Anarca y Sumisa (II). Consenso y consentimiento.

Foto de Gemma Evans.

Puedes leer aquí la 1ª parte de la serie.


La Manada vs. La Realidad: ¿son situaciones tan distintas?

Volvamos a la lamentable historia de La Manada. La sentencia ha resonado con fuerza en gran parte de la sociedad debido a su injusticia y a que, quizá por primera vez, las mujeres en masa nos hemos empoderado para salir a la calle y gritar lo que ya sabíamos pero no decíamos: que algo diferente a un claro y contundente significa, simplemente, no*.

Tristemente, incluso cuando un no es articulado con claridad (tanto en el BDSM como en las relaciones vainilla), la voluntad de la persona puede ser atropellada –a esto nos referimos, en un contexto sexual, cuando hablamos de violación–. La gran lección que nos deja la respuesta ante agresiones como las de La Manada es que, en ocasiones, no negarse no significa inmediatamente sí. Es decir, que situaciones en las que la superviviente o la víctima no se defiende, no grita, no huye, no dice que no, son también, de facto, una violación. Quiero remarcar la importancia de esto para introducir un concepto, el de la date rape –violación durante una cita–, que suma un porcentaje muy alto de las agresiones sexuales. El término se refiere a las violaciones cometidas por una pareja, amigo, marido o conocido, y en EEUU supone el 78% del total**.

Por lo tanto, para hablar de consentimiento es necesario analizar cómo nos comunicamos y, sobre todo, cómo no nos comunicamos, pues es en este impasse de la duda o el silencio en el que las violaciones de los límites son más frecuentes.

Consentimiento explícito vs. consentimiento tácito.

En una entrada sobre la cultura del consentimiento (en inglés), Cliff Pervocracy escribe:

(…) forzar a la gente a que haga cosas forma parte de nuestra cultura, en general. Destierra esa mierda de tu vida. Si alguien no quiere ir a una fiesta, probar un plato nuevo, levantarse y bailar, o charlar durante la comida, está en su derecho [de no hacerlo]. Evita los “venga, anda”, y los “venga, sólo esta vez”, y los jueguecitos en los que obligas mediante bromas a alguien a participar [en algo que no quiere]. Acepta que no significa no –en cualquier situación.

Otro ejemplo, esta vez del mainstream más mainstream, acerca de la cultura de la no-comunicación y el no respeto a las necesidades de la otra persona: una reportera de Playground va entrevistando por la calle a hombres de todas las edades --y a alguna mujer-- sobre el sexo y el orgasmo. La respuesta media a la pregunta "y ella, ¿llega al orgasmo?" es "ni lo sé ni me importa" (o, alternativamente, "no lo puedo saber porque las mujeres fingen", o sea, "todo es culpa de las mujeres, una vez más").

La relación entre la cultura de la violación y la cultura de la no comunicación es bidireccional. No estamos educados para preguntar y, si preguntamos, no nos educan para respetar. La comunicación de los deseos no se enseña, y el consentimiento tácito, que es una práctica generalizada en la mayoría de interacciones sexuales, está basado en la normalización social de las mismas de acuerdo al patrón coitocéntrico que gira en torno al orgasmo masculino como punto final.

Quizá ayudaría, para comenzar a ponerle solución a esto, redefinir el consentimiento: pensar que va más allá de respetar una negativa, y enfocarlo desde la perspectiva de los privilegios, según la cual alguien en una situación de coerción no puede tomar una decisión plenamente voluntaria y consciente, dado que pesan muchas variables sobre su sí, quiero.

En un contexto como el BDSM, donde muchas veces las acciones pactadas acarrean dolor o incomodidad física, prima la necesidad de la comunicación clara y respetuosa. Dar por sentado el consentimiento puede llevar a malinterpretaciones con consecuencias graves, tanto físicas como psicológicas, por lo que la comunicación se establece como una parte fundamental de la relación desde un comienzo. Esto no significa que la escena kinkster esté exenta de dinámicas comunicativas nocivas; pero existe, por lo general, un interés muy marcado en el consentimiento, que tiene por resultado una defensa de la integridad de las personas y la denuncia de aquellos individuos que reiteradamente se niegan a respetar los límites marcados por sus compañeros. Es decir, que existe una comunidad local que vela, con más o menos éxito, por la seguridad y la ética de la práctica del BDSM.

La Lista de Límites: ¿realmente existe?

Usemos de nuevo ese boom editorial y cinematográfico que ha supuesto un aumento exponencial en la visibilización del (supuesto) BDSM: 50 Sombras de Grey y el resto de la saga***. Si no habéis leído la trilogía, no os lo recomiendo. Pero os cuento, para quien sea ajeno a la historia, que un multimillonario hecho a sí mismo se enamora perdidamente y a primera vista de una estudiante universitaria de último año. Además de acosarla, seguirla a todas partes y no permitirle ver a sus amigos sin que él esté presente, decidir por ella el método anticonceptivo que deberá usar, prohibirle la masturbación, e inundarla con regalos excesivos que ella no quiere y no puede reciprocar --una táctica de gaslighting y chantaje emocional en toda regla--, entre otras cosas, el tipo en cuestión le presenta una larga lista de actividades sexuales y kinks que ella debe aceptar o no.

