilitares, al servicio del gobierno y las empresas, que se han encargado de desplazar gente para extraer recursos naturales con mano de obra esclava adquirida tras más de una década de desapariciones.

Claramente la situación se recrudece en tiempos de “elecciones” y mientras los grandes medios se entretienen con declaraciones dignas de una mala comedia, la burguesía con el narco –su brazo armado- se encargan de imponer su política con sangre. Para esto tienen tres blancos claros: políticos incómodos, periodistas conflictivos y  gente que lucha dignamente.

El primer caso llama la atención porque demuestra la afirmación que se hizo más arriba de la lucha entre sectores de la burguesía, incluso dentro de su propio circo no encuentran solución más que la sangre, consideran que cuesta más negociar con alguien incómodo que simplemente quitarle la vida. Reflejo de esto, para abril del presente año ya se habían registrado en el sexenio de Peña Nieto 73 alcaldes asesinados, no imagino como se reaccionaría en otros países pero definitivamente es un cantidad de personas alarmante.

Durante la jornada electoral que vivimos, es decir, desde septiembre del año pasado hasta hoy, han ocurrido alrededor de 90 asesinatos a candidatos y precandidatos, tanto de la izquierda como de la derecha, hombres y mujeres, incluso del partido en el poder. En la nota de la BBC que aquí referenciamos se hace una breve alusión a que los grupos delictivos son mandados por los gobernadores, cosa que se sabe pero pocos dicen o hacen algo al respecto. Pero claramente nadie saldrá a defender la vida de los alcaldes, ya volveremos al por qué.

Quizá el trabajo de periodista, si se hace bien, es uno de los trabajos más peligrosos en México. Desde años atrás la muerte de periodistas en el país ha sido apuntada, difundida y criticada pero poco se ha hecho al respecto. Tomando como marco el sexenio del actual presidente Peña Nieto, se han registrado más de 40 periodistas asesinados, la gran mayoría de los asesinatos siguen sin resolverse, aunque pareciera que todos fueron perpetrados por un mismo culpable: el narco y ante el narco nadie hace más preguntas.

La extracción de recursos, el desplazamiento, la desaparición, el feminicidio, homicidio y en general la baja calidad de vida de la mayoría de los mexicanos encuentran fuerzas que se le oponen dentro de la misma gente, siendo los pueblos indígenas y las mujeres las principales fuerzas colectivas que se oponen -intencionalmente o no- al Poder del capital en el México actual. Muchas veces esto resulta en muerte.

Recientemente lamentamos la muerte de Manuel Gaspar Rodríguez miembro del (MIOCUP - CNPA MN), el secuestro del Concejal Catarino Aguilar Márquez y Noé Aguilar Rojas, el arresto de Fidencio Aldama Pérez de la comunidad de Loma de Bácum en la Tribu Yaqui y el asesinato de tres compañeros del CODEDI, siendo solo algunos casos, limitándonos a referenciar solo los últimos tres meses del año y enfocándonos en la lucha del CNI así como las organizaciones que lo conforman, pero la lista de presxs, desaparecidxs y muertxs asciende conforme vamos rompiendo los límites de las siglas.

El seguimiento de cada caso es imposible, la creación de listas generales de presxs, asesinatos o desapariciones es impensable. Por lo que nos tenemos que conformar con un pequeño análisis sobre el por qué dicha situación no genera una situación general de movilizaciones superando las divisiones infructíferas de la Izquierda, trataré de limitarme a explicarlo con los casos que acabamos de presentar.

Creo que la principal causa, volviendo al tema de que nadie defenderá la vida de los alcaldes, es ver a quien se culpa. Culpar al narco –desde el 2006- es la salida más fácil, culpa al narco y nadie dirá nada, culpa al narco y ensuciaras la imagen, con una imagen sucia –es decir, con la criminalización de las víctimas- no vale la pena salir a pedir justicia. Esto lo quisieron hacer con los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, pero funciona mejor con alcaldes y diputados que por estar en el poder razones sobran para sospechar su conexión con el narco.

Esto también aplica para el caso de periodistas donde un simple artículo sobre la actividad que reina en el país pueden ser motivo de asesinato y después prueba que justifica dicho acto. Y en el caso de quienes luchan dignamente ni siquiera se necesita una prueba, ni una justificación, ya que en las comunidades indígenas y rurales del país narco-Estado-Inversión Privada se muestran a plena luz del día como un mismo ente. La ciudad no está excenta de este problema, pero suele manifestarse más en la cárcel que en el asesinato, como sería el caso de lxs anarquistas en la cárcel o más recientemente el arresto de León Fierro.

Queda preguntarnos ¿Por qué la gente de las ciudades no reacciona ante las inclemencias de la vida en el campo? Para empezar, por la existencia misma de dicha dicotomía. La falsa dicotomía entre lo rural y lo urbano, sumado al extremo individualismo que se desarrolla en este último, mantiene a las luchas separadas. Las organizaciones sociales (anticapitalistas o no) han fallado en el análisis de la situación y tras más de 10 años de guerra no han sido capaces de responder de manera apropiada.

Después de la jornada de lucha popular en el 2006 y la jornada de movilización electoral del 2012, lo que de manera general llamaremos la Izquierda urbana, sufrió un divisionismo tremendo que le impidió hacer frente a los megraproyectos y a la guerra, dándose cuenta ya muy tarde de que son dos caras de un mismo enemigo. Conforme han avanzado los años pareciera que dicha fragmentación se refleja en la infinitud de información que se genera día con día sobre luchas, eventos, opiniones, nuevos colectivos, nuevas centrales, pero ninguna ha sido capaz de mantener una influencia que se refleje en actos de resistencia efectivos.

Mientras esto pasa en las ciudades, en los campos y montañas del país se va forjando la propuesta del Congreso Nacional Indígena quienes han utilizado la coyuntura electoral para llegar a todos los medios de comunicación y así buscar no la unificación, sino la organización de la enorme diversidad étnica del país. Hoy hay cada vez más comunidades que asumen la bandera del CNI como una alternativa y como un apoyo real ante las embestidas del capital no solo en el sur del país, también crece su presencia en el centro y el norte. Presencia que no se limita a los pueblos originarios, también tuvo su impacto en el movimiento de las mujeres convocando al histórico Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo Y Cultural de Mujeres Que Luchan.

Desafortunadamente en la Izquierda urbana el ejercicio “electoral” del CNI fue excusa para generar aún más divisiones –la mayoría de ellas basadas en el ego o la ignorancia y no en la crítica- dificultando de manera importante los proyectos que el CNI buscaba plantear una vez logrado el primer paso. Afortunadamente las personas reunidas en el CNI hace mucho comprendierpn que no dependen de nadie y plantean una continuación de su digno proceso de lucha.

Sobre todo esto los candidatos -a cualquier puesto- callan. Callan porque saben que cualquiera de sus propuestas no serán más que continuaciones de lo que ocurre pero con diferente color. Colores que representa a un sector específico de la burguesía. Tanto el PRI (Burguesía “revolucionaria”[i]), el PAN (Burguesía católica), Morena (Pequeña burguesía) y los independientes (Burguesía norteña y la de la costa del pacífico[ii]) reproducen un silencio inhumano ante las atrocidades que acabamos de mencionar.

Insisto que ante dicho silencio se debe abandonar toda esperanza por un cambio institucional y quienes den un paso firme en dicha dirección se encontraran con el ejemplo del CNI para avanzar en las luchas locales, superando egos y divisiones que solo nos han desarmado en contra del crudo avance capitalista. Es hora de empezar a analizar los conflictos de México como Estado-nación desde una visión estratégica que nos permita responder efectivamente a todo lo que acabamos de describir y todos los horrores que no pude mencionar desde la horizontalidad y el antiautoritarismo.


[i] “Revolucionaria” en relación de que son los hijos y nietos, o al menos dignos herederos, de la burguesía que triunfa tras el proceso revolucionario y posrevolucionario (1910-1940), tiende al neoliberalismo como todas las demás.

[ii] La primera representada en el candidato presidencial Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco” y la segunda por Pedro Kumamoto, candidato al senado por el estado de Jalisco.

