Dinamización de asambleas y respeto mutuo

Esta es una propuesta de guía rápida y sencilla para dinamizar una asamblea que no sea demasiado numerosa, ya pueda ser en un barrio, una facultad, un grupo de consumo, un sindicato, etc. Las ideas aquí recogidas se pueden adaptar según las necesidades de los grupos, desarrollar o perfeccionar libremente. El objetivo es encontrar el mejor camino para que una asamblea sea efectiva y funcione correctamente como lugar común de todas las voces que la construyen, y generar unas dinámicas internas de confianza y respeto mutuo. Esta guía se basa en la necesidad de fomentar una pedagogía asamblearia, que muchas veces perdemos de vista ante la pasión de nuestros ideales, comprendiendo que los medios de los que nos dotamos también deben estar guiados por la democracia directa.

El pensamiento colectivo es una valiosa herramienta contra el individualismo que promueve el sistema capitalista, por lo tanto debemos partir reconociendo la dificultad de sobreponerse a esa cultura tan asimilada. Es un proceso largo que incluye hacer una introspección en nosotros mismos y mismas, pues en muchas ocasiones nos cuesta escuchar verdaderamente a quien está expresando su opinión, y ante un debate abierto lo único que nos importa es preparar la réplica que otorgaremos, en lugar de poner en juego una escucha activa. El pensamiento colectivo se construye paulatinamente, tras la reflexión conjunta, y nace de comprender que todas las opiniones de una asamblea son necesarias para generar una idea de común consenso. Todas esas ideas conjuntamente dan como resultado un concepto nuevo, una decisión fruto de la energía y el esfuerzo de la asamblea.

¿Qué es una Asamblea Popular?

Una asamblea popular es un espacio de encuentro de personas que se reúnen para conseguir unos objetivos, esta funciona a través de un órgano de toma de decisiones participativo que busca el consenso. Su estructura es horizontal, lo que implica la igualdad de todas las personas que la forman, no existe una jerarquía que imponga decisiones y otros tengan que acatarlas.

En un espacio de construcción de decisiones desde los movimientos populares, es evidente que su desarrollo debe ser pacífico, respetando todas las opiniones. Fomenta el diálogo, pues debemos conocernos unas personas a otras. Una asamblea debe centrarse en un discurso ideológico, atendiendo a cuestiones prácticas sobre lo que se necesita, y cómo conseguirlo. En la asamblea se comparten unas líneas comunes de pensamiento y acción consensuadas previamente a la constitución de la misma.

La dinámica habitual de la misma se realiza mediante la aportación de propuestas, toda idea debe girar en torno a una serie de claves, es decir, concretar qué se propone, con qué objetivo se realiza la propuesta y cómo se desarrollaría esta para llegar a un consenso común.

¿Qué es el consenso?

La herramienta utilizada para la toma final de decisiones es el consenso. Este se alcanza cuando en una asamblea no hay ninguna postura rotundamente en contra de la propuesta presentada. Por ese motivo, el diálogo es tan importante, porque en ocasiones tendremos que ceder y construir conjuntamente con otros compañeros y compañeras, y de ello depende nuestro correcto comportamiento, respetando a toda persona y poniendo en funcionamiento la empatía.

No es la elaboración de una propuesta que incluya todas las necesidades individuales, sino la síntesis de todas las opiniones individuales para la construcción de la mejor opción para el objetivo común del colectivo.

El consenso puede ser de dos tipos, dependiendo del medio que se tome para alcanzarlo:

  • Consenso directo: Se produce cuando no hay ninguna opinión en contra de la propuesta lanzada. Es decir, la decisión final se toma de manera directa.
  • Consenso indirecto: Es un consenso alcanzado después de debatir las diversas posturas ante una misma propuesta, generando una idea nueva de síntesis no alcanzada directamente. En este segundo caso tras hacer pública la propuesta inicial, y tras comprobarse que no hay consenso directo, se abre turno de palabra para exponer argumentos a favor y en contra. Tras este debate común, se debe elaborar la idea resultante, que nuevamente será consultada a la asamblea para su aprobación. En el caso de algún disenso rotundo por parte de alguna persona o grupo de personas, se procederá a dar un receso para descansar y madurar brevemente la idea propuesta. Si aún así tras retomar la asamblea continuara habiendo un claro disenso, se valorará la utilidad real de dicha propuesta, o se solicitará que sea reformulada para su valoración en una próxima asamblea. Siempre se tratará de evitar una votación, salvo que la misma asamblea así lo decida como opción para desbloquear una toma de decisión.

El hecho de estar en desacuerdo con alguna propuesta, no implica necesariamente vetarla. Ya que nos une un objetivo común, se pide responsabilidad a los participantes para no vetar propuestas que pueden llegar a consenso fácilmente.