Junto a cosas como el sexo anal, recibir latigazos, dejarse amordazar o el uso de pinzas en los pezones, aparecen las palabras mágicas: límite fuerte, límite débil, y no, en absoluto, de ninguna manera. Hasta aquí todo bien: las personas tenemos preferencias distintas, y si nos decidimos a mantener una relación sexual o de otro tipo con alguien lo más lógico es discutir qué y qué no nos gusta, qué nos apetece probar y qué está fuera de discusión. Lo que no es tan normal es pisotear las preferencias de alguien una vez que esta las ha expresado. Grey intenta convencer y revocar las decisiones de Ana en cada uno de los kinks que esta no quiere probar pero él sí. Esto es coacción, chantaje, y abuso. No BDSM.

La comunicación en torno a las preferencias sexuales o de juego de dos o más personas se articula siempre en base al consenso de todas las partes implicadas. Sin esto no puede existir el juego seguro. Recordemos los requerimientos para llegar a un consenso:

  1. Que todas las partes tengan un objetivo común.
  2. Que todas las partes quieran llegar al consenso.
  3. Que exista confianza y apertura entre las partes.
  4. Que las partes expresen sus deseos y necesidades, y que estos sean escuchados.
  5. Tiempo suficiente para hablar de los deseos y las necesidades de las partes implicadas.
  6. Un proceso definido para llegar a soluciones consensuadas.
  7. Participación activa de las partes implicadas.

Grey pasa como una apisonadora por encima de todos y cada uno de estos puntos: el objetivo no es común, sino el suyo propio; desde luego no quiere llegar al consenso, sino que la otra persona se atenga a sus normas; la confianza y la apertura desde luego no son su fuerte; las necesidades y deseos de la otra parte no están siendo escuchadas y consideradas con respeto; no le da a Anastasia el tiempo suficiente para reflexionar e impone límites; el proceso que se sigue para alcanzar el consenso es la firma sin cortapisas de un contrato redactado por él; y la participación activa no se valora, ya que él prefiere que Ana acepte y calle sin poner muchos problemas.

Nunca en mi vida me he encontrado con una persona dispuesta a relacionarse conmigo de esta forma. Espero que vosotras tampoco, sea en el BDSM o en cualquier otra relación. Y si lo habéis hecho, el consejo de hoy es: corred y no miréis atrás.

Negociaciones básicas.

No obstante, sí que existe una negociación inicial en el BDSM, especialmente si es tu primera experiencia con una persona. Se asume que existe un objetivo compartido --follar, pasárselo bien, recibir o dar dolor--, y las especificidades se consensúan de acuerdo a las necesidades y límites de las personas. --¿Quieres recibir dolor? +Sí, pero no con demasiada fuerza. --¿Está bien si utilizo una fusta? +No, no me gusta el dolor inflingido con instrumentos accesorios. --¿Sólo con las manos? + Sí, pero sólo con las palmas, no con los puños. --¿Podemos tener sexo mientras tanto? +No, cuando estoy sintiendo dolor no estoy en un estado emocional en el que quiera follar. --¡Perfecto!

Todo el mundo está contento, se ha hablado, los límites de la gente han sido escuchados y respetados, se han buscado soluciones comunes con las cuáles todo el mundo está cómodo, win-win, línea y bingo. Imaginémonos que por un momento todas nuestras interacciones fueran así; que no se asumiera que podemos abrazar o tocar el pelo a otra persona sin su consentimiento; que no insistiéramos para que otro nos acompañara a un festival o se bebiera otra copa más. Imaginémonos que un no significara siempre no, y que nada más que un sí, por favor significara sí.


*La polémica ha surgido, y con razón, en las redes sociales, cuando las violaciones sistemáticas denunciadas por un grupo de trabajadoras de la fresa no ha recibido tanta atención mediática ni la misma expresión de inconformismo y rabia social que el caso de La Manada; recibiendo críticas bastante acertadas sobre cómo afecta la racialización a este tipo de problemáticas y también cómo las respuestas de apoyo en Andalucía no han sido visibilizadas por el sector feminista mayoritario (o sea, urbano).

**No he encontrado estadísticas similares para el estado español o los países hispanohablantes, pero algo me dice que las cifras serían asombrosamente similares.

***Supuesto BDSM, porque nada en la relación de abuso psicológico entre los protagonistas tiene semejanza con un pacto voluntario y entusiasta entre dos personas.

Anarca y Sumisa (I). ¿Qué es esto del BDSM y por qué importa?

¿Qué se te viene a la cabeza cuando piensas en sadomaso? Quizá la infame saga de Cincuenta sombras de Grey. Quizá Donatien Alphonse François, alias Marqués de Sade. Quiźa, directamente, pienses que es pura violencia. ¡Vayamos por partes!

Definiciones básicas.