Anarquismo y política electoral/institucional

Por BlackSpartak

Abro este artículo para hacer un recuento de aquellas experiencias libertarias relacionadas con la participación de militantes en las candidaturas electorales o en la gestión de instituciones sea con ánimo de subvertirlas o no. Es un recorrido por el lado posibilista del anarquismo.

Basándonos en la terminología del siglo XIX se entiende el anarquismo como aquella vía al socialismo basada en la insurrección obrera. Por ello, las escuelas tradicionales del anarquismo se generaban en torno a fórmulas organizativas de ese cuerpo social que se iba a sublevar contra el poder estatal (la comuna, el sindicato, el grupo de acción insurreccional, el individuo concienciado). Ante esto la socialdemocracia aparecía como una vía posibilista y etapista pensando en llevar a la clase obrera a los parlamentos nacionales para desde ellos tener un altavoz ante toda la sociedad. Su objetivo oculto variaba entre algunos que pretendían utilizar estos altavoces como apoyo a la insurrección de masas o bien entre otros que habían abandonado toda pretensión revolucionaria y defendían vías pacíficas y evolucionistas.

Sin buscar mucho en la propia biografía de una de las figuras más conocidas del anarquismo encontramos que Pierre Joseph Proudhon fue diputado de la Asamblea Nacional de la segunda república francesa. No duraría mucho, puesto que Proudhon protestaría enérgicamente ante la represión de los militares desde su puesto, cosa que le costaría abandonar el cargo. En esta época no es raro que aparecieran tribunos de las clases populares, destacando el Cartismo británico, un movimiento de base, obrero, que pedía la ampliación del sufragio universal a las capas más pobres de la sociedad. Esperaban poder ganar más poder para la clase trabajadora así. Si hoy este tipo de cosas nos parecen sumamente naif, en aquella época solían ser corrientes los experimentos o la utilización instrumental de los cargos públicos para otros fines, más acordes con la revolución. Por ejemplo Giuseppe Fanelli disfrutaba de libertad de movimientos (y de viajes pagados) debido a su condición de diputado italiano. De esta manera llegó a España a contactar con el incipiente movimiento obrero autóctono. Fanelli en este caso no seguía el programa político de la corriente que lo había llevado al parlamento sino el programa revolucionario de la Alianza bakunista.

Pero este artículo intentará revisar otro tipo de ejemplos, los de las organizaciones de origen libertario que caen en el apoyo de una táctica que encajaría más con la socialdemocracia.

En este sentido destacaría el Partito Socialista Anarchico Rivoluzionario fundado en 1891 por unos 80 miembros del movimiento libertario y del movimiento socialista italianos. Lo entendieron como un partido u organización política llamada a conformar un movimiento socialista más amplio. Por ello participaron en el Partito Socialista Rivoluzionario junto con otros socialistas. En este caso la alianza incluía una diversidad de tácticas. El año siguiente lanzaron un partido parlamentario, el Partito Socialista dei Lavoratori Italiani en el que ya su ala anarquista pasó a la minoría hasta la creación del Partito Socialista Italiano en 1895 siendo purgada del todo cualquier corriente anarquista. Fruto de esta experiencia es el debate en los medios libertarios italianos entre Errico Malatesta y Saverio Merlino, partidario de participar en el nuevo PSI para no perder el contacto con los trabajadores [1].

Hay que decir que este debate tiene lugar antes de la implantación del sindicalismo revolucionario entre los medios obreros. Por tanto se desarrolla un periodo en el que los anarquistas buscan su lugar en el seno del movimiento socialista. Tengamos en cuenta que la época fue conocida por el fenómeno terrorista, muy espectacular y radical. Pero a la vez produjo la separación del movimiento de numerosos militantes anarquistas que no veían con buenos ojos esta deriva. El sindicalismo revolucionario vino a terminar con esta etapa. Y sin embargo, durante toda la década hubo anarquistas en la Segunda Internacional, constituyendo una minoría revolucionaria. Se ha argumentado incluso que por breves años el anarquismo tuvo mayoría en la Segunda Internacional entre los años 1889 y 1892 [2]. Pero las purgas de todo sector libertario – que solía ser partidario de incluir sindicatos en la Internacional, cosa que ponía en peligro el liderazgo del socialismo alemán – propiciaron que éstos se dedicaran en la segunda mitad de la década de los 1890s a insertarse en los sindicatos. Entre los purgados, por poner nombres, estarían Gustav Landauer y Rudolf Rocker, libertarios que formaban parte de un grupo disidente de la socialdemocracia alemana llamado Die Jungen en 1892.

Otro caso, en 1897 en Chile se fundó una organización que aunaba socialistas y anarquistas, la Unión Socialista. Su programa se basaba en una nueva constitución, la separación de la iglesia y del estado, la abolición de la pena de muerte y de los azotes, de la cadena perpetua y la elección directa del presidente de la república. Pretendían instaurar una sociedad socialista con los medios de producción colectivizados de acuerdo con las necesidades de la sociedad [3].

Hago un pequeño apunte estratégico. Si en la Primera Internacional los anarquistas tuvieron un liderazgo efectivo del movimiento socialista internacional fue gracias a que estaban bien organizados y estructurados. La Alianza por la Democracia Socialista se demostró un acierto completo, al evitar la hegemonía de los demás socialismos autoritarios o centralistas en el movimiento (el de Marx, el de Blanqui, el de Lasalle, etc.) o de los republicanos (Mazzini). El anarquismo internacional mantuvo una internacional desde el Congreso de Saint Imier de 1872 hasta finales de la década a través de la Internacional Negra, activa en Estados Unidos sobretodo. En 1881 se celebró un Congreso Internacional Anarquista en Londres que vino a encumbrar la práctica de la propaganda por el hecho y la acción revolucionaria a toda costa. Esta táctica separó a los anarquistas del movimiento obrero, y como resultado las ideas libertarias languidecieron. Allá donde no se hizo, el movimiento anarquista logró ponerse en cabeza de ciertos procesos colectivos (la huelga de Chicago de 1886, las huelgas de las 8 horas de 1890, la huelga de Jerez de 1891, etc.) aunque en general bien poco en comparación con la década anterior de predominio del bakuninismo. En general en esta década de los 1880s se da un enfrentamiento interno en el seno del anarquismo entre anarco-colectivistas y anarco-comunistas que ayudará a incidir en la parálisis antes relatada. Este es otro de los motivos por los que algunos libertarios estén coqueteando con el socialismo o con el laborismo durante esta época.

En resumen, el movimiento en el cambio de siglo llegará decidido a participar en los sindicatos, reforzando la corriente autónoma que defendía la independencia de los sindicatos de toda opción política. En el fondo se trataba de una corriente reformista, partidaria de mantenerse en las cuestiones reivindicativas y a crear una sociedad paralela. Pero al entrar en bloque la corriente se pudo originar el sindicalismo revolucionario que defendía un socialismo en el que los sindicatos fueran la columna vertebral de la nueva sociedad. No sólo organizarían a la clase en la reivindicación sino que controlarían la economía y la vida social.

El siguiente movimiento con participación institucional sería el mexicano, el Partido Liberal Mexicano. Los liberales no eran otra cosa que socialistas libertarios, aunque con participación de militantes republicanos posicionados en el socio-liberalismo. Conformaron una vasta red de clubes liberales por todo el país y en el exilio, que fueron la escuela política de la mayoría de dirigentes de la futura revolución mexicana de 1911. Este movimiento liberal fue responsable de huelgas e insurrecciones que marcaron el inicio de la revolución. Pero al no lograr imponerse al movimiento burgués de Ignacio I. Madero cayó en la derrota y la descomposición. Parte de sus cuadros pasaron al maderismo, otros se unieron a Villa y a Zapata para proseguir en el proceso revolucionario hasta que terminó en 1920. Otros se integraron en las estructuras de la república mexicana incluso ostentando cargos, como Antonio Villarreal que fue gobernador de Nuevo León en 1914, entonces partidario de Álvaro Obregón.

Cuando Durruti y Ascaso visitaron México en 1926 constataron que el anarquismo – entonces organizado en la CGT mexicana – era muy partidario del gobierno. No lo entendían, y lo veían como una deriva reformista alejada de cualquier conflicto con el estado. La causa misma fue la derrota de esta tendencia en la revolución y la necesidad de sobrevivir a la irrupción del comunismo mexicano, mucho más dinámico y revolucionario.

