Anarquismo y política electoral/institucional

Por BlackSpartak

Abro este artículo para hacer un recuento de aquellas experiencias libertarias relacionadas con la participación de militantes en las candidaturas electorales o en la gestión de instituciones sea con ánimo de subvertirlas o no. Es un recorrido por el lado posibilista del anarquismo.

Basándonos en la terminología del siglo XIX se entiende el anarquismo como aquella vía al socialismo basada en la insurrección obrera. Por ello, las escuelas tradicionales del anarquismo se generaban en torno a fórmulas organizativas de ese cuerpo social que se iba a sublevar contra el poder estatal (la comuna, el sindicato, el grupo de acción insurreccional, el individuo concienciado). Ante esto la socialdemocracia aparecía como una vía posibilista y etapista pensando en llevar a la clase obrera a los parlamentos nacionales para desde ellos tener un altavoz ante toda la sociedad. Su objetivo oculto variaba entre algunos que pretendían utilizar estos altavoces como apoyo a la insurrección de masas o bien entre otros que habían abandonado toda pretensión revolucionaria y defendían vías pacíficas y evolucionistas.

Sin buscar mucho en la propia biografía de una de las figuras más conocidas del anarquismo encontramos que Pierre Joseph Proudhon fue diputado de la Asamblea Nacional de la segunda república francesa. No duraría mucho, puesto que Proudhon protestaría enérgicamente ante la represión de los militares desde su puesto, cosa que le costaría abandonar el cargo. En esta época no es raro que aparecieran tribunos de las clases populares, destacando el Cartismo británico, un movimiento de base, obrero, que pedía la ampliación del sufragio universal a las capas más pobres de la sociedad. Esperaban poder ganar más poder para la clase trabajadora así. Si hoy este tipo de cosas nos parecen sumamente naif, en aquella época solían ser corrientes los experimentos o la utilización instrumental de los cargos públicos para otros fines, más acordes con la revolución. Por ejemplo Giuseppe Fanelli disfrutaba de libertad de movimientos (y de viajes pagados) debido a su condición de diputado italiano. De esta manera llegó a España a contactar con el incipiente movimiento obrero autóctono. Fanelli en este caso no seguía el programa político de la corriente que lo había llevado al parlamento sino el programa revolucionario de la Alianza bakunista.

Pero este artículo intentará revisar otro tipo de ejemplos, los de las organizaciones de origen libertario que caen en el apoyo de una táctica que encajaría más con la socialdemocracia.

En este sentido destacaría el Partito Socialista Anarchico Rivoluzionario fundado en 1891 por unos 80 miembros del movimiento libertario y del movimiento socialista italianos. Lo entendieron como un partido u organización política llamada a conformar un movimiento socialista más amplio. Por ello participaron en el Partito Socialista Rivoluzionario junto con otros socialistas. En este caso la alianza incluía una diversidad de tácticas. El año siguiente lanzaron un partido parlamentario, el Partito Socialista dei Lavoratori Italiani en el que ya su ala anarquista pasó a la minoría hasta la creación del Partito Socialista Italiano en 1895 siendo purgada del todo cualquier corriente anarquista. Fruto de esta experiencia es el debate en los medios libertarios italianos entre Errico Malatesta y Saverio Merlino, partidario de participar en el nuevo PSI para no perder el contacto con los trabajadores [1].