Actitudes favorables del respeto mutuo:

En ningún caso se puede tomar como algo personal el proceso de aprobación de una propuesta presentada individual o colectivamente. El debate de una propuesta no es un cuestionamiento hacia nuestra persona, no debe suponer una pérdida de confianza entre las personas que forman la asamblea. No se deben tomar posturas atacantes hacia ninguna persona o grupo de personas que defiendan una idea, pues para ello debe prevalecer siempre la afinidad entre quienes integran el espacio colectivo. Por ese motivo es fundamental el respeto absoluto de los turnos de palabra, y recordar cuando se necesite la relevancia de la escucha activa.

Es aconsejable mantener la calma gestual para no transmitir a la asamblea afectos personales desagradables, si algo no nos hace sentir cómodos se solicita un breve tiempo para comentarlo y solucionarlo. La empatía debe ser la herramienta determinante de nuestra actitud en la asamblea, valorar a nuestros compañeros y compañeras dice mucho de nosotros mismos.

Para el correcto funcionamiento de este espacio de decisión, se recomienda encarecidamente que en la asamblea no se consuma ni alcohol ni drogas, ni se acuda bajo los efectos de los mismos. De esta manera, además de favorecer un espacio común contra el consumismo, favoreceremos un buen ambiente y la seriedad que debe haber en cualquier asamblea donde se toman decisiones políticas conjuntas.

Asumir estos pasos en nuestro comportamiento asambleario favorecerá nuestra evolución personal y colectiva en el ámbito político, alcanzar una madurez en estos espacios decisorios es un proceso largo que debemos poner en práctica junto a nuestros compañeros y compañeras. No supone un problema recordar cuando sea necesario estas medidas propuestas y trasladarlas al común de las personas, puesto que fomentarán que las acciones de la asamblea se realicen con efectividad.

En concreto, en una asamblea popular no serán consentidas ninguna clase de actitudes o propuestas con contenido autoritario, fascista, machista o con ánimo de interés económico individual. Todas las personas podemos caer en actitudes inconvenientes por el bagaje cultural tan fuerte que traemos, estas serán hechas saber a la persona o las personas, que en caso de mantener esa actitud repetidamente, será tratada como punto de interés colectivo, pues atenta al buen funcionamiento común. También es imprescindible que, tanto en la comunicación como en la receptividad de esta clase de hechos, se otorgue prioridad a pensar sobre el cuestionamiento constante de privilegios que debemos realizar sobre nosotros mismos y mismas, actuando desde la humildad y el buen hacer para resolver cualquier conflicto.

Funciones internas en una asamblea

Todas las personas somos responsables de la dinamización y construcción en la asamblea, pero para su mejor funcionamiento se proponen dos figuras principales, que serán rotativas preferiblemente para no generar relaciones de poder o persuasión.

  • Toma de acta: Se trata de aquella persona encargada de escribir en el mismo momento las propuestas e intervenciones que se traten en la asamblea. Al final de la misma, se tiene que contrastar la información recogida llevando a cabo la lectura en alto de los principales acuerdos alcanzados, una vez confirmados esa persona se responsabiliza de transcribirla y comunicarla al resto de la asamblea mediante el canal del que se hayan dotado para este objetivo.
  • Turno de palabra / moderación: Persona encargada de recopilar las distintas peticiones de intervención en la asamblea, dará paso a estas ordenadamente, priorizando siempre a aquellas personas que previamente no hubieran participado. También puede proponer la finalización del turno de palabra para no eternizar un debate una vez que hayan sido expuestos los argumentos. La persona que se ocupa de la moderación facilita el correcto desarrollo de la asamblea, es por lo tanto, quien se encarga de iniciar la asamblea mediante la lectura del acta anterior e informa de los puntos del orden del día propuestos. Además, sintetiza las propuestas que se expresen, reformula aquellas ideas no del todo claras y repite los acuerdos alcanzados, por lo que está en comunicación continua con la persona que tome el acta. La labor del moderador es fundamental, ya que también es la persona encargada de favorecer un clima de intercambio de ideas fluido y positivo, mediante una actitud asertiva y conciliadora, y además debe centrar el debate y procurar que se traten todos los puntos del día en el tiempo acordado.

Autogestión de nuestra salud mental

No somos conscientes en muchas ocasiones de la manera en que ponemos a prueba nuestra salud mental, llevándola hasta límites ciertamente peligrosos. El activismo político y social conlleva un conjunto de dinámicas análogas en muchos ámbitos, los vínculos personales que establecemos en estos grupos están cargados de emociones muy intensas. Muchas de las consecuencias derivadas son transversales, aunque depende de la idiosincrasia personal y del bagaje que llevemos acumulado, nos sentimos identificadas al escucharnos unas y otras tras expresar lo que tantas veces hemos analizado y sentido en nosotras mismas. Esta militancia nos genera unos resultados, algunos de ellos negativos, y más si a ello le sumamos los efectos que en muchas ocasiones suponen los procesos represivos a los que nos tendremos que enfrentar directa o indirectamente.