Parecido al caso chileno será el Partido Socialista Revolucionario de Paraguay, fundado en 1914 a partir de varios grupos, entre ellos el Centro de Estudios Rafael Barret, de origen libertario. También había varios militantes de la Federación Obrera de la Región Paraguaya. Si bien este partido fracasó y sus cuadros pasaron al comunismo a finales de los años 20, los libertarios volvieron a intentar otro tipo de experiencia unitaria. Esta vez sería la Alianza Nacionalista Revolucionaria, fundada por anarquistas en 1928 y cuyo objetivo era la implantación de una república comunera, cosa que intentaron en la insurrección de 1931 en Encarnación. Más tarde tendrían una nueva oportunidad en 1936.

Si esto hacían en Paraguay, en Colombia también hubo un Partido Socialista Revolucionario, creado en 1927. En él participaron algunos militantes libertarios que solían mezclarse con el ala izquierda del Partido Liberal en la convulsa política interior colombiana. Estos mismos militantes participaron en los sindicatos anarcosindicalistas del Magdalena, que fueron destruidos por la represión brutal del gobierno. Aquella represión acabó con el movimiento libertario y con el PSR, marcando el inicio de la hegemonía liberal en la izquierda colombiana. Al menos durante tres décadas. Es similar este aporte libertario al PSR al que tuvo en Perú el APRA. Pero en el caso peruano podríamos hablar de libertarios que abandonaron el movimiento por el aprismo y el comunismo. Pero ya que estamos en el Perú, podríamos comentar que en las municipales de 1916 hubo un candidato libertario, Carlos Barba, en Cusco. Lo hacía no como militante del anarquismo sino del movimiento social de la época, el Comité Pro-Abaratamiento, un movimiento anti-oligárquico.

En España es conocido el Partido Sindicalista de Ángel Pestaña de 1934. Menos conocido es que hubo algún otro intento previo como el Grupo Sindicalista de Gijón, de 1917 [4]. O que siempre hubo una tendencia republicana federalista en CNT, que muy probablemente influía a los obreros de manera directa. El anarquismo ibérico tuvo responsabilidades institucionales en la guerra civil en centenares de municipios y en todas las administraciones públicas. Pero como este es un ejemplo conocido no nos detendremos aquí.

Pasemos a Francia. En 1950 la Federación Anarquista estaba dirigida por una facción plataformista, llamada Organisation Pensée Bataille (OPB). Se dice que en 1953 toman el control de la FA cuando 13 de 16 grupos federados estaban bajo la órbita de OPB. Entre sus figuras destacaba Georges Fontenis. En este año la FA cambiará su nombre a Fedération Comuniste Libertaire, FCL. En 1954, sin casi desarrollo, dará su apoyo a la independencia argelina, y en 1956 presentará una lista a las elecciones legislativas con 10 candidatos de la FCL [5]. La lista obtiene unos 2600 votos. El movimiento libertario fue destrozado por la represión en 1957-58 y no levantará cabeza hasta 1967. Las organizaciones herederas de la FCL no volverían a incurrir en procesos electorales. De la FCL surgiría una nueva organización, les Groupes Anarchistes d'Action Révolutionnaire, que criticarían duramente el dogmatismo anarquista que no se acababa de posicionar en la guerra de Argelia, así como su apoyo a la liberación nacional.

Otro caso interesante fue la colaboración de militantes anarquistas con el Movimiento del 26 de Julio cubano [6]. Si este movimiento popular tuvo un arraigo entre la población, fue también con la participación de militantes procedentes de la Alianza Libertaria Cubana y de los sindicatos. También con auténticos free-riders como Abraham Guillén, libertario español residente en México que apoyó a la guerrilla y le dió su característica original: el foquismo. O en otras palabras, la generalización de puntos rebeldes en diversos puntos de un país desde donde se irradiaría la revolución conectando con otros actores [7]. Esta fue la premisa táctica del guevarismo. Los anarquistas cubanos sufrieron una traición en 1961 al llegar Fidel Castro al poder y querer establecer un estado comunista.

Siguiendo en América Latina encontramos el caso de Ernesto Miranda. En la postguerra mundial los sindicatos obreros influidos por lo que quedaba del anarcosindicalismo tradicional participaron de la reconstrucción de un sindicalismo unitario chileno en 1953, la CUT. Pero los libertarios fueron minoría y las cúpulas comunistas y socialistas dieron al traste con algunas movilizaciones interesantes en 1955. Esto animó a los anarquistas participantes en la CUT a organizarse políticamente. En este sentido tenemos el Movimiento Libertario 7 de Julio, que es una organización política creada en 1957, entre la que destaca la figura del mencionado Miranda. Al no encontrar un movimiento revolucionario o insurreccional se van coaligando con otros sectores de la extrema izquierda, como el de Clotario Blest. Con éste ya habían compartido militancia para construir la CUT. Blest engancha a los libertarios en su proyecto de crear un movimiento unitario, que primero se llamaría Movimiento 3 de Noviembre, y luego Movimiento de Fuerzas Revolucionarias. Durante la década de los 60s estas fuerzas se irían agrupando junto con otras hasta constituir el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR en 1965. El MIR será el ala revolucionaria de todo el proceso chileno hasta el golpe de estado de Pinochet. Y si bien el MIR estaba influido por el marxismo-leninismo en realidad tenía una corriente libertaria en su seno.

En las elecciones de 1972 – las que dieron el triunfo a Allende – se inscribió una pequeña fuerza llamada Movimiento Sindical Libertario, encabezada por Ernesto Miranda logrando unos escasísimos 1000 votos [8]. Otros libertarios participaron en Vanguardia Organizada del Pueblo, una organización guevarista de acción armada.

Los escasos libertarios del Perú que había en los años 60, nucleados en el Instituto de Estudios e Investigación de Cooperativas y Comunidades (Indeicoc), pudieron realizar su actividad en un ambiente de tolerancia (y cuando no de apoyo) gubernamental, siendo el gobierno del general Velasco el único de signo izquierdista del continente americano que logró durar en el tiempo. El Indeicoc tenía como misión la difusión de la autogestión y del cooperativismo entre la clase productora. Algunos de los militantes de este grupo serían difusores de las ideas libertarias en los años 80 y 90 en otros proyectos culturales y socio-políticos.

Otro movimiento de carácter unitario en clave unidad popular sería la FAU, Federación Anarquista Uruguaya. Creada en 1956, tendría un importante desarrollo en un país tan pequeño pero tan politizado como Uruguay. Creó varios frentes de trabajo que dieron sus frutos en la fundación de la CNT en 1964 y en el movimiento estudiantil. Al ser ilegalizada en 1967 crearán un frente de lucha armada, la Organización Popular Revolucionaria [9]. En aquella época cambian el tradicional color rojinegro del movimiento por los colores nacional-populares de Uruguay. El proceso de lucha armada los hizo colaborar activamente con los tupamaros, situación que fue paralela en Argentina al colaborar los libertarios de Resistencia Libertaria con los montoneros. Un grupo de militantes de la FAU junto con otros militantes comunistas, guevaristas y demás, fundaría en 1975 el Partido por la Victoria del Pueblo en 1975. La represión destrozó esta organización que ingresaría en el Frente Amplio con posterioridad.

Similar a estos procesos es la historia de los Gruppi Anarchici d'Azione Proletaria, GAAP. Estos grupos fueron una facción anarco-comunista de la FAI iniciados en 1949. Tienen cierto arraigo en el Lazio y la Toscana. Entablarían relaciones con la FCL francesa intentando crear una internacional, que fracasó rápidamente. En 1950 la FAI expulsa estos grupos, que son solamente 4. A continuación irían desarrollando su revista, L'Impulso, pero con el tiempo confluirían con varios grupos de la izquierda comunista creando una nueva organización Azione Comunista en 1956 perdiendo toda relación con el movimiento libertario [10]. Lo que quedó de este movimiento en la década siguiente fue a parar a Lotta Comunista, que fue una de las impulsoras de la radicalización proletaria del momento.