Hay que decir que este debate tiene lugar antes de la implantación del sindicalismo revolucionario entre los medios obreros. Por tanto se desarrolla un periodo en el que los anarquistas buscan su lugar en el seno del movimiento socialista. Tengamos en cuenta que la época fue conocida por el fenómeno terrorista, muy espectacular y radical. Pero a la vez produjo la separación del movimiento de numerosos militantes anarquistas que no veían con buenos ojos esta deriva. El sindicalismo revolucionario vino a terminar con esta etapa. Y sin embargo, durante toda la década hubo anarquistas en la Segunda Internacional, constituyendo una minoría revolucionaria. Se ha argumentado incluso que por breves años el anarquismo tuvo mayoría en la Segunda Internacional entre los años 1889 y 1892 [2]. Pero las purgas de todo sector libertario – que solía ser partidario de incluir sindicatos en la Internacional, cosa que ponía en peligro el liderazgo del socialismo alemán – propiciaron que éstos se dedicaran en la segunda mitad de la década de los 1890s a insertarse en los sindicatos. Entre los purgados, por poner nombres, estarían Gustav Landauer y Rudolf Rocker, libertarios que formaban parte de un grupo disidente de la socialdemocracia alemana llamado Die Jungen en 1892.

Otro caso, en 1897 en Chile se fundó una organización que aunaba socialistas y anarquistas, la Unión Socialista. Su programa se basaba en una nueva constitución, la separación de la iglesia y del estado, la abolición de la pena de muerte y de los azotes, de la cadena perpetua y la elección directa del presidente de la república. Pretendían instaurar una sociedad socialista con los medios de producción colectivizados de acuerdo con las necesidades de la sociedad [3].

Hago un pequeño apunte estratégico. Si en la Primera Internacional los anarquistas tuvieron un liderazgo efectivo del movimiento socialista internacional fue gracias a que estaban bien organizados y estructurados. La Alianza por la Democracia Socialista se demostró un acierto completo, al evitar la hegemonía de los demás socialismos autoritarios o centralistas en el movimiento (el de Marx, el de Blanqui, el de Lasalle, etc.) o de los republicanos (Mazzini). El anarquismo internacional mantuvo una internacional desde el Congreso de Saint Imier de 1872 hasta finales de la década a través de la Internacional Negra, activa en Estados Unidos sobretodo. En 1881 se celebró un Congreso Internacional Anarquista en Londres que vino a encumbrar la práctica de la propaganda por el hecho y la acción revolucionaria a toda costa. Esta táctica separó a los anarquistas del movimiento obrero, y como resultado las ideas libertarias languidecieron. Allá donde no se hizo, el movimiento anarquista logró ponerse en cabeza de ciertos procesos colectivos (la huelga de Chicago de 1886, las huelgas de las 8 horas de 1890, la huelga de Jerez de 1891, etc.) aunque en general bien poco en comparación con la década anterior de predominio del bakuninismo. En general en esta década de los 1880s se da un enfrentamiento interno en el seno del anarquismo entre anarco-colectivistas y anarco-comunistas que ayudará a incidir en la parálisis antes relatada. Este es otro de los motivos por los que algunos libertarios estén coqueteando con el socialismo o con el laborismo durante esta época.

En resumen, el movimiento en el cambio de siglo llegará decidido a participar en los sindicatos, reforzando la corriente autónoma que defendía la independencia de los sindicatos de toda opción política. En el fondo se trataba de una corriente reformista, partidaria de mantenerse en las cuestiones reivindicativas y a crear una sociedad paralela. Pero al entrar en bloque la corriente se pudo originar el sindicalismo revolucionario que defendía un socialismo en el que los sindicatos fueran la columna vertebral de la nueva sociedad. No sólo organizarían a la clase en la reivindicación sino que controlarían la economía y la vida social.

El siguiente movimiento con participación institucional sería el mexicano, el Partido Liberal Mexicano. Los liberales no eran otra cosa que socialistas libertarios, aunque con participación de militantes republicanos posicionados en el socio-liberalismo. Conformaron una vasta red de clubes liberales por todo el país y en el exilio, que fueron la escuela política de la mayoría de dirigentes de la futura revolución mexicana de 1911. Este movimiento liberal fue responsable de huelgas e insurrecciones que marcaron el inicio de la revolución. Pero al no lograr imponerse al movimiento burgués de Ignacio I. Madero cayó en la derrota y la descomposición. Parte de sus cuadros pasaron al maderismo, otros se unieron a Villa y a Zapata para proseguir en el proceso revolucionario hasta que terminó en 1920. Otros se integraron en las estructuras de la república mexicana incluso ostentando cargos, como Antonio Villarreal que fue gobernador de Nuevo León en 1914, entonces partidario de Álvaro Obregón.