BDSM es un acrónimo múltiple que responde a bondage, disciplina, dominación, sumisión, sadismo y masoquismo. Es un término paraguas muy amplio que recoge comportamientos y formas de sexualidad no normativas, desde el fetiche sexual por los monos de látex hasta las relaciones de intercambio total de poder 24/7, pasando por el voyeurismo. En general, esta laxa comunidad también se acoge al término kink –literalmente: vicio– para autodefinirse. Porque, sobre todo, el BDSM es un vicio, algo que proporciona placer en un espacio de seguridad.

Algunos principios.

¿Qué pinta todo esto en el debate sobre los feminismos? Muchas cosas, en realidad. Empecemos con lo que define las relaciones BDSM: el intercambio de poder.

Desde los ochenta (¡e incluso antes!) nos venimos dando cuenta, cada vez más, de que la supremacía masculina (y blanca, y de clase alta) es el régimen que gobierna el mundo, no sólo en lo parlamentario sino en lo cultural. Cualquiera que pertenezca a un grupo marginalizado, sea del tipo que sea, experimenta el rechazo, la opresión y en ocasiones la represión que este entramado deja caer sobre su persona. Lo mismo da que seas mujer, que seas una persona de color, o que tu sexualidad no se ajuste al modelo heterosexual: lo hegemónico carga contra todas, apoyado en las muletas de la publicidad, los medios de comunicación, y las políticas estatales. La intención es mantener el control.

El BDSM entra a jugar en este espacio normativo de poderes impuestos involuntariamente. Su juego es una lucha. Su propuesta: hacer que esas dinámicas de poder se debatan, se discutan, sean consensuadas y consentidas entre los que participan de ellas. Una podría pensar que, a título personal, su opción es, simplemente, no acceder al intercambio de poder, evitar la dominación a toda costa; y eso está bien. Sin embargo, seguimos quedando a quienes nos interesa este pacto de dominación y encontramos en él un espacio para probar los límites, las estrategias y el funcionamiento de sus dinámicas.

A veces es difícil de entender, incluso para una misma. ¿Por qué posicionarse voluntariamente como una víctima de la dominación (que puede o no ser sexual) cuando luchas contra ella, cuando un mundo libre no puede existir sin la dominación? Vuelvo a un ejemplo histórico, a modo de analogía. El Movimiento de Objeción de Conciencia del estado español llevaba a cabo reclusiones voluntarias de sus miembros, con el objetivo de prepararlos para una posible estadía en la cárcel. Una vez dentro, cuando quisieron amnistiarlos a todos de manera silenciosa y sin hacer ruido, se organizaron y quisieron quedarse presas para levantar escándalo en la sociedad, para hacer de su encarcelamiento un asunto político.

Resignificar la violencia.

Intentemos trazar analogías con un ejercicio de similitud casi poética. El BDSM es un buen escenario para experimentar los distintos niveles de sumisión y violencia sexual que, ahí afuera, en el mundo, en La Vida Real®, acontecen todos los días (se estima que hay una media de tres o cuatro violaciones al día en España; los cinco de La Manada salen de la cárcel mientras esperan su sentencia definitiva, la violencia de género e infantil en el ámbito doméstico no parece estar decreciendo; han asesinado a 27 mujeres en lo que va de 2018; y así). Como las compañeras del MOC que participaban en los encierros voluntarios, los que en el sexo o en la vida nos alineamos con el BDSM experimentamos con la crudeza de la norma heteropatriarcal que asesina y humilla. Mediante el aprendizaje de los límites propios y las posibles respuestas ante la opresión analizamos y estudiamos el sistema en general: somos un pequeño nodo privado que replica el sistema. Es un ejercicio de sandboxing. Y, como tal, en ambos casos, el del MOC y el del BDSM, se realiza en una situación controlada, donde existen mecanismos de control por ambas partes para hacer del momento algo seguro.

Sí: mecanismos de control por ambas partes. Se habla mucho de cómo la persona en situación de inferioridad física es la que realmente lleva las riendas en una escena BDSM. De cómo, con una palabra, un gesto, o una simple mirada acordada de antemano, la violencia cesa y se ponen en marcha los mecanismos de cuidado. Porque el BDSM es, también y por encima de muchas cosas, cuidado mutuo.

Esto no es todo, claro. No todo el mundo que practica sexualidades disidentes lo hace en todo momento como reivindicación política. Muchas de nosotras, simplemente, lo hacemos por vicio. Porque nos da la gana. Porque nos gusta. Porque podemos. Porque estamos orgullosos de no fiscalizar nuestra (a)sexualidad ni la de los otros.

Lo cual, si nos fijamos, es también una acción política. Una profundamente feminista, liberadora y necesaria.


El resto de la serie aquí:

2ª parte.

Entrevista a Natalia Ferrari: Prostituta y Feminista.

Para el día de hoy traigo una entrevista a Natalia Ferrari. Mujer, activista, feminista y prostituta residente en Barcelona.

La intención de la entrevista es aportar un punto de vista más al debate clásico del feminismo: cómo debe posicionarse dicha ideología con respecto a la prostitución.

Esperamos que sirva para generar debate y crítica constructiva.