Resulta interesante constatar los intentos de ciertas figuras del exilio libertario español por crear una organización política. Por ejemplo García Oliver pensaba que el movimiento libertario tenía que crear un Partido Obrero del Trabajo, para que participara como brazo político del movimiento en los gobiernos republicanos en el exilio, ya que la CNT sobraba de esta entidad y la FAI la entendía como un organismo cultural y filosófico. Parecido pensaba Horacio Prieto con su proyecto de Partido Libertario, que tampoco fue seguido. Por último existió un Partido Laborista, iniciado por libertarios, pero en este caso no era para articular el movimiento libertario si no para integrarlo en el régimen franquista. Puede que la fuerte personalidad de los que hacían estas propuestas jugara en contra de crear estructuras estables y con posibilidades. En este caso el movimiento libertario que conocemos – al ser el movimiento español el más fuerte – habría cambiado decisivamente.

Por último mencionaré en este recorrido el movimiento revolucionario alemán. En este caso su origen se encuentra en el pacifismo antinuclear de los años 50. En la década siguiente el movimiento coge una impronta propia y se masifica. Logra arraigar entre los estudiantes del SDS, juventudes socialistas, y a partir de ahí enraíza con otras expresiones del movimiento juvenil. Ante el pacto de gobierno entre la CDU y el SPD – la socialdemocracia - el movimiento juvenil convocaría un congreso y se estructuraría en la llamada Oposición Extraparlamentaria [11]. Esta oposición era un conjunto de muchas fuerzas de izquierdas que con el tiempo fueron conformando tanto el movimiento estudiantil como las fuerzas de lucha armada de la década de los 70. Y dentro de esta experiencia un sector poco a poco se fue metiendo en la construcción del Partido Verde que fue a elecciones. Existe cierto paralelismo con Estados Unidos donde el movimiento estudiantil de los 60 fue el creador de los cuadros revolucionarios de la década siguiente. El fracaso de la lucha armada también dio lugar a partidos verdes y a intentonas de reforzar el movimiento popular desde el municipalismo. De ahí la propuesta de Murray Bookchin por ejemplo.

Como última curiosidad ver de donde sale Bernie Sanders. El candidato del Partido Demócrata fue elegido por primera vez en Burlington, Vermont, en 1981. Vermont, había recibido desde finales de los 60s un par de oleadas de jóvenes comuneros que huían de las ciudades. Intentaron hacer su revolución pacífica a través de una vasta red de cooperativas y de pequeñas comunidades intencionales. No lograron hacer la revolución pero en cambio lograron cambiar la ideosincrasia del estado, volviéndolo el más progresista de todo Estados Unidos. Uno de aquellos izquierdistas que se vincularon a Vermont sería el propio Bookchin, una de las cabezas pensantes del Centro Obrero de Vermont de los 70. Posteriormente fundaría allí su famoso Instituto de Ecología Social, desde donde desarrollaría y difundiría sus ideas. Sanders, que igual que Bookchin venía de Nueva York, sería otro hijo de esta época solo que claramente socialdemócrata.

En los últimos años también ha habido algunos casos curiosos, como el de Cara Jennings, que se definía como anarquista (venía de las Radical Cheerleaders) y se presentó a la alcaldía de Lake Worth, Florida. O el de Jón Gnarr, aquel alcalde punk de Reikjavik. Tampoco os voy a engañar. En la izquierda abertzale también había militantes que se autodefinían como libertarias y que tenían – o tienen – cargos institucionales. Y en Podemos y en las CUP también… ¿están vinculadas al movimiento anarquista? No, pertenecen a otros movimientos políticos, como Jennings o Gnarr. Aunque sus creencias personales sean esencialmente libertarias, sus actos políticos no lo son, forman parte de otros proyectos. Este tipo de comportamiento individual, que no ha sido raro en la lucha política del último siglo y pico, no es exactamente lo mismo que una organización libertaria que se “mete en política”.

¿Qué balance se puede hacer de todo esto? Bien, se trata de una larga colección de fracasos que tiene su origen en los fracasos del propio movimiento libertario para crear una chispa revolucionaria. En política el fracaso de una vía revolucionaria provoca la creación de una via reformista o parlamentaria; y viceversa, al fracasar la vía reformista se promueve un ciclo de lucha armada que al ser derrotado, vuelve a poner las bases de una línea pública y de masas. El anarquismo es una corriente de liberación, pero se entiende que la frustración al no lograr las metas en un tiempo razonable de militancia lleva a parte del movimiento a experimentar con otras vías que no son vistas como tradicionales pero que en realidad sí que lo han sido a lo largo de las décadas. En este caso tenemos que diferenciar dos cosas distintas: la de quienes abandonan el movimiento y pasan a movimientos socialistas o comunistas, y la de quienes siguen vinculados al movimiento anarquista y que después de esta experiencia vuelven a participar en otras formas organizativas libertarias que entendemos como “clásicas”.

NOTAS

[1] Anarquismo y elecciones.

http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/politica/elecciones_y_anarquismo/elecciones.html

[2] En este sentido se suele nombrar a William Morris, un socialista libertario británico cercano al anarquismo. Pero se dieron también otras expulsiones además de las del socialismo alemán, como las del holandés Domela Niewenhuis entre otros.

http://blocs.xtec.cat/mmompart/2012/08/05/la-segunda-internacional/

[3] Unión Socialista.

https://es.wikipedia.org/wiki/Uni%C3%B3n_Socialista_(Chile,_1897)

[4] Anarquismo ibérico [https://serhistorico.net/2017/04/13/algunos-precedentes-del-partido-sindicalista-de-angel-pestana/]

[5] Georges Fontenis

https://fr.wikipedia.org/wiki/Georges_Fontenis

[6] Un poco de historia del anarquismo cubano y su represion y muerte en manos del castrismo.

http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/29686

[7] El “foquismo” guerrillero.

https://www.anarkismo.net/article/17385

[8] Ernesto Miranda

https://es.wikipedia.org/wiki/Ernesto_Miranda

[9] La FAU

http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=3701

[10] GAAP

https://it.wikipedia.org/wiki/Gruppi_Anarchici_di_Azione_Proletaria

[11] Oposición Extraparlamentaria

https://es.wikipedia.org/wiki/Oposici%C3%B3n_extraparlamentaria

 

[Colombia] La consigna libertaria es no olvidar el año viejo

Una de las grandes deficiencias que tienen los círculos libertarios en Colombia ha sido la falta de sistematicidad, de trazar objetivos y poder evaluar su cumplimiento en un futuro, así sea para hallar los puntos clave donde empiezan a generarse los errores o aciertos de nuestras posturas. Precisamente, la parte de balances es importante para ello, y no se le ha dado la importancia suficiente, por un lado, por guardar estos análisis en los círculos más íntimos militantes, o simplemente quedan en el aire y no logramos aterrizarlos, para su comunicación y debate, dejando morir en el olvido interesantes análisis que se quedan en una conversación informal. Aquí, un breve y humilde aporte a esa labor que parece que, desde diferentes ópticas y miradas, ya venimos dando en el país. Por supuesto, no se intenta hacer un trabajo personal de reflexión, sino de recoger muchos apuntes que se han construido colectivamente en esas informalidades, pero que a lo mejor con un poco de mayor difusión podemos conectar nodos para caminar con una paso más firme y ligero.

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“el anterior año fue de los más trágicos en una guerra perpetua que, parece ser, la elite no quiere acabar contra las pobres”. Foto: Contagia radio

 

Que deja el año viejo:

Un año violento para el pueblo:

Lo primero es realizar un balance de lo que fue el 2017. Por un lado, y bajo una lupa puesta en las manos de los movimientos sociales y las desfavorecidas del país, el anterior año fue de los más trágicos en una guerra perpetua que, parece ser, la elite no quiere acabar contra las pobres. Los saldos oficiales de lideres sociales asesinados fluctúan entre los 100 y 1301, aunque desde diferentes organizaciones de derechos humanos advierten que el número es mayor2, sobre todo si tenemos presente los asesinatos de defensores de derechos humanos, ex-combatientes de la insurgencia, activistas medioambientales y familiares o personas cercanas a todos estos. En ese aspecto, esto no es otra cosa que la consolidación de una estrategia de la elite santista, que a pesar de su retórica pro-paz, su estructura militar, burocrática y partidista se encuentra aún sumida dentro de la lógica guerrerista más retrograda: las amenazas, torturas y desapariciones siguen siendo pan de cada día.