Cuando Durruti y Ascaso visitaron México en 1926 constataron que el anarquismo – entonces organizado en la CGT mexicana – era muy partidario del gobierno. No lo entendían, y lo veían como una deriva reformista alejada de cualquier conflicto con el estado. La causa misma fue la derrota de esta tendencia en la revolución y la necesidad de sobrevivir a la irrupción del comunismo mexicano, mucho más dinámico y revolucionario.

Parecido al caso chileno será el Partido Socialista Revolucionario de Paraguay, fundado en 1914 a partir de varios grupos, entre ellos el Centro de Estudios Rafael Barret, de origen libertario. También había varios militantes de la Federación Obrera de la Región Paraguaya. Si bien este partido fracasó y sus cuadros pasaron al comunismo a finales de los años 20, los libertarios volvieron a intentar otro tipo de experiencia unitaria. Esta vez sería la Alianza Nacionalista Revolucionaria, fundada por anarquistas en 1928 y cuyo objetivo era la implantación de una república comunera, cosa que intentaron en la insurrección de 1931 en Encarnación. Más tarde tendrían una nueva oportunidad en 1936.

Si esto hacían en Paraguay, en Colombia también hubo un Partido Socialista Revolucionario, creado en 1927. En él participaron algunos militantes libertarios que solían mezclarse con el ala izquierda del Partido Liberal en la convulsa política interior colombiana. Estos mismos militantes participaron en los sindicatos anarcosindicalistas del Magdalena, que fueron destruidos por la represión brutal del gobierno. Aquella represión acabó con el movimiento libertario y con el PSR, marcando el inicio de la hegemonía liberal en la izquierda colombiana. Al menos durante tres décadas. Es similar este aporte libertario al PSR al que tuvo en Perú el APRA. Pero en el caso peruano podríamos hablar de libertarios que abandonaron el movimiento por el aprismo y el comunismo. Pero ya que estamos en el Perú, podríamos comentar que en las municipales de 1916 hubo un candidato libertario, Carlos Barba, en Cusco. Lo hacía no como militante del anarquismo sino del movimiento social de la época, el Comité Pro-Abaratamiento, un movimiento anti-oligárquico.

En España es conocido el Partido Sindicalista de Ángel Pestaña de 1934. Menos conocido es que hubo algún otro intento previo como el Grupo Sindicalista de Gijón, de 1917 [4]. O que siempre hubo una tendencia republicana federalista en CNT, que muy probablemente influía a los obreros de manera directa. El anarquismo ibérico tuvo responsabilidades institucionales en la guerra civil en centenares de municipios y en todas las administraciones públicas. Pero como este es un ejemplo conocido no nos detendremos aquí.

Pasemos a Francia. En 1950 la Federación Anarquista estaba dirigida por una facción plataformista, llamada Organisation Pensée Bataille (OPB). Se dice que en 1953 toman el control de la FA cuando 13 de 16 grupos federados estaban bajo la órbita de OPB. Entre sus figuras destacaba Georges Fontenis. En este año la FA cambiará su nombre a Fedération Comuniste Libertaire, FCL. En 1954, sin casi desarrollo, dará su apoyo a la independencia argelina, y en 1956 presentará una lista a las elecciones legislativas con 10 candidatos de la FCL [5]. La lista obtiene unos 2600 votos. El movimiento libertario fue destrozado por la represión en 1957-58 y no levantará cabeza hasta 1967. Las organizaciones herederas de la FCL no volverían a incurrir en procesos electorales. De la FCL surgiría una nueva organización, les Groupes Anarchistes d'Action Révolutionnaire, que criticarían duramente el dogmatismo anarquista que no se acababa de posicionar en la guerra de Argelia, así como su apoyo a la liberación nacional.