Cuéntanos un poco acerca de tu historia. Cómo te inicias en este mundo, cómo reaccionan tus allegados a esta decisión o cómo te sientes durante ese tiempo…

Dejo el instituto a los 13 porque no estaba de acuerdo con el sistema educativo y a los 16 empiezo a trabajar. Estoy unos días en un Mcdonalds y lo dejo, lo mismo trabajando como teleoperadora. De ahí pasé a trabajar de seguridad y atención al público en un museo, que fue mi trabajo más largo. Mientras tenía ese trabajo estaba haciendo voluntariado en una ONG de derechos animales y sentía que estar en el museo me consumía todo el tiempo y energía que quería usar para lo que verdaderamente me importaba. Así que decidí dejarlo y buscar alternativas. Encontré más de lo mismo: trabajos feminizados con condiciones precarias que no me aportaban nada a mi desarrollo personal. Pensando en otras opciones la prostitución apareció como una propuesta laboral más. Me convencieron las condiciones que me aportaba y decidí probarlo.

Tengo la suerte de tener un entorno muy cercano con quien comparto valores y que me conocen completamente. Desde el primer momento en que empiezo a considerar este trabajo decido compartirlo. Siempre he recibido apoyo y no he sentido la necesidad de ocultarlo. Es un trabajo que tiene sentido con mi identidad y no hubo ninguna sorpresa para ellos.

Al principio tenía miedo. No sabía muy bien cómo sería, me sentía insegura conmigo misma y no tenía claro qué esperar por parte del cliente. Lamentablemente es muy popular la idea (de boca de gente que no es puta) de que el cliente es un hombre malvado y nuestro papel es ser sumisa y consentir abusos. Esto es muy peligroso porque normaliza las agresiones y confunde a las chicas que empezamos a trabajar y no tenemos herramientas o conocidas que nos ayuden a ver que eso no es así. Por suerte, con el primer cliente tuve clarísimo que la posición de poder en la relación pertenece a la puta y que cuando el cliente paga recibe lo pactado. No tiene derecho a exigir nada y no es mi posición consentir la misoginia de nadie. Durante esos comienzos me sentía con muchas ganas de trabajar, había descubierto un mundo nuevo que me gustaba mucho y me lamentaba no haber empezado antes.

¿En qué momento descubres el feminismo y de qué forma influye en tu día a día y en tu trabajo?

Supongo que lo descubro haciendo activismo en la ONG de derechos animales. Estoy rodeada de gente que quiere crear un cambio positivo en el mundo, con un sentido crítico, que se preocupa por las problemáticas sociales. En ese momento tenía 19 y para mí fueron muy importantes esos años en mi vida.

El feminismo empieza calando primero en mi relación conmigo misma y luego con mis ex parejas. Me empiezo a dar cuenta del origen de las inseguridades que tengo con mi cuerpo y empiezo a detectar que las relaciones que había tenido eran tóxicas. Incluso me atrevo a poner la palabra “violación” sobre agresiones por parte de novios que en su momento no supe entender así.

En mi trabajo el feminismo es una herramienta fundamental para poder trabajar en condiciones éticas. Como he dicho antes, no es aceptable que un hombre se crea con derecho a abusar de ti porque te esté pagando. El feminismo nos ayuda a identificar actitudes machistas y elegir mejor a los clientes, reclamar derechos, negarnos a tener una doble vida, re apropiarnos de la palabra “puta” con orgullo, poner y exigir nuestras condiciones a la hora de pactar las citas. Leyendo a compañeras feministas y trabajadoras sexuales es cuando empiezo a declararme como sujeto de derecho con capacidad de decidir libremente sobre mi cuerpo y mi sexualidad y no dejar que me cosifiquen o me quieran tratar como un trozo de carne en venta. Esto último ya lo tenía asumido en la práctica, pero no me daba cuenta de la importancia de hacerlo público. He visto una sororidad increíble entre mis compañeras y muchísima fuerza como mujeres siendo una minoría discriminada. El trabajo sexual necesita al feminismo, y el feminismo necesita a las trabajadoras sexuales.

Hemos leído que eres muy selectiva en cuanto a clientes se refiere. Que pones normas para el disfrute mutuo y descartas si esa persona no te transmite confianza.
¿Estamos hablando de que puede existir una prostitución en la que la trabajadora asuma totalmente las riendas de su trabajo?

La prostitución sin relaciones pactadas no es prostitución. Todas elegimos a nuestros clientes y todas tenemos normas. Cuando alguien es forzada a aceptar clientes que no quiere estamos hablando de explotación laboral, trata o violaciones, y eso es delito. Cuando una mujer acepta clientes que no quiere porque la alternativa es no pagar el alquiler, estamos hablando de casos de vulnerabilidad extrema en un sistema que no aporta soluciones a la pobreza, y esto recordemos que también pasa en otros trabajos como el sector doméstico, la agricultura o la construcción. Las putas empoderadas no somos una excepción. Cada vez salen más testimonios de chicas diciendo lo mismo: elegimos a nuestros clientes y hacemos lo que nosotras queremos.