Al cierre del 2017, un ejercicio certero desde el campo libertario, y en general de la izquierda, es empezar a asumir la posición oficial del gobierno respecto al tema: de un lado, actores como la fiscalía, el senado o el propio presidente no se refieren al tema más que como un “efecto secundario” de los diálogos, reduciendo las denuncias a un par de cortas palabras y pasando de agache con uno que otro paño de agua fría; pero de otro lado, el ejército, ministerio de defensa y las bancadas ultra-derechistas son más ofensivas en sus discursos, bien disminuyéndolos a simples líos de faldas y problemas de linderos (como lo expresa el jefe de las fuerzas armadas Luis Carlos Villegas) o justificándolos en cierto grado, incluso, actuando en aparente descordinación con lo planteado desde una posición derechista más “progresista” en tema de resolución social de los conflictos, que son solo palabras frente a la reorganización de las fuerzas armadas para el 2018, con un altísimo grado de establecimiento de batallones microfocalizados y fuerzas de tarea especializadas, dentro del llamado “Plan Estratégico Militar de Estabilización y Consolidación ‘Victoria’”3, redoblando el pie de fuerza en lugares donde históricamente la violación de derechos humanos ha sido una constante. Esto no es una mera táctica de desatinos oportunistas o palabras mal ubicadas: es el discurso oficial que construye y mantiene el régimen respecto al genocidio en la Colombia profunda de quienes se organizan en defensa de los intereses de las personas de abajo. Es importante superar el discurso que ha optado la centro-izquierda y los jefes políticos de la antigua insurgencia y hoy partido político legal de las FARC, donde a pesar de la abierta guerra declarada desde los mandos altos militares con su mirada puesta en otro lado, mantienen bajo la política de “cordialidad” y “no darse duro contra el enemigo” un discurso de “respeto y admiración”, incluso de ingenuidad, hacia el aparato militar-paramilitar del Estado (como en el saludo de Timochenko a las fuerzas militares, desconociendo que la lógica contrainsurgente de estas ni siquiera ha menguado4).

Ante esto, diferentes organizaciones campesinas, indígenas y afro han optado por, de un lado, no confiar en el supuesto copamiento estatal de las zonas antes controladas por las FARC, porque o bien las fuerzas militares entran con un sentimiento revanchista y de venganza (como la región de la Macarena), o simplemente dejan abiertas las puertas a la entrada de grupos paramilitares. La comunidad de paz de San José de Apartadó es una muestra clara de ello: en vísperas del fin de año, 4 paramilitares fueron detenidos por la comunidad cuando cumplían la misión de asesinar a uno de los líderes sociales del territorio, y a pesar de las advertencias que ya se habían hecho, el discurso del ejército y la gobernación de Antioquia es que dichos sicarios políticos eran “bandidos comunes” que iban a robar un supermercado, a pesar de las múltiples pruebas, y finalmente fueron dejados en libertad5. Esto no solo refuerza lo que ya se ha venido diciendo, sino que nos muestra la respuesta natural de las comunidades frente a la avanzada paramilitar de los territorios, en consonancia con la omisión (pero no inacción) del Estado: si bien la mayor parte de los movimientos sociales no están dispuestos a replicar la guerra bajo las lógicas que impartían en antaño las insurgencias, la defensa del territorio de las comunidades es algo que ya no puede descansar el manos del gobierno y son los mismos pobladores organizados quienes van, generalmente de manera pacifica pero contundente y organizada, desarmando a grupos paramilitares, militares e incluso a insurgencias que desafían el poder popular construido por las mismas comunidades, esto último vislumbrado sobre todo en el caso del extremo militarismo del EPL (supuestamente maoísta) en el Norte del Cauca.

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“la defensa del territorio de las comunidades es algo que ya no puede descansar el manos del gobierno”. En la imagen, militares detenidos por la guardía indígena de Nariño, luego de realizar incursiones no deseadas por la comunidad en territorio ancestral. Foto: La FM

 

Y lo anterior en el año 2017 fue historia, de abajo y sin grandes titulares, que sin embargo va marcando unos antes y después en determinadas veredas, resguardos y municipios: el desarme del ejército en Corinto (Cauca), las incautaciones al Ejército Popular de Liberación y disidencias de las FARC en Caloto y Toribío (Cauca), la captura de paramilitares en Apartadó (Chocó), el establecimiento de nuevas guardias campesinas, afros y populares en departamentos como Cauca, Tolima, Valle y Putumayo, la unión multicultural en defensa del territorio en el Catatumbo y Chocó, entre otras experiencias similares. En conclusión: de forma espontánea, a pesar de las equivocadas lecturas de aquella izquierda seducida por el discurso santista, el pueblo va cada vez asumiendo la defensa de su territorio, cosa que tarde o temprano chocará contra el monopolio de la fuerza terrateniente y gamonal que se mantiene en el país, tal como ha venido pasando por ejemplo en Túmaco. No sobra anotar que en esta parte el anarquismo militante ha estado más o menos ausente, y se requiere entender la lógica de la territorialidad como un eje fundamental programático para una certera apuesta por el establecimiento de proyectos políticos de carácter comunitarios y asamblearios, incluso, que abren las puertas hacia la discusión de Estado, el militarismo y la verticalidad dentro de los mismos movimientos sociales, sobre todo en un país como Colombia, donde las insurgencias han tenido una base social impresionante pero han impuesto su propio lógica a estas.

En el aspecto legislativo, a pesar de la supuesta esperanza que se asumían con los diálogos de paz, por ejemplo, respecto a participación política y distribución de la tierra, la ofensiva contra el pueblo no paró. Muchas de las zonas que se negociaron en La Habana y que se iban a dar a los antiguos guerrilleros, así como a familias sin tierra, se han embolatado en proyectos productivos que no han tenido plena financiación, repercutiendo incluso en el abandono de ex-combatientes de sus zonas veredales a causa de la desilusión6. Esto se suma a la ya avanzada de los ejércitos paramilitares anti-restitución, promovidos por terratenientes de diferentes regiones, mientras la legislación de entrega de tierras se encuentra lenta o su ejecución directamente frenada. En vía de ello, la supuesta apertura democrática negociada con las FARC fue pateada por el congreso de la república, no solo por la bancada de extrema-derecha sino por la desidia dentro de los mismos partidos oficialistas, quienes con macabras jugadas legislativas tumbaron la propuesta de entregar 16 curules a los movimientos de víctimas de los municipios que más sufrieron el rigor de la guerra en el país. Como se verá más adelante, a pesar de lo lamentable de la situación, da pie a experiencias democráticas en dichos territorios que pueden ser favorables a posturas libertarias, dada la desesperanza que invade a los movimientos agrarios que pierden cada vez más la fe en el supuesto camino trazado que dejó las negociaciones con la insurgencia, pero aumenta la confianza en la propia organización popular (un poco perdida en varios aspectos, bajo el establecimiento vanguardistas de algunas insurgencias, cuyo diálogo con los actores sociales si correspondía con una lógica militarista de arriba/abajo-ejército/pueblo).

Y a parte de la legislación meramente parlamentaria, dentro de los movimientos sindicales también queda un precedente gravísimo con respecto a la huelga de pilotos de Avianca, donde a pesar de ser una manifestación que contó con una fuerza increíble (siendo la huelga aérea más larga en la historia del país), finalmente fue declarada ilegal, por supuestamente, estar vinculada a la prestación de “servicios públicos”, a pesar de ser eminentemente operada por particulares, y peor aun, particulares históricamente aliados del paramilitarismo como el dueño de la aerolínea, el señor Eframovich. Esto marca un precedente dentro de un movimiento sindical que cada vez da más pasos atrás, por ejemplo, con la pasividad que se asumió el año pasado el paupérrimo aumento del salario mínimo (escenario que se repitió de nuevo para este año) y el ataque a los bolsillos de los pobres que significó la reforma tributaria; en suma, todo ello, parece que la da ciertas ventajas judiciales y de precedentes a la ya poderosa patronal de Colombia.