Otro caso interesante fue la colaboración de militantes anarquistas con el Movimiento del 26 de Julio cubano [6]. Si este movimiento popular tuvo un arraigo entre la población, fue también con la participación de militantes procedentes de la Alianza Libertaria Cubana y de los sindicatos. También con auténticos free-riders como Abraham Guillén, libertario español residente en México que apoyó a la guerrilla y le dió su característica original: el foquismo. O en otras palabras, la generalización de puntos rebeldes en diversos puntos de un país desde donde se irradiaría la revolución conectando con otros actores [7]. Esta fue la premisa táctica del guevarismo. Los anarquistas cubanos sufrieron una traición en 1961 al llegar Fidel Castro al poder y querer establecer un estado comunista.

Siguiendo en América Latina encontramos el caso de Ernesto Miranda. En la postguerra mundial los sindicatos obreros influidos por lo que quedaba del anarcosindicalismo tradicional participaron de la reconstrucción de un sindicalismo unitario chileno en 1953, la CUT. Pero los libertarios fueron minoría y las cúpulas comunistas y socialistas dieron al traste con algunas movilizaciones interesantes en 1955. Esto animó a los anarquistas participantes en la CUT a organizarse políticamente. En este sentido tenemos el Movimiento Libertario 7 de Julio, que es una organización política creada en 1957, entre la que destaca la figura del mencionado Miranda. Al no encontrar un movimiento revolucionario o insurreccional se van coaligando con otros sectores de la extrema izquierda, como el de Clotario Blest. Con éste ya habían compartido militancia para construir la CUT. Blest engancha a los libertarios en su proyecto de crear un movimiento unitario, que primero se llamaría Movimiento 3 de Noviembre, y luego Movimiento de Fuerzas Revolucionarias. Durante la década de los 60s estas fuerzas se irían agrupando junto con otras hasta constituir el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR en 1965. El MIR será el ala revolucionaria de todo el proceso chileno hasta el golpe de estado de Pinochet. Y si bien el MIR estaba influido por el marxismo-leninismo en realidad tenía una corriente libertaria en su seno.

En las elecciones de 1972 – las que dieron el triunfo a Allende – se inscribió una pequeña fuerza llamada Movimiento Sindical Libertario, encabezada por Ernesto Miranda logrando unos escasísimos 1000 votos [8]. Otros libertarios participaron en Vanguardia Organizada del Pueblo, una organización guevarista de acción armada.

Los escasos libertarios del Perú que había en los años 60, nucleados en el Instituto de Estudios e Investigación de Cooperativas y Comunidades (Indeicoc), pudieron realizar su actividad en un ambiente de tolerancia (y cuando no de apoyo) gubernamental, siendo el gobierno del general Velasco el único de signo izquierdista del continente americano que logró durar en el tiempo. El Indeicoc tenía como misión la difusión de la autogestión y del cooperativismo entre la clase productora. Algunos de los militantes de este grupo serían difusores de las ideas libertarias en los años 80 y 90 en otros proyectos culturales y socio-políticos.

Otro movimiento de carácter unitario en clave unidad popular sería la FAU, Federación Anarquista Uruguaya. Creada en 1956, tendría un importante desarrollo en un país tan pequeño pero tan politizado como Uruguay. Creó varios frentes de trabajo que dieron sus frutos en la fundación de la CNT en 1964 y en el movimiento estudiantil. Al ser ilegalizada en 1967 crearán un frente de lucha armada, la Organización Popular Revolucionaria [9]. En aquella época cambian el tradicional color rojinegro del movimiento por los colores nacional-populares de Uruguay. El proceso de lucha armada los hizo colaborar activamente con los tupamaros, situación que fue paralela en Argentina al colaborar los libertarios de Resistencia Libertaria con los montoneros. Un grupo de militantes de la FAU junto con otros militantes comunistas, guevaristas y demás, fundaría en 1975 el Partido por la Victoria del Pueblo en 1975. La represión destrozó esta organización que ingresaría en el Frente Amplio con posterioridad.