Es bien sabido que dentro del movimiento feminista hay un debate interno acerca de la prostitución. Por ejemplo, Beatriz Gimeno dice:
“La prostitución tiene que ver con la igualdad y no con el sexo. Los hombres no compran un cuerpo, ni sexo, sino una fantasía de dominio y masculinidad tradicional”.
¿Cuál es tu visión sobre esta afirmación?

Se puede decir exactamente lo mismo del matrimonio heterosexual. Está claro que vivimos en una sociedad machista y patriarcal y eso influencia nuestras relaciones personales y laborales. Pero de la misma manera que la historia demuestra que el matrimonio ha evolucionado y ya no es exclusivamente una unión en donde el hombre adquiere dominio absoluto sobre su esposa, con la prostitución pasa lo mismo. No voy a negar que existe lo que describe Beatriz, pero no es justo mostrarlo como el retrato único de la prostitución porque es mentira. Pueden existir relaciones éticas entre putas y clientes. El problema no es la prostitución, igual que no lo es el matrimonio, el problema es el machismo y se puede trabajar contra ello sin necesidad de silenciar las voces de todas las prostitutas que pedimos derechos.

Las prioridades biológicas nos incitan a querer mantener relaciones sexuales, pero con la mercantilización del sexo que conlleva la prostitución (entendiendo mercantilización como relación de consumo) esta puede fácilmente ‘elitizarse’, en tanto que los consumidores pertenezcan a clases más apoderadas.
Dicho en otras palabras. ¿Puede existir una prostitución no clasista o a la que también puedan acceder las clases populares?

En el sexo no mercantilizado también existe el derecho a “negar sexo”, nadie folla con quien quiere ni cuando se le antoja. No creo que el sexo tenga que ser un derecho que estemos obligados a dar para asegurarnos que todos puedan conseguirlo, esto es contrario a las libertades personales. Todo el mundo  elige con quien folla teniendo en cuenta muchos factores diferentes, como la belleza física o la inteligencia. ¿Acaso tú follas con cualquier persona que te demande sexo? Las prostitutas decidimos poner otro tipo de condiciones, igual de legítimas.

En relación a la pregunta anterior. ¿Crees que la prostitución nace en base a una relación de poder desigual, o por el contrario puede existir una prostitución “horizontal” en donde consumidora y trabajadora sexual estén al mismo nivel?

Todos los trabajos nacen desde una relación de poder desigual en el momento en el que alguien necesita dinero. Sin embargo, la prostitución te permite un crecimiento profesional que no obtienes de otros trabajos, además de la posibilidad de trabajar de forma independiente sin que un tercero se enriquezca con tu mano de obra. Creo que la prostitución puede existir con condiciones éticas, tanto como en el resto de trabajos. El problema es que la situación actual nos hace terriblemente vulnerables a todo tipo de violencia y explotación que en muchos casos ni siquiera tienes capacidad de denunciar. Pero la solución a eso es despenalizarla y normalizar el trabajo como uno más para garantizarnos los derechos y la seguridad que el resto de trabajadores tienen.

¿Qué puedes aportar al feminismo desde tu experiencia y tu óptica en esta profesión?

Me parece fundamental entender que en el feminismo formamos parte las trabajadoras sexuales, las agresiones a las putas, son agresiones a todas las mujeres. Muchas veces leo, por parte de feministas, relatos brutales de hombres abusando de prostitutas y me quedo horrorizada con la normalización que se hace de esas agresiones. Como si ese fuera el papel de la puta y lo “normal” es que un hombre nos trate con desprecio y se salga con la suya. Nuestro trabajo no es ser sumisas frente a hombres misóginos. No debería ser aceptable jamás el mensaje de que está bien maltratar a algunas mujeres.

¿Crees que existe cierto desconocimiento hacia la profesión por parte de los colectivos feministas, que se cae rápidamente en estigmas y prejuicios?

No tengo ninguna duda de ello. Por ejemplo, parece que siempre es necesario soltar la cifra de que el 90% son víctimas de trata, cuando esa cifra es completamente falsa y de hecho la ONU dice que son solo un 15%. Es muy fácil repetir lo que te han contado pero parece que poca gente decide informarse sobre las consecuencias que tiene sobre nosotras la penalización de nuestro trabajo. Lo recoge muy bien Amnistía Internacional, las ONGs Ammar y REDTRASEX acaban de sacar un informe sobre la violencia institucional en Latinoamérica, la ONG NSWP tiene otro informe que analiza el impacto del modelo sueco o modelo nórdico, GRETA deja constancia de la necesidad de diferenciar a putas de víctimas de trata, también las organizaciones en contra de la trata que apoyan la propuesta de Amnistía Internacional de despenalizar el trabajo sexual, la trabajadora sexual y activista Toni Mac tiene una charla en TED que expone el impacto de todos los modelos legales. La información está ahí, pero muy a mi pesar se sigue escuchando más a las personas que no son putas que a nosotras.

En un mundo en donde el cuerpo es el objeto de consumo. ¿No crees que la prostitución pueda acentuar los cánones de belleza?

