Polémicas con las capuchas en las Marchas de la Dignidad

Varias columnas partieron ya desde numerosos puntos de España marchando a Madrid para confluir el día 22 de marzo, donde dará lugar a una multitudinaria manifestación bajo los lemas "No al pago de la deuda. Ni un recorte más. Fuera los gobiernos de la troika. Pan, trabajo y techo para todos y todas". Hasta el momento, no se ha especificado el carácter de la movilización, lo que podría dar cabida a la protesta violenta o, de lo contrario, marchará pacíficamente. Independientemente de ello, pienso que deberíamos atender el trasfondo político y social de la manifestación, no únicamente a sus formas. Sin embargo, no he podido pasar por alto aquellas imágenes que criminalizan a los encapuchados acusándolos, gratuita e injustamente, de infiltrados¹ que recientemente andan circulando por las redes sociales, al cual rápidamente salió su respuesta².

Antes que nada, no quiero que el carácter con el que se haya desarrollado los actos de las Marchas de la Dignidad termine en un debate estéril ente si violencia o no violencia, olvidándonos de las reivindicaciones, la repercusión social y los posibles avances que hayan podido surgir después de las marchas. Aquí no voy a salir en defensa de un método de lucha o de otro, ya que soy partidario de la convivencia de diversas tácticas de acción directa, que sirvan para el avance de la lucha y no obstaculizarnos entre nosotros y nosotras, con la condición de que tales métodos se utilicen adecuadamente en cada contexto. No obstante, es conveniente desechar de una vez por todas la lacra del moralismo y del pacifismo dogmático dentro de los movimientos sociales. Entonces, urge aquí unas aclaraciones:

Tanto la resistencia pasiva como la resistencia activa son métodos de acción directa legítimos en la lucha social y hay que saber usarlas en cada contexto. Sin embargo, hay veces que es preciso aclarar unas cuestiones sobre la resistencia activa y el uso de la violencia como método de lucha. Algunos argumentos pacifistas, como que no tenemos que actuar como bestias como lo hace la policía o similares, ignoran por completo que no existe una equidistancia entre la violencia estructural del sistema (recortes en general, decretazos, subidas de la luz, privatizaciones, desalojos, desahucios, precariedad laboral, despidos, brutalidad policial, etc...) y la violencia simbólica en las protestas (ataques a la policía, rotura de cristales de tiendas de multinacionales, sucursales y oficinas, y quemas de contenedores, coches patrulla). Ante la ausencia de una equidistancia, no podemos equiparar las protestas sociales de carácter violento con la brutalidad de la represión policial; los ataques a sucursales bancarias con los desahucios o la estafa de las preferentes. Lo mismo que no podemos comparar la violencia machista -producto de la sociedad patriarcal- con "las agresiones de mujeres a hombres" como acto de autodefensa por parte de la mujer para hacer frente a la violencia machista.

Podemos concluir, por tanto, que la violencia de la clase explotada es completamente legítima en cuanto es usada, no para oprimir sino para liberarnos de la opresión. No olvidemos que el capitalismo se ha impuesto mediante la violencia. Con echar un vistazo atrás en la historia, tendremos las respuestas: durante la época pre-capitalista; mediante la expropiación forzosa de las tierras comunes, que comenzó a partir del siglo XVI a través de los cercamientos, y la caza de brujas orquestada por la clase dominante de entonces y el clero para dinamitar el control de las mujeres sobre sus cuerpos. Y después de la Revolución Francesa; mediante el trabajo asalariado y la represión estatal hacia toda reivindicación de carácter obrero. Incluso actualmente en Latinoamérica y en países africanos el neoliberalismo sigue los mismos pasos que siguieron los capitalistas dos siglos atrás.

Volviendo al hilo del asunto, si bien la infiltración policial en las manifestaciones está a la orden del día y que por ello debamos tener cuidado, no quiere decir que todos y todas las encapuchadas sean agentes de paisano³. Por parte de la policía y la clase dominante, serán suyas las victorias cuando entre nosotros y nosotras nos enzarcemos en luchas intestinas entre pacifistas y "violentos", en vez de tejer lazos de solidaridad entre la clase trabajadora y la confluencia de las luchas contra el neoliberalismo. Tenemos que tener claro que el enemigo que tenemos delante no es quien se pone la capucha al salir a la calle a protestar, sino la madera que se infiltra en nuestras manifestaciones. Por tanto, no es a los encapuchados a quienes hay que atacar, pues de hacerse, sería hacerle el juego sucio a la policía facilitándoles la represión y dando como consecuencia las divisiones internas.