Similar a estos procesos es la historia de los Gruppi Anarchici d'Azione Proletaria, GAAP. Estos grupos fueron una facción anarco-comunista de la FAI iniciados en 1949. Tienen cierto arraigo en el Lazio y la Toscana. Entablarían relaciones con la FCL francesa intentando crear una internacional, que fracasó rápidamente. En 1950 la FAI expulsa estos grupos, que son solamente 4. A continuación irían desarrollando su revista, L'Impulso, pero con el tiempo confluirían con varios grupos de la izquierda comunista creando una nueva organización Azione Comunista en 1956 perdiendo toda relación con el movimiento libertario [10]. Lo que quedó de este movimiento en la década siguiente fue a parar a Lotta Comunista, que fue una de las impulsoras de la radicalización proletaria del momento.

Resulta interesante constatar los intentos de ciertas figuras del exilio libertario español por crear una organización política. Por ejemplo García Oliver pensaba que el movimiento libertario tenía que crear un Partido Obrero del Trabajo, para que participara como brazo político del movimiento en los gobiernos republicanos en el exilio, ya que la CNT sobraba de esta entidad y la FAI la entendía como un organismo cultural y filosófico. Parecido pensaba Horacio Prieto con su proyecto de Partido Libertario, que tampoco fue seguido. Por último existió un Partido Laborista, iniciado por libertarios, pero en este caso no era para articular el movimiento libertario si no para integrarlo en el régimen franquista. Puede que la fuerte personalidad de los que hacían estas propuestas jugara en contra de crear estructuras estables y con posibilidades. En este caso el movimiento libertario que conocemos – al ser el movimiento español el más fuerte – habría cambiado decisivamente.

Por último mencionaré en este recorrido el movimiento revolucionario alemán. En este caso su origen se encuentra en el pacifismo antinuclear de los años 50. En la década siguiente el movimiento coge una impronta propia y se masifica. Logra arraigar entre los estudiantes del SDS, juventudes socialistas, y a partir de ahí enraíza con otras expresiones del movimiento juvenil. Ante el pacto de gobierno entre la CDU y el SPD – la socialdemocracia - el movimiento juvenil convocaría un congreso y se estructuraría en la llamada Oposición Extraparlamentaria [11]. Esta oposición era un conjunto de muchas fuerzas de izquierdas que con el tiempo fueron conformando tanto el movimiento estudiantil como las fuerzas de lucha armada de la década de los 70. Y dentro de esta experiencia un sector poco a poco se fue metiendo en la construcción del Partido Verde que fue a elecciones. Existe cierto paralelismo con Estados Unidos donde el movimiento estudiantil de los 60 fue el creador de los cuadros revolucionarios de la década siguiente. El fracaso de la lucha armada también dio lugar a partidos verdes y a intentonas de reforzar el movimiento popular desde el municipalismo. De ahí la propuesta de Murray Bookchin por ejemplo.

Como última curiosidad ver de donde sale Bernie Sanders. El candidato del Partido Demócrata fue elegido por primera vez en Burlington, Vermont, en 1981. Vermont, había recibido desde finales de los 60s un par de oleadas de jóvenes comuneros que huían de las ciudades. Intentaron hacer su revolución pacífica a través de una vasta red de cooperativas y de pequeñas comunidades intencionales. No lograron hacer la revolución pero en cambio lograron cambiar la ideosincrasia del estado, volviéndolo el más progresista de todo Estados Unidos. Uno de aquellos izquierdistas que se vincularon a Vermont sería el propio Bookchin, una de las cabezas pensantes del Centro Obrero de Vermont de los 70. Posteriormente fundaría allí su famoso Instituto de Ecología Social, desde donde desarrollaría y difundiría sus ideas. Sanders, que igual que Bookchin venía de Nueva York, sería otro hijo de esta época solo que claramente socialdemócrata.