Las fuerzas alternativas:

En la arena de la izquierda, como se puede entender en un año preelectoral, el establecimiento de alianzas fue el derrotero. Quedan ya marcadas para la contienda electoral 3 posiciones: primero, una complicada alianza anti-corrupción del Polo Democrático, la Alianza Verde y Compromiso ciudadano, que recoge desde las posturas centro cercanas al derechismo civilista (Sergio Fajardo) hasta la izquierda socialdemócrata (Jorge Robledo); segundo, de la izquierda, encabezada por el controvertido Gustavo Petro (movimiento Progresistas) y Clara López (antigua líder del Polo Democrático que viró hacia el ministerio de Trabajo de Santos), secundados por varios movimientos, entre ellos la Unión Patriótica (paralela al Partido Comunista); y finalmente, el movimiento político de las FARC, que ha renunciado a las alianzas con la confianza de las 10 curules legislativas ya aseguradas en La Habana y que le apuestan a cierta relevancia electoral en la presidencia, y sobre todo, en la cámara de representantes desde las regiones donde ha tenido presencia o ganó simpatía con las movilizaciones en defensa de los diálogos de paz en el 2016.

También se hace necesario hacer un balance de las negociaciones entre el gobierno y el Ejército de Liberación Nacional, cuyo mayor logro en el año fue un cese al fuego para cerrar el mismo. Los avances han sido difíciles, de un lado, porque el ELN se ha fortalecido en regiones como el Cauca y Chocó, estratégicos por su pasado bajo el dominio de las FARC y que confrontan trincheras con el paramilitarismo, y de otro, porque dado los incumplimientos del gobierno con lo pactado con las FARC, el ELN no parece querer arriesgar, postura jalada por el sector considerado más “ortodoxo” e influenciado por el Frente de Guerra Oriental, que ha extendido su estrategia a otros frentes, aunque si bien, realmente el crecimiento dentro de una estrategia nacional es más bien corto respecto a lo que se esperaba con los “farianos” que no querían dejar las armas.

El balance a la derecha:

Finalmente, dentro del bloque dominante, el 2017 ha marcado la dinámica bajo la batuta pre-electoral también. Sin embargo, y contrario a otras veces, no son claras las alianzas, sobre todo por juegos de caudillismos y cálculos. El sector santista, que hasta ahora tenia cierto control político en el aparato estatal, entró en crisis tras la salida de Cambio Radical de la Unidad Nacional y los continuos escándalos de corrupción, lo que le ha puesto fecha de vencimiento a ese proyecto, que se ha dispersado sobre todo dentro del Partido Liberal, con la figura mediática de Humberto de la Calle, político tradicional que sin embargo ha recogido a una parte pequeña de la izquierda para su candidatura presidencial. La ultraderecha sin embargo está dividida: no ha podido consolidarse una postura entre los conservadores, el uribismo y sectores más independientes vinculados con el ultra-catolicismo, sobre todo porque no se han logrado consolidar los referentes y existen ciertas rupturas internas (como en el Uribismo, entre el sector ganador de la consulta de Iván Duque y el ala más radical de José Obdulio Gaviria); sin embargo, es muy probable que está alianza llegue a buen puerto, lo que deja en alerta tanto a la izquierda que está en disputa electoral como los movimientos sociales que han centrado su accionar en la movilización. Pero si el 2017 ha dado una sorpresa ha sido el lanzamiento al ruedo de Cambio Radical, un partido que venia acumulando casi en silencio un poderoso aparato electoral regional y fuerza política con la táctica del camaleón dentro del santismo, y que, con condiciones más propicias para lanzarse al ruedo solos, abandona el barco que durante 8 años ayudó a conducir. Vargas Lleras se lanza, si bien por firmas, con el aval de toda esa maquinaria con terrible fuerza en la costa Caribe y el centro del país, y a pesar de los escandalosos casos de corrupción de sus representantes electos, va en firme para una eventual segunda vuelta electoral en el 2018. Estas diferencias dentro de la derecha y los sonados casos de corrupción, hacen que una batalla entre izquierda y derecha se pueda dar, como no la ha habido desde el 2008 (y prácticamente nunca en la historia del país), aunque puede perderse la oportunidad con la división de la izquierda.

Un año que viene:

Elecciones y elecciones:

Como se ha hecho evidente, el reto coyuntural y táctico del 2018 será abordar el tema electoral. Claro, no bastará simplemente repetir de forma vacía la consigna anti-electoral de “el voto no sirve y la lucha sí”, si los sectores libertarios no evidenciamos, dentro del amplio espectro del campo popular, que efectivamente estamos a la altura histórica que requiere la lucha, y por sobre todo, que esa lucha da resultados. Así, el debate habrá que darlo desde las aristas que nos sean más favorables, que puedan recoger el amplio de los sentires de abajo pero que se puedan viabilizar en alternativas de resistencia, que trasciendan la coyuntura y se conviertan en un verdadero camino estratégico de mediano plazo.

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El 2018 será un año electoral, y el gran reto para el movimiento libertario inscrito dentro de la lucha social es lograr mantener la independencia mientras se acumulan fuerzas que no se vayan con la coyuntura.

Queda claro también que una postura en el 2018 frente a las elecciones parte de una gran claridad política, ya que no es extraño (como pasó en el plebiscito del 2016), que el miedo a la avanzada derechista lleve a varias compañeras a votar o incluso hacer campaña abierta por algunas de las alternativas, y tal cual como lo repite la socialdemocracia cada 4 años, “hay que ganar porque es mucho lo que está en juego”. Precisamente, las alternativas de verdadera transformación se cierran si se piensa que dentro de la Coalición Colombia hay una propuesta que, si bien su punta de lanza es la lucha contra la corrupción, no logra consolidar un programa mínimamente antineoliberal y mucho menos anticapitalista; de otro lado, dentro de la lista de la decencia de Petro y Clara López, esta última representa un sector oportunista y peligroso infiltrado dentro de la izquierda, que ante los mínimos coqueteos burocráticos cede sus supuestos principios por un cargo de verdugo contra las de abajo, legislando contra las trabajadoras como lo hizo López en el ministerio de Trabajo; y finalmente, las FARC parecen ensimismarse cada vez más en ellas mismas, producto de equivocados cálculos políticos, donde la práctica (y ciertas posturas ambiguas) les terminarán acorralando a sumarse a la campaña de De la Calle, bien sea directamente o indirectamente, pues es muy difícil que alguna de las otras candidaturas “alternativas” les quiera recibir. Así, el reto es saber expresar estas desconfianzas en los movimientos sociales, si bien tampoco reduciendo el mensaje al “no votar”, ni tampoco colocándolo como barrera comunicativa. Una postura que nos puede ser de utilidad es no colocar la contradicción del voto-no voto, sino precisamente dedicar las fuerzas a articular las luchas, de un lado, para darle énfasis a que es ahí donde se resuelven de fondo los problemas y bajo los ritmos que se decidan abajo, y de otro lado, que puede prepararse para enfrentar un gobierno de derecha o mantener la independencia de un gobierno progresista. Para ello, es preciso recurrir al “encontrarse desde la lucha”, donde se hace necesario mantener las lógicas de articulación, lectura de actualidad y proyecciones de todos los escenarios, donde lo trascendental no sea el voto, sino la fuerza e independencia que tengan aquellos movimientos populares cuyas prácticas se han venido intersectando con las nuestras.

Una propuesta estratégica:

Esto se puede materializar aun más para el largo plazo con la ola de consultas populares medioambientales que se han dado en el país, y que han logrado ser punto de encuentro de movimientos sociales, procesos de pobladores, campesinos, indígenas, afros, ecologistas y colectivos independientes, y puede desafiar el modelo minero-energético a la vez que no deja perder todas las fuerzas en la dinámica electoral, muy a pesar de que no tengamos la fuerza suficiente para que ello termine pasando.