Las opciones más acertadas serían que: quienes opten por la resistencia activa que lo hagan atendiendo al contexto social en que nos encontremos, si el uso de la violencia revolucionaria va a ser realmente útil como se demostró en Gamonal, en el cual se vio legítima en el imaginario popular ya que el trasfondo plenamente lo justificaba. Y quienes opten por la resistencia pasiva, que lo hagan por las mismas razones que aquellos y aquellas que eligieron pasar a la autodefensa. Pero que en ningún caso nos obstaculicemos las unas a las otras e invirtamos las fuerzas en la lucha y en identificar y expulsar a los infiltrados, no a los encapuchados.

Mucho ánimo y fuerza a los y las que están en las Marchas de la Dignidad, que ya están llegando a la Comunidad de Madrid.

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Notas:

1-
y

 

 

 

2-

3- Aquí hice una aclaración básica para distinguir a un infiltrado de un manifestante.

¿Son los encapuchados realmente anarquistas?

Todos los infiltrados van encapuchados pero no todos los encapuchados son infiltrados, al igual que no todos los anarquistas van encapuchados ni todos los encapuchados son anarquistas. ¿Cómo distinguir unos de otros? Recientemente, durante las protestas del 25S  con el objetivo de rodear el Congreso, se produjeron altercados y enfrentamientos con la policía. Sí es cierto que hubieron estupas que incluso ayudaron a los de uniforme a realizar detenciones pero también hubo gente que se dignó a responder ante las cargas indiscriminadas y les hicieron retroceder ¹. Como también hubo gente con dos cojones² que se puso entre los que lanzaban objetos a la policía y los maderos que reciben la lluvia intentando que dicha lluvia cese.

Últimamente se está poniendo de moda reventar manifestaciones infiltrando secretas encapuchados que van rompiendo cosas, amenazando, agrediendo, insultando a... y en ocasiones dejando que sus propios compañeros les apaleen «¡que soy compañero, coño!». Ante deducciones simplistas que apuntan a que todos los encapuchado son secretas, es necesario tratar con mayor profundidad el tema con el fin de poder distinguir a los verdaderos manifestantes de los estupas, con el fin de evitar que los manifestantes sean reducidos por pacifistas (ironías de la vida) mientras que los infiltrados salgan de rositas e incluso arrastrando un detenido. Por lo tanto, es preciso señalar las diferencias destacadas que sirvan para evitar, pese a no ser preciso al 100% puesto que las apariencias engañan mucho ³.

Los infiltrados:

  • Si se obseva a alguno de ellos agrediendo o tirando al suelo a un civil (transeúnte o activista) es claramente un infiltrado.
  • En la mayoría de los casos, tienen una complexión atlética y suelen ir con sudadera de colores oscuros con capucha, la cara tapada con una braga, vaqueros y zapatillas (a veces botas). No tienen mucha variedad en la vestimenta, pocas veces llevan mochilas y no se ha visto ninguno ir en chándal (de momento) ni tampoco con máscaras antigas.
  • Muchos de ellos llevan pinganillo. Jamás llevarían tirachinas ni cócteles molotov, como rara vez tirarían piedras y en su lugar pueden traer una porra extensible.
  • Tienen un comportamiento agresivo al dirigirse tanto a los manifestantes como a los transeúntes, llegando incluso a agredirlos, pero pocas veces intercambia insultos con la policía sin llegar a atacarles. Hay que tener cuidado también con quienes incitan a los activistas pacíficos a atacar a la policía y a romper cosas.
  • Atacan los objetivos fáciles como bicis, ciclomotores, ventanillas de coches y pequeños comercios. Rara vez (quizás nunca) se les ve atacando a bancos y actuando junto con otros "violentos". Pueden ir solos o en grupos pequeños.
  • En ciertos casos, pueden llevar distintivos para que la policía no los confundan con "violentos".
  • Se ha llegado a observar que se acercan a los antidisturbios y éstos los ocultan en un furgón sin recibir ninguna tunda y sin esposarlos.

El objetivo de la infiltración es crear confusión y divisiones entre activistas violentos y pacíficos, creando hostilidades entre los manifestantes con diferentes tácticas de lucha. A la vez, sirve para justificar las cargas indiscriminadas y el terrorismo policial, cargando toda la culpa sobre quienes dan un paso más allá utilizando la autodefensa frente a la violencia directa del sistema y atacando a los símbolos del capital. A pesar de todo, no son tan fáciles de identificar pero sí es necesario hacer un esfuerzo para paliar este problema y expulsar a los infiltrados de las manifestaciones, no a quienes no son estupas sino personas dignas que se han hartado de recibir palos.