En los últimos años también ha habido algunos casos curiosos, como el de Cara Jennings, que se definía como anarquista (venía de las Radical Cheerleaders) y se presentó a la alcaldía de Lake Worth, Florida. O el de Jón Gnarr, aquel alcalde punk de Reikjavik. Tampoco os voy a engañar. En la izquierda abertzale también había militantes que se autodefinían como libertarias y que tenían – o tienen – cargos institucionales. Y en Podemos y en las CUP también… ¿están vinculadas al movimiento anarquista? No, pertenecen a otros movimientos políticos, como Jennings o Gnarr. Aunque sus creencias personales sean esencialmente libertarias, sus actos políticos no lo son, forman parte de otros proyectos. Este tipo de comportamiento individual, que no ha sido raro en la lucha política del último siglo y pico, no es exactamente lo mismo que una organización libertaria que se “mete en política”.

¿Qué balance se puede hacer de todo esto? Bien, se trata de una larga colección de fracasos que tiene su origen en los fracasos del propio movimiento libertario para crear una chispa revolucionaria. En política el fracaso de una vía revolucionaria provoca la creación de una via reformista o parlamentaria; y viceversa, al fracasar la vía reformista se promueve un ciclo de lucha armada que al ser derrotado, vuelve a poner las bases de una línea pública y de masas. El anarquismo es una corriente de liberación, pero se entiende que la frustración al no lograr las metas en un tiempo razonable de militancia lleva a parte del movimiento a experimentar con otras vías que no son vistas como tradicionales pero que en realidad sí que lo han sido a lo largo de las décadas. En este caso tenemos que diferenciar dos cosas distintas: la de quienes abandonan el movimiento y pasan a movimientos socialistas o comunistas, y la de quienes siguen vinculados al movimiento anarquista y que después de esta experiencia vuelven a participar en otras formas organizativas libertarias que entendemos como “clásicas”.

NOTAS

[1] Anarquismo y elecciones.

http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/politica/elecciones_y_anarquismo/elecciones.html

[2] En este sentido se suele nombrar a William Morris, un socialista libertario británico cercano al anarquismo. Pero se dieron también otras expulsiones además de las del socialismo alemán, como las del holandés Domela Niewenhuis entre otros.

http://blocs.xtec.cat/mmompart/2012/08/05/la-segunda-internacional/

[3] Unión Socialista.

https://es.wikipedia.org/wiki/Uni%C3%B3n_Socialista_(Chile,_1897)

[4] Anarquismo ibérico [https://serhistorico.net/2017/04/13/algunos-precedentes-del-partido-sindicalista-de-angel-pestana/]

[5] Georges Fontenis

https://fr.wikipedia.org/wiki/Georges_Fontenis

[6] Un poco de historia del anarquismo cubano y su represion y muerte en manos del castrismo.

http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/29686

[7] El “foquismo” guerrillero.

https://www.anarkismo.net/article/17385

[8] Ernesto Miranda

https://es.wikipedia.org/wiki/Ernesto_Miranda

[9] La FAU

http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=3701

[10] GAAP

https://it.wikipedia.org/wiki/Gruppi_Anarchici_di_Azione_Proletaria

[11] Oposición Extraparlamentaria

https://es.wikipedia.org/wiki/Oposici%C3%B3n_extraparlamentaria

 

El concepto del Poder popular en el anarquismo

Origen

Desde hace algunos años se viene reivindicando el “poder popular” en diversos movimientos anarquistas latinoamericanos. Se trata de grupos generalmente vinculados a la corriente comunista libertaria (conocidos como plataformistas o especifistas) presente en numerosos países del mundo, y curiosamente ausente del anarquismo ibérico tradicional.