A pesar de haberse realizado puntualmente algunas interesantes jornadas sobre este tema o disponer de algunas guías en base a la experiencia de diferentes activistas, me parece interesante recoger en este artículo algunas de las conclusiones personales que recogí tras haber asistido a la charla del XIII Encuentro del Libro Anarquista del 2015, celebrado en el Centro Social Okupado La 13-14, en Vallekas.

¿CÓMO ENFRENTAR EL DESGASTE DE LA MILITANCIA?

Es imprescindible conocerse a sí misma, conocer bien nuestra propia individualidad, y saber cuál es nuestro compromiso verdaderamente de corazón que queremos adquirir con los movimientos políticos que se enfrentan a una realidad que, en principio pretendemos cambiar porque nos hace sentir incómodas o aprisionadas. Debemos pensar previamente en dónde participar y con quién coordinarse para ejercer esta militancia.

Es fundamental establecer unos objetivos realizables en un contexto más amplio y global, puesto que caer en la frustración por no alcanzar metas suele ser una consecuencia habitual. Debemos construir el camino lo más asequible posible, una organización y un espacio en el que nos sintamos seguras y podamos crecer junto a otras compañeras. Se hace necesario, por lo tanto fijar algunas bases alcanzables y celebrar con compañeras pequeños hechos buscando una desconexión. No existe mejor manera de hacer confluir nuestros principios políticos y necesidad de ocio, mediante la creación común de espacios propios de fiesta, construidos en base a valores compartidos con nuestros grupos de afinidad.

Las luchas internas en grupos activistas provocan demasiado estrés y decepciones, casi más que la realidad externa, a veces caemos en la desidia al chocarnos contra un muro que parece infranqueable. Debemos comprender que los problemas no son individuales, sino que los problemas se resuelven colectivamente. Se nos aboca siempre a buscar soluciones individuales, es necesario crear vínculos comunitarios. Es útil partir de síntomas individuales para crear análisis colectivos que enriquezcan a todas.

Las consecuencias más frecuentes del estrés en la militancia son la irritabilidad, la falta de energía, el insomnio, la falta de apetito, la inseguridad o el miedo. Estas sensaciones nos conducen a desarrollar roles muy nocivos dentro de la militancia que debemos identificar cuanto antes mejor por el bien de todo el grupo. Antes de dormir cada noche, es aconsejable hacer algo entretenido, no relacionado con la militancia, debemos preparar a nuestro cerebro, que se dispone a descansar. De la misma manera que establecemos unos filtros de crítica con la información que recibimos, e intentamos acudir a medios alternativos para conocer otras realidades, también hay que fijarse filtros de intensidad de la información que deseamos recibir.

La militante política habitualmente sabe ayudar, es parte del potencial que le mueve a ser una activista, pero le cuesta dejarse ayudar dado el afán que sentimos de emanciparnos y lograr autonomía. Solicitar ayuda a nuestros familiares y amigas no supondrá que seamos menos autónomas o independientes, al contrario, saber cuándo pedir ayuda significa que nos conocemos bien a nosotras mismas y actuamos con responsabilidad con nuestra salud mental. Debemos separar decididamente los tiempos de escuchar activamente, y los tiempos que necesitamos ser escuchadas.

En nuestra cotidianeidad, en la realidad a la que nos vemos sometidos, no reaccionar nos resulta imposible, pero reaccionar siempre a todos los estímulos sociales a lo largo de nuestro día no es factible. Hay que superar el cortoplacismo, es decir, necesitamos anteponernos y construir a largo plazo, es la única manera de encontrar equilibrio y estabilidad frente a una vorágine social que nos sume en lo efímero e inmediato, no ofreciendo un tiempo razonable para enraizar nuestros valores. En el ámbito libertario es necesario tener bien claro que el anarquismo es una realidad ahora, un compromiso presente, no un ideal del mañana.

Es necesario centrarse en un solo trabajo, no tomar demasiadas responsabilidades, porque corremos riesgo de caer en la frustración por el trabajo incompleto. No ponerse un alto nivel de exigencia individual pensando que esto nos llevará a que nos perciban más útiles, cada una de nosotras aporta su granito de arena a las organizaciones sociales.

La tetralogía fundamental de cualquier activista se resumen en las siguientes cuestiones clave: piensa, actúa, revisa y experimenta.