“¿Será una combinación territorial-medio ambiental la estrategia que marcará un trabajo libertario como actor político de peso en el país?”. Foto: Revista semana

Pero no es gratuito que se plantee la lucha contra la gran minería y la extracción de hidrocarburos como un punto de partida para dar un debate a nivel nacional, sino que precisamente recurrimos a aquello que ya nos hacia mención Murray Bookchin desde hace décadas: el capitalismo internacional va situando sus contradicciones cada vez más en declive del planeta contra el consumismo desenfrenado, donde una sociedad ecologista y libertaria no será ya una utopía de minorías militantes, sino una necesidad de supervivencia para los pueblos. Esto parece ser una preocupación central si analizamos coyunturas regionales en el año anterior, como los bloqueos al relleno sanitario doña Juana y el paro de la cuenca del río tunjuelo en Bogotá, así como las movilizaciones en defensa de los páramos en el Tolima o Santander, solo por citar unos ejemplos. No es de extrañar que esto se agudiza más con el escenario del posconflicto, donde las puertas de la mayoría de las grandes bioreservas nacionales quedaron abiertas tras la salida de las FARC como agentes armados, y que ya se ha saldado con el inicio del ecocidio en regiones como la serranía de la Macarena. Así, si lo pensamos, los conflictos socio-ambientales representan el nodo que puede articular diversas luchas, como las ya mencionadas respecto al ejercicio de control territorial de las comunidades (donde las guardias populares no solo tendrán que afrontar al paramilitarismo, sino también la entrada de multinacionales, si bien ambos aliados), y en la otra cara, recurre a un tema de importancia central para diversos movimientos sociales y personas desposeídas que aun se encuentran alejadas, por ignorancia o fastidio a la vieja izquierda, de la lucha popular, pero que tienen una preocupación ambiental. Esto además de ser un escenario donde resalta el abandono de las principales fuerzas de izquierda, quienes ahora enfilan militancia dentro de las urnas y que, como pasará en muchos casos, luego de salir “quemadas”, querrán volver a vincularse a las movilización más actuales y con resonancia. ¿Será una combinación territorial-medio ambiental la estrategia que marcará un trabajo libertario como actor político de peso en el país?

Primero, organizar la casa:

Pero para consolidar una estrategia de dicha envergadura, no falta con diversos colectivos o militantes libertarios dispersos, sino que se hace necesaria la articulación libertaria. No es de extrañar a estas alturas, que así como la izquierda y la derecha llegan al escenario pre-electoral divididas, con cierta mofa, podamos hablar de que las libertarias llegamos al escenario pre-anti-electoral también divididas, y casi que por las mismas razones de personalismos y falta de voluntad, pero también, para ser críticos, por la falta de criterio político para establecer una linea común de trabajo, muy insuficiente en anteriores espacios de encuentro. En ello, quedan dos retos:

Primero, lograr establecer esos “objetivos” en común, es decir, como mínimo, que en el 2018 podamos, en el encuentro de la lucha y desde abajo, establecer metas comunes a pesar de no caminar estrictamente juntas, lo que podría dar pasos para en un futuro no tan lejano lograr establecer al movimiento libertario como un referente dinámico e importante dentro del campo popular colombiano. Se hace necesario que los espacios de encuentro sean lo más aterrizados posibles, y recurran incluso a ciertas delimitaciones necesarias para no llevar los debates a la estratosfera: encuentros de territorio, juveniles, agrarios o de economías alternativas son centrales en esto, que dejen acumulados sistematizados para poder luego evaluar lo conseguido o perdido, sobretodo si queremos realizar análisis serios luego de las elecciones.

Segundo, es importante establecer una corriente de acción y pensamiento clara. Para ello, las labores de propaganda, agitación, de referencias y discursivas son aspectos fundamentales, que debemos darlas con concreción y sencillez, para resolver las necesidades reales con procesos prácticos realizables. Esto se puede fortalecer si como punto de partida colocamos las luchas que ya acompañamos como referentes para otras regiones del país, tales como la liberación de la Madre Tierra del Norte del Cauca o los ya mencionados conflictos socio-ambientales de Cajamarca o el Santander, incluso, poniendo a diálogar otras experiencias internacionales como el confederalismo democrático de Kurdistán. Una propuesta que ha surgido últimamente ha sido la del autonomismo comunitario, desde la cual se intenta plasmar ciertas prácticas que podríamos llamar “antiautoritarias” y que buscan desarrollarse dentro de los movimientos sociales para logran horizontes de transformación, con una apuesta que pretenda desarrollar las diferentes caras de la autonomía: económica (con una apuesta autogestiva de producción), cultural (acompañadas de procesos educativos populares y étnicos, por ejemplo), política (bajo la batuta del asamblearismo, la democracia directa y participativa, y principios como la rotatividad, revocabilidad y no centralidad) y pueda superar errores tradicionales de las fuerzas alternativas (con principios antipatriarcales, antiracistas y descentralización); todo esto bajo una perspectiva de abocamiento completo por la comunidad, proyectos que sin embargo solo se dan mientras halla un territorio sobre el cual asentar el proyecto, lo que nos conecta con lo planteado antes: la necesidad de la disputa y defensa del territorio.

Así, como punto de partida para el año que viene, debemos organizar las perspectivas y caminar la defensa del lugar que nuestros pies pisan, y solo con ello, plantear que necesariamente, solo la lucha dará los frutos que los de arriba nos han negado históricamente.

Steven Crux
Enero 2018

3Para un análisis más detallado, se recomienda el Documento de análisis del PCC sobre cambios en política militar

Los gases y la política. ¿Dónde está la izquierda revolucionaria?

Tras la primera ronda de las elecciones en Francia, en el mapa político del país vecino, Mélenchon queda fuera de la segunda ronda, el candidato de izquierdas que pudo haber sorprendido en estos comicios con un discurso que apuntaba a la clase obrera y también a disputar el nacionalismo a la derecha. No obstante, al no haber pasado esta ronda, quedan como finalistas el nacionalismo conservador y supuestamente 'euroescéptico' de Le Pen y Macron, un neoliberal pro-UE. Efectivamente, a la izquierda revolucionaria ni se le huele, como ya ha expresado el compañero Ángel en su artículo más los comentarios debajo del mismo que tenéis que leer antes de continuar con éste. Sabemos que a estas alturas algo falla y hay huecos vacíos que estamos dejando. Por eso quiero hacer una aportación más al debate.

Como dije hace tiempo, la política es como los gases, los cuales tienden a ocupar el mayor espacio posible. Así es cuando una fuerza política abandona un espacio, otra la ocupará. La política día a día en las calles, en los centros de trabajo, en el instituto o la Universidad, en los servicios públicos, en la vivienda, etc es un primer paso imprescindible de cara a la construcción de pueblo. Sobre ello no dudamos y estaremos de acuerdo prácticamente todas. No obstante, no he venido a hablar una vez más de la inserción social, sino de escalas: local, regional, nacional e internacional, o simplificando, de lo micro y lo macro. Cuando se habla desde un plano macro noto una ausencia desoladora. Una vez más, la metáfora de los gases nos indica una clara ausencia de la izquierda revolucionaria, pues ha dejado su vacío en lo que respecta a la política a escala nacional y la han ocupado los nacionalistas y neoliberales.

Siguiendo con Francia, las luchas que se han dado en este país el pasado primavera-verano han sido bastante potentes: las ZAD, la huelga general en rechazo de la propuesta de reforma laboral y Nuit Debout. No obstante, todo aquello no cristalizó en un proyecto político de país que se viese representado en algún programa de algún partido, hasta que apareció Mélenchon con un programa de izquierdas en el que quizás se pudiese ver representado todas esas luchas. Y continuando con la política nacional, ya mismo en el comentario de Black Spartak ha apuntado al tema de la soberanía nacional, concepto sobre el cual tanto el liberalismo como el nacionalismo de derechas tienen sus relatos y sobre el cual apoyan sus proyectos políticos. Si Podemos ha comenzado a hablar de patria y de España como Estado plurinacional, es precisamente para llenar ese vacío en lo que respecta a los debates sobre la cuestión nacional y al proyecto de país, ocupado por la derecha, la socialdemocracia y poco más. Eso me pregunté yo en su día aquí y aquí, ¿cómo un tema tan importante como la soberanía y la cuestión nacional generaba tal rechazo entre buena parte de la izquierda revolucionaria y más entre el anarquismo? ¿Porque no es algo que vaya con nosotras? ¿Porque es burgués? ¿O porque se nos escapa de las manos y no sabemos qué decir al respecto? Pues esto es un error garrafal, ya que en los debates sobre política a nivel nacional y de cara a la opinión pública nos quedamos fuera. No porque nos echen, sino porque nosotras mismas nos salimos al carecer de proyectos políticos y programas.