Se trata de un concepto “importado” del marxismo latinoamericano de los años 60 y 70 del siglo XX. En aquella época el marxismo en sus diversas facetas (guevarista, trotskista, leninista o hasta el socialismo de Allende) hablaba sobre la construcción de una base social tendente al socialismo. En esta construcción del socialismo se hablaba del poder popular. La Federación Anarquista Uruguaya (FAU) y otros grupos argentinos aceptaron el término y lo fueron integrando en su quehacer político.

La FAU logró sobrevivir a la dictadura uruguaya (1973-1985), y en los 80 fue prácticamente el único grupo anarquista del Continente americano [1]. En los 90, lentamente, comienza a resurgir en diversos países americanos el anarquismo, y para entonces la FAU ya tenía un cierto bagaje social y político, por lo que pudo influir en la formación política anarquista de varios grupos de diferentes países.

En los últimos años es cuando este desarrollo se ha acelerado generando grandes organizaciones libertarias como la Federación Comunista Libertaria (Santiago de Chile), el Frente de Estudiantes Libertarios (Chile y Argentina), la Coordinadora Anarquista Brasileña o la Federación Anarquista Revolucionaria de Venezuela [2]. Éstos grupos y muchos otros no anarquistas adoptan la posición de la FAU sobre el llamado poder popular.

Concepto

El poder popular consiste en un “empoderamiento” colectivo. Empoderamiento es una palabra inglesa que viene a significar toma de conciencia de un poder que todo individuo tiene. Es un poder basado en la lucha y en la dignidad. Se trata de una comunidad que se “empodera” cuando a resultas de una lucha determinada logra una concienciación. Esta concienciación genera una expectativa de nuevas luchas (ya que se piensa que también será posible la victoria). Cuando se unen varias luchas, con sus victorias o su ejemplo histórico, en un solo movimiento (o comunidad en movimiento) podemos hablar de una comunidad que ha generado poder popular.

El poder popular, hace que el “pueblo sea fuerte”. El concepto de un “pueblo fuerte” también está presente en el comunismo libertario latinoamericano, y a menudo ha sido adoptado por los movimientos de liberación nacional. Se trata de que un pueblo empoderado, se convierte en un pueblo, o una comunidad, difícil de doblegar por los poderes estatales o capitalistas. Un pueblo con poder popular es un pueblo respetado. Se habrá llegado a otra etapa de la lucha social, puesto que ya tendremos a la vista la futura sociedad socialista.

El pueblo puede empoderarse mediante las luchas sociales, pero también por su construcción de alternativas que surjan desde el pueblo mismo. En este caso los diferentes procesos de autogestión a pequeña escala contribuyen a la idea de que una autogestión a gran escala es posible (es decir, la socialización de los medios de producción: el socialismo). Cuando se combina una politización general en la sociedad, con una serie de victorias que hayan animado a la gente a intentar ir a más, con unos cuantos proyectos autogestionarios que muestren el camino, entonces este poder colectivo puede llegar a ser verdaderamente revolucionario y le disputará el poder a quienes lo ostentan.

También habría que decir que se trata de un proceso acumulativo. Es decir, que cada victoria estará contribuyendo a alcanzar el objetivo final. Cada lucha se convierte en una acumulación de experiencia, de formación política, de debates, de campañas, que redundará en beneficio del objetivo. Con las luchas se irá viendo claro qué fuerzas políticas contribuyen a empoderar al pueblo y cuáles lo entorpecen y desvían de sus metas.

Ejemplos ibéricos

Para comprender un poco mejor los conceptos de construcción del poder popular pondré un ejemplo que no se suele asociar con estos términos. La Revolución Asturiana de 1934, que fue un proceso de acumulación de fuerzas del proletariado asturiano. Fue un proceso de años, en el cual mediante las huelgas, los boicots, las expropiaciones, los mineros y obreros autóctonos y foráneos que fueron tomando conciencia hasta llegar al año 1934 en el que todas las contradicciones de clase vividas dieron lugar a la huelga general revolucionaria de Octubre.