Una de mis inseguridades al comenzar a trabajar era no sentirme lo suficientemente atractiva para poder ser puta. Hasta cierto punto me he dado cuenta que eso no es así aunque sí creo que es un trabajo que exige un grado de feminización. Puede que yo no me maquille, ni use tacones, y me de igual cuanto peso, pero aun así tengo que depilarme y controlar mi vestuario. Sé que si no lo hiciera tendría menos clientes. Recuerdo un día que publiqué una foto en donde tenía gafas, un gorro negro y actitud masculina y un cliente me canceló la cita diciendo que parecía una “bollera grunge”. Todas tenemos la presión de encajar hasta cierto punto en los cánones de belleza, las putas no nos libramos de ello, pero no creo que lo acentuemos ya que no tenemos ese poder de influencia desde la marginalidad.

De alguna forma todos estamos condicionados como clase obrera a retribuciones injustas, jornadas laborales desmedidas y un compendio de problemas que nacen de un sistema productivo injusto. ¿Crees que estás en la prostitución porque no hay una alternativa mejor?

Soy prostituta porque es el trabajo que mejor se ajusta a mi identidad y mis intereses. Creo que la pregunta intenta empujarme a que acepte una condición de víctima, y esa es una postura equivocada y fuera de lugar. Quizás es hora de entender que el trabajo sexual es un trabajo más, y no una anomalía del sistema.

Si es así. ¿Te mantendrías en la prostitución si el sistema productivo fuese otro y no estuvieras tan condicionada por elementos externos (especialmente agentes económicos)?

Creo que te estás equivocando. Estás hablando con una persona que elige a conciencia la prostitución. He evolucionado profesionalmente para conseguir y mantener unas condiciones que considero justas y hacer lo que me da la gana en mi trabajo. No es una cuestión puramente económica, como se intenta señalar en esta pregunta. Me gustaría que la gente se diera cuenta de que este tipo de preguntas solo se nos hacen a las putas, y que os cuestionarais por qué os cuenta tanto entender que haya mujeres a las que les guste follar con desconocidos a cambio de dinero con las condiciones pactadas por mutuo acuerdo.

¿Qué opinión te merece el mundo del porno? ¿Crees que puede hacerse porno feminista?

El porno feminista existe puesto que hay productoras que trabajan en condiciones laborales éticas, en donde la mujer es un sujeto activo en la relación, en donde se incluye diversidad en deseos, cuerpos, géneros o sexualidades. Existen productoras creando un contenido maravilloso que están luchando por hacerse visibles. Ejemplos que me vienen a la cabeza: Abby Winter, TrenchcoatX, Kink, Lucie Blush, Four chambers, Ersties, CrashPadSeries, Beautiful Agony. Es muy importante entender que el porno no es únicamente lo que vemos en la página de inicio de “Pornhub” y además de las productoras haciendo contenido diferente, hay muchas personas que se dedican a crear y distribuir vídeos desde su casa con su web cam y eso también es porno.

En la misma línea. ¿Crees que hay mejor consideración hacia las trabajadoras del porno que hacia las prostitutas?

El estigma “puta” nos afecta a todas. Hace poco vi una noticia de un grupo de padres que se organizó en un colegió para pedir la expulsión de una niña porque su madre había hecho porno. Este tipo de discriminación social lo sufrimos todas las trabajadoras sexuales. Pero es verdad que hay una especie de jerarquía en donde la prostitución está posicionada como si fuera lo peor para una mujer. La diferencia es que la prostitución sucede en la clandestinidad y el porno es una industria “glamurizada”. En el porno hay entregas de premios, interés mediático y un endiosamiento hacia las actrices y actores. Si buscas prostitución en cualquier medio te saldrán noticias relacionándola con delitos de drogas o trata.

Muchas gracias a Natalia Ferrari por la atención y las respuestas.

Twitter: https://twitter.com/nataliaxferrari

Página web: http://www.nataliaferrari.com/

Tres apuntes sobre la huelga general que no fue (pero será)

A finales del año pasado teníamos ya una noticia de lo más interesante: la coordinadora de las Marchas de la dignidad convocaba una huelga general para el 22 de octubre de 2015. Prometía ser todo un reto: la primera huelga general que se haría sin esperar a CCOO ni UGT, y que obligaría a estos supuestos sindicatos a secundar una iniciativa de quienes les desbordamos (en el mejor de los casos) o a boicotearla y retratarse aún más claramente como lastre de las personas trabajadoras (en el peor).

Cuando sólo faltaban dos meses y escaseaban las noticias actualizadas, supimos, por las declaraciones de un representante sindical en una pieza de una web contrainformativa, que el proyecto de huelga había sido «descartado» por «los organizadores». Que se veía que la posible huelga general podía «no tener éxito» porque «[t]odos los procesos electorales y el panorama político ha[n] sacado a mucha gente de la calle por las expectativas electoralistas». Esto ofrece un ejemplo fascinante de lógica absurda, algo así como «no podemos tomar la iniciativa como clase (huelga general) porque estamos muy ocupados posicionándonos con respecto a la iniciativa (elecciones) de la clase enemiga». Incluso si una cree en la utilidad de las instituciones, se está prefiriendo buscar una dirigencia débil a unas bases fuertes, repetir el escenario de Grecia en estos últimos meses (o el de Chile en 1970-1973) antes que evitarlo.

Por sí misma y para facilitar otras más largas y otras movilizaciones en general, entendemos que esta huelga general no puede no tener lugar. Así las cosas, aunque sea ya en 2016, hay tres lecciones que nos parecen bastante claras y que están estrechamente relacionadas entre sí:

1) hasta ahora, la iniciativa ha sido sobre todo de las personas que coordinan las Marchas de la dignidad. A las demás nos ha faltado implicación colectiva y a ellas les ha sobrado, centralización que habrá que superar.

2) En este sentido, nos parece que sería especialmente interesante crear núcleos para organizar la huelga por barrio, distrito o municipio para una implicación más directa, sobre todo en la preparación previa –donde hacemos nuestra la idea de huelga en sus detalles concretos, al fin y al cabo–, pero también en la ejecución. Esto es especialmente interesante para que en cada sitio, según se juzgue útil, se note más o menos la huelga de consumo, de cuidados, la organización de la movilización en el territorio concreto, etc. y podamos complementarnos unas a otras. No en vano, la clásica huelga laboral organizada sólo desde los centros de trabajo deja fuera a la mayoría: jubiladas, paradas, muchas adolescentes, autónomas, cooperativistas, empresarias sin asalariadas...

3) En consonancia con el primer punto, insistimos en que la implicación de algunos de sus promotores en las elecciones por venir (gente, se supone, de Podemos, IU, ...) le ha restado fuelle hasta hacer postergarla. Parece necesario que esas personas se pregunten si realmente podemos permitirnos dispersar energías en procesos institucionales y si no están intentando empezar la casa por el tejado.

Roller Derby. Autogestión y empoderamiento sobre ruedas

Qué es el Roller Derby y cuál es su origen

Es un deporte de contacto constante, de velocidad, resistencia y técnica,  que se juega en patines en una pista lisa sobre un espacio demarcado con forma ovalada, y las jugadoras, actualmente, son mujeres. El Roller Derby tiene su origen en los EE.UU en la década de 1930 del siglo pasado, y nació como simples carreras de patines. Años más tarde se profesionalizó como deporte para hombres y mujeres por separado, alcanzado una gran fama en el país estadounidense. Este modelo clásico de Roller Derby inicial se derrumbó a mediados de la década de 1970 y no ha sido hasta los años 2000 cuando ha vuelto a resurgir con fuerza.

LigaRDMjun2013El Roller Derby contemporáneo se ha internacionalizado, es fundamentalmente femenino y practicado por aficionadas. En el año 2004, las diferentes ligas femeninas crearon la Women´s Flat Track Derby Association (WFTDA), que coordina unas normas consensuadas entre diversos equipos de las diferentes ligas. De esta manera, las ligas pertenecientes a dicha asociación organizan viajes en los que unas ligas compiten contra otras en partidos regionales e internacionales. No obstante, algunas ligas que no son miembros de la asociación han organizado de forma independiente a sus equipos de viaje y sus interligas. Aunque no estén directamente vinculadas, muchas ligas independientes de todo el mundo han adoptado las normas WFTDA, ya sea enteramente o como base para generar sus propias reglas.

Conceptos básicos para comprender el Roller Derby

Un partido de Roller Derby consta de dos tiempos de treinta minutos, dividido cada periodo en carreras, también llamadas Jams, con una duración de dos minutos como máximo o hasta que la jugadora conocida como Lead Jammer decide cortar la carrera.

Sobre la pista juegan dos equipos formados por cinco jugadoras cada uno, y existen tres diferentes categorías o funciones:

           - Jammers: Son las jugadoras que marcan los puntos, una por cada equipo, y se las distingue porque llevan una estrella en el casco. Son las corredoras de cada equipo y se sitúan detrás de la línea de jammer, la primera en superar el pack de bloqueadoras se la denomina Lead Jammer y puede cortar la carrera antes de dos minutos, haciendo un gesto tocando repetidamente sus caderas. Anota un punto para su equipo por cada oponente que adelanta a partir de la segunda vuelta completa.

          - Bloqueadoras: Son las cuatro jugadoras en cabeza de cada equipo, y se suelen denominar pack, porque las jugadoras de ambos equipos patinan compactadas bloqueando cada grupo a la jammer rival y ayudando a la suya propia a adelantar al pack el mayor número de vueltas posible.

            - Pívot: Es una jugadora por cada equipo, forma parte de las bloqueadoras pero su función es situarse a la cabeza del pack, encargada de coordinar al mismo y organizar la estrategia de su equipo. Se distinguen de las demás bloqueadoras por llevar una cubierta de casco con una raya. Sin embargo, también pueden realizar la función de jammer durante la carrera si la jammer de su equipo le pasa legalmente su cubrecasco con el indicativo de la estrella.  