Volviendo a la política en lo macro, necesitamos recuperar este hueco si queremos avanzar y que nuestras alternativas se escuchen y sean tenidas en cuenta. Con esto no estoy diciendo que tengamos que abandonar los barrios. Al contrario, tenemos que seguir en las calles tratando de que los movimientos sociales avancen, abriendo otro ciclo de luchas y mantenerlo, ir construyendo pueblo, creando poder popular, y a la vez, organizarnos políticamente, trazar estrategias políticas e ir configurando un proyecto político sentado en la realidad. Y aquí es donde entran las claves de por qué hemos de incidir en la política a nivel macro:

1.- Legitimar las luchas en lo micro a través de la creación de discurso y relatos en favor de las luchas sociales influyendo en la agenda pública. Esto servirá para superar la inercia de esperar el golpe para responder, y así pasar a la ofensiva tomando la iniciativa.

2.- Crear un contrapeso a la derecha tanto conservadora como neoliberal en lo que respecta a la construcción de proyectos políticos, inclinando la balanza en favor de la clase trabajadora. Hay que evitar que la opinión pública vire cada vez más hacia la derecha.

3.- Construir un proyecto político que recupere la soberanía popular como proyecto de país en clave socialista libertario, cuyo programa incluya propuestas sobre la nueva institucionalidad (administración democrática, democracia obrera, como se le quiera llamar), con su modelo territorial, económico y social.

En resumen, si de verdad desde la izquierda revolucionaria nos planteamos salir de la marginalidad, deberíamos poner sobre la mesa la necesidad construir la política a nivel macro. Una mirada hacia el movimiento de liberación kurdo, hacia Izquierda Libertaria de Chile o el Congreso Nacional Indígena y los zapatistas, y veremos que tras años y años de luchas han dado el salto a la configuración de actores políticos a nivel macro, con sus programas, proyectos y líneas estratégicas acordes a la coyuntura de cada país.

Enlaces del mes: Octubre 2016

En el reféndum por la paz celebrado en Colombia, los resultados sorprendieron al mundo. Había expectativas de que el sí al proceso de paz y poner por fin punto y final a más de 50 años de conflicto armado en el país. No obstante, ¿por qué ganó el no? Existen varios factores que han condicionado dicho resultado, entre ellos, intereses políticos.

La querrella por el intento de la policía de captar un confidente ha sido admitida por la Jueza. Se trata del caso de Quim Gimeno, uno de los detenidos en la Operación Pandora, el cual la policía quería que consiguiese información sore los movimientos sociales en Poble Sec. La noticia también ha salido en El Pais.

El Gran Bosque de Agua, situado en el municipio de Ocuilán (México) está siendo talado ilegalmente. Este bosque representa el 2% de la biodiversidad mundial y está siendo amenazada por dichas actividades. A partir del 2000, la resistencia en defensa del bosque se intensificó. Ildefonso Zamora, un campesino de la zona, estuvo denunciando y documentando estas prácticas y por ello ha sufrido encarcelaciones y asesinadon a uno de sus hijos. Esta persona se ha convertido en 'una piedra en el zapato' de las grandes multinacionales e intereses políticos que hacen grandes beneficios a base de expoliar la tierra.

Nunca una bronca hubiese dado tanto que hablar. Sí, ocurrió en Altsasu, un pueblo de Nafarroa en el cual unos guardia civiles borrachos agredieron e insultaron a la clientela de un bar. La versión oficial cuenta el suceso de manera muy tergiversada, criminalizando a los clientes acusándoles de emboscar y agredir a los agentes. Sin embargo, esto no es un hecho aislado. La población del valle está reivindicando la salida del cuerpo de Euskal Herria ya que la Guardia Civil está actuando en la zona como si fuese una fuerza de ocupación.

José Luis Carretero hace aquí un breve análisis de coyuntura sobre la situación en España: otros 4 años más de gobierno de Rajoy y el IBEX, la descomposición del PSOE, Podemos que no llegó a ser lo que se esperaba, otro punto de inflexión en las luchas sociales...

La protesta estudiantil en la UAM que consiguió boicotear con éxito el acto de Juan Luis Cebrián y Felipe González, hizo que El País publicase en portada la criminalización de la FEL, relacionándola además con Pablo Iglesias. A todo ello, sale a la luz la obsesión que tiene este periódico contra Podemos y de cómo les impidieron que pisaran la UAM, llegando a compararles con la situación del franquismo.

Desde Apoyo Mutuo, llaman a la movilización el 29 de octubre por la construcción de la democracia desde el poder popular.

Por último, dos aportaciones más al debate sobre el sindicalismo: el uno plantea una pregunta acerca del sindicalismo que conocemos y cómo no está llegando a las capas sociales más precarizadas. Y el dos, sobre la necesidad de que el sindicalismo sea la herramienta para construir un poder obrero, capaz de asumir el control de la economía.

Unidas podremos

La izquierda parlamentaria (UP) encontrado un primer techo electoral: 71 diputados y casi 5 millones de votantes progresistas. No creo que nadie de izquierdas pueda estar satisfecho, pero no es un mal resultado si se ve a la luz de lo que teníamos hace unos años.

El pesimismo es un enemigo. Las encuestas inflaron a la izquierda parlamentaria para que los resultados la desinflaran, pero hay que tener claro que se pueden llevar adelante medidas de izquierdas y transformadoras con este acumulado. Lo fundamental es ser estratégicos, tener altura de miras para no regresar a las prácticas cainitas y de fragmentación interna de la izquierda. El referente debe ser la unidad popular, siempre desde la heterogeneidad de tácticas y estrategias.

Sin ninguna duda, se han manipulado votos para beneficiar a PP y PSOE. A pesar de ello, sería un error considerar eso como el motivo principal de la derrota electoral. Hay una mayoría social conservadora que tenemos que combatir. Eso es una cuestión económica, cultural y sociológica. Está en nuestras manos cambiarlo, día a día.

El viaje al centro de algunos pudo ser más o menos acertado. Lo relevante ahora es rearmarnos: mejorar nuestros medios, nuestros argumentos, nuestras organizaciones, nuestras prácticas y propuestas. Tenemos que seducir, adquirir más presencia, influir, seguir denunciando las políticas neoliberales y las miserias del sistema capitalista.

Hay que convencer. Hay campañas abiertas en las que trabajar: amnistía social, remunicipalizaciones, 5 de la PAH... Hay que mejorar la comunicación, ir a las televisiones, disponer de nuestros medios. El activismo tiene que ir más allá de la movilización clásica.

Controlar los procesos productivos es una cuestión esencial de poder. Necesitamos un sindicalismo combativo, propositivo, en lucha. Hay que mostrar a los trabajadores que pueden y deben luchar por sus derechos con el objetivo de una democracia económica efectiva y plena.

Tenemos que ir a los pueblos y provincias, tener propuestas claras para la transformación de todo el país. Tenemos que aumentar nuestra presencia y llegar cada día a más gente, tenemos que ser audaces y ambiciosos.

Las mujeres tienen mucho que decir en este proceso. Los liderazgos femeninos han sido muy importantes para la izquierda parlamentaria una vez más. La movilización de las mujeres es condición necesaria para cualquier cambio en positivo.

En definitiva, no podemos permitirnos la ingenuidad de pensar que algo tan grande podía cambiarse de la noche a la mañana. La dinámica conservadora ha cambiado y, aunque hayan ganado, actúan sin ideas y a la defensiva. Hay que persistir, y eso pasa por mostrar a toda la población una alternativa de izquierdas con propuestas concretas y un modelo de país más justo y mejor para todas las personas.

Eso pasa también porque las tendencias más rupturistas sepamos hacer política en una línea que sume y ayude a avanzar, en lugar de restar y paralizar. Eso es lo que debemos ser capaces de liderar todos los compañeros libertarios: un proceso de empoderamiento popular capaz de impulsar el socialismo.

Hay camino por delante, avancemos.

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