Los proletarios asturianos habían pasado un año entero lleno de un agudo conflicto de clase en el que se vivieron numerosos enfrentamientos armados, huelgas parciales y pequeñas insurrecciones a escala local, que generaron un ambiente de resistencia generalizado. Se podía decir que la gente le había perdido el respeto a la autoridad, que la desafiaba abiertamente de forma diaria, y que en cuanto tenían la ocasión imponían el poder de la clase obrera, como en la huelga de Gijón (septiembre de 1934), saltándose las prohibiciones gubernamentales al diario Avance (un diario socialista asturiano que favorecía la idea de la revolución social) o haciendo motines en la prisiones que acababan con presos armados y grandes fugas. Todo esto en medio de un proceso de armamento generalizado de la clase obrera (sólo en aquel año se habla de que los obreros asturianos compraron unas 10.000 pistolas con su salario; sin hablar de los numerosos robos de armas en armerías o expropiaciones de dinamita en las minas). El proceso que llevó a la Revolución Asturiana es un potente ejemplo de cómo un pueblo entero construía un poder popular.

Lo que quizás nos cueste más comprender es que en Asturias este poder popular estaba apoyado por los diferentes actores políticos de la izquierda (anarquistas, cenetistas, socialistas, comunistas y marxistas de izquierda) cada uno a su manera, pero todos sumando. Es por ello de reseñar que muy probablemente participaron unas 30.000 personas de entre una población obrera de alrededor de 120.000, lo que indica la magnitud del movimiento. [3]

Papel de los anarquistas

Tradicionalmente ha habido el debate en el seno del movimiento libertario sobre cómo enfocar el proceso que llevará a la revolución social (o al comunismo libertario). Por un lado están los que defienden un movimiento libertario fuerte, numeroso y bien formado que “dirija” al pueblo a la revolución y que convoque insurrecciones y huelgas hasta conseguirlo. Por el otro lado también habría numerosos anarquistas que defienden un pueblo organizado de forma libertaria siendo conscientes de que la comunidad, por ser numerosa debe ser necesariamente plural, y por ello buscando contribuir al conjunto con los métodos propios de los anarquistas, pero dentro de ese pueblo en lucha. Para éste sector el papel de una organización anarquista sería el de aglutinar a los distintos militantes que participan en los movimientos sociales para dotarles de una coordinación, y de una coherencia política propia para sus objetivos.

En el anarquismo ibérico, sin embargo, ha predominado siempre el anarcosindicalismo como forma organizativa de la militancia libertaria. Las organizaciones sindicales han sido siempre vistas como el eje vertebrador de todo el anarquismo, siendo el resto de organizaciones libertarias como apoyo de (y muchas veces supeditadas a) las organizaciones sindicales de masas.

De alguna manera en muchas de las comunidades en lucha latinoamericanas se puede respirar algo de este poder popular (comunidades zapatistas, indígenas, del MST de Brasil, de Oaxaca, comunidades venezonalas, poblaciones chilenas, etc.). Cuando se está en una de estas comunidades se tiene la impresión de estar en un lugar totalmente distinto al nuestro, regido por otras reglas. No quiere decir que se trate de comunidades anarquistas, sino que son lugares en los que "el pueblo manda". Aunque alguna comunidad de estas se parezca a la sociedad propuesta por el anarquismo, aún el movimiento libertario actual no ha logrado influir lo suficiente en los movimientos populares como para que haya comunidades en lucha inspiradas en el comunismo libertario. Es precisamente ahora cuando el anarquismo vuelve a la partida por un mundo nuevo.

Autor: Ali Bei, miembro de la Assemblea Llibertària del Bages

Publicado originalmente en catalán en 'Pèsol negre', número 60