Dinámica del juego y algunas normas del Roller Derby

Al principio de cada carrera el pack de bloqueadoras se sitúa entre la línea de pívot y la de jammer. A la señal del silbato comienza la carrera y tanto el pack como las jammers comienzan a rodar sobre la pista, siempre en sentido contrario a las agujas del reloj. Un árbitro observa a cada jammer y lleva la cuenta de los puntos que va haciendo, y hay otros árbitros que controlan el pack, patinando tanto por fuera como por la parte interior del óvalo de la pista. Un partido de Roller Derby puede tener hasta siete árbitros (hombres y mujeres) en patines, también existen otros oficiales sin patines que colaboran en el buen desarrollo del juego ya sea anotando los puntos, anotando las faltas, tomando el tiempo del jam, tomando el tiempo general del juego, tomando el tiempo en la caja de penalización para cada jugadora que entre a ella, etc.

Qué-es-el-Roller-Derby-3Es imprescindible que haya siempre un máximo de tres metros de separación entre las jugadoras ambos equipos. Si se destruye el pack, los árbitros lo marcan inmediatamente para volver a juntarse y mientras no se pueden hacer bloqueos.

Si una jugadora es sacada legalmente de la pista, ya que en este juego el contacto es esencial aunque no violento, esta deberá reincorporarse a la pista por detrás de la jugadora que la sacó fuera, o de las que se encontraban a su misma altura.

Está prohibido bloquear con codos, cabeza, antebrazos o patines, contra el centro de la espalda o en el sentido contrario a la dirección del juego. Tampoco se puede impedir el paso a una contraria agarrando a una compañera del mismo equipo. Aquella jugadora que cometa una falta pasará treinta segundos en el penalty box, zona también rodada de la pista situada fuera del terreno de juego.

Los valores implícitos en el Roller Derby

El Roller Derby genera un importante vínculo entre las jugadoras, pues se requiere de un arduo trabajo en equipo para poder llevar a cabo las estrategias en el juego. Sin embargo, los valores del Roller Derby van mucho más allá, dando lugar a la construcción de nuevas oportunidades a raíz de la actividad deportiva.

En primer lugar, como ya se apuntaba, se trata de de un deporte por el momento practicado por aficionadas, no está homologado oficialmente y por lo tanto, parte de una premisa muy básica: “Háztelo tú misma”. Por ejemplo, Roller Derby Madrid es una liga autogestionada, autofinanciada y las decisiones se toman de manera consensuada desde sus inicios. La organización y el trabajo de la misma, se reparte en los distintos comités.

Al principio, las jugadoras de Roller Derby Madrid tenían problemas para entrenar, ya que empezaron en canchas públicas en la calle, pero durante los meses de invierno constituía un serio problema. Actualmente se entrenan en polideportivos municipales, que es donde disputan los partidos también. Sin embargo, la cesión del espacio no es gratuita, y como el Roller Derby está en el último escalafón de los deportes a tener en cuenta, no son pocos obstáculos los que se les presenta en algunas ocasiones. De esta manera optaron por la autogestión como modelo para practicar la actividad deportiva. Han generado un variado merchandising, cobran una pequeña entrada que no supera los 5€ para el alquiler de la pista, que en ocasiones llega a los 400€. Además también realizan fiestas en garitos o centros sociales para sufragar gastos. A nivel personal, el material necesario para practicar este deporte: patines, casco, rodilleras y coderas; lo lleva cada jugadora individualmente.

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En el Estado español ha habido un gran repunte de este deporte en los últimos años, surgiendo más de una veintena de equipos, los más antiguos están en Canarias, Valencia, Catalunya, Andalucía y Madrid. Se coordinan de manera que se disputen partidos no oficiales esporádicamente de carácter regional, pero también internacionales, pues en muchas ocasiones se contacta con equipos europeos de Roller Derby para organizar partidos. En dichos desplazamientos el vínculo entre las jugadoras se hace más evidente aún, porque las jugadoras del equipo local acogen en sus propias casas a las jugadoras del equipo de fuera.

En segundo lugar, el Roller Derby es un exponente fundamental de empoderamiento feminista. Las mujeres logran romper patrones culturales herméticos practicando un deporte de contacto y velocidad, normalmente asociado solo a hombres. Además, se manejan en espacios que ellas mismas han construido, generando hábitos saludables, un gran hermanamiento y compromiso. Por lo tanto, podríamos afirmar que el Roller Derby supone una vía de escape con valores feministas. Además, se cuida bastante el aspecto de difundir que este deporte no exige ningún físico particular, cada jugadora con sus características físicas personales, aporta igual que el resto de sus compañeras.

En tercer lugar, se combate la idea de que el deporte debe de ser rivalidad, ya que en el Roller Derby se lucha por lo mismo de manera cooperativa. Así, se convierte en una actividad deportiva muy atractiva de desear participar, y también de seguir de cerca como aficionada en los partidos. A lo largo del año en Roller Derby Madrid se hacen pruebas para entrar en el equipo como jugadora, o también para ser árbitro sobre patines (hombres y mujeres) y oficial sin patines.

Esperamos que este artículo sirva para dar a conocer un deporte, que por sus características, merece la pena acercarse a él. El ocio si se construye desde unos valores populares, desde la autogestión en colectividad y el igualitarismo, nos sabe mejor a todas.

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