Los manifestantes:

  • Suelen ir en grupos numerosos, llegando a formar bloques compactos cuando no estén causando destrozos ni enfrentándose contra la policía. Cuando pasan a la acción, no se separan mucho y actúan en conjunto, aunque hay excepciones en que son pocos los que se dignan a pasar a la ofensiva y por ello se pueden ver en grupos pequeños.
  • Hay chicos y chicas. Los hay quienes llevan capucha y palestino, otros, camisetas envueltas en la cabeza dejando solo los ojos, algunos van con casco de moto o máscaras antigas, otros solamente con la braga... Incluso hay quienes van con gafas de sol. En muchos casos van equipados con mochilas y guantes, en ocasiones llevan consigo cócteles molotov, tirachinas, martillos y banderas.
  • Nunca se les ve agrediendo a civiles y evitan en lo posible enfrentamientos con personas que no son policías.⁴
  • Seleccionan sus objetivos y no van rompiendo cosas a lo loco. Atacan sobre todo a las sucursales y locales pertenecientes a multinacionales y grandes empresas, rompen las aceras para coger piedras y queman contenedores para hacer barricadas. Se enfrentan a la policía si se ven capacitados o se requiere contener una carga.
  • Si son apalizados por los antidisturbios significa que no son estupas.

Y ahora volvemos ahora a la polémica de siempre: la de atacar a la policía o dejarse hostiar por ella y alzar las manos. No siempre encararse con los maderos es conveniente como tampoco lo es quedarse en el suelo aguantando los golpes, hay que atender a las circunstancias y al contexto. Por ejemplo, en caso de carga policial, si hay pocas salidas o la multitud está tan apretada que resulta difícil apartarse para no recibir los porrazos o si hay ancianos, niños o mujeres, sería más conveniente arrojarles objetos a los antidisturbio al menos para detenerlos. Lo mismo ocurre en caso de que estén intentando arrestar a un compañero y es posible evitar su detención, pues más vale que no caiga bajo las garras de la policía y termine con cargos imputados. Por otro lado, no siempre es preferible usar la acción directa violenta, pues en muchos casos provocan el rechazo social y sería muy contraproducente si terminamos aislados.

Puede que a nivel mediático sea contraproducente pero aun siendo totalmente pacífica una manifestación, tratarán de buscarle la pera al olmo para descalificarla y en el peor de los casos, elogiando a los pacifistas para recuperar las protestas y hacerlas inocuas, dando como consecuencia la aparición de fanatismos y con ello, pacifistas dogmáticos que son hipócritas hasta la médula aunque no lo sepan, ¿por qué? porque proponen arremeter contra todo encapuchado sin tener en cuenta que hay gente noble detrás de las caras tapadas y pasan de diferenciar entre estupas y no-estupas metiéndolos en el mismo saco «¡¡Encapuchado, estupa, a por él!! ¡¡Violentos antisistema, a por ellos!!». Patéticos aquellos fanáticos de Gandhi que se ponen del lado de quienes poseen el monopolio de la violencia, es decir, de los policías. Desgraciadamente, esto conlleva a abrir cada vez más la brecha entre partidarios de la autodefensa y detractores, siendo que somos los mismos explotados. ¿Falta de conciencia política y de clase?

Nos están ganando terreno y las infiltraciones están causando mucho daño. Por lo tanto, tenemos una necesidad urgente de cuestionar las tácticas de lucha y llevarlas a debate con el objetivo de romper con fanatismos -sean pacifistas o a favor de la violencia-, pero sobre todo para hacer frente a los infiltrados, evitar que desestabilicen los actos de protesta y mantenernos unidos, respetando la libertad de actuación de cada  individuo o colectivo.

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Notas:

[1] Podéis echar un vistazo a la Videocrónica del 25S para ver los sucesos.

[2] La cursiva resalta el tono coloquial de la expresión o palabra y resaltando ella una cierta carga irónica.

[3] La lista está basada en esta viñeta elaborada por mí [link] pero lo detallo en este artículo.

[4] En EEUU, durante las protestas del movimiento Occupy, se han dado casos en que los Black Bloc fueron atacados por ¡¡pacifistas!! y los encapuchados intentaron evitar ser agredidos por esos hipócritas que jugaban a ser policías, no respondiendo a sus agresiones. Aquí